Trasdós Trasdós

No nos disgusta la definición del término trasdós: la "superficie exterior convexa de un arco o bóveda". En este blog perseguimos estar en alerta y con el objetivo siempre dispuesto para capturar los reflejos, destellos, brillos y fulgores que el arte proyecta.

El libro que te salvará la vida

Nadie puede saber en qué momento aparecerá el libro que le salvará la vida. El libro que hará ¡boom!, el contra disparo del suicida, la bala que en vez de quitar da.

Collage de libros. David Monniaux 007 Tanuki © Jorge Royan. Wikimedia Commons.

Collage de libros. David Monniaux 007 Tanuki © Jorge Royan. Wikimedia Commons.

No podemos saber si el libro será actual- leído durante la enésima crisis- o si surgirá a través del recuerdo, como el chaleco salvavidas, un fantasma de las lecturas pasadas, frases, ideas, personajes, reflexiones, que quizás antes nos parecieron abstractas, lejanas, o incluso estúpidas.

Solo es posible afirmar que un día, tarde o temprano, lo vas a necesitar. Así que será mejor que leas, y mucho.

Los libros salvan vidas.

A diario.

Leer no es un divertimiento.

No sé quién fue el genio que quiso vendernos esta idea. Lean para divertirse. Sean felices. Pasen el rato. Qué estupidez teniendo la tele y los videojuegos, la bolsa y la pornografía.

Leer es mucho más que eso, más que un modo de actualizar la empatía. Ahora el concepto está de moda, pero no te equivoques, leer es un acto desesperado y egoísta.

No importa que sea literatura, poesía, ensayo, teatro… Leer es tu protección solar, es acero, dinamita, es tener un cuchillo afilado cuando suena el cascabel en la noche desértica.

Tiene la misma utilidad que encontrar un manual de supervivencia entre las ruinas.

Es la máscara de oxígeno que te mantiene a flote en tu vecindario marciano. Leer es la estaca en la larga noche de los vampiros. Es el camino de baldosas amarillas.

Leerás esto y pensarás que es una estupidez, algo abstracto y lejano. Pero quién sabe, tal vez incluso estas letras puedan algún día ayudarte. Lo sé por experiencia, es pura estadística: en los momentos de crisis siempre hubo un libro que me salvó la vida, y cada persona tendrá el suyo y en cada episodio será distinto y no tiene por qué ser una obra maestra.

Si sufres violencia, lee.

Si estás sin trabajo, lee.

Si perdiste a alguien, lee.

Si estás en la cárcel, lee y vuelve a leer.

Es extraño, un libro parece una cosa muerta cargada con los negros coágulos de una imaginación en fuga: pienso en las palabras que contienen estos artefactos como si fueran pequeñas hormigas cuneiformes que tienen la capacidad de adentrarse en la esponja cerebral- o dónde esté el centro de la conciencia- para arreglar las partes rotas; un libro es como una onda cerebral que puede ser teletransportada a través del espacio y el tiempo, penetra en tu antena y es ubicuo; un libro es un portal, puede lograr el impacto necesario gracias a unos neurotransmisores multidimensionales que inundarán tus receptores cansados.

Un libro está hecho de palabras y las palabras curan porque nos explican.

Finalmente qué ironía. Es el cadáver de un árbol y el mensaje de un muerto quienes pueden salvarte el pellejo. Tal vez sea la voz de un suicida que no pudo encontrar a tiempo el libro que lo salvaría.

Si leyendo esto estás en peligro, busca tu objeto, dónde sea. Deja atrás la desidia, el hastío, el miedo, la ira. Doma tu fracaso. Sal a la calle. Peléate contra el viento y el bibliotecario. Coge a ese hombrecillo por la pechera si ves que no te hace demasiado caso. “¡Quiero un libro que me salve la vida, y lo quiero ahora mismo, cabrón!”.

Róbalo, si es necesario, porque del mismo modo que el hambriento esta exento del delito de hurto al apropiarse de una manzana en los campos, de qué no estará libre aquel que debe salvar su espíritu.

Libro/libre: observa la familiaridad fonética, la unión carnal de las palabras.

Si lo llamas, él te buscará a ti: hay algo de zen, tao, feng shui, serendipia, de fuerza Jedi, de supercalifristicoespialidoso, de atracción universal, de abracadabra y física cuántica, en esto.

Obrará la misma sincronía que en los textos adivinatorios chinos, como en el presunto azar que opera en el más antiguo y salvador de los libros, el I Ching; pasará como en las causalidades mágicas de las que hablan los brujos amazónicos pasados de vuelta por las medicinas prohibidas: tú estás dispuesto a recibirlo– “el maestro solo aparece cuando el alumno está preparado”– porque es ahora o nunca, maldito bibliotecario, lo sabes mejor que nadie, en este juego la apuesta es la vida.

Llegará el libro, puedo jurártelo, el grial, el soma, el aleph, y será en un acto cotidiano, al tropezarte con la portada más llamativa –¡explosión! ¡picotazo! ¡secuestro!-, o por su título que parece escrito en sangre alienígena -¡atracción! ¡beso de lamprea en tu corazón abierto!-; será solo una cita, un nombre, las primeras líneas, una esquela, una voz, un grito… otra vez la inexplicable certeza en la incertidumbre de la gota fría– aire, aire, aire-; será la llamada del cadáver arbóreo la que te salvará la vida; será una inteligencia invisible y autónoma vomitada por un hombre o una mujer que en el pasado se sinceró contra la nada, transportada después la savia por el ejército emancipado de hormigas fonema, que contienen la palabra exacta en la página precisa, la bala milagrosa, la cosa mágica que te librará del caos y que te obligará a renacer.

Quedan todos ustedes avisados.

Lean.

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