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Trasdós Trasdós

No nos disgusta la definición del término trasdós: la "superficie exterior convexa de un arco o bóveda". En este blog perseguimos estar en alerta y con el objetivo siempre dispuesto para capturar los reflejos, destellos, brillos y fulgores que el arte proyecta.

Archivo de la categoría ‘Top secret’

Archivo en línea de ‘Eros’, la revista que Robert Kennedy quiso prohibir en 1962

Portadas de los cuatro ejemplares de 'Eros'

Portadas de los cuatro ejemplares de ‘Eros’

Buen momento para disfrutar —verbo muy adecuado para el caso: hablamos de sexualidad y placer— de las capacidades de almacenaje de internet de material gráfico e impreso solo disponible, en caso contrario, para quienes tengan a mano una buena hemeroteca pública, circustancia nada frecuente a estas alturas de muerte del papel.

Si hace unos días hablamos del nuevo archivo online de la revista Performance, una deliciosa locura arty del underground británico, hoy toca dar cuenta de la digitalización de Eros, publicación trimestral estadounidense que intentó proponer la revolución sexual y defenderla nada menos que en 1962, cuando el placer era todavía un tabú excepto en las zonas en sombra del delito potencial o en las muy altas y siempre protegidas esferas del poder.

El editor de este ejemplo de elegancia, libertad de prensa y nula pacatería era Ralph Ginzburg (1929-2006) —del que también hablamos en el blog en la entrada La única revista hippie en la que el diseño importaba [sobre la digitalización de Avant Garde, que editó catorce ejemplares entre 1968 y 1971]—, un intelectual de los de antes, de cuerpo y alma, sin miedo a la represión, defensor de sus colaboradores, de amplísima cultura, mayor bondad, nulo retorcimiento y adalid verdadero y sin disfraz para quedar bien en la foto de la libre opinión, un derecho que no otorgan los poderes sino la vida misma.

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Desclasifican y digitalizan filmaciones de pruebas atómicas de los EE UU

Con el tam-tam atómico sonando de nuevo y los monstruos del pasado reapareciendo en la psique colectiva, nos muestran una parte de lo que hasta ahora habían escondido: filmaciones de algunas de las 210 pruebas nucleares realizadas por los EE UU entre 1945 y 1962. Han sido desclasificadas por mediación del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore (LLNL, en las siglas inglesas), una institución de propiedad mixta, pública y privada, cuya sede californiana vista desde el aire parece una pacífica ciudad suburbana, tiene casi seis mil empleados, un presupuesto anual de 1.500 millones de dólares y un objetivo basado en una paradoja absoluta: garantizar la seguridad de las armas nucleares.

En medio de la crisis entre los EE UU y Corea del Norte, la gente del laboratorio —con un accionariado que mete un poco de miedo (Bechtel, BWX Technologies, AECOM y otras consultoras de ingeniería con poder y sin escrúpulos) y en el que no sería difícil imaginar a hombres que fuman y se mueven en helicópteros pintados de negro y sin matrícula— nos regala la “desclasificación” de unas 500 filmaciones de detonaciones nucleares.

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Copiando a Picasso en 3D y creyéndose artista

El Picasso, a la izquierda, y la versión de Omar Aqil

El Picasso, a la izquierda, y la versión de Omar Aqil

El paquistaní Omar Aqil, un virtuoso de los programas de generación de imágenes en tres dimensiones, se ha propuesto, en el proyecto MIMIC, recrear con herramientas de software obras de Picasso. Al afanoso joven de Lahore no le van las apuestas bajas.

Define su trabajo como “experimentos visuales que utilizan el arte del pasado”. Como la intención conlleva cierta grosería en la autosuficiencia —por otra parte tan común entre los informáticos, sean programadores o simples expertos—, enseguida se apresura a anotar la obviedad: que Picasso es “uno de los más grandes e influyentes artistas del siglo XX”.

Aún aceptada la nota de humildad, Aqil empeora el asunto explicando que eligió seis obras de Picasso, para “ver cómo funcionan al volver a crearlas como imágenes en 3D modernas”. En mi tiempo a ese juego se le llamaba copiar.

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¿Quieres que el MoMA te enseñe a pintar como Pollock, Rothko, De Kooning…?

Algunas de las obras que serán analizadas en el curso en línea del MoMA © MoMA

Algunas de las obras que serán analizadas en el curso en línea del MoMA © MoMA

Dediquen un momento a las seis obras de arte del mosaico que abre la entrada.

Desde arriba a la izquierda y en el sentido de las agujas del reloj, Númber 107, de Ad Reinhardt, una textura de fosforescencia blanco y aspecto de pared de ladrillo; White Light, uno de los últimos cuadros de Jackson Pollock, que habló del “peligroso glamour” de la pieza; No. 10, en el que Mark Rothko dio un paso más en la pretensión de “eliminar todos los obstáculos entre la idea y el cuadro”; Vir Heroicus Sublimis, de Barnett Newman, donde el pintor deseaba compomer un paisaje legendario para una época sin dioses ni creencias; Excavation, una de las marañas de Willem de Kooning, y Friendship, de Agnes Martin, que, como es habitual, traza una red articulada para alcanzar el zen de vacía tranquilidad del minimalismo.

¿Le apetece pintar así? ¿Siente la llamada de la abstraccción pura y libre? ¿Considera, como Kandinski, que el color es un medio para llegar al alma y ninguna otra pretensión debe tener el arte? ¿Opina, como añadió Pollock, cansado de dar explicaciones, que “la pintura abstracta es… abstracta”?

¿Es usted uno de esos que, ante una brutal mancha o una trama informe e infinita, opina, con bastante suficiencia y aún más tontería, que eso lo puede pintar su hijo de seis años?

El Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York, templo primario de la abstracción, le puede ayudar.

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¿Es posible contactar con el operador de una cámara de videovigilancia?

La pantalla para transmitir mensajes al operador de la videocámara - 'Finding the operator', Diego Trujillo

La pantalla para transmitir mensajes al operador de la videocámara – ‘Finding the operator’, Diego Trujillo

En la sociedad de la paranoia constante, las cámaras de videovigilancia son un gran negocio. Según datos de 2014, en el mundo hay 245 millones de ingenios de observación instalados y manejados profesionalmente —no entran en el cómputo, por tanto, los sistemas privados—, el 65% de ellos en Asia, donde el crecimiento estrafalario de la economía basada en el modelo comunista-capitalista —lo mejor de ambos mundos— ha conseguido que el país esté barrido por los ojos electrónicos y que la vida diaria pueda ser un show de telerrealidad.

La situación es similar en los EE UU —donde las expectativas eran de dimensiones enormes en 2016: 62 millones de cámaras— y en el Reino Unido, con 1,85 millones, una cifra que tiene más impacto si consideramos que el reparto por cabeza es de una cámara por cada 14 ciudadanos. Nadie se queda fuera de la foto porque todos entran en el plano.

Algunas ciudades, el ejemplo extremo es Londres, donde se estima que hay unas 400.000 unidades de CCTV (por las siglas en inglés de cámaras de televisión en circuito cerrado), están plagadas de cámaras, que han sido objeto de bastantes pillerías, algunas tan divertidas como la del colectivo de hackers ¡Bitnik, que semanas antes de los Juegos Olímpicos de 2012, cuando la capital era terreno de patrullaje invasivo y grosero, se dedicó a demostrar lo fácil que resulta interferir y anular los modelos de e-patrullaje.

El Ajedrez de la Vigilancia, una acción de los activistas, logró hacerse con el control de los sistemas de varias estaciones de metro, convirtiendo las pantallas en tableros de ajedrez informático y retando al operador a una partida. Para que no cupiese duda del carácter reivindicativo del hackeo, el último pantallazo mostraba el número de móvil del pirata informático.

Pero no siempre resulta tan fácil dar con la persona tras el artefacto.

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Exposición en línea sobre la grandeza de la antigua ciudad de Palmira

The Legacy of Ancient Palmyra - The Getty Research Institute

The Legacy of Ancient Palmyra – The Getty Research Institute

Cruce de caminos de las caravanas que surcaban en las dos sentidos la Ruta de la Seda, no solamente un camino para el comercio entre Asia y Europa, sino una de las primeras autopistas de la información sobre conocimientos, prodigios y saberes, la antigua ciudad de Palmira era llamada en árabe Tadmor, traducción del arameo palmira, “ciudad de los árboles de dátil”. De ningún lugar con esa etimología —cuya belleza está presente también en el idioma sirio, donde el nombre se asocia con la palabra Tedmurtā, “milagro maravilloso”— se puede esperar cosa distinta al deslumbramiento, por mucho que al acercar la mirada del satélite las coordenadas desprendan la tristeza de la muerte y el fuego.

Para trasladarnos a un tiempo ajeno a la miseria actual —la Guerra de Siria (activa desde 2011, con casi 500.000 muertos y 4,8 millones de desplazados o huídos del horror) ha convertido la vieja ciudad en poco más que una cantera y sus alredores en una necrópolis donde solo quedan brasas— podemos, es un pobre consuelo, viajar virtualmente a The Legacy of Ancient Palmyra (El legado de la antigua Palmira), una subyugante exposición en línea que acaba de lanzar el Getty Research Institute.

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Reconstruyen el robot Eric, una estrella de fama mundial en 1928

Eric the robot © The Board of Trustees of the Science Museum

Eric the robot © The Board of Trustees of the Science Museum

El robot de la foto se llama Eric y nació en 1928, menos de una década después de que la palabra robot fuese acuñada por los hermanos checoslovacos Karel y Josef Čapek —la inventó el segundo, pero la usó por primera vez Karel, genial escritor de ciencia ficción distópica, en la obra de teatro R.U.R., siglas en checho para Robots Universales Rossum—.

Los robots, pese a que la palabra tiene menos de un siglo de edad, son bastante más antiguos, ya que se trata de una prolongación moderna de los autómatas milenarios, los pájaros mecánicos chinos y los alquímicos gólem. En este artículo almacenado en el Internet Archive se presenta un buen resumen de la historia de la robótica moderna.

Fabricado por el capitán William Richards y Albert Herbert Reffell, dos veteranos de la I Guerra Mundial metidos a emprendedores, el robot Eric, el primero construido en el Reino Unido y uno de los primeros de los que se tiene noticia en el mundo, alcanzó gran notoriedad en su tiempo. Controlado a distancia por una conexión inalámbrica, era capaz de ponerse en pie, mover los brazos y girar la cabeza. Fue presentado a bombo y platillo en un congreso de ingeniería industrial en Londres y sus padres lo pasearon luego por el mundo.

El único prototipo del robot se había perdido —no se conocen las circunstancias, aunque se ha manejado la idea de un cruél desmantelamiento para venderlo por piezas al chaterrero— y sólo se conservaba material de archivo, recortes de prensa que guardaban los herederos de Richards y Reffell.

Ahora Eric ha renacido.

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El ‘Louvre de los EE UU’, frente a la Casa Blanca ocupada por Trump, recuerda la clase de JFK

Izquierda, JFK y Jackie, 1953 [Foto: Jacques Lowe]. Al lado, Donald y Melania Trump, 2017 [Foto: EFE]

Izquierda, JFK y Jackie, 1953 [Foto: Jacques Lowe]. Al lado, Donald y Melania Trump, 2017 [Foto: EFE]

No es benigno prejuzgar según el aspecto o el donaire. El primero acaso esté condicionado por el saldo bancario y el segundo llega según la lotería de la genética. Cosa distinta, fácil y legal, es predetermninar a buenas personas o necios de acuerdo con el talante, la educación, la urbanidad, la civilidad, la gentileza, la cortesía, la tolerancia, la categoría moral o la humanidad, valores que no conocen distingo entre clases socioeconómicas, razas, religiones o apetencias sexuales, dado que son fruto de un proceso de germinación y aprendizaje para el que sólo hacen falta voluntad y bonhomía.

El museo más importante de los EE UU en volumen de obras, sedes e instalaciones —el Smithsonian, con cuarteles generales en Washington—, que también ocupa el primer puesto entre los de todo el mundo gracias a un complejo de 19 pinacotecas y media docena de centros de investigación, quiere comparar a las dos parejas del par de fotos de arriba, separadas por 64 años en el tiempo y por una galaxia en el donaire de los cuatro retratados: por un lado, John Fitzgerald Kennedy y Jacqueline Lee Bouvier —todavía no se habían casado cuando la imagen fue tomada— y, a la derecha, Donald Trump y su esposa, Melania.

Aunque no menciona la confrontación de manera directa, el Smithsonian Art Museum (SAAM), dedicado a arte estadounidense, acaba de anunciar una exposición de calado que no deja lugar a dudas sobre el enfrentamiento. American Visionary: John F. Kennedy’s Life and Times (Un visionario americano: la vida y la época de John F. Kennedy) conmemorará los cien años del nacimiento del expresidente asesinado y los “valores” que defendió durante su carrera política. Lee el resto de la entrada »

El refugio de Ikea para migrantes, mejor diseño del año

Better Shelter - Foto: © Jonas Nyström

Better Shelter – Foto: © Jonas Nyström

El Museo de Diseño de Londres acaba de conceder el premio al mejor producto del año al refugio para migrantes, desplazados o solicitantes de asilo Better Shelter, una estructura digna y barata que sirve como estancia temporal. El refugio, diseñado por una empresa montada por la Fundación Ikea y apoyada por ACNUR, el comisionado de Naciones Unidas para los refugiados, ya está en uso en lugares como el campamento de tránsito de la isla griega de Lesbos.

Con un coste por unidad de unos 1.250 dólares, está montado sobre un marco de acero robusto revestido con paneles aislantes de polipropileno. Tiene un panel solar en el techo que proporciona cuatro horas de luz eléctrica y permite la carga de teléfonos móviles a través de puerto del USB, toma de tierra, una lámpara y candado para cerrar la puerta por fuera o desde dentro.

Firmemente ancladas al suelo, las paredes de Better Shelter son a prueba de puñaladas, dado que los refugios puden estar instalados en lugares donde la violencia, sobre todo de género, es notable.

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El hombre que tiene 100.000 revistas y no piensa digitalizarlas

James Hyman en el almacén del archivo

James Hyman en el almacén del archivo – Foto: James Hyman Archive

En un momento en que lo correcto parece ser convertir lo tangible en binario, en un puro dato compatible con la neovida que llevamos, James Hyman es un contrasentido viviente. Nacido en 1970 —es decir, con edad para ser un hijo del boom digital— este inglés, antiguo empleado de la MTV, se dedica a recolectar ejemplares físicos de material impreso. Se jacta de ser el coleccionista con más publicaciones del mundo, unas 100.000, y dice que no, que ni en broma piensa digitalizarlas.

El Hyman Archive, instalado en un almacén del este de Londres [mapa], es el receptáculo donde Hyman guarda el resultado de 25 años de búsqueda, encuentro y clasificación de revistas, cómics, fanzines, panfletos, flyers, catálogos y otro material efímero de eso que algunos llaman, con un deje de superioridad, baja cultura.

La única forma de consultar el material es ir a la sede —previo establecimiento de una cita y pago de una cuota (Hyman no recibe ayudas públicas como ciertos archiveros que se pasan el día escaneando material impreso)— y ver lo que quieras con tus propios ojos, manosearlo con tus manos como antes hicieron otros, oler el leve aroma mohoso del papel barato y amarillento…

En suma, volver a ser persona y no persona con gadget añadido casi desde la cuna.

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