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"Sin música, la vida sería un error". (Friedrich Nietzsche).

Archivo de enero, 2012

Joyas de otro tiempo (V): Mississippi John Hurt

De entre todos los géneros capaces de hacer viajar al oyente a un pasado remoto, pocos lo hacen como el blues. No el electrificado, aquel que floreció en el Chicago de los años 50 de manos de los emigrantes del sur de EE UU, sino el que se facturó en la época de la Gran Depresión en el aún más deprimido delta del Mississippi. Hombres que, dedicados en cuerpo y alma a cultivar los campos de algodón, encontraron en sus viejas guitarras un medio de expresión con el que narrar con extrema crudeza sus historias de segregación y miseria.

La historia de John Smith Hurt, más conocido como Mississippi John Hurt (1893-1966) podría ser la de tantos y tantos músicos de aquella época. Nació, vivió y murió en el estado cuyo nombre se acabaría convirtiendo en parte de su apodo. Y sin embargo, durante un breve periodo de tiempo, la posibilidad de obtener un reconocimiento mayor llamó a su puerta. Hurt alternaba su trabajo en el campo con actuaciones puntuales en los clubes de su localidad, Avalon, hasta que el responsable de la discográfica Okeh Records, Tommy Rockwell, le dio la oportunidad de grabar ocho de sus canciones en Memphis. Sólo dos de ellas, Frankie y Nobody Dirty Business, vieron finalmente la luz, lo que le abrió las puertas para grabar un LP en Nueva York. Sin embargo, el disco no vendió lo esperado. Okeh entró en bancarrota y Hurt se vio obligado a volver a su tierra para seguir trabajando el algodón.

Es muy posibile que hoy no estuviéramos hablando de Mississippi John Hurt si no hubiera sido por la labor de Tom Hoskins, un joven entusiasta del blues primigenio que jugó un papel fundamental en el revival del género a mediados de los 60. Hoskins se afanó en recuperar el legado de Hurt, y siguó su rastro hasta el propio Mississippi. Cuando finalmente lo encontró en su casa de Avalon, en 1962, Hurt tenía 72 años y no entendió el entusiasmo de Hoskins por dar con él. “Llevamos años buscándote”, le dijo Hoskins. El anciano Hurt, confundido, tomó a Oskins por un agente del FBI: “Se han equivocado de hombre, yo no he hecho nada malo”. Cuatro años después de aquel encuentro, Hurt murió de un ataque al corazón.

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Canciones para empezar bien la semana: “I was right”, de Biscuit

Nuestros protagonistas de hoy, los catalanes Biscuit, llevan la friolera de 19 años dando el callo a base de rock vitalista, adictivas melodías pop y algún que otro ramalazo de psicodelia. Una banda de referencia entre los amantes del buen rock and roll hecho aquí que, sin embargo (y como desgraciadamente ocurre a menudo), no ha llegado a alcanzar el estatus que merece. Quién sabe dónde estarían si su ciudad natal fuera Liverpool, Detroit o Sidney en vez de Vilanova i la Geltrú.

Grabado en Chicago bajo la batuta de su productor habitual, Santi García -otro nombre fundamental para entender nuestro rock independientente de los últimos tiempos-, Memorabilia es su quinto trabajo, editado por La Castanya. 14 canciones directas, sin concesiones y plagadas de estribillos memorables. Una auténtica joya de la que extraemos su segundo corte, I was right, grabado en su casa de Vilanova. Pura energía que presentarán en directo el próximo 10 de febrero en La Boite (Madrid) junto a Image Makers.

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‘Marzo negro’

A modo de protesta por el reciente cierre de Megaupload y la posible aprobación de la ley SOPA en EE UU, Anonymous convoca estos días a los internautas a un ‘marzo negro’ en el que, piden, no se compre ningún disco, libro o videojuego ni se vaya al cine. El planteamiento da por hecho que todos los artistas son enemigos y, por tanto, culpables, una premisa absurda que recuerda mucho a aquella de la que partía el canon digital de la SGAE o la propia SOPA, pero a la inversa. Un dato: en España, el 80% de los discos se publican a través de sellos independientes. La gran mayoría de sus artistas malviven a base de sangre, sudor y lágrimas. No tienen mansiones en Miami. Muchos tocan por una cantidad irrisoria o incluso pierden dinero. Los más afortunados sobreviven a base de giras maratonianas en furgoneta. Son tan currantes como el que más. Si los apoyos a la ley SOPA provienen principalmente de las grandes multinacionales del entretenimiento, así como de otra serie de empresas cuyo nombre se puede consultar en la Red, sólo ellas deberían ser, en todo caso, el objetivo de los ataques. Porque un ciudadano informado debe ser un ciudadano crítico, pero también un ciudadano ético. El resto sólo es activismo barato de sofá.

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Canciones para empezar bien la semana: Sharon Jones “I learned the hard way”

Que a Sharon Jones se la califique abiertamente en los medios como la heredera de Amy Winehouse no deja de ser curioso, cuando no bastante ridículo. Al fin y al cabo hablamos de una artista de 56 años que publicó su debut en 2002, un tiempo en el que la desaparecida autora de Back in Black ni siquera había grabado Frank, su primer álbum. Pero por todos es sabido que la prensa musical, en estrecha colaboración con la necesitada industria discográfica, anda siempre a la caza de nuevas sensaciones que vender a nivel masivo bajo algún tipo de etiqueta rimbombante. Forma parte del juego.

El hecho es que Sharon Jones -a quien un servidor tuvo la suerte de entrevistar hace casi un par de años-, sólo comparte con Amy su querencia por el soul, aunque en una vertiente mucho más añeja y purista que aquella. También, a menudo, mucho más funk. En su quinto trabajo junto a The Dap Kings, Soul time!(Daptone), publicado hace un par de meses, recopila canciones descartadas para sus álbumes anteriores junto a una inédita, New shoes, aunque el tema que hoy nos ocupa, I learned the hard way, forma parte de su anterior LP del mismo título. Lo cierto es que cualquier tema de su repertorio valdría para volver a demostrar su buen hacer con un género que vive días dorados gracias a nombres como Ely Paperboy Reed, Macy Gray, Jamie Lidell o, salvando las distancias, la superventas Adele. Un álbum sobresaliente que la sitúa a la altura de las más grandes intérpretes de música negra y que, a la postre, podría servir para algo verdaderamente interesante: si las nuevas generaciones vibran con Sharon Jones, es posible que les dé por investigar y descubrir a los grandes maestros del género. De Sam Cook a Sly & the Family Stone pasando por Wilson Picket. De Lynn Collins o Mavis Staples a la recientemente fallecida Etta James, descubriendo el catálogo completo de sellos tan imprescindibles como Motown, Stax o Chess. Tan atemporal como efervescente, el soul está por encima de cualquier moda efímera. Gracias a Dios.



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Reflexiones sobre el cierre de Megaupload

Ha sido una noche movida en la Red. Y lo que nos queda. A estas alturas, pocos quedarán ya que no se hayan enterado del cierre de Megaupload y de las reacciones que está suscitando. Entre el debate por la posible aprobación de la muy totalitaria y peligrosa ley SOPA y la noticia con la que hemos amanecido, existe la sensación de que estamos ante un momento que marcará de forma decisiva el futuro de Internet tal y como lo conocemos. Es el momento de reflexionar sobre todo ello.

– El cierre de Megaupload no sólo no contribuirá a acabar con las descargas, sino que muy probablemente provocará que surgan nuevas y más depuradas webs o sistemas para compartir archivos. Tal y como muy acertadamente señala Enrique Dans en su blog, este no es más que un nuevo ejemplo de lo complicado que resulta ponerle puertas al campo. La experiencia de Napster así lo demuestra. Por otra parte, ¿qué ocurre con la gente que tenía alojados en Megaupload contenidos que nada tienen que ver con los derechos de autor y que ahora mismo han pasado a manos del FBI? La hay. Yo era uno de ellos.

– Dicho lo anterior, una cosa debe quedar clara: los responsables de Megaupload han amasado una fortuna a costa del trabajo de otros, alojando publicidad en su web y cobrando suscripciones por permitir el acceso a contenidos protegidos con derechos de autor. Que el FBI les acabase cerrando el chiringuito parecía cuestión de tiempo. ¿Se ha hecho justicia o estasmos ante el principio de un estado policial en la Red? Juzguen ustedes mismos, pero una cosa es compartir archivos sin ánimo de lucro y otra hacerse de oro con ello. Y el matiz es importante.

– Sé que hoy por hoy es políticamente incorrecto pensar así, pero ya lo he dicho en otras ocasiones: pretender no pagar nunca por nada es insostenible y propio de un país en el que la cultura se valora muy poco. La frase: “si puedo tener algo gratis, para qué pagar” define al español medio. Y ello provoca que se valore cada vez menos el esfuerzo que cuesta grabar un disco, rodar una película o escribir un libro. Evidentemente la industria ha mantenido políticas deleznables, entre otras con los precios. Soy, de hecho, el primero que ha bajado cientos de discos a través de Megaupload, Soulseek y otras plataformas, y defiendo el derecho a poder hacerlo. También el primero que se alegrará el día que caigan algunos de los dinosaurios que han monopolizado el negocio de la música durante décadas. Pero procuro retribuír, en la medida de mis modestas posibilidades, a aquellos artistas que me aportan cosas. Yendo a sus conciertos o comprando sus discos, en el caso de la música. Como sea. Porque creo que es lo más ético. No deja de ser curioso, por otra parte, que muchos de los que enarbolan la bandera del “cultura libre para todos” sean personas que en su vida han estado interesadas por la cultura más allá de la basura para las masas que ofrecen los canales convencionales.

– Una última reflexión: comprendo y comparto gran parte de la postura de los que llaman a un levantamiento contra el cierre de Megaupload, pero ¿cómo es posible que con la que está cayendo sólo reaccionemos en masa cuando nos quitan la posibilidad de ver películas y descargarnos discos gratis? Recortes sociales, deshaucios diarios, desempleo asfixiante, políticos corruptos, beneficios multimillonarios para los banqueros…

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Lookout! Records: adiós a un sello emblemático

Que un sello discográfico cierre sus puertas siempre es una mala noticia, pero que lo haga uno de los que ha editado algunos de los discos que más veces has escuchado durante tu juventud es aún más triste. Lookout! Records, el sello por excelencia del punk pop californiano, ha anunciado en un post en su web que lo deja.

Con el cierre de Lookout! concluye una aventura que arrancó en 1987 de manos de Larry Livermore y David Hayes, dos jóvenes de Berkeley a los que les cambió la vida el éxito de algunas de las primeras bandas que ficharon, como Operation Ivy, Rancid y, sobre todo, Green Day. Una discográfica absolutamente underground en sus inicios que se convirtió en millonaria de la noche a la mañana, pero que no supo manejar sus recursos de manera apropiada, lo que le llevó a una profunda crisis -desde 2005 no editan referencia alguna- que, sumada a la de la industria, ha terminado por conducirles irremediablemente al cierre entre acusaciones de mala gestión e injusto reparto de los royalties por parte de algunas de sus bandas.

A pesar de que la mayoría de los medios se quedan sólo en ese detalle, Lookout! es mucho más que el sello que editó las primeras refferencias de Green Day (los EPs 1000 hours y Slappy y el disco 39 smooth, reunidos luego en 1039/Smoothed Out Slappy Hours, y el segundo LP de la banda, Kerlplunk). Por sus filas pasaron bandas clave para entender esa manera tan singular de hacer punk poniendo especial cuidado en las melodías vocales. Desde los imprescindibles Screeching Weasel hasta las sensuales Donnas. Desde los fantásticos Parasites hasta los inimitables Queers. Riverdales, Mr. T Experiencie, Ted Leo and the Pharmacists, Engine Down, Pretty Girls Make Graves, Groovie Ghoulies, The Hi Fives, Lillingtons, Pinhead Gunpowder… Se me hace inabarcable la lista de bandas que han pasado por Lookout! y que han puesto banda sonora a tantos episodios de mi vida.

Hoy rendimos homenaje a Lookout! escuchando la música que nos ayudaron a descubrir. No podía ser de otra manera. Haz clic en este enlace y escucha esta lista que os he preparado con algunas de las mejores bandas que han salido de la escudería californiana.

Cinco razones para amar a Pony Bravo

Una de las mayores satisfacciones que puede obtener un periodista musical es la de ver cómo una banda por la que apostó desde sus inicios se hace grande. Los sevillanos Pony Bravo formaron parte de “España me pone”, aquella serie de este blog que en 2008 trataba de dar cabida a algunas de las bandas más prometedoras de nuestra escena independiente. Hoy, con dos apabullantes discos en la calle, son una de las más aclamadas y admiradas de este país. Y se lo merecen por varias razones.

– Pony Bravo no dejan indiferente a nadie. Su singular fusión de kraut rock atmosférico con raíces andaluzas capta la atención del oyente de inmediato.

– Pony Bravo poseen algunas de las letras más brillantes de nuestro rock. Puro surrealismo cañí.

– Pony Bravo no son -ni creo que pretendan serlo- ningunos virtuosos. Su técnica con los instrumentos es limitada. Y sin embargo, saben sacarle partido a todos ellos como pocos.

– Pony Bravo cuidan al detalle el diseño de sus discos y carteles de conciertos. Un auténtico despliegue de imaginación con guiños constantes a lo más profundo -y a menudo casposo- de la cultura popular, confeccionado con auténtica maestría y buen gusto. Desde Michael Jackson a Los Del Río, desde la Semana Santa a Regreso al Futuro. Aquí podéis echar un vistazo a buena parte de lo que han hecho. Magistral.

– Pony Bravo han sabido crear a su alrededor una marca 100% do it yourself, traducida en una manera de hacer las  cosas a su manera que pasa, siempre, por El Rancho, su propio sello discográfico y base de operaciones para otros proyectos de sus integrantes, como los inclasificables Fiera. Por si fuera poco, todo ello se puede descargar gratuitamente desde su web.

– Pony Bravo han conseguido algo harto complicado en los tiempos que corren: ser originales.  Y sólo eso ya es razón más que suficiente para dedicarles un sonoro aplauso. Eso, o acercarse a verles mañana en la sala Joy Eslava, un escenario de auténtico lujo que les confirmará como lo que ya son: una banda grande por derecho propio.

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Canciones para empezar bien la semana: ‘Born to Die’, de Lana del Rey

En los próximos días y semanas vais a tener Lana del Rey hasta en la sopa. Es lo que toca: la industria -también la supuestamente indie- necesita vender productos a bombo y platillo. Nuevas  sensaciones planetarias que lo son antes incluso de ver la luz sus discos. Ese es precisamente el caso de Lana, que aunque publica su debut el próximo 30 de enero, lleva dando qué hablar desde hace meses gracias a una de las campañas de promoción más salvajes que se recuerdan. También gracias a dos canciones, Video Games y Blue Jeansa  las que recientemente se suma el single que dará nombre a su primer álbum, Born to Die-, que han hecho correr ríos de tinta.

Siendo justos, y tratando de huír de los prejuicios que podrían provocar tantas expectativas, las canciones de Lana del Rey tienen algo de hipnótico y mucho de adictivo. En algún punto intermedio entre la profundidad de Portishead, las oníricas bandas sonoras de David Lynch o la cruda cercanía de Cat Power, aunque con cierto revestimiento mainstream y una nada disimulada atmósfera cinematográfica, la música de Lana del Rey ha cautivado a propios y extraños. Es posible que el lanzamiento de su disco termine por desinflar el hype. O quizá estemos ante un lanzamiento tan revolucionario y cautivador como prometen las notas de prensa. En cualquier caso, cualquiera de sus canciones nos serviría para arrancar con buen pie esta semana.

Cee Lo Green contra los fans de Lennon

Thomas DeCarlo Callaway, o lo que es lo mismo, Cee Lo Green, es un grande. Y no sólo en el sentido literal del término, sino muy especialmente en lo musical -que al fin y al cabo es lo que nos importa- y también en lo escénico, faceta que hoy le trae a este humilde blog. Porque hace ya bastantes años que, en el siempre frívolo ámbito del mainstream musical, saber llamar la atención sobre un escenario es parte fundamental de la labor de un artista. Si entras a formar parte del singular universo del star system yanqui hay que venderse con gracia, y Cee Lo sabe cómo hacerlo. Ya sea disfrazándose de gladiador, de personaje de Star Wars o de colorida ave,  siempre da qué hablar. Pero esta vez, sin embargo, el público no le encontró la gracia al asunto.

Ocurrió la pasada nochevieja. Cee Lo Green cantó en directo durante el especial de la NBC, retransmitido en directo para una abarrotadísima Times Square. Lo hizo interpretando una versión del clásico Imagine, de John Lennon, al que decidió cambiar una línea clave: en lugar de la archiconocida frase “and no religion, too”, Green cantó “and all religion’s true” (y todas las religiones son verdaderas). Tal ocurrencia desató las iras en la Red. Twitter y Youtube, entre otras plataformas, comenzaron a echar pestes del rapero. Por un lado se quejaban, mayoritariamente, los fans de Lennon, indignados por su osadía de tocar tan sacrosanta letra. Por otro, los más fervientes fundamentalistas de toda religión (que en EE UU los hay a pares). Todos contra Green, que se vio obligado a dar explicaciones sobre su improvisado cambio de letra. “El cambio en la letra no significa ninguna falta de respeto hacia John Lennon, sino que intentaba decir un mundo en el cual ustedes pudieran creer lo que ustedes quisieran, eso fue todo”, escribió en su cuenta de Twitter.

Visto lo visto, no sé qué tipo de fan fatal es más corto de miras: el de Lennon o el del dios de turno.