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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

¿Cómo son los cuentos de Disney adaptados con pictogramas de la editorial GEU?

Hace ya bastante, antes de las navidades, Disney tuvo la cortesía de enviarme varios títulos de la nueva colección de cuentos adaptados que lanzó sobre algunas de sus películas más exitosas la editorial GEU. Una editorial muy interesante con mucho material adaptado cuya página os recomiendo visitar si amáis o trabajáis con personas con discapacidad que necesitan material pensado para ellas.

Lo primero que querría destacar es que la colección Disney Cuentos accesibles para todos es un esfuerzo que hay que agradecer. Todo lo que se haga para proporcionar material con el que trabajar, estimular y entretener es bienvenido.

Cada caja contiene un cuento, tarjetas ilustradas y tarjetas con pictogramas. Tienen un precio recomendado en la web de la editorial de 14,96 euros. La calidad de impresión y de los materiales son buenas. Cada título incluye una App gratuita basada en la lengua de signos en Sistema Bimodal, que reconozco no haber probado.

He tardado en hablar de estos cuentos porque Jaime, mi hijo, está lejos de poder disfrutarlos. No son cuentos para todas las personas con autismo o discapacidad intelectual en absoluto. El nivel cognitivo y los intereses de cada niños va a condicionar mucho la utilidad y el uso de los libros. Jaime nunca ha mostrado interés por los pictogramas, yo tengo la íntima convicción de que no es un pensador visual, no al menos como muchos otros chicos con autismo. Y está aún lejos de iniciarse en la lectura.

Según comencé a verlos en casa pensé que eran cuentos para chicos que sí se apoyen en pictos, mejor aún si ya empezaban a leer, así que los llevé a un colegio especial, específico para niños con autismo (gracias Fundación Aucavi), para que los profesionales que allí hay pudieran trabajar con ellos con los alumnos a los que sí resultan útiles.

Eso han estado haciendo este tiempo y han tenido la amabilidad de darme sus impresiones, que hoy os traigo.

La colección consta de adaptaciones de La sirenita, Frozen, La bella y la bestia, Toy Story, Bambi, Blancanieves, Buscando a Dory, Cars, El libro de la selva y El rey león. Son personajes muy conocidos y muy atractivos para muchos niños, que pueden motivarles mucho. Así me lo reconoció la profesional de Aucavi que me trasladó sus impresiones, “hemos repartido los cuentos en función de los intereses de los niños”. Me hablaba de un niño en concreto, loco por Cars y que conocía la historia todos los personajes.

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El deporte infantil no debería ser un campo en el que sembrar rivalidad, agresividad, frustración y presión

Vergüenza me da la repetición periódica de episodios lamentables como el de este fin de semana:

Os recomiendo encarecidamente la carta que ha escrito mi compañero Isra Álvarez a los padres que llevan a sus hijos los domingos al fútbol, que suscribo de principio a fin, y el artículo de mi otro compañero Dani Mateo, Domingos de furia… ¿Hay solución para la lacra de los padres violentos del fútbol base?.

Y recuerdo un post que escribí hace año y medio que iba en la misma línea. Recuerdo hoy un fragmento:

Mi santo hace años, cuando era poco más que un crío, entrenaba a chavales. Era baloncesto, no fútbol, y procuraba que todos los niños que entrenaba jugarán tiempos parecidos, que aprendieran pasándolo bien y sin obsesionarse por ganar, que ni se insulta al arbitro ni se juega sucio contra los rivales y que no pasa nada si se pierde. Pero muchos entrenadores y padres no compartían esa postura, ni siquiera con los niños más pequeños. Puede que algunos de boquilla sí, pero en el campo lo que se veía era otra cosa.

“No saques a Fulanito, que no da pie con bola”. “¿Por qué sientas a Menganito, que es el mejor del equipo?”. “¡Claro que es importante ganar!. ¡A machacarlos!”. “Mira al pequeñajo rubio del otro equipo, corre como una niña. Jajaja”. “De momento le pega bien, a ver si acaba en el Madrid y nos saca de pobres”.

De verdad, ¿tanto nos cuesta a los adultos entender que no debemos reírnos de los niños, presionarles, insultarles incluso? Y eso incluye a entrenadores y árbitros. Cuando estaba en primer año de la carrera tuve un amigo que tuvo que dejar de ser arbitro de fútbol en las categorías infantiles porque le decían de todo menos guapo. A un chaval de dieciocho años. ¿Tan complicado es entender que, efectivamente, el aprendizaje mas importante es otro? ¿Tan difícil es ser hombres y mujeres que demos un ejemplo positivo a nuestros hijos?

Yo no concibo la infancia sin correr, sin saltar, sin hacer deporte. Igual que sin reír o hacer amigos.

Pero tampoco la concibo como un campo en el que sembrar rivalidad, agresividad, frustración y presión, algo que por desgracia es habitual en muchos deportes a nivel infantil.

‘Padre e hijo’ de Mi Togawa, el amor, las alegrías y los retos de la paternidad hechos manga

Día del padre. Día también de abuelos y bisabuelos en nuestro caso (tengo la suerte de que uno de mis abuelos aún nos acompañe). Un día para vernos, pasarlo juntos y hacer algún pequeño presente, tener algún detalle que manifieste el cariño que nos tenemos.

Hoy os quiero hablar de uno de los regalos que ha recibido mi santo. Acompañando a una maqueta de un tanque de la Segunda Guerra Mundial, le hemos dado los dos primeros tomos de una manga precioso, dedicado por entero a la paternidad, al descubrimiento mutuo de un padre y un hijo.

Se llama Padre e hijo, Chichikogusa en su título original. Su autora es la ilustradora Mi Togawa y ha sido editado en España por Milky Way. Cada volumen cuesta 8 euros. Y hace ya bastante decidí que era un regalo de lo más apropiado en un día como hoy. Padre e hijo es un viaje al amor de un padre por su hijo y de un hijo por su padre.

La historia está ambientada en el Japón rural del siglo XIX. Torakichi es un joven boticario ambulante cuyo trabajo consiste en viajar sin parar llevando los medicamentos a sus clientes, medicamentos que conoce y prepara con frecuencia a partir de plantas. Su hijo tiene tres años y es un desconocido para él. Quedó viudo y de su crianza se encargó su hermana. Pero sus aventuras arrancan cuando decide afrontar la crianza de Shiro y llevarlo con él en esos viajes pese a la oposición de muchos que no ven que sea vida para un niño.

A lo largo de las casi doscientas páginas que tiene cada tomo iremos viendo como Torakichi aprende a ser padre, los retos que se va encontrando, las dudas que le surgen, cómo cambia su actitud y aprende a tener más paciencia y encarar la vida de manera más asertiva.

Pero también tenemos el punto de vista del pequeño Shiro, la devoción que desarrolla por su padre, la aparición de celos infantiles, las pesadillas nocturnas, el querer que le mimen, el miedo y la superación de la pérdida, la búsqueda de atención…

Padre e hijo es una deliciosa y ajustada plasmación de las reacciones infantiles, las inseguridades de la paternidad y el amor que lo sostiene todo.

Un manga de lo cotidiano en una época y un lugar que nos resultan exóticos. Pero por lejano que nos quede el tiempo y el lugar, la ropa que visten, los alimentos que toman y las fiestas que celebran, la relación entre un padre y su hijo pequeño no podría ser más cercana.

¡Feliz día del padre!

‘La bella y la bestia’, un perfecto homenaje al clásico de animación de 1991

Imagino que el titular no es demasiado original, que muchos de los que hablemos de esta película durante estos días nos expresaremos en términos parecidos, pero es que es inevitable destacarlo. La película que nos ha traído Bill Condon es extremadamente semejante a la de Gary Trousdale y Kirk Wise que logró una nominación al Oscar a mejor película en 1991.

El diseño de los personajes es heredero directo, igual que la concepción del vestuario, gran parte del guión, los guiños, los diálogos, los planos… Pero no es una copia, transcurre como un homenaje. Hay diferencias sutiles que, en su gran mayoría, enriquecen y modernizan la película. Noté tal vez innecesario todo el asunto de la madre de Bella y la escueta referencia al padre de Bestia, pero no es nada que lastre.

El elenco es espectacular. Luke Evans brilla como Gaston. Kevin Kline da vida a un padre creíble. Emma Watson logra que no eches de menos al dibujo animado, que no es poca cosa, moviéndose por un castillo que en ocasiones recuerda más a Hogwarts que al clásico de Dianey. Tener a Ian McKellen y a Emma Thompson es un regalo. Dan Stevens lo clava como Bestia (tras esta elección y la de la protagonista de La Cenicienta, está claro que los directores de casting de Disney han visto bastante Downtown Abbey). Ewan McGregor es una gozada dotando de personalidad a su candelabro, que se convierte en un robaescenas. Igual que Josh Gad, el personaje de LeFou manifiestamente homosexual y que supone un (estupendo y de agradecer) paso más de Disney a favor de la diversidad (algo que también se aprecia en la abundancia de parejas interraciales de la película).

Julia la disfrutó. Y yo también. Y creo que lo hará cualquiera que recuerde con cariño la película en la que la inolvidable Ángela Lansbury era la voz de la sabiduría hecha tetera.
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Cómo explicar a un niño la muerte de un animal

Antes de nada, os voy a pedir que leáis un viejo post. Se llama Una niña, un viejo gato, una historia de amor y lo publiqué aquí hace poco más de un año para explicar la maravillosa relación que tenían Julia y el buen y viejo Flash.

Porque este post trata de cómo he explicado a mi hija, que acaba de cumplir ocho años, la marcha inesperada y repentina de nuestro gato de oro, que llegó a nuestro hogar siete años antes que ella.

La tarde del miércoles, al volver del trabajo, nos encontramos con que a Flash le pasaba algo. Lo llevé al veterinario, pero su estado empeoraba rápidamente. Nos trasladamos a toda velocidad al hospital veterinario y las pruebas que le hicieron unidas al estado en el que ya estaba me hicieron tomar la decisión de regalarle el mejor final posible.

Y volví a casa pasadas las diez de la noche, con el transportín vacío, salvo por el peso de la pérdida, y conocedora de que tendría que hacer de tripas corazón para aguantar el tipo al día siguiente en el trabajo y después contarle a Julia, que se fue a dormir sabiendo que Flash estaba en el hospital, lo sucedido.

Una vieja y buena amiga, que es psicóloga, me escribió lo siguiente nada mas enterarse:

Los niños aprenden de lo que ven. Deben saber que es normal que les duela, deben sentirse comprendidos y arropados en su dolor, deben poder abrazarse a alguien y llorar a moco tendido todo lo que haga falta y más, deben saber que todo va a ir bien, que siempre tendrán a alguien que curará sus heridas y deben ver que papá y mamá, aunque también se ponen tristes, no se quedan en esa pena y avanzan y ríen y se acuerdan de Flash y de lo bonito que fue tenerle. Julia tendrá todo esto porque tiene la gran suerte de teneros.

Este jueves por la tarde, nada más volver a casa, me senté con ella en su cama y se lo dije. No le hablé de cielos ni de arcoíris, simplemente le conté que Flash estaba tan malito que le habíamos dejado dormir para siempre.

Lloró mucho, durante cerca de media hora. Ese llanto de la pérdida que todos conocemos y que te supera. Y la abracé y la dejé llorar, contándole que era normal estar triste, que yo también había llorado, pero que Flash había tenido una vida larga y feliz con nosotros y se había ido tranquilo.

A todo padre le duele ver a su hijo pasarlo mal, pero es un aprendizaje por el que tenía que pasar. Todo lo que vive tiene que morir. Vivir sintiendo, reconociendo el amor y la felicidad, implica sentir a veces también el dolor y la tristeza. Son las dos caras de la misma moneda.
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¿Cabinas de lactancia en la playa? ¿Nos hemos vuelto locos?

Hace una década, en Galicia.

Me pasa el jefe de actualidad de 20minutos una noticia que me deja estupefacta. Peñíscola instalará cabinas de lactancia en sus playas para el verano.

¿Cabinas de lactancia en la playa? ¿Pero de qué estamos hablando? ¿Nos hemos vuelto locos?

Vamos a ver, que no hay lugar en el que haya más tetas al aire que una playa española en verano. No hay lugar más fácil en el que dar el pecho que en una playa. Yo lo he hecho, sin el menor problema jamás por supuesto. Y el biberón no veo que entrañe más dificultad en la playa que en una cabina.

Si una es pudorosa, siempre tiene la opción de usar una toalla, una camiseta, el pañuelo de porteo o lo que sea que le venga en gana para que no se vea absolutamente nada. Cualquier cosa suena mejor que tener que alejarse bajo el sol de dónde se tenga asentado el campamento playero (que con frecuencia no es pequeño si se va con bebés niños pequeños) para meterse en una cabina en la que si no hay aire acondicionado tal vez te cuezas y si lo hay tal vez te agarres (tú o tu prole, que es aún peor) un buen catarro estival.

Y si vas paseando por el paseo marítimo, nada mejor que amamantar viendo el mar bailar y disfrutando de la brisa que trae o de una buena charla ante una bebida fresquita en una terraza.

Por otro lado, si las cabinas son para que otros playeros susceptibles no se molesten viendo tomar teta a un bebé, que se lo hagan mirar, que ya va siendo siglo. Dar el pecho es un acto natural que no tiene porqué esconderse y no debería resultar incómodo de ver, menos aún en un sitio que se caracteriza por mostrar carne a espuertas.

Que sí, que se agradecen las buenas intenciones e incluso puede parecer a priori buena idea, hasta que te paras a pensar un poco más en ella y en si no tendrán otro asunto mejor al que dedicar los presupuestos municipales.

Si es que verdaderamente acaban siendo cabinas como asegura el teletipo, por supuesto. Otra compañera en la redacción me dice que en Castellón hay zonas infantiles cerca de la playa, con apartado de juegos para los niños, y unas casetas de alimentación infantil con cambiador y nevera por lo que se ve. Con sillas cómodas no (las de plasticucho de terraza de toda la vida) y en un prefabricado poco apetecible, pese a estar impoluto en la foto por lo nuevo (me gustaría verlo un 20 de agosto a mediodía). Y con poca intimidad si eso es lo que se busca ya que puedes tener a otras peronas (y no penséis necesariamente en mujeres por favor) cogiendo el puré o cambiando un pañal. No obstante, a falta de saber cómo serán exactamente esas cabinas de Peñíscola, una solución como la de Castellón, aunque a mí personalmente siga sin gustarme, tal vez pueda resultar útil ocasionalmente a algunas personas.

Aunque yo nunca eché de menos nada de eso, teniendo la arena, el mar y el horizonte.

Toontastic 3D, una aplicación muy sencilla para que los niños creen sus historias de animación

La noticia de que Google había lanzado una aplicación que permitía que los niños creasen sus propias animaciones en tres dimensiones me llegó en enero y desde entonces me quedé con ganas de probarla. Y no solo yo, se me ocurrió contar a Julia que había una aplicación que permitía que hiciera sus series de dibujos, sus mini películas, y quedó desde entonces a la expectativa.

Unas expectativas que se han cumplido con creces. Ya hemos podido trastear y crear nuestras primeras historias con Toontastic 3D (heredera de Toontastic, que se lanzó en 2015), que es completamente gratuita y no tiene publicidad, tampoco requiere de registros de ningún tipo, y nos ha gustado tanto que me he decidido a recomendarla desde aquí.

Lo primero, está disponible en la Apple Store (iOS 9.0. o superior) y para Android (versión 5.0. o superiores), pero tiene que ser un cacharro razonablemente reciente. En nuestra vieja tablet de BQ no funciona por ejemplo. Es una de las razones por las que hemos tardado tanto en probarla.

Lo segundo: está en inglés, no tiene traducción al castellano. Pero es tan sencilla de manejar que no es necesario dominar el idioma. De hecho esa sencillez es una de las grandes virtudes de Toontastic. Los niños no se van a frustrar por tener que pasar por procelosos procesos hasta ver sus animaciones en marcha. Y pueden usarla siendo muy pequeños, probablemente a partir de tres años puedan defenderse con ella, pero también es divertida para los más mayores. Mi hija tiene ocho años.

El uso es muy sencillo. Nada más entrar nos da la opción de crear historias con tres escenas o cinco, aunque una vez seleccionada una de estas opciones luego nos va a permitir eliminar escenas para que sean una, dos o cuatro. Hay un buen número de escenarios prediseñados: en el espacio, la ciudad sumergida de la Atlántida, un barco pirata, una clase en un colegio… Son escenarios amplios, por los que los protagonistas de la película se van a poder mover y con cuyos elementos va a poder interactuar: los grifos sueltan agua al tocarlos, los globos terráqueos giran y los árboles dejan caer cocos.
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¿Hasta qué punto es bueno coger a los bebés en brazos?

Mi hija ha cumplido ocho años la pasada semana. Mi hijo cumplirá once años este verano.

Con Jaime hace mucho que lo de cogerle en brazos se acabó y, en menos tiempo del que yo quisiera, será él el que podrá cogerme a mí. Siguen los abrazos, los besos y los ratitos acurrucados juntos en el sofá bajo la manta, pero sostenerle en mis brazos, sentir su olor y su calor, consolarle cantando y hacerle reír haciéndole alcanzar el cielo, son ya únicamente buenos recuerdos en lo que anclarse.

A Julia aún la cojo a veces, para lanzarla a su cama por las noches entre risas, para darnos un abrazo de mono araña o si se queda dormida en algún sitio. No podré hacerlo mucho más tiempo. Muy pronto me faltarán las fuerzas para levantar su peso y la sensación de sostenerla, entre mimos, canciones o carcajadas de cristal solo quedarán en nuestra memoria.

Me preguntan hasta qué punto es bueno coger a los bebés en brazos y recuerdo que cuando comencé este blog Jaime no tenía ni dos años y Julia no estaba aún en este mundo, me acuerdo de lo mucho que ellos querían estar sobre mí, conmigo, y que fue una etapa maravillosa que ha podido ser larga pero ha pasado en un suspiro.

Me lo preguntan y no puedo evitar pensar en darle la vuelta a la pregunta. ¿Hasta qué punto puede ser malo no hacerlo? ¿Hasta qué punto puede ser perjudicial dejar a un bebé o un niño pequeño llorar reclamando los brazos, el consuelo, la protección, la atención, el amor… y no dárselo?.

Yo siempre he preferido equivocarme por exceso de cariño. Siempre he optado por reforzar el vínculo, no por quebrarlo.

Claro que hay momentos en los que nos podemos sentir abrumados, con mucho que hacer, poco tiempo disponible y un bebé o un niño pequeño que nos frena. Pero es que tal vez debamos frenarnos. Tal vez debamos parar y reconsiderar nuestras prioridades. No son pequeños tiranos. En absoluto. Son nuestros cachorros que nos necesitan.

Y crecen tan deprisa, que antes de lo que creemos habremos olvidado los momentos en los que nos sentimos superados y solo atesoraremos con nostalgia los instantes en los que nuestros brazos encerraban para ellos el mundo entero.

(GTRES)

La sexta carrera popular por el autismo será el día 2 de abril en Madrid

Llevo participando en esta carrera tantos años como se lleva celebrando. Seis ya contando con este. Y no solo llevo seis años participando, tambien arrastrando a todo el mundo que puedo porque es una actividad que merce la pena en muchos sentidos.

Se trata de un plan estupendo para llevar a cabo en familia se tenga o no cerca a una persona con autismo. Una carrera cortita, que se puede hacer perfectamente andando si no queremos correr (aunque los haya que la recorren como gamos) por un parque en la zona norte de Getafe (Madrid) durante la caprichosa primavera madrileña, que alguna vez nos ha traído fresquito y lluvia pero que casi siempre se traduce en un tiempo agradable.

Van niños muy pequeños, bebés en carrito, abuelos (mi abuelo, con 92 años, nos acompaña ese día). Todos vestidos de azul demostrando que amamos y apoyamos a las personas con autismo.Para todos los niños que acuden hay medalla y chuches cuando pasan por la meta. Y al final hay música y canciones acompañadas de lengua de signos.

La organiza la organización sin ánimo de lucro que presta servicio a personas con autismo y sus familias Afanya TGD.

Os aviso con tiempo. Será el domingo 2 de abril, exactamente la misma fecha que desde hace diez años se emplea para visibilizar e informar sobre el autismo y reivindicar los derechos de las personas que lo tienen.

Actividad al aire libre, competición bien entendida, inclusión, buen rollo… ¿Nos vemos por allí?

‘Tener un hijo con autismo’, el autismo con los pies en la tierra y el corazón en vuelo

El viernes es mi cumpleaños y ya he recibido mi primer regalo. Uno que puedo compartir con todos vosotros. Uno que me llega el mismo día que mi hija, de cuyo embarazo y nacimiento os hice partícipes en este mismo blog, cumple ocho años.

También en este blog hará pronto ocho años que os conté que Jaime, mi hijo mayor, tenía autismo. Me dieron el diagnóstico cuando Julia apenas tenía un mes de vida. Estaba en mi pecho mientras las psicólogas pronunciaban por primera vez ante nosotros la palabra “autismo” sumergiéndonos en todas las incertidumbres del mundo. Iniciamos entonces un proceso vital que aún no ha terminado y que he ido reflejando en este pequeño rincón de Internet en el que tantos habéis querido acompañarme.

El autismo no ha sido el protagonista de este blog, igual que no hemos permitido que lo fuera de nuestras vidas, pero ha asomado con frecuencia desde mi perspectiva realista, positiva pero nada edulcorada, reivindicativa, normalizadora e informativa. Al menos así lo he intentado siempre, porque así lo siento.

El viernes es mi cumpleaños y he recibido un regalo que quiero compartir con vosotros: ha salido a la venta mi libro Tener un hijo con autismo. Os invito a leerlo, a darme vuestra opinión, a compartirlo, a criticarlo y a ayudarme, en definitiva, a visibilizar el autismo con los pies en la tierra y en corazón en vuelo. Lo he escrito desnudándome, prometiéndome ser sincera y no tomar atajos, con toda la humildad y con la esperanza de resultar de ayuda a otros. Y no hablo solo de aquellos que aman a una persona con autismo.

Y es un libro que quiere ayudar desde un plano práctico, porque voy a donar la mitad de los beneficios que genere a la Fundación Autismo Diario, la Asociación Autismo Araya y la Fundación Aucavi.
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