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"Sin música, la vida sería un error". (Friedrich Nietzsche).

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Aberraciones musicales en tu tele amiga

No es ningún secreto que el espacio que dedica la televisión de este país a la música es ínfimo, paupérrimo, casi inexistente. En los últimos tiempos hemos sido testigos de la desaparición progresiva de la práctica totalidad de los programas que la tenían como protagonista. Algunos, como Fly Music, el único canal en abierto que ofrecía videoclips medianamente decentes, pasaron a mejor vida en un cortísimo espacio de tiempo. Otros, decanos como la MTV, han optado por transformarse a marchas forzadas en una cadena centrada casi exclusivamente en los más deleznables realitys. Actualmente, apenas La 2 hace un hueco a la música en horarios intempestivos con Los Conciertos de Radio 3 y Mapa Sonoro. Hoy día, progamas legendarios como La Edad de Oro o Aplauso tendrían muy pocas posibilidades de hacerse un hueco en la parrilla.

Da la sensación de que la música no interesa a la audiencia mayoritaria. ¿O sí? Puede que sí. Sólo hace falta revestirla de talent show al más puro estilo OT, Factor X o similares. Si es posible, además, salpicarla de cierto famoseo casposo, el cóctel ya resultará irresistible: la plebe acudirá fiel a la cita como moscas a la mierda.

Dado que los famosos ya han bailado, alguna lucidísima mente de Antena 3, ese canal que echa los Simpsons, ha ideado (o comprado a alguna cadena americana, lo mismo da) el originalísimo Tu cara me suena, un programa en el que varios famosos competirán para ver quién canta mejor, y que esta noche irrumpirá en el prime time de la cadena. Por el escenario desfilarán nombres como Santiago Segura, Josema Yuste, Carolina Ferre, Silvia Pantoja o Toñi Salazar. El jurado estará formado por Àngel Llàcer, Carlos Latre, Carolina Cerezuela y Mónica Naranjo. Insuperable. Por si fuera poco, la aberración estará dirigida por Manel Fuentes, uno de los tipos con menos gracia -y ya es decir- de entre los muchos que aparecen en radio y televisión creyéndose graciosos.

Lo más curioso del asunto es que tan brillante idea ya se le había ocurrido a alguien antes. Y encima, a los propios genios de Antena 3. Fue en 2006, se llamaba Cantas o qué y nació como respuesta al éxito de Mira quién baila. Sofía Mazagatos, Antonia Dell’Atte y Carmen Janeiro hicieron un ridículo tal que el programa sólo llegó a las dos emisiones. Será que no aprendieron la lección.

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4 horas, 15 minutos

El dato resulta llamativo: cada español pasa al día, de media, 4 horas y 15 minutos sentado frente al televisor. Ayer, un experto aseguraba en un programa de radio que la caja tonta tiene los días contados por culpa de -o gracias a- Internet. Hoy, a la vista del dato, todo parece indicar lo contrario: la tele goza de buena salud.

Cuatro horas son muchas horas, especialmente si las comparamos con el tiempo que dedicamos a otras actividades culturales. Hace tiempo me hice eco en este blog de una encuesta que reflejaba, entre otras cosas, que sólo tres de cada diez españoles había visitado un museo durante el último año, dos de cada diez habían acudido al teatro, la mitad fue al cine y casi seis de cada diez leyeron un libro. A su vez, el 84% de los españoles dicen escuchar música al menos una vez por semana.

Eché de menos algunos datos complementarios. ¿A qué se refería la encuesta con “escuchar música”? ¿Se considera como tal el hilo musical del ascensor de la oficina? ¿La música de los bares? ¿Los politonos de los móviles? ¿Carlos Baute?

Y es que el término cultura a veces puede resultar confuso. Nadie discute que los libros lo son y, sin embargo, la oferta editorial también cuenta con títulos que aportan al lector un bagaje cultural similar al que obtiene el espectador de La Noria. El cine también forma parte de eso que llamamos industria cultural, pero un elevado número de películas no llegan ni siquiera a cubrir las mínimas dosis de entretenimiento exigible (ya no hablemos de culturizar al espectador).

Quizá habría que empezar por debatir la posibilidad real de que coexistan dos maneras de entender la cultura: una que la concibe como una forma de ofrecer meros minutos diseñados para no pensar más de la cuenta y otra que, en ocasiones, requiere que el receptor ponga un poco de su parte.

Yo, por la mía, ya he cumplido por hoy y me voy a casa. Que nadie me moleste durante las siguientes 4 horas y 15 minutos.

(Ilustración de Eneko).

Avalancha de basura

Que el nivel de nuestra televisión roza lo infumable no es noticia. Pero lejos de valorar la supresión de El Tomate (¿qué tendrá en la cabeza esa gente que se ha manifestado a las puertas de Tele 5 pidiendo que no lo retiren?) o la última hazaña de cualquiera de los repugnantes personajes que abundan en la pequeña pantalla, me voy a centrar en esos programas que utilizan como pretexto la música en cualquiera de sus variantes para ofrecer a los telespectadores un lamentable espectáculo de ceporrismo catódico.

La última moda de nuestra televisión son los programas en los que, a modo de cásting, decenas de incautos se pasean ante un sesudo jurado que evalúa, con frecuente desprecio y prepotencia, sus variopintas habilidades sobre el escenario.

La fórmula funciona. No hay más que ver la cantidad de imitadores que tiene el formato, que hace que sea difícil no toparse con uno de ellos incluso para los que apenas vemos televisión. Primero Tele 5 estrenó Tú sí que vales y después Cuatro reclamó a bombo y platillo que su programa, Tienes talento, era la genuina copia del original británico.

Parte de la culpa del éxito la tiene Paul Potts, ese orondo y simpático galés ex vendedor de móviles que llegó al corazón de millones de ingleses con su impresionante interpretación operística.

Sus padres debían tener bastante mala baba para llamarle así teniendo ese apellido. O eso, o no sabían de la similitud del nombre con el del sanguinario dictador camboyano. El hecho es que la caja tonta tenía reservado un papel de excepción para Potts. Y es que al público le encanta la clásica historia del hombre corriente que de pronto goza de su minuto de gloria y sus años de dividendos. La fiebre por la ópera, ya en boga desde que ese esperpento de grupo llamado Il Divo reventara las listas de ventas con su mezcla de pop pasteloso y gorgoritos, ha provocado que por el plató del programa de Cuatro hayan desfilado varios aspirantes a la fama que, en un alarde de originalidad, cantan la misma canción (eso sí, con menos aptitudes).

Pero lo peor de todo no son los concursantes, cuyo único delito es al fin y al cabo intentar sacar partido a sus habilidades para olvidarse de la hipoteca. Lo peor es el jurado, esa pléyade de sabidillos que sacan a relucir toda su vena dramática para ofrecer incontestables sentencias sobre lo bueno y lo malo, lo mediocre y lo aceptable. Javier Sardá, ese gran comunicador (aunque lo que comunique sea pura bazofia) y David Summers, de los Hombres G, abandonaron el barco a las primeras de cambio en los respectivos concursos de Tele 5 y Cuatro, en una decisión que les honra. Los sustitutos han sido Los Morancos y Miki Puig. Qué nivelazo. En la línea de algunos concursantes que han dejado momentos impagables en apenas unos días:

Muchos os preguntaréis qué tiene que ver éste post con la música. Poco. Lo mismo que estos programas. Pero me da rabia que este sea el nivel medio de la oferta musical televisiva en nuestro país. Luego nos quejamos de que triunfen los Bisbales y compañía. Tenemos lo que nos merecemos.