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Solo un capítulo más Solo un capítulo más

Siempre busco la manera de acabar una serie cuanto antes... para ponerme a ver otra.

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Menos mal que ya te acabas, Sin Identidad

Para que una serie se convierta en un disparate con el paso de sus capítulos no hace falta esforzarse mucho. Solo es necesario pasar de un argumento interesante o potable a uno excéntrico y lleno de calamidades. Los actores tienden a contagiarse rápido de ese ambiente, por lo que caer en el estrambote es cuestión de tiempo. Eso es lo que le ha pasado a Sin Identidad, que de una primera temporada algo interesante ha pasado a ser la madre de todas las venganzas absurdas. Pero por la vía rápida: convirtiéndose en una tontería de ficción con unas tramas aún más tontas.1

El año pasado, la idea de Sin Identidad me llamó la atención. Aunque tenía más defectos que virtudes. Una “Condesa de Montecristo” al uso en el que Megan Montaner escondía sus carencias actuando gracias al resto del reparto y a unas tramas que le encajaban perfectamente. Esa primera temporada era en la que nos contaban por qué su personaje se quería vengar de toda su familia y cómo era posible que una niña rica acabase en una cárcel asiática de la que tuvo que escaparse de una manera un tanto extraña (y poco creíble, claro).

2El final de los episodios de 2014 ya fue raruno. Todo estaba demasiado cogido con pinzas y no terminaban de encajar las piezas para que lo que nos contaban resultase plausible. Mafias, prostitutas, un familiar sinvergüenza y cuasimafioso, etc. La cuestión es que nos dejó expectantes, esperando algo que pudiésemos disfrutar en su final de este año.

La conclusión tras ver cinco episodios es que menos mal que Sin Identidad se acaba ya. Su nivel actual es similar al de otros truños que dicen ser thrillers. Incluso me atrevo a compararla con una americana, The Following, que es distinta pero debe ser su referente en cuanto a ser mala. Resulta que todo es un complot que llega hasta al Gobierno en el que la pobre María se ve envuelta porque quiere destapar un negociazo de bebés robados. Sí, la idea con la que te quedas es esa. Churrimerinismo total.3

Como decía al principio, los actores se adaptan a todo y se desenvuelven bien en esa espiral de despropósitos. No se salva ni uno. Ni Tito Valverde está creíble. Tampoco olvidemos a Lydia Bosch, de la que es imposible creerse ese papel de madre afectada y victimista. Pero, como siempre, el caso de Megan Montaner es el más llamativo. Sigo sin explicarme cómo ella o Jesús Castro están entre ese abanico de “actores de moda”. Lo que necesita la ficción de este país es menos montanerismo jesuscastrismo, y mucho más auragarridismo. Es lo que le falta a las series españolas para dar ese salto de calidad. Por ahora, solo están cogiendo impulso.

4Sin Identidad se va y no la recordaremos, por suerte. A pesar de que rescató del ostracismo a gente como Antonio Hortelano o Verónica Sánchez, que también están horribles. Como todo en la vida, hay experiencias que es mejor olvidar pronto. Con esta no nos va a costar mucho.

 

Vis a Vis: la sorpresa del drama carcelario español de calidad

Mi primera reacción tras saber de la existencia de Vis a Vis fue la siguiente: “Una aspirante a copia de Orange is the New Black que se va a meter un hostión”. Las apariencias influyen en los análisis prematuros. Más aun los prejuicios. Que los tengo con la mayoría de las series españolas no es un secreto y no estoy orgulloso de ello. Estoy en proceso de curarme, vamos. Por eso está muy bien que una serie, que encima es de Globomedia, me haga escarmentar. Porque parece que todos los elementos sospechosos de alumbrar un bodrio se han puesto de acuerdo para darme la hostia a mí y crear una de las que apunta a estar en la lista de las mejores del año junto a El Ministerio del Tiempo.1

Vis a vis es un drama carcelario de calidad que va camino de ser la gran del sorpresa del año. Sus fallos y carencias son muy pocos comparados con los aciertos y recursos que dispone en cada episodio. La historia de una chica joven a la que un ricachón con el que se lía convence para ayudarle a desfalcar su empresa y luego echarle el muerto encima es creíble. También las relaciones entre las presas, sin exageraciones ni dramones. No lo es tanto la gestión de la cárcel que hacen la directora y el personal. Quizá esto sea lo que chirríe más, ya que tanto buenrollismo es lo que más me ha desconcertado. Como ejemplo, la escena de Fabio dándole los bombones a Macarena. Una anécdota que resta dentro de una buena estructura y unas tramas bien hiladas.

2Quizá lo que más mole de la serie de Antena 3 son sus detalles. Todos lo que la rodean dan sensación de realidad. El más llamativo es el del supuesto reportaje que se está haciendo en la cárcel y por el que podemos ver cómo las reclusas hablan a cámara contando sus vidas. Una suerte de mockumentary que en España tiene pocos precedentes (no recuerdo ninguno ahora mismo) y que da otro aire al desarrollo de la historia. Pedir que se integrasen estos momentos en las tramas de la prisión sería pedir demasiado y le quitaría credibilidad.

Pero no todo es tan bueno. La culpable de esto es la propia protagonista. Maggie Civantos tiene un papel complicado, al tener que hacer de niña buena tonta que no sabía lo que hacía. Los paralelismos con Orange is the New Black se acaban aquí, afortunadamente. Porque Civantos no es Taylor Schilling. Esta última es buena actriz. La española, no. Que esté todo el rato en cámara tampoco ayuda a que se disimulen sus carencias. Y la verdad es que no es tan interesante como el resto de personajes. Aquí falta ese salto al reparto coral. Aunque es cierto que puede que en España sea más difícil relegar a la que lidera el elenco en favor de la villana de Najwa Nimri, por ejemplo, que es la mejor de toda la ficción con diferencia. Ser tan buena como Nimri debe doler. A la zaga le van Roberto Enríquez (ya pensaba que era gafe con las series), Carlos Hipólito y Alba Flores, a los que tenemos que ver mucho más aún.3

Cualquiera que conozca un poco el mundo televisivo sabrá lo chocante que resulta que Vis a Vis sea de Globomedia. Una productora que durante toda su vida ha sido a la ficción lo que la Fábrica de la Tele al entretenimiento (Sálvame y demás). Es impresionante que del eje del mal Globomedia-Daniel Écija-Alex Pina haya salido este pedazo de thriller. Sin desayunos familiares ni product placement. Ni chistes absurdos dentro de presuntuosas comedias que a la vez quieren ser dramas trascendentales. Cuesta creer que la idea haya sido suya.

4La lectura más interesante de este giro en una productora que ha sido responsable de lo peorcito (Bienvenidos al Lolita y similares) es que algo está cambiando. Que Globomedia haga series que no recuerden a su pasado es una buena noticia. Que permite ilusionarse con un vuelco en esas ideas y argumentos tan cargantes, aburridos y penosos que hemos sufrido estos últimos años. Pero hay que ser prudentes. Hay mucho que corregir. Por ejemplo, ¿no sería Vis a Vis igual de buena durando 20 minutos menos? Una duración estándar y asumible por cualquiera. Y, además, ¿no podría empezar antes? Son aspectos a tener en cuenta y que también influyen en el impacto que genera un producto en el espectador. Aún falta que una española dé un salto en ese aspecto.

Allí Abajo: una buena idea que no pasa de “cumplir su función”

Antena 3 quiere convertirse en la cadena que veamos todos por las noches. Su apuesta por la ficción de la buena así lo demuestra. En el camino se han quedado algunos despropósitos, series irregulares y otras que quizá no tuvieron la audiencia que su calidad merecía. Pero aún le faltaba una comedia. El canal principal de Atresmedia lo ha intentado con este género en varias ocasiones. Se la ha pegado en casi todas, una veces porque eran infames y otras porque pasaron desapercibidas. Hasta que llegó Allí Abajo, una buena idea espoleada por Ocho apellidos vascos. Y con la que me temo que tampoco ha encontrado la fórmula para los más exigentes. Sí lo ha logrado para el que no tenga interés en una historia que se vaya enriqueciendo con el paso de las semanas. Porque no pasa de ser una “cumple su función”.1

Allí Abajo es una serie para el que no quiere pensar demasiado al llegar a casa. Para todo el que no busque risas excesivas ni una historia rica y con muchísimas vertientes. También es perfecta para aquel que no espere giros emocionantes ni algo que le vaya a cambiar la vida. En ésta eso no va a pasar. Todos sabemos lo que va a ocurrir en una historia donde un chico vasco (Jon Plazaola) que se ve obligado a quedarse en Sevilla conoce a la enfermera (María León) que cuida de su madre después de que ésta haya entrado en coma por un accidente durante sus vacaciones. El resto de tramas son unas segundonas que propiciarán o entorpecerán el destino escrito de los protagonistas.

2Si tenemos claro que el objetivo final es que María León y Jon Plazaola acaben liados, ¿qué alicientes hay para verla cada semana? Para mí, ninguno. Que todo sea tan simple y previsible hace que no me compense gastar una hora y 10 minuto de mi tiempo semanal en ella. Necesito algo más en una serie. Me tiene que transmitir ambición por superarse y fidelizar a los que la vemos. Y sé que ésta no me lo va a dar. Prefiero gastar ese rato en ver otra que tenga abandonada, en leer o en dar un paseo. O en ver Master ChefEl Príncipe, que compiten con ella.

Pero sería injusto si no admitiese que Allí Abajo tiene ciertos miembros que permitan identificarla como una ficción bien hecha. La premisa es buena y está bien presentada. Las localizaciones de Euskadi y Andalucía son reales y le otorgan la capacidad de integrar al espectador a través del ambiente. Los actores están más que correctos y te los crees en todo momento. Otro acierto está en el mismo reparto, al ser la mayoría de intérpretes desconocidos para el gran público (muchos de ellos, de Vaya semanita). Esto le da un punto de frescura, que se está convirtiendo en habitual en todo lo que emite últimamente Antena 3.3

Todo lo anterior es muy importante y evita el ridículo para un producto que la cadena está rentabilizando de sobra. Aunque destaca por un aspecto aun más determinante: el tratamiento de los tópicos. Soy andaluz, y no me chirría nada ni percibo una caricaturización de nuestra tierra ni de nuestra forma de ser. Quizá lo más excesivo esté en el celador que le saca la pasta a Iñaki cada vez que le pone la tele o que se escaquea constantemente. En cuanto a los vascos, tampoco les vende como paletos norteños que piensan que a partir de Burgos todo es África. Las expresiones de los personajes de allí arriba no son perfectas, pero reflejan la esencia de cómo se suelen comunicar. Su rudeza y campechanismo resulta creíble. Aunque a veces solo parezca que viven para triángulo del buen vivir: mus, pintxos y txakoli. El espíritu Ocho apellidos vascos es notable. Aunque María León diga que no.

4Y es que los responsables e integrantes de la apuesta cómica de Antena 3 han negado siempre que el filme de Emilio Martínez Lázaro les haya marcado el camino. Aseguran que la idea es previa a la explosión de la película más taquillera de 2014. E insisten en que, si hay influencias, son de la francesa Bienvenidos al Norte.

Por suerte, nadie se chupa el dedo y es fácil inferir que se han subido al carro de un éxito sin precedentes en las salas de cine. Y no es malo que lo hayan hecho. Aunque parece que en el equipo es más estigma que bendición contar con un referente como ese. Sería por el miedo a no gustar tanto y así ahorrarse las comparaciones de “en la serie no han sabido hacerlo”. Un temor que ya se ha demostrado absurdo.5

Suelo odiar las series que “cumplen su función” y que no tienen ambición en sus tramas. Me aburren, de hecho. Es lo que me ha ocurrido con Allí Abajo. Y eso que sé que está bien hecha. Pero no me compensa. Si a vosotros sí, no la dejéis escapar.

Un final decepcionante y rebuscado para Bajo Sospecha

ATENCIÓN: Este post contiene spoilers del final de la serie

El capítulo de anoche de Bajo Sospecha, el octavo y último del supuesto thriller de Antena 3, duró algo más de 72 minutos. Si lo viste, quizá te dio la sensación de que con haberlo reducido a media hora habría bastado para enterarte de por qué murió Alicia Vega y quién mató a Nuria Vega. Que en un final sobren metraje y escenas, y que todo se reduzca a un resumen de lo que hemos visto durante estas semanas, no es buena señal. Pero aún peor es que te des cuenta de que a una ficción de ocho capítulos le sobran los seis que hay entre el primero y el últimoY eso me parece un fracaso.4

El final ha sido decepcionante. Lamentable en la ejecución y penoso en la argumentación. Toda la resolución de la tragedia de los Vega está muy cogida con pinzas. Al final, todo era un juego que no me creo. Sé que no son pocos los que han adulado este último episodio, asegurando que es convincente. A mí me ha parecido todo lo contrario. No me encaja que durante todos los capítulos pareciese que varios personajes se dispusiesen a aprovechar los secuestros y asesinatos para que todo resultase tan simple. La gigantesca conspiración sobre las niñas quedó en un ardid de éstas junto a Pablo Vega. Y no cuela. Tiene de majestuosa lo que yo de futbolista profesional. Ni provocó escalofríos, ni máxima tensión y ni de broma destacó por una magnífica ejecución. Lo único que fue de traca es que la cadena se atreviese a meter anuncios entre escenas.

2No hubo secuestro, sino escondite. Esto pasó a ser una retención cuando Alicia se cansó del juego para intentar que su padre y su tía no se fugasen. Acabó en tragedia por un accidente. Posteriormente, un niño que no mide ni metro y medio resulta que es tan animal como para exigir el silencio de otra chica cercana a su edad y acaba matándola porque ella se resiste y quiere confesar. Y luego, Pablo tiene la suficiente fuerza mental como para solo contar lo ocurrido a su madre, que decide mantenerlo en secreto con un par de cómplices. Nadie sospecha nunca de él ni de su madre, solo del resto. ¿Casualidad? Cuesta creerlo. Demasiado rebuscado.

Además, una serie de este tipo tiene que aspirar a explicar las consecuencias del asesinato que la vertebra. Si solo se dedica a esclarecer lo ocurrido incumple con la mitad de su objetivo. En el último episodio de ayer todo ocurre de manera atropellada y cargante, ya que solo nos cuentan qué y cómo pasó de una manera bastante pobre: recurriendo al resumen con escenas que ya hemos visto y de las que nos acordábamos de sobra.3

Nos hemos quedado sin saber qué va a pasar con toda la familia Vega tras descubrirse que tienen un hijo homicida. Es un estigma con el que convivir cada día y que te cambia todos los planes de vida que podrías tener. Me hubiese gustado saber qué pasa con los padres de Alicia, cuál es su relación con los progenitores de Nuria después de saber que su propio sobrino se la cargó, la reacción de los abuelos o la segura venganza de Vidal contra Emi por querer involucrarle e inventarse una red de pornografía infantil. También habría sido interesante conocer a más gente de Cienfuegos, sin reducirlo todo a la extensa familia protagonista. Incluso qué va a ocurrir con Pablo, que durante toda la vida cargaría con lo que le hizo a su hermana y su prima.

5Pero si hay algo imperdonable en Bajo Sospecha es su último minuto. Quizá el más patético de las series españolas en mucho tiempo. Habían resuelto perfectamente no caer en la españolada de que los protagonistas se liasen. Hasta la última escena, donde acaban besándose. Hay que tener poca imaginación y ser simple para incluir esto en un guión y justo al final. Fue la mejor manera de recordarnos que estábamos viendo producto nacional.

No todo ha sido tan malo: es entretenida y ha salvado los muebles cada semana gracias a una atmósfera convincente. La banda sonora encajaba perfectamente y han logrado marearnos (para bien) con la resolución de las tramas. El análisis que extraje de sus tres primeros episodios se ha mantenido en esos aspectos.1

Lo malo es que la parte que provocaba que no pudiésemos decir que tenía calidad ha permanecido e incluso se ha potenciado. Su principal problema es que los actores en general son un horror, con las excepciones de Alicia Borrachero y Lluis Homar. Porque aquí no solo han matado a niñas: Yon González y Blanca Romero se han dedicado a asesinar en cada capítulo la profesión de actor. Ella especialmente, a pesar de que se empeñe en que si hablan de ella es que lo está haciendo bien. Así es imposible que una serie de intriga enganche por completo.

Una guerra de horarios con muchas ‘víctimas’ y un solo ganador

Quizá fuiste uno de los que anoche no quería hacer otra cosa que ver la tele tranquilamente para acabar el día. Tu intención era disfrutar de lo mejor de la noche, algo que te entretuviese lo necesario y te permitiese relajarte antes de irte a la cama. Seguro que habría algo que destacaría por encima de la oferta del resto, por lo que sería fácil decidirte. Ayer martes tuviste buena y mala suerte. Había series y programas interesantes y que cuentan con mucha audiencia. Pero en todas las cadenas. A lo mejor ayer no lo sabías, pero anoche fuiste víctimas de la enésima batalla en la guerra de horarios televisiva. Y en la que, como siempre, solo pudo haber un ganador.1

Hace unos días, la lucha iba a estar entre dos espacios. El estreno de Allí abajo, la nueva comedia de Antena 3 protagonizada por María León que explota la manida relación entre vascos y andaluces, y Aquí paz y después gloria, eso que emite Telecinco con Antonio Resines. Estaba claro que iba a ser una noche interesante de cara a las audiencias. Para animarla aún más se metió por medio TVE, que entró anunciando que estrenaba la nueva temporada de Máster Chef, su programa más exitoso. De repente, las dos grandes privadas lo pasaron a tener muy crudo para ser líderes. Por eso una de ellas, Telecinco, decidió contraatacar con el cuchillo en los dientes: pasó a emitir un especial de El Príncipe, su serie franquicia, que era un avance de la nueva temporada que se estrenará pronto.

2Resultado: un espectador con una parrilla aparentemente atractiva y que solo puede ver una de las opciones. Quedándose sin poder disfrutar o sufrir lo que le ofrecen las otras cadenas. Y es que puede que no tenga tiempo, ganas o medios para recuperar en Internet lo emitido esa noche. Si le gusta Máster Chef y quería ver el estreno de Allí Abajo, está fastidiado. Lo mismo si le apetecía ver qué pasará en El Príncipe pero tenía interés por los nuevos cocineros de La 1. Al final, se priva al espectador, que en teoría es lo más importante, de lo mejor que se tiene.

Entiendo por qué se producen las guerras de horarios. Esto es un negocio, hay que ganar dinero y lo más fácil es hacerlo quitándole espectadores a tu competencia. Pero me resulta imposible compartirlas. Es un maltrato al que está esperando ver su programa, y que puede provocar desafección con la cadena o la televisión. Especialmente si se trata de perfiles que no tienen Internet o pasan del mismo para ver la tele. Ya sabemos que cada vez son menos, pero tampoco se tiene en cuenta otro perfil. Ese del que opta por ver lo español en la tele y lo de fuera en Internet. Vamos, el que pasa de los MiTele, Atresplayer y demás.3

Las cadenas no esconden que su interés está en llevarse más pasta, y que el espectador es contingente, pero no imprescindible. Sobre todo si eres el que más audiencia tiene. Lo malo es cuando pierdes esta batalla, el programa no funciona y tienes que retirarlo. Con las pérdidas de todo tipo que eso conlleva. A lo mejor ahí se arrepienten.

Pero, ¿tenemos razón para quejarnos de esto? Para ello he pedido a dos colegas que siguen mucho la televisión que cuenten qué les parece este fenómeno. El primero es Álvaro Onieva, de AgenTV, que compara lo de anoche con un gran partido de fútbol:

A veces, la televisión es la guerra. Y para los que la seguimos de cerca, hablando de ella y criticándola, batallas como la de anoche nos dan la vida. Era como un Madrid-Barça, salvo porque tienes que esperar al día siguiente para conocer los resultados. No es tan divertido, claro, para el espectador medio que, tal vez, deba elegir ver una cosa y perderse otra (aunque mejor que sobren buenas opciones a que falten) o para las productoras implicadas, aunque éstas ya deberían conocer las reglas del juego. Morir o matar. Ninguna noche se puede (o no se debería) dejar sin un producto que dé la talla y le ponga las cosas difíciles a la competencia. Cada noche hay que dar el todo e intentar cazar a cuantos más espectadores puedas. Y la audiencia, que no desespere, siempre puede recurrir al día siguiente al episodio en la web para ponerse al día.

También opina Elsa Aguado, de Vertele, que recomienda lo inevitable: resignarse.

La televisión española no tiene alergias primaverales y ha salido a la calle a lucirse: suma al ‘súper lunes’ el martes bélico del ‘todos contra todos’. No sorprende, las cadenas se sienten fuertes, porque en realidad no han arriesgado tanto. Han apostado por productos y temáticas al alza, como son la cocina o la ficción. Antena 3 acierta queriendo seguir con su firma de “la cadena de las series” por encima de la especialista en programas Telecinco, mientras que TVE quiso disparar con Máster Chef’ una de sus únicas balas seguras, en la progresiva pérdida de audiencia de la pública. En la guerra de audiencias siempre tiene que haber perdedores, pero la buena noticia es que al menos tenemos material donde elegir. Como los días no pueden durar 48 horas, el espectador español va camino de asemejarse cada vez más al americano, que tira de grabador y del ‘a la carta’. Verlo todo en estos tiempos de abundancia es imposible, así que mejor resignarse, y tomar aspirinas.

Podríamos resumir todo lo anterior en una expresión muy socorrida: estamos jodidos. Si nos gusta la tele o queremos descubrir las apuestas de las cadenas, es así. Es absurdo indignarse porque quieran ganar tener más beneficios haciendo la puñeta al del otro canal. Solo queda esperar que estos combates de prime time no abunden. Y si lo de ayer te molestó, asúmelo. No queda otra.

La oportunidad envenenada de ‘Bajo Sospecha’

Lo admito: Bajo Sospecha ha conseguido llamar mi atención. Sí, a mí también me ha pasado. Ha logrado atraerme lo suficiente como para querer ver el siguiente capítulo tras tres emitidos. Sé que no soy el único, y por eso me expreso así. Somos muchos los que estamos ansiosos de que llegue el siguiente. Y eso que la primera media hora de su estreno casi nos hace cambiar de canal. Algunos lo hicieron, y no sin razón, ya que la posibilidad de triunfar que tiene está en peligro por razones que más adelante expondré. Pero, dentro de sus limitaciones evidentes, ¿por qué nos ha conseguido atrapar?1

La fórmula de Bajo Sospecha ha funcionado porque el suspense de la trama se volvió aceptable a la mitad del segundo episodio. Antes, todo el mundo era sospechoso, recibía llamadas anónimas, tenía secretos, estaban en sitios inexplicables en momentos ídem… Resultaba cargante que hasta el parroquiano que se tomaba el café pareciese el responsable de lo que le ocurre a Alicia Vega. Por suerte, todo cambió cuando se descubrió parte del misterio inicial. Y ahí está el éxito: en que, al parecer, sabemos muy poco de lo que ocurrió. Tanto como de lo que está por descubrirse.

2Ofrecer al público una serie de suspense con desapariciones/secuestros/diversas calamidades con niños como víctimas es buscar el éxito de la manera más sencilla. Perdemos la cabeza por los sucesos, y si hay menores de por medio, parece que todo vale. Lo mejor es que Bajo Sospecha, que al ser ficción puede permitirse casi todo, no cae en el morbo fácil. Ha ocurrido algo y se relata. Además, hay muchos sospechosos entre los que se encuentra (o no) el culpable al que hay que desenmascarar, que no paran de soltar mentiras, que están involucrados en infidelidades. Pero no hay nada truculento, ni que resulte violento. Que busque revolver el estómago al espectador.

Una buena serie de este género lo único que debe hacer es remover la conciencia del que la ve. Bajo Sospecha no lo ha conseguido por el momento, y dudo que alcance tal hito. Sus aciertos están en una trama bien relatada, en un guión bien escrito y en actores como Lluis Homar y Alicia Borrachero. También en su banda sonora, que me parece muy adecuada para la historia que se cuenta. Vamos, que es muy entretenida, pero no una maravilla. Y ya está.3

Es imposible que la gran apuesta de Antena 3 sea una ficción brillante cuando tiene un elenco tan limitado. Que Blanca Romero pueda protagonizar una serie en el año 2015 dice mucho del trabajo de algunos directores de casting, que parece que buscan más belleza que talento. Una actriz tan mala y de la que no te crees nada, salvo los gritos, denuesta todo lo demás. Y que alguien le diga a Romero que eso de “que hablen de ti, aunque sea mal” solo se aplica en ciertos momentos y ámbitos. En el de la actuación ni de broma. Tampoco ayuda que Yon González vuelva a tener un personaje de chulopiscinas. Le hemos visto demasiadas veces así, y es agotador.

4Me gusta Bajo Sospecha. Quiero saber qué hay detrás de lo que le ha ocurrido a Alicia Vega. Pero esa misma trama correcta y ese buen guión tienen la debilidad de que algunos actores pueden cargarse la historia. Su solidez se puede desvanecer si alguien no pone las pilas a los que tienen que transmitir con su cuerpo y sus diálogos lo que ha ocurrido en Cienfuegos. A veces, dos actores pueden justificar una sola serie. Pero si los dos protagonistas no dan la talla, la pueden fastidiar. Las malas actuaciones son las que envenenan su gran oportunidad de triunfar y gustar mucho más. Esperemos que gane peso el misterio, y la pareja policial lo pierda. Así, su máquina de entretenimiento carburará.

Amparo Baró: mucho más que las collejas de Sole

1Es imposible no saber quién era Amparo Baró. Cualquiera ha visto al menos un capítulo de Siete Vidas, ya fuese en su primera etapa o al final de la serie, y donde la ya por entonces veterana actriz destacaba por encima del resto de sus compañeros con interpretaciones convincentes. Su papel provocó un efecto sorprendente: a pesar de que le tocaba hacer de anciana arisca que debía llevar siempre la razón, su personaje (y ella misma) se convirtió en uno de los más queridos de la televisión española.

Gran parte del cariño que todos sentimos por Amparo Baró responde a un acto particular de su Sole: las collejas. Solo con ponerte a pensar en ellas, alguna se te vendrá a la cabeza. Ya fuese a sus hijos, a sus vecinos, al que fuese a arreglarle algo… 3Nadie podía escapar a los mosqueos de esa anciana comunista que metía miedo con solo aparecer, lo cual generaba un placer indescriptible en el espectador.

Pero, ¿Amparo Baró era solo collejas? ¿No había nada más? Su caso es muy singular: Sole es el personaje por el que se la recordará siempre, con sus golpes de mano abierta como acompañantes. Esto provocó un encasillamiento inverso: si en la mayoría de casos que un actor quede de por vida asociado a un personaje es perjudicial para su carrera, para Amparo Baró fue una bendición. Temas como la edad, el tipo de serie y el buen trabajo que realizó le beneficiaron y provocaron ese efecto en su ya larga carrera.

Es por esto que recordarla por las collejas está muy bien, dado que se hace con respeto y cariño hacia una actriz que nos dio muchas horas de risas y entretenimiento. Pero hay que reivindicar que, aunque a algunos no se les recuerda por nada, ella sí merece tener más reconocimiento que unas collejas a ciertos actores de renombre. Amparo Baró era una de las pocas actrices creíbles que se han visto en los últimos años en las series españolas. Tenía una presencia imponente a pesar de su corta estatura, y cada escena en la que participaba te animaba a seguir pegado a la historia.

2Desconozco la mayor parte de su trabajo previo a Siete Vidas (no lo he visto, como la mayoría de nosotros, aunque sé con qué grandes directores trabajó) por motivos de edad. Por eso aparecer en El Internado le vino muy bien para demostrar que tenía otros registros, a pesar del despropósito en el que se convirtió la serie. Fue en ésta donde pudo demostrar que se comía con patatas a todo el que aparecía en ese reparto y que podía adaptarse a todo tipo de personajes sin despeinarse. Y sin dar collejas.

Amparo Baró ha muerto a los 77 años de un cáncer. En los últimos años apenas la vimos porque había decidido descansar tras una vida de películas, teatro y televisión. Su muerte nos deja desolados a los que sentimos admiración por aquellos que han trabajado toda su vida para reconfortar las nuestras con sus personajes. Su adiós recuerda a los fallecimientos de Emma Penella y Álex Angulo, otros dos grandes de la televisión de los últimos años y por los que la admiración era unánime. Y sí: me da igual lo que votase.

Las collejas han contribuido a ese recuerdo amable que tenemos todos de Amparo Baró. Pero estoy convencido de que el tema llegó a cansarle un poco. Es inevitable que se la recuerde por eso. Pero también debe hacerse por lo buena actriz que era. Agredir de esa manera a alguien es fácil. Hacerlo de una manera tan creíble, no. Y por eso destacaba.4

Toni Cantó, Santi Millán, Willy Toledo, Javier Cámara, Florentino Fernández, Blanca Portillo, Anabel Alonso, Eva Santolaria o Gonzalo de Castro fueron algunas de las víctimas de la Sole collejera. Como he leído por Twitter, qué bien le vendría a alguno de estos otro sopapo hoy en día. Y si fuese de Amparo Baró, mejor. Descanse en paz.

 

Las fotografías son de esta galería de 20minutos

[Actualización: he metido un enlace a una entrevista a Amparo Baró donde digo que el tema llevó a cansarle un poco. Lo había leído, pero no recordaba dónde, y fue en la entrevista de El País que enlazo.

También he añadido una precisión: no conozco la mayor parte de su trabajo previo porque no me ha dado tiempo a verme todas sus películas en una mañana. Sí sé con qué directores trabajó en cine y demás. La intención, básicamente, era que no pareciese que soy un experto en ella. Porque no lo soy].

La segunda temporada de Broadchurch: misma historia, distinto relato, más aburrimiento

Cuando Broadchurch finalizó su primera temporada en ITV con su principal misterio resuelto no comprendí muy bien por qué una serie así, que ha cumplido su propósito y ha desvelado la trama central, necesitaba una segunda temporada. Pensé que a lo mejor habría un nuevo giro, que los nuevos capítulos se centrarían en una de las historias contadas a medias durante la investigación del asesinato de Danny Latimer para mantener el interés en una ficción que demostró tanto con solo ocho episodios. El problema es que, a pesar de poner sobre la mesa el caso de Sandbrook, Broadchurch no es lo que era. Es imposible que lo sea. 1

El ritmo de la nueva temporada lo marca el juicio por el asesinato de Danny Latimer, con el principal acusado y asesino confeso declarándose inocente y con la lucha entre los abogados de la defensa y la acusación para ganar el caso. La trama está en los asesinatos sin resolver investigados por Alec Hardy (David Tennant) en Sandbrook años atrás, y cuyo fracaso a la hora de averiguar quién era el asesino le hizo acabar en el pueblo costero. También hay más argumento en el sufrimiento de la familia Latimer, que espera un miembro más, y la nueva vida de Ellie Miller (Olivia Colman).

2Sobre el papel puede parecer que la nueva temporada tiene los ingredientes necesarios para triunfar. La historia es la misma, la misma que fue tan atractiva en sus primeros episodios. También hay un nuevo relato, ya que quedó más que claro quién era responsable de todo lo que pasó con Danny. Pero lo cierto es que se me han hecho eternos los tres capítulos que he visto hasta el momento. Me he aburrido con Broadchurch. Algo que no había ocurrido en ninguna escena de la primera temporada, a pesar de que tenía un ritmo muy particular. ¿Qué ha pasado?

Todo parece indicar que la resolución de lo que era la razón de ser de Broadchurch ha acabado también con la serie y sus recursos. Lo de Sandbrook no provoca tanta curiosidad como lo de Danny Latimer. O al menos los guionistas no han sabido generar ese interés en los espectadores. Ni los fichajes, ni el distanciamiento de la familia Latimer, ni la nueva vida de Hardy y Miller. 3

Por supuesto, cualquier escena de la serie británica es mucho mejor que su absurdo remake estadounidense, Gracepoint, que ha durado en emisión lo justo ya que no tenía ningún sentido emitir lo mismo con cambio de cromos y escenario. Pero creo que se han equivocado haciendo una segunda temporada de una ficción que supo contar tan bien el drama y la investigación de un asesinato. Y que además tuvo uno de los mejores desenlaces que recuerdo.

Los británicos se caracterizan por hacer el número justo de capítulos y temporadas para sus series. Con Broadchurch han fallado en ese aspecto. Por suerte, su segunda temporada nunca nos hará olvidar a la maravilla que vimos en la primera.

La sorpresa de ‘Algo que celebrar’

Acabamos el año pasado año lamentando el penoso año que nos habían ofrecido las series españolas. Con pocas excepciones que contaron con el respaldo de crítica y público, en 2014 que perdí la fe. Dejé de creer en que se pudiesen lanzar producciones potables. Que tuviesen lo mínimo que ofrecer al espectador sin tomarle por tonto, y que a la vez no renunciasen a la calidad en pro del chiste facilón ni cayesen en el argumento dramedia para todos los públicos. 2015 lo ha cambiado todo. Porque, junto a Víctor Ros, otra serie española ha dejado claro que aún se puede hacer bien. O al menos dar la sensación de que va camino de ello. Es el caso de Algo que celebrar, la nueva serie de Antena 3, que ha sido una gran sorpresa.2

Podríamos decir que esta es una de las pocas que no tiene los vicios de sus antecesoras y ofrece un punto de partida llamativo. Este es el de desarrollarse siempre en celebraciones que reúnen a toda una familia, los Navarro, para contarnos cómo son sus relaciones. No falta nadie: están la abuela, los padres, los cuatro hijos, los nietos, los cuñados (actuales o ex), alguna prima… Entre ellos se llevan bien o mal, mejor o peor, pero sus andanzas no son nada exageradas y encajarían perfectamente en otras familias. Aunque no olvidemos que esto es ficción.

4Sobre el papel podría parecer que Algo que celebrar es comedia española más pensada en atraer a toda la familia. Es decir, una de esas donde los chistes malísimos, que dejan de ser humor para convertirse en bolsas de tópicos e insultos al diferente, proliferan y son utilizados para que la historia avance. No es así. Los chistes están justificados, encajan en las situaciones disparatadas y los guiones no resultan postizos. Cada personaje cumple a la perfección con su papel, y no todos tienen por qué ser graciosos, como sí ocurre en otras supuestas comedias.

Porque esta sí puede llegar a ser una comedia de verdad. La trama encaja, los actores trabajan bien y no hay estridencias. Algunas situaciones están pensadas para que te rías, pero no todas, como debe ser. ¿Qué gracia tiene que un tipo le ponga los cuernos a su mujer? En otras ficciones querían intentar que te rieses. Aquí no. Puedes soltar carcajadas con la torpeza del hijo mayor, con lo histérica que es su mujer o con las borderías de la segunda hermana. Pero no con la búsqueda de un trabajo por parte de una de las hermanas o con la sexualidad de uno de los excuñados. Lo que haríamos en la vida real, vamos. Quizás lo que chirríe un poco es que todos coincidan siempre en cualquier sarao que monten, pero es una licencia de la ficción aceptable. 1

Con todo esto, ni mucho menos Algo que celebrar es una serie perfecta. Le falta gancho. Necesita una trama aún más centralizada que atrape al público y le lleve a ver la serie por otras razones. Que el “pasar un buen rato cada semana” suba el nivel y ofrezca algo más. Si no lo hace, lo que puede ocurrir es que haya espectadores que decidan dejarla porque realmente no les aporta nada. Soy consciente de que no es fácil dar con una historia que sirva para vehicular el resto de la ficción sin romper la esencia de la familia y las fiestas en la que se reúnen, ya que la idea es que todo el reparto cuente en el resultado final. Pero algo tiene que hacer. Soltar unas carcajadas y sentir que estás viendo algo bien hecho no basta.

3Tengo claro que Algo que celebrar es la comedia española más decente que he visto en los últimos años. Tiene un aire de historia de Daniel Sánchez-Arévalo que me encanta. Pero, por el momento, tiene carencias que le restan atractivo. Necesito un aliciente que me invite a seguir viéndola. Y hasta que eso no pase, no consideraré el quedármela de forma permanente. Ojalá se arriesgue a dar un paso adelante para acabar de convencer. Pero, por favor, que no caiga en el antihumor. Y que nunca prescinda de Cristina Peña y Ricardo Castella, que son los mejores junto a Luis Varela.

La comedia familiar ha encontrado un aliado en Algo que celebrar. Porque, al contrario de lo que piensan las cadenas españolas, hay muchas maneras de hacer humor en capítulos. No todo han ser familias desayunando juntas cada mañana. Por suerte, parece que esas ideas empiezan a quedar en el pasado.

Una Caperucita Roja a la que no soportarían ni el lobo ni su abuelita

Recuerdo el cuento de Caperucita Roja con mucho cariño. Me harté de leerlo y de ver dibujos sobre el mismo durante mi infancia. Visto ahora parece una historia pueril y simple, pero cuando se tienen cinco años esta es de las pocas historias que puedes disfrutar al constar de varios aspectos similares a lo que ven los mayores. Esto es: relaciones familiares, un asesino (el lobo) y suspense (cuando Caperucita acude engañada a casa de su abuelita). De hecho, todas las películas de animación que vi hace 20 años tenían más intriga que la Caperucita Roja de Cuéntame un Cuento. 

El nuevo capítulo de la miniserie de Antena 3 no pudo ser más decepcionante. Pero puede que me esté precipitando. A lo mejor la idea de los guionistas era que todos los personajes fuesen insoportables y te diesen ganas de que el lobo se los “comiese” a todos. Pero en esto siempre hay clases, y no hay nadie más repipi y limitada que la protagonista. El lobo nos habría hecho un favor si se hubiese encargado en los primeros minutos de la Caperucita de Laia Costa. Porque estoy convencido de que no la soportaría ni su abuela. Ni aunque le lleve 200 cestas de dulces.

1Está claro que la actriz protagonista es la que más carencias muestra por cargar con el peso de la trama. Pero no es la única con una mala interpretación. El bajísimo nivel de las actuaciones queda en evidencia con solo una escena de cada personaje. Lo triste es que me lo esperaba. Quería salvar a alguien, pero no hay manera. Ni la abuelita, que por experiencia se supone que destacaría más, está a la altura. Tampoco Nicolás Coronado. Ser guapo y ser ‘hijo de’ nunca es suficiente.

Más allá de las interpretaciones, sí me gustó la alegoría del túnel. He pasado varias veces por el (sirve para ir de una facultad de la Universidad Complutense a otra) y os confirmo que da miedo. Por las noches no me he atrevido a cruzarlo, desde luego. Y ya está. No hay nada más que me parezca digno de lo que debe ser una ficción. No, la “sorpresa” final tampoco, porque tiene de sorprendente lo que yo de astrofísico.2

Tras este repaso, ¿es Caperucita Roja mejor o peor que Blancanieves? Me parece muy chunga en aspectos técnicos. Su fotografía es feísima, y quitando el túnel el resto de localizaciones me parecen pobres. La adaptación del cuento infantil tampoco me ofrece muchos alicientes. Al final es la historia de una adolescente que tiene ganas de descubrir cómo son las relaciones con los chicos. La trama del malo que quiere acabar con ella pasa a ser secundaria y no tiene ninguna gracia. Así que diría que empatan en despropósito. No sé decir si me parece más mala Laia Costa o Blanca Suárez.

2El hype de Los Tres Cerditos se evapora. Parece que era la excepción de la miniserie. Es una lástima, pero el resultado de estos dos últimos capítulos no da pie a muchas esperanzas para los próximosHansel y Gretel La bella y la bestia. Aunque todo esto tiene un lado bueno: así valoramos más los cuentos infantiles, inalcanzables para sus adaptaciones modernas.