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"Si eres una estrella del deporte, eres una estrella del deporte. Si no lo consigues, te conviertes en entrenador. Si no eres capaz de entrenar, puedes ser periodista". Desmond Lynam, comentarista deportivo.

Quién fue… Dan Donnelly: la leyenda del boxeador gigante y su brazo viajero

Brazo momificado de Donnelly (GAA MUSEUM).

Este domingo os traigo una de esas historias que tanto me gustan escribir. Es sobre boxeo, el deporte que más interesantes historias y leyendas contiene de todos. Y es sobre un púgil cuya fama trascendió su vida. Vamos a viajar a la mágica Irlanda para conocer más de cerca la historia de Dan Donnelly… y su brazo derecho.

Daniel Donnelly nació en los muelles de Dublín en marzo de 1788. Nació en el seno de una familia muy pobre, de 17 hijos. Desde muy niño se puso a trabajar para sacar la familia adelante, como carpintero. Desde muy joven, Donnelly, que a pesar de las apreturas de la época se desarrolló como un chico fuerte y corpulento, se ganó la fama de pendenciero y peleón.

Con 1,83 metros de altura y casi 90 kilos de peso (muchísimo para una época en la que la desnutrición era muy habitual), Donnelly no perdía ocasión de meterse en una buena pelea. Una vez, el campeón de boxeo de la ciudad (un boxeo a puños desnudos, con pocas reglas), celoso de la fama de Donnelly, lo retó a una pelea en los muelles dublineses. Contra todo pronóstico, Donnelly noqueó al desafiante campeón y le arrebató el oficioso título.

Retrato de Dan Donnelly (WIKIPEDIA).

Poco después llegó su salto al boxeo semiprofesional. Fue gracias al capitán William Kelly, un aristócrata local que buscaba un púgil para retar a dos ingleses a los que escuchó en un pub decir que los irlandeses no eran tan bravos y valientes como decía la sabiduría popular. Así, el 14 de septiembre de 1814, se organizó un combate en un lugar llamado la Hondonada de Belcher (Belcher’s Hollow), en el condado de Kildare. De un lado estaba Dan Donnelly. Del otro, un boxeador inglés llamado Tom Hall. El evento congregó en aquel lugar a unas 20.000 personas, ansiosas por ver una buena pelea entre un irlandés y un inglés. En la parte más baja de la hondonada se improvisó un ring con cuerdas, donde Donnelly y Hall se las verían.

Como os decía, el boxeo de puños desnudos de aquella época estaba poco reglado, hasta el punto de que se permitían algunas tácticas como agarrar al rival, tirarle del pelo o incluso tirarlo al suelo y en él golpearle. Los rounds no tenían duración fija, y acababan cuando uno de los púgiles caía al suelo y se arrodillaba en él. En el combate entre Donnelly y Hall, el inglés empezó mejor que su rival y fue el primero en hacer sangrar a si rival (este hecho era objeto de cuantiosas apuestas). Además, el inglés recurría a una táctica que consistía en arrodillarse cuando la cosa se ponía fea para él, provocando así el final del round. Lo hizo varias veces hasta que Donnelly se hartó y le dio un puñetazo que hizo a Hall sangrar por el oído. Éste reclamó la descalificación del irlandés y se negó a combatir más. La multitud congregada allí no necesitaba más: el inglés se retiraba y Donnelly había ganado el combate. Desde ese momento, la Hondonada de Belcher fue rebautizada como Hondonada de Donnelly y nuestro héroe fue proclamado campeón de Irlanda.

Donnelly ganó mucho dinero tras ese día, pero lo gastó todo en alcohol y mujeres. Por fortuna para él, poco después de su primera hazaña, dos boxeadores ingleses que viajaban por Irlanda para pelear por dinero le retaron a un combate. Donnelly aceptó pelear con uno de ellos, un barquero de origen gitano llamado George Cooper. Este Cooper era un boxeador experimentado y las apuestas estaban a su favor. Y por supuesto, ni que decir tiene que para la mayoría, el combate trascendía el boxeo y era un nuevo choque entre Irlanda y la odiada Inglaterra.

Monumento erigido en el lugar exacto en el que Donnelly noqueó a Cooper. Al fondo se ven las huellas conservadas del púgil (WIKIPEDIA).

El combate se celebró en la Hondonada de Donnelly el 13 de noviembre de 1815. Multitud de personas acudieron desde diferenes puntos de Irlanda. Como en el primer combate, más de 20.000 personas se dieron cita en aquel lugar. Y también Donnelly empezó mal, sufriendo mucho ante los ataques de Cooper. Pero resistió y, en el séptimo asalto, logró tumbar de espaldas al inglés. Donnelly se sentó a horcajadas sobre él y descargó toda la fuerza de su puño derecho sobre su rostro. El irlandés le partió la mandíbula a Cooper y ganó el combate.

Fue como ganar el Mundial de fútbol hoy en día. Donnelly se convirtió en una leyenda. Para que os hagáis una idea de los sentimientos que despertó, sus fanáticos evitaron pisar sobre las huellas de Donnelly en su camino del fondo de la hondonada a su carro y las mantuvieron visibles. Aún hoy se pueden visitar, junto al monumento erigido en honor de Donnelly en el lugar.

La leyenda de Donnelly recorrió todos los rincones de la isla. De él se decía que quera un gigante, o que era el hombre con los brazos más largos del mundo, ya que las manos le llegaban, caídas junto al tronco, hasta más allá sus rodillas. Evidentemente, todo eran exageraciones. Donnelly invirtió en el negocio de la hostelería, y abrió varios pubs, con bastante poca fortuna, habida cuenta de que era bastante bebedor, jugador y mujeriego. El 21 de julio de 1819 disputó su tercer y último combate, en Crawley Down, Inglaterra. Derrotó al boxeador local Tom Oliver tras 34 asaltos. No lo sabía, pero le quedaba poco de vida.

El 18 de febrero de 1820, a los 32 años de edad, Dan Donnelly fallecía en un pub de su propiedad y que llevaba su nombre, en Dublín. La probable causa de la muerte fue un fallo hepático, debido a su adicción a la bebida. Fue una tragedia nacional. Fue enterrado en el cementerio dublinés de Bully’s Acre.

El brazo viajero

Los primeros años del siglo XIX eran el escenario de un delito bastante inquietante: el robo de tumbas. Las universidades británicas estaban en auge, y en concreto las facultades de Medicina. Estas precisaban constantemente cadáveres para prácticas y se había generado un lucrativo negocio de robo de cuerpos en Irlanda, Escocia e Inglaterra.

La muerte de Donnelly fue una tragedia nacional. En la imagen, Hibernia (representación de Irlanda) llora por la muerte de su querido púgil (WIKIPEDIA).

Al poco de ser enterrado, el cuerpo de Dan Donnelly fue robado de su sepultura y llevado a un médico local llamado Hall. Cuando los fans de Donnelly se enteraron del robo, acudieron a casa del cirujano y le amenazaron de muerte si no devolvía el cuerpo del púgil. Hall negoció con los enfurecidos vecinos y logró que le dejaran quedarse con el brazo derecho del boxeador, el que quebró la mandíbula de Cooper, para estudiarlo desde un punto de vista médico. Poco después, el brazo, conservado, fue enviado a la Universidad de Edimburgo, en Escocia, donde fue estudiado durante varios años en la asignatura de Anatomía de su Escuela de Medicina.

Después, durante la época victoriana, el brazo de Donnelly recorrió toda Inglaterra en una especie de circo de curiosidades, donde se exhibía como el brazo del boxeador gigante de Irlanda. No fue hasta principios del siglo XX, en 1904, cuando el brazo momificado de Donnelly regresó a la isla esmeralda. Fue el dueño de un pub de Belfast llamado Hugh McAlevey el que lo compró, para exhibirlo en su local. El problema es que a los clientes no les gustaba nada el nuevo adorno del pub y provocó el rechazo de muchos. McAlevey acabó guardándolo en una buhardilla sobre el bar. Los empleados no se atrevían a subir, ya que empezó a difundirse la leyenda de que el fantasma de Donnelly habitaba aquel trastero.

Pasaron los años y en los años 50, un empresario llamado Jim Byrne se hizo con el brazo de Donnelly. Byrne tenía un pub en Kilcullen, ‘The Hideout’, a escasas dos millas de la Hondonada de Donnelly. Byrne colocó el brazo en su bar y además, organizó una recreación del combate entre Donnelly y Cooper. Al contrario de lo que pasó en Belfast, ‘The Hideout’ se convirtió en un lugar muy famoso debido a la gran cantidad de gente que iba a ver el brazo de Dan Donnelly.

El este pub de Kilcullen estuvo casi 50 años expuesto el brazo de Donnelly (Google Street View).

El brazo del púgil estuvo en ‘The Hideout’ 47 años. Jim Byrne murió y su hijo Desmond vendió el pub. El brazo se quedó en posesión de éste, que murió en 2005, y posteriormente de su viuda, Josephine, y fuera de la exposición pública… hasta principios de 2006. Un empresario estadounidense llamado James Houlihan dio con Josephine Byrne y la telefoneó. Estaba organizando una exposición llamada Fighting Irishmen: A Celebration of the Celtic Warrior, dedicada al mundo del boxeo en Irlanda, y quería contar con el brazo de Donnelly en la muestra. A Houlihan le costó convencer a Josephine Byrne, pero lo logró. Se creó una caja especial para el brazo y viajó hasta Estados Unidos en avión, pero no en la zona de equipaje, sino en la misma cabina del piloto, Henry Donohoe, que resulta que era amigo de Desmond Byrne.

El brazo fue expuesto en Nueva York en 2006 y 2007 y en Boston en 2008. En 2009 regresó a Irlanda, donde fue expuesto en Omagh, y su última exhibición fue en el museo de la Gaelic Athletic Association, en Croke Park, Dublín.

En la actualidad, Josephine Byrne lo conserva en privado, pero en ocasiones lo muestra, como el pasado verano, cuando recibió en Kilcullen la visita de una descendiente lejana del propio Dan Donnelly, llegada desde California para visitar la tierra de sus antepasados, hecho que recogió la prensa local.

Espero que os haya gustado la historia de Dan Donnelly y su brazo viajero. Os pido disculpas por la extensión del artículo, pero no me quería dejar nada en el tintero. Por último, os dejo con un vídeo en el que el poeta dublinés Kalle Ryan cuenta la historia de Dan Donnelly y su brazo.

Hasta el miércoles.

3 comentarios

  1. Dice ser JM

    Joder, qué pedazo de historia para un domingo. No pidas perdón por la extensión, que te ha quedado genial el artículo. Grande, Edu!

    28 enero 2018 | 20:10

  2. Dice ser PEDRALBES

    Hola a todos

    Edu, es la primera vez en mi vida que me regalan un 2×1 y me piden disculpas

    🙂

    ¡Muchas gracias por este pedazo de historia!

    Saludos

    30 enero 2018 | 09:11

  3. Dice ser ruomalg

    Desde luego que estaba justificado contar la historia de Donnelly y la de su brazo por separado. Esa extremidad ha vivido más que la mano incorrupta de Santa Teresa. Impresionante que tras 200 años las huellas sigan intactas, sin apenas sufrir los efectos de la erosión del suelo.

    08 febrero 2018 | 13:49

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