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Orangután censurado: el anuncio contra el aceite de palma que no podrán ver los británicos

Un maravilloso anuncio navideño, en el que podía escucharse la voz de la actriz Emma Thompson y producido inicialmente por Greenpeace para una campaña, ha sido rechazado en el Reino Unido por ser “demasiado político” al no ajustarse a los estándares del Broadcast Code of Advertising Practice.

La Clearcast, entidad no gubernamental que debe aprobar previamente los contenidos publicitarios de algunos de los canales televisivos mayoritarios, como Sky, Channel 4, o ITV, consideró que incumplía las reglas de dicho código de conducta y que no podía ser emitido.

El anuncio, apoyado por la cadena de supermercados británica Iceland Foods, es un corto de animación que narra la historia de Rang-tan, un pequeño orangután que se cuela en la habitación de una niña huyendo del impacto del comercio del aceite de palma en Indonesia y Malasia. La salvaje deforestación presente en la zona ha puesto en grave peligro de extinción a la especie, muriendo 25 orangutanes al día, según denuncia la organización ecologista.

El vídeo había sido inicialmente creado por Greenpeace para concienciar a los consumidores sobre los productos que utilizan esta clase de aceite barato, como bollería o champús.

Iceland Foods decidió hacer suyo el mensaje del corto y pagar el espacio publicitario, con el objetivo de explicar al público británico por qué esta empresa había dejado de ofrecer productos con aceite de palma desde principios de este año, siendo la primera gran cadena comercial en dar este paso en Inglaterra. En pocas horas, tras alertar Iceland Foods en Twitter que no podrían emitirlo estas Navidades, el vídeo se ha viralizado consiguiendo millones de espectadores.

Aquí podéis ver la versión en español del vídeo original que produjo Greenpeace junto a la agencia Mother.

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¿Qué hace este joven desnudo sobre el reactor de un avión militar?

Roger Hiorns, Untitled, 2011, Military aircraft engine, fire, youth, Dimensions variable, Courtesy the artist. © Roger Hiorns. All Rights Reserved, DACS 2016

Roger Hiorns, Untitled, 2011. Military aircraft engine, fire, youth. Courtesy the artist. © Roger Hiorns. All Rights Reserved, DACS 2016

La piel casi transparente de un joven desnudo, la brutalidad del reactor sin fuselaje del avión militar sobre el que está sentado con naturalidad, la llama que arde al otro extremo del esqueleto de la maquinaria… Fragilidad, destrucción y muerte son las tres ideas primarias de la obra de arte, una instalación que juega con las dimensiones entre los humanos y las herramientas que construyen.

El autor, el inglés Roger Hiorns (Birmingham, 1970), reflexiona sobre la juventud, la indolencia obligada por el statu quo y la tenacidad del peligro en una nueva exposición de sus polémicas obras de choque [en la Galería Ikon de la ciudad natal del artista, hasta el 5 de marzo de 2017].

La muestra es una antología de las creaciones del artista, todas basadas en la siembra de la idea del mememto mori (en latín, “recuerda que puedes morir”), que considera la más apropiada para los tiempos que vivimos.

La instalación incluye una danza previa: el joven se desnuda, enciende la llama y se sienta a observarla hasta que el fuego se apaga. Para Hiorns es un ritual que ahonda en la desintegración que causan, desde una aparente frialdad técnico-mecánica, los instrumentos mecánicos fabricados para la destrucción.

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Los pechos de mujer como arma de revuelta 30 años antes que Femen

Flashing in the British Museum, Christine Binnie body painted and photographed by Wilma Johnson, British Museum London, 3 March 1982 - The Neo Naturist Archive

Flashing in the British Museum, Christine Binnie body painted and photographed by Wilma Johnson, British Museum London, 3 March 1982 – The Neo Naturist Archive

Casi tres décadas antes de que las militantes de Femen empezaran a usar los pechos desnudos como pancarta —”si quieres verme las tetas vas a tener que leer mi eslógan”, decía la fundadora de la sección española, Laura Alcaraz, siempre seria y segura, en una entrevista—, unas señoras inglesas, bastante fuera del canon de belleza publicitario, se dedicaron a pasearse en cueros por Londres para anunciar que el fin estaba cerca, que el neoliberalismo de Margaret Thatcher era el inicio de un viaje al infierno, que la discrimación nos mancha a todos y que la política es una farsa.

Los Neo Naturistas, un grupo de artistas del happening y las performances y con ardores sociales, se mostraron tal como eran y con todos los pelos al aire —pubis incluídos, tanto en hombres como en mujeres—. Nunca berrearon con ese aire de amotinadas en topless de algunas activistas de Femen —preferían la sonrisa y lo grotesco— y tampoco eran body builders de pechos perfectos —vean a la líder Inna Shevchenko posando con el mismo postureo que las modelos del erotismo suave—.

Los Neo Naturistas eran gente normal, con panza, tetas caídas y michelines. Nunca pretendieron vender mercancía ni creyeron que mostrarse medio desnudo fuese algo más que quedarse medio vestido.

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¿Por qué aumenta el robo de esculturas públicas en Inglaterra?

Reclining Figure, Henry Moore, 1969, Hertfordshire © Hertfordshire Constabulary/PA

Reclining Figure, Henry Moore, 1969, Hertfordshire © Hertfordshire Constabulary/PA

La grácil escultura de Henry Moore, una pieza de bronce de dos metros de alto y tres de largo, desapareció hace diez años. Se la llevaron de su ubicación, en los jardines de la sede de la fundación dedicada al escultor en Hertfordshire, durante una noche de diciembre de 2005.

La obra, una de las varias decenas de figuras reclinadas con las que el maestro inglés rindió homenaje a las sublimes y sensuales piezas prehispánicas, etruscas y de las Cícladas, nunca va a ser recuperada: la policía está convencida de que fue fundida y vendida como chatarra por más o menos 2.000 euros. La tasación de la pieza rondaría los 4 millones en una subasta de arte.

Los ladrones —tres hombres captados por las cámaras de vigilancia de la institución pero con las caras ocultas por capuchas— pudieron actuar con la idea inicial de colocar la escultura en el mercado negro o ponerla en manos de algún perista, pero quizá se asustaron por la repercusión del robo y optaron por la destrucción de la evidencia, un acto no solo criminal sino estúpido.

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Nueva Zelanda convoca un concurso para elegir una nueva bandera

Diseños propuestos para la nueva bandera de Nueva Zelanda

Diseños propuestos para la nueva bandera de Nueva Zelanda

Poblada sólo a partir de 1250 por sus primeros moradores, los polinesios que desarrollaron allí la cultura maorí, Nueva Zelanda vivió durante siglos un idilio con el Océano Pacífico, sin ser partícipe de las mundanas luchas de poder de los grandes imperios del pasado, escondida con gusto y ofreciendo un privilegiado ecosistema para las especies más exóticas de animales y plantas.

El Reino Unido había convertido Australia en colonia penal en 1788 y en 1840 hizo suya Nueva Zelanda. Poco después (en 1869), el almirante, explorador, escritor y oficial de la Marina Real Británica Albert Hastings Markham (1841-1918) dio forma a la bandera que tantos quebraderos de cabeza da a los neozelandeses ahora.

Casi idéntica a la australiana, la bandera kiwi tiene la Union Jack en el extremo superior izquierdo y en la extensión azul restante, cuatro estrellas que representan la constelación de la Cruz del Sur, común en banderas de países del hemisferio sur (Brasil, Samoa, Papúa Nueva Guinea, Australia…).

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Audrey, el único autobús-cine que consiguió volver a la vida

El Vintage Mobile Cinema (http://www.vintagemobilecinema.co.uk)

El Vintage Mobile Cinema (http://www.vintagemobilecinema.co.uk)

El autobús es de la casa Bedford, una compañía inglesa fundada en 1930 en Bedforshire (Luton) y especializada en vehículos grandes, famosa por popularizar el motor de seis cilindros en línea. La empresa no supo enfrentarse al avance tecnológico de los otros fabricantes de autobuses y camiones y dejó de producir vehículos en 1986.

Lo más llamativo no es la redondez sesentera al estilo de las furgonetas Volkswagen T2, sino la corona de cristal, un mullido tupé en lo alto del vehículo. En aquella vidriera se escondía el proyeccionista cuando el interior, lleno de butacas de cine en lugar de asientos, cumplía su cometido como sala móvil de proyecciones a mediados de los años sesenta.

El Reino Unido acababa de dejar atrás las penurias de la posguerra, pero era consciente de que su economía se había quedado atrás después de la II Guerra Mundial mientras los EE UU afianzaban el liderazgo mundial. Blanco y esmaltado al estilo de una nevera antigua, el bus-cine no era una iniciativa romántica, se creó como herramienta para propagar mensajes gubernamentales.

La flota original de autobuses-cine

La flota original de autobuses-cine

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El esqueleto de caballo que ‘vivirá’ en Trafalgar Square

El alcalde de Londres, Boris Johnson, con la obra de Hans Haacke recién inaugurada en Trafalgar Square - Twitter @MayorofLondon

El alcalde de Londres, Boris Johnson, con la obra de Hans Haacke recién inaugurada en Trafalgar Square – Twitter @MayorofLondon

Aunque el paisaje está sobrecargado de elementos arquitectónicos, el conjunto tiene coherencia, corresponde al espíritu añejo y tradicional que define a la capital inglesa, amiga de un afán de preservación loable y a veces caricaturesco: no es lo mismo conservar la arquitectura victoriana de una estación de tren del siglo XIX que resistirse a cambiar la moqueta ya utilizada por varias generaciones.

Creada en los años veinte del siglo XIX, la londinense Trafalgar Square, tiene como emblema indiscutible la Columna de Nelson. Construida entre 1840 y 1843, de 46 metros de altura y custodiada en su base por cuatro leones, es un homenaje al almirante británico Horatio Nelson (representado en una estatua de 5,5 metros), muerto en la Batalla de Trafalgar en 1805, que ganaron los ingleses y supuso un duro revés para Napoleón en su conquista de las rutas marítimas.

En cada esquina de la plaza —uno de los destinos turísticos estrella de la ciudad de Londres— hay un pedestal. Los dos situados al sur tienen esculturas de los generales Henry Havelock y Charles James Napier, los situados más al norte son de mayor tamaño y se pensaron para exhibir estatuas ecuestres: uno tiene la figura montada a caballo del rey Jorge IV; el otro, reservado para una estatua de Guillermo IV, está vacío desde 1841, cuando se paralizó la creacion de la obra por falta de fondos.

Durante más de 150 años se debatió la función del cuarto pedestal, hasta que en 1998 la Real Sociedad de las Artes (RSA) zanjó la discusión (al menos temporalmente) destinándolo en los años noventa a la exposición temporal de obras escultóricas de artista contemporáneos. La idea dio lugar a la Fourth Plinth Commission (Comisión del Cuarto Pedestal), inaugurada en 2005 para escoger la pieza que se exhibirá en la base vacía de Trafalgar Square.

La nueva obra que habitará en la plaza durante este año se ha inaugurado oficialmente el 5 de marzo y ha levantado algunas ampollas. Se trata de Gift Horse (Caballo-regalo), un trabajo del alemán Hans Haacke (Colonia, 1936), la reproducción de un caballo, sin jinete y reducido a huesos, que muchos han interpretado como una alusión sardónica a la estatua de Guillermo IV que nunca llegó a existir.

Imagen digital de 'Gift Horse' - Hans Haacke

Imagen digital de ‘Gift Horse’ – Hans Haacke

El artista usó como referencia un boceto del inglés George Stubbs (1724-1806), apasionado de la anatomía. Stubbs pasó 18 meses diseccionando caballos en un granja y se especializó en pintarlos con precisión cirujana.

De la típica estatua ecuestre, siempre asociada con las gestas militares y la importancia de una figura histórica, sólo queda un animal reducido a los huesos que observa desde arriba y con sonrisa de calavera a la multitud rodeado de la solemnidad de los edificios.

Comentarios estéticos aparte, la obra contiene referencias históricas, sobre el poder y el dinero. Para rematar el mensaje, Haacke le pone al esqueleto un lazo en la pata, “¿qué pasa si la mano invisible del mercado hace el nudo por nosotros?”, dice el autor a propósito del detalle. La cinta rígida es en realidad un monitor electrónico en el que se leen datos actualizados sobre la Bolsa de Londres, un detalle pertinente si consideramos la deriva que está tomando la ciudad como feudo de potentados: según datos de agosto de 2014, se ha convertido en la ciudad del mundo en la que hay más millonarios.

Helena Celdrán

Los ‘new british’, el arte de la paquetería inglesa (vía app)

Captura de New British

Captura de la animación de apertura de The New British

“Una revista multiplataforma para disfrutar de la vida moderna british y explorar la cultura underground“.

No he tenido más remedio que usar tres palabrejas en cursiva para intentar mantener el grado de orgulloso escupitajo con que se presenta al mundo la publicación neofotográfica The New British, fundada por Kez Glozier y Neville Brody.

El primero, editor en jefe, es un jovencillo multimediático metido en el vídeo, la moda y el oficio de intentar asustar a los burgueses como él.

El segundo, director de arte, nació en 1957, fue diseñador de envoltorio para grupos de protoelectrónica heterodoxa (Cabaret Voltaire), trabajó en medios que nacieron al amparo del indie y terminaron en la mitad de la gran corriente (The Face, Arena) y ahora es un emperador con estudios de diseño en Londres, Barcelona y París bajo el nombre de Brody Associates —denominación comercial que culmina con el terminante y temible ‘asociados’, el bang con el que también te liquida la abogacía—.

Multiplataforma, supongo que ya lo sospechaban, implica que la corporación Apple es el canal de distribución monopolístico. La revista, gratuita por ahora, sólo se puede conseguir dejando el rastro de tu artilugio electrónico —y de paso, el de tu localización y modo de vida— en los espaciosos archivos orwellianos de iTunes.

British tampoco requiere demasiado desarrollo: insularidad, fish and chips con el aceite que guardaba la tía Martha desde la muerte de la Reina Victoria y un marcado acento cockney para tribalizarte y justificar al proletario que nunca pudiste ser porque, cariño, te has quedado en rústico.

Underground debe ser lo que nos intentan vender en el vídeo teaser.

La revista vía app ofrece una “resuelta visión de la vida en la Gran Bretaña de hoy”, no se trata “sólo de un magazine, sino un articulado y abrasivo movimiento subcultural“. Les juro que no he inventado la declaración de intenciones. Los entrecomillados son reales.

¿Ejemplo de contenidos del número cero, que ya está listo para ser descargado? Una investigación —algunos términos se venden muy baratos— sobre el “ritual de la noche de los viernes y todo lo que representa, música, estilo, diversión, tanto formal como informal”. Se trata de una “reacción a lo que sucede para ofrecer una visión fresca aunque a veces perturbadora de la experiencia british actual” porque resulta “inminente” la “transición generacional”. Sigo jurando.

© Bruce Gilden (Captura de The New British)

© Bruce Gilden (Captura de The New British)

Sinead O'Connor, Dublín, 1987 © Anton Corbijn (Captura de The New British)

Sinead O’Connor, Dublín, 1987 © Anton Corbijn (Captura de The New British)

Además de unas cuantas fotos —las más notables las nada novedosas (1987) de Anton Corbijn de Sinead O’Connor posando como una jorobada en un escenario desolado de Dublín y unos cuantos retratos feístas de ven aquí que te fusiló con el flash y te subo los rojos de Bruce Gilden— y textos de extensión reducida motivada quizá porque los iPads son antigutenberg.

La revista multiplataforma incluye un vídeo documental dirigido por Glozier sobre la nueva, dicen, gran aportación british a la cultura contemporánea: el shuffling, un estilo de baile callejero que, al parecer, es 100% inglés cuando, según se puede ver, parece un breakdance para cuerpos de escasa elasticidad.

The New British regenta todo tipo de e-apéndices: Facebook, Twitter, Instagram

La heroicidad del corsario Francis Drake, la beatlemanía, el Swinging London, las Spice Girls…, los ingleses siempre tuvieron mucho arte con los envoltorios.

Jose Ángel González

El Cuchillo de Norfolk, una extravagancia victoriana

El Cuchillo de Norfolk

La herramienta resulta tan exagerada que a primera vista parece un puercoespín metálico o la pieza estropeada de alguna máquina añeja. Con 75 hojas, unos 55 centímetros de grosor y unos 86 centímetros de largo, el Norfolk Knife (Cuchillo de Norfolk) es una asombrosa extravagancia victoriana.

En 1851 lo presentaban como el cuchillo más sofisticado jamás creado. William Barnforth —artesano destacado que trabajaba para los fabricantes de cuchillos, cubiertos y tijeras Joseph Rodgers & Sons— invirtió dos años en elaborar la pieza. El mango, de “perla de manila”, está tallado sin escatimar detalles y en muchas de las hojas hay grabados retratos de personajes ilustres como la reina Victoria, escenas de caza y reproducciones de edificios ilustres, entre ellos la Casa Blanca, a pesar de que la independencia de los Estados Unidos en 1776 todavía escocía.

Tarjeta-souvenir del Cuchillo de Norfolk

Tarjeta-souvenir del Cuchillo de Norfolk

La ostentosa pieza fue un encargo especial para la Great Exhibition (Gran Exposición), un gigantesco evento celebrado en Londres de mayo a octubre de 1851, enfocado como una exposición universal, pero que sobre todo tenía como fin mostrar la grandeza del Imperio Británico.

Organizada por el Príncipe Alberto, consorte de la reina Victoria, en el monumental palacio de cristal de Hyde Park —destruido en 1936 por un incendio— la exposición era un alarde de poder, reunía materias primas y arte de las colonias británicas, piezas únicas y exóticas, la maquinaria más puntera de la revolución industrial, lo último en tecnología y ciencia, instrumentos musicales, muebles, obras de arte… Había más de 100.000 objetos (la mitad de ellos británicos) que condensaban todo lo que uno podía desear ver de cerca según el criterio decimonónico: el diamante más grande del mundo, los más sofisticados telégrafos, colmillos de elefante sudanés, esqueletos de dinosaurio, daguerrotipos, instrumentos de cirugía…

El cuchillo, de Joseph Rodgers & Sons, procedía de una de las más prestigiosas fábricas de útiles de metal de la ciudad inglesa de Sheffield, apodada “la ciudad de acero” precisamente por su producción de artículos de acero desde la Revolución Industrial a los años setenta y ochenta. La empresa ya despuntaba en el siglo XVIII por sus navajas plegables y fue ganando prestigio hasta que en 1821 la familia real británica la eligió para encargarse de sus cubiertos.

Ahora expuesto en el Cutlers’ Hall, la sala de exposiciones de la Sociedad de Cuchilleros de Hallamshire, en Sheffield, el objeto de aspecto monstruoso revive el espíritu naíf y algo perverso del magno evento, que demostraba el poder del ser humano sobre la naturaleza y alababa la colonización como el mayor logro nacional.

Helena Celdrán

Pasillo principal de la Gran Exposición, una ilustración creada durante el evento a partir de un daguerrotipo

Pasillo principal de la Gran Exposición, una ilustración creada durante el evento a partir de un daguerrotipo

Ilustración del día de la inauguración de la Gran Exposición en 1851 - Thomas Abel Prior

Ilustración del día de la inauguración de la Gran Exposición en 1851 – Thomas Abel Prior

Esculturas clásicas para lavarse las manos

Tres esculturas de Meekyoung Shin

La estatuilla del muchacho cretense, la afrodita romana sin brazos, el buda deteriorado y sonriente; los jarrones chinos de complejos motivos florales… Las obras de la coreana Meekyoung Shin (1967) son guiños cercanos a la reproducción fiel, referencias a momentos pasados de esplendor del arte occidental y oriental. La artista, que estudió en Seúl y en Londres, siempre ha querido combinar las dos culturas, nutrirse de lo mejor de cada una y jugar a combinarlas de un modo poco convencional.

Hay una gran particularidad en la obra de Shin: están hechas de jabón. Esculpe el material dándole acabados muy diferentes que simulan la piedra, el mármol, la porcelana, el bronce, el cristal… “Siempre es interesante ver cómo la gente reacciona a mis trabajos. Suelen sorprenderse de que de un material tan inesperado salga algo tan meticuloso, pero para mí es más importante que entiendan el significado que hay detrás”, declara en una entrevista. La escultora considera que en su obra colisionan oriente y occidente, que se unen el pasado y el presente, “lo opulento y lo simple”.

Toilet Project, 2013 (YSP women's) - Meekyoung Shin - Courtesy of YSP - Photo: Jim Varney

Toilet Project, 2013 (YSP women’s) – Meekyoung Shin – Courtesy of YSP – Photo: Jim Varney

El Yorkshire Sculpture Park (Parque de esculturas de Yorkshire) de Wakefield, la ciudad más poblada del oeste de Yorkshire (Inglaterra), es un espacio al aire libre en el que las obras conviven con las praderas y los árboles sin mayor pretensión que ser descubiertas por el camino. El centro es uno de los 15 museos y galerías británicos que participan en Toilet Project (Proyecto cuarto de baño) la última iniciativa de Shin.

La idea consiste en colocar en cada lavabo una de las estatuas de inspiración clásica y que los visitantes se laven las manos enjabonándose previamente con ellas, palpando y disfrutando de los volúmenes de la pieza.

Hechas con jabón vegetal y sin aceite de palma, las esculturas permanecerán hasta octubre en los baños. Shin preve que con su uso continuado se erosionarán y perderán detalles, la circunstancia las convertirá entonces en “objetos con una historia única”. El conjunto de obras se expodrá en noviembre en el Centro Cultural Coreano de Londres, donde se mostrará el antes y el después de cada pieza tras haber sido desgastada por las manos de los asistentes durante tres meses.

Helena Celdrán

Toilet Project, 2013 (YSP men's). Meekyoung Shin - Courtesy of YSP - Photo: Jim Varney

Toilet Project, 2013 (YSP men’s). Meekyoung Shin – Courtesy of YSP – Photo: Jim Varney