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"La libertad produce monstruos, pero la falta de libertad produce infinitamente más monstruos"

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El veneno naci-onalista y los “mozárabes” de Leguina

En un país tan acobardado y pusilánime como éste, me alegra que Joaquín Leguina salte al ruedo, reparta estopa a diestra y a siniestra y llame a las cosas por su nombre. Su teoría de los “mozárabes” en Cataluña tiene miga. Por eso, recomiendo la lectura atenta de su artículo “La hora de la verdad”, publicado hoy en El País.

Joaquín Leguina

Conozco a Joaquín Leguina desde 1971, cuando fundamos el semanario Cambio 16. Soy consciente de que, a veces, con más corazón que cerebro, con más pasión que cálculo, se precipita y se equivoca. Pero, al cabo de tantos años, me sigo fiando de su instinto, de su honestidad y de su coherencia. Y envidio su valentía.

Ahora voy con prisas para hacer recados. Por eso, copio y pego a continuación el artículo tan oportuno y valiente de Leguina. Con mi experiencia de inmigrante almeriense en Barcelona y Madrid, prometo dejar pronto aquí un comentario sobre el veneno naci-onalista de los separatistas y de los separadores.    Ahora no se pierdan este artículo:

La hora de la verdad

Los nacionalistas han olvidado que la Constitución es fruto de una voluntad común de convivencia y de un pacto político.

Por Joaquín Leguina (1 OCT 2012)

“La naturaleza nos echó a este suelo libres y desatados y nosotros nos aprisionamos en determinados recintos como los reyes de Persia, que se imponían la obligación de no beber otra agua que la del río Choaspes”. Michel de Montaigne

La música nacionalista nos era conocida y también nos era familiar la letra, pero la orquesta y los atambores nunca habían sonado con tanto estruendo como ahora. Una huida hacia adelante que la crisis no ha hecho sino empujar, por dos razones, al menos: 1) la tracción centrípeta europea ha perdido fuerza y 2) el victimismo nacionalista exige más que nunca echarle la culpa de “nuestros males” a Madrid. ¿Cómo se ha llegado hasta aquí?

En primer lugar, ganando la batalla dentro y fuera de Cataluña a unos adversarios que prefirieron no plantar cara. Y, ya se sabe, las batallas que no se dan siempre se pierden. Además, cuando alguien no encuentra oposición a sus ideas acaba desbarrando. Por otro lado, los nacionalistas jamás hablan de las complicaciones jurídicas y tampoco de los riesgos que para ellos conlleva el viaje a ese Eldorado de la independencia. Para los nacionalistas, Cataluña (representada exclusivamente por ellos) siempre estará por encima de la Ley.

Si te opones a las ideas nacionalistas serás tachado de “centralista” y hasta de “fascista”

El desistimiento de “la otra parte” ha permitido a los independentistas convertir en mozárabes a los catalanes no nacionalistas, especialmente a aquellos que provienen de la inmigración (conviene saber a este respecto que la mayor parte de los catalanes tiene como lengua materna el castellano). En este proceso de asimilación a martillazos el gran responsable político ha sido el PSC. Basta para demostrarlo con ver las actitudes de quien ha sido el paradigma del mozárabe, José Montilla. Un hombre nacido en Córdoba, que no solo ha apoyado con entusiasmo la “inmersión lingüística” sino que le montó un pollo al Tribunal Constitucional por atreverse a “tocar” el famoso Estatuto. En verdad, si hoy te opones a las ideas y sentires de los nacionalistas serás tachado de “centralista”, “nacionalista español” y hasta de “fascista”.

También ha existido la complicidad de los grandes partidos de ámbito nacional, debida —en buena parte— al papel en que la ley electoral coloca a los nacionalistas: el de bisagra para la gobernabilidad. “No critiquemos a los nacionalistas, pues los necesitamos para gobernar (o podremos necesitarlos en el futuro)” ha sido la consigna y como consecuencia los nacionalistas han ignorado, sin más trámite, entre otras leyes, los artículos 1, 2 y 3 de la Constitución (“La soberanía nacional reside en el pueblo español”; “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española”; “Todos los españoles tienen la obligación de conocerla [la lengua común] y el derecho a usarla”). Y así, el bilingüismo que consagra la Constitución en los territorios con “lengua propia” ha sido combatido, y no solo con la “normalización lingüística”. Imposiciones que han producido discriminación contra las personas a causa de su lengua materna.

Los nacionalistas también se han olvidado de que la Constitución es el producto de una voluntad común de convivencia y de un pacto político en el que todos renunciaron a sus aspiraciones máximas (los nacionalistas también).

Para acabar con el fuego, Rodríguez Zapatero —a impulsos de Maragall— echó sobre la hoguera unos cuantos bidones de gasolina en forma de nuevo Estatuto (voraz Saturno que acabó comiéndose a todos sus hijos) que, tras un delirante proceso legislativo y un referéndum fallido (la proporción de catalanes que votó a favor del Estatuto rayó con el ridículo) acabó recortado por el Tribunal Constitucional, es decir, otra vez la frustración, esa que tanto ama el victimismo nacionalista.

Pues bien, de todos aquellos polvos han venido estos pesados lodos sobre los cuales se pretende ahora poner en marcha el proceso de divorcio entre Cataluña y el resto de España. En otras palabras: se quiere recorrer un camino hacia una disgregación “a la yugoslava” que el resto de los españoles no podemos contemplar como quien oye llover y no se moja… Y sin embargo, de la boca de muchos de los políticos que representan a los ciudadanos no nacionalistas, dentro y fuera de Cataluña, salen de nuevo palabras melifluas tales como “calma”, “racionalidad”, “diálogo”, “pacto”… Volvemos, pues, como la burra, al trigo. Es decir, a la confusión… y mientras, ellos, tan dialogantes, siguen con la matraca de “España nos roba”.

¿Una negociación? ¿Sobre qué parte del salchichón? ¿Sobre la que sigue en manos del Estado o sobre la que se han tomado, legal o ilegalmente, los nacionalistas? Porque si solo se va a negociar acerca de las ya escasas competencias que mantiene el Estado, mejor apaga y vámonos.

Lo que se ha vuelto urgente para quienes no somos nacionalistas es apelar con vigor a un “patriotismo constitucional” y activo, derivado de la tradición liberal y democrática. No se trata de enfrentar un nacionalismo (el español) con otro (el catalán) sino de dejar las cosas claras: que España es una nación —la única en este territorio, eso nos dice la Constitución— y todos los líderes políticos han jurado o prometido defender esa Constitución.

En este asunto, el PSOE y, sobre todo, el PSC son víctimas de varios malentendidos que tienen su origen en el franquismo. Una primera confusión proviene de pensar que todos los que estaban contra Franco eran “de los nuestros”. Pues no. Los nacionalistas nunca han sido “de los nuestros” ni en su concepción del Estado ni en sus ideas sociales. La segunda y más grave confusión se deriva del añoso prejuicio según el cual los conceptos de “patria” o de “España” son un invento del franquismo. Bajo tales prejuicios es fácil llegar a creer, por ejemplo, que hablar o escribir en español dentro de Cataluña es el producto de una imposición de “la lengua del imperio” por parte de Franco y no una tradición muy anterior a Prat de la Riba.

El PP ha sido a menudo tan consentidor como el PSOE. Baste para demostrarlo con recordar la negativa del Gobierno de Aznar a recurrir (forzó también al Defensor del Pueblo para que no lo hiciera) la ley lingüística aprobada en tiempos de Pujol (esa que permite poner multas a los establecimientos que no rotulen en catalán). Pero, hoy por hoy, son los socialistas —que tienen en Cataluña más votos que el PP— quienes han de cargar con mayor responsabilidad a la hora de defender allí las ideas y los intereses de los catalanes no nacionalistas —que son millones—, a los cuales se les está reduciendo —ya se ha dicho— a la condición de mozárabes. Y esa es una tarea que el PSOE (con o sin el PSC) no puede obviar y para ello y en primer lugar es preciso olvidar ese estúpido “horror al lerrouxismo” que se impuso durante la Transición. Por lo tanto, ha de clarificarse cuanto antes la relación del PSOE con el PSC y aclarar también si este último quiere jugar a “la puta” o a “la Ramoneta”. Se precisa claridad; por ejemplo, acerca del federalismo (¿y qué otra cosa es el Estado de las Autonomías en su desarrollo actual?). Convendría saber de qué federalismo habla el PSC, no vaya a ser que estemos ante esa ensoñación impracticable y contradictoria en sus términos que algunos llaman “federalismo asimétrico”.

Lo que no puede hacer el PSOE en este asunto es el papel de don Tancredo, pues en tan incómoda postura va a ser el primero a quien el toro se lleve por delante.

Joaquín Leguina es economista y fue presidente de la Comunidad de Madrid.

Aznar lo provoca y ZP lo tapa. Lúcido Goytisolo

Desde que leí “Campos de Níjar” -hace casi 40 años- no me pierdo ningún artículo de Juan Goytisolo. Con sus reflexiones y provocaciones nunca te vas de vacío. Por eso, copio, pego y recomiendo su tribuna publicada hoy en El País. Roza, como de pasada, problemas de fondo sobre el qué, quién, cómo y por qué de los españoles.

Juan Goytisolo

Leí su crónica cruda y dramática sobre el paisaje humano de lo que hoy es, en buena parte, el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar cuando aterricé en la Universidad. Entre los miembros de SUT (Servicio Universitario del Trabajo, una rama del sindicato franquista SEU, llena de rojos infiltrados empezando por el padre Llanos) el libro de Juan Goytisolo era de lectura casi obligada en los campos de trabajo y en las campañas de alfabetización que organizabamos cada verano.

Con el paso de los años, puedo reconocer ahora que las inquietudes sociales provocadas por la tradición familiar, por aquellas lecturas juveniles (la mayoría clandestinas) y por las actividades (casi subversivas) del SUT me empujaron muy pronto hacia la práctica del Periodismo y el estudio de la  Economía mucho más que el suspenso en dibujo en la Escuela de Arquitectura y la consiguiente pérdida de la beca del PIO.

Por eso, tengo una deuda con Juan Goytisolo y siempre que puedo recomiendo la lectura de sus artículos, a ser posible con un lápiz para subrayar las ideas-fuerza dignas de posterior debate. Lo dicho. Copio y pego:

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 Hemos vivido un sueño

Hoy, en el vertiginoso salto atrás a la pobreza, paro y ladronería bancaria, cuando los españoles vuelven a emigrar, dependemos enteramente de la Dama de Acero alemana
Juan Goytisolo 22 JUL 2012
Hace poco más de un decenio, el llamado milagro español nos exaltaba y provocaba la admiración del mundo entero. Nuestro presidente del Gobierno, el héroe de la reconquista del islote de Perejil y miembro del famoso trío de las Azores que emprendió la noble y fructuosa (¡cifras cantan!) cruzada de liberación de Irak y la neutralización de sus armas mortíferas, aseguraba a quien quisiera oírle que España se había zafado de la funesta influencia francesa y había recuperado la grandeza perdida desde la época del emperador Carlos V. Los hechos o, por mejor decir, la información de los hechos, le daban la razón. España era la octava potencia mundial en términos económicos, los mercados alentaban nuestro imparable crecimiento y la marca España no era solo, como hoy, la de Nadal, el Real y el Barça, sino la de todo un país que caminaba con paso firme y resuelto por la recta vía del progreso y de la prosperidad.

Eran los tiempos del ladrillo y del crédito fácil, de la feliz llegada del euro, de la culminación gloriosa de una transición democrática que servía de modelo urbi et orbi, de proyectos y obras faraónicas y de dinero derramado a espuertas.

Pero los milagros —con excepción de los científicamente demostrables por cámaras ultrasensibles en Lourdes y Fátima, según su Santidad Benedicto— no existen y en 2008, tras la quiebra de Lehman Brothers, inesperada para los accionistas crédulos, pero no para sus directores ni para las hoy célebres agencias de notación, aquellos apresuraron a privatizar los beneficios de la venta de sus activos tóxicos en favor de los responsables de la bancarrota y a “socializar” las ingentes pérdidas a costa de los estafados. Después de una sarta de noticias funestas a los largo de 2009 y 2010, abrimos finalmente los ojos y, como dicen en Cuba, “caímos del altarito”. El sueño se había desvanecido y el despertar fue amargo.

Lo de un país rico pero pueblo pobre es una constante de nuestra historia. En la época imperial evocada por José María Aznar, el oro de las Indias recalaba en España. No obstante, lo que no era invertido en la construcción de palacios e iglesias y en gastos suntuarios pasaba directamente a manos de los negociantes y banqueros de Génova y Ámsterdam. A diferencia del pragmatismo luterano, calvinista o anglicano forjador del moderno capitalismo según señaló Werner Sombart, el catolicismo hispano acumulaba sin medida fincas rústicas y heredades inmobiliarias y rechazaba por razones de hidalguía el comercio y la fabricación de bienes útiles. España, pese a los esfuerzos de los ilustrados y regeneracionistas y las actividades productivas de los llamados indianos, se descolgó del progreso europeo y quedó rezagada en su furgón de cola. A fines de los cincuenta y comienzos de los sesenta del pasado siglo, la conjunción de la salida masiva de emigrantes a una Europa a la que política y económicamente aun no pertenecíamos, con la entrada igualmente masiva de turistas procedentes del todo el Viejo Continente, y la llegada al Gobierno de los ministros tecnócratas del Opus Dei, cambiaron las cosas. Estos últimos fueron nuestros calvinistas: desculpabilizaron al catolicismo de sus siempre ambiguas relaciones con el sistema de producción y espíritu de empresa del capitalismo, y asumieron el lema de “por el dinero hacia Dios”. Como previmos algunos en fecha tan temprana como 1964, el régimen franquista se desplomaría a la muerte del Caudillo no por la acción de una izquierda aferrada al recuerdo de su lucha heroica durante la Guerra civil, sino por la transformación de una sociedad que nada tenía que ver con la que se había alzado a poder por la fuerza de las armas 25 antes.

Estamos al cabo de un ciclo histórico y una crisis de civilización. Habrá que exigir responsabilidades

Los logros de la transición que acabó con el ciclo de revoluciones, guerras civiles y dictaduras de espadones están a la vista de todos y recibieron el aplauso unánime de una Unión Europea que no tardaría en acogernos con los brazos abiertos y favorecernos con sus fondos de ayuda para el desarrollo. Pero sus limitaciones no tardarían en manifestarse mientras los sueños de grandeza se nos subían a la cabeza. Hubo una transición política de “borrón y cuento nuevo”, pero no educativa ni cultural. Los hábitos mentales creados por la rutina y el temor a las ideas frescas pero desestabilizadoras de las verdades consagradas se perpetuaron. Los sucesivos gobiernos de las tres últimas décadas no tuvieron unos la voluntad y otros el valor de denunciar el Concordato, de abolir las exorbitantes partidas presupuestarias y privilegios fiscales eclesiásticos y de crear un Estado verdaderamente laico, liberándose así de las recurrentes presiones y chantajes de una jerarquía ideológicamente retrógrada. Convertidos ya en nuevos ricos, nuevos libres y nuevos europeos, nuestra clase política, surgida al socaire de la bonanza económica y de un optimismo sin mácula, fundó sus criterios de la gestión pública en el clientelismo con el aplauso de unos ciudadanos que, confortados por el acceso a un crédito fácil, asumieron que este era un pozo sin fondo. El paso de una pobreza real a una riqueza ficticia no se produjo gradualmente sino con una brusquedad que no permitió la creación de una cultura amortiguadora de tan vertiginosa mutación. De ser un país de emigrantes en busca del pan que no ganaban en casa nos convertimos en otro que acogía a millones de fugitivos de la pobreza oriundos de Iberoamérica, Magreb y África subsahariana.

El ejemplo más extremo pero sintomático de lo que ocurría en nuestras “enladrilladas” costas mediterráneas, lo hallé en El Ejido. El país misérrimo que visité hace poco más de medio siglo saltó de un brinco a ser uno de los municipios más ricos de Europa. En medio del mar refulgente del plástico de los invernaderos bajo el que se apiñaban en condiciones indignas millares de magrebíes y subsaharianos, la ciudad improvisada sin planificación alguna albergaba según un informe del Foro Cívico Europeo que cito de memoria, una cuarentena de agencias bancarias, ciento y pico prostíbulos y una librería a todas luces superflua a ojos de una comunidad para la que la educación era algo inútil de cara al logro y al manejo del dinero. ¿Quién iba a decir en 1997 que esta sociedad derrochadora y caciquil, fruto de la megalomanía de especuladores de toda laya a cargo de las Autonomías y Diputaciones —verdaderos reinos de Taifa— iba a convertirse de pronto en el nuevo “hombre enfermo de Europa”, como lo fue hace un siglo el imperio otomano?

Los ciudadanos no distinguen ya entre el partido que originó la ruina y el que la tapó

Al despilfarro y delirio de grandeza de la época de Aznar —el de la boda principesca en El Escorial, con un yernísimo que a diferencia del esposo de la infanta Cristina ha dejado misteriosamente de ser noticia— sucedió para alivio de muchos la llegada al poder de un joven y prometedor José Luis Rodríguez Zapatero. ¿Sabía este en marzo 2004 la envenenada herencia que recibía en manos? Quienes creíamos que no, dado su tenaz optimismo y negación obstinada de la crisis que se nos venía encima después de la quiebra fatídica de Lehman Brothers, nos equivocamos de medio a medio. Un reciente artículo de Francesc de Carreras (La razón moral del indignado, La Vanguardia, 29-5-2012) me puso sobre la pista del libro de Mariano Guindal, El declive de los dioses, cuya lectura aconsejo vivamente, en la que su autor entrevista a quien pronto sería ministro de Industria de Zapatero en vísperas de las elecciones de 2004, y en la que Miguel Sebastián declara: “Menos mal que no vamos a ganar porque la que viene sobre España es gorda […]Tenemos una burbuja inmobiliaria y es inevitable que estalle y cuando esto ocurra se lo va a llevar todo por delante incluyendo los bancos”. Si, como admite el entrevistado, Zapatero y su equipo no estaban preparados para empuñar el timón en la tempestad que se avecinaba, cabía esperar al menos que dieran a conocer la “tremenda” situación que heredaban. La culpa no era suya, y lo razonable hubiera sido coger el toro por los cuernos y afrontar con urgencia la previsible catástrofe.

Por desgracia no lo hicieron y al desmadre especulativo y saqueo del erario público sucedió su incomprensible ocultación. Todo iba bien, seguíamos en el mejor de los mundos, hasta el momento (abril 2011) en el que ya resultó imposible negar la vorágine en la que nos anegábamos y, con dicho reconocimiento tardío, Zapatero cavó su propia tumba.

Hoy, en el vertiginoso salto atrás a la pobreza, paro y ladronería bancaria, cuando los españoles vuelven a emigrar a Inglaterra, Norteamérica, Suiza o Alemania y másters en mano se ven obligados a asirse al empleo que sea en medio del naufragio; cuando liberados de la influencia francesa (¡ah, el sublime Aznar!) dependemos enteramente de la Dama de acero alemana y de las voraces agencias de notación; cuando los mineros de Asturias en huelga marchan a pie hasta Madrid y sacuden con sus justas reclamaciones los fundamentos éticos de un Estado presuntamente democrático, ¿que hacen Rajoy y su flamante Gobierno? Negar ya no la crisis sino el rescate hasta el último momento y presentar luego la capitulación como una victoria; aclarar que “donde digo digo, digo Diego”; sostener que si accedió a agarrarse al salvavidas fue cediendo a las súplicas de quienes se lo arrojaban; imponer los recortes brutales a la educación y asistencia sanitaria y dejar impunes a los causantes de la ruina y a quienes se aprovecharon desvergonzadamente de ella.

El rechazo casi general a la clase política e instituciones estatales, incluido el Poder judicial encarnado por el Dívar de los fines de semana marbellenses —por cierto, ¿por qué y por quién fue nombrado a tan alto cargo en tiempos de Zapatero?— traduce la perplejidad de unos ciudadanos que, desbordados por la magnitud de los problemas que les acucian, no distinguen ya entre los dos partidos políticos, el que originó la ruina y el que la tapó y, a falta de expresar su cólera a gritos, se refugian en la fatalista resignación. Estamos al cabo de un ciclo histórico y una crisis de civilización, y habrá que exigir responsabilidades como claman los indignados. Como se pregunta Josep Ramoneda en un reciente artículo en estas mismas páginas (Poco pan y peor circo, EL PAÍS, 14-6-12), “¿hasta cuando aguantarán los ciudadanos que nadie defienda sus intereses?”

Juan Goytisolo es escritor.

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El hacha del PP contra Juan Ramón Lucas

El PP de Fraga/Aznar/Rajoy vuelve a las andadas: saca el hacha fratricida de León Felipe. Y quita de enmedio al conductor más ecuánime de Radio Nacional de España. Otra vez el hacha. Y otra oportunidad perdida para la elegancia y la pedagogía  democráticas. No aprendemos.

Juan Ramón Lucas, en un encuentro con los lectores de 20minutos.es

Entiendo que cuando cambia el Gobierno, éste quiera sustituir a los cargos políticos de libre designación del Gobierno anterior. Así ocurrió con la peleona María Antonia Iglesias (nombrada por Felipe González) o con el zombi Alfredo Urdaci (nombrado por José María Aznar). Ambos eran directores de los servicios informativos de TVE conectados directamente con La Moncloa. O con los directores de Informativos de RNE que son cargos de confianza enchufados al poder político de turno.

Juan Ramón Lucas es un periodista sin cargo político alguno, un currante contratado por Radio Nacional para conducir y presentar “En días como hoy”, un programa informativo de la mañana que ha sumado grandes éxitos de audiencia (1,4 millones de oyentes) y de credibilidad.  Le quedaba pendiente un año más de contrato. Podían haber esperado solo un año para quedar como demócratas respetuosos con la libertad de expresión.

Debo decir que apenas conozco personalmente a Lucas. Le he visto en un par de encuentros multitudinarios. Pero he seguido con atención e interés personal y profesional el fruto de sus obras. Al poco tiempo de ser contratado por RNE para presentar el programa de la mañana, y privado ya de Iñaki Gabilondo en la mañana de la SER (cada día más sesgada), me pasé de vez en cuando a RNE. El programa de Juan Ramón Lucas nos cautivó a todos en casa y quedamos enganchados a RNE hasta hoy. Tal como estábamos ya enganchados los fines de semana  a “No es un día cualquiera” como fieles escuchantes de Pepa Fernández. Espero que el golpe antiprofesional contra Lucas sirva, al menos, de vacuna o cortafuegos para que no se carguen también a Pepa Fernández.

¿Qué prisa tenía o qué tipo de presiones fratricidas recibía este tal González-Echenique, nueve jefe de la RTVE del PP, para aplicar la guillotina laboral contra Lucas?

Por más que busco por los rincones más recónditos del razonamiento, no encuentro razones que justifiquen el cese de Lucas. Estas reacciones del PP de siempre solo puedo entenderlas desde el análisis frío de sus vísceras, de su ADN, de los más bajos instintos de personas miserables que deberían estar inhabilitadas para la política democrática.

Los Fabra del PP de Castellón. Cacique e hija

Ese es el caso, por ejemplo, de la todavía diputada del PP, Andrea Fabra, fiel sucesora de su padre, el cacique de Castellón. Su grito de guerra parlamentaria (“¡Que se jodan!”) contra los parados en el momento en que Rajoy les aplicaba el hacha de los recortes es una prueba inequívoca de la inmundicia moral de extrema derecha (del viejo parque jurásico) que aún subsiste en el seno del Partido Popular. La hija del cacique dice ahora que aquel ¡Que se jodan!” (que fue gritado por ella al anunciar Rajoy el recorte a los parados) no iba dirigido a los parados sino a los diputados socialistas que estaban sentados en la bancada de enfrente. No sé que es peor. La mierda, cuanto mas remueve, más huele.

¿Habrá asesorado esta desvergonzada Andrea Fabra (o alguien de su cuadra) a González-Echenique para que echara a Juan Ramón Lucas de su programa al grito de “¡Que se joda!”?

Lo malo es que no solo joden a Lucas sino que nos joden a 1,4 millones de oyentes que celebrábamos cada mañana su islote de libertad, gracia y ecuanimidad profesional.

¿Era ese, quizás, el objetivo final? Pues lo han conseguido con RNE. Y lo van consiguiendo también con los restos de la maltrecha economía española heredada de Aznar y Zapatero. Estoy enfadado con los desmanes del hacha del PP, pero estoy más enfadado aún con la política nefasta del PSOE de Zapatero (a quien voté) que hizo posible el regreso al poder absoluto de un PP que aún alimenta en su interior huestes antidemocráticas pendientes de civilizar.

Que yo critique hoy el cese de un colega periodista (habiendo sido yo mismo despedido ilegalmente por la TVE de Aznar tras la entrevista que le hice como candidato presidencial en 1996) puede dar la impresión, y quizas con razón, de que aún tengo un hacha por afilar. No es así. Como dice un tiento: “El tiemo lo cura to”. Además, las penas con pan son menos. La indemnización por despido improcedente que fijó el juez (mis hijos la llamaron “la beca Aznar“) me permitió volver a la Universidad y fundar Multiprensa y Mas S.L, editoria del diario 20 minutos y de 20minutos.es.

No obstante, alguien dirá que, como reza el título del blog, “se nos ve el plumero”. Por eso, y porque en la derecha española hay gente con dos dedos de luces, quiero copiar y pegar aquí un artículo de Luis María Anson (nada sospechoso de izquierdista), que acabo de leer en la pagina 2 de El Mundo, con el que estoy de acuerdo y cuya lectura recomiendo.

Primer error de González-Echenique, de Luis María Anson en El Mundo

OPINIÓN: CANELA FINA

Luis María Ansón contra el cese de Luan Ramón Lucas

Hace pocos días, una ministra del Gobierno me hacía elogios bien fundamentados sobre la capacidad de Leopoldo González-Echenique. No se trata de un caso aislado. Son muchos los testimonios positivos que he escuchado en las últimas semanas sobre la inteligencia y la seriedad del nuevo presidente de Radio Televisión Española.

Como sería altamente calumnioso afirmar que González Echenique es un experto en radio televisión, pues la primera en la frente. La destitución, si se confirma, de Juan Ramón Lucas es un grave error. Pocos profesionales del periodismo tienen una idea tan clara de servir, desde la independencia, el derecho a la información de los ciudadanos. Escucho de forma habitual su espacio En días como hoy y, en mi opinión profesional, creo muy difícil hacer periodismo de forma más objetiva. Sin genuflexiones ni agresividades, el programa informativo de Juan Ramón Lucas ha consolidado el prestigio de Radio Nacional de España, gracias a la sagacidad periodística de su director, a su instinto para la actualidad, a su sentido del humor y a su capacidad para buscar y encontrar temas de alcance humano. Seguramente tendrá defectos el conductor de En días como hoy pero esos se quedan para que los subrayen los políticos mediocres o los periodistas cicateros.

Juan Ramón Lucas además ha sabido armonizar un excepcional equipo, demostrando su capacidad para la dirección. No se puede mantener a diario la alta calidad de En días como hoy sin la colaboración de una redacción a la que hay que saber alentar y coordinar. Lucas, por otra parte, cree sinceramente en la radio pública. Desembarazado de cualquier presión política, lleva largos años impartiendo una lección diaria de periodismo independiente. Borrar de un plumazo la fecunda comunicación con millones de oyentes es, para muchos, un grave error que ha producido general rechazo en medios profesionales.

Ah, apenas conozco a Juan Ramón Lucas. Lo he visto alguna vez en actos periodísticos multitudinarios y no tengo con él la menor relación ni personal ni profesional. Hace años me hizo una entrevista en la radio con motivo de una cuestión relacionada con la lengua. Y eso es todo. Escribo estas líneas, como he hecho tantas veces con otros compañeros, por razones de justicia y como homenaje particular a uno de los mejores profesionales que enaltecen el periodismo español.

A ciertos dirigentes del PP les chiflan los periódicos alfombra; a otros, los periódicos momia. Y además les encanta entonar la predicción de Ortega y Gasset: «Ya no hay protagonistas; solo hay coro». Pero eso en periodismo es arar en el agua. Juan Ramón Lucas lo sabe muy bien. En el PP hay políticos y periodistas que harían un tambor con la piel de su propia madre para redoblar sobre ella las alabanzas a Rajoy y a Soraya. Hace unos días me decía en la Academia un prestigiado intelectual que el instrumento que toca Rajoy es un stradivarius; el de Zapatero, una zambomba. La comparación no me parece disparatada. Lo alarmante es que algunos pretenden transformar ahora, ya en el poder, el violín exigente en atolondrada zambomba.

Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española.

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Gracias, Luis María. Este artículo te honra como defensor de la libertad de expresión.

No es la primera vez que el conservador Luis María Anson sale en defensa de periodistas agredidos por el Poder y en defensa de la libertad de expresión, un derecho de los ciudadanos y no sólo de los periodistas.

Tengo dos recuerdos personales. Cuando era director del semanario Doblón, fui secuestrado, torturado y sometido a una ejecución simulada en las postrimerías de la dictadura franquista. Luis María Ansón publicó un comentario editorial en Gaceta Ilustrada (revista que él dirigía entonces) condenando tales hechos. También publicó un artículo semejante el semanario Triunfo, creo recordar que salido de la pluma de mi querido y recordado Eduardo Haro Tecglen.  Al cabo de unos meses, y casi recuperado de las heridas y quemaduras, envié ambos artículos (uno de un medio de derechas y otro de izquierdas) a la Universidad de Harvard junto con mi candidatura a la Nieman Foundation for Journalism. Estoy seguro de que ambos artículos (que algún día encontraré en mi sótano) contribuyeron a que me concedieran el honor de ser el primer hispanohablante galardonado con la Nieman Fellowship de Harvard.

Cuando era corresponsal de Televisión Española en Nueva York y fui despedido (cuando aún me quedaban dos años pendientes en mi contrato laboral), tras la entrevista preelectoral que hice a José María Aznar como candidato presidencial en 1996 y su victoria, Luis María Ansón publicó otro comentario editorial, esta vez en el diario ABC (que él dirigía) contra tal despido y en defensa de la libertad de expresión. Se titulaba “Pluralismo y Democracia”.

¿Voto en blanco o voto a Blanco?

Rubalcaba no tenía ayer cara de candidato. Zapatero, tampoco. Ambos se mostraron muy relajados, copa en mano, ante un centenar de periodistas. Daba la impresión de que se habían quitado un peso de encima. De corro en corro se corrió el rumor (“lo único que se corre últimamente”, según Manolo Saco) de que Zapatero estaba hablando de su sucesión como candidato presidencial.

José Blanco, nº 2 del PSOE y, en ocasiones, ministro de Fomento.

Pronto supimos que no había desvelado el secreto sobre si se presentaría o no como nº 1 del PSOE en las elecciones generales del 2012. Unicamente nos dijo que no era “el momento adecuado” de revelarlo a la opinión pública.  Sí dijo -para confundir con nuevos acertijos- que “ya habia tomado la decisión” (antes de que la tomaran por él los votantes en las municipales y autonómicas de mayo de 2011) y que lo había comunicado a su mujer, Sonsoles Espinosa (¡faltaría más!) y a “una persona del partido“.

El acertijo (¿quién será esa persona?) estuvo pronto en boca de todos los que estabamos presentes en el gran salón del Palacio de la Moncloa. Alfredo Pérez Rubalcaba, en un corro próximo, negó inmediatamente que él fuera el confidente señalado por Zapatero. Rubalcaba, que no tiene un pelo de tonto, es el nº 2 del Gobierno pero no es el nº 2 del Partido. Y sinceramente no creo que, hoy por hoy, aspire a ser el próximo presidente del Gobierno. Una pena, porque yo le votaría mucho antes que al pobre Rajoy y que al miserable Aznar, en caso de que resucitara como siempre fue su deseo.

Si yo fuera José Blanco (antes Pepiño), es decir, el nº 2 del Partido, y no hubiera sido el confidente elegido por el Presidente, me enfadaría mucho al conocer las declaraciones que Zapatero nos hizo anoche a los periodistas durante la copa de Navidad que ofreció en el Palacio de la Moncloa.  No solo me enfadaría. Estaría muy cabreado. Más aún, me sentiría engañado por el presidente del Gobierno si me hubiera puenteado (con otro u otra) en una decisión tan importarte.

Confidencias de Zapatero y Blanco en el Congreso

Sin embargo, esta mañana escuché a José Blanco en Radio Nacional, tan fresco, charlando graciosamente (quiero decir, hasta con gracia, tan desacostumbrada en él) con Juan Ramón Lucas y con mi paisano Carlos Santos.

¿Hablaba como minstro de Fomento? En absoluto: quitando el AVE a Valencia, tan de actualidad, hablaba con soltura de las pensiones, de la crisis económica y del ajuste, del estado del bienestar, del futuro de España y de los españoles, etc., como si ya hubiera sido ungido como candidato “in pectore” de Zapatero para presentarse a las elecciones del 2012 como nº 1 del PSOE. Ahora se entiende mejor su reciente cambio de imagen (de las broncas al PP a los guiños con la “lideresa“) y hasta de gafas.

Pero el presidente Zapatero podría haberle comunicado a Blanco su decisión A (volver a presentarse como nº 1 del PSOE) o B (no presentarse y/o que el PSOE buscara sucesor en un Congreso o mediante elecciones primarias). También podría haberle señalado que contaba con él como su candidato favorito, al igual que hizo, sin éxito, con Trinidad Jiménez para la Comunidad de Madrid.

Sonsoles Espinosa, esposa de Zapatero

Por tanto, yo apuesto a que el confidente de Zapatero (como ha sido desde antes de que mandara en el PSOE) es el mismísimo José Blanco. No puede ser de otra manera sin producir un estropicio en el Gobierno y en el Partido.

No es seguro que Blanco sea el candidato final, pero no cabe duda de que, en el caso de la “Opción B“, cuenta con una ventaja relevante de muchos meses frente a su posibles competidores (Bono, Chacón, Fernández Vara, Patxi López, etc,) en unas eventuales primarias o en un Congreso del PSOE.

En la solución del acertijo monclovita, yo apuesto por la “Opción B” (de Blanco). ¿Por qué? Encuentro varias razones:

1.- Vi anoche al presidente Zapatero demasiado relajado  (con la que está cayendo) como si, en efcto, se hubiera quitado un peso de encima.

2.- El presidente está convencido de que, dentro de un año, tras el previsible desastre electoral del PSOE en las municipales y autonómicas de mayo de 2011, la crisis economica habrá tocado fondo, el PIB estará ya repuntando, se habrá comenzado a crear más empleo del que se destruye y el cambio de tendencia, que ya anuncian indicadores relevantes para el medio y largo plazo, estará, al fin, confirmado.

Si Zapatero no estuviera convencido de esta recuperación económica para los últimos meses de 2011, es decir, si la crisis siguiera con la gravedad de estos dos últimos años, la opción elegida sería la A.  Quiero decir que, si las cosas van muy mal o a peor, Zapatero no abandonaría la carrera electoral para ganar otro mandato, aún con el riesgo, más que cierto, de perder el Gobierno. Zapatero puede tener pocos principios (equivocados o no) pero los que tiene son, en mi opinión, bastante firmes, incluso rígidos. Uno de ellos es el de no huir cuando las cosas se ponen feas. Por tanto, si la situación empeora, seguirá. Si mejora, dejará paso a otro.

Una foto desgraciada que trajo cola: La familia Zapatero, al completo, con los Obama

3.- Estoy casi seguro de que, desde que se publicaron las fotos de la familia Zapatero (incluyendo a sus dos hijas “góticas“, con tan patética indumentaria) junto a Barak y Michele Obama en Washington, la esposa del Presidente, Sonsoles Espinosa (más juiciosa que Zapatero, como, por otra parte, ha ocurrido con todos los presidentes de la Democracia) no habrá dejado de darle la murga diaria para quitarle las ganas de seguir en la Presidencia del Gobierno.

No es un secreto que la esposa del Presidente no disfruta con la posición actual de su marido. Entre otras razones, por el efecto desastroso que puede tener sobre la familia. Y no creo que sea bueno entrar en detalles.  Sólo destaco el error garrafal que el matrimonio Zapatero cometió al llevar a sus dos hijas a Washington, con tan llamativa indumentaria, y permitir que se hicieran una foto con el presidente Barak Obama y su esposa.

A muchos sabios y profundos analistas políticos les parecerá una tontería que incluya hoy, después de tanto tiempo, esta inoportuna falta de buen juicio del matrimonio entre las razones que avalan el abandono de Zapatero de la próxima carrera presidencial. A mi me parece una razón de peso que, como la gota malaya, va socavando las ganas de seguir en el Poder a cualquier padre o madre que se precien.

4.- Por último, y no lo menos importante, creo que Zapatero debe estar hasta la coronilla de ser el malo de la película (¡él que había sido tan mimado por la fortuna!), y debe soñar a diario con estrenar su casa en la playa de Vera, Almería, (y aquí arrimo el ascua a mi sardina) y que, según me dijo anoche, aún no había llegado a estrenar.

¿A qué espera, señor presidente?

Le esperamos en Almería, aunque sea como ex presidente.

El PP votará “sí” en Vitoria y “no” en Madrid

El mismo recorte de gastos obtendrá el “sí” de Basagoiti y el “no” de Rajoy. ¿Qué abismo separa a ambos líderes –y a media España– para que su votación sea tan dispar sobre el mismo asunto?  Hace poco, cuando el lendakari Patxi López y Antonio Basagoiti, presidente del PP vasco, recibieron el Premio Abril Martorell a la Concordia me dio un ataque de sana envidia. Y escribí un comentario titulado “Un ejemplo para España”

Me ocurrió lo mismo esta mañana, al escuchar al líder del PP explicando en TVE por qué pensaba votar a favor del ajuste propuesto por su adversario político, el lendakari Patxi López. Lo explicó muy bien. Pero no pudo hacer lo mismo con las razones que pudiera esgrimir Rajoy para explicar su voto negativo al ajuste del déficit público propuesto por Zapatero.  

Prácticamente todos los partidos políticos del grupo popular europeo, que están en la oposición, están votando a favor de las medidas de reducción del déficit que proponen los gobiernos de sus países –siguiendo las recomendaciones de la Unión Europea– salvo el Partido Popular de España. El Partido Popular apoyará sólo las medidas de ajuste del gobierno socialista vasco.

A mi juicio, tanto el lendakari López como el líder del PP vasco, Antonio Basagoiti, están adquiriendo una imagen de grandeza política y de generosidad patriótica que deja por los suelos a sus respectivos jefes nacionales, Zapatero y Rajoy.

A eso podemos unir el espectáculo de ayer –“lamentable”, según Javier Rojo, presidente del Senado– que ofrecen sus señorías de ambos bandos cuando gritan y patalean como niños rabiosos desde sus escaños.

Quizás esta crisis económica huracanada nos traiga como beneficio colateral la desaparición de la escena pública de los principales líderes políticos, incluyendo a Zapatero y a Rajoy. Ya se oyen numerosas voces que apuntan hacia el abandono rápido de ambos barcos (PP y PSOE)  ante la expectativa de un cambio de capitanes. Al mismo tiempo, gente extraordinaria –asqueada de la política española desde la crispación generada por Aznar, Rajoy  y Zapatero–  está pensando -aún clandestinamente- en cómo arrimar el hombro para sacar a España de esta crisis.    

La OCDE apunta hoy un crecimiento ridículo del 0,9% para la economía española en 2011. Si es así, quiere decir que arrastraremos a más de 4 millones de parados, durante varios años, a un pozo sin fondo como el que se tragó a la generación perdida que sufrió la última gran crisis económica en la primera mitad de los años 80. La economía española se ha mostrado incapaz de crear empleo cuando ha crecido por debajo del 3%.

El Gobierno socialista persiste en minimizar la gravedad de la situación económica y social, con la esperanza de ganar tiempo para puentear la crisis, mientras la derecha celebra cínicamente los desastres de la economía española, como si fueran su trampolín para recuperar un poder que perdieron con las mentiras del Gobierno Aznar sobre ETA en el 11-M. Tanto el PSOE como el PP están enredados en el cortísimo plazo y ciegos, respectivamente, por mantenerse en el poder o por llegar a él y al precio que sea, incluso al de dejar a España como tierra quemada y a toda una generación de jóvenes angustiados sin empleo y sin futuro.

Repasando recuerdos dramáticos de otras grandes crisis, como la doble (política y económica) de 1975-1985, echo de menos grandes cabezas creíbles que piensen en el país, antes que en su beneficio personal, y que hablen con claridad y sin miedo a las represalias de los líderes, ya desgastados, de los dos grandes partidos nacionales, de los sindicatos y –lo que es mucho peor- de los empresarios.

Un repaso a la historia no tan lejana de nuestra transición política (de la Dictadura a la Democracia) y económica (del Tercer Mundo al Primer Mundo), y de cómo y quiénes hicieron posibles los Pactos de la Moncloa (yo tuve la fortuna y el privilengio de estar cerca de ellos) nos arrojaría un poco de luz sobre cómo salir de este largo túnel. Pero para tener algo de éxito, todos -sí, todos- deberíamos perder algo en el camino, ya que se plantean retos descomunales de flexibilidad y solidaridad intergeneracional (entre padres e hijos), de flexibilidad y solidaridad interregional (entre regiones ricas y pobres), intersectorial, internacional, etc.

La actitud que más nos puede ayudar a salir de las crisis es la de máxima flexibilidad e innovación para adaptarnos con rapidez a los cambios y a los nuevos desafíos con la mejor disposición y la mente más abierta. Sin embargo, la mayoría nos agarrotamos ante las dificultades y reaccionamos tribalmente con mayor rigidez, lo que nos lleva a la esclerosis y a la quiebra. El viento huracanado puede tumbar al junco flexible pero no lo quiebra. En cambio, troncha a la caña seca y rígida. 

He oído y leído a varios maestros economistas que insisten en lo de siempre: el mejor empleo es el que se crea y se consolida mediante la exportación. Por ello, la solución al gran drama de nuestro paro pavoroso pasa por el sector exterior más que por la demanda interna, bastante deprimida.   Claro que para aumentar nuestras exportaciones tendremos que bajar nuestros precios de venta a  niveles competitivos.

¿Cómo se pueden bajar los precios de nuestros bienes y servicios? Como siempre se ha hecho: reduciendo los costes laborales, energéticos, fiscales, financieros, institucionales, tecnológicos, etc., que componen el coste total, y mejorando los procesos e innovando en sectores emergentes de demanda fuerte… O sea, reduciendo los costes allí donde se pueda… para ganar competitividad. Podemos reducir los salarios de todos para bajar el coste laboral de nuestros bienes y servicios o podemos reducir (como hemos preferido hacer) el número de empleados para conseguir el mismo fín.

 ¿Quien mató al corregidor? ¡Fuenteovejuna, señor! 

Al final -podemos llamarlo como queramos-, son habas contadas: hay que trabajar más y ganar menos para poder aumentar las exportaciones y reducir las importaciones. No veo otra forma de repartir el empleo escaso entre padres e hijos. Pero ¿quién es el político valiente que les dice esto a los padres empleados (y asustados) para favorecer a sus hijos (angustiados) en paro?

Si las mejoras en productividad se reparten tradicionalmente en la mesa tripartita compuesta por el Gobierno (impuestos), los empresarios (beneficios) y los sindicatos (salarios), la caída de la productividad también debería hacer sentir su coste sobre las espaldas de estos mismos tres protagonistas.  Cuando hay que repartir riqueza, todos acuden al instante. Cuando hay que asumir recortes y pérdidas, porque hemos gastado por encima de nuestros ingresos, todos huyen de la mesa tripartita como del diablo.

Pero no echemos siempre toda la culpa a los representantes (políticos, empresariales y sindicales) que hemos elegido. Deberíamos olernos la mano con la que les hemos votado. Y animar al recambio generacional o a un cambio profundo de actitudes rígidas por otras flexibles, egoistas por otras solidarias.

Ahí están –al menos, con su enorme ejemplo- Lopez y Basagoiti. Aunque me temo que estoy contribuyendo a perjudicar y destruir su futuro político con sólo decirlo.  Así son aún, desgraciadamente, las dos Españas.

Me recuerdan al genio de la lámpara maravillosa que ofreció conceder un deseo -él que pidiera- a un paseante con la condición de que su vecino recibiría el doble. El afortunado ciudadano no lo dudo un instante: le pidió al genio que le sacara un ojo.

¿Son anticatólicos los especuladores?
¿Son manirrotos los católicos?

¿Por qué atacan los mercados a la Unión Europea Católica? Cinco mendigos piden limosna a los inversores/especuladores internacionales: España, Italia, Portugal, Irlanda y Grecia.

¿Les dice algo este dibujo de Jim Morín publicado hoy por el New York Times y el International Herald Tribune?

¿Que tienen en común estos cinco países, además de ser manirrotos, provocar la desconfianza en los inversores internacionales y sufrir una crisis económica descomunal?

Max Weber nos diría inmediatamente que todos ellos son católicos. Bueno, todos salvo Grecia que es ortodoxa; o sea, de una religión oriental prima hermana del catolicismo.

Los mercados internacionales aún no han atacado a ningún pais protestante de la Unión Europea.

Aquí está pasando algo que quizás merezca una reflexión, más allá de la famosa etiqueta británica de los PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España) que en inglés significa CERDOS. Los cuatro países tiene algo en común: son mediterráneos, soleados, alegres y del Sur de Europa.

¿Son “cerdos” sólo los países europeos del Sur?

Así aparecieron hasta hoy en la prensa británica. Sin embargo, en el centro del dibujo de Jim Morin aparece hoy un mendigo arrodillado, rezando en actitud piadosa, y lleva la marca inconfundible de Irlanda. Irlanda no está en el Mediterráneo ni es un país soleado del Sur de Europa.

¿Qué tiene, pues, en común con los PIGS, aparte de un abultado déficit público y un gran endeudamiento?

Obviamente, que Irlanda, aunque frío, verde y lluvioso, es también un país mayoritaramente católico.

Si yo fuera polaco estaría muy preocupado, vigilando el déficit público y la deuda por si los inversores/especuladores hubieran tomado manía sólo a los países católicos y perdonaran a los protestantes.

Voy a repasar este fin de semana la sugerente obra de Max Weber que no me canso de recomendar a mis alumnos: “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”.

Un pequeño examen histórico de conciencia no nos vendría mal en estos momentos de turbación

¿Qué debemos corregir en nuestros comportamientos individuales y/o colectivos para que los inversores/especuladores internacionales no nos ataquen tanto y tan ferozmente?

Aquí se abre una nueva pizarra con ideas para ZP y Rajoy.

Pizarra con ideas para ZP y Rajoy

A buenas horas…El FMI nos mete prisa ahora para reducir el déficit. Desde luego, a país flaco todo son pulgas.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí, si hace tres años teníamos superávit?

En septiembre de 2008, estalló a lo bestia la doble crisis (financiera mundial e inmobiliaria española) y entramos en el círculo vicioso de la recesión: cierran empresas que no venden, aumentan los despidos para reducir capacidad productiva y pérdidas, desaparece el crédito, cae el consumo, etc..

Hay menos empleados (y el Estado ingresa menos por el Impuesto sobre la Renta), bajan los beneficios de las empresas (y el Estado ingresa menos por Sociedades), cae el consumo (y se recauda menos por el IVA), etc..

O sea, caen los ingresos públicos. Y, a la vez, aumentan los gastos del Estado central, autonómico y local, porque crecen las necesidades sociales de los más perjudicados (parados, enfermos, hipotecados, sin techo, subsidios, etc.) así como las necesidades anticíclicas de inversión pública, con el fin de compensar la caída de la inversión privada. El Estado acude a cubrir los fallos del mercado (Plan E, Plan Renove, infraestructuras, subsidios extras, etc.)

Como en cualquier familia, empresa o país, si bajan los ingresos y no se reducen los gastos (o sea: si de gasta más de lo que se tiene) no habrá más remedio que recurrir al crédito o a la bancarrota.

¿Y si los bancos (o los especuladores/inversores de los mercados internacionales) no se fían de la solvencia de la familia, de la empresa o del país en cuestión?

En ese caso, te suben los tipos de interés y te acortan los plazos o, en el límite, te niegan el crédito y te hundes en la miseria.

Lo de siempre: los bancos prestan barato a quien no lo necesita y muy caro (y con condiciones draconianas) a quien no tiene más remedio que pasar por el aro. O, como dicen los clásicos:

“El banco te ofrece un paraguas cuando hace sol y te lo quita cuando llueve”

Y eso que España no tiene quien le gane históricamente en cuanto a credibilidad y capacidad crediticia internacional (otra cosa es el precio) ya que siempre (al menos, desde Isabel II, que yo sepa) ha devuelto a tiempo todos sus préstamos exteriores.

España es un país de fiar (¡sí, como lo oyen!) a pesar de la pobre y triste imagen interior y exterior que proyectan Zapatero y Rajoy.

Zapatero se apuntó muy flamenco al tiento ese que dice:

“Tiempo dale tiempo al tiempo/

que el tiempo lo cura tooo”

Y Rajoy, poco amigo de tomar decisiones ni de aportar ideas concretas, por si acaso, se afilió pronto al catastrofismo tan derechista de “cuanto peor, mejor”

Después de más de dos horas de buscar soluciones a la crisis, lo único que se les ocurrió ayer a Zapatero y a Rajoy fue:

1.- Repetir que ambos apoyaban el rescate financiero de Grecia aprobado por el eurogrupo. Ya lo sabíamos por activa y por pasiva. A Rajoy se le vieron las ganas de repetir, una vez más, que aunque España no es Grecia, Zapatero nos lleva por el camino tortuoso de Grecia. Inventan las malas lenguas que, al despedirse de Zapatero en la escalinata de la Moncloa, Rajoy le dijo:

“Muchas Grecias”

2.-Confirmar el viejo acuerdo que ya tenían sellado previamente sobre la reforma de la Ley de Cajas de Ahorro. Zapatero lo había acordado con Isidro Fainé (presidente de la Caixa y de la CECA (la madre Confederación de Cajas). Rajoy también lo tenía medio apalabrado con Rodrigo Rato (flamante presidente de Caja Madrid y -quizás por eso- nunca más competidor suyo por la Moncloa).

¿De qué hablaron entonces ayer durante más de dos horas en la Moncloa?

Ni idea.

A falta de líderes con altura de miras y con pocas ideas, ¿qué podemos hacer los ciudadanos de a pie?

Acabo de hacer esta pregunta inocente a unos colegas de 20 minutos, durante el almuerzo (€11,50) de hoy en El Rincón del Pato.

Surgieron, de pronto, un montón de sugerencias desordenadas y de ideas y/o problemas de los que mismamente podrían haberse ocupado ayer Zapatero y Rajoy.

Me puse a tomar nota, a toda prisa, y ahora copio las notas en esta impovisada pizarra, que ofrezco a los lectores para que, en sus comentarios, vayan completando la lista. Veo notas manuscritas de mis colegas, algunas escritas al margen, que no acierto a descifrar. Que me disculpen.

Ahí va:

Pizarra de sugerencias y/o problemas para Zapatero y Rajoy

¿Qué hacer?

1.- Marsans y la imagen de la CEOE

2.- Reducción de salarios y reparto de los costes de la crisis. Sindicatos agazapados

3.- Déficit público ¿insoportable? ¿Reducción drástica o gradual?

4.- Paro masivo en sectores intensivos en mano de obra y de baja productividad.

5.- Cómo invertir más en sectores intensivos en capital con alta productividad

6.- Endeudamiento alto, sobre todo el privado, pero asumible y menos grave que el de otros países hipócritas que nos llaman PIGS.

7.- Crisis inmobiliaria. Se acabaron las licencias urbanísticas municipales y disminuyó la financiación corrupta de los partidos.

8.- ¿Cómo van a pagar ahora los partidos a sus liberados o a rellenar sus sobresueldos? Decimos “sobre-sueldos” porque algunos partidos repartían el dinero en sobres.

9.- Doble crisis sobre bancos y cajas: Crisis financiera mundial y crisis inmobiliaria nacional.

10.- Bancos en guerra pro el pasivo para reventar a las Cajas en apuros.

11.- No hay crédito. Se piden pocos créditos y se dan menos.

12.- No hay soberanía monetaria. Desde el nacimiento del euro, no tenemos en nuestras manos la política monetaria. Si crecen las economías del euro más que la española y el BCE sube el tipo de interés nos puede hacer mucha pupa.

13.- La política fiscal está limitada por el Pacto de Estabilidad de la eurozona. Nuestro cochero está en Europa y lleva la rienda de la política monetaria y (casi) prácticamente también la rienda de la política fiscal. Teóricamente, la política fiscal está en manos de los gobiernos nacionales pero si se desmandan, son castigados.

14.- La clave está en el “casi”. ¿Qué podemos hacer en política fiscal para cumplir con los objetivos del Pacto de Estabilidad?Desde luego, reducir el déficit público.

15.- Inversión y gastos corrientes.

16.- Estado central

17.- Comunidades Autónoma

18.- Ayuntamientos

19.- ¿Cómo mejorar en tecnología?

20.- Aumenta muchísimo la tasa de ahorro ya que no se consume por falta de confianza y/o miedo al futuro.

21.- Consumir más ahora es un acto de solidaridad

22.- Falta clase empresarial y gerencial. Pero no se puede improvisar.

23.- Revisar el sistema educativo con un pacto de Estado que hoy mismo ya ha fracasado.

24.- ¿Demasiados funcionarios y pocos empresarios?

25.- Hay margen para que las empresas españolas se implanten en el exterior y ganar cuotas de mercado.

26.- La deuda neta española es casi el 80% del PIB (privada sobre todo). Si no reducimos el déficit, nos cobrarán más en cada renovación de la deuda.

27.- Hay signos positivos: aumenta la inversión privada en bienes de equipo, crece la producción industrial, se apuntan 100.000 afiliados más a la Seguridad Social desde Navidad, se reduce en abril el paro registrado, pero esas buenas noticias caen en terreno poco fértil. La gente apenas se las cree por el abuso que se hace de la propaganda sin fundamento. Es lo que pasa con el ¡lobo! ¡lobo!.

28.- La economía española puede mantener crecimientos del PIB del 1-2% durante 2-3 años y así no creamos empleo suficiente para absorber la tasa de paro insoportable actual.

29.- Tampoco hay trabajo para muchos inmigrantes. ¿Se puede controlar mejor la inmigración legal e ilegal? ¿Se pueden devolver los inmigrantes ilegales a sus países de origen?

30.- Si la economía sigue estancada o creciendo al 1% ¿puede haber problemas de orden público?

31.- Si se hace un recorte drástico del déficit ¿puede haber problemas de orden público?

32.- Los inmigrantes quieren integrarse, son un factor de estabilización, mejoran la productividad y pueden/deben ejercer presión sobre los altos salarios. Pero los salarios no bajan pese al ejército de parados actuales…

33.- ¿De cuantos funcionarios podríamos prescindir sin paralizar el funcionamiento normal del Estado?

34.- ¿Ha llegado el momento de desempolvar el Libro Blanco de la Sanidad de Fernando Abril Martorellpara reducir el déficit?

35.- Instalar el copago en sanidad, aunque sea de 1 euro por visita y/o receta.

36.- Más Internet a tope.

37.- Subir los impuestos (IVA y especiales) para reducir el déficit.

38.- Acuerdo nacional sobre el diagnóstico económico y el plan de ajuste.

39.- Falta un sistema razonable y moderno de formación y selección de élites y cuerpos de la Administración (para la política y la empresa)

40.- Revisión de las posiciones vitalicias.

41.- Lista consensuada de reformas pendientes y líneas generales de actuación.

42.- El Estatuto catalán y el Tribunal Constitucional

43.- Gürtel y la corrupción en los partidos políticos

44.- Garzón y la Ley de la Memoria Histórica: ¿otra vez, las dos Españas?

45.- Lo que faltaba: pederastas en la Iglesia Católica, crisis y financiación de las iglesias. Libertad religiosa de verdad.

46.- El debate de la Educación y el velo islámico.

47.- Reforma del sistema judicial. La transición democática no ha llegado a la Justicia.

48.- Las leyes, en España, son orientaciones. Es más barato infringirlas, y pagar la multa, que respetarlas.

49.- Faltan líderes políticos, económicos, sociales, intelectuales, etc., con generosidad y altura de miras.

50.- No hay hombres de Estado. Nuestros líderes son chatos, dubitativos, indecisos, miedosos, actúan sólo guiados por el corto plazo, de cara a la galería, no por convicción.

50.- Sobra hipocresía y falsedad en la vida pública.

51.- Mal uso del dinero público (que es el dinero de todos). Los políticos lo utilizan discrecionalmente y arbitrariamente para pagar favores a los amigos y/o para protegerse de los enemigos.

52.- Detección y análisis de restos de la Dictadura franquista que aún perduran y apestan en las leyes vigentes en la Democracia. (Por ejemplo, de las leyes laborales de Girón, etc.)

53.- Cerrar el pasado (bien, y de una vez) para poder proyectar juntos el futuro.

Suma y sigue…

Gracias por llegar hasta aquí, pese al desorden de esta improvisada lista. ¡Menuda sobremesa! Y sin chupito.

La Moncloa parió un ratón
¿De qué o de quién se ríen Zapatero y Rajoy?

La cumbre Zapatero-Rajoy ha producido muy poca frustración porque -la verdad- habíamos puesto en ella muy pocas esperanzas. Es lo que pasa cuando más de medio país está pasado de rosca.

Para reducir las expectativas, ambos líderes hicieron bien en anticipar una agenda mínima (“Grecia y las Cajas de Ahorro“).

Al cabo de más de dos horas de rifi-rafe, la cumbre sólo parió lo que habían anunciado el día antes: apoyo a Grecia y acuerdo, bastante tardío, por cierto, para la reforma de la Ley de Cajas de Ahorro.

¿De qué o de quién se ríen entonces Zapatero y Rajoy?

Ya se que todos los políticos reaccionan ante las cámaras mostrando su mejor sonrisa, pase lo que pase. Pero yo no le veo la gracia, tal como está el patio.

En contraste con la estampa risueña de la Moncloa, ahí tenemos, precisamente en la víspera de la cumbre, al presidente de los empresarios españoles, Gerardo Díaz Ferrán, postrado, de rodillas, ante el apóstol Santiago pidiendo -suponemos- un milagro que le salve lo poco que le queda vivo de sus empresas.

¡Menudo espectáculo están dando todos los miembros de la CEOE , con un presidente tan poco edificante, ante sus colegas del mundo entero y ante los mercados!

¡Y qué poca alturas de miras tienen Zapatero y Rajoy, incapaces de salir juntos a explicar a los españoles el resultado de tan importante reunión!

Tanto Zapatero como Rajoy parecen estar de acuerdo -¿y quién no?- en fijar estos tres objetivos básicos:

1.- Reducir el déficit público para ganar credibilidad ente los mercados

2.- Reformar el sistema financiero para que fluya el crédito

3.- Reformar el mercado laboral para hacerlo más flexible

Sin embargo, ambos disienten en los medios que hay que utilizar para conseguir tales fines. Es decir: ¿cómo y cuando lo hacemos?

¿Por dónde empezamos a recortar, por ejemplo, los gastos del sector público para reducir el déficit?

Rajoy dice que hay que hacerlo ya y de manera drástica, pero no suelta prenda de por dónde hay que empezar. Zapatero dice que hay que hacerlo despacio, y gradulamente, para no dañar la incipiente recuperación de la actividad económica. Pero tampoco señala por dónde hay que empezar a meter la tijera. Porque los recortes del gasto duelen. ¡Vaya si duelen! Que se lo pregunten a los empresarios y gestores del sector privado que han tenido que despedir a una parte de sus empleados -y buenos empleados- porque se habían reducido sus ingresos por la crisis y no tenían para pagar la nómina.

Lo que sí ha dejado claro Rajoy -y no le falta algo de razón- es que ese recorte le corresponde hacerlo principalmente al Gobierno que es quien tiene la responsabildad de gobernar. Y asumir el dolor y el riesgo correspondiente a los gastos del Estado central.

Rajoy no puede ni debe irse tampoco de rositas: una buena parte del gasto público depende de los gobiernos de las Comunidades Autónomas y de los ayuntamientos y muchos de ellos -tan gastosos como los demás- están en manos del PP.

¿Podrían remargarse ambos líderes y empezar a dar ejemplo en el recorte de gasto público allí donde sus partidos son gobierno…?

¡Y no digamos en donde controlan respectivamente a las cajas de ahorro!

En cuanto a la tan cacareada reforma del sistema financiero -¡pero si ambos son unos “cagaos” cuando se acercan a un banquero!- no hay más que ver a los bancos. Se están frontando las manos -se les hace la boca agua- con sólo pensar el trozo de tarta que se van a llevar de las más frágiles cajas de Ahorro.

Ya sabemos que la mano invisible del mercado -¡ay!- sólo piensa en el corto plazo.

Y de la reforma laboral habrá que volver a hablar cuando los empresarios españoles tengan una representación algo más presentable que la actual, por muy postrada que esté ante el Apóstol. Y se sienten de nuevo a la mesa del diálogo social con los sindicatos y, quizás, también con el Gobierno.

Gobierno, empresarios y trabajadores son los responsables del reparto de la productividad. El primero se lo cobra en impuestos y los otros dos, en beneficios y en salarios, respectivamente. Lo mismo debe ocurrir cuando lo que se reparte viene en forma de pérdida y es tan doloroso como un recorte.

¡Pobre don Gerardo, si está esperando un milagro del Apóstol Santiago con Marsans!

Los mercados, desde luego, no creen en los milagros.

Los hacen.

Copiemos al País Vasco: “un ejemplo para España”

Zapatero y Rajoy deberían imitar mañana a sus respectivos líderes vascos (López y Basagoiti), que han sido capaces de librarse de su esclavitud partidaria, para llegar a acuerdos de gran calado político sobre los principios básicos de la democracia.

Hace casi dos años (“horribilis”) de esta fotografía en la puerta de la Moncloa. De aquella reunión fallida tenemos hoy una parte de estos lodos…

¿Habrán aprendido algo de sus colegas del País Vasco?

También podrían inspirarse en los líderes del Gobierno y de la oposición de Portugal, que pelean juntos contra la crisis económica. Ante una situación extraordinariamente grave necesitamos líderes también extraordinarios y no tan mediocres como los que se van a reunir mañana en La Moncloa.

Tanto Zapatero como Rajoy deberían leer con atención al maestro Antonio Gala (“Contra la España mediocre”), hacer examen de conciencia y propósito de enmienda. Una sonrisa conjunta (y sincera) de ambos al término de la reunión sería más balsámica para la economía española que algunos puntos del déficit público o una docena de puntos del endeudamiento.

Premio Fernando Abril a la Concordia para los líderes del PSOE y el PP vascos

Dos adversarios políticos comparten el Premio a la Concordia. Parecía imposible pero algo se mueve, desde hace un año, en el País Vasco: la esperanza.

Los líderes vascos del PSE-PSOE y del PP han ganado juntos el Premio Fernando Abril Martorell 2009 a la Concordia. Patxi López y Antonio Basagoiti sumaron hace un año sus votos para consolidar la democracia en el País Vasco. Y algo se nota.

El jueves pasado, ambos adversarios políticos fueron homenajeados en un hotel de Madrid “por su decidida apuesta por la concordia, el diálogo y el consenso en un momento de cambio y de alternancia política en el País Vasco”.

La Cena de la Concordia reunió a un montón de celebridades de la Transición (que ya no cumplirán los 60 años) pero también -otra novedad, pese al alto precio del menú- a algunos jóvenes de la generación de Patxi López y de Antonio Basagoiti. Creo que es la primera vez que el Premio a la Concordia va a parar a manos tan jóvenes. Ya era hora.

Según la Fundación Fernando Abril Martorell (a la que tengo el honor de pertenecer), este galardón pretende reconocer que ambos premiados, “al situar la convivencia ciudadana en el centro de su acción política“, han iniciado un camino que “servirá, sin duda, de inspiración a quienes creen en la fortaleza de la democracia y están dispuestos a defenderla mediante la ley, la razón y la palabra“.

En el acto de entrega del Premio, José Luis Leal, ex ministro de Economía con el vicepresidente Abril y vicepresidente de la Fundación, lamentó la “di¡ficultad creciente para llegar a consensos mínimos” y celebró que los dos grandes partidos hayan llegado a un acuerdo en el País Vasco. Los líderes vascos del PSE-PSOE y del PP han demostradso ser “valientes y generosos”.

Nicolás Redondo Terreros hizo el elogio de los premiados: “dos personas que respeto y quiero”, líderes “generosos, cautos y sabios” quienes, con una política de eficacia y de normalidad democrática, han hecho un esfuerzo por el consenso. Y añadió: “un ejemplo para España”.

También recordó que el vicepresidente Abril Martorell venció la esclavitud partidaria hasta hacerse amigo de Alfonso Guerra y de los sindicatos. Hizo una defensa emocionada de los líderes de la Transición, entre los que su padre (presente en la cena) tiene un lugar de honor:

“Cambiaron la confrontación por el acuerdo, con tolerancia para entender las razones del otro; y el enemigo se convirtió en adversario al que se le podía ganar pero no aniquilar… Llegamos con tanto retraso… nos costó tanto…y algunos lo han olvidado”.

También combatió la desidia, la ignorancia y la comodidad actuales.

Al término de la cena, Javier Solana fue el encargado del Elogio de la Concordia. Y lo hizo de maravilla:

“Miramos a la memoria del pasado -dijo- cuanto no hay proyecto de futuro”.

Su discurso merece crónica aparte. Pero eso lo dejo para otro día. Tengo recados urgentes que hacer ahora mismo.

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La Fundación Fernando Abril Martorell fue creada en junio de 1998 con Adolfo Suárez como presidente de su patronato y José Luis Leal Maldonado como su vicepresidente. El año pasado, el premio lo recibió el ex jefe de la Casa del Rey Sabino Fernández Campo, fallecido recientemente, y el anterior el galardonado fue el el entonces alto representante de la UE para la Política Exterior, Javier Solana.

En anteriores ediciones el premio recayó en el Rey Juan Carlos, Agustín Ibarrola, Fernando Savater, Francisco Ayala, Santiago Carrillo, José Maria Martín Patino, Jordi Pujol, Alfonso Guerra, la organización empresarial CEOE y los sindicatos CCOO y UGT.

¿Para quién trabaja Boyer?

Boyer, nuevo “Rasputín” de Zapatero, se cambia de chaqueta. Parece que salimos de dudas. Un artículo -muy revelador- publicado esta mañana en la página noble de El País, nos permite aventurar que el prestidigitador de los ajustes salvajes e ideólogo de la FAES de José María Aznar se está pasando al bando de Zapatero. ¡Válgame Dios!

La pagina 33 de El País de hoy no tiene desperdicio: es la segunda prueba del cambio. La primera prueba nos la dió el reciente nombramiento de Miguel Boyer Salvador como nuevo consejero de Red Eléctrica, desde el pasado 14 de abril. Suponemos que su flamante puesto no será hoy uno de los eliminados por el Consejo de Ministros, que analiza el recorte de cargos en las empresas públicas.

Esa fue la primera pista que llevó a Azarías, nuestro vecino del blog de aquí al lado, a aventurar, en exclusiva, que el ex superminitro socialista de Economía y Hacienda con Felipe González y mas tarde ideólogo y patrono de la fundación neoconservadora FAES, que preside José María Aznar, estaba cambiando de nuevo su piel de lobo por la de falso cordero.

Recomendamos hoy leer con lupa este artículo de El País así como el post de Azarías en Ecos de Sociedad Anónima titulado “Boyer, nuevo “Rasputín” de Zapatero”. ¡Qué razón tenía! ¡Y qué miedo me da hoy comprobarlo!