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"Sin música, la vida sería un error". (Friedrich Nietzsche).

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Spotify habilita el ‘embed’

Ya tocaba. Spotify ha puesto hoy en marcha una de las opciones más demandadas por sus usuarios: bajo el nombre de Spotify Play Button, la plataforma sueca permitirá colgar directamente en webs o blogs toda su música. Vamos, lo que viene a ser el embed de toda la vida. ¿Tiene eso algo de especial? Sí, lo tiene.  La noticia es especialmente relevante porque significa un paso de gigante en la expansión de Spotify.  Pensad, por ejemplo, en lo importante que es para Youtube la posibilidad de que sus vídeos puedan verse en cualquier web. Teniendo en cuenta que Spotify ha aterrizado recientemente en mercado tan gigantesco como EE UU, todo indica que se trata de una apuesta en la dirección correcta.

La noticia se suma a la alianza, el pasado mes de septiembre, de la plataforma del círculo verde con Facebook. Aquella integración desató no pocas quejas, pues implicó que para difrutar de la vertiente social de Spotify había que darse obligatoriamente de alta en Facebook. Muchos usuarios se quejaron también de la falta de privacidad, ya que la red social publicaba sí o sí todo lo que el usuario escuchaba. Pocos días después, y ante el aluvión de quejas, Spotify  habilitó la posibilidad de “escucha privada”.

Todo parece indicar que Spotify se está llevando el gato al agua en la trepidante carrera por dominar el mercado de la música en streaming. Mientras dicha competencia sea en beneficio del usuario, bienvenido sea. Ahora sólo queda exigir un reparto justo de los beneficios con los verdaderos responsables de que haya música en el mundo: los artistas. Pero esa es otra historia.

Como muestra, un botón. Aprovechando que mañana arranca gira en Madrid, os dejo con lo nuevo de Maika Makovski, Thank you for the boots.

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Entrada Gratuita da el salto a Spotify

Hace tiempo que vengo pensando en la posibilidad de poner en marcha algún tipo de iniciativa que lleve este blog a Spotify. Hace unos días decidí sacar un rato y elaborar un perfil de Entrada Gratuita en la plataforma de música en streaming. Es pues un honor presentároslo en sociedad con este pequeño post informativo.

En el Spotify de Entrada Gratuita os encontraréis, en un principio, siete listas que se irán actualizando puntualmente. Son las siguientes:

El disco de la semana. Como su propio nombre indica, el álbum más destacado de cada semana. Arrancamos con Undo, lo nuevo de The Roots.

Novedades: Una selección de lo más interesante que ha salido a la venta en los últimos días, tanto en nuestro país como en el resto del mundo.

Lo mejor de 2011: El año toca a su fin. Es momento de recuperar algunas de las mejores canciones de entre las que han visto la luz este año.

España me pone. Una lista para descubrir las bandas españolas más inquietas del momento. No tenemos nada que envidiar a lo que viene de fuera.

Joyas de otro tiempo. Emparentada directamente con la sección de este blog del mismo nombre, aunque significativamente más extensa: música anterior a la década de los 60 para los que tengan ganas de descubrir viejas maravillas musicales.

Canciones para empezar bien la semana: en la que recopilo las canciones de las que, cada lunes, os hablo en este blog.

La lista de los lectores: Quizá lo mejor de Spotify es la posibilidad de compartir canciones. Esta es una lista colaborativa, abierta a todos, en la que podréis subir los discos para que los escuchemos el resto de suscriptores.

Para suscribiros a las listas, podéis hacer clic en el enlace de cualquiera de ellas o en el siguiente botón. Espero que os guste.

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Reinventar la música

Antes de verano, reflexionaba en esta misma columna sobre lo injusto de las condiciones que ofrecen las plataformas de streaming tipo Spotify a los artistas en materia de royalties por cada clic, e invitaba a sellos discográficos y artistas a alzar su voz contra un sistema que, a pesar de sus innumerables ventajas y su prometedor futuro, está lejos de ser equitativo para todos. Especialmente para los músicos, que paradójicamente siguen siendo los que menos dinero obtienen de la explotación de sus obras por parte de terceros.

Hace unos pocos días, Century Media (la más importante disquera europea de metal y un referente en cuanto a honestidad y buen hacer), retiraba todo su catálogo de Spotify con el objetivo de “proteger los intereses de sus artistas”, en una maniobra ciertamente controvertida que puede que imiten otros en un futuro no demasiado lejano. Pese a que muchos esperamos que la decisión sea reversible, Spotify debería tomar buena nota. Al fin y al cabo, en sus manos está perpetuar un modelo obsoleto o, por el contrario, reinventar la forma de consumir música para hacer de ella algo más democrático, accesible y rentable.

Oligopolios

A estas alturas, pocos dudan de que buena parte del futuro de la industria de la música pasa indefectiblemente por las plataformas de streaming como Spotify o el recién estrenado Google Music, cuya versión beta acaba de ver la luz en Estados Unidos. Y sin embargo, también son pocos los que hablan de las leoninas condiciones que estas ofrecen al artista en materia de royalties.

Un dato que habla por sí solo: durante el pasado 2010, Copenhage de Vetusta Morla consiguió el récord de ganancias en un mes, según publicó recientemente la revista Rolling Stone. El grupo madrileño se embolsó por ello 100 irrisorios euros. ¿Cuál es la alternativa? No existe. Estar en Spotify y similares es como las lentejas. O las tomas, o las dejas. Bajo una gran idea revestida de modernidad se esconde un arma de doble filo con un potencial arrollador. Como todo el mundo sabe, un gran poder conlleva -además de una gran responsabilidad- elevadas dosis de ética. Y esta raramente es compatible con los intereses del mundo en el que nos ha tocado vivir.

A día de hoy, cuando la posibilidad de prescindir de intermediarios para llegar hasta el oyente es ya una realidad, exigir a estas compañías un reparto justo del pastel y una transparencia absoluta respecto a su modelo de negocio debería ser una prioridad para músicos y sellos de toda condición, especialmente para los más pequeños. No vaya a ser que en breve, y con las multinacionales al borde del abismo, tengamos un nuevo oligopolio a manos de los mismos perros con distinto collar.

La guerra por el negocio de la música digital

En Internet se libra desde hace tiempo una guerra encarnizada para hacerse con el negocio de la música digital. Hasta la aparición de Spotify, iTunes era el líder indiscutible a nivel global. Ahora, con el inminente desembarco del primero en Estados Unidos, Steve Jobs tiene razones para estar preocupado, especialmente tras las noticias que estos días han apuntado a una posible alianza entre Spotify y Google. Según han desvelado algunos medios, el todopoderoso buscador – que ultima el lanzamiento del esperado Google Music-, parece haber llegado a la conclusión de que no tiene sentido ofrecer un servicio similar al de la plataforma sueca de música en streaming, y que es preferible aunar fuerzas y aprovecharse de la experiencia adquirida en Europa por Spotify para, juntos, penetrar con éxito en el vasto mercado estadounidense y ganarle la batalla a iTunes. Por el contrario, otras informaciones aseguran que dichas negociaciones, aunque existen, tienen pocas posibilidades de salir adelante.

Las ventajas de Spotify y Google Music frente a lo que hasta ahora ha sido el funcionamiento de iTunes son evidentes: no hay que pagar por descargar los discos, sino que estos se almacenan en lo que se conoce como la nube, a la que el usuario accede, o bien pagando una cuota mensual, o bien de manera gratuita y limitada. Sin embargo, la compañía de Jobs siempre se caracterizó por saber anticiparse al futuro, y hace tiempo que encamina sus pasos a un salto definitivo al streaming que, hoy más que nunca, parecer estar a la vuelta de la esquina. Uno de ellos se ha destapado hoy mismo: mientras que Spotify experimenta grandes dificultades para obtener el catálogo de algunas multinacionales, una de ellas, Warner, ya ha alcanzado un acuerdo con iTunes para la cesión de toda su discografía. Al mismo tiempo que todo esto ocurre, Amazon ha puesto en marcha su propia plataforma de música en streaming y HP planea hacer lo propio.

Cabría pensar que la cohexistencia de multitud de ofertas para escuchar música en la Red beneficia al consumidor. Y sin embargo, muchos opinan que es preferible disponer de menos plataformas y que éstas ofrezcan la mayor cantidad de música posible. De lo que no hay duda es de que vivimos una época de transición sin precedentes en la que el sopote físico ha dejado de tener sentido para las masas, que ya consumen la práctica totalidad de la música a través de la Red y -muy especialmente- de los teléfonos móviles. Un modelo de negocio aún en pañales que apenas resulta rentable para el artista y por el que, sin embargo, se libra una batalla en la que, a buen seguro, muchos se quedarán por el camino.

Ilustración: María Gil.

Spotify se abre camino (a pesar de España)

La noticia saltaba hoy a los medios de comunicación: Spotify, la plataforma gratuita de música en streaming que mejor ha sabido entender los tiempos que corren, alcanzó ayer el millón de suscriptores de pago, lo que supone casi un 15% de los usuarios totales. La firma sueca, presente en los países nórdicos, Francia, Holanda, Reino Unido y España, es ya el segundo generador de ingresos de la industria musical, sólo por detrás de iTunes. Desde hace tiempo se hablaba precisamente de que Spotify necesitaba entre un 15% y un 18% de usuarios de pago para ser rentable, por lo que todo apunta a que la plataforma que en su día decidió apostar por la tarifa plana para la música va por el buen camino.

Las buenas noticias para Spotify coniciden con su más que inminente desembarco en EE UU, donde ya ha alcanzado acuerdos con EMI, Universal y Sony. Sus dos principales escollos son Warner -que teme que la implantación de un servicio gratuito como Spotify afecte a sus ya de por sí maltrechas ventas-, y Apple, que con el 80% del negocio en sus manos trata de obstaculizar en la medida de lo posible la llegada a EE UU del mejor invento sueco desde Ikea.

Los buenos datos arrojan también luz sobre algo que era un secreto a voces: España está a la cola de entre los países en los que se puede acceder a Spotify. El número de usuarios de pago en nuestro país es el más bajo, a pesar de ser el segundo que más usuarios tiene (3,5 millones). Por si fuera poco, la inversión publicitaria también es la más escasa de todas.

A la vista de ello, algunos se preguntarán por qué Spotify apostó por España para poner en marcha su ambicioso proyecto. La razón no es otra que nuestra propia idiosincrasia: De entre los mencionados, España es el país en el que menos nos gusta pagar por las cosas.  Si se puede tener gratis, mejor. Dicha característica suponía un banco de pruebas inmejorable para la compañía: si Spotify funcionaba en España -aunque fuese a rebufo del resto-, podría hacerlo en cualquier parte.

Por una vez, tenemos que dar las gracias por ser tan cutres.

Ya no me bajo música

Siempre lo he dicho abiertamente. Llevo años descargando discos (también comprándolos) y he llegado a la conclusión de que ha dejado de tener sentido. Al menos en el 90% de los casos. Me he hecho una cuenta premium de Spotify a través de la cual, por 10 míseros euros al mes, tengo acceso a una cantidad inmensa de música. No todo está disponible, pero lo que no encuentro entra en ese 10 %. Pudiendo disponer de ella en streaming, almacenarla carece de lógica. Y en cuanto al dinero, no sólo no me duele pagarlo, sino que lo hago encantado. Y es que hay cosas por las que merece la pena hacer un esfuerzo. Y si crees que la música no ha aportado lo suficiente a tu vida como para darle al mes lo que te cuesta una copa, entonces es que no significa tanto para ti.

Lo mejor de Internet desde Napster

Sí, amigos. Hace unos días comentaba en un artículo las nuevas posibilidades que la Red ofrece a los melómanos. Hoy vuelvo a dar fe, con el conocimiento de causa que me confieren varias semanas de intenso uso y disfrute: Spotify es lo mejor que nos ha pasado desde Napster.

Para los que no todavía no sepan de qué demonios va todo esto, un par de líneas explicativas: Spotify es un reproductor de música online. Tal cual. Como el Windows Media o el Itunes, pero sin necesidad de tener la música almacenada en tu disco duro. Porque ésta ya está ahí. Cien por cien disponible. Para que la escuches, la vuelvas a escuchar, hagas una playlist con tus temas preferidos o cualquier otra cosa que te salga del higo hacer.

¿El precio? Una breve cuña publicitaria de vez en cuando (cada diez o quince canciones). Y aunque ya hay quien se queje de ello, me parece más que razonable. Es un regalo. Un precio ínfimo. Y el que no acierte a verlo es que no ha terminado de comprender la complejidad de una industria, la discográfica, que guste o no tiene mucho que decir en el futuro del negocio del que estamos hablando. Sólo cabe esperar que el número de anuncios no se dispare y la oferta (extensa, aunque aún limitada en muchos estilos), siga en imparable aumento. Estaremos atentos.

Vale, hay otros programas, reproductores y plataformas. Y muchos cuentan con funciones similares a las de Spotify. Para gustos los colores. Pero hasta el momento ninguno me ha parecido tan sencillo, intuitivo y cómodo (menos es más, como casi siempre). Y sólo Spotify ha tenido la visión de llegar a un acuerdo con Lastfm, de manera que todo lo que escuches en Spotify se manda a tu perfil. Una sabia manera de ganarse el favor de diez millones de usuarios que, como yo, llevan una buena temporada enganchados a la red de la música por excelencia, y a la que le faltaba lo que precisamente ofrece Spotify. Una jugada maestra.

Algunos dicen que éste es el futuro: no la posesión de música a base de descargas, sino el libre acceso a ella desde cualquier lugar. Veremos si los tiros van por ahí. Por el momento, disfrutémoslo.