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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

‘Te cuento la cocina’, Ferran Adrià y Disney en un libro que incluye mucho más que recetas

En casa nos gusta cocinar, nos gusta mucho. Llevo tiempo defendiendo en este blog que no hay que tener miedo a que entren con nosotros a la cocina, que aprender a cocinar ayuda a valorar los alimentos que tomamos, a llevar un patrón de vida más saludable, a ser más flexibles a la hora de probar nuevos sabores y elaboraciones, a que pasemos más tiempo juntos haciendo algo necesario, con lo que eso ayuda a la conciliación.

De hecho me recuerdo comentando aquí mismo que sería buena idea que la cocina apareciera en algún momento en el colegio. Julia ha tenido la suerte de tenerla un par de años en los talleres que hacen un día por semana, disfrutándolo muchísimo.

Siendo un par de cocinillas hemos dado algún curso de cocina, tanto Julia como yo; desde muy pequeña pide en Reyes y cumpleaños adminículos de cocina: cacharros, moldes, ingredientes para decorar… también libros de cocina para niños. Ahí tenéis a nuestros favoritos.

Hasta ahora.
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La semana pasada pudimos recorrer las casi trescientas páginas del libro infantil Te cuento en la cocina, un volumen tan completo que nos ha enamorado.

Este libro forma parte de un un proyecto innovador que han lanzado conjuntamente Ferran Adrià y Disney y que tocará muchos palos, no solo este libro o televisivos. Pero sobre esa alianza es mejor leer el reportaje que ha escrito mi compañero Isra Álvarez, con vídeo y todo, y estar pendientes de lo que nos vaya llegando.

Volviendo al libro. La única pega que he podido encontrar es su peso y volumen puede impedir que los peques lo manejen con soltura. Y que da pena tenerlo abierto en la cocina para que vean la receta que están cocinando con nuestra ayuda, aunque las manchas en los libros de cocina duelen menos que en cualquier otro libro.

Ya desde la misma portada se puede ver que los personajes de Disney reinan en el libro junto al chef. Y a poco que se pasen sus páginas lo primero que llama la atención es que Adrià se ha prestado a realizarse miles de fotografías, y no exagero, en todo tipo de poses y actitudes para ilustrar el libro y hacerlo visualmente más atractivo.

Pero el libro es una gozada por lo que contiene, más allá de su aspecto, porque es un pequeño y completo curso de cocina. Por su contenido, incluso ayuda curricularmente en algunas asignaturas. Habla de la historia de cómo comenzó el hombre a cocinar, de los productos, de cómo comprarlos, técnicas, herramientas, tipos de elaboraciones, organización de la cocina, la actitud que hay que tener cocinando.

Y en todo esto tenemos más de cien páginas muy bien explicadas, con dibujos y gráficos, no os creáis que es una simple introducción. De hecho a mí casi me ha gustado más esta parte que la de las recetas.

Las doscientas últimas páginas son todas recetas de cocina por el siguiente orden: primeros, segundos, postes, desayunos y meriendas, con un apartado final dedicado a crear menús. En cada receta hay una cita de Adrià, una escena de una película en la que se le incrusta, los ingredientes explicando bien clarito si deben estar en la despensa o la nevera, los utensilios, la elaboración ilustrada paso a paso indicando si es algo que puedan hacer niños, adultos o todos juntos, la frecuencia de consumo recomendada y un apartado en el que se informa de cuestiones de salud, se dan ideas relacionadas con el plato y se informa sobre él o sus ingredientes. Todo muy gráfico, con poco texto y muy visual. Cuatro páginas en total por cada receta.

Cuesta 33 euros y para niños a los que les guste cocinar, los vale.

Por cierto hay un concurso de cocina en marcha para toda la familia cuyo premio es un viaje a Disneyland París. Para participar hay que publicar una imagen cocinando en familia antes del 15 de mayo. Hay más información en el Facebook de Carrefour. El concurso seguirá en junio con las familias seleccionadas elaborando una receta del libro. La final que decidirá a las tres familias ganadoras será el 25 de junio y contará la presencia de Ferran Adrià, Aimar San Miguel y el Monaguillo.

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El día de la madre y el día del trabajo, un día de reivindicar y no sólo de felicitar

imageEl día de la madre, un día que ha eclipsado a la celebración del día del trabajo. En la mayoría de las casas recibíamos felices flores, dibujos, besos, libros y desayunos en la cama, visitábamos abuelas, salíamos a comer fuera de casa y mandábamos y recibíamos fotos de flores y memes por whatsapp felicitándonos este día, ignorando salvo cuando nos encontrábamos las tiendas cerradas (¿dónde van a comprar los procrastinadores el regalo? Habrá que tirar de plantas) que hoy es también uno de mayo, el día del trabajo. El día que debería recordarnos todo lo que se ha luchado y se debería seguir luchando.

Pobre día del trabajo, no hay nada comercial asociado a él. ¿Cómo competir con algo que genera catálogos, cartelería, publicidad a espuertas y especiales en los medios?

Imposible.

Que el día de la madre y el día del trabajo coincidan debería ser una oportunidad para recordar todas las medidas laborales que harían falta para lograr una conciliación efectiva, empezando por la equiparación de los permisos de hombres y mujeres. Alejándonos de nuestras fronteras, también para reivindicar los derechos más básicos de los trabajadores, hombres y mujeres, padres y madres.

También de los niños. Aún a día de hoy el trabajo infantil es una realidad ingente, inconcebible, dolorosa.

Os dejo un fragmento de un post que publicó en febrero mi blog vecino Trasdos que os recomiendo leer entero.

Las cuatro fotos que aparecen en esta entrada fueron sacadas por Hine como reportero oficial de la con la entidad sin afán de lucro National Child Labor Committee, la organización más activa de los EE UU dedicada a combatir el uso de la mano de obra infantil. Hine fue el primer reportero en dar cuenta de las condiciones de trabajo de los niños obreros que trabajaban en la ciudad y en el campo.

Las cuatro fotos son retratos superpuestos: cada una está formada por varios disparos de la cámara sobre un número indeterminado de críos diferentes. Todos los niños que aparecen en ellas —nunca sabremos cuántos: es imposible distinguir el número de facciones empastadas una sobre otra, sobre todo porque Hine no era muy ducho en el asunto y los negativos proceden de diferentes condiciones de luz— eran trabajadores de una hilandería de algodón en Carolina.

A día de hoy sigue habiendo demasiada mano de obra infantil.

Las madrastras no son las malas del cuento, el Día de la madre también va por ellas

Con mis bisabuelos.

Con mis bisabuelos, amortizando el vestido de la comunión para llevar las arras en una boda.

No recuerdo que la bisabuela Tere nos levantara jamás la voz, pero sí sus magdalenas. Las horneaba siempre que íbamos de visita a su piso y aún me recuerdo devorándolas cono el mayor manjar del mundo. Probablemente en ese momento lo eran. Proust tenía sus magdalenas y yo las mías, que también me transportan a mi infancia.

La bisabuela Tere cocinaba muy bien, tenía la mano blanca, la de hacer magia entre fogones. Si leéis este blog sabréis de mi gusto por la cocina y podríais pensar que lo heredé de ella. Es imposible.

Mi abuelo tuvo dos madres, pero yo sólo tuve una bisabuela.

Mi bisabuela Tere murió cuando yo entraba en la adolescencia, poco después de mi bisabuelo. Mucho antes de ordenadores, móviles, aplicaciones, redes sociales y páginas web. Me pregunto qué haría si supiera que hoy es la protagonista de este blog.

No me engaño, los míos son los recuerdos de una niña y de las visitas acumuladas en verano. La recuerdo alta, de ojos claros, pómulos marcados, dedos largos y nariz aguileña. Sé realmente que no la conocía, no sé bien cómo era, sus gustos, sus miedos…

Pero mi abuelo, que ya supera los noventa años, sí se acuerda bien de ella y siempre con cariño. Siempre fue para él como una madre y cuenta nunca hizo diferencias con el resto de sus hermanos. Su otra madre, mi otra bisabuela, aquella de la que he heredado rasgos pero no recuerdos, murió cuando él era un bebé. Era muy guapa, pero lo sabe por lo que le dijeron y por una foto enmarcada en blanco y negro que hay en la vieja casa de mis abuelos, poco más puede contar de ella.

¡Qué pena que ‘madrastra’ arrastre tantas connotaciones terribles! Tantas arrastra que las que lo son con frecuencia no quieren verse llamadas así, se estremecen al oír la palabra, aunque esas connotaciones no correspondan con la realidad, una realidad en aumento que normalmente encaja con mi bisabuela Tere.

Las dos eran madrastras famosas del cine, en películas que rompieron la taquilla y que todos conocemos. ¿Por qué se nos viene siempre primero a la mente la malvada de Blancanieves?

Va siendo hora de cambiar nuestras imágenes mentales. Las madrastras no son las malas del cuento, el Día de la madre también va por ellas

 

‘Hay que tomar el castillo’, un cuento infantil escrito con la ayuda de los niños

En el colegio de Julia crece el árbol de las 20 escritoras. Lo hace en un precioso rincón de lectura al aire libre, el bibliopatio. Un honor inmerecido verme bailando al viento junto a JK Rowling, Ana María Matute, Elvira Lindo, Mary Shelley… Ayer participé en su inauguración. Tenía unos pocos minutos para leer algo a niños de entre tres y nueve años. No podía ser nada de uno de mis libros, ni siquiera del juvenil Mastín.

Recordé entonces que hace año y medio publiqué aquí medio cuento. Un medio cuento que me ayudaron a crear mi hija, mi sobrina y dos amigos. Todos en ese momento con menos de seis años. Se llamaba Hay que tomar el castillo, y así empezaba:

Había una vez cinco niños. Se llamaban Jaime, Julia, Nora, Marcos y Sofía. Eran cinco niños aventureros. Y eran muy valientes porque tenían una misión muy importante y que daba mucho miedo, pero aún así se atrevieron a hacerla. Que si no se tiene miedo en realidad no eres valiente sino un cabeza loca.

La misión era importantísima. Tenían que tomar un castillo mágico en el que todos los niños se curaban: los que no podían hablar, cantaban; los que no podían andar, saltaban y los que no podían oír escuchaban incluso los susurros de las serpientes.

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Pero el castillo estaba tomado por unos malvados tremendamente malvados y tremendamente peligrosos que no querían dejar entrar a los niños que lo necesitaban.

Por suerte cada uno de los cinco niños aventureros tenía un poder especial.

Sofía, que era la más dulce, tenía la magia del vuelo de las mariposas. Daba vueltas y vueltas y aparecían mariposas que atrapaban y sujetaban lo que ella quisiera. Y si Sofía se lo pedía se hacían caca de mariposa encima. ¡Caca de mariposa! Que sí, que sí, que las mariposas hacen caca, igual que las princesas y los unicornios.

Marcos, que era el más veloz, corría muy rápido. Tan rápido que por dónde corría, si él quería, salían a sus pies pequeños ríos llenos de agua cantarina y cristalina, como arroyos de montaña saltarines.

Nora, que era la más pequeña y la más divertida, era la reina de los disfraces y tenía el poder de disfrazarse de cualquier cosa que ella quisiera, aunque fuera de algo tan grande como una jirafa, tan pequeño como una mariquita, tan lindo como un bebé o tan feo como un demonio.

Julia, que era la más parlanchina y la más fuerte, tenía un arco mágico que disparaba pesadillas horripilantes o sueños bonitos, lo que ella quisiera y a quién ella quisiera. Y nunca fallaba.

Jaime, que era el mayor y el más silencioso, podía escalar muy alto y muy deprisa por sitios que asustaban incluso a las lagartijas. Y él nunca se caía y cuando llegaba a la cima se reía, y su risa era como un montón de potrillos echando a correr y haciendo cabriolas.

Se lo leí en alto y los niños reunidos en el bibliopatio me dieron ideas, me ayudaron a acabarlo. Julia salió entusiasmada asegurando que lo dibujaría. De momento, aquí os dejo cómo acaba:

“¡Hay que tomar el castillo!”, sonaron decididas cuatro voces a la vez y una risa de cristal. Y los cinco niños cogieron sus mochilas, las llenaron de la comida que más les gustaba, por si aquello de conquistar castillos se alargaba, y se pusieron en marcha.

imageEl castillo era enorme, las almenas eran como dedos que quisieran hacer cosquillas a las nubes y en lo alto de los muros y en la puerta patrullaban los malvados guardias.

Eran los peores monstruos que uno podía imaginar. No creáis que porque eran muy feos o daban mucho asco, en realidad la mayoría tenían una pinta bastante normalita e incluso había algunos muy guapos. Eran los peores monstruos porque no querían a nada ni a nadie que no fueran ellos mismos, en su interior no había ni una gotita de amor que no fuera propio.

Julia miró los altos muros del castillo y se desanimó. Podía lanzarles pesadillas a los guardias que vigilaban para que cayeran atrapados en un mal sueño, pero no se le ocurría qué hacer a continuación.

Nora miró los altos muros del castillo y se desanimó. Podía disfrazarse de malvado guardia, podía convertirse en un halcón que se posara en las almenaras o en una hormiguita que entrase a escondidas, pero no se le ocurría qué hacer a continuación.

Sofía miró los altos muros del castillo y se desanimó. ¿Qué podían hacer sus frágiles mariposas contra aquellos muros?

Marcos miró el castillo y se desanimó más que todos los otro. ¿De qué servía correr rápido y crear riachuelos en una situación así? De nada.

Jaime miró el castillo y se desanimó. Podía trepar esos muros y entrar en el castillo sin problemas. ¿Pero qué haría a continuación si no podía hablar con sus amigos para contárselo y que pensaran un plan?

Entonces se sacudió el desánimo de encima, igual que un perro se sacude la lluvia, y se lanzó corriendo hacia la torre dispuesto a treparla. Julia lo vio y contuvo un grito. ¡Los guardias de la puerta iban a verlo!. Sacó su arco y disparó dos pesadillas que se abrieron paso por las cotas de malla y anidaron rápidamente en sus pechos. Jaime saltó sobre los guardias dormidos y comenzó a escalar los muros de piedra, mientras Julia seguía disparando pesadillas a los malvados que vigilaban las almenas.

Nora, desde el campo que había frente al castillo, se disfrazó, no de mariquita, no de jirafa, sino de uno de los jefes de la guardia, con su brillante casco de metal y un vozarrón con barba que retumbó. “¡Venid aquí, conmigo. Todos fuera a reagruparse!”. Los malvados corrieron a reunirse con su jefe formando una orquesta de metal que entrechocaba justo frente a las puertas. Dentro no quedó ni uno.

Y llegó el momento de Marcos. Se quitó los zapatos, porque todo el mundo sabe que se corre mejor descalzo, y comenzó a dar vueltas en torno al castillo gritando: “¡No pasaréis!”. Corrió tan deprisa, tan deprisa, que casi perdió lo pies. Pronto formó un arroyo cantarín que creció hasta convertirse en un río rugiente.

“¡Adelante mariposas!”, ordenó Sofía girando y danzando de puntillas. Y decenas de mariposas, cientos, miles… acudieron a su llamada tiñendo el cielo de colores aleteantes. Los guardias miraban todos hacia arriba sorprendidos, hasta que comenzaron todos a mirar hacia abajo.

“¡Caca!, ¡Caca de mariposa!”, chillaban soltando sus escudos, sus espadas, sus mazos y sus hachas, que estaban cubiertos de caca y ya no brillaban. Echaron a correr, malvados y apestosos, huyendo despavoridos de aquel castillo.

Jaime, que era el único que quedaba dentro del castillo, bajó la puerta. Estaba muy dura, costó mucho, pero no paró de girar y girar y girar hasta que sus amigos pudieron entrar.

¡Habían tomado el castillo! Y no cualquier castillo. Era un castillo mágico en el que todos los niños se curaban: los que no podían hablar, cantaban; los que no podían andar, saltaban y los que no podían oír escuchaban incluso los susurros de las serpientes.

Julia, Marcos, Sofía y Nora miraron expectantes a Jaime, que reía liberando potrillos, pero que ni hablaba ni cantaba.

“Tal vez no baste con entrar para que se haga la magia, tal vez haya que encontrar algo especial”.

Y los cinco niños se pusieron a buscar por todas partes.

Marcos lo hizo corriendo muy rápido, haciendo aparecer fuentes de agua límpida por el patio del castillo. Nora lo hizo disfrazándose de jirafa, para mirar desde arriba, y de mariquita, para mirar incluso entre las piedras. Sofía, sin dejar de bailar, envió a todas las mariposas en todas las direcciones. Julia, que no sabía cómo usar sus sueños y sus pesadillas para buscar, simplemente se sentó sobre un gran arcón, tan grande, tan grande como una habitación.

“Espera un momento. ¡Un arcón!”.

Como era muy fuerte, lo abrió sin problemas. Dentro había libros enteros escritos con dibujos de colores, también completamente blancos y con puntitos, había signos que hacían aletear sus manos formando palabras, cartoncitos plastificados que indicaban todo tipo de cosas, incluso salieron perros que sabían encender y apagar luces, coger cosas del suelo y pararse cuando los semáforos estaban en rojo.

Los perros eran divertidos. Pero eso no eran lo que estaban buscando. Julia, Marcos, Sofía y Nora se miraron, y luego miraron a Jaime, que seguía sin pronunciar palabra.

Entonces Jaime cogió un cartoncito del arcón. Mostraba unas manos y decía “gracias”. Luego comenzó a mover las manos, ligeras como las mariposas de Sofía, formando el sol, las estrellas, el balanceo del mar.

Estaba cantando.

Y todos cantaron con él, felices de haber encontrado lo que estaban buscando.

Porque no había nada que curar. Los niños que no hablaban, no veían y no oían no estaban enfermos, no existían pastillas ni inyecciones que pudieran cambiar cómo eran, igual que no había pastillas ni inyecciones que pudieran hacer volar a Julia, ser invisible a Marcos, volver la piel de Sofía del color del arcoíris o convertir a Nora en una nube.

La magia de verdad era tener amigos como Julia, Sofía, Marcos y Nora, capaces de tomar al asalto un castillo lleno de malvados sin corazón y de comprender que no todos hablamos, vemos, oímos o caminamos de la misma manera, pero eso no impide jugar y crecer juntos.

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¿A qué edad deben tener los niños su primer móvil?

Ayer Julia descubrió al inspector Gadget. Todo comenzó porque me dio por canturrear la cancioncilla de arranque, no recuerdo a cuento de qué. ¿La recordáis?. Eso fue suficiente para despertar su curiosidad. “¿Cómo es ese inspector Gadget? ¿Y cómo eran los dibujos? ¿Te gustaban cuando eras pequeña? ¿Y a papá?”.

FullSizeRenderNos vimos los dos primeros episodios y le encantó todo, las cartas que se autodestruían sobre el jefe, el despiste andante y lleno de cacharrería que es el inspector, el malvado acariciando el gato y sobre todo Tara, el perro, la sensata sobrina que jamás se cambiaba de camiseta y que iba equipada con un cuaderno interactivo y un reloj que hacía de todo.

“¡Un iPad y un Apple Watch!” pensé yo, preguntándome en broma si Apple no se habría inspirado en la niña rubia.

La cuestión es que de ahí, de esa niña animada y tecnófila que nació en 1983, derivé en algo que llevo tiempo barruntando, queriendo escribir. ¿Cuándo deben tener los niños su primer teléfono móvil?

Hace ya bastante que me estoy fijando en la edad de los niños a los que veo equipados con teléfono y he sacado la conclusión de que el primer móvil les llega entre los diez y los doce años. Sí, así de pronto. En algunos casos la cosa se retrasa hasta los trece o catorce. A partir de esa edad no veo niño sin teléfono.

Jaime cumplirá este verano los díez años, de no ser por su autismo estaría en el rango de edad de ser movilizado. Julia con siete años ni lo pide, ni lo espera. Llegará cuando llegue, cuando veamos qué es conveniente, cuando le resulte útil tanto a ella como a nosotros, y lo tendrá con supervisión y control. Sabremos qué aplicaciones tiene, hablaremos con ella para que sea consciente de los peligros que puede encontrarse y de cómo sacarle un partido positivo, educativo incluso.

No habrá controles paternales, los sistemas de espionaje telefónico de tus propios hijos me parecen una invasión a tu intimidad. Me pongo en los zapatos que yo misma calzaba con trece, catorce o quince años, y saber que mis padres verían mis búsquedas en Google y el tiempo que pasó en cada aplicación me hubiera parecido una intromisión inaceptable, una falta de confianza tremenda. Y lo de ponerse en el pellejo de tus hijos, sobre todo en la adolescencia, es imprescindible.  Solo en casos muy concretos me da la impresión de que pueden ser útiles.

Volvamos a la pregunta inicial, ¿a qué edad tener el primer móvil? No es algo que me preocupe. Coincido en este punto por completo con Guillermo Cánovas, al que estuve escuchando en un evento organizado en enero por Telefónica llamado #SoyFamiliaDigital. ¿Quién es Guillermo Cánovas? Pues uno de los principales expertos españoles en el uso responsable de las TIC, fundador de Protégeles, responsable del Centro de Seguridad en Internet para los menores en España y premio UNICEF en 2013. Autor de varios libros para familias (os recomiendo Cariño, he conectado a los niños) y director, en la actualidad, de EducaLIKE. En todos esos enlaces podréis encontrar información útil si este tema os interesa.

La mayoría de los niños tienen tabletas y iPads desde muy pequeños, el paso a tener un móvil no es tan drástico. De hecho para la mayoría de los niños el móvil no deja de ser la versión reducida, portable y que permite llamadas de algo que llevan teniendo ya años. Y ellos prácticamente no llaman nunca. El teléfono lo quieren para otras cosas, la mayoría de ellas se pueden hacer también con las tabletas.

Lo importante es hablar con ellos, instruirles en un uso positivo de las herramientas tecnológicas. Eso incluye también consejos posturales. En las consultas ya están apareciendo chavales de diecinueve años con cervicales de cincuenta. Y saber que ellos no entienden ni manejan la tecnología como los adultos.

Un ejemplo de muchos: si tu hijo tiene redes sociales, debe saber que no debe subir fotos en las que aparezcan otros menores.  Para la publicación de la foto de otro niño es necesario el consentimiento paterno, lo contrario es una ilegalidad y una práctica que ya está causando problemas.

Otro ejemplo. No basta con vigilar como halcones las redes sociales o los sistemas de mensajería. Es necesario que conozcamos bien los juegos que les gustan. El popularísimo Clash of clans, por ejemplo permite chats entre los clanes que se forman para jugar. Y en esos chats, en los que nada impide hablar de cosas ajenas al juego, a veces se invita “a mayores que juegan mejor y harán que nuestro clan sea más fuerte”.


Y ahí también coincido con Cánovas en que los niños de diez u once años serán más receptivos a nuestros consejos que los de trece o catorce. Lo que con once años calará, tal vez con trece les resbale. Así que tal vez sea preferible entregar los teléfonos antes, cuando aún nos escuchan.

Difícil en cualquier caso recomendar edades concretas. Depende de cada uno y de sus circunstancias, de cómo sean los niños, de las posibilidades de cada familia. Lo que está claro es que unos padres conocedores de la tecnología, que la controlen, tendrán una importante ventaja. Igual que la tendrán los niños que dominen y se interesen por las innovaciones tecnológicas.

La tecnología no es algo negativo, no es algo a lo que sentir pavor. No es un problema, tampoco una moda. Es algo que debemos conocer y saber cómo manejar.

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*Foto: GTRES

Al autismo no se le vence con libros como ‘Vencer al autismo’

Casi 30.000 personas han firmado ya esta petición de Ainara Arjona Ortega en Change para que la Casa del libro retire ‘Vencer al autismo’, una petición que me llegó primero directamente por Change, firmé hace una semana, y desde entonces al menos una decena de personas me han pasado: compañeros que trabajan en medios y padres de personas con autismo o profesionales que trabajan con y para ellos.

Este libro, a la venta por desgracia en más sitios que La casa del libro, tiene como autor al doctor Bruce Fife y ha sido publicado en España por la misma editorial Sirio, que habla de ángeles, la iluminación práctica y el cuerpo astral en otros de sus títulos.

Del Doctor Bruce Fife he encontrado que es un físico naturópata y un “certificado nutricionista”, aunque no soy capaz de encontrar quién lo certifica. Tiene 20 libros publicados entre los que se encuentran ‘La nueva cura para la artritis’, ‘¡Para el alzhéimer ahora!’ o ‘Cómo prevenir y revertir la demencia, el parkinson, ALS, esclerosis múltiple y otros desórdenes neurológicos’.

Su mayor éxito, por lo que veo, es El milagro del aceite de coco, que según él cura desde problemas cardiovasculares hasta el cáncer. De hecho es el director del Coconut Research Center.

Vamos, un peligro público.

Igual que hay un control sobre los medicamentos, debería haberlo respecto a lo que se publica cuando atañe a temas de salud pública, cuando se puede hacer mucho daño a las personas si es que se lo toman en serio (ellos o sus tutores legales) , cuando hay gente llenándose los bolsillos a costa del sufrimiento y desesperacion de otros.

Al autismo no se lo vence con libros como ‘Vencer al autismo’,  de hecho al autismo no se lo vence de ninguna manera. Se aprende a entenderlo, se da a las personas que lo tienen herramientas que permitan que alcancen su máximo potencial, se persigue la inclusión en todas sus formas y se pertrecha uno para una maratón que dura toda la vida, cuya evolución y recorrido desconocemos.

El autismo no es una enfermedad, no se cura. Hay personas cuyo diagnóstico ha cambiando, niños pequeños que se creía que tenían TEA y luego resultó tal vez ser un trastorno específico del lenguaje, pero no hay milagros, no nos podemos fiar de ‘amímefuncionismos’ o pseudociencias. No podemos creer lo imposible, aunque nos gustaría que fuese verdad.

Y aquí va la petición que animo a firmar, aunque el cuerpo me pide solicitar la retirada total de este libro del mercado.

El autismo es un trastorno del neurodesarrollo caracterizado por alteración de la interacción social, de la comunicación y el comportamiento restringido y repetitivo. A pesar de su naturaleza, el autismo no debe ser visto como una enfermedad mental o un problema a resolver, sino una variación en el funcionamiento del cerebro, como indican los más recientes estudios científicos.

El libro “Vencer al autismo” promulga grandes mentiras pseudomedicinales como el supuesto aumento de casos de autismo en la población mundial o que es posible prevenir e incluso curar el autismo modificando los hábitos dietéticos de las personas afectadas. Además, su autor, el doctor Bruce Fife, es conocido por defender el uso del agua de coco para infinidad de usos, entre los que se incluyen la prevención del cáncer, glaucoma, osteoporosis, infartos y un largo etcétera.

Por esta razón he decidido crear esta petición. Como adulta en el espectro autista, considero de vital importancia detener las mentiras que ciertos profesionales de la salud difunden como verdades universales y que resultan ser inocuas, en el mejor de los casos. Ya es muy complicado obtener incluso un diagnóstico como para encima tener que vivir con el estigma de que estamos rotos y que la única forma de encajar en esta sociedad es sometiéndonos a tratamientos de curación inhumanos.

Por favor, retirad este libro de vuestras librerías y de vuestras páginas web. La información que ofrece no es verdadera, no respeta a las personas autistas en absoluto y además no tiene base científica alguna.

Otra forma de acercarse a los clásicos como ‘Hamlet’ y ‘El Quijote’: el manga

imageHace bastante que quería traer aquí los libros de la editorial la otra h, nada mejor que hacerlo en torno al Día del libro, que recuerda especialmente a Shakespeare y a Cervantes, pero que en general sirve para recordarnos a todos que leer es volar, en el mejor de los sentidos.

La otra h es un sello editorial nacido el año pasado de mano de la editorial Herder y que está adaptando obras clásicas al formato manga; lo está haciendo con tino y calidad y en un tamaño de libro muy manejable. Aunque tal vez algo más grande luciría más, ese formato permite que el precio sea de 9,95 euros.

Ahí tenéis dos de sus títulos, los dos más relacionados con el Día del libro: los protagonizados por el hidalgo manchego, del que ya habló en su día mi compañero Diego G. Moreno, y el príncipe danés.

Hamlet lo leí con gusto y gana y por iniciativa propia estando en mi primer año de carrera. Descubrí entonces que Shakespeare era fascinante y paseé por muchas de sus obras. En cambio aún recuerdo cómo me empujaron desde el instituto a leer a Cervantes. El profesor lo pidió con tan poco entusiasmo como teníamos los cuarenta adolescentes que tenía delante de adentrarse por imperativo educativo en las andanzas de caballero que hablaba en castellano antiguo. El docente sabía que no lo haríamos, que como mucho leeríamos adaptaciones mejores o peores, veríamos alguna serie de televisión o, con mucha suerte, superaríamos sin entender del todo la primera parte del libro.

Leer no admite modos imperativos, ya lo dije aquí mismo hace tiempo. Y la forma de presentar la literatura a niños y jóvenes en el sistema educativo español dista mucho de ser óptima.

Para que se construya un lector desde la infancia el goce es la clave. Que lean lo que les apetezca, por ligero o liviano que nos parezca. Lo importante para niños y adolescentes, también para los adultos, es leer y divertirse haciéndolo, más que el qué leer.

Volviendo a los libros de la otra h, estas adaptaciones en manga son respetuosas, conservan la esencia de los libros originales y estoy convencida de que animan a seguir descubriendo clásicos, a perderles el miedo, a entender que muchos son sorprendentemente modernos. No son un sustituto que limite el acercamiento a los originales, no lo creo. En cambio pueden ser una herramienta educativa fantástica que amplíe horizontes y contribuya a leer más.

En la colección de la otra h están el Hamlet y el Don Quijote de la Mancha que ilustran este post, pero hay muchos otros. De hecho es sorprendente (para bien) la cantidad y calidad de la selección de títulos existente, que siguen ampliando a buen ritmo. Por ejemplo:

Dan ganas de completar toda la colección, ¿verdad?

No sé vosotros, pero a mí se me ocurren pocas formas mejores de acercar a Goethe, Rousseau, Darwin, Confucio o Descartes a muchos lectores a los que jamás se les ocurriría abrir las obras originales. Y no hablo sólo de niños o jóvenes, el manga resulta muy atractivo para muchos adultos.

Por cierto, la web de la otra h Tampoco es la de una editorial al uso, de hecho se podría considerar una web cultural, que explica y pone en contexto las obras que publica. No dejéis de echarle un ojo.

Un día del libro lleno de cuentos y animales con una buena causa

 

12987137_10153953386750973_2685773586391422778_nEste sábado es el día del libro, también el día del cuento. Un día para leer con nuestros hijos, para explicarles la magia que encierran las páginas, para tal vez hablarles de Cervantes y Shakespeare. Para disfrutar volando en definitiva, porque #Leeresvolar.

Aquellos que estén en Madrid tienen la suerte de poder asistir a un evento que aúna mucho de lo que más me gusta: libros, animales y una causa solidaria. Además es en Micrópolix (San Sebastián de los Reyes), que es uno de los lugares en los que Julia más se divierte.

Organizado con mucha ilusión y mucho esfuerzo por Mas que mascotas, El corte inglés y Micropolix para concienciar a los niños (no por nada participa la Asociación Nacional de Amigos de los Animales)  para “celebrar el día del libro con un evento en el que niños, adultos y mascotas compartirán diversión y conciencia”, fijaos en todo lo que nos vamos a encontrar allí:

Cuentacuentos felinos de Lata de Sal, una editorial de álbum ilustrado especializada en dos colecciones: Vintage y Gatos. “Solo publicamos libros preciosos, elegidos tras una cuidada selección y una investigación exhaustiva. Queremos que todos os quedéis enlatados con nuestros libros entrañables, emotivos, nostálgicos, felinos”, aseguran, y es cierto.

Cuentacuentos de Galgui, un libro que es una maravilla: Un cuento que recoge una historia real, la de un perro abandonado que fue rescatado por Arca de Noé de Córdoba y acogido cuando tenía pocos días por la autora del libro, científica, escritora y madre (de Diego) María José Rodríguez.

Se podrá ver una sesión de lectura con perros de Perros y Letras R.E.A.D España. El programa R.E.A.D, nacido en EE UU en 1999, llegó de forma pionera a dos colegios madrileños en octubre de 2014. Ayuda a los niños a mejorar sus habilidades lectoras y su autoestima.

No será lo único, habrá varias actividades de ANAA a lo largo de todo el día para que niños y animales se entiendas mejor, una gynkana, un taller que enseñará a los niños a jugar con los perros.  Acudirán algunos de los animales de la asociación que buscan un hogar y un stand informativo permanente.

 Este es el plan del día:

De 11:00 a 15:30 Pinta caras y actividades plásticas de ANAAeduca
11:45 Cuentacuentos libro solidario GALGUI
12:30-14:30 Sesión de lectura- Perros y Letras R.E.A.D España
13:00 Cuentacuentos felino- editorial LATA DE SAL
16:00 (Para niños de 6-9 años) Taller uno más en la familia
16,30 (Para niños de 10-12 años) Gynkana Ecosistemas
16:00 Cuentacuentos felino- editorial LATA DE SAL
16:30 Cuentacuentos libro solidario GALGUI
17:00 Taller Aprende a Jugar con tu perro- Marina Aragón, educadora canina de ANAA
17:00 (Para niños de 06 – 9 años) Gynkana La vida de un animal-ANAAeduca
17:30 (Para niños de 10-12 años)Taller Hablando con lobos y leones-ANAAeduca
18:00 (Para niños de 6-9 años) Taller Uno más en la familia-ANAAeduca
18:30 (Para niños de 10-12 años) Gynkana Ecosistemas-ANAAeduca
19:00 (Para niños de 6-9 años) Gynkana La vida de un animal-ANAAeduca
19:30 (Para niños de 10-12 años) Taller Hablando con lobos y leones-ANAAeduca

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‘Crea tu libro’ de Marion Deuchars, un libro para jugar con el arte

imageDesde hoy van a tocar unos cuantos posts seguidos de libros. Es lo que tiene las fechas en las que estamos. Libros que nos han gustado, que recomiendo de corazón. Y voy a empezar por uno que no es un cuento al uso, sino un volumen que ayuda a los niños a aprender de arte, a conocer a los artistas más relevantes, que anima a explorar y ser creativos al tiempo que se van comprendiendo algunas técnicas.

Fue un regalo que recibió Julia en su séptimo cumpleaños y es realmente una maravilla para cualquiera que disfrute dibujando y coloreando.

Tiene una portada estupenda para entender lo que tenemos en las manos, pero un título que no ayuda demasiado: Crea tu libro. Así lo describe la editorial:

Crea tu libro con las técnicas secretas de los artistas más reconocidos de la historia del Arte. Pinta con Mondrian, Van Gogh, Andy Warhol… y descubre la fuerza expresiva de los colores. Y también podrás crear tu propia escultura móvil al estilo de Calder, pintar con una canica al estilo de Pollock o componer tu retrato cubista como Picasso.

Creado por Marion Deuchars y publicado por Coco Books, una editorial que tiene un buen puñado de títulos en la línea de este libro.

Os recomiendo encarecidamente que echéis un ojo a su amplio catálogo, porque tienen una línea bien definida que ha dado lugar a libros diferentes, que impulsan la creatividad, que intentan ofrecer algo nuevo a las abarrotadas estanterías infantiles de las librerías.

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‘Frozen’ pasó de película a espectáculo en los parques y sobre el hielo, ahora llega como concierto

La vida de Frozen es larga y saludable. La película de Elsa y Anna le ha procurado muchas alegrías a Disney y no deja de traer nuevos productos y espectáculos. Tras la proyección de la cinta hace la friolera ya de tres años, lo primero que se lanzó fue el desembarco de la reina del hielo y su hermana en los parques Disney. El siguiente invierno, este que ya ha pasado, tuvimos el espectáculo de Disney OnIce con Frozen como pieza estrella (y largamente esperada). Para el próximo noviembre llegará un concierto inspirado en el mundo de Arendelle. ¿Será lo siguiente el estreno de Frozen 2? Desde luego están trabajando en ello.

Una orquesta de cincuenta músicos acompañada de un coro integrado por treinta personas y cuatro solistas interpretarán en directo la banda sonora de la película durante su proyección en una mezcla de cine y espectáculo musical.

Una imagen del concierto londinense, en el Royal Albert Hall. (royalalberthall.com).

Una imagen del concierto londinense, en el Royal Albert Hall. (royalalberthall.com)

La verdad es que lo primero que pensé al enterarme es que lo siguiente debería ser un musical al uso, tipo El rey león. Ya en su momento, tras ver Enredados, dije convencida que sería un musical fantástico para toda la familia. Lo segundo es si no se está exprimiendo demasiado y con excesiva intensidad a esta franquicia. Empiezo a encontrarme cada vez más casos de niños (sobre todo niñas, para qué engañarnos) que han pasado del amor absoluto por Frozen a la saturación o la indiferencia.

En cualquier caso, os soy sincera, a mí me pica mucho la curiosidad por ver el espectáculo y contároslo, aunque no sé si finalmente lo haré.

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