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¿Hay realmente ahora más medusas en el mar que antes?

Por Mar Gulis

En los últimos años la llegada de medusas a las costas mediterráneas españolas ha generado cierta alarma entre la sociedad y también ha despertado el interés de la comunidad científica. Aunque el sentir general es que cada vez hay más medusas en nuestras costas, los científicos no pueden afirmarlo con certeza debido sobre todo a la falta de datos a largo plazo. Sin embargo, es una realidad que cada verano cerca de dos millones de bañistas sufren picaduras de medusa. Además, la situación ha empeorado en los últimos años debido a la llegada de nuevas especies.

Aunque aún no haya datos concluyentes sobre el aumento de las proliferaciones de medusas, los investigadores del Instituto de Ciencias del Mar del CSIC (ICM) se atreven a formular alguna hipótesis. Los enjambres de medusas son arrastrados hacia las playas por las corrientes superficiales generadas por los vientos (de mar a tierra). Si el agua costera tiene una temperatura (y por tanto una densidad) distinta a la de mar abierto, las corrientes superficiales encuentran grandes dificultades en arrastrar los enjambres de medusas hacia la costa. Pero cuando las aguas presentan una temperatura muy similar, las corrientes las arrastran en pocos días. Uno de los factores climáticos que mencionan son los inviernos suaves y cortos (cada vez más frecuentes), que dan lugar a una menor emisión al mar de agua dulce y fría. Otro factor, que requiere estudios más detallados, es el progresivo calentamiento global, que podría agudizar la frecuencia de inviernos más suaves y más cortos. Sin embargo, los factores climáticos, aunque son importantes, no explican por sí solos la llegada a las playas mediterráneas de gran cantidad de medusas y de zooplancton gelatinoso.

Entre las causas más defendidas por algunos científicos está la disminución drástica de los grandes depredadores de medusas: tortugas y algunos peces como los atunes. Las poblaciones de estos organismos se han visto reducidas enormemente en las costas mediterráneas debido a su pesca indiscriminada. Otros animales que se alimentan de medusas son las aves marinas, pero su incidencia es menor.

Además, las medusas ejercen de forma natural un control sobre sus poblaciones. Entre ellas no es extraño el canibalismo cuando les falta otro tipo de presas para su alimentación. Pero, aparentemente, en las zonas de máxima abundancia de medusas en el Mediterráneo hay suficiente zooplancton como para no necesitar comerse las unas a las otras.

Medusas del Mediterráneo

Especies de medusas comunes en el Mediterráneo.

 

Las más frecuentes y temidas del Mediterráneo

Se calcula que en las costas mediterráneas hay alrededor de 300 de las 4.000 especies que existen en el planeta. Entre las frecuentes y urticantes destaca la medusa luminiscente (Pelagia noctiluca). Es de color rosado rojizo, su umbrela (esa especie de ‘bolsa’ tan característica) puede alcanzar un diámetro de 20 cm y sus ocho tentáculos marginales llegan a medir hasta dos metros de longitud. La superficie de la umbrela está cubierta de verrugas marrones.

Entre las medusas que abundan en las costas mediterráneas españolas también se encuentran Rhizostoma pulmo y Cotylorhiza tuberculata. Rhizostoma pulmo o acalefo azul es una de las medusas más grandes de nuestras costas y es algo urticante. En cuanto a Cotylorhiza tuberculata es conocida como huevo frito por su forma y color; es poco urticante y tiene preferencia por las aguas cálidas.

La temida carabela portuguesa (Physalia physalis) es una colonia flotante formada por individuos con una cámara llena de gas de color transparente-violeta y una vela en la parte superior muy reconocible. La parte sumergida está formada por tentáculos azules finos y largos que pueden alcanzar hasta 20 metros. Es nativa del océano Atlántico y poco frecuente en las costas mediterráneas españolas, pero cuando las visita, causa alarma. Está clasificada como muy urticante: posee un veneno potente con propiedades neurotóxicas, cardiotóxicas y citotóxicas (que afectan a las células). El contacto puede producir escozor y dolor intenso, y en algunos casos reacciones sistémicas. En la zona de contacto suele aparecer una línea de bultos blancos ovalados en el centro y un margen rojo. Algunos efectos generales aunque poco comunes incluyen temblores, diarrea, vómitos y convulsiones.

Temidas y comunes

De izquierda a derecha, medusa luminiscente (Pelagia noctiluca), acalefo azul (Rhizostoma pulmo), ‘huevo frito’ (Cotylorhiza tuberculata) y carabela portuguesa (Physalia physalis). / ICM

Con el objetivo de determinar la evolución de la masificación de las medusas y predecir su proliferación, el CSIC creó en 2008 el Proyecto Medusa, que actualmente se enmarca en otros dos grandes proyectos europeos (MED-JellyRisk y Cubomed). Como los investigadores no pueden llegar a todos los puntos del mar, han pedido ayuda a la sociedad a través del proyecto Observadores del mar, del que hablamos la semana pasada en este blog. Dentro del portal web, que agrupa varios proyectos de ciencia ciudadana, se encuentra el proyecto Alerta Medusa. En esta página, cualquier persona puede informar de las medusas que haya visto, aportando el mayor número de datos posible (fecha, lugar, especie si se identifica, fotografías). Como dicen los investigadores del proyecto, ¡todo avistamiento cuenta!

 

Si quieres más ciencia para llevar sobre medusas, descárgate la guía de identificación de estos animales y los protocolos de actuación elaborados por el ICM. El proyecto de ciencia ciudadana Observadores del mar cuenta con el apoyo económico de la FECYT.

Ciencia ciudadana: ¿Quieres ser un ‘observador del mar’?

Por Mar Gulis

Si este verano vas a estar en contacto con el mar, tienes la oportunidad de participar en un proyecto científico. ¿Has visto peces que no conocías? ¿Te ha picado alguna medusa? ¿Has encontrado basura en la playa? Submarinistas, bañistas, navegantes, pescadores y cualquier ciudadano puede contribuir con sus observaciones a la iniciativa ‘Observadores del mar’.

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Actualmente ‘Colaboradores del mar’ cuenta con unos 530 colaboradores.

Impulsada por el Instituto de Ciencias del Mar (ICM) del CSIC, esta propuesta de ciencia ciudadana pretende hacer partícipe a la sociedad de los avances en el conocimiento científico. Concretamente, el objetivo es determinar el impacto del cambio climático sobre los ecosistemas marinos y evaluar las transformaciones que está sufriendo el mar mediante la colaboración de la ciudadanía.

Si quieres participar, toma nota. Con solo un click accederás a la web www.observadoresdelmar.es, donde encontrarás la información detallada. Pero ya te adelantamos que no hace falta ser ningún especialista. Los investigadores esperan recabar observaciones sobre la presencia de especies (nativas e invasoras) en las playas; la mortalidad de determinados organismos; la mayor o menor proliferación de medusas; los cambios en la distribución de las especies o la acumulación de basura en el mar. Toda esa información será utilizada en los diferentes proyectos que engloba ‘Observadores del mar’, como ‘Peces invasores’, ‘Aves marinas’, ‘Basura del fondo’ o ‘Alerta medusas’, entre otros.

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La gorgonia roja es una de las especies que podría estar en peligro por el impacto del cambio climático.

Los científicos buscan establecer un diálogo con la sociedad, así que la colaboración será recíproca. Ellos validarán los datos recibidos, pero también contestarán las dudas que les formulen los ciudadanos a través del portal.

Este proyecto, que se inició de forma piloto en Cataluña y trabaja en red con otros países mediterráneos, se amplía este año a toda España, gracias al apoyo de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT). De momento, ya se ha abierto a Baleares y Andalucía, así que los que recaléis en estas comunidades tenéis una cita con la ciencia.

Si te pica una medusa, ni amoniaco ni agua dulce

Por Mar Gulis

Ni todas las medusas son dañinas para los humanos ni todas requieren el mismo protocolo de actuación ante una picadura. En internet y en la sabiduría popular existen varias recomendaciones, a veces contradictorias, sobre cómo debemos actuar si accidentalmente nos vemos las caras con una medusa. En el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC (ICM) han elaborado unas guías con información para identificar las medusas y saber cómo actuar si nos pican.

Pelagia noctiluca

Ejemplar de Pelagia noctiluca (medusa luminiscente). / ICM

Estos animales gelatinosos, reconocibles por sus tentáculos y su umbrela (esa especie de ‘bolsa’ tan característica), llegan a las costas durante todo el año, pero sobre todo lo hacen entre primavera y verano. Las medusas se incluyen en el grupo de los animales cnidarios, que poseen unas células llamadas cnidocistos: una especie de ‘microjeringas’ que inyectan sustancias tóxicas y que utilizan para alimentarse o defenderse. En latín cnida significa urticante. Estos cnidocistos están por todo su cuerpo aunque concentrados en los tentáculos. El grado de toxicidad para los humanos depende de la especie de la medusa. Su capacidad tóxica persiste incluso después de la muerte del animal. Por eso, cuando nos las encontramos en la playa es importante no tocarlas aunque parezcan muertas, ya que con las olas sus esporas tóxicas pueden volverse a hidratar y, con ello, recuperar su capacidad venenosa.

Se calcula que en las costas mediterráneas hay alrededor de 300 de las 4.000 especies que existen en el planeta. Pero que no cunda el pánico: según la investigadora del CSIC Macarena Marambio, de las especies más frecuentes en el Mediterráneo español muy pocas son urticantes. Con el objetivo de determinar la evolución de la masificación de las medusas y predecir su proliferación, el ICM creó en 2008 el Proyecto Medusa. En el marco de este proyecto se han elaborado también protocolos de actuación.

Si las vemos, lo mejor que podemos hacer es no tocarlas y bañarnos con precaución. Pero si tenemos la mala suerte de que nos piquen, desde el proyecto insisten en desmitificar ideas falsas: nada de amoniaco, agua dulce, vinagre (que sólo funciona con algunas medusas) o alcohol. Tampoco funciona la orina.

Partes de una medusa

Partes de una medusa. /ICM

Como lo normal es que no sepamos reconocer la especie, el protocolo general a seguir es el siguiente:

1) Lavar la zona afectada con agua de mar cuidadosamente y sin frotar.
2) Si está disponible, aplicar solución de bicarbonato durante cinco minutos (50% bicarbonato comercial y 50% agua de mar) para prevenir un posible envenenamiento posterior producido por tentáculos residuales en la piel.
3) Utilizar pinzas, guantes o una tarjeta plástica (como las de crédito) para quitar tentáculos o fragmentos.
4) Aplicar hielo envuelto en una toalla o ropa durante 5-15 minutos (como es agua dulce no debe ponerse en contacto directo con la piel).
5) Reevaluar el dolor y volver a aplicar hielo si es necesario.
6) Si el dolor persiste, consultar a profesionales de salud por si es necesario un analgésico o un preparado de hidrocortisona.

Además, el ICM ha elaborado la aplicación móvil gratuita MedJelly, que permite consultar la presencia de medusas en las playas de Cataluña en tiempo real. La idea es que en un futuro próximo la aplicación pueda funcionar en toda la costa mediterránea.

Y si esta lectura no te ha quitado las ganas de ir a la playa y quieres saber más sobre las medusas, siempre puedes descargarte el tablero y las fichas del Juego de la Medusa del ICM. ¿Qué tal una partida antes del chapuzón?

 

Si quieres más ciencia para llevar sobre medusas, entra en la web del Proyecto Med-Jellyrisk y descárgate la Guía de identificación de medusas con información sobre las especies más habituales y los Protocolos de actuación del CSIC.