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Me crecen los enanos Me crecen los enanos

Si matar a otro hombre es el peor crimen, lo mejor debe ser traer a la vida a un bebé.

María Montessori, madre de la pedagogía científica, erudición y sensibilidad #JuevesCientíficas #WomenInStem

Maria_Montessori1913Hoy jueves 11 de febrero es la primera vez que se celebra el Día de las mujeres y las niñas en la ciencia. Animada por mi compañero Alfred López (que hoy habla de la primera mujer científica de la historia) me sumo a la iniciativa impulsada por Naukas de publicar hoy posts dedicados a mujeres científicas. La idea es moverlo en las redes sociales con la etiquetas #JuevesCientíficas y #WomenInStem.

Procurar hablar a nuestras hijas de mujeres que han sido relevantes en la ciencia, descubrir sus biografías y logros, siempre fascinantes. Y hay un mundo más allá de Marie Curie: Lise Meitner, que descubrió la fisión nuclear, la primatóloga Jane Godall, Amy Cuddy, Ada Lovelace, Clémence Royer…

De la fascinante en diversos sentidos Hedy Lamarr ya hablé el 9 de noviembre, día internacional del inventor, así que hoy he elegido hablar de María Montessori, en la mejor filosofía de Ciencias Mixtas y centrándome algo más en la temática de este blog.

Muchos conoceréis la palabra Montessori por el método educativo que propugna el respeto a los ritmos de los niños, el crear entornos enriquecedores, el centrarse en ellos pasa su aprendizaje, el papel de guía respetuosa del educador… Si queréis saber más sobre el método, que cuando lo planteó a comienzos del siglo pasado era del todo revolucionario, os recomiendo que visitéis el blog Tigriteando, uno de los ganadores de los últimos Premios 20Blogs organizado por 20minutos.

María Montessori nació un 31 de agosto de 1870 en Italia y murió en Holanda en 1952. Fue la primera mujer que se graduó en medicina en Italia (pese a la oposición de su padre, militar, devoto católico y muy estricto), pero antes ese hito a los 14 años ya había comenzado a estudiar ingeniería y luego biología. Nunca dejó de instruirse. Tras medicina vino antropología y se doctoró en filosofía, asistió a uno de los primeros cursos de psicología experimental y acabó desarrollando su propia clasificación de enfermedades mentales.

2nd November 1946: The founder of the Montessori Schools, Maria Montessori (1870-1952) in a classroom in Acton, London with a group of children. Original Publication: Picture Post - 4244 - The Woman Who Made School Fun - pub. 1946 (Photo by Kurt Hutton/Picture Post/Getty Images)

María Montessori en una clase en Londres en 1946. (Dominio público)

Se la considera la madre de la pedagogía científica, elaboraba sus materiales y filosofía partiendo de la observación y del método científico. Como sucede casi siempre en la ciencia, sus logros no salieron de la nada; se apoyó en el trabajo de dos médicos franceses, Jean Itard y Eduardo Séguin y del  pedagogo suizo Johann Heinrich Pestalozzi.

Además de erudición, demostró toda su vida una sensibilidad notable. Era una de esas personas con causa que me gustan. Se puede comulgar o no con su método, pero creo que no se puede discutir que es un gran ejemplo.

Os pego unos párrafos de la Wikipedia:

Cuando se unificaron las provincias italianas y se independizó Italia, hubo un deterioro en la situación económica del país. En ese momento, se interesa por las condiciones sociales, especialmente de las mujeres. Participa en dos congresos internacionales para mujeres: uno celebrado en Berlín en 1896 y otro en Londres en 1900. Habló de las mujeres y de los niños, enfatizando las repercusiones que las condiciones de vida tienen sobre la sociedad. En 1898, en un congreso en Turín expuso la importancia de la educación y atención a niños con deficiencias mentales y planteó la relación entre el abandono infantil y el desarrollo posterior de la delincuencia.

Página del libro, The New Student's Reference Work, 5 volúmenes, Chicago, 1914 (editado por Chandler B. Beach (1839-1928).

Página del libro, The New Student’s Reference Work, 5 volúmenes, Chicago, 1914 (editado por Chandler B. Beach).

Entre 1898 y 1900 trabajó con niños considerados perturbados mentalmente. Se dio cuenta de que estos niños tenían potencialidades que, aunque estaban disminuidas, podían ser desarrolladas y que eran dignos de una vida mejor sin representar una carga para la sociedad. En este momento decidió dedicarse a los niños durante el resto de su vida. Observó a los niños de una institución para niños “ineducables” jugando con las migajas de la comida, porque no había ningún objeto más en el sitio. Vio que no se las comían, sino que las manipulaban y se dio cuenta de que lo que les hacía falta eran objetos para tocar, que el ser humano tiene necesidad de actividad, de realidad, de cultivar su inteligencia y personalidades.

Empezó creando el área de vida práctica (higiene y modales) devolviéndole la dignidad al niño. Los niños se concentraban y repetían el ejercicio, los juguetes no les atraían, eran para ratos de ocio. Rechazaban los premios y los castigos, los niños obtenían la satisfacción de realizar solos su trabajo. Poco a poco los niños rebeldes se normalizaron, se volvieron amables, respetuosos, aprendían con interés y entusiasmo. Eran 60 niños. En vez de imponerles reglas arbitrarias y llenarles la cabeza de datos, les dejó libre su espíritu. Cuando a los cuatro y cinco años aprendían a leer y escribir como un proceso natural, el mundo se conmocionó. Así, San Lorenzo dejó de ser un centro de control de niños y se convirtió en un centro de investigación donde se desarrollaba el niño con dignidad, libertad e independencia. Tenían la libertad de ser activos y la responsabilidad de saber cómo usarla.

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Las profecías sobre el colecho que no se cumplieron

colechoEn un post de 2008 recogía las profecías que recibíamos periódicamente cuando contaba que Jaime no tenía cuna y dormíamos con él:

Es curioso que cuando lo reconoces los tres comentarios más habituales son: “Pues a ver cómo consigues sacarlo de la cama”. “¿No te da miedo aplastarlo?” o “Claro, yo así también dormiría”, como si estuvieras haciendo trampas a las cartas.

Cuando quedé embarazada de Julia teniendo Jaime poco más de año y medio me auguraron que acabaría con los dos en la cama, que dieron a entender que ahí me iba a arrepentir de haberle malcriado, de no haberle enseñado a dormir solo.

A punto de cumplir los dos años y medio, Jaime tenía su propia cama y dormía solito y del tirón. Dejar nuestra cama fue decisión nuestra para preparar el camino a su hermana, pero quedó claro que estaba preparado. En cualquier caso fue algo gradual, algunas noches seguíamos durmiendo a su lado, disfrutando de su cuerpo cálido y su respiración suave. También compartíamos siestas durante mucho más tiempo.

Jaime tenía dos años y medio cuando nació Julia. Con ella sucedió igual, compartió nuestra cama, descansamos todos, tomó pecho a demanda cono su hermano y también cerca de los tres años pasó a dormir a su cama. De nuevo de forma gradual.

Nos sigue gustando dormir juntos a veces. Si uno de los dos no estamos alguna noche, aprovechamos para compartir sueños.

Los agoreros se equivocaron. La transición fue tranquila, respetuosa y satisfactoria. No hubo lloros ni traumas. Tampoco apegos o dependencias excesivas.

Hace ya bastantes años de aquello. Jaime cumplirá diez años en agosto y Julia siete el mes que viene. En estos años se ha hablado más del colecho y ya se conoce por su nombre, aún con esas me consta que esas profecías (“le estás malcriando”, “a ver cómo le sacas luego de tu cama”, “tanto apego no es bueno”) siguen cayendo sobre muchos padres que lo practican. Al menos sobre aquellos que confiesan dormir con sus hijos, que también son muchos los que no se complican la vida y no dan explicaciones.

Ni caso. Si dormís juntos, disfrutadlo haciendo oídos sordos. Si sois de los que por el motivo que sea habéis descartado el colecho, pues ni caso tampoco.

Criamos a nuestros hijos como mejor sabemos o podemos y merecemos respeto y apoyo, también de aquellos que no comparten nuestros métodos.

(GTRES)

En la primera foto está Jaime, la segunda es de la agencia GTRES.

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Los animales ayudan a los niños a ver la muerte con naturalidad

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Este fin de semana murió Sven. Sven, con el nombre de uno de los personajes de Frozen, era un hámster ruso que llevaba con nosotros casi tres años y que entró en casa por deseo de Julia. Un animalito dulce, con muy buen carácter, al que conocían y con el que habían jugado todos los niños que han entrado en casa. Siempre a ratitos cortos, siempre con delicadeza, siempre teniendo en cuenta que lo que tenían en las manos era un ser vivo.

Cuando murió hubo varias personas que me preguntaron qué tal se lo había tomado Julia, que es una niña muy sensible. Pues lo cierto es que con toda la naturalidad del mundo. Había asumido que era un hámster ya viejito y de momento la muerte es algo que ha vivido siempre con mucha normalidad: con el abuelo que murió antes de que ella naciera, con nuestra perra Mina, con los peces que tenemos en casa, con su bisabuela el año pasado. Sé que hay niños a los que les angustia, que se hacen preguntas imposibles de contestar. No ha sido su caso y no sé si tener animales ha ayudado. Nosotros no hablamos de cielos ni de ángeles, hablamos de que los que se van vivirán en nuestro recuerdo.

Es un ciclo que hay que asimilar como algo natural, que duele y que pasa. Ahora que vivimos en ciudades sin contacto con la naturaleza y muertes contadas, los animales con los que vivimos ayudan a los niños a interiorizarlo, a verlo como lo que es, algo relativamente cotidiano. Ley de vida.

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¿Sexismo e hipersexualización en los disfraces infantiles de carnaval? #SoyQuienDecide

imageEl viernes Julia y Jaime fueron disfrazados a sus respectivos colegios. Julia tenía una fiesta de carnaval centrada en el espacio, así que su clase se disfrazó de estrellas y soles (muy venecianas por cierto). Otras clases iban de marcianos, astronautas e incluso de los alienígenas de V. Disfraces divertidos, caseros, sin distinción de ningún tipo entre niños y niñas.

En el caso de Jaime el disfraz había que llevarlo de casa y daba igual el que fuera. Como tiene autismo y un disfraz para él es ropa como cualquier otra, somos nosotros los que elegimos qué ponerle buscando siempre algo que le resulte cómodo. En esta ocasión fue de Harry Potter, con su capa, su bufanda y su cicatriz pintada en la frente.

Ayer tarde salimos a la calle con nuevos disfraces para ver el desfile de murgas de nuestra ciudad. Jaime repitió Harry Potter, Julia quiso ser Hermione, con su giratiempo, su capa, su bufanda y su varita (y su valor, inteligencia y sentido de la amistad, es una moderna heroína fantástica).

En anteriores  ocasiones han ido de Peter Pan, princesas Disney, astronauta, brujas, pirata o superhéroes de Marvel. Julia decide con total libertad. Y así seguirá siendo, pero siempre seremos conscientes de lo mucho que con los disfraces siguen perpetuándose roles de género que ya deberíamos ir superando: los disfraces para los niños suelen ser de poderosos superhéroes, piratas, caballeros… Los de ellas son delicadas y hermosas princesas y hadas. Si hablamos de disfraces de oficios también se percibe el aroma rancio. E incluso en los disfraces de niñas muy pequeñas aparece ese componente sexy, con minifaldas, y ropa ajustada, que en los  disfraces equivalentes de los varones no abunda.

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‘Justicia auxiliar’ de Ann Leckie, el problema de las expectativas incumplidas #UnoAlMes

imageLos pasados reyes magos me trajeron como regalo esta novela de ciencia ficción escrita por una mujer, una ópera prima que lo ha ganado todo el año pasado, incluidos los premios Hugo y Nébula. Y yo feliz como una súperlombriz de arena de Dune, ya que había leído algo de ella (siempre favorable) y era imposible que no me resultara atrayente: inteligencia artificial cobrando conciencia de sí misma, naves espaciales, colonización de planetas alejados… Parecía pensado para mí, está claro que todos esos temas me interesan porque están incluidos en mi propia novela, Galatea.

Tal vez haya sido un caso típico de expectativas excesivas que se vieron incumplidas (hype fallido que dicen ahora), puede que en la traducción me perdiera gran parte de su mérito (aunque Elia Barceló la leyó en inglés y me lo descartó en una conversación por Twitter), es aún más probable que sencillamente sea uno de esos casos de “este libro será maravilloso para muchos otros, pero no es libro para mí”.

A todos los que le damos a la letra impresa (o a la tinta electrónica) nos ha pasado con frecuencia con libros que gustan a una mayoría y con grandes clásicos. Por ejemplo, a mí se me atragantó Proust en segundo de carrera, tal vez debería volver a intentar leer hoy día la obra del señor de la magdalena que tiene méritos sobrados. Otra muestra, en mi adolescencia fanática por la fantasía épica (y la ciencia ficción y Herman Hesse), no pude digerir ni el primer libro de la Dragonlance.

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No, no fui capaz de resistirme a usar la saliva de madre. ¿Alguien habrá podido?

30 de diciembre de 2007, Jaime era un bebé de apenas un año y cuatro meses y este blog llevaba solo una estación de andadura. Y aquí mismo conté que iba a intentar evitar hacer una cochinada que siempre me había sentado a cuerno quemado cuando era niña y que estaba harta de ver hacer a muchas madres.

Esto era:

¿Angelina Jolie también habrá tirado de babas para limpiar a Shiloh, Vivienne y K? (GTRES)

¿Angelina Jolie también habrá tirado de babas para limpiar a Shiloh, Vivienne y Knox? (GTRES)


Recuerdo perfectamente cuando no era una Madre Reciente, sino una Niña Muy Pequeña, y mi madre me limpiaba amorosamente algún churretón en la cara mojando un pañuelo o directamente los dedos en su saliva.

¡PUAJ!

Siempre me pareció una práctica repugnante.

Juré que nunca lo haría y ya he caído. Lo confieso.

Mi peque tenía una mancha de potito y cuando me quise dar cuenta ya le estaba frotando la barbilla con el método de limpieza menos higiénico y más viejo que existe.

He jurado no reincidir. Pero estoy viendo que tendré que hacer grandes esfuerzos.

Y no dejar el piloto automático de madre puesto.

¿Seré capaz? Os iré informando.

Juré no reincidir, prometí seguir informando. Pues bien, algo más de nueve años después y otra niña má, va tocando confesar que fallé estrepitosamente.

No, no fui capaz de resistirme a usar ese limpiador universal que es la saliva de madre. Han sido pocas veces, muy pocas, pero he caído. Nunca con pañuelito, eso es cierto.

¿Alguien habrá podido evitarlo?

 

 

Me gusta la gente con causa

Me gusta la gente que camina con los ojos abiertos, que no se mira solo a sí misma, que contempla el mundo tal y como es, sin tomar por invisible aquello que no le toca. Gente que sabe que no todo gira en torno a ellos.

Me gusta la gente que se conmueve, que vibra con lo que no le afecta; gente que hace suyo lo ajeno, hasta la rabia, hasta las lágrimas, hasta la acción.

Me gusta la gente que se alegra por el éxito de los demás, que no se encierra en mezquindades, que no necesita hacer de menos a los otros para hacerse de más ellos.

Me gusta la gente imperfecta, que asume sus errores, que sabe que es imposible ser consecuente en todo y todo el tiempo y que es capaz de perdonarse y perdonar.

Me gusta la gente con causa, la gente que no sólo se preocupa por sus deseos y su bienestar, sino que hace suya alguna causa que merece la pena defender. Da igual la que sea: frenar el acoso escolar, perseguir la igualdad de derechos de las personas con discapacidad, evitar la discriminación por la orientación sexual, defender la biodiversidad, luchar contra el abandono y maltrato de perros y gatos…

No hay causa pequeña, que cada uno elija la suya (o las suyas), lo que es ser pequeño es pasar por este mundo mirándose el ombligo.

Con tener una causa no me refiero a dejarlo todo e involucrarse por completo, no es abandonar trabajo y familia e irse a otro país. Que si se desea, bien está. Me refiero simplemente a hacer algo, lo que podamos, lo que mejor se nos dé, lo que sepamos compatibilizar con nuestra vida.

Por poco que sea, si esa fuera la actitud general, este mundo sería muy distinto.

Me gustaría que mis hijos crecieran interiorizándolo, que crecieran para aportar y no para restar. Me gustaría que fueran gente con causa.

¿Y vosotros?

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Algo pasa con Barbie

Hace tres meses Mattel lanzó un anuncio para Barbie en el que las niñas solo tenían el cielo como tope. Más de veinte millones de reproducciones avalaron que nos gusta que nos digan que nuestras hijas pueden soñar con ser cualquier cosa, que tienen todo el mundo al alcance de su mano.

Hace dos meses, justo para la campaña de Navidad y con motivo de una colaboración con Moschino, el nuevo anuncio mostraba a un niño jugando con Barbie. ¡Aleluya! Rompamos los estereotipos de género. Los juguetes son para jugar, no son para niños o para niñas. Impactó más en medios de comunicación, aunque parece que tuvo menos reproducciones.

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‘El monstruo de colores’, ‘El pollo Pepe’, ‘Emocionario’… los libros infantiles más vendidos en 2015

Amazon ha hecho un listado de los libros infantiles más vendidos el año pasado. Vale que es una clasificación de un único comercio, pero teniendo en cuenta el volumen de ventas que tiene la plataforma online creo que es sobradamente representativo. Por cierto, que el volumen de ventas de cuentos infantiles en Amazon se ha incrementado un 85% respecto al año anterior.
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Os lo traigo aquí no sólo a título informativo, para comprobar si conocéis estos cuentos, si los recomendáis, qué os parecieron… también por si os sirve de inspiración. Aunque también os digo que hay un mundo a descubrir más allá de los listados de súperventas, hay maravillosos proyectos de crowdfunding, de editoriales jóvenes que están intentando hacer las cosas distintas. En definitiva, que hay mucho más que clásicos incombustibles que nunca caen de estos listados como El pollo Pepe, que en nuestra casa nunca tuvo éxito, o ¿A qué sabe la luna?, que sí triunfó.

Lo primero que llama la atención al ver la lista es que en lo màs algo haya dos títulos dedicados a enseñar a los niños a gestionar sus emociones; Emocionario. Di lo que sientes y El monstruo de colores tienen precisamente ese objetivo. El primero no ha pasado por mis manos, pero el segundo sí que lo conozco y puede resultar muy útil con niños muy pequeños, a partir de tres años.

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¿Debería dejar de contar la nota de educación física?

Niños jugando al fútbol (GTRES).

El penúltimo post de mi compañero Javi Yanes en su blog Ciencias Mixtas es de los que generan polémica. Su título es Cuando la educación física es mala educación psíquica y os dejo aquí un par de párrafos, aunque os invito a leerlo entero. En él reconoce que esa materia no era lo suyo, yo también voy a confesar antes de exponer mi postura que a mí se me daba divinamente bien y que tengo una hija que no creo que tenga problemas al respecto, que sigo disfrutando con el ejercicio a mis casi 40 años. Aunque tampoco creo que sea relevante.

Es evidente que los niños necesitan la actividad física para el desarrollo de su arquitectura corporal; aún no nos hemos librado de esta carga evolutiva. Pero también es evidente que, en general, los niños la practican sin necesidad de imponérselo: corren, saltan y sudan sin que nadie se lo pida ni haya ninguna necesidad. Que la actividad física tenga que reglarse en una asignatura es opinable; que esta asignatura sea calificable es innecesario.

Excepto cuando las notas de un niño que en el futuro se dedicará a una actividad intelectual quedan lastradas por la distancia a la que es capaz de lanzar un balón de cinco kilos, o por cuántas abdominales es capaz de hacer en un minuto. En este caso no es innecesario, sino perjudicial. Es más, apostaría a que, incluso para aquellos niños que vayan a dedicarse profesionalmente al deporte, las notas de educación física de su infancia les van a servir más bien de poco.

Bueno, no comparto que los niños no necesiten de actividad física, hay muchos muy sedentarios. Ayer me contaban en mi muro de Facebook, y lo comparto, que sobre todo niñas, más aún a partir de los nueve o diez años. Los preocupantes índices de obesidad infantil del primer mundo son una buena prueba. La culpa no es solo de los cambios en los hábitos de alimentación. Incluso para aquellos más inclinados a correr y saltar, por desgracia vivir en pisos y grandes ciudades no ayuda a que lo hagan.

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