Entradas etiquetadas como ‘teléfono móvil’

El teléfono móvil pensado para durar toda la vida

¿Y si tuviéramos la posibilidad de sustituir la pieza estropeada? ¿Y si nos libráramos por fin de la letanía del “no se puede arreglar” o del “cuesta menos comprar otro”?

El diseñador holandés Dave Hakkens llama la atención sobre “uno de los tipos de residuos que se generan con más rapidez del mundo”, la incómoda y apenas mencionada chatarra tecnológica, una pila de cacharros en la que abundan los efímeros teléfonos móviles. “Cada día tiramos millones de aparatos sólo porque son viejos o se gastan, pero normalmente es uno de los componentes el que causa el problema. El resto funciona bien y es innecesariamente desechado, simplemente porque los aparatos electrónicos no están hechos para durar“, apunta Hakkens.

En un mundo regido por la obsesión de tener lo último en electrónica, propone un proyecto arriesgado pero esperanzador. Phonebloks (que se podría traducir por bloques de teléfono) es de momento un concepto, pero de realizarse supondría un rediseño radical del smartphone que pondría fin al desperdicio masivo de teléfonos, que muchos consideran de sustitución obligatoria cada dos años.

phoneblocksEl teléfono se compondría de una plataforma base con bloques que encajarían en ella con facilidad como en un juego de construcciones. Dos pequeños tornillos asegurarían el conjunto en el que cada una de las piezas (la capacidad de almacenaje, el altavoz, la cámara, la batería…) se vería claramente y sería sustituible en caso de que se rompiera o quedara desfasada. El aparato podría durar toda la vida.

Además, Hakkens se mete en el bolsillo a los más caprichosos al ofrecer la tentadora posibilidad de personalizar el aparato: “Digamos que lo almacenas todo en una nube. ¿Por qué no reemplazar el bloque del almacenaje por una batería más grande”. Si lo que te gusta es hacer fotos, ¿por que no mejorar la cámara?”

Sabe que hay hábitos enquistados, difíciles de cambiar cuando se habla del fetichismo de las marcas, por eso inició en Internet una campaña (que finaliza el 29 de octubre) para sondear al público. No pide dinero, sino que simplemente se comparta la idea en las redes sociales y que los partidarios de ella manifiesten su interés para que diferentes compañías vean el negocio de fabricar “bloques” para el teléfono.

phonebloks-2El usuario optaría por los elementos de cada marca que más le convinieran y crearía así el móvil adaptado a sus gustos y necesidades. Además, no siempre se trataría de multinacionales, sino que existiría la opción de que se involucraran pequeñas empresas especializadas en una pieza en particular.

La respuesta ha sido abrumadora: el diseñador holandés esperaba una modesta cifra de firmantes (“unos 1.000 en el mejor de los casos”) y ya ha conseguido 930.600 reacciones de personas que interpretan el invento como el justo fin de la tiránica obligación de cambiar de móvil. El vídeo explicativo que colgó en Youtube tiene más de 16 millones de vistas e incluso Edward Snowden pidió ayer en su cuenta de Twitter el apoyo para el proyecto. Hace unos días, Hakkens subía una fotografía a su cuenta de Facebook en la que posaba frente al Golden Gate de San Francisco y anunciaba que hay una compañía en Silicon Valley interesada en hablar con él sobre los Phonebloks.

Helena Celdrán

‘DIY Cellphone’, Un teléfono móvil que cualquiera puede fabricar

El 'DIY cellphone' de David Mellis

El ‘DIY cellphone’ de David Mellis

A primera vista parece un juguete sin relación con la electrónica, un objeto de diseño que recuerda al más sencillo de los teléfonos. El DIY cellphone (el móvil Hazlo tú mismo) sin embargo funciona. El aparato es en esencia una tarjeta de circuito impreso con una carcasa de madera cortada con láser, acepta tarjetas SIM estándar y funciona con cualquier compañía telefónica.

Su creador, el estadounidense David Mellis, es un estudiante de doctorado “interesado en la relación (aplicada a la manufacturación, la electrónica y la programación) entre la información digital y los objetos físicos”. El aparato es una de las iniciativas con las que quiere crear herramientas y ejemplos que activen la capacidad y la inspiración de la gente corriente para “diseñar, construir y programar aparatos electrónicos”.

Prototipo del móvil de Mellis

Prototipo del móvil de Mellis

El autor es además uno de los creadores de Arduino, una plataforma de hardware y software de código abierto (que el autor también ha utilizado para el teléfono) de fácil programación y disponible para cualquiera que quiera realizar prototipos electrónicos sin ser un experto. Por supuesto, las instrucciones para fabricar un móvil como el suyo están colgadas en Internet a disposición de cualquiera. Mellis anima al usuario a hacer variaciones sobre el modelo para adaptarlo a las necesidades de casa uno, aunque sólo sea cambiando el diseño de la carcasa.

Con el DIY Cellphone se pueden hacer y recibir llamadas y mandar y recibir mensajes de texto, permite almacenar los números en una agenda, tiene fecha y hora: es un teléfono de la vieja escuela, utilitario y libre de cualquier opción que puede ofrecer un smartphone, pero su sola contemplación puede valer como recordatorio de la función original de un móvil, pensado para hablar con otra persona siempre que haya algo que decir, no para vivir zambullido en la soledad de una pantalla brillante mientras el mundo real pasa desapercibido.

Sólo hay una pequeña contradicción en el proyecto. El modelo definitivo de Mellis, tan sencillo como parece, ha costado en total 120 dólares (unos 92 euros), una suma que supera sin duda a los modelos de móvil más humildes y que convierte el teléfono de Mellis es un experimento sin posibilidad de prosperar si no se ofrece como una alternativa que seduzca por su rentabilidad.

Helena Celdrán

DIY cellphone - David Mellis - ok

No por tener un ‘smartphone’ debes olvidar la etiqueta

No mandes mensajes ni revises tu teléfono mientras hablas con otros

“No mandes mensajes ni revises tu teléfono mientras hablas con otros. Ofrece tu completa atención”.

Que los pasajeros evitaran el transporte público en horas puntas (sobre todo las damiselas que volvían cargadas de las tiendas), que los soldados no se sirvieran más de lo que en realidad podían comer, que las señoras se quitaran el aparatoso sombrero en los cines para permitir que desde la fila de atrás se pudiera ver la película, que los obreros durmieran bien antes de enfrentarse a la dura jornada en la fábrica… Los carteles que con frecuencia se encontraban en los lugares públicos en la primera mitad del siglo XX estaban dirigidos a mejorar la educación y la seguridad, fomentar la urbanidad y las buenas maneras en las grandes ciudades europeas y estadounidenses.

Algunos tenían como fin concienciar a la población sobre las restricciones, los tiempos difíciles y la escasez de las posguerras; otros eran simples normas para convivir en armonía o prevenir accidentes. Vistos desde el presente, los pósters indican los problemas menores más cotidianos de cada época, las faltas, las molestias y los peligros frecuentes en los lugares de trabajo y ocio.

Con esa idea en la cabeza, el diseñador estadounidense Ted Slampyak (que basa muchos de sus encargos publicitarios en el lenguaje gráfico de décadas anteriores) ha realizado para el blog sobre “estilos de vida” The Art of Manliness (El arte de la masculinidad) una colección de seis carteles imaginarios que establecen normas de etiqueta para los usuarios de smartphones.

El problema es palpable: muchos no tienen reparos en mirar la pantalla del teléfono para comprobar si hay nuevos mensajes o correos mientras mantienen una conversación con una persona real. Otros tantos comunican rupturas sentimentales con la impunidad de un SMS o mantienen en un espacio reducido (ascensores, salas de espera, autobuses) conversaciones que no interesan a nadie.

Slampyak se inspira en carteles de la década de los cuarenta a los sesenta. Los protagonistas de las escenas son hombres trajeados y de cortes de pelo clásicos, pero los mensajes pretenden actualizar los buenos modales de los que muchos se olvidan al engancharse al móvil y vivir con más seriedad las relaciones personales a distancia que las del entorno tangible.

Helena Celdrán

Baja la voz cuando hables en público y manten la conversación el menor tiempo posible.

Baja la voz cuando hables en público y manten la conversación el menor tiempo posible.

Minimiza las conversaciones en espacios públicos cerrados (ascensores, buses, aviones etc.). No des la lata a una audiencia cautiva

Minimiza las conversaciones en espacios públicos cerrados (ascensores, buses, aviones etc.). No des la lata a una audiencia cautiva.

Da noticias importantes por teléfono o en persona. 'Textear' es de cobardes

Da noticias importantes por teléfono o en persona. ‘Textear’ es de cobardes

Apaga el teléfono durante películas, clases, reuniones, comidas, servicios religiosos etc. No arruines la experiencia a otros.

Apaga el teléfono durante películas, clases, reuniones, comidas, servicios religiosos etc. No arruines la experiencia a otros.

 

No elijas un tono hortera, detestable o vulgar. Mantente con clase.

No elijas un tono hortera, detestable o vulgar. Mantente con clase.

Diez ‘momentos Kodak’: la anunciada muerte de la empresa fotográfica más importante de la historia

Anuncio de Kodak, 1900

Anuncio de Kodak, 1900

Lo inventaron o patentaron todo, desde la cámara portátil y barata y la película en rollo (que fue clave, a su vez, para el desarrollo del celuloide cinematográfico), hasta la point-and-shoot, el primer sensor de un megapíxel de resolución y la cámara digital.

Pintaron casi un siglo de memoria colectiva con los tonos cálidos de su temperatura color -el glorioso Kodachrome que, como decía la canción, “hace que el mundo parezca un día de sol”-.

Llegaron a controlar la venta del 90 por ciento de película y el 85 por ciento de todas las cámaras y son dueños de 1.100 registros industriales, entre ellos todos los básicos para la captura y procesado de fotos y vídeo que usan el resto de fabricantes.

La lista de productos que fabrican y comercializan provoca el vértigo de lo interminable.

Kodak. La marca no es un emblema corporativo. Es una palabra con sentido propio (luz, recuerdo, nostalgia, presencia…) que ha entrado en la vida privada de gran parte de la humanidad.

Aprovechando la solicitud de quiebra voluntaria de la empresa fotográfica más importante de la historia, emprendamos un Cotilleando a… Kodak.

George Eastman

George Eastman

1. La obsesión (y las malas artes) de un hijo de granjeros. George Eatsman (1854-1932), el fundador del imperio, no nació con la fortuna en el biberón. Era hijo de granjeros, sólo fue a la escuela hasta los ocho años, le recomendaron no continuar porque no estaba “especialmente dotado” para el estudio y vivió una infancia trágica: el padre muerto de una enfermedad degenerativa y una hermana fallecida de polio.

Trabajó como recadero en una empresa de seguros. A los 14 entró en un banco como empleado y se dedicó a abrir bien los oídos.

La obsesión por la fotografía del self-made-man Eastman nació de una casualidad. Cuando tenía 25 años planeó un viaje a la República Dominicana y quiso llevar una cámara para documentar el recorrido. Cuando compró el equipo se dió cuenta de que pesaba varias decenas de kilos, que necesitaría un caballo para transportarlo y que cada foto le saldría por unos 5 dólares, el equivalente al salario semanal de muchos empleados.

Aunque no llegó a hacer el viaje, el empeñó fue creciente: deseaba eliminar el farragoso sistema de hacer fotos con placas de cristal humedecidas con químicos abrasivos y peligrosos.

En el invento de la película en rollo, que con frecuencia se le atribuye, Eastman fue un mero vivales que compró (5.000 dólares) las patentes de un genio, David Houston (1841-1906), también granjero, primer desarrollador del film fotográfico moderno y de una veintena de las partes fundamentales de la cámara de fotos portátil.

Patente 388,850, 4 de septiembre de 1888

Patente 388,850, 4 de septiembre de 1888

2. “Me gusta la letra K”. Aunque ya había montado una sociedad en 1880, la Eastman Dry Plate Company, el empresario ansiaba un anagrama poderoso, que no significase nada pero que no diera lugar al equívoco.

Acaso sin conocer al protagonista de las novelas afiebradas de Kafka, a Eastman le gustaba la letra ‘K’ (“fuerte e incisiva”) y encontró la marca Kodak jugando con su madre con unas fichas de Scrabble.

Algunos historiadores no pintan la historia con tonos tan casuales y sostienen que Eastman birló el nombre al desprendido inventor Houston, de cuyo estado de nacimiento, North Dakota, (NoDak, en una forma de contracción), puede derivar la marca.

Sea como fuere, Eastman siempre iba más rápido en la tramitación. Registró el nombre en 1888, al mismo tiempo que patentó y puso en el mercado la primera cámara Kodak: una caja negra de focal fija capaz de cargar un rollo de película de celulosa fotosensible donde cabían cien negativos cuadrados de 6,4 centímetros.

Aunque la Kodak Nº 1, como fue llamada, era aún cara para la época (25 dólares, más otros 10 de cada rollo de película), la cámara marcó el inicio del camino hacia la instantánea amateur y popular, democratizando la expresión fotográfica, hasta entonces en manos de las élites artisticas y adineradas.

Una niña retrata a un perro con una Kodak de fuelle. Años veinte.

Una niña retrata a un perro con una Kodak de fuelle. Años veinte.

3. “Usted apriete el botón. Nosotros hacemos el resto”. Desde finales del siglo XIX la estrategia de Kodak fue abaratar las cámaras, hacerlas manejables y convertirlas en un objeto cotidiano al alcance de cualquier bolsillo y cualquiera que fuesen las habilidades fotográficas del usuario. El eslogan de la compañía, la frase con la que comienza este párrafo, era una invitación a hacer fotos por el simple placer de hacerlas.

Kodak tanteó con muchos modelos de cámaras hasta dar con la que sería su gran serie: las Brownie, que se fabricaron durante casi ocho décadas a partir de 1900.  Diseñadas por el gran Frank A. Brownell (1859-1939), costaban una miseria (un dólar), eran versátiles -las hubo de hasta seis tipos de película, entre ellas el film de 120, que todavía es hoy en día el estándar del formato medio– y volvieron loco al público.

Tres modelos de Brownie. Desde la izquierda, Starlet, Starflash y Starmite.

Tres modelos de Brownie. Desde la izquierda, Starlet, Starflash y Starmite.

La serie Star -que se fabricó entre 1957 y 1962- puso en circulación la cámara como objeto pop. En todos los sentidos: por el bello diseño plástico (con posibilidades combinatorias de colores y flashes) y por la enorme cantidad de unidades vendidas: sólo en los EE UU y sólo de los tres modelos que aparecen en la foto de la izquierda, unos 10 millones.

Practicamente todas las cámaras de juguete de la llamada lomografía por la que suspiran los modernos del mundo están inspiradas en las Brownie Star, cámaras que celebraban la alegría de hacer fotos y llamaban a capturar instantes felices. Hay una diferencia sustancial con el catálogo de Lomo: las Brownie eran populares (en precio) y no engañaban al consumidor (el bokeh de una lente de plástico no va a conseguir que una mala foto sea ni siquiera un poco mejor).

Anuncio de la Kodak Instamatic

Anuncio de la Kodak Instamatic

4. “Se carga como una pistola”. El eslógan publicitario de dudoso gusto fue elegido por Kodak en 1963 para lanzar la que sería su serie de cámaras más vendida: las Instamatic, las primeras point-and-shoot compactas.

Baratísimas, pequeñas, sin necesidad de ajustes previos, adaptadas a un carrete con carcasa (de 126 milímetros) que se podía cargar en cualquier circunstancia, incluso bajo la luz directa del sol, sin temor a las peligros del velado, las Instamatic se hicieron con el mercado mundial. Cálculos conservadores cuantifican en 50 millones el número de unidades vendidas.

Aunque Kodak fabricó muchos modelos de Instamatic y todas las marcas de la competencia le pagaban jugosas ganancias por el uso del cartucho de 126 mm, la empresa no se detuvo en su avance.

En diciembre de 1975 uno de los ingenieros en la plantilla de la compañía, Steven Sasson, de 25 años, dió respuesta a la pregunta que le había formulado meses antes uno de sus jefes: ¿se podría construir una cámara con un sensor electrónico que recogiera información óptica?.

El prototipo de la primera cámara digital

El prototipo de la primera cámara digital

5. El futuro en 1975. Este aparato de la izquierda es la primera cámara digital de la historia. La diseñó y construyó Sasson para Kodak.

Utilizó un microchip sensor de imágen (CCD) que había desarrollado dos años antes la empresa Fairchil, una lente de un tomavistas Kodak y una carcasa construida para la ocasión.

El prototipo de la cámara, que pesaba casi cuatro kilos, grababa imágenes en blanco y negro en una cinta de casete y tenía una resolución de 0,01 megapíxeles (10.000 píxeles), tardó 23 segundos en capturar los datos de su primera foto, el retrato de una ayudante de Sasson. Sólo se veía la silueta de su pelo. “Nos queda bastante trabajo”, dijo la modelo al ver la foto.

Aunque Kodak patentó el invento, la empresa, que siempre se había adelantado a la competencia, no apostó con decisión por desarrollar la tecnología digital aplicada a la captura de imágenes, convencida de que la transición de la fotografía analógica a la digital sería lentísima o ni siquiera llegaría a consumarse. Fue el principio del fin.

Cuando quisieron reaccionar (en 1986, por ejemplo, inventaron el primer sensor CCD en superar el umbral del megapíxel: 1,4, lo que permitía una copia impresa a calidad aceptable de 12,5 por 17,5 centímetros), los competidores asiáticos, sobre todo Canon y Sony, les habían comido el terreno. En 1999 Kodak tenía el 27 por ciento del mercado fotográfico mundial. Los porcentajes bajaron al 15 en 2003 y al 7 en 2010.

Intentaron una alianza con Apple para comercializar en 1994 la línea de cámaras digitales QuickTake, pero fue un batacazo: demasiado caras, mala resolución, compatibilidad exclusiva con ordenadores Mac. Se dejaron de fabricar a los tres años.

Sede central de Kodak en Rochester

Sede central de Kodak en Rochester

6. Crecimiento equivocado. El cuartel general de Kodak se ve desde el cielo: ocupa una enorme manzana en Rochester, en el estado de Nueva York. Es el mismo lugar -aunque ha sido ampliado varias veces- donde a finales del siglo XX George Eastman alquiló una planta para montar su negocio.

La corporación tiene delegaciones y filiales en casi todos los países del mundo. En un momento dado se llegó a conocer a la compañía como El Gigante Amarillo: 60.000 empleados sólo en la zona de Rochester. Ahora no quedan más que 7.000. En el mundo la plantilla ha pasado de 145.000 a 19.000.

La empresa funcionó como la seda durante casi un siglo. El dinero inundaba las arcas con creciente constancia. Incluso hace pocos años, en 2003, Kodak ingresó 3.000 millones de dólares (unos 2.300 millones de euros) solamente en indemnizaciones de fabricantes de teléfonos móviles y cámaras por uso indebido de patentes.

Película Kodachrome de 135 mm

Película Kodachrome de 135 mm

Dos años después, en 2005, todavía era líder de ventas de cámaras compactas digitales en los EE UU. En 2009 decidió dejar de fabricar la película Kodachrome, un valor seguro en el pequeño pero fiel y sostenido mercado de la fotografía analógica.

A día de hoy los activos de la corporación ascienden a 5.100 millones de dólares (3.900 millones de euros), pero la deuda es de 6.700 (5.100). El principal acreedor es el fondo de pensiones de los empleados, con una tercera parte de la deuda.

¿Causas? La primera: el teléfono móvil. Desde que en 1999 se puso a la venta el primer camera-phone, el Kyocera VP210, las fotos tomadas con móviles crecen mientras bajan las de cámaras. Un estudio del NPD Group señala que entre 2010 y 2011 el porcentaje de fotos realizadas con teléfonos pasó del 17 al 27 por ciento, mientras que las tomadas desde cámaras descendieron del 24 al 44.

Evolución de los logotipos de Kodak

Evolución de los logotipos de Kodak

La segunda: un modelo equivocado de reconversión. Desde 2005, Kodak se concentra en las líneas de impresoras domésticas y los servicios de impresión online, ambas demasiado saturadas y con competidores feroces, sin mencionar el problema primordial: los usuarios no imprimen las fotografías, cada vez se limitan más a mantenerlas en formatos digitales.

7. Una empresa tóxica. La imagen pública reciente de Kodak tampoco ha ayudado a mejorar sus resultados económicos.

La empresa ha sido señalada como una de las más contaminantes de los EE UU y ha tenido que afrontar varias sanciones administrativas por delitos medioambientales en los últimos veinte años.

En 1990 Kodak admitió haber violado las disposiciones de protección ambiental y, según organizaciomnes ecologistas, es la más contaminante del Estado de Nueva York, con más de dos millones de desechos químicos vertidos al agua y la atmósfera.

Antonio M. Pérez

Antonio M. Pérez

8. El hombre-jet. El señor de la foto -no realizada con Kodachrome, desde luego, pues fue él quien mandó al cementerio a la mítica película-, se llama Antonio M. Pérez, nació en Vigo (Pontevedra) en 1947, estudió Ingeniería Electrónica en la Universidad Politécnica de Madrid, tiene ciudadanía de los EE UU y es CEO de Kodak desde 2005.

Hace menos de un año pronunció una conferencia en Madrid sobre el “proceso de modernización” que estaba, dijo, aplicando en la empresa.

Sin soltar ni prenda de la bancarrota en ciernes y entre otras ocurrencias (Pérez suele fomentar el valor de la sonrisa), el pope del Gigante Amarillo declaró que la crisis de la empresa puede entenderse como una aplicación de la teoría del cisne negro sobre el miedo a lo desconocido. “Kodak se comportó con la cámara digital como Superman con la kriptonita: la escondió en el Polo Norte porque pensó que era algo malo. Pero los malos siempre la encuentran”, precisó.

Aplaudieron mucho la salida comiquera los empresarios presentes y las dos ministras del último Gobierno de Zapatero que engalanaban el acto, la de Innovación y Tecnología, Cristina Garmendia, y la de Cultura, Ángeles González Sinde, que de cisnes negros sabe bastante.

Al menos dos portales de Internet dedicados al análisis de la gestión empresarial y las inversiones, Streeinsider y The Motley Fool, colocaron a Pérez entre los peores directores generales del año 2011. “Si quiere usted invertir en una empresa donde la dirección estratégica del CEO consiste en cruzar los dedos y rezar para que los tribunales te hagan un favor, entonces quizá Antonio Pérez sea su CEO. Para el resto de nosotros, (…) es un testarudo decorativo que ha sido el mayor responsable de la caída de lo que una vez fue una gran compañía, Eastman Kodak”, dice la segunda web.

Además de por su desnortada gestión, Pérez también es un habitual en los media en los EE UU por la prodigalidad con que usa con fines particulares el jet privado de Kodak. En 2006 lo utilizó para ir a la Casa Blanca con su esposa y asistir a una fiesta durante la retransmisión de la final de la Super Bowl. En octubre se desveló que también lo utilizó desde 2007 (justo cuando empezó la caída en picado de la empresa) para desplazarse de vacaciones a Vigo hasta cuatro veces al año.

Nota de suicidio de George Eastman

Nota de suicidio de George Eastman

9. “Mi trabajo está hecho. ¿Por qué esperar?”. La fortuna personal del fundador de Kodak llegó a ser estimada en 95 millones de dólares (72 millones de euros), una de las mayores de los EE UU.

Cuando George Eastman se pegó un tiro en el corazón, el 4 de marzo de 1932, incapaz de soportar el intenso dolor de una larga y penosa estenosis espinal, había destinado otro tanto a obras filantrópicas. En 1919 había regalado la tercera parte de sus acciones en Kodak -por valor de 10 millones (7,6 millones de euros)- a los trabajadores de la empresa.

En la nota de suicidio escribió un mensaje lacónico: “A mis amigos. Mi trabajo está hecho. ¿Por qué esperar?”.

De un carácter empresarial de otro tiempo: paternal y cuidadoso, no le faltaban maneras de zorro -no de otro modo se explican sus manejos con las patentes iniciales que le permitieron arrancar con ventaja-, pero tampoco era un arribista. Le encantaba la fotografía.

Su mansión, que donó a la Universidad de Rochester, es la sede del más antiguo de los museos del mundo dedicados a fotografía , la George Eastman House.

Productos de Kodak

Productos de Kodak

10. También el Oscar deja a Kodak.  ¿Qué pasará con Kodak? La cosa pinta mal. En una maniobra que se parece demasiado a los movimientos espasmódicos de un cadáver antes de la muerte, Pérez ha arreciado con las demandas judiciales contra la competencia. En las últimas semanas ha denunciado a Samsung, Apple y HTC, a los que acusa de haber violado patentes relacionadas con la transmisión de imagen digital.

Los analistas dicen que la supervicencia de la empresa pasa por buscar un comprador para sus patentes, que pueden costar entre 2.000 y 3.000 millones de dólares (entre 1.500 y 2.300 millones de euros), pero la gran duda es si Kodak podrá sobrevivir sin lo único que tiene.

Para cerrar el círculo negro, la gala de entrega de los Oscar del 26 de febrero podría ser la última en celebrarse en el Teatro Kodak, sede de la ceremonia final de los premios desde 2002.

No está claro que Kodak pueda seguir pagando los 75 millones de dólares al año (57 millones de euros) que desembolsa porque su nombre aparezca asociado al teatro, ubicado en la intersección de Hollywood Boulevard y la avenida Highland.

La ceremonia de 2013 podría trasladarse al centro de la Los Ángeles, a la suntuosa plaza LA Live y, en concreto, al Teatro Nokia, donde ya se celebran los Emmy. Para una marca que, como Kodak, tiene tanto que ver con el paisaje sentimental estadounidense, ¿qué mejor metáfora del inevitable final?.

 Ánxel Grove