Solo un capítulo más Solo un capítulo más

Siempre busco la manera de acabar una serie cuanto antes... para ponerme a ver otra.

Archivo de octubre, 2014

Kelly Reilly, Abigail Spencer y Leven Rambin se incorporan a True Detective

Abigail_Spencer_2013_1Dijo Nic Pizzolatto hace meses que la segunda temporada de True Detective iba a estar más centrada en las mujeres. Y la serie de HBO ha confirmado tres nuevas actrices para la nueva entrega de la serie. Se trata de Kelly Reilly (Sherlock Holmes), Abigail Spencer (RectifySuits) y Leven Rambin (Los juegos del hambre).Kelly_Reilly_2013

Estas tres intérpretes se suman a los ya confirmados Colin Farrell, Vince Vaughn, Rachel McAdams y Taylor Kitsch, que conforman un elenco poco ilusionante para el regreso en el verano de 2015 de una de las mejores ficciones de 2014.

La llegada de Reilly, Spencer y Rambin no sirve para compensar al resto de actores protagonistas, que generan menos ilusión que Vicente del Bosque. Y es que lo de Vaughn y McAdams, por citar los casos más significativos, solo lo podría arreglar una gran estrella de Hollywood. Y eso no parece que vaya a pasar.

640px-Leven_RambinMe cayeron muchos palos por rajar de los nuevos actores de True Detective. Me decían que cómo me atrevo a criticarla si ni la he visto. A éstos les recomiendo que vean los anteriores papeles de estos actores. Porque la última película decente que hizo Colin Farrell fue Escondidos en Brujas. De los otros no recuerdo ninguna.

 

Águila Roja: la inverosímil historia de un ninja en el Siglo de Oro español

1Las tonterías en forma de ficción por capítulos se mantienen fuertes en la televisión. El público se ha vuelto más exigente y cada vez exige historias más trabajadas, es cierto. Pero el ‘dramedia’ que perpetran los cuatro creadores/productores de siempre continúa triunfando. Las cancelaciones de Vive Cantando Ciega a Citas y el fracaso de payasadas como Hermanos indican que aún hay esperanza de que el modelo se reinvente. Lo peor son las bobadas consolidadas, que venden una idea “alternativa” y a pesar de no tener nivel triunfan. Es el caso de Águila Roja, que es líder de audiencia, pero que solo por su argumento debería ser quemada en una pira: cuenta la historia, atención, de un NINJA en el Siglo de Oro. Decir que es inverosímil es quedarse corto.3

Vi su estreno en febrero de 2009, y me tragué casi entera su primera temporada. Con los años la fui dejando por motivos obvios, y últimamente le he prestado más atención para ver si me sugería algo distinto tras siete entregas de capítulos. O si, por contra, seguía como siempre. Ganó la segunda opción. Sigue siendo la misma de la que me hablaban con indignación algunos amigos historiadores y filólogos, que no se podían explicar cómo un producto así había convencido al público.

Además del perfil del héroe, las interpretaciones en Águila Roja también contribuyen al despropósito. Salvo a Javier Gutiérrez (Satur) porque sabe meterse en cualquier papel y su capacidad para adaptarse a todo la tienen muy pocos actores.

4Tampoco se quedan atrás las tramas, que ya resultan forzadas y carecen de lógica al estar cerrada la idea principal con la que empezó la serie. Porque lo más interesante era que Gonzalo de Montalvo (David Janer) descubriese quién mató a su esposa para vengarse por ello. Todo lo que ha pasado después de dejar claro lo que ocurrió no lo he entendido. Ni sé cómo pueden estirarla tanto.

Pero más vergonzoso es que en algo basado en el siglo XVII te puedas encontrar de repente con gladiadores, por poner el ejemplo más evidente. Que a pesar de esa bofetada al rigor te vendan la serie como una clase de historia. Una vez más, no se trata de que esté confundiendo ficción con realidad. Es que lo que buscan aquí es hacer creer al espectador que en el Siglo de Oro se podrían haber dado ciertas situaciones que cualquiera que haya leído un libro sabe que son mentira.

Todavía me río cuando recuerdo a Francis Lorenzo decir que Águila Roja es “una de las mejores series del mundo”. Aunque lo mejor de todo es cuando lanzaron un libro sobre la época de la serie y aseguraron que estaba dirigido a los aficionados a la historia. 2

Soy muy fan de la ficción de superhéroes. Me encantan las de justicieros que se dedican a poner firme a todo el que se le pone por delante, ya sea de manera desinteresada o persiguiendo un fin concreto. Lo único que suelo exigir es que tengan algo de sentido. Si van a permitirse todo tipo de licencias, que lo que ofrezcan sea ficción pura y dura. Que nunca esté revestida de hechos históricos. Y si se trata de un personaje que vive en un contexto de siglos atrás, que todo lo que ocurra sea plausible y encaje con la realidad. Vamos, que sean un poco coherentes. Todo lo contrario que hace Águila Roja. Porque lo único que tiene de histórica está en sus aspectos técnicos: a pesar de estar en 2014, parecen del siglo pasado. Otro ejemplo de chonismo técnico, entre el bullet-time y la iluminación de after.

El Rey: un biopic de aprobado que lava la imagen de Juan Carlos I

Cuando supe que Telecinco iba a estrenar una miniserie sobre la vida del rey Juan Carlos, me puse en guardia. Saltaron todas las alarmas del mal gusto que tengo, y me esperaba un par de capítulos de puro jabón al monarca. Donde las interpretaciones fuesen malas, el relato no pasase de ser plano (porque todos sabemos lo que ocurre) y los aspectos técnicos más que limitados.4

Es decir, estaba pensando en aquel despropósito llamado Felipe y Letizia. O en el lamentable biopic de Mario Conde, Los días de Gloria, que por temática no tiene nada que ver pero que en la esencia es lo mismo: contar cómo fue supuestamente la vida de un personaje relevante. Ahora puedo decir que me equivoqué. Y que El Rey, aunque también es peloteo a la casa real, se deja ver.

No sé si encuadrar esta miniserie en el apartado de guilty pleasures, o si directamente se puede decir que está bien hecha y por eso es entretenida. La cuestión es que no me he aburrido viéndola. Por eso merece como poco el aprobado.

2Pero a pesar de que sirve para entretenerse y que hay que elogiar todo lo que hay detrás, que nadie crea lo contrario: esto es un lavado de imagen para el monarca. Se nos muestra a un chaval al que se atrevía a toserle todo el mundo, cuando la realidad fue con toda seguridad otra. ¿Quién se va a creer que cualquiera que no fuese su padre o Franco se iba a atrever a reprocharle sus tropelías de adolescente o sus actos de indisciplina haciendo el servicio militar? Y esto no es confundir realidad con ficción, ya que hablamos de un personaje histórico.

También se nos quiere hacer creer que era un chaval ejemplar, que a pesar de haberle educado en mirar por encima del hombro jamás lo hizo. Parece que no han contado con que nos conocemos bien la historia del Borbón. El mismo que si hace algo inexcusable ya tiene lista la disculpa preparada: “Lo siento, m’equivocao, no volverá a ocurrir”. Ya se la sabía desde pequeñito, según muestra la miniserie.1

El Rey y su entretenimiento no parece que respondan a una fórmula secreta de sus responsables y guionistas. Simplemente han ido a centrarse en lo que mejor podía funcionar: mostrar cómo creció un niño al que desde pequeño le llamaron alteza pero que en realidad no tenía ninguna libertad, pues su vida tenía un único fin.

Así pasó con su llegada a España,  al trasladarse desde el exilio de Don Juan en Estoril. Sus idas y venidas del país, con un Franco pendiente de seguir aislando a su padre y que a la vez se trabajaba al chaval para sumarle a su causa. Otros momentos clave son el “accidente” que acabó con la vida de su hermano, el infante Alfonso, y sus primeras relaciones, como la que mantuvo con Olghina de Robillant.

5El otro punto central es su relación con Don Juan, que en la miniserie se nos muestra que fue empeorando por sentirse este último traicionado por su hijo en favor del dictador. Algo en lo que influyó el ansia de poder de Don Juan y la muerte de su otro hijo en presencia del futuro rey.

Entre los actores destacan Patrick Criado, como el rey en la adolescencia, y José Luis García Pérez, que encarna a Don Juan. El resto son secundarios que hacen papeles muy correctos, y que resultan creíbles en sus roles. También destaca mucho Adriana Torrebejano (Olghina), que hace un papel corto pero que logra asombrar por la sensualidad que desprende. La interpretación que me da más miedo es la de Fernando Gil (el rey ya adulto). No hay que olvidar que ya interpretó al príncipe Felipe en la miniserie infame que mencioné al principio. Y que hizo el ridículo tanto o más que Amaia Salamanca y Juanjo Puigcorbé. Más allá de ser alto y tener algo de parecido con Juan Carlos I, no entiendo sus méritos como actor para acceder a estos trabajos. 3

El ritmo del biopic del rey es bueno, y resulta muy entretenida. Sí, entra en el grupo de las que permite engancharse rápidamente aunque dejes de prestarle atención durante unos minutos. Pero al menos la fotografía, los escenarios o el guión cumplen las exigencias mínimas. No hay nada vergonzoso como una iluminación de discoteca o unos cromas cutres que se descubren fácilmente.

Aun con la pleitesía a los Borbones y su patriarca, El Rey me ha sorprendido gratamente. Y eso que estaba preparado para lo peor. Supongo que no seré el único.

Los momentos por los que recordaremos siempre a Boardwalk Empire

Boardwalk Empire ha terminado. El octavo capítulo de su quinta temporada es el último que hemos visto de su historia. Nos despedimos de una serie que ha tenido la mala suerte de ser coetánea de algunas de las mejores que se han emitido, lo que ha motivado su ostracismo. Pero como pasó con otras grandes, acabará siendo reconocida. Será una de esas que recomendaremos siempre porque será desconocida para muchos. Le ocurrió a Deadwood. Y le va a pasar a ésta.

Emplear el adjetivo “apoteósico” para referirme a su final sería ca1er en el tópico. Los que saben más de esto que yo recomiendan escribir como se habla normalmente. Por eso me puedo permitir decir que ha sido la hostia. Como lo fueron todos sus finales de temporada. Y el 90% de sus capítulos. Su poder no estaba en el cliffhanger al uso, sino en tocar las teclas exactas para dejar helado al espectador. Todo lo que ocurría tenía un propósito, inmediato o no, que siempre afectaba a la trama. Ni una escena o diálogo era consecuencia del azar. Así es como es consigue una ficción redonda.

b4Los actores, Tim Van Patten, Terence Winter, Martin Scorsese… Todos ellos tienen la culpa de haber creado algo tan magnífico. Y es que no voy a profundizar en sus fallos y en si ha notado algunas ausencias. En si ha echado de menos a Jimmy Darmody y sobre si las tramas de los secundarios hubiesen merecido más peso. Aunque las historias alternativas a la de Nucky hayan sido mucho más atractivas. A pesar de que no haya explotado del todo. Todo eso es cierto, y es quizá lo que haya impedido que consiguiese aún más nombre.

Hoy prefiero quedarme con lo bueno. Por eso prefiero recordar esos momentos que nos emocionaron de cualquiera manera en las cuatro temporadas anteriores (los de la quinta aún hay que saborearlos). Ya fuese llorando, golpeando algo, ciscándonos en el destino de un personaje o incluso riéndonos con el esparcimiento de los capos, lo que es innegable es que este relato histórico de la génesis del hampa en Estados Unidos sabe cómo provocarnos sensaciones. Dado que los guionistas han elegido con buen criterio no reescribir la historia para darnos un final soñado, qué mejor manera de hacer balance de Boardwalk Empire que esta manera. Youtube apenas me deja embeber, que conste.1

Primera temporada

I think you’d agree that Greektown belongs to us now“. De las primeras tramas impactantes. Las escenas lo dicen todo.

La ejecución en la bodega de los primeros D’Alessio. Me parece uno de los momentos más determinantes de la historia. Especialmente para Jimmy Darmody y Meyer Lansky.

La caída de los D’Alessio y la conspiración Schroeder. Se atrevió con un “momento Padrino”. Y le salió tan bien que ya ha pasado a la historia de la televisión.

2Segunda temporada

El negocio irlandés. Me impactó porque ni me lo esperaba. Pero el IRA te comunica así sus cambios de planes.

“This is my house!”. Chalky White es uno de los mejores personajes que existen. Son especialidad de Michael Kenneth Williams. Y esta es una demostración de fuerza que pocos pueden hacer.3

Bye, bye, Jimmy. No puede faltar en cualquier lista. El giro en la trama es evidente.

Tercera temporada

La venganza de Richard Harrow. No le sentó demasiado bien lo de Jimmy y Angela, no.

4La caja de OwenDe las escenas más duras. El llanto de Margaret, la cara de Nucky y el adiós a uno de los personajes más queridos.

TODO en lo que aparezca Gyp RosettiPor ejemplo, la manera en que le conocimos. O cuando le dijimos adiós. Es sin duda el mejor villano de las cinco temporadas.

Cuarta temporada

La muerte de Frank Capone. El grito de Stephen Graham (Al) es estremecedor.5

Nelson relajadoOtros de los monstruos interpretativos que hemos disfrutado en estos cinco años es Michael Shannon. Su mirada fija y su frialdad, ya sea como Nelson Van Alden o George Mueller, encogen cualquier estómago. Como en esta escena.

El error mortal para Chalky White. Otro de esos momentos donde la reacción de alguien te provoca de todo. En este caso, la de Chalky cuando ve lo que le ocurre a su hija a menos de un metro.

Adiós a Richard Harrow. Lloré y golpeé cosas tras ver el final de la cuarta temporada. Lo que dice mucho de lo que es capaz esta serie.

El sadismo le sienta muy bien a The Walking Dead

No hay spoilers, pero sí pistas. Lee con responsabilidad.

Mi amor-odio con The Walking Dead ha pasado por distintas fases. La he llamado mediocre, tremenda, desesperante, ilusionante, enterradora… Es la única serie que me ha hecho parecer ciclotímico. Sobre la que nunca tuve una opinión definitiva, dadas las reticencias que me provocaba su efecto yo-yo: podía pasar de un capítulo buenísimo a otro aburrido de conversaciones vacuas que no aportaban nada a la historia. Su cuarta temporada acabó muy bien, lo que me situó en el plano de las expectativas. Y se han cumplido con creces. Vaya regreso ha tenido. Y todo porque los guionistas le han incorporado un rasgo que le sienta muy bien a una serie como esta: el sadismo.2

Que en una ficción donde la muerte es un tema recurrente solo haya valido la pena un personaje por su crueldad en cinco años es algo que, parece, los responsables de la misma se han puesto a corregir de inmediato. Ya no son solo los malos como el Coronel los que disfrutan matando a sus rivales. Carol y Rick evidencian que con ellos se cumple la frase preferida de este último. Esa de que en un mundo de zombis y gente, “la gente es peor”.

4El primer episodio de la quinta temporada, con la destrucción y posterior huida de Terminus, es el mejor capítulo de The Walking Dead junto al de las niñas de la cuarta. No me atreví a escribir de sus nuevos episodios por temor a que el segundo capítulo volviese a las andadas del tedio y las charlas plúmbeas y trascendentales de los personajes. Y las ha habido. Pero también hemos visto zombis, secretos que salen a relucir y los métodos que los nuevos villanos de la serie aplican para hacer sufrir a sus víctimas.

He de reconocer que nunca había caído en los grandes momentos que nos regalaría el canibalismo en esta serie. Más si es por gusto y no por necesidad. Esa sadismo revestido de gourmet ha logrado que se me pongan los pelos de punta, y que crea en la posibilidad de que haya personajes peores que el de David Morrissey por despiadados. Y cuando el grupo principal liderado por Rick se entere de lo que tienen detrás, a lo mejor deberían empezar a correr hacia Washington. Por si no pueden volver a hacerlo.3

No tengo claro si esta quinta entrega va a estar centrada en ese viaje a la capital de Estados Unidos que tiene como objetivo acabar definitivamente con los zombis. En posts anteriores, algunos ya me spoileasteis que no todo es lo que parece, y que no me fiase de ningún personaje. Por muy esperanzador que parezca. De lo que sí estoy seguro es sobre qué me gustaría en esta temporada. Más persecuciones, salpicadas con reencuentros y dilemas que no se pasen de profundos. Y mucho sadismo.

1En un mundo ficticio donde la poca gente viva que queda está escondida y en guardia ante todo tipo de amenazas, el reencuentro debe ser uno de los aspectos más anhelados y emocionantes. Lo mismo ocurre con la muerte. Pero en un contexto de apocalipsis, donde para sobrevivir tienes que pasar por encima de otros, las buenas intenciones se desvanecen. No se mata por defensa propia. Se mata por prevención. Y cuando menos te lo esperas, te das cuenta que disfrutas haciéndolo. Ojalá The Walking Dead explote esto.

You’re the Worst, camino a mejor ‘comedia’ del año

youre-the-worst23“Ah, ¿y qué serie me recomiendas?”. Esa pregunta se ha convertido en algo habitual en mi vida. Siempre que alguien se entera de que escribo este blog, es lo primera que suelen decirme. Confieso que hasta hace unos meses me quedaba en blanco, ya que la cuestión es ambigua por la cantidad de géneros que existen y porque los gustos personales son como las gominolas. Pero últimamente ya tengo una respuesta: se llama You’re the Worst, la ha creado Stephen Falk y si nadie lo remedia será la mejor ‘comedia’ del año.

Meto entre comillas lo de comedia ya que más que una serie que busque la carcajada es un drama cómico, esos en los que nos reímos porque la historia le ocurre a otros pero que si nos pasase a nosotros no nos haría ninguna gracia. Porque el amor-odio entre Gretchen (Aya Cash) y Jimmy (Chris Geere) es entrañable y atractivo, pero también es cruel y triste. Y de eso va la serie de FX: de dos patosos emocionales acostumbrados a enrollarse con lo primero que pillan y que cuando se enamoran el uno del otro no son capaces de afrontarlo.

Sobre el papel parece una comedia romántica, pero el que vea un solo capítulo se dará cuenta de que de eso nada. Los protagonistas tienen relaciones basadas en el antirromanticismo. Pasan de estar varias noches con alguien a no llamarle en días, lo que aprovechan para estar con otros. Hasta que se conocen, y algo cambia. Pero su conexión no tiene nada de idílica, ya que son tan inseguros y torpes que no se atreven a reconocer sus sentimientos hacia el otro. Unos infieles por naturaleza se dan cuenta de que hay alguien que les interesa todo el tiempo. Que estar con solo una persona llena más que pasar un rato con muchos.

Todas sus inseguridades y problemas nos parecen graciosos porque no los experimentamos nosotros, como decía antes. Lo mismo ocurre con las vicisitudes de Lindsay (Kether Donohue) y Edgar (Desmin Borges), mejores amigos de ella y él respectivamente, y para los que no existen adjetivos suficientes para definirles. Desternillantes para nosotros, claro. Pero si nos tocase lidiar con una ninfómana y un exsoldado medio loco en nuestro día a día a lo mejor no nos reíamos tanto.

Lo mejor de You’re the Worst es que es una serie que tiene un lenguaje reconocible para el espectador, que además te hace reír de sorprendente (“I’m not gay, i’m english”). O directamente te descubre expresiones inéditas en su vida. El que la ha visto ya habrá dicho alguna vez “Sunday Funday” o incluso habrá programado alguno, por poner un ejemplo. Las referencias a redes sociales, otras ficciones, películas, videojuegos y libros la enriquecen y la hacen más llamativa. Se puede decir que está pegada a la actualidad, ya que no me atrevo a decir que es “moderna” porque este término lo han prostituido unos cuantos.

Con You’re the Worst te ríes mucho. Te pones contento solo con verla. Y también te hace reflexionar sobre tu vida, al plantearte que te has perdido muchas cosas o darte cuenta de que tienes mucha suerte comparado con los ingenuos Gretchen y Jimmy. Son adorables, a pesar de que dan ganas de soltarles un bofetón más de una vez. Y tanto Geere como Cash hacen unas interpretaciones excelentes. Aunque la mejor quizá sea Kether Donohue. Viva ‘Fat Lindsay’.

Gotham: si no fuese por el espíritu de Batman y el Pingüino…

Cuando nos enteramos de que la Fox iba a lanzar una serie sobre los orígenes de Batman, y por ende sobre cómo fueron en sus años de juventud todos sus aliados y enemigos mientras Bruce Wayne era un chaval que acababa de perder a sus padres, nos excitamos. Después de la maravilla que había hecho Christopher Nolan con su trilogía no se nos ocurrió otra cosa que cebar las expectativas. Ya nos creíamos que ibamos a ver El caballo oscuro por capítulos. Que fuese una de las mejores series del año. Ese fue el error. Porque Gotham no es una gran serie. Solo hacen falta un par de capítulos para darse cuenta. Es la típica ficción policiaca de cadena en abierto de EEUU. Así de claro.5

El argumento de la serie empieza con el asesinato de los padres de Bruce Wayne (David Mazouz) y de cómo éste conoce al agente Jim Gordon (Ben McKenzie, The OC). Desde ahí, la serie se centra en el policía más conocido del universo Batman y en su lucha contra el hampa y la corrupción que controlan la ciudad mientras lidia con su compañero Harvey Bullock (Donal Logue). Entre tanto, veremos los primeros años como aspirantes a criminales del Pingüino (Robin Lord Taylor) o Edward Nigma (Cory Michael Smith), la ambición de Fish Mooney (Jada Pinkett Smith), además de la madurez de Selina Kyle (Camren Bicondova), el propio Gordon y el mismo Wayne.

2Así escrito parece que Gotham es tremenda. Sus personajes, sus vidas, la curiosidad de ver cómo Batman se convirtió en un justiciero, el ascenso delictivo de sus enemigos… Pero el papel a veces no es suficiente. Las tramas no están a la altura, y parecen las de cualquier otro producto policiaco en el que dos detectives investigan los crímenes que surgen en cada episodio. Todo lo contrario que los actores, que hacen un papel muy digno y creíble.

Aún así, la serie se puede ver sin muchas dificultades. Es entretenida, pero no es la historia que esperábamos por los recursos con los que cuenta. Me recuerda a los comienzos de Arrow, aunque esta última me dio mucha mejor espina desde el principio.6

¿Por qué vemos Gotham, entonces? Dos razones muy sencillas: la primera por el espíritu de Batman que la rodea. Ese ambiente lúgubre y de criminales que deberían ser ajusticiados por Bruce Wayne nos atrae. La otra es Oswald Cobblepot, más conocido como el Pingüino. En esta serie es EL villano. Su apariencia inofensiva le hace ser aún más peligroso y maquiavélico. Y nos encanta. El actor que le interpreta, Robin Lord Taylor, es uno a los que hay que seguir en el futuro. Porque está enorme y estoy convencido de que nos va a regalar los mejores momentos.

1El que espere ver en Gotham el nivel de las películas de Christopher Nolan no aguantará dos capítulos (tampoco está cerca de lo que hizo Tim Burton, no es tan frívola). El que quiera entretenerse un rato con algo ligero y un poco de acción la disfrutará mucho. Y los decepcionados por cómo ha empezado pero que están ilusionados con que va a mejorar con el paso del tiempo, que tengan paciencia y no piensen mucho en sus contradicciones y limitaciones a nivel narrativo.  Mejor no pensar en que, por ahora, es una serie más sobre policías resolviendo crímenes en 42 minutos. Un agravio que esperamos compensen en el futuro.

Velvet: el triunfo del sopor

En España nos gusta aburrirnos. No necesitamos que aquello que vayamos a ver, jugar o escuchar tenga alicientes que nos hagan emocionarnos de cualquier manera. No nos hace falta disfrutar; con pasar el rato tenemos suficiente, aunque eso a lo que dediquemos el poco tiempo que tenemos sea aburrido. Todo esto no lo he descubierto porque sea muy listo o haya hecho un análisis sociológico. Me ha bastado ver el regreso de Velvet y leer las reacciones que ha provocado el capítulo. Es una serie soporífera y que triunfa. Lo cual me parece tan difícil como admirable.5

Que nadie vaya a pensar que la serie de Antena 3 ha dado con la fórmula del éxito. O que tiene un secreto para enganchar al público. Tampoco destacan los actores por su manera de actuar, y me atrevería a decir que el resto de sus apartados son bastante mediocres. Es que en este país, como me decía un colega el otro día, somos muy “señores y señoras”. El mayor divertimento es no hacer nada. Y si lo aplicamos a las series, es tener una ahí puesta en la tele de fondo. Que sea tan simple que no haga falta prestar mucha atención y que, cuando queramos atender, sea fácil reengancharnos porque no haya pasado nada.

2Velvet es eso: una ficción trivial, sin acicates, donde nunca pasa nada. Solo se nos muestra las relaciones comunes que tendrían los personajes de un taller de costura y una tienda de ropa de lujo. A la mayoría del público eso le vale. No se quieren comer la cabeza, y quizá no pongan nada mejor en la tele un martes por la noche (su competencia esta semana fue la penosa Hermanos).

También reconozco que Velvet quizá sea lo mejor que tenemos en ficción nacional ahora mismo. Es la tuerta del reino de ciegos televisivo que padecemos, lleno de dramedias patéticos y supuestas comedias zafias y burdas. Diría que es hasta elegante. Pero eso no es suficiente. Todo va a seguir igual: el amor imposible entre Ana y Alberto, las relaciones amorosas o no de sus compañeros de trabajo, la identidad de la madre del director de las galerías y su pugna por el control de las mismas con el nuevo dueño. Nada más. 1

Insisto: pedí que se fuera nada más llegar porque me pareció muy pobre, e insistí en que no merecía una segunda temporada por la misma razón. Además de por ser muy aburrida, claro. Y lo reitero: la oferta de series actual es exagerada, y se pueden ver muchas más y mejores que ésta. Que tampoco te hagan pensar, que solo sirvan para pasar un rato agradable. Y que cuentan con lo necesario: generan interés. Un hilo argumental con el que te atrapan y enganchan. O que simplemente consiguen que te rías en poco tiempo con un humor más o menos inteligente.

3Velvet es mala y aburrida. No sé que han hecho Paula “no me aprendo los guiones” Echevarría y Miguel Ángel Silvestre en su vida para ser protagonistas de una serie de éxito. Sus limitaciones me resultan ofensivas dada la situación límite que viven la mayoría de los actores en la actualidad. Son muy guapos, vale, ¿y? ¿Eso justifica que sean tan malos? Ojo, que el resto tampoco se salva, con la excepción de Manuela Vellés, Pepe Sacristán y Aitana Sánchez Gijón. Pero al final los que ponen la cara por la serie son Echevarría y Silvestre. A la primera solo la he visto hacer bien anuncios y al segundo modular la voz. Aunque con esos físicos, ¿quién necesita hacer un papel creíble? Ah, telita también con Manuela Velasco. No me la creo ni borracho. Veremos a ver si mejora algo Amaia Salamanca. Aunque lo dudo.4

Que en nuestro país guste el sopor no significa que tengamos que aguantarlo (como nos ocurre con la política). Y más si el argumento, las interpretaciones y la banda sonora, por mencionar los aspectos más graves, provocan más desencantado que interés. Tampoco lo justifica el “no hay otra cosa esta noche”. Solemos encender la tele por costumbre. Por ésto nos perdemos otros productos a los que podemos acceder desde Internet u otros canales menos mediáticos, y que sin duda nos aportarían mucho más.

El fracaso de Hermanos: el escarmiento a una serie choni

Ha ocurrido algo excepcional. Un hecho que no solemos ver. Que evidencia el desgaste que empiezan a tener ciertos productos habituales en las cadenas españolas. Por lo que nos deberíamos alegrar mucho: una serie española protagonizada por “actores” que están buenos se la ha pegado de manera considerable en términos de audiencia. Se trata de Hermanos, la miniserie de seis episodios que acabó este martes en Telecinco con un 9,1% de share. Y todo apunta a que el público la ha castigado con la indiferencia porque se ha dado cuenta de su mediocridad general. Además de por ser muy choni en lo técnico.1

¿Por qué Hermanos ha sufrido este escarmiento? ¿Qué le ha faltado para reventar los audímetros? Diría que todo. La historia es repetitiva, y por tanto nada atractiva: dos hermanos, uno triunfador y otro macarra, a los que les gusta la misma chica. Esa mujer a la que desean es su vecina de toda la vida, que ha demostrado el mismo afecto por ambos y tampoco tiene claro con cuál quedarse. Todo esto en un ambiente de dramas y conflictos continuos, donde nada les sale bien y tienen que tomar atajos para salir adelante. Vamos, un argumento digno de la peor época de la cadena The CW. Aunque esta comparación sea injusta para el canal norteamericano.

4Y es que en Estados Unidos al menos todos los actores son creíbles ante la cámara. De esta serie me he creído a Antonio Velázquez (y solo a ratos), a Carlos Hipólito y a Elvira Mínguez. El resto ni han estado a la altura ni se les esperaba. El caso más grave es el de María Valverde, que cuyo primer y último papel decente fue el de La flaqueza del bolchevique. De Álvaro Cervantes habla su interpretación por sí sola. La risa que me entró cuando leí a alguien decir que era “el mejor actor de su generación” se escuchó en todo mi bloque.3

Más allá de las pobres interpretaciones, los aspectos técnicos son los que más dejan en mal lugar a Hermanos. Un montaje atropellado, donde el paso de una escena a otra a veces no tiene ningún sentido, provoca que te pierdas y no sepas de dónde ha salido una escena. Buscar la agilidad provoca a veces unos disparates que percibe hasta el espectador menos ducho. La iluminación, de discoteca de los 60, y recursos como el bullet time de Matrix provocan que podamos referirnos a la serie como “la ficción choni”. Porque no se puede ser más cani técnicamente.

2El acierto ha estado en el formato: una miniserie de seis episodios con un final tan definitivo que no se puede reconducir. El otro fallo ha sido la duración. Y es que Hermanos es tan mala que le sobraban 30 minutos a cada uno de sus episodios. Quizá la podrían haber estirado un par de capítulos más a cambio de recortarle metraje. O no, porque la habrían cancelado por el batacazo en share.

Como decía al principio, este baño de realidad para Telecinco sugiere varias reflexiones. Por ejemplo, ¿se ha dado cuenta la gente de que no bastan caras guapas para hacer una serie? ¿O de que la historia era manida y con una carga dramática absurda, de las que provocan la risa? ¿De que NADA resultaba plausible? A lo mejor algo está cambiando. Quizá su fracaso sea el principio de una mejor etapa para la ficción de este país.

Lo mejor (y lo que hay que mejorar) del Festival de Series

El sexto Festival de Series de Canal + celebrado este fin de semana en Madrid ha sido un éxito. El público ha respondido llenando las salas dispuestas para el evento en Cinesa Proyecciones, todo gracias a unos talleres llamativos y que en su mayoría luego resultaron ser interesantes. El perfil de los asistentes ha sido muy variado, aunque como es obvio el público joven que ve series en internet fue el mayoritario. Los niños también tuvieron su espacio personalizado el domingo por la mañana, y me consta que se lo pasaron en grande por la gente que acudió con sus hijos. Pero, ¿ya es maduro el Festival de Series? ¿Se puede decir que ha tocado techo?5

Como siempre, y tras reposar las distintas impresiones que se te vienen a la cabeza, toca hacer balance. Son varios los aspectos a destacar, y solo dos categorías posibles para encuadrarlos: lo mejor del festival y lo que se puede mejorar del mismo. Y no, no falta una “lo peor” o “lo malo”, ya que no encuentro pegas que ponerle en esta edición. Aún quedan cosas que pulir, y espero que lo siguiente sirva para continuar construyendo algo que está cerca de ser casi perfecto.

Lo mejor

4Los talleres. Pude ir a cuatro, y todos ellos me aportaron algo de cara a mi experiencia profesional con las series. A los demás fue gente que conozco y todos salieron encantados. Destacaré uno al que fui y otro al que no pude ir. El primero es el de novelización de series, donde todas las intervenciones sirvieron para aprender algo (más si tienes entre tus planes escribir libros o ficciones de televisión). El otro es el de guionistas, del que me harté de leer y escuchar comentarios elogiosos.

La organización. La gente de Canal + ha demostrado que sabe cómo montar un gran evento. Todo les ha salido bien: la gente que han traído, los talleres que han dispuesto, los visionados que han ofrecido, el equipo que con el que han contado, y hasta los juegos y photocalls para desparramar un poco por el edificio. También hay que destacar que se vaya a celebrar en Barcelona y Málaga.

La ‘venta’ del festival. El canal de pago ha sabido aliarse con muchos bloggers de series para que lo que iba a ocurrir este fin de semana llegase a más público del esperado. Aunque saben que mucha gente va a ir de por sí porque estaba al tanto de cuándo iba a celebrarse y qué iba a ofrecer, al final otros muchos se acercaron por curiosidad reventando el aforo de las salas. A falta de datos, solo con haber visto las colas se puede decir que el de este año ha superado en asistencia al anterior. Un buen presagio de lo que está por venir si esto sigue así.3

El #birraseriesNunca había estado en ninguno. Soy consciente de que el formato habitual suele ser distinto, ya que se invita a alguien del mundo de la ficción a que charle con algunos bloggers mientras el público espera para hacer sus preguntas. Lo de este domingo no se pareció en nada a eso, ya que fue el público, el presencial y el que estaba desde casa tuiteando, el que se encargó de elegir “la mejor serie”. La sala se convirtió en una locura maravillosa, con la gente gritando y dando saltos para defender a sus preferidas. Desde el escenario, tanto la presentadora como los colaboradores encargados de poner la nota tranquila también contribuyeron a que la hora y media que duró se nos hiciese corta. Que les haya salido tan bien implica que a lo mejor tengan que darle una vuelta a lo que venían haciendo hasta ahora. Veremos. Ah, ganó Arrow. Viva Oliver Queen.

Isabel VázquezQue la pongan a presentar TODO lo que haya en el próximo festival. Y punto.

Lo que hay que mejorar

1La sede. Ha quedado demostrado que Cinesa Proyecciones se ha quedado pequeño. El lío que se forma para montar colas y que mucha gente se haya quedado fuera de las proyecciones y talleres más exitosos evidencia el gran éxito. Pero a la vez atestigua el pequeño fracaso de que haya gente que se las pierda. Soy consciente de que la organización no puede adivinar lo que le va a llegar de público, pero a lo mejor deberían plantearse trasladar el festival a otro emplazamiento. Salir del centro de Madrid puede ser un mal menor.

Visionados. Creo que es lo que más cojea en este festival. No se han emitido estrenos en primicia, lo que provocaba que muchos ni contásemos con lo que se ha emitido por haberlo visto semanas o días antes. Desconozco si es difícil que las cadenas americanas cedan sus capítulos para emitirlos en un evento de estas características, y no dudo de que se haya intentado. Pero igual merece la pena hacer un esfuerzo más. El problema también es de fechas. La mayoría de series se estrenan en el mes de septiembre, y el festival suele ser entre octubre y noviembre. Quizá adelantándolo un mes se consigue mayor atención e interés.

Invitados. El poder del festival es suficiente para traer a gente importante del sector a nivel nacional. Pero faltan los invitados internacionales. Desde luego que no es fácil, pero con un showrunner conocido o actores de series punteras viniendo cada año, el éxito puede ser incalculable. Hay que recordar que en la primera dición vino Annabelle Wallis cuando era una desconocida, y aún así hubo gente que se pasó para verla.

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Acreditaciones. Los periodistas que escriben sobre series y cultura tienen siempre su acreditación asegurada para todo el festival. Lo mismo ocurre, y debería seguir así, con todo el que se curre un blog de series. Pero que se acredite a gente que no ha escrito sobre esto en su vida no me parece tan bien. Hay que premiar al que se esfuerza. Y aquí, como ocurre en todas partes, hay gente que se acredita para pasar a todo antes que nadie y que no ha dedicado un minuto a trabajar sobre este tema. La criba debería ser mucho mayor. También estaría bien que los pases fuesen personalizados, para así poner cara a esos nombres que te suenan tanto.

Merchandising. He echado de menos que hubiese más regalos para los que han acudido a Cinesa. Aunque fuesen mochilas pequeñas, como el año pasado. Que haya gintonics gratis está muy bien, pero vamos, prefiero otras cosas. A lo mejor hay quien prefiere beber, no lo dudo.

Todas las fotos son de la web del Festival de Series