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"Sin música, la vida sería un error". (Friedrich Nietzsche).

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Sobre el post de Ramoncín

Algunos de vosotros me habéis escrito preguntándome por el post que escribí el otro día, aquel titulado “Ramoncín, contra Entrada Gratuita”, y que fue eliminado al rato de ser publicado. Os cuento.

El mencionado post contaba cómo los abogados de Ramoncín se habían puesto en contacto conmigo para que eliminase ciertos comentarios de la entrada del pasado 18 de noviembre. De la misma manera, los mismos abogados pidieron a 20minutos.es que ese tipo de comentarios fueran borrados en las noticias sobre el cantante. Esta noticia se publicó en la web. Al ser un tema delicado con abogados de por medio, los responsables de la web me pidieron que, por precaución, guardase el post en borrador y lo sacase un poco más adelante. Cuando surgió la posibilidad de recuperarlo, me pareció que ya no venía muy a cuento y escribí mi columna semanal. No hay mucho más que contar.

P. D. Alguno de vosotros ha encontrado relación entre el post de Ramoncín y la columna posterior “Ya no me bajo música”. Me habéis pillado: la movida me ha dado tanto mal rollo que me he convertido en un adalid anti piratería. De hecho, os lo tengo que decir: estáis matando la música con vuestras descargas, insensatos. Aún estáis a tiempo de rectificar. De hecho, yo ya me estoy redimiendo con un latigazo por cada mega descargado. Plas, plas.

Ya no me bajo música

Siempre lo he dicho abiertamente. Llevo años descargando discos (también comprándolos) y he llegado a la conclusión de que ha dejado de tener sentido. Al menos en el 90% de los casos. Me he hecho una cuenta premium de Spotify a través de la cual, por 10 míseros euros al mes, tengo acceso a una cantidad inmensa de música. No todo está disponible, pero lo que no encuentro entra en ese 10 %. Pudiendo disponer de ella en streaming, almacenarla carece de lógica. Y en cuanto al dinero, no sólo no me duele pagarlo, sino que lo hago encantado. Y es que hay cosas por las que merece la pena hacer un esfuerzo. Y si crees que la música no ha aportado lo suficiente a tu vida como para darle al mes lo que te cuesta una copa, entonces es que no significa tanto para ti.

Zapatillas

Me cruzaba con él todos los días. Ambos llegábamos a casa desde nuestros respectivos institutos y nos cruzábamos en el mismo punto, a la misma hora. Nos mirábamos. De alguna manera, yo sabía que aquel chaval alto, desgarbado y algo mayor que yo tenía mucho que ver con mi manera adolescente de ver el mundo y, sobre todo, de entender la música. Era de los míos, sin duda, y lo sabía exclusivamente por un elemento de su indumentaria: las zapatillas: Pocos, muy pocos llevábamos ese modelo por aquel entonces. Era un rasgo definitorio, algo más que un simple calzado. Con el tiempo nos hicimos amigos y confirmé nuestra afinidad. Hoy, muchos años después, cientos de jóvenes lucen esas zapatillas. Se venden en grandes superficies y tiendas de moda del centro de la ciudad. Todo ha cambiado y lo sabemos. Pero aun así, no podamos evitar que nos joda un poco.