Entradas etiquetadas como ‘alimentos funcionales’

Cinco pinturas contemporáneas que hablan mucho de ciencia

Por Mar Gulis (CSIC)

Este próximo jueves, 25 de marzo, el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) inaugura la exposición Arte y ciencia del siglo XXI. La muestra reúne obras de 35 artistas contemporáneos que trabajan en España: 66 cuadros y 11 esculturas figurativas que el Museo ha puesto a dialogar con la ciencia de hoy. ¿Cómo? Conectando el tema de cada obra con una línea de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, como la alimentación, el envejecimiento, el calentamiento global, la evolución humana o la desigualdad de género. Si quieres ir abriendo boca, aquí tienes algunos de los cuadros que encontrarás en la exposición.

Egg IV

En la muestra, este óleo hiperrealista de Pedro Campos sirve para introducir la investigación en alimentos funcionales de Marta Miguel. Los compuestos bioactivos presentes en alimentos como el huevo son utilizados por esta especialista del Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación (CSIC-UAM) para elaborar productos que mejoren nuestro metabolismo y prevengan enfermedades relacionadas con nuestro estilo de vida o la malnutrición.

Juanito

La nitidez y definición de esta obra son abrumadoras. Se trata de una pintura al óleo en la que José Luis Corella retrata a un hombre con alzhéimer. Esta enfermedad, cada vez más común entre nuestros mayores, impide generar nuevas neuronas a quienes la padecen. En la exposición, el cuadro nos conduce hasta el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CSIC-UAM), donde María Llorens estudia la neurogénesis adulta en humanos y modelos animales para diseñar terapias que permitan retrasar o disminuir los síntomas del alzhéimer.

El escondite

¿Qué nos distingue verdaderamente de los simios? Este óleo de Arantzazu Martínez suscita una pregunta fundamental a la que tratan de responder investigadores como Antonio Rosas, del MNCN-CSIC. La respuesta está relacionada con el bipedismo, que libera las manos y las convierte en herramientas de precisión, y con el posterior incremento de la capacidad cerebral. Sin embargo, aún nos queda mucho por saber sobre cómo, cuándo y por qué nuestros ancestros modificaron su anatomía y sus modos de vida. Eso nos permitirá entender mejor de dónde venimos, pero también a dónde vamos como especie.

Patio

La subida del nivel del mar provocada por el calentamiento global es evocada en esta imagen onírica, pintada al óleo por Santos Hu. La obra da pie al investigador del MNCN-CSIC David Vieites, comisario de la exposición, a hablar del impacto del cambio global en el modo de vida de millones de personas o de la pérdida de biodiversidad. De este modo, el cuadro nos lleva hasta los centros del CSIC que estudian estos fenómenos y las medidas que hacen falta para prevenirlos y remediarlos.

La labor invisible

La pintora Carmen Mansilla denuncia en este óleo elaborado ex profeso para la exposición que las artes y las ciencias han compartido a lo largo de los siglos la exclusión de las mujeres. Científicas y artistas quedaron ocultas y sus nombres empiezan a conocerse y valorarse en su justa medida con los estudios de género. El Museo destaca que investigadoras como la física Pilar López Sancho –impulsora de la Comisión Mujeres y Ciencia del CSIC– lideran el cambio hacia una mayor participación de las mujeres en ciencia y tecnología.

Alimentos funcionales, ¿marketing o evidencia científica?

María Ángeles Martín (CSIC)*

Nuestros actuales estilos de vida conllevan desequilibrios alimentarios que se manifiestan, entre otros síntomas, en un déficit en la ingesta mínima de los nutrientes recomendados. Para tratar de paliarlo surgieron los alimentos funcionales.

Ya en los años 80 del pasado siglo en Japón, las autoridades se dieron cuenta de que para controlar los gastos sanitarios generados por el aumento de una población cada vez más anciana había que garantizar una mayor calidad de vida. Como consecuencia, se fomentaran programas para el  desarrollo de productos alimentarios que tuvieran un efecto positivo sobre la salud. Así, se introdujo esta nueva categoría de alimentos, los alimentos funcionales, que se han definido como aquellos que confieren una determinada propiedad beneficiosa para la salud, más allá de sus propiedades puramente nutritivas.

/Wikimedia Commons.

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Los alimentos funcionales pueden obtenerse de varias maneras. Una de ellas es eliminar alguno de los componentes del alimento original que cause un efecto perjudicial para nuestra salud (alimentos sin gluten o sin grasas), o sustituirlo por otro, como ocurre cuando se reemplaza la sacarosa por otros edulcorantes. También pueden obtenerse aumentando la concentración de un componente saludable que ya posee el alimento (zumos enriquecidos en vitamina C), o enriqueciendo un producto con alguna sustancia que no posee y que puede ser beneficiosa para nuestro organismo (como los productos lácteos ricos en ácidos grasos omega 3).

En cualquier caso, para que uno de estos alimentos pueda salir al mercado con la etiqueta de ‘funcional’, tiene que presentar una declaración de salud; es decir, un mensaje que nos dé a entender que ese alimento posee unas características saludables, y es necesario que ese efecto esté científicamente demostrado.

En España no existe una legislación específica al respecto, por lo que es la Autoridad Europea para la Seguridad de los Alimentos (European Food Safety Authority – EFSA) la organización encargada de regular su comercialización con el fin de proteger al consumidor. Las declaraciones que se pueden incluir en el etiquetado o en la publicidad de los alimentos funcionales son:

  • Las de propiedades nutricionales, que hacen referencia a la composición del alimento y nos dicen si contiene o no un nutriente en particular. Ejemplos de este tipo serían: “fuente de fibra”, “sin azúcar añadido”, “alto contenido en vitaminas”, “bajo contenido de grasas” o “contenido reducido de sal”. Son las más abundantes: cerca del 80% de los alimentos funcionales que nos encontramos en el mercado las incluyen.
  •  Las de propiedades saludables, que suponen el 20% restante y hacen referencia a que existe una relación entre un alimento o algunos de sus componentes y la salud. Ejemplos de este tipo son “el calcio puede contribuir al desarrollo y crecimiento de los huesos en niños” o “la fibra mejora el tránsito intestinal”. Dentro de esta categoría se incluyen, además, las relativas a la reducción de un factor de riesgo de una enfermedad. Sin duda, estas son las declaraciones más difíciles de demostrar científicamente y, por tanto, las más conflictivas y escasas. Es el caso de los fitoesteroles vegetales que contribuyen a reducir el nivel de colesterol sanguíneo, disminuyendo por consiguiente el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.

    /Wikimedia Commons

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Para nuestra tranquilidad, hay que decir que la legislación europea es mucho más restrictiva que la japonesa o la de EE UU. Muchos productos que han llevado estas declaraciones durante años han sido recientemente revisados. En 2008, las empresas de alimentación europeas interesadas presentaron alrededor de 44.000 solicitudes para que la EFSA autorizara que sus productos incorporasen este tipo de mensajes. De ellas, tras las sucesivas cribas de la Comisión Europea, solo fueron evaluadas 2.758 solicitudes (poco más del 6%). El resultado fue demoledor. Únicamente se consideró que una de cada cinco declaraciones evaluadas, es decir, menos de 600, estaban basadas en pruebas científicas sólidas. El resto de las alegaciones ‘saludables’ propuestas fueron rechazadas, por lo que las empresas implicadas se han visto obligadas a retirar la publicidad de determinados alimentos funcionales… Al menos hasta que sean capaces de aportar informes que demuestren la validez de sus afirmaciones.

El caso más conocido es el del Actimel de Danone, con una rompedora y eficaz campaña publicitaria basada en una larga lista de hasta nueve alegaciones nutricionales distintas; entre ellas, la más repetida, era que “ayuda a nuestras defensas”. No obstante, la EFSA ha ido rechazando una tras otra todas las declaraciones, dado que no han podido ser demostradas científicamente. Lo único que puede usar Danone en su publicidad o envases de Actimel son etiquetas genéricas sobre las vitaminas o minerales que incorporen estos productos.

Al margen de las estrategias de las empresas de alimentación, los alimentos funcionales pueden servir de ayuda cuando no somos capaces de seguir las recomendaciones nutricionales, pero siempre y cuando su efectividad este demostrada. Y, en cualquier caso, conviene saber que:

  1. Una persona sana con una dieta equilibrada no necesitaría recurrir a esta categoría de alimentos.
  2. Deben considerarse como una ayuda en situaciones concretas. Cada alimento funcional tiene sus propios efectos, que tan solo pueden ser de interés según sus beneficios para una parte de la población, por ejemplo, en grupos con necesidades nutricionales especiales (embarazadas y niños), estados carenciales, intolerancias a determinados alimentos, personas mayores, etc.
  3. No curan nada, sino que pueden ayudar a reducir el riesgo de determinadas enfermedades y sólo si se acompañan de hábitos alimentarios saludables.

 

*Este texto de la investigadora del CSIC María Ángeles Martín ha sido extraído de una de las charlas celebradas en el marco de Ciencia con chocolate’, una iniciativa de divulgación científica que se ha celebrado los últimos cuatro años con la excusa de tomar un buen chocolate para merendar.