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Por qué arrepentirte es tu enésima oportunidad

Cada cierto tiempo empezamos un nuevo capítulo en la vida. A veces lo elegimos nosotros decidiendo cambiar de trabajo, crear una familia, dejar un hábito perjudicial… otras veces la vida decide por nosotros, invitándonos a entrar en esta nueva etapa con un despido laboral, el abandono de nuestra pareja, la llegada de una enfermedad, la emancipación de los hijos…

Que en un nuevo comienzos y en su predecesor final te visite el arrepentimiento es una buena noticia. Cuando escucho a personas decir no se arrepienten de nada, pienso que seguramente tampoco habrán aprendido mucho. Edith Piaf es un caso aparte por supuesto ;). El arrepentimiento es un cierto tipo de lucidez, una nueva consciencia que nos dice que a partir de ahora seremos y viviremos de forma distinta. Puede ser que estuvieras muy centrado en tu trabajo y te olvidaras de dedicarte más a tu familia. Darte cuenta de ello a través del arrepentimiento te permitirá corregirlo, tal vez ahora o tal vez con tus nietos.

CANVA

Con el arrepentimiento nos emancipamos de una forma de vida anterior y sus hábitos dominantes. El arrepentimiento nos recuerda dolorosamente como desperdiciamos el viento para navegar, como ignoramos a tantas primaveras imposibles de recuperar…La constatación del daño que nos hemos hecho, del daño que tal vez hicimos a otros, nos abre el corazón y nos hace humildes. Es solamente desde ese lugar desolado en el que podemos intentar algo distinto, y aprovechar esta vez los nuevos vientos, las nuevas primaveras que la vida quiera brindar.

Para recibir la invitación que te lanza el arrepentimiento, te propongo estas pautas:

  1. Interrumpe tu diálogo interno, los pensamientos que te atribulan. Da un paseo, escribe en tu diario, escucha música…
  2. Pregúntate: ¿Qué capítulo de tu vida estás terminando? ¿Cuál estás empezando?
  3. ¿De qué te arrepientes?
  4. ¿Qué forma de ser, actitud, pensamientos, hábitos son la causa de tu actual arrepentimiento?
  5. Siente la magnitud del arrepentimiento en todo tu ser.
  6. Toma la intención de vivir y comportarte de un nuevo modo.
  7. Da el primer paso, el que no quieres dar.
  8. No esperes hacerlo perfecto a la primera. ¡Persevera!

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Da el primer paso, el paso que no quieres dar

Podemos entender la vida como un conjunto de principios y finales encadenados hasta el gran final. O bien, según el budismo, como una serie de transiciones, estados intermedios o bardos, de igual relevancia. Visto así el nacimiento es una transición, así como la muerte pero también lo son todos los momentos de la vida.

(Meina Yin, UNSPLASH)

Tomar conciencia que nuestra circunstancia es transitoria, relativiza la seriedad de nuestra situación, genera un espacio en el que alinearnos con nuestra verdad. Pues si todo es transición… ¡vayamos a empezar! Pero… ¿cómo comenzar?

Comienza de cerca1,

no des el segundo paso

o el tercero,

empieza por la primera

cosa

cercana,

el paso

que no quieres dar.

Empezamos de cerca, con nuestro estado, con las personas que están ahora con nosotros, con nuestras circunstancias. Cuando no quiero dar el primer paso, me escudo em mil motivos: no estoy de humor, no me siento inspirada, tengo que terminar algo, la crianza me absorbe, no estoy preparada…Todo serrín. Humo. Excusas de mal pagador. Todos tenemos el tiempo, el coraje y los recursos para dar el primer paso que nos resistimos dar.

Empieza por

el terreno

conocido,

el descolorido terreno

bajo tus pies,

tu propio

modo de empezar

la conversación.

Como gran fabuladora, la mente anhela la isla en la que todo salió bien y al hacerlo desdeña el presente. Al centrarse en el futuro se le escapa la abundancia del presente, es por ello que para empezar hay que traer a la mente al aquí y al ahora diciéndole: fíjate en lo que hay, en lo que eres, en las relaciones que existen, en los recursos disponibles. Sí, puede que el terreno esté un poco descolorido pero esto no significa que no sea fértil.

En los años cincuenta una familia se trasladó a vivir a Findhorn, un pueblo escocés de la costa de suelo arcilloso, donde se decía que no crecía nada. Tenían pocos recursos sin embargo empezaron a labrar la tierra con perseverancia y los frutos no tardaron en llegar. Sus legendarias calabazas atrajeron a miles de personas que querían conocer sus métodos de cultivo y alentaron a la vibrante comunidad espiritual que perdura hoy día.

  • ¿Y si el suelo bajo tus pies, o tus circunstancias, o el amigo que te acompaña fuesen ideales?
  • ¿Cómo podrías volverte hacia ellos e iniciar la conversación sobre la verdad que anida en tu corazón?
  • ¿Qué primer paso vas a dar?

(1) Start close in, un poema de David Whyte, mi traducción.

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Miedo amigo (II): mostrarse uno mismo

La carta a la ciudadanía del presidente del gobierno español Pedro Sánchez anunciando un periodo de reflexión sobre si continuar en el cargo y sus motivos puede interpretarse de muchas formas. Algunos la señalan como una mera maniobra política. Otros la interpretan como un síntoma de alguien que intenta jugar limpio en una democracia enferma. Muchos han sido los que se han puesto las manos en la cabeza por el contenido de la carta, en concreto por el penúltimo párrafo: «Llegados a este punto, la pregunta que legítimamente me hago es ¿merece la pena todo esto? Sinceramente, no lo sé. Este ataque no tiene precedentes, es tan grave y tan burdo que necesito parar y reflexionar con mi esposa. Muchas veces se nos olvida que tras los políticos hay personas. Y yo, no me causa rubor decirlo, soy un hombre profundamente enamorado de mi mujer que vive con impotencia el fango que sobre ella esparcen día si y día también.»

Estamos tan poco acostumbrados a que los políticos muestren su humanidad como ha hecho Sánchez nombrando el amor que siente por su su mujer, que una mayoría no ha dudado en atacarlo por ello. Uno de los frenos a mostrarse es la cultura dominante. La cultura marca sin palabras lo que es posible hacer o decir y cuando uno se plantea salir del guión cultural nace el miedo a mostrarse.

Juan, empresario y padre de familia – protagonista de una de las historias reales de Da vida a tus sueños-, se sentía inadecuado igual que Moisés, referido en mi post anterior. Tenía miedo de que si se mostraba tal y como era, su fuerza avasallaría a su equipo. Por esta razón su estilo de comunicación era amigable y siempre intentaba que nadie se sintiera incómodo. Cuando en el trabajo por discrepancias surgía tensión en una conversación, Juan la reducía con su sentido del humor, boicoteando su rol de directivo.

El miedo a mostrarse viene acompañado de estar demasiado centrado en uno mismo. Es una combinación de tomarse demasiado en serio, querer encajar con la cultura establecida y tener cierto complejo de inferioridad. El miedo a mostrarse se trasciende por la vía del medio. Sin necesidad de endiosarnos, ocupamos nuestro lugar con confianza y la mejor intención, sabiendo, que somos seres falibles y que no todo está en nuestras manos. Esta orientación nos permite dar un paso, luego otro y aprender en el camino.

Y eso es precisamente lo que hizo Juan, poco a poco empezó a mostrarse más en su rol de líder de la organización, lo que propició profundas transformaciones tanto en la organización como en su vida privada.

El miedo a mostrarse también se detecta por la incapacidad de marcar límites o las dificultades en decir que no. Cuando este miedo me arrastra, me encuentro siguiendo la corriente de agendas y proyectos que no tienen que ver conmigo. Es como representar el papel que esperan los otros de ti, diciendo que sí a sus propuestas sin haberlo consultado con el jefe, es decir, tú mismo. Cuando siento que he caído en la trampa, al igual que Sánchez, me tomo tiempo para reflexionar y la claridad de la respuesta no se hace esperar. A veces es un no rotundo. En otras ocasiones es un sí, pero más adelante. Sin el miedo a mostrarnos, podemos exponer con respeto pero sin tapujos nuestras condiciones.

Chica desenfocada

(Matias North, UNSPLASH)

Cuando trascendemos el miedo, nos damos cuenta que encarnar la verdad y mostrarnos son las fuentes de poder positivo más elevadas de que disponemos. Marianne Williamson lo expresa con elocuencia en Nuestro miedo más profundo– mi traducción:

 

Nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados.

Nuestro miedo más profundo se debe a que somos inmensamente poderosos.

Es nuestra luz, no nuestra oscuridad, lo que más nos asusta.

 

Nos preguntamos:

¿Quién soy yo para ser brillante, magnífico, talentoso, maravilloso?

En realidad, ¿quién eres tú para no serlo?

Eres un hijo de Dios.

Hacerte pequeño

no le sirve al mundo.

No hay nada valioso en encogerte

para que otras personas no se sientan inseguras a tu alrededor.

 

Todos estamos destinados a brillar,

como hacen los niños.

Nacimos para manifestar

la gloria de Dios que está dentro de nosotros.

 

Esto no les ocurre solamente a algunos de nosotros; sino a todos.

Y al dejar que nuestra luz brille,

inconscientemente damos permiso a los demás para que hagan lo mismo.

Al liberarnos de nuestro propio miedo,

nuestra presencia automáticamente libera a otros.

 

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Miedo amigo (I): afrontar la verdad

El miedo a morir es un miedo fundamental a examinar para no quedar paralizado en su red. Se viste de muchas formas: miedo a volar, miedo a la enfermedad, miedo a la pérdida de un ser querido y en su base está la falta de confianza en la vida. Una forma de trabajarlo es domando la mente a través de intimar con la emoción y sus creencias subyacentes.

En este post quiero examinar otro de los miedos comunes que encuentro en mi práctica de coaching y que bloquean el potencial de las personas. Se trata del miedo a decir la verdad y vivir de acorde a ella.

Cuando Ana– testimonio real de mi último libro – vino a mi consulta de coaching, lo hizo cargando el peso de dos secretos. Tenía miedo a que decir la verdad y actuar de acorde a ella acabara con su carrera y sus relaciones más importantes. Sin embargo, era precisamente sostener estos secretos lo que estaban minando a Ana por dentro.

Encarnar la verdad en el seno de uno suele ser complejo. A nivel personal una forma en como la verdad me confronta es cuando hay un tema que me interpela a escribir pero al mismo tiempo me da respeto ahondar en él. Al principio me siento torpe y a menudo preferiría no hacerlo, sin embargo, sé que si no honro esta llamada, mi flujo creativo se bloquea.

(UNSPLASH)

El miedo a encarnar la verdad haciendo aquello a lo que estamos llamados puede venir acompañado de tristeza, rabia o frustración. Puede ser que el problema sea demasiado grande y que nos sintamos inadecuados. Una historia que encapsula esta dinámica es la del arbusto en llamas del Antiguo Testamento. No se trata de un bosque entero ardiendo lo que ve Moisés, pues entonces lo vería todo el mundo, sino algo pequeño, una mata en llamas pero que no se consume. Al acercarse al matojo escucha la voz de Yahvé que le encomienda liberar al pueblo judío del yugo egipcio. Al escuchar la misión, Moisés duda, se siente inseguro, argumenta que no es capaz. Yahvé le insiste y acaba cediendo, abrazando su verdad, no sin pocas dificultades.

Por abrumador y dificultoso que sea abrazar nuestra verdad, no seguir su llamado o negarla nos sitúa en la mentira. El autoengaño de mantenerse en lo conocido, lo cómodo, lo previsible empequeñece nuestra vida y nos resta vitalidad.

Una vez nos convencemos que lo único que vale la pena es vivir de acorde a la verdad, ¿Cómo lo hacemos? El poema Lanzar los dados de Charles Bukowski da una orientación:

 

Si vas a intentarlo, ve hasta el final.

De otra forma ni siquiera comiences.

 

Si vas a intentarlo,

ve hasta el final.

 

Esto puede significar perder novias,

esposas, parientes, trabajos y, quizá tu cordura.

 

Ve hasta el final.

 

Esto puede significar no comer por 3 o 4 días.

Esto puede significar congelarse en el banco de un parque.

Esto puede significar la cárcel.

Esto puede significar burlas, escarnios, soledad…

 

La soledad es un regalo.

Los demás son una prueba de tu insistencia, o

de cuánto quieres realmente hacerlo.

 

Y lo harás,

a pesar del rechazo y de las desventajas,

y será mejor que cualquier cosa que hayas imaginado.

 

Si vas a intentarlo, ve hasta el final.

 

No hay otro sentimiento como ese.

Estarás a solas con los dioses

y las noches se encenderán con fuego.

 

Hazlo. Hazlo.

Hazlo. Hazlo.

 

Hasta el final.

Hasta el final.

 

Llevarás la vida directamente a la perfecta carcajada.

Es la única buena lucha que existe.

 

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Todo lo que quieres está al otro lado del miedo

Llevo unos días en los que el miedo está presente. Se acerca una circunstancia compleja lo que despierta en mi todo tipo de fantasmas. El magnetismo del miedo se revela cuando logra reclutar a otros miedos a su alrededor, montando, si me descuido, una terrorífica juerga.

Fue después de vivir un terremoto de fuerza ocho en Perú que empezó mi miedo a volar. A la mínima turbulencia de vuelo, mi cuerpo se ponía en estado de alerta, seguido por un miedo atávico y luego pánico en estado puro. Durante esta época de mucho viajar recuerdo las caras de las azafatas al darse cuenta de mi fobia: “pobrecita, solo le quedan doce horas por delante” parecían pensar. En una ocasión se sentó a mi lado un piloto de avión, que captó al instante mi estado emocional. Entablamos conversación y se me ocurrió preguntarle, “aunque pueda parecer que el avión se va a caer, ¿no hay para tanto verdad?”. “Bueno, unas turbulencias fuertes pueden llegar a romper el avión me dijo” con la seguridad de quien sabe de lo que habla. Justamente lo que necesitaba oír.

El miedo es una emoción paranoica, pues se preocupa por algo que todavía no ha ocurrido. En su mejor intención el miedo desea preservarnos, pues la posibilidad de que las cosas se tuerzan es real. El miedo entonces nos avisa con su mano helada para que estemos preparados.

(Kyle Trautner, UNSPLASH)

MIEDO & DESEO

El miedo está unido al deseo. Miedo a que ocurra algo o a que no ocurra. El miedo, sin examinar es un vector del apego, porque nos ata a una versión del devenir: lo que queremos evitar. Por esa razón el antídoto budista al miedo no es el coraje, sino el no apego. Cuando no estamos apegados a que las cosas sean de cierto modo, cuando hemos hecho las paces con nuestra condición de mortales e imperfectos, entonces el miedo se evapora. El camino que me mostró el miedo a volar era que yo no terminaba de confiar en la vida, sino que estaba apegada a una versión de la misma controlada por mi.

Algunos miedos se gestionan desde el ser. Otros necesitan del hacer. El budismo es una espiritualidad del ser, en lo que Ken Wilber denomina la corriente ascendente del espíritu, y su movimiento es el regreso al todo. Durante periodos intensos de meditación, lo superfluo desaparece y descanso en la plenitud del no hacer, de no buscar, de no aspirar. Fue así como mi miedo a volar se transformó en confianza.

Por otro lado, la corriente descendente del espíritu es la manifestación en el mundo del orden explicado de David Bohm. Al igual que una flor ansía abrirse, en nosotros existe una fuerza guía. En estos casos, el miedo es a la vez un indicador de lo que es importante y un bloqueo de esta corriente que precisa ser atravesado. Se transita a través de la acción consciente teñida de titubeos, torpeza, incomodidad, inseguridad, ridículo…para en el proceso revelar nuestro potencial.

En el próximo artículo te comparto algunos miedos frecuentes y cómo atravesarlos.

Nota: el título del artículo es una cita del autor Jack Canfield.

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