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Trasdós Trasdós

No nos disgusta la definición del término trasdós: la "superficie exterior convexa de un arco o bóveda". En este blog perseguimos estar en alerta y con el objetivo siempre dispuesto para capturar los reflejos, destellos, brillos y fulgores que el arte proyecta.

Entradas etiquetadas como ‘pintura’

El zen de pintar lo que no tiene importancia

'Untitled (staple and table cloth)' - Lillian Bayley Hoover - Foto: lillianhoover.com

‘Untitled (staple and table cloth)’ – Lillian Bayley Hoover – Foto: lillianhoover.com

Son rincones de una casa cualquiera, banales rastros de actividades que se automatizan. Durante siglos, la pintura ha sido el medio de expresar pasiones y sentimientos profundos y nobles, plasmar hechos históricos, retratar a los notables. La estadounidense Lillian Bayley Hoover apuesta por todo lo contrario, percibe que el tiempo que dedicamos prestando atención a algo guarda una relación directa con el valor que tiene para nosotros, cualquier menudencia puede ser poética, vital, valiosa en nuestra intimidad mundana.

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Reaparece otro cuadro con el culo favorito de Dalí, el de su hermana

'Figura de perfil' - Salvador Dalí, 1925 - Courtesy Bonhams

‘Figura de perfil’ – Salvador Dalí, 1925 – Courtesy Bonhams

Anna María Dalí (1908-1989) estaba cansada de que su hermano el pintor, Salvador Felipe Jacinto, cuatro años mayor que ella, la hiciese posar una vez y otra. Le gustaban los cuadros, pero decía, entre seriedad y broma: “Invariablemente me pinta en ventanas y de perfil o de espalda, para que se me viese bien el culo”.

Hay constancia de 17 cuadros de Dalí en los que aparece Anna María, pero el que figura abriendo la entrada era casi un misterio. Se tenía constancia de que existía y estaba catalogado, pero casi nadie lo había visto.

Anna María, que compartió desde la infancia el universo, en ocasiones aberrante, de su hermano artista, entendía gestos, admitía excentricidades, interpretaba fantasías y jugaba con Salvador. Sabía, por ejemplo, que le encantaban los culos de las mujeres.

Dalí escribió sobre su hermana y gran cómplice:

A los dieciocho años, elegante, no concedía ninguna importancia a los senos, pero exigía un ensanchamiento de los huesos ilíacos, que debían aparecer bajo el vestido como las asas agresivas de un cesto.

El óleo que reaparece ahora de entre los fondos de una colección privada va a ser subastado en la sede londinense de Bonhams el 2 de marzo. Se titula Figura de perfil y fue pintado en El Llaner, la casa familiar de veraneo de los Dalí en Cadaqués en 1925, cuando Anna María tenía 17 años y el pintor 21.

Esperan que sea comprado por una importante cantidad de entre 930.000 y 1.400.000 euros. El catálogo de la subasta puede descargarse en PDF, pero, ojo, tiene 224 páginas.

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La artista japonesa que encontró en Barcelona a su pareja artística

'Sanpo' - Mina Hamada - Foto: cargocollective.com/minahamada

‘Sanpo’ – Mina Hamada – Foto: cargocollective.com/minahamada

Es probable que, al contemplar los acrílicos de Mina Hamada, también quieras tocarlos. Las figuras son abstractas pero bien definidas, evocan un objeto conocido y a la vez son deliciosamente extrañas. Producen una sensación parecida a la de vaciar sobre la mesa una bolsa de gominolas y disfrutar de la combinación de formas y colores antes de comerlas.

Harunohi, Selva De Mar, Spin, Hora Del Té, Natural conversation… Los títulos en japonés, castellano e inglés descubren a una artista que maneja sensibilidades muy variadas. Nació en Luisiana (EE UU), creció en Tokio —donde estudió Bellas Artes y Diseño— y desde el año 2009 vive en Barcelona.

El texto que en su página web describe su trabajo, menciona la “combinación de occidente y oriente”, el “inconsciente”, la “improvisación” y el “autoanálisis poético” como herramientas para examinar la propia identidad.

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Un fresco desconocido de Max Ernst, en la pared de un bistró parisino

Max Ernst - Le Sénégal, 1953

Max Ernst – Le Sénégal, 1953

“Antes de descender, un buceador nunca sabe lo que va a sacar a la superficie”, decía Max Ernst (1891-1976), un “inventor artístico”, como prefería ser considerado, que se dedicó a sembrar el mundo de hallazgos: inventó el frotagge (la reproducción de texturas colocando el papel sobre el objeto) y desarrolló con un estilo propio el collage, el grattage, la decalcomanía y la oscilación, que consistía en dejar que un hilo de pintura cayera sobre el lienzo desde una lata agujereada.

Ernst enseñó el procedimiento de pintura automática a Jackson Pollock, que lo tomó como referencia para la técnica del dripping, la salpicadura más o menos al azar que convirtió al estadounidense en multimillonario, aunque seguía siendo infeliz y buscó el sentido de la vida en el fondo de las botellas de whisky hasta que se mató a los 44 años por conducir borracho.

Más dionisíaco y menos meditabundo, Ernst —nacido en Alemania— disfrutó lo suficiente, hizo el gamberro con los dadaístas, luego se apuntó a la vanguardia más intelectual del surrealismo, cultivo amistades, se casó cuatro veces, ilustró libros y escapó por los pelos de ser enviado a un campo de exterminio nazi. Los colaboracionistas franceses ya lo tenían encerrado, pero la intervención de la irresistible mecenas Peggy Guggenheim, que era estadounidense pero universal, logró que dejaran salir de Europa al artista.

Ernst dejó una obra que va de lo exquisito a lo alocado y se sigue vendiendo muy bien en las subastas. El dibujo Le Sénégal que abre la entrada permitirá comprobarlo de nuevo.

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Pinturas hiperrealistas de caras ‘engullidas’ por melenas

'Storytellers VIII' - Roos van der Vliet - Foto: roosvandervliet.nl

‘Storytellers VIII’ – Roos van der Vliet – Foto: roosvandervliet.nl

El pelo no sólo enmarca las facciones de la cara, termina invadiéndola. Iluminadas por una luz blanca que resalta los matices del iris, las chicas de los retratos hiperrealistas de la holandesa Roos van der Vliet (Dordrecht, 1985) dejan que la melena las atrape y engulla.

La artista se interesa por “la condición humana” y piensa a menudo en la dificultad de no perderse en la multitud, tener una identidad propia en un mundo atestado de impulsos, avocado a la masificación y a lo impersonal. Representa a mujeres jóvenes que guardan parecido físico con ella. “Busco mujeres con las que me pueda identificar, para reducir la sensación de anonimidad y alienación. A veces las encuentro en la calle, algunas de ellas son amigas cercanas”, escribe en su página web.

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Peces-coral y ratones-mariposa, la naturaleza híbrida de Lisa Ericson

Mermaid - Lisa Ericson - Foto: lisaericson.com

Mermaid – Lisa Ericson – Foto: lisaericson.com

De la cola sedosa del pez beta, brota todo un escosistema de finas formaciones de coral entre las que pasean otros peces de colores. Al pálido pez telescopio le sucede algo parecido, su cuerpo se prolonga en un ramillete de anémonas. De otro pez telescopio nace una formación vegetal marina de tonos verdes azulados, espectacular como un vestido de noche.

Lisa Ericson fantasea con la naturaleza en pinturas hiperrealistas. En la precisión de la artista estadounidense se intuyen el lento vaivén acuático y el silencio de las profundidades. El pez de colores podría cambiar de dirección en un segundo y obligar con brusquedad a cambiar la trayectoria de los pececillos que lo rodean.

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Retratos desfigurados con aguarrás, disolvente y alcohol

'Heavy Lies the Crown' - Brian Donnelly - Foto: briandonnelly.org

‘Heavy Lies the Crown’ – Brian Donnelly – Foto: briandonnelly.org

Después del cariño y la dedicación llega el destrozo, un desastre buscado que arrastra el trazo y los colores del retrato. Brian Donnelly logra terroríficas imágenes de caras derretidas cuando vierte sobre cada lienzo disolvente, alcohol, aguarrás o gel antiséptico para las manos.

Hay algún homenaje pop, es fácil localizar el peinado engominado de John Travolta y la coleta recatada de Olivia Newton-John en la película Grease. Las cabezas tienen un pelo lustroso, a veces de colores, presumen de tatuajes en el cuero cabelludo, de moños espontáneos y también enrevesados: caprichos que el pintor canadiense disfruta contrastando con la brutalidad de la destrucción.

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Venden la mejor colección de arte ‘underground’ de la URSS, reunida por una superviviente de Auschwitz

'Circus', 1969 - Oleg Tselkov - Cortesía: Sotheby's

‘Circus’, 1969 – Oleg Tselkov – Cortesía: Sotheby’s

Del arte underground (subterráneo) sabemos mucho en Occidente. Los creadores que alguna vez secundaron la estancia en los márgenes ajenos al sistema capitalista del mercadeo cultural son hoy, sobre todo los estadounidenses, figurar estelares. En las décadas de los años sesenta y setenta se atrevieron a ejercer la negativa a la absorción, jugaron con plantemientos rebeldes —la autoedición, la distribución de fanzines y cómix, la cartelería, las portadas de los discos de rock psicodélico, el desprecio por las plusvalías…— y sobrevivieron con mayor o menor fortuna, aunque, en ningún caso, poniendo la vida en peligro.

Del otro lado del Telón de Cero el asunto era más complejo, aunque también allí fermentó lo underground, al que algunos críticos llaman arte no conformista soviético, cuya presencia puede encontrarse entre 1953, tras la muerte de Stalin, y 1986, con la llegada de la perestroika. Los creadores de la URSS, oxigenados por el tímido pero creciente liberalismo que medró con la apertura iniciada en 1956 tras un discurso secreto —había voluntad de apertura pero no era el momento de abrir del todo las ventanas— del nuevo hombre fuerte del sistema, Nikita Khrushchev, quien en el vigésimo congreso del Partido Comunista dió por eliminado el culto a la personalidad estalinista y aseguró que los artistas no sufrirían repercusiones ni serían reprimidos aunque se apartasen del realismo socialista impuesto como estilo único hasta entonces.

La mejor colección del inmerecidamente poco conociodo arte underground de la URSS durante las siguientes más de tres décadas sale a la venta hoy en una subasta en Londres. Fue reunida por una superviviente como agradecimiento y honra a los soldados de la URSS que liberaron a los prisioneros del campo nazi de exterminio de Auschwitz, donde fueron gaseadas 1.100.000 personas.

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¿Es este el cuadro más atroz de la historia?

'Castigo de Marsias' - Tiziano, c. 1570-1576 - Foto: Creative Commons

‘Castigo de Marsias’ – Tiziano, c. 1570-1576 – Foto: Creative Commons

Al sátiro Marsias, mitad hombre y mitad carnero, le perdió el orgullo. Era un sobrado y, según cuenta Ovidio, se creía el más dotado tocando el aulós, la flauta doble. Decían que había encontrado el instrumento en el suelo, donde lo había dejado su inventora, Atenea, acomplejada porque los demás dioses se burlaban de ella por la manera exagerada en que hinchaba las mejillas al tocar.

Era tal el tamaño de la arrogancia del sátiro que retó a un duelo musical a Apolo, dios de muchas dotes —representaba la verdad, la purificación, las habilidades artísticas, la divina distancia y la humildad y era el patrón de la música y la poesía—. Después de Zeus, era la deidad más venerada en el poblado panteón de la antigüedad clásica.

El envite entre ambos rivales se celebró bajo la premisa de que el ganador establecería el castigo para el perdedor. Serían jurado las musas. La más detallada de las versiones indica que Marsias tocó mejor que Apolo, que eligió la lira, pero el dios decidió entonces dar una lección de modestia al rival por su hibris —impulso irracional que empuja hacia la desmesura— y tocó la misma melodía pero esta vez con la doble flauta colocada al reves. Las musas nombraron a Apolo vencedor.

La tragedia del castigo fue escenificada en una cueva cercana y es el tema del óleo más crudo y atroz de la historia del arte.

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¿Pagarías 2.300 euros por un libro tamaño ‘SUMO’ de David Hockney?

El libro en su atril. Foto: © Taschen

El libro en su atril. Foto: © Taschen

Tiene 498 páginas —trece de ellas desplegables—, mide 70 centímetros de alto y 50 de ancho y viene acompañado por un atril ajustable en adecuados tonos pop diseñado para la ocasión por el australiano Marc Newson (1963). El interior de este tocho contiene 450 obras de uno de los artistas vivos más admirados, famosos y millonarios, David Hockney (Bradford-Reino Unido, 1937).

La pregunta no es si a usted le gusta el arte del inglés —difícil de criticar por la sencilla libertad y poderosa maestría de luminosidad y movimiento con la que nos ha regalado el pintor, grabador, fotógrafo e incansable ser humano desde hace más de sesenta años—, sino si estaría dispuesto a desembolsar los 2.300 euros [el PVP no es exacto, los editores sólo lo han fijado en dólares, 2.500, y libras esterlinas, 1.750] que cuesta cada uno de los nueve mil ejemplares numerados que serán puestos a la venta.

A Bigger Book (Un libro más grande) es el título que, sin esconder las intenciones babilónicas y en una referencia al uso repetido de la palabra bigger en los títulos de Hockney, han puesto en la editorial Taschen a la monografía sobre el artista, recién presentada en la Feria del Libro de Fráncfort, gran cenáculo del negocio de las letras impresas y encuadernadas. Para que quede claro que la envergadura sí que importa, el libro viene acompañado por la descripción de “tamaño SUMO”, un guiño a la lucha de japoneses con tamaño de bulldozers.

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