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Cómo hackear una academia de ciencias

21 mayo 2012

 

 

“Podríamos decir que hoy todos somos investigadores: todos producimos datos, analizamos esos datos, y ensayamos teorías sobre sus alcances, efectos y repercusiones. Todos producimos evidencias. El futuro de la academia no puede pasar por el esnobismo y la pedantería de presumir hacerlo mejor de lo que lo hacen otros“. Este párrafo no parten de un grupo de hackers o de un movimiento activista. Tampoco de un club revolucionario que pretende cuestionar una academia de ciencias. Estas líneas provienen del Centro de Ciencias Humanas y Sociales de la Agencia Estatal Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), máximo organismo de investigación de España. E intentan explicar uno de los seminarios más prometedores de la nueva era: el Hacking Academy Studio. 

El seminario, que tiene lugar todos los lunes en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales de Madrid,”se monta y desmonta en las relaciones de los investigadores Alberto Corsin (@acorsin),  Adolfo Estalella (@adolfoestalella) y Antonio Lafuente (@alafuente). ¿Y en qué consiste exactamente el seminario Hacking.Academy.Studio? Hackear la academia, dicen los investigadores, es “desestabilizar la investigación desde sus controversias y continuas redistribuciones”. Para ello, están invitando a “arquitectos, comisarios e investigadores en gestión cultural, periodistas y hackers educativos, que están transformando los lugares, métodos, formas de comunicación y estilos narrativos y expositivos de la práctica de la investigación social”.

Las sesiones se retransmiten en streaming en Internet. Y las ideas circulan intensamente en las redes sociales. El conocimiento pasa a ser algo compartido. La innovación no se queda entre cuatro paredes y se convierte en algo abierto. ¿Tiene sentido en la era digital que la mayoría de los investigadores no utilicen Internet para divulgar sus conocimientos? ¿Que casi ninguno tenga cuenta en Twitter? ¿Que no se investigue en red aprovechando la inteligencia colectiva y el crowd sourcing ? ¿Que las diferentes disciplinas no se mezclen? ¿Que la ciencia se encierre en edificios inertes? ¿Que los trabajos de investigación no sean leídos por la población y que no circulen en Internet?

Por el Hacking.Adademy.Studio han pasado personas como Jara Rocha, Rocío Lara y María Botella (¿Cómo hackear el currículo académico? MásterDIWO Do-it-with-others); Elisabet Lorenzi, Miguel Martínez, Alan Moore y Thomas Aguilera (Squatting in Europe); Doménico di Siena o el colectivo Zuloark.

En la sesión de hoy (16.30, hora Madrid) Hacking.Academy.Studio recibe al proyecto transmedia 15M.cc. Cualquier persona puede participar. Cualquiera puede asistir a la sesión por Internet. Cualquier puede cuestionar / mejorar en redes el contenido del seminario.

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#24H, mi nuevo libro remix

10 mayo 2012


#24H, mi última creación, ya está para todos aquellos que quieran usar el  sistema Pay with a tweet. Basta tuitear desde este link para conseguir la primera parte de #24H en formato PDF interactivo. Mañana, pondremos todo el libro entero a golpe de tweet.  Paulatinamente iremos ocupando formatos, plataformas digitales, papel. Hemos llamado a la estrategia ‘occupy plataformas’.

Presento #24H el día 16 de mayo en Madrid (Matadero,Paseo de la Chopera, 14, en la Offficina, 19.30 horas) con una conversación entre Virginia Pérez Alonso (directora de 20 Minutos.es), Pepe Cervera (periodista), Stéphane Grueso (cineasta, activista), el colectivo Zuloark y yo. En Barcelona, lo presento el día 23 de mayo (ZZZINC, Sant Vicenç 33, 19.00 horas) en una conversación entre José Luis de Vicente (investigador cultural, net-thinker) y yo. A todo esto, creo que #24H no es un libro. Como no sé exactamente lo que es, insinúo algunas posibilidades (así es la nota de prensa que he enviado a los medios).

#24H es un blog off line. El (casi) autor comenzó a garabatear lo que hoy llamamos #24H en el año 2007 en un documento de texto.  El formato emulaba un blog: una entrada, comentarios ordenados linealmente. El (casi) autor, entonces, estaba interesado en la realidad virtual, en Second Life, en las narraciones distribuidas de la red, en la ciberpolítica. Durante la Primavera Árabe retomó la escritura frenéticamente. Algunos de los garabatos de 2007 estaban sucediendo. Tras la explosión del 15M español, el (casi) autor continuó escribiendo el blog off line hasta completar 24 horas de linealidad. El blog-libro-relato recrea 24 horas, entre el 16 y 17 de mayo de 2011, en un planeta llamado Internet, justo antes de que la Puerta del Sol de Madrid se llenase de “Indignados”.

#24H es una trampa. Recrear linealmente un día en el siglo XXI es una osadía (una trampa). El tiempo es una sustancia fragmentada, deterrioralizada, cóncava, convexa. Un día en You tube tiene 50.400 horas de vídeo. 2.100 días caben en un día. 70 meses, en 24 horas. #24H tiene links, ecos del pasado, tweets que circulan, salidas, túneles, lectores que se refugian en chats paralelos. El flujo del blog es una trampa.

#24H es un edificio deconstruible. Cualquier lector puede deconstruir #24H. Puede leerlo de principio a fin. Pero también de forma oblicua. Puede eliminar una parte. Puede imprimir partes del libro gracias a un sistema de etiquetas. Existen tantos libros como lectores.

#24H es un relato coral. Las musas no han escrito #24H. La inspiración no es exclusivamente el alimento creativo de su (tal vez) autor. La escritura se basa en otros relatos, en otras inspiraciones. #24H forma parte del torrente de la historia.  Aunque buena parte es un libro de ficción, en sus líneas hay referencias, citas, realidades, tweets reales, pedazos de blogs. #24H es más un collage que un cuadro. Además, el autor colgó pedazos de #24H en su blog Alfacentauro.info e incorporó comentarios de sus usuarios en el río / relato.

#24H es un palco. Cualquier puede subirse a #24H, gritar, llorar o reir. También, cualquiera puede subir y limitarse a escuchar al público sin pronunciar una palabra.

#24H es remezclable. Cualquier lector puede descuartizar #24H, podarlo, rescribirlo. La licencia Creative Commons lo permite. El autor y la editorial creen en la creación colectiva. El remix es deseable. #24H es un código fuente. Cualquier puede mejorarlo igual que hacen los programadores de software libre o los Djs. Por eso existirá (en breve) una sala de remezclas para los DJ de palabras.

#24H es una caja de herramientas. Cada palabra puede ser un tornillo o una tuerca que encaje en otros lugares. Cada párrafo puede ser un alicate que transforme otra pieza en algo diferente. Cada página  puede ser un clavo que sostenga una estructura mayor.

#24H es un laboratorio de mercado. #24H es una cobaya voluntaria del mundo editorial. Pretende iluminar un camino. Vendiendo #24H a 1,99 euros en formato digital, el autor y editorial desean probar que hay otras fórmulas editoriales al margen de las fábricas de best seller. También quieren probar que liberar la copia sin fines lucrativos incide positivamente en el autor, editorial y obra.  Y que Internet es el mejor aliado (no enemigo) de la cultura.

#24H es un cajón de sastre. Los lectores de #24H (el blog) meditan sobre la crisis, las hipotecas, el capitalismo que “proyecta logos sobre la luna”, las ciudades patrocinadas, la corrupción, Internet y una clase política desprestigiada. En #24H conviven el movimiento hacktivista Anonymous con el subcomandante Marcos; Italo Calvino con la Bruja Avería; pensadores como Félix Guattari, Manuel Castells o Hakim Bey con Mortadelo y Filemón; Democracia Real Ya con Pancho Villa; Naomi Klein con Leo Bassi; el Manifiesto Cyborg de Donna Haraway con Karl Marx; Einstein y los sonidos bastardos de las favelas de Río de Janeiro. Desamor, frustración, copyleft, utopías, cibermovimientos, contrapublicidad, Djs mash up, sueños, especulación, cartografías subjetivas, Twitter, neo-realismo mágico, wikiplazas, ciberpunk, volcanes en erupción. Y una Europa que se desmorona.

#24H es el inicio de una era. Más que un día en la tierra, con Madrid y la incipiente Spanishrevolution al otro lado de la ventana/frame, #24H es un espejo tuerto, empañado y crítico en el que se refleja el mundo, toda una época. #24H es apenas la primera línea de una nueva era que se precipita hacia un futuro misterioso, vibrante e imprevisible.

 

15M: Hacia una democracia en tiempo real

07 mayo 2012

Imagen captada del mapa de la #Spanish Revolution en Twitter de @Manuelalucas_

*Una versión reducida de este texto se ha publicado hoy en inglés en Open Democracy.

Durante la explosión del movimiento 15M, en mayo de 2011, cuando las plazas de España se llenaron de ‘indignados’ se produjo una innovación tecnológica que pasó casi desapercibida: el Tweetómetro Yes We Camp. El colectivo Platoniq, especialista en tecnologías del procomún, ideó esta herramienta que fusionaba la participación de las plazas e Internet. Cualquier internauta podía votar vía Twitter las propuestas políticas discutidas en las asambleas ciudadanas de las plazas. Bastasta tuitear (Sí) o (No) junto a un hashtag de Twitter para participar en la votación. El Tweetómetro escondía dos intuiciones poderosas sobre el futuro de la democracia:

1)   La participacion política puede regirse también por el real time que gobierna las redes sociales.

2)   El espacio público puede ser una versión revisitada, más participativa y abierta, de las polis griegas. Las redes de ciudadanos pueden coordinar parcelas de poder cedidas por las instituciones en estas nuevas P2Polis.

Un año después de la Spanish Revolution, la lectura macro política de España es engañosa. El ultra conservador Partido Popular (PP) arrasó en las elecciones municipales del 22 de mayo de 2011. Lo mismo sucedió en las elecciones generales del pasado 20 de noviembre. El PP consiguió el mejor resultado de su historia. Sin embargo, apenas 1 de cada 3 españoles votó a dicho partido. La vetusta ley electoral quedó al desnudo. Y la escasa motivación de los jóvenes por los partidos (elevadísima abstención) chocaba con la intensa participación política de los mismos en las plazas. ¿Qué reveló la explosión colectiva y participativa del movimiento 15M?

Primero, que la topología de red distribuida de Paul Barán es un poderoso cóctel político. El 15M se convirtió en un temido lobby ciudadano que está en todas y en ninguna parte al mismo tiempo.  No sólo está consiguiendo marcar la agenda mediática – consigue Trending Topic en Twitter habitualmente –  sino que ha forzado al poco dialogante PP a presentar una Ley de Transparencia. Más interesante todavía es que el 15M, reconstruyendo vínculos ciudadanos, ha convertido a España en uno de los países más próximos a la sociedad P2P que preconiza Jochai Benkler en The Wealth of Networks. Mientras el desempleo sigue creciendo  (24,1%), a la luz del 15M está surgiendo iniciativas como Goteo (crowdfunding para el procomún), Nockin (búsqueda de servicios  P2P), Kune (una plataforma colaborativa), No-Ma-des (una red de empleo paralela al sistema del gobierno) o Nolotiro (red de reciclaje de objetos).

Aunque quizá lo más interesante sea la descentralización de las acampadas. Toma los barrios ha creado una red de asambleas locales vinculadas a asambleas temáticas. Estas asambleas populares – redes políticas en el espacio público – tienen un fuerte poder de convocatoria. Y crean opinión. Además, el 15M está transformando la inteligencia colectiva  de Pierre Levy en una acción colectiva en tiempo real. Los proyectos StopDeshaucios (que frenan los desalojos de familias que no pueden pagar al banco con presión popular) o las Brigadas Ciudadanas (vecinos protegiendo a inmigrantes ante el acoso policial) muestran que un hashtag de Twitter puede ser una nueva ágora griega. Que la sociedad puede ser un Big Brother ético y ciudadano de políticos bajo vigilancia.

El espacio Campo de la Cebada – un mercado de Madrid cuyas obras fueron paradas por la crisis – es uno de los grandes prototipos político del 15M. Los ciudadanos conviven en el espacio, buscan soluciones a problemas, crean proyectos. El Campo de la Cebada, apenos uno de los muchos espacios urbanos gestionados por redes ciudadanas,muestra un nuevo camino: la democracia en red. Una democracia distribuida, híbrida (territorio+Internet), en tiempo real. Una nueva democracia donde el Estado – como sostiene Michel Bauwens de la P2P Foundation  – apenas es un marco que garantiza el intercambio libre entre los ciudadanos.

Este texto forma parte del proyecto #GuerraNarrativa

Mi web: bernardogutierrez.es Dirijo la consultora futuramedia.net En Twitter soy @bernardosampa

Un manifiesto posperiodístico

27 abril 2012

Para algunos, los periódicos de papel están marcados para morir. El estudio elaborado por Ross Dawson creó una línea del tiempo con la fecha exacta de fallecimiento de los diarios en cada país. En 2017 se extinguirá el último periódico en Estados Unidos. En 2031 no habrá diarios en Japón. En torno a 2040 no quedarán periódicos impresos en África. Para muchos, la comparación es inevitable: si desaparecen los periódicos muere el periodismo. Los agoreros aprovechan cada dato o informe para confirmar la crónica de una muerte anunciada. La prensa escrita es la industria que más decrece en Estados Unidos. Los medios se hunden en España: baja un 20% la facturación por publicidad. Sin papel no hay periodismo, piensan los que fabrican noticias como siempre lo hicieron.

Los augurios mortales contra los medios – o contra el periodismo-  vienen de lejos. El prestigioso pensador Jean Baudrillard, en su clásico Réquiem for the media, de 1972,  arremetía con el sistema de mass media unilateral y vertical. “Debemos entender la comunicación – escribía Baudrillard – como algo más que una simple transmisión-recepción del mensaje”. Informar no es comunicar. Pero la mayoría de los medios de comunicación continuaron en la senda de la transmisión-recepción del mensaje en la era de Internet. El medio es el mensaje, como diría Marshall McLuhan. El papel / pantalla es todo. Substituye al mensaje.

En 2005, Bruce Sterling, uno de los escritor más influyentes del cyberpunk, observando la inercia del viejo régimen informativo escribió el Dead Media Manifiesto (manifiesto de los medios muertos), “una guía para los paleontólogos de los medios”. Bruce (@bruces en Twitter) vislumbró entonces el suicidio de los medios: “Necesitamos un libro sobre los fallos de los medios, el colapso de los medios, un libro que detalle los horribles errores que debemos conocer para no repetirlos”. Su manifiesto, en esencia, no era tan diferente al réquiem mediático de Baudrillard: “El verdadero medio es una transmisión inmediata, dada y recibida, hablada y respondida, móvil en el mismo espacio y tiempo, recíproca y antagonista”.

Confieso que este post no existiría sin el texto Por un manifiesto posfotográfico de Joan Fontcuberta, en el que el artista catalán desguaza los cimientos de la vieja fotografía con fascinante naturalidad. Fontcuberta imagina cómo opera la “radical creación posfotográfica” en un mundo en el que “el artista se confunde con el curador, con el coleccionista, el docente, el historiador del arte, el teórico”. Ya no se trata de producir obras, afirma, “sino de prescribir sentidos”. Prevalece la circulación y gestión de la imagen, apunta, “sobre el contenido de la imagen”. Tras varias relecturas del texto de Fontcuberta, tras más de quince años de profesión, cambié la palabra “periodista” en mi perfil en Twitter por “posperiodista”. Y eso que tengo muy claro que el periodismo no va a morir. Nos encontramos ante una mutación semántica. La definición clásica de periodismo ya no sirve. Tal vez sobreviva, enriquecida, en una nueva definición de “posperiodismo”. Un redefinición que describe otra realidad, otra práctica, otros hábitos. ¿Y cómo opera la radical creación del posperiodismo? Intentaré imaginar una especie de hardware posperiodístico en un decálogo abierto, remezclable y claramente mejorable colectivamente. Los siguientes puntos ya están colgados en un wikidocumento en PiratePad. Cualquiera puede rescribir este manifiesto posperiodístico.

1) La información pasa a ser un proceso compartido. Los productores de información incluyen a los lectores en la elaboración del contenido. Compartir en blogs, plataformas de vídeo o sites los detalles de cómo se ha elaborado un trabajo informativo es tan importante como el resultado final. El contenido llegará a ser un making of en tiempo real.

2) La definición de contenido evoluciona, crece, se amplia.Comentar una noticia, difundirla con un valor añadido (más contenido), remezclarla, es crear contenido. La adhesión (clickar en “Me gusta” en una red social) es otra nueva mutación del contenido. La edición pasa a considerarse una forma de autoría.

3) El posperiodista se confunde con el curator (comisario). Seleccionar el contenido relevante en la infoesfera de la sobreabundancia será una de sus principales tareas. Filtrar contenido será una de las labores del posperiodista.

4) Sobre el marco: tenemos que entender el posperiodismo como una estructura de código abierto en constante desarrollo. Nadie posee el periodismo. Cualquiera puede usarlo. Cualquiera puede mejorarlo. Cualquiera puede hackearlo.

5) La noticia – que no desaparecerá - deja de ser la unidad básica del posperiodismo. El flujo, un constante fluir de hechos, datos y declaraciones, pasa a ser la columna vertebral del posperiodismo. El fragmento pasa a ser la unidad mínima informativa. La información se convierte en un río compartido que incorpora fragmentos distribuidos elaborados por periodistas y lectores. El río convivirá con una estructura informativa descentralizada (archivo en beta) inspirada en la Wikipedia.  Algunos, camino insinuado por la P2P Foundation, preferirán añadir información al wikicuerpo de su marca que al río de flujos.

6) La información deja de ser un producto para ser una comunidad. En ocasiones, las comunidades girarán en torno al contenido generado por los posperiodistas. En otras, ellas mismas elaborarán su propio contenido. Los medios – con contenido propio o ajeno- pasan a ser una valiosa plataforma de interacciones.

7) La inmediatez pasa a ser considerada como un mero plug in o aplicación de algo mayor. Sin un sistema operativo, sin un gestor de contenidos, el plug in o aplicación informática es inservible. La inmediatez no es el epicentro del posperiodismo. La inteligencia colectiva de una ciudadanía armada de smart phones será el mejor aliado (y no enemigo) del posperiodismo para entender la inmediatez. Buena parte de las fuentes clásicas serán devoradas por esa inteligencia colectiva en tiempo real.

8) El posperiodismo prescribe sentidos a hechos ya conocidos. El lector descubrirá cada día menos noticias en las marcas informativas. Entenderá gracias a las marcas informativas, eso sí, los fragmentos ya conocidos. Por eso no basta con informar. No basta con comunicarse con los lectores. Explicar, analizar y contextualizar son características que se diluirán en todos los géneros narrativos.

9) Sobre la definición de relato: las historias se construyen con piezas de naturaleza diferente, con piezas superpuestas, con piezas moldeables. El relato adoptará nuevos e impredecibles formatos híbridos construidos con pedazos aparentemente inmezclables.

10) Sobre el eco del mensaje: prevalece la importancia de la circulación y de lo compartido. El mensaje será algo coral, distribuido, modificable, enriquecido y retroalimentado durante todo el ciclo de la comunicación. El eco – una nueva narración colectiva – se confundirá con el mensaje.

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MeetCommons: un festival sin jerarquías ni programa

19 abril 2012

Imagínate un festival sin público ni ponentes. Un encuentro donde todo el mundo es organizador y participante al mismo tiempo. No hay charlas ni expertos ni mentores. Todos los participantes tienen algo que contar y algo que aprender de los demás. Y el programa es abierto y se va conformando según va avanzando el evento. Este es el espíritu del festival Meet Commons que mañana arranca en #lanave, en el barrio de La Elipa de Madrid.

Bajo la premisa El futuro ya no es lo que era, así que hay que hacer atractivo el presente el urbanista y netthinker Doménico di Siena, ha lanzado este “encuentro auto gestionado al que asistirán participantes de toda España para compartir sus ideas, establecer lazos y encontrar nuevos modelos desde los que desarrollar su profesión de forma colaborativa y responsable”. Meetcommons será un encuentro transversal donde se abordarán la cultura libre, el urbanismo de código abierto, las redes, el P2P (Peer 2 Peer) en ámbitos urbanos, la innovación abierta, la participación ciudadana, la gestión de datos, las visualizaciones de información, el software libre, la educación en red y el reciclaje, entre otros asuntos. El domingo, los participantes recorrerán algunos lugares de Madrid, como el Campo de Cebada, transformados gracias a la horizontalidad, la participación y las redes.

MeetCommons, que tendrá zona de acampada, surgió de forma espontánea de  la comunidad online que nació alrededor de las sesiones en streaming del proyecto Think Commons, que tienen lugar todos los miércoles a las 19h30 (hora de Madrid) en las que, por cierto, yo participo con frecuencia. Por ello, la mayoría de asiduos de Thinkcommons va a participár en el evento. Entre ellos estarán el colectivo Paisaje Transversal (@paistransversal), Basurama (@basurama), el antropólogo Alberto Corsin (@acorsin), Fran Castillo (responsable del proyecto Open Energy) o el sociólogo Andrés Walliser (@andreswallise), entre un largo etcétera. La lista completa se puede consultar en un documento escrito colectivamente en PiratePad. La prensa está invitada. Y cualquier ciudadano puede acercarse, participar y enriquecer el programa.

Frente a los eventos espectáculo de conferenciantes, patrocinadores y público pasivo, MeetCommons abre un camino transversal en la nueva e interactiva era P2P.

 

Soñé que era un Dj de calles (ciudades copyleft)

14 abril 2012

*Este texto fue publicado originalmente en Paisaje Transversal. Las imágenes, con licencia Creative Commons, provienen de las galerías de Flickr de Immaginoteca y Rafeejewel

Hace unos días soñé que era un Dj de calles. La ciudad yacía sobre una mesa de mezclas. Cogía pedazos de plazas, fragmentos de calles, y los mezclaba con desparpajo. Nada como agarrar la piel verde de un parque y colocarla sobre un surco del vinilo (sobre una avenida). La ciudad, vuelta tras vuelta, nunca era la misma. A veces, bastaba con volver atrás (scrath)  para mejorar la remezcla. Otras, mejor avanzar. Buscar una variante diferente.

Confieso que antes del sueño devoré un cóctel explosivo durante varios días: releí El derecho a la ciudad (un ensayo urbanístico Henri Lefebvre  y Software libre para una sociedad libre (un conjunto de escritos y conferencias de Richard Stallman). Lefebvre afirmaba que lo “urbano es obra de ciudadanos” y no “una imposición del sistema”. La ciudad,  decía,  no es “un libro ya terminado”, sino “el lenguaje de los individuos”. Y no es sólo un lenguaje “sino una práctica”.

Richard Stallman, fundador del movimiento del software libre , afirma que “la libertad y no solo la tecnología es importante”. Por eso golpeó a la licencia copyright con sus propias armas. Creó la licencia copyleft que libera la copia y la remezcla de un programa informático exigiendo que quien lo use tenga que utilizar la misma licencia abierta. Stallman abrió una puerta: la de la cooperación entre individuos. Los programadores con software no propietario trabajaban juntos en red, mejorando algo por el bien común. Como los ciudadanos haciendo urbe en la práctica. Como los artistas liberando sus obras. “La visión de un regimiento de hackers manos a la obra – escribía Stallman – constituye una fuente de alivio y alegría y pienso que la ciudad sobrevivirá por el momento”.

Relacionar a Lefebvre y a Stallman no es un capricho. Es una intuición infalible. Algo totalmente lógico. Stallman tiene claro que el software libre no es un producto: es un movimiento social. Lefrebvre sufría viendo la ciudad “convertida en objeto de consumo”. Stallman afirma que “un buen ciudadano es aquel que colabora, no aquel que logra éxito cuando roba a los demás” (mercado propietario). Lefrebvre exalta el “valor de uso” (el goce, la belleza) frente valor de cambio (los mercados y sus exigencias). Y lo más revelador, ambos vislumbraron un mundo gobernado por corporaciones oscuras y objetos privatizados. “Lo más importante es resistir a la tendencia a dar poder a las compañías en detrimento del público”, decía Stallman. “La ciudad es la proyección de la sociedad global sobre el terreno”, aseguraba Lefebvre. Software libre para una sociedad libre. Software libre para una ciudad libre.


Sigamos jugando. Imaginemos a Lefebvre programando. O a Stallman pensando la ciudad. Apliquemos la definición de software libre a una urbe. Con un matiz: sustituyamos la palabra “programa” por “ciudad”. Juguemos:

Libertad 0. Libertad para ejecutar la ciudad sea cual sea nuestros propósito

Libertad 1. Libertad para estudiar el funcionamiento de la ciudad y adaptarlo a tus necesidades – el acceso al código fuente es condición indispensable para eso.

Libertad 2. La libertad para redistribuir copias y ayudar así a tu vecino.

Libertad 3. La libertad para mejorar la ciudad y luego publicarlo para el bien de toda la comunidad.

Podríamos cambiar “programa” por “calle” o “plaza”. “Libertad para ejecutar la plaza sea cual sea nuestro propósito…”. El copyleft sería la licencia legal que garantizaría este “valor de uso” lefebvriano de la ciudad. El copyleft garantizaría una ciudad / software libre. Permitiría “la libre distribución de copias y versiones modificadas de una ciudad, exigiendo que los mismos derechos sean preservados en las versiones modificadas”. El código fuente – la esencia de la urbe, su entramado, su funcionamiento – estaría a la vista. Sería modificable. Mejorable colectivamente. El intercambio entre usuarios P2P (peer-to-peer) se convertiría en un Plaza2Plaza, en un Parque2Parque.

Esta hipótesis retro-futurista no es ciencia ficción. Inspirados en el software libre, Rahul Srivastava y Matías Echenove, del brillante e inclasificable estudio Airoots, escribieron en 2008 sus 12 principios para una arquitectura de la participación. Y  existe incluso una licencia abierta específica para ciudades. El escritor Matthew Fuller y el urbanista / diseñador Usman Haque (creador de Pachube)  se han atrevido a proponer una licencia para la construcción y diseño de ciudades de código abierto: el Urban Versioning System 1.0.1 (UVS). En el escrito los autores despedazan los paradigmas de la arquitectura espectáculo y el urbanismo que trabaja con objetos de fórmula cerrada: “UVS reconoce que el mundo está construido por sus habitantes en cada momento”, “La gente llevará  el diseño, de una forma colaborativa, en direcciones nunca imaginadas”, “Sólo un modelo de construcción que es capaz de perder su trama es adecuado”.

Esta soñada ciudad copyleft acabaría con aquellos “consumidores de productos y espacios” de Lefebvre. La adhocracia multidisciplinar de “amateurs” acabaría con la burocracia urbanística. La ciudad post it liquidaría la ciudad definitiva convertida en objeto de consumo. La urbe dejaría de ser un producto de fórmula cerrada para ser una Zona Autónoma Temporal con una trama colectiva en construcción. Y nada mejor para aterrizar el concepto de ciudad copyleft que repasar prácticas ya existentes, líneas de código que ya están siendo escritas.

Una ciudad copyleft es una plaza abierta, participativa, cuyo código fuente está escrito colectivamente (proyecto Wikiplaza). La ciudad copyleft es un espacio urbano gestionado  y mejorado en red (proyecto Esto es una plaza). La ciudad copyleft es un conjunto compartido de datos abiertos sobre los presupuestos de cada barrio (proyecto Mon Quartier). O una visualización de qué camino realiza la basura desde que sale de casa (proyecto Trash Track).

La ciudad copyleft será – ya está comenzando a serlo – una co-creación colectiva en eterno estado beta (en fase de desarrollo). Una imprevisible sesión de un Dj mash up que une pedazos de melodías y ritmos ya existentes con total libertad creadora.

*Este artículo pertenece al proyecto #guerranarrativa que pretende crear imaginarios, teoría y nuevos imaginarios contra las metanarrativas del sistema. Todos los textos se distribuirán con la etiqueta de Twitter #Guerranarrativa. Cualquier persona puede participar.   

¿Una wikiregión o el capitalismo de casino de Eurovegas?

11 abril 2012

 

Algunas ciudades, para reforzar su marca y atraer turistas, se lanzan a una competitiva carrera olímpica. Invierten millones de euros. Pierden. Siguen compitiendo y gastando recursos públicos. Apuestan, incluso, por proyectos faraónicos de dudosa ética como Eurovegas. Otras regiones prefieren una wikiestrategia colectiva y sostenible basada en el intercambio y la colaboración. Ese es el caso de la región de Brest, en la Bretaña francesa.

El proyecto Wiki-Brest dinamita ese pasado en el que las instituciones contrataban a agencias de marketing y consultoras costosísimas para proyectar su imagen por el mundo. Wiki-Brest se define de la siguiente manera: “historias de lugares, de personas, de trabajo, la geografía,  tarjetas postales, canciones, artículos de enciclopedia”. Y apuesta por reforzar la comunidad, por proyectarla fuera, conectando “periódicos vecinales, asociaciones, artistas, bibliotecarios, maestros. .. “. Cualquier puede escribir. Cualquier puede recopilar testimonios. Cualquier puede contar una historia local en cualquier formato.

Lo más interesante es que esta red multimedia de escritura colaborativa inspirada en Wikipedia nació como una iniciativa institucional en el año 2006. Las autoridades locales apostaron por la inclusión digital y por expandir WI-FI en el territorio. La co-production, la co-creación y el intercambio entre iguales se han convertido en las piedras de toque del Pays de Brest. Las instituciones se limitan a generar un marco de intercambio. La sociedad avanza hacia la era P2P (peer-to-peer) de relación igualitaria entre pares que predice Michel Bauwens. Y ahora, una pregunta: ¿qué modelo preferirías en tu región, el horizontal y participativo de Wiki-Brest o el capitalismo de casino de Eurovegas?

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Comienza la #Guerranarrativa

02 abril 2012

Mira bien el mapa. Bingo: reconoces el río Hudson, la isla de Manhattan. Exacto: Nueva York se llama Now. Ahora entra en el proyecto A more perfect Union, de Luke Dubois. Escoge el mapa del Estado de California. No encuentras las ciudades que buscas. Ya sabes por qué: Acting (actuación) substituye en a Los Ángeles; San Francisco se llama Gay. La explicación es sencilla: Luke Dubois construyó los mapas analizando las palabras más repetidas en las redes sociales. Nueva Orleans, años después del huracán Katrina, continúa llamándose Flood (inundación). De nada serviría que una marca o un Gobierno intentasen imponer una esencia a una ciudad. Nueva York, en la democracia semántica y colectiva de la sociedad en red, no significa exactamente negocios. San Francisco es más que tecnología.

Esta Unión Perfecta de Luke Dubois – prototipo de un nuevo mundo- se rige por otras normas. No sirven los mensajes verticales. Tampoco la propaganda movida por intereses. La historia – este presente que se estudiará en el futuro – no será más un cuento distorsionado por los vencedores. El pasado dejará de ser esa ciencia ficción forjada por filólogos (tesis defendida por Ortega y Gasset en La rebelión de las masas). Y las metarrativas del poder, esas armas de construcción masiva, irán cayendo por el abismo. Todavía existen. Suenan, machaconamente, al otro lado del espejo. La paz en la tierra. Hay un dios verdadero. Hollywood es una gran familia feliz. Pienso luego existo. La historia es progreso. Coca Mola, la sensación de vivir. Las descargas son sinónimo de piratería. Spain is different. Resuenan, desafinadas, dentro del laberinto. Pero empiezan a desvanecerse.

Soy optimista. Cada día tendrán más difícil imponer discursos, eslóganes. Cualquier metanarrativa se desmantela colectivamente a un ritmo asombroso. Y puede hacerse en tiempo real. Internet despedazó en unas horas una trabajada campaña de Loewe. Y es que la vida – gracias a la tecnología, a las redes – empieza a parecerse más a una narración colectiva que a un monólogo. Un Trendsmap sobre las etiquetas de Twitter más usadas dice más de un país que la portada de sus periódicos. De aquí a poco, habrá tecnología para saber en tiempo real la cara semántica de una calle. O el mapa de emociones de cada edificio. Si la historia hubiera estado contada colectivamente en tiempo real, puede que Barcelona fuese sinónimo de anarquismo libertario y no de Gaudí. La Habana no estaría (quizás, quizás, quizás) asociada apenas a barbudos revolucionarios. Tal vez fuese un eco de capitalismo y perfumes caros como los que protagonizaban las páginas de la revista Bohemia en 1959.

Guerranarrativa, sí. Con almohadilla (#), elegancia y mucha paciencia. Estamos en el punto de inflexión. No es una simple batalla de eufemismos. Es una guerra superior. Cierto: el poder-sistema sigue usando la neolengua que denuncia Ignacio Escolar. El copago sanitario es un necesario “ticket moderador”. Abaratar el despido es“flexibilizar el mercado laboral. Pero la neolengua es parte de un entramado mayor. El cuento adulterado del 1% sigue mitificando la propiedad privada. La democracia representativa es un mal necesario. El neoliberalismo, la única opción para salir de la crisis. Descargas=piratería. Compito, luego existo.

El colectivo de escritores italianos Wu Ming aboga por usar las historias como hachas de guerra: ”La única alternativa que cabe cuando te imponen una historia es contar mil historias alternativas (…) Si una contra-narración existe, la máquina mitológica nos ayudará a construirla”. Sabemos que mienten. Sabemos que manipulan. Sabemos que traicionaron a sus pueblos. Que descuartizaron la esencia de las polis griegas. Que traicionaron la ordenanza de 1523 de su idolatrado emperador Carlos V que ensalza el procomún de las plazas públicas. Sabemos que despedazan los principios de las religiones que imponen. Sabemos que cuando los inversores de Wall Street dejaron de negociar alrededor de un árbol y construyeron un edificio para la Bolsa violaron el espíritu P2P (de tú a tú) del capitalismo. Sabemos que mienten. Que encienden farolas en los días de huelga para aumentar el consumo energético. Mienten. Descaradamente.

Pero son débiles. Sus verdades se desmoronan. El emperador está desnudo. Y nunca fue tan fácil desmantelar una versión oficial. Jaques Derrida, papá de la deconstrucción, sería un tuitero empedernido. Decostruiría, reconstruiría. Deconstruiría versiones oficiales, para luego distribuirlas. Después, un cerebro de neuronas/ciudadanos en red, construirían una narración colectiva indestructible. Se acabó la era de escuchar pasivamente. Narremos. Arranca la era de la #guerranarrativa. Deconstruyamos su imperio de sandeces. Su baraja trucada de sub-principios. Contemos entre todos este mundo en tiempo real que se les escapa. Inventemos microutopías factibles que desmoronen la ridícula ciencia ficción de pasado que intentan imponer al futuro. Las micronarrativas harán explotar sus macromentiras. Inventemos, soñemos. Porque el futuro influye en el presente más que el pasado (gran dicho ciberpunk). Narremos, sí. Pero no sólo con antagonismo.

Co-construyamos nuevos imaginarios para la sociedad en red. Sabemos que la cultura es acción, co-creación, relación, y no un vetusto tocho enciclopédico. Los perroflautas son tecnociudadanos universitarios que investigan la democracia distribuída. Compartir es una tendencia cool en Silicon Valley. Cooperar es la esencia de la nueva era del crowd sourcing. Los internautas ´amateurs´ están protagonizando una nueva revolución industrial más horizontal y participativa. Los hackers son los científicos de una nueva Ilustración.  El copyleft es la base de la cultura pop y hasta de la Biblia. El procomún,  propiedad colectiva de bienes intangibles y espacios compartidos, tiene una raíz centenaria. El poscapitalismo de las comunidades reales co-construyendo es una solución deseable.  La nueva pluriarquía entierra milenios de torpes e imperfectas oligarquías. Narremos. Comienza la #GuerraNarrativa.

Publicaré diferentes artículos con la etiqueta #guerranarrativa durante los próximos meses. La idea es recopilarlos, junto con otros escritos por otras personas, y publicarlos en formato libro, con licencia copyleft. 

El blog que ridiculizó a la prensa brasileña

25 marzo 2012

 

Imagínate una ministra de cultura de un país que tiene un pacto secreto con la industria cultural y con el organismo privado encargado de recaudar  (y repartir) los derechos de autor entre los artistas. Que dicha ministra da la espalda a la fuerte tradición de cultura libre de su país. Que de un día para otro retira el logo y licencia de Creative Commons del sitio del ministerio, pionero hasta entonces en el mundo. Imagina que dicha ministra (casi) abandona vanguardistas proyectos de cultura e inclusión digital. Y sigamos fabulando: la ministra hace caso omiso a la presión de los creadores, ciudadanos y productoras independientes. Ignora, incluso, un futurista marco civil de internet de su país, una especie de superestructura reguladora, que apuesta por la colaboración y la neutralidad de la Red, entre otras cosas. El clímax de este post llega en el momento en el que un blog independiente publica una exclusiva: documentos que prueban un oscuro contubernio entre la ministra y la llamada industria cultural, la élite artística y el organismo fiscalizador de los derechos de autor. El momento más álgido de este thriller llega cuando la prensa ignora el caso: no menciona ni una línea. ¿Cómo se llama el país en cuestión y la (des)ministra?

El país es Brasil. La ministra, Ana Buarque de Hollanda, perteneciente a una de las familia del 1%. El blog independiente se llama Farofafá. Me gustaría no estar escribiendo esta entrada. Viví muy de cerca la ilusionante era en la que Gilberto Gil convirtió a Brasil en el referente global de la cultura libre. Viví esa euforia colectiva. Vi cómo Lawrence Lessig, creador de las licencias Creative Commons, se inspiró directamente en aquel Brasil. Vi cómo el sucesor de Gilberto, Juca Ferreira, continuó por la senda de la cultura colaborativa y libre. Vi cómo en Brasil el MP3 comenzó a ganar la batalla al imperio del plástico (uno de los textos más han circulado de mi carrera). Vi cómo Brasil iluminó al mundo. Y cómo inspiró la fuerte tradición de la cultura copyleft en España, uno de los indiscutibles líderes mundiales.

Infelizmente, el sueño duró poco.  La élite cultural del país, la vieja guardia, los herederos de la corte portuguesa, impusieron a Dilma Rousseff a Ana Buarque de Hollanda (hermana del popular Chico Buarque) como ministra de Cultura. Un año y medio después, el panorama no puede ser más tétrico. Y lo más curioso es que los mass media mantienen una cortina de silencio sobre el asunto. Pero los  dos reconocidos periodistas que gestionan Farofafá, Pedro Alexandre Sanches (@pdralex) y Eduardo Nunomura (@enunomura), en un ejercicio de valentía y profesionalismo, llevan unas semanas levantando polvareda. Las relaciones del Escritório Central de Arrecadação e Distribuição de Direitos – la SGAE brasileña – con la ministra quedó en evidencia en el documento exclusivo divulgado por el blog. La prensa, claro, a lo suyo (silencio).

La bola de nieve crece. Muchos intelectuales del país piden la dimisión de Ana Buarque de Holanda. El ex ministro Juca Ferreira, por primera vez, califica de “desastre” su gestión.  Curiosamente, unos días después de la exclusiva, el círculo de la ministra comenzó a usar Twitter. Pero de una manera tan nefasta, vertical y manipuladora que fueron el hazmereír de la red. #Anadebelém, un hashtag promovido aprovechando que la ministra esta en la ciudad de Belém, fue una verdadera hecatombe. Estuvo en el primer puesto del trending topic de Brasil. Y los internautas criticaron, cuestionaron y dejaron en ridículo a un ministra que repite gafes e incoherencias a menudo. Hace unos días llegó a decir que Internet está “matando la cultura de Brasil”.

La tristeza es doble. Primera, por Brasil. Segunda, porque me recuerda demasiado al proceso de la Sociedad General de Autores en España (SGAE) y la denostada Ley Sinde Wert. En España, la ley fue cocinada de espaldas a la ciudadanía. La SGAE, ese ente privado, continuó con sus privilegiado monopolio público. Y su corrupta cúpula acabó procesada. Lo mismo está pasando en Brasil. La ministra ha sido forzada a dar explicaciones en el Senado por las irregularidades del Ecad. Estados Unidos presionó a España para “proteger una industria del entretenimiento obsoleta empeñada en vender plástico y conservar monopolios. Pedro A. Alexandre me cuenta que Ana Buarque de Holanda se reunió con el secretario de comercio (no de cultura) de Estados Unidos. Triste para Brasil. Triste para el mundo.

Dos buenas noticias para acabar de contar esta triste historia.

1) En España, la Ley Sinde aglutinó a los ciudadanos, creó redes, calentó los motores del movimiento ciudadano 15M que, según The Guardian, está redefiniendo la política del país. En Brasil, estos autores, creadores y artistas indignados están empezando a unirse.

2) El hecho de que un blog independiente como Farofafá haga temblar la pirámide de poder  (industria, ministerio, élite…), es la prueba de que las reglas del juego mediático han cambiado totalmente. La horizontalidad ha llegado para quedarse.  

Mi web: bernardogutierrez.es Dirijo la consultora futuramedia.net En Twitter soy @bernardosampa

 

Miniplatillos volantes que emiten señal Wi-Fi

24 marzo 2012

Imagina que un día los Gobiernos locales, regionales y centrales de España, en un nuevo estallido social en las plazas, deciden cortar el acceso a Interner 3G de los teléfonos móviles. Imagina que ni siquiera existe señal de Internet Wi-Fi abierta en los quioscos de prensa de Madrid. Peor todavía: los Gobiernos del mundo, tras la aprobación de la tenebrosa ley SOPA, gracias a la letra pequeña, deciden desconectar Internet. La multitud inteligente, el enjambre conectado, tendría un verdadero problema, como ocurrió en la Plaza Tahrir de El Cairo durante la Primavera Árabe, durante el apagón programado de Internet. Sin embargo, la batalla del espectro – imprescindible el libro Reclaim the spectrum de José Luis de Vicente – no es tan sencilla como la imaginan desde arriba.

Paradójicamente, el futuro distópico con el que sueñan los Gobiernos Capa 3G y el Pelotón Anti Ciudadanos de Cristina Cifuentes (la emperatriz en prácticas de Madrid) es una utopía personal, un sueño incompleto que nunca llegará a existir.  El poder-sistema no cuenta con los nodos móviles (pequeñas redes portátiles que emiten señal wifi) o las redes en malla de conexión distribuida. Y muchísimo menos con una legión de pequeños platillos volantes que circulan sobre los manifestantes.Gracias al proyecto Electronic Countermeasures, desarrollado entre el think tank londinense Tomorrows Thougts Today  y Unknown Fields Division, las ciudades del mundo serán una utopía (la nuestra) de señal Wi-Fi en abierto.

El cielo cercano de las ciudades inteligentes tendrá una red nómada de abejas metálicas voladoras inspiradas en técnicas militares creadas para vigilar a la población civil. La sociedad civil se reapropiará, una vez más, de las tecnologías del poder. “En parte con una infraestructura nómada en parte enjambre robótico – aseguran en su web-  hemos reconstruído y programado las abejas para crear su propia red local de Wi-Fi como una forma de Napster aéreo”. Los mini platillos volantes se convierten en una red nómada, temporal itinerante y pirata, que genera de nuevo una red humana de intercambio P2P. El enjambre estaría, de nuevo, conectado. El resto de la historia ya la con0cemos: personas intercambiando información, co-creando contenido, presionando el poder, organizándose en red al margen de directrices y órdenes…

Mi web: bernardogutierrez.es Dirijo la consultora futuramedia.net En Twitter soy @bernardosampa