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Mali, entre el conflicto y la democracia

Por José Jódar Vidal, delegado Cruz Roja Española en Mali.

El pasado domingo 24 de noviembre se celebró la primera vuelta de las elecciones legislativas en Mali, tan solo un par de meses después de las elecciones que llevaron a Ibrahim Boubacar Keita (IBK) a la Presidencia del país, el 15 de agosto de 2013, y con el conflicto del Azawad aún sin resolver. La segunda vuelta está prevista para el 15 de diciembre.

Si hay alguien que sufre cada vez que hay elecciones en Mali, ése es el hipopótamo que preside, imponente en medio del tráfico y del polvo, el Boulevard de la Independencia en Bamako y que siempre acaba, a pocos días de los comicios, revestido con carteles coloridos de los distintos candidatos que se presentan. Podría ser, por qué no, un símbolo de pluralidad política, de alternativa; podría ser, también, el emblema de la asfixia del país ante un conflicto que se eterniza en su zona norte y que impregna la vida de los y las malienses.

El domingo 24 de noviembre fue día de elecciones. Y esto se deja sentir en las distintas comunas de la capital, donde las calles son recorridas por manifestaciones, más o menos multitudinarias, ambientadas por los ritmos de los tambores y por los discursos sobre ruedas detrás de un megáfono de los candidatos y candidatas. Sin embargo, lejos de la aparente tranquilidad que prevalece en las trajinadas calles de Bamako o de las principales ciudades del sur, gran parte del territorio maliense, el Azawad, en la zona norte del país, permanece en conflicto.

El Azawad: zona de conflicto

El Azawad, significa en Tuareg “zona de pasto”, e integra las extensas y arenosas provincias de Tombuctú, Kidal y Gao. Aquí se entremezclan varios actores que no facilitan la normalización de la situación, un cóctel que reúne distintos ejércitos regulares con varios grupos armados: de un lado, están las fuerzas francesas de la Operación Serval, con las fuerzas de la MINUSMA (Misión de Naciones Unidas para Mali) y del Ejército maliense; y del otro, el MNLA (Movimiento de Liberación Nacional del Azawad) y el HCUA (Alto Consejo para la Unidad del Azawad), considerado una escisión del grupo islamista Ansar Dine, que a su vez hace de correa de transmisión con AQMI (Alqaeda en el Magreb Islámico). Un contexto electoral complejo y militarizado, que se encuentra en plena ebullición. Así se demostró el pasado 2 de noviembre tras el secuestro y asesinato exprés de dos periodistas franceses de RFI (Radio France Internationale).

Los acuerdos de paz de Ouagadougou, firmados el 18 de junio de 2013 en la capital de Burkina Faso, son la vía diplomática de un proceso de pacificación complicado. Entre acusaciones de incumplimiento, el MNLA, cuyos candidatos se han podido presentar a las elecciones legislativas, abandonó el jueves pasado, 14 de noviembre, los edificios de Gobierno de Kidal y de la radio regional que fueron ocupados en la rebelión de enero de 2013. Esto, ante la desconfianza de parte de la población de la zona que se pregunta dónde están las armas y si los distintos actores aceptarán los resultados de las próximas elecciones.

Además de la fractura política, está la evidente fractura social que ha dejado un conflicto protagonizado, sobre todo, por la misma población civil del lugar, ya empobrecida por la escasez y continua pauperización de sus medios de vida en esta zona desértica. Se trata de vecinos enfrentados (Peulhs, Sonrhaïs, Tuaregs) cuyas heridas de guerra van a tardar en cicatrizar; de víctimas que demandan que haya un proceso de justicia con los agresores. Algo que en este contexto inseguro todavía está lejos de poder darse. Como muestra de la inestabilidad están las numerosas personas desplazadas hacia otras zonas del país (sobre todo hacia el sur) y refugiadas hacia Argelia, Mauritania y Burkina Faso que poco a poco emprenden el regreso a sus zonas de origen. En total, el ACNUR (Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados) estima unas 300.000 personas desplazadas y refugiadas. Esto constituye un reto, tanto para el acceso a los limitados recursos básicos existentes, como para asegurar su participación las elecciones mediante el registro de los votantes en cada comuna por parte de la Comisión Electoral Nacional Independiente.

Las elecciones: un reto

En este marco intrincado, entre el refuerzo de las medidas de seguridad, las elecciones legislativas malienses se presentan como una doble oportunidad. Por un lado, son la posibilidad de mostrar al mundo que el país vuelve a la normalidad después de la guerra. Es decir, aparentar lo que no es. Pero por otro lado, estas elecciones también pueden ser un vehículo para contribuir de forma decisiva hacia el encuentro democrático con esta normalidad, un paso más hacia la reconciliación nacional, y en definitiva, hacia la esperanza de mucha gente que espera volver a vivir lejos de una violencia que se resiste a dejarlos.

Estatua del Hipopótamo en el Boulevard de l’Indépendance, Bamako. (CRE).

Estatua del Hipopótamo en el Boulevard de l’Indépendance, Bamako. (CRE).

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