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El Sarmiento de Gamboa rescata de 1804 al ‘Nuestra Señora de las Mercedes’

Por Mar Gulis (CSIC)

El buque Sarmiento de Gamboa puede que no se parezca al DeLorean de ‘Doc’ y ‘Marty McFly’, pero este 17 de agosto ha zarpado desde Cádiz para realizar un auténtico viaje en el tiempo: una campaña de arqueología subacuática que transportará a su personal científico, técnico y tripulantes al 5 de octubre de 1804, día del hundimiento de la fragata de la armada española Nuestra Señora de las Mercedes. Con sus 70 metros de eslora y 16 metros de manga, el buque oceanográfico del CSIC surcará las aguas del golfo gaditano, pero en esta ocasión su misión no será la circulación oceánica global o evaluar la biodiversidad, sino recuperar piezas patrimoniales de este pecio histórico.

Buque Sarmiento de Gamboa. / CSIC

Hace doscientos años…

Trescientas personas zarparon el 9 de agosto de 1804 desde Montevideo rumbo a Cádiz a bordo de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes. Su misión era llevar a la malograda y necesitada Hacienda de Carlos IV miles de monedas de plata y oro recaudadas en las colonias. La ‘Mercedes’, junto a otras tres fragatas, ‘Medea’, ‘Fama’ y ‘Santa Clara’, conformaba la flota comandada por José de Bustamante y Guerra, reconocido marino que incluso había ocupado el cargo de gobernador de Montevideo y que había colaborado con el célebre Alejandro Malaspina en su expedición científica.

La fragata ‘Mercedes’, capitaneada por José Manuel de Goicoa y Labart, transportaba en sus bodegas cerca de dos millones de pesos entre monedas y pasta de plata y oro (según datos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). A estos valores hay que añadir barras de bronce, lana de vicuña, cubertería de plata e incluso un cargamento de plantas medicinales muy apreciadas en la época. Cuando apenas faltaba un día de navegación para llegar a Cádiz, pasando justo frente al cabo Santa María en el Algarve portugués, la flota fue atacada por navíos de la armada británica. En medio de la batalla fue alcanzada la ‘santabárbara’, o recámara de custodia de la pólvora, de la fragata ‘Mercedes’, saltando por los aires la embarcación y yendo a parar al fondo del mar todo su valioso cargamento. Este hecho tuvo como consecuencia el final del acuerdo de paz de Inglaterra y España, y fue el preludio de la batalla de Trafalgar.

La misión

Los trabajos de arqueología se llevarán a cabo a más de mil metros profundidad, utilizando un equipamiento considerado como el más moderno de la flota oceanográfica financiada por el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad.  Entre estos equipos de vanguardia se encuentra un ROV (Remote Operated Vehicle) de altas profundidades del Instituto Español de Oceanografía (IEO) y un AUV (Autonomous Underwater Vehicle). Estos sofisticados artilugios servirán para bajar en busca de tesoros como los cañones de la fragata, que podrían estar en riesgo de desaparición, bien por la fragilidad debida al paso del tiempo o por su difícil ubicación, a más de mil metros de profundidad.

Con esta campaña también se busca seguir documentando el estado actual de los restos del pecio y las condiciones en las que se encuentra toda la extensión del sitio arqueológico, especialmente tras el sonado altercado en mayo de 2007 a causa del expolio de la empresa de ‘cazatesoros’ norteamericana Odyssey Marine Exploration. Tras la comprobación de que el cargamento fue extraído de la fragata Mercedes, las autoridades españolas determinaron que se trataba de patrimonio español. Después del litigio, finalizado en septiembre de 2011, el Tribunal de Apelaciones de Atlanta ordenó que la empresa entregara el tesoro a España. Las 17 toneladas de monedas y otros objetos viajaron desde Florida hasta su actual destino, el Museo Nacional de Arqueología Subacuática de Cartagena.

Historia del Sarmiento de Gamboa

El buque oceanográfico Sarmiento de Gamboa ya ha cumplido diez años dedicados a la ciencia, realizado más de 70 misiones en diferentes proyectos de investigación marina y recorrido más de 250.000 millas náuticas, equivalente a dar la vuelta al mundo por el ecuador diez veces. Construido y botado en los Astilleros Freire de Vigo en 2006, la variedad de misiones en las que se emplea este buque ha incluido desde monitorizar la sismicidad de la región en la falla de Al-Idrissi, en el Mar de Alborán, hasta el salvamento de 194 refugiados sirios en diciembre de 2014 cerca de las aguas de Sicilia.

El buque realizó su primera campaña de investigación oficial en 2007 y desde esa fecha ha conseguido hitos como el despliegue del primer laboratorio submarino (GEOSTAR) para alertas de tsunamis en el Golfo de Cádiz; la instalación del primer laboratorio submarino cableado de España (OBSEA) en la costa catalana; la participación en la expedición de circunnavegación Malaspina, o la primera obtención de imágenes de la corteza terrestre de la zona de colisión de Eurasia/África.

El capitán del Sarmiento de Gamboa, Pablo Fernández (izda.). / Miguel A. Jiménez

Bajo el mando de su actual capitán, Pablo Fernández (Argovejo, León, 1982), sus últimas misiones fueron las actividades de apoyo logístico al proyecto de remodelación de la Base Antártica Española (BAE) Juan Carlos I, empleando un total de 323 días fuera de su puerto base. La campaña de 2017 cubrirá un amplio espectro de investigaciones marinas, como el estudio de procesos ecológicos y demográficos de la merluza, el impacto antrópico en las zonas de pesca o la dinámica de las masas de aguas oceánicas.

El Sarmiento de Gamboa es una de las cuatro embarcaciones dedicadas a la investigación científica en las que participa el CSIC. A la lista de buques oceanográficos que gestiona el Consejo hay que sumar el Hespérides (propiedad de la Armada española), el García del Cid y el Mytilus. Todos ellos prestan servicios tanto a equipos científicos de diferentes centros del CSIC, como a otras instituciones nacionales e internacionales, pero además tanto el Hespérides como el Sarmiento de Gamboa, por sus particulares dimensiones, características y costes, son considerados ‘Infraestructuras Científicas y Tecnológicas Singulares (ICTS)’, instalaciones únicas y excepcionales con un alto coste de inversión y gracias a las cuales es posible la materialización de proyectos de vanguardia.

 

 

¿Sabías que un ‘tsunami’ causó en España más de 1.000 muertos?

Por Mar Gulis

Eran las 9.30 del 1 de noviembre de 1755 cuando los habitantes de Lisboa se vieron sorprendidos por un terrible terremoto. El seísmo, de una magnitud estimada en 8,5, fue seguido de un tsunami y un incendio que devastaron la capital portuguesa. Miles de personas murieron. Pero las consecuencias del fenómeno traspasaron las fronteras lusas. El epicentro del seísmo se situó al suroeste del cabo San Vicente, en la denominada falla Azores-Gibraltar, y fue sentido en toda la Península Ibérica. Las provincias más próximas al epicentro, Huelva, Cádiz y Sevilla, fueron las más castigadas.

Grabado que refleja la devastación que causó el tsunami en Lisboa / Wkipedia

Grabado que refleja la devastación que causó el tsunami en Lisboa / Wikipedia

Como es habitual en estos fenómenos, el terremoto provocó tal agitación en el mar que desencadenó un tsunami de olas gigantescas (de hasta 13 metros de altura) que arrasaron las costas atlánticas de la península y el norte de África. Aquí, el golfo de Cádiz se llevó la peor parte, aunque los efectos alcanzaron también a ciudades costeras de Galicia, las costas cantábricas o el extremo occidental del Mediterráneo.

En España la llegada del tsunami produjo muchas más muertes que el propio terremoto. El primer movimiento de las aguas fue de retirada hacia el interior del mar, y eso hizo que los habitantes de algunos pueblos costeros, movidos por la curiosidad, acudiesen a las playas a observar el fenómeno, viéndose sorprendidos por la gran ola. Según el Archivo Histórico Nacional, las víctimas mortales habrían ascendido a 1.214, concentrándose en Ayamonte, Cádiz, Lepe y La Redondela, si bien existen contradicciones porque muchos cuerpos no se llegaron a recuperar.

Gráfico que ilustra la expansión de las olas del maremoto de 1755 /Wikipedia

Gráfico que ilustra la expansión de las olas del maremoto / Wikipedia

¿Pero qué es exactamente un tsunami? De origen japonés (‘tsu’ significa ‘puerto’ y ‘nami’, ‘ola’), esta palabra se popularizó a raíz del gran tsunami que asoló el sudeste asiático en 2004. Pero hay que recordar que este término tiene su equivalente en castellano: maremoto.

Un tsunami o maremoto consiste en una serie de grandes olas de muy larga longitud de onda y gran periodo, generadas por una violenta perturbación en el mar. Las causas que los producen son diversas, pero las más habituales son los terremotos con epicentro marino o muy próximo a la costa. Esto es lo que desencadenó el maremoto de 1755. Sin embargo, las explosiones volcánicas, los impactos de meteoritos, las avalanchas submarinas o ciertas alteraciones causadas por el ser humano, como explosiones nucleares, son también desencadenantes.

En alta mar los tsunamis pueden propagarse a más de 900 km/h, pero cuando llegan a aguas poco profundas, cerca de la costa, las olas se frenan y aumentan, produciendo graves daños. A pesar de que el 80% tienen lugar en el océano Pacífico, casi todas las regiones oceánicas pueden sufrirlos, incluidas las costas atlánticas y mediterráneas de la Península Ibérica. No hace mucho, el 21 de mayo de 2003, se registró un terremoto-tsunami en la franja del Mediterráneo situada frente a las costas de Argelia. Las olas alcanzaron las ciudades más importantes de Baleares unos 40 minutos después del seísmo, causando importantes destrozos en las embarcaciones del puerto de Mahón.

 

La información para este post ha sido extraída del libro Terremotos. Cuando la Tierra tiembla (CSIC-Catarata), concretamente del capítulo dedicado a los tsunamis, escrito por José Manuel Martínez Solares.