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Una abogada ‘contra los diablos’ y por los derechos ambientales

Por Rosa M. Tristán

‘Yo no tenía experiencia en temas ambientales, sólo en los de derechos humanos, pero en el fondo ambos son lo mismo pues detrás de las vulneraciones de los segundos están muchas veces expropiaciones de los primeros’, reconoce Yanira Cortez en una visita España, invitada por Alianza por la Solidaridad para hablar de Defensoras de Derechos en una convulsa región donde los conflictos civiles y los desastres se suceden en los últimos tiempos. A la activista no se lo han puesto fácil. Su batalla por la defensa de los recursos naturales en El Salvador, un país inmerso entre la violencia urbana de las ‘maras’ juveniles y la pobreza creciente de sus campesinos, no ha contado con los suficientes adeptos y sigue la senda del expolio de los recursos naturales por parte de grandes empresas que hace mella en toda Centroamérica.

De sus palabras se desprende que ya antes de iniciar sus estudios de Derecho en la Universidad, en San Salvador, su familia, ya la había imbuido de los valores que construyeron sus personalidad. Cuando acabó sus estudios comenzó a colaborar con diversas organizaciones no gubernamentales en defensa de los derechos, lo que compaginó con sus tareas de profesora sobre Derechos Humanos durante una larga década. ‘Y ahí seguí hasta 2002, cuando la procuradora de Derechos Humanos (equivalente a nuestro Defensor del Pueblo) , Beatrice Alamanni de Carrillo, me ofreció ser la responsable de la defensa del medio ambiente. Entonces le dije que del tema ambiental no sabía mucho, pero me contestó que lo importante era saber de derechos’, recuerda Yanira.

El Salvador comenzaba a cerrar las heridas de la guerra civil (1980-1992) y en ese momento apenas despuntaba una conciencia ambiental. Pero Yanira se lo tomó muy en serio y permaneció en el puesto desde aquel año hasta 2016, salvo un paréntesis que la trajo a España para hacer un máster en la Universidad Alcalá de Henares.

Entre sus metas, la llamada ‘guerra del agua’. En ella,  Yanira puso el foco en conseguir la regulación de un derecho, el básico derecho a acceder al agua potable, que no estaba en las leyes salvadoreñas, lo que supone para la población sufrir graves carestías –cada vez más debido al cambio climático- mientras las empresas expolian sin control los acuíferos. Especialmente emblemático fue su claro posicionamiento contra la sobreexplotación del acuífero de Nejapa, que tenía visos de agotar una embotelladora de Coca Cola y del que vivían 30.000 personas. Finalmente, una campaña, con el apoyo de Alianza por la Solidaridad desde España, logró que la empresa dejara de esquilmar el recurso.

Otro de sus frentes fue la minería. En 2017, El Salvador se convertía en el primer país del mundo en prohibir la minería metálica que tantas fuentes de agua y ríos contamina. También se logró cerrar una fábrica de baterías de vehículos, Baterías Récord, que soltaba el plomo al medio ambiente. Otros dos hitos en los que trabajó como Procuradora ambiental.

Pero tantas luchas tienen precio en un país donde también se confunde el desarrollo económico con el ‘dejar hacer’ a las empresas, así que al final el último procurador que la apoyaba fue destituido y sustituido por una persona, Raquel Caballero Guevara, con un perfil muy distinto al de su antecesor. Desde entonces, ha sido ya varias veces cuestionada.

Yanira también fue destituida e inició entonces una nueva senda como consultora experta en derechos humanos y ambientales. ‘Fíjate, en mi país se prohibió la minería metálica pero seguimos sin avanzar para tener la Ley de Agua que garantice el acceso a todos los salvadoreños. Además, cada año perdemos 4.500 hectáreas de bosques que se convierten en campos de cultivo de caña de azúcar o zacate (hierba) para generar biomasa y que sirven sobre todo a empresas textiles. Y mientras, en todo el país no tenemos ni un río con el agua limpia’, apunta.

La abogada va enumerando los casos más dañinos de destrozo ambiental. El Gobierno de izquierdas ha dado algunos pasos, reconoce (tienen un Plan Nacional de Cambio Climático) pero no bastan para el país más afectado del continente por eventos climáticos. Con un recién nombrado Gobierno de derechas, no augura nada bueno… Además, en los últimos años han aumentado las amenazas y criminalizaciones a los líderes ambientales y los defensores de derechos, sobre todo a nivel local, los más indefensos al enfrentarse a alcaldes que se sienten fortalecidos por sus partidos y no dudan en expulsar de los comités de agua comunitarios a quienes no son ‘de su bando’.

Yanira Cortez no dejará su activismo ambiental, porque, en un lugar donde la vida vale muy poco, sabe que todo apoyo es necesario cuando empresarios y políticos ‘tejen’ alianzas para dejar fuera de juego a quienes se opone a sus deseos. Por ello, abogadas ‘contra’ el diablo , como lo es ella, son hoy imprescindibles en el panorama salvadoreño y centroamericano. ‘En mi país, ni nos damos cuenta de lo que estamos perdiendo’.

Rosa M. Tristán; es periodista y colabora con Alianza por la Solidaridad. 

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