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Randa: preparada para avanzar hacia la paz

Nueva entrada de la serie Mentes Ocupadas

Por Mariam Qabas, trabajadora psicosocial de Médicos Sin Fronteras (MSF) en los Territorios Palestinos Ocupados

“Intentaba proteger la casa de mi familia para que no la destruyeran cuando un soldado israelí me apuntó con su pistola. Para defenderme, le aparté. Me acusaron de intentar matarle”. Randa* empieza así su historia mientras mira inquieta a su alrededor. Pidió un lugar seguro donde los niños puedan vivir en paz.

Randa. Territorios Palestinos Ocupados. Fotografía MSF
Randa, sobre las ruinas del que fue el hogar de su familia en los Territorios Palestinos Ocupados. Fotografía Muwaffaq Joulani/ MSF

Randa tiene 24 años y vive en una zona llamada Mfaqarain Massafer Yatta, en el sur de Hebrón. Mfaqara es uno de los pueblos considerados zona militar por el ejército de Israel, por lo que podría ser demolido.

Estaba durmiendo cuando el ejército de Israel vino a derribar la casa de mis padres. Pidieron a toda la familia que saliera fuera. Uno de los soldados me apuntó con su pistola para asustarme. Le empujé y le grité que era la casa de mis padres, donde habíamos vivido durante los últimos 25 años y que no debían demolerla. Los soldados me rociaron la cara con gas y perdí el conocimiento. Me subieron al todoterreno militar y no dejaron que mi padre y mis hermanos me acompañaran. Mientras, el resto de los soldados empezó a derribar nuestra casa delante de mi familia”, relata Randa.

“Primero me llevaron a la cárcel de Atsyiun –continúa Randa- y después a El Maskubia para interrogarme. Pasaron tres días hasta que me llevaron al juzgado. A mi familia le pidieron 5.000 shekels israelíes (más de 1.100 euros) para dejarme en libertad. Para nosotros es muchísimo dinero, pero no tuvimos más remedio que pagar. Después de diez días en la cárcel me dejaron salir con la condición de que no volviera a Mfaqara por un periodo de tres años y que no participara en ninguna manifestación o actividades contra el ejército de Israel”.

“Haber estado detenida daña la reputación de cualquier niña palestina que viva en el sur de Hebrón. Nadie querrá casarse con ella en nuestra tradición. Por ese motivo, estaba muy afectada por este incidente. No salía, no podía dormir y estaba furiosa conmigo misma” asegura Randa.

“Y no fue hasta que conocí al trabajador social de MSF y empecé a ver un psicólogo que recuperé la confianza en mí misma. Su ayuda me ha enseñado a sobreponerme a los efectos psicológicos que estaba sufriendo tras el incidente”.

“Decidí acabar mis estudios de trabajo social y ahora trabajo con estudiantes en la escuela de Tawny. Participé en una formación de MSF para líderes de la comunidad. He aprendido muchas cosas en este curso: cómo mejorar mis habilidades de comunicación, habilidades para estar tranquila y cómo buscar y localizar personas afectadas dentro de mi comunidad. Sé cómo proporcionarles ayuda psicológica de urgencia si sufren un incidente y dónde referirlos si necesitan más asistencia social”.

“Soy feliz.”

Y así concluye Randa su historia. Con una amplia sonrisa y con la firme esperanza de que puede cambiar las cosas en su comunidad, está preparada para avanzar hacia la paz.

*El nombre es ficticio para proteger la privacidad de la paciente.

Mentes Ocupadas: trepar para salir del agujero

Por Jameela Dudin, psicóloga de Médicos Sin Fronteras en Cisjordania

Muro de Cisjordania. Fotografía: Juan Carlos Tomasi/MSF

Muro de Cisjordania. Fotografía: Juan Carlos Tomasi/MSF

Mohammed*, de 28 años, está divorciado y tiene un hijo pequeño. Es de un pueblo del sur de Hebrón que está cerca de muchos asentamientos de colonos judíos. Una carretera principal conecta los asentamientos con Cisjordania. El pueblo está dividido en dos áreas: una zona pertenece a la división que se hizo entre Cisjordania e Israel en 1948, y la otra corresponde a la división de 1967. La localidad está separada de Israel por un muro de seguridad. La población de esta zona está constantemente presionada por incursiones del Ejército israelí.

Mohammed vive en condiciones difíciles por su situación financiera. Quiere a su país y tiene fuertes convicciones políticas lo que ha traído problemas a la hora de encontrar un trabajo. Antes de conocer a Médicos Sin Fronteras (MSF), había sido detenido siete veces por ambas partes. Estuvo cinco años en una prisión israelí y dos en las cárceles de la Autoridad Palestina. Durante el tiempo que pasó en la cárcel, su padre y su hermano murieron y su mujer se divorció porque estaba en prisión.

Durante un periodo de cinco meses, Mohammed asistió a 14 sesiones terapéuticas con un psicólogo de MSF. Sufría ira, nerviosismo, falta de confianza, preocupaciones constantes y problemas en su relación con su hijo y su familia. Le costaba encontrar un trabajo y mejorar su vida a causa de los arrestos. Las fuerzas israelíes y la Autoridad Palestina le ponían muchos obstáculos por sus afiliaciones políticas. Mohammed describía su situación como si intentas trepar fuera de un gran agujero y tienes a alguien empujándote hacia abajo continuamente.

Mohammed solicitó una mujer psicóloga. Ella sintió una gran responsabilidad. ¿Sería un buen modelo femenino? ¿Conseguiría que Mohammed recibiera una experiencia reparadora tras la inestabilidad de sus relaciones con las mujeres? Durante las sesiones, trabajaron como gestionar las presiones de su vida. Se le dio permiso para expresar sus emociones y la oportunidad de comportarse de otra manera. Para Mohammed fue de mucha ayuda gozar de espacio para trabajar la confianza en sí mismo y encontrar un lugar en su entorno familiar.

Tras salir de la prisión, Mohammed fue atendido por el médico de MSF ya que sufrió algunos problemas de salud incluyendo dolores de estómago, diarrea severa y vómitos con sangre.

Después de un tiempo, fue capaz de hacer planes y marcarse objetivos para el futuro que estaban bajo su control. Superó las barreras en su conflicto interno. Se sentía orgulloso de ir a las sesiones de MSF. “Es mi vida y voy a vivirla bien” dijo.

En el momento de escribir esta historia, Mohammed fue detenido otra vez por las fuerzas de Israel y está en la cárcel sin sentencia.

*El nombre es ficticio para preservar la privacidad del paciente.

 

La prisión en la mente

Por Lali Cambra, periodista y responsable de Comunicación de MSF España para los Territorios Palestinos Ocupados.

Hebron, Cisjordania. copyright: Juan Carlos Tomasi.

Hebron, Cisjordania. Copyright: Juan Carlos Tomasi.

Hoy parecería un día normal de trabajo en la sede de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Hebrón. Pero no es normal, porque hoy es el día en el que Jawad, al que ya llevamos tiempo tratando, va a hablar sobre el tiempo que pasó en prisión.

Hace casi ocho meses que atiendo  a Jawad (*), los mismos que hace que llegué a Hebrón, una ciudad de gran importancia tanto para el Islam como para el Judaísmo. De hecho, es la única ciudad en Cisjordania en la que hay colonos judíos viviendo en su interior. Esta coyuntura la hace con frecuencia un lugar de conflicto entre palestinos e israelíes. Tanto la ciudad como los pueblecitos de la periferia son controlados de cerca por soldados y policías.

Jawad es de una aldea de la periferia. Nos hemos visto casi una vez por semana, a excepción de los períodos en que Jawad ha vuelto a ser detenido. Períodos que suponían un retroceso en su evolución. Jawad llegó a MSF recomendado por el CICR, después de que fuera puesto en libertad tras su paso por prisión. Se le detectaron síntomas post-traumáticos graves. Pese al tiempo que lleva con nosotros, no había hablado de la cárcel todavía.

La sesión se inicia, con Jawad sentado enfrente. E. cumple su papel de intérprete. Desde que llegué hace las veces también de profesora de árabe, de cultura palestina, de consejera y de amiga. Jawad, con 28 años, es un hombre delgado que viste con elegancia y cuya compostura delata una inteligencia tranquila. Sonríe más ahora que cuando iniciamos nuestros encuentros, aunque su mirada suele ser muy seria y en no pocas ocasiones se queda fija, mirando al infinito. A veces siento que hay que sacarle información con un sacacorchos.

Cuando le pido que me hable, tal y como habíamos quedado, de la cárcel, me mira sorprendido y dice que ya me lo ha explicado. Pero yo le recuerdo que, de hecho, sé muy poco. Establecer relaciones de confianza es en los territorios ocupados una cuestión de extrema importancia y por supuesto lo es para un hombre que ha sido encarcelado por activismo político y forzado a un sinnúmero de interrogatorios. Por eso, buena parte de nuestras sesiones se han centrado en forjar lazos de confianza, algo primordial dado que, en cierta forma, hay elementos de la terapia psicológica que podrían semejarse a procesos de interrogatorio.

Consulta psicológica en el proyecto de Médicos Sin Fronteras en Hebron. Copyright: Juan Carlos Tomasi.

Consulta psicológica en el proyecto de Médicos Sin Fronteras en Hebron. Copyright: Juan Carlos Tomasi.

Por fin Jawad comienza a hablar. Me dice que tenía 22 años cuando comenzó a ser más consciente de la situación por la que estaba pasando la vecina Gaza. En la universidad se involucró políticamente y acudió a manifestaciones. Un día, mientras estaba al frente de su ordenador, de repente comenzó a escuchar un enorme tumulto: los soldados israelíes entraron por la fuerza en su casa y se lo llevaron. Ahí comenzaba el camino sin retorno en el que se vería sumido durante los siguientes cuatro años y medio.

Jawad describe su período en prisión en cuatro fases: la primera fase, de interrogatorios, de la que se sintió orgulloso porque consiguió permanecer en silencio. Lo pusieron en una celda con otros prisioneros, que le ayudaron mucho en esos primeros días. Sin embargo, cuando los soldados regresaron, Jawad notó que algo había cambiado: de repente lo vio claro, sus compañeros de celda no eran otra cosa que “enemigos”. Sus conversaciones habían sido grabadas, su silencio roto y su fortaleza quebrada. Iban a poder presionarlo más. “Mi mundo se hundió, entonces cambié como persona”, apuntó Jawad.

Su segunda fase es la peor. Utilizaron métodos brutales, de los que Jawad prefiere no acordarse.  Apenas menciona la dureza de los períodos en aislamiento. Los sonidos, las imágenes y las sensaciones táctiles de esa época todavía regresan cada noche a perseguirlo en forma de pesadillas.

La tercera fase fue incluso peor. Jawad enfermó. Su apéndice se había inflamado y roto y requería cirugía. Lo siguiente que recuerda es despertarse de forma abrupta de la anestesia para encontrarse en el quirófano y ver su propio estómago abierto, en plena operación. El shock le llevó a un flashback, a encontrarse de repente de nuevo en los interrogatorios, rodeado de guardias, incapaz de moverse, esposado a una mesa. Cuando finalmente volvió en sí, la realidad no mejoraba: en su cama del hospital, tres guardias armados lo estaban custodiando.

A partir de entonces el estado emocional de Jawad se deterioró con rapidez, con consecuencias que también afectaron a su estado físico. Nunca más volvería a confiar en un médico. Entró en depresión y se aisló por completo. No mantenía contacto con nadie. Tras ser puesto en libertad, esta situación se mantuvo. Jawad a veces confesaba que para vivir así prefería regresar a la cárcel.

“Es bueno que tú lo cuentes por mí. A mí no me dejan salir de Cisjordania, pero tal vez mi historia pueda cruzar la frontera”, concluye Jawad.

(*) Este post fue escrito por la psicóloga de MSF al cargo de la terapia de Jawad en Hebrón.

Una semana después de esta conversación, Jawad fue detenido de nuevo y sometido a nuevos interrogatorios.