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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

Examina tus limones, una campaña para la detección precoz del cáncer de mama

Mi abuela paterna murió por un cáncer de mama. Primero lo superó, cuando yo era niña y ella rondaría los sesenta años. Recuerdo su lucha contra la quimioterapia, el pelo a la fuga, la peluca que nunca le acabó de gustar y el brazo que se le quedó hinchado para siempre. Mucho después, cuando ya hacía tiempo que se había convertido en octogenaria, volvió a dar la cara. Pero era ya muy mayor y la lucha era vivir el mayor tiempo posible sin sufrimiento y sin medidas drásticas. Acabó llevándosela, pero no por ello dejó de ser una superviviente.

Mi bisabuela paterna también murió por un cáncer de pecho. Más joven. Mi abuela me contó que se le hundió el pezón, luego el pecho se puso negro, luego murió. Eran otros tiempos, más duros. Tenemos mucho que agradecer a los avances médicos.

A mi alrededor ha habido y sigue habiendo otros casos más o menos cercanos. Madres recientes, abuelas, chicas muy jóvenes, que se enfrentan al monstruo cuyo rostro más veces he tenido la desgracia encontrarme. La mayoría han acabado bien. La batalla se ha librado y se ha ganado, o se está ganando. De hecho estoy convencida de que esta guerra la vamos a ganar. Ya os lo dije hace años y lo mantengo: el ser humano es implacable cuando tiene un enemigo claro, y el cáncer lo es. No sé cuánto tiempo llevará, no sé cuándo se logrará, pero venceremos.

Pero aún no podemos cantar victoria siempre por desgracia.

El último caso que he conocido, hace muy poco, se ha quedado en susto, en un bulto que no ha resultado ser nada peligroso. Una suerte. Y justo estos días me encuentro con la campaña de World Wide Breast Cancer protagonizada por limones y ampliamente aplaudida, con razón. Ojalá estuviera en español.

Y llegó el momento de salir de un armario. Imagino que todos tenemos unos cuantos.
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Prefiero que mi hija vea al youtuber Luzu que algunas series de Disney Channel o muchos vídeos musicales

Los mismos que no paran de soltar tacos en cualquier sobremesa familiar, que hacen chistes cuestionables delante de los niños, que ven Sálvame mientras ellos juegan o hacen los deberes a su lado y que dejan a sus hijos en libertad ante la tele o los vídeos musicales que puedan aparecer en Youtube, se niegan de entrada a que sus hijos vean a youtubers.

Absurdo. Pero así es.  Percibo en muchos padres la sorpresa, la reprobación, cuando comento que mi hija ve a Luzu, uno de los youtubers españoles que más éxito tiene.

Prejuicios. En parte fomentados por los medios de comunicación que casi siempre que hablamos de youtubers es para recoger cuando sacan los pies del tiesto.

No debería ser preciso recordar que hay que ver las cosas antes de censurarlas. Hay muchos youtubers, muchísimos. Algunos son comunicadores estupendos. Y no se puede meter a todos en el mismo saco ni ignorar tanta variedad.

En Disney Channel hay contenidos de mierda llenos de estereotipos de género y que ensalzan aspectos superficiales (protagonizados por adolescentes y que ven niños de cinco años), y también otros divertidos y educativos. Hay vídeos musicales que son obras de arte y muchos que presentan a las mujeres como cachos de carne y están llenos de mensajes cuestionables.

Exactamente igual hay youtubers cuya calidad deja mucho que desear o que están orientados a un público adulto y no deberían ver niños y otros que son perfectamente aptos para niños de la edad de mi hija (que en marzo cumplirá ocho años).

Una de las muchas responsabilidades que tenemos los padres es ver lo que nuestros hijos quieren ver y decidir si son apropiados. Mi experiencia además me dice que, al menos a la edad que tiene mi hija, agradecen que compartamos sus intereses.

Yo he visto muchos vídeos del canal de videojuegos de Luzu, LuzuGames, junto a Julia y son entretenidos y completamente blancos. Hemos visto vídeos de Pokemon Go, de Pokemon Sol y Luna antes de ponerlo en la carta a los reyes magos, de sus visitas al parque temático de Harry Potter, que ya sabéis que Julia es muy fan, o adivinando pokemons junto a su novia Lanita.

Y no ha pasado nada, salvo que hemos pasado un buen rato. Prefiero con mucho que mi hija vea a Luzu que Violeta o el vídeo de Piki Piki.

Hay otros vídeos de Luzu que muestran videojuegos más adultos o experiencias que a Julia no le van ni le vienen. Esos no se ven y punto. Ella lo sabe y, además, no le llaman la atención. De todas formas, como los vemos juntas no hay peligro. Y si Julia tuviera ya doce o catorce años y le interesaran, no habría el menor problema. Ni mucha diferencia con cuando yo leía a esa edad Micromanía.

He visto a Luzu, en sus vídeos, abogar por jugar limpio, por hacer las cosas como es debido, le he visto explicarse con pasión y de forma amena, se le percibe un tipo sensato y capaz de reírse de sí mismo y es, sin duda, un comunicador fantástico al que imagino muy consciente de que entre los seis millones de seguidores de su canal hay un porcentaje muy elevado de niños (sobre todo en los de Pokemon) y tiene que cuidar en extremo lo que cuenta y cómo lo cuenta.

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‘Mother Goose Club’ y ‘Super Simple Songs’, alternativas en inglés a ‘Cantajuegos’, ‘Pica Pica’ o ‘Dubbi Kids’

Normalmente el tiempo que unos padres ven los vídeos musicales infantiles de Cantajuegos (que hace ya mucho que mantiene los mismos integrantes y dio un salto de calidad al amancebarse con Disney), Pica Pica (los que más y mejor incorporan el humor), Juan D y Beatriz (tal vez los hayáis visto en Clan) o Dubbi Kids (los más rockeros y diferentes) es limitado. Unos pocos años durante la primera infancia de sus hijos, que pronto pasarán a querer ver otro tipo de música. No sé si mejor, esa es otra cuestión, pero seguro que distinta. Y con bastante seguridad una música que escucharán a solas, por lo que no nos encontraremos cantando internamente “todos los monstruos van al peluquero” o “para dormir a un elefante” cuando vamos camino al trabajo.


Os confieso que yo soy como un perro de Pavlov por culpa de Pica Pica. Es oír “melocotón” y cantar por dentro “melocotón, melocotón, manzana, pera, piña… ¡y plátano!”. Y antes que El baile de la fruta hubo otros grandes hits condicionados.

Jaime tiene autismo y uno de sus pocos intereses es la música. Él tiene diez años, así que llevamos una década escuchando todo tipo de vídeos de música infantil y probablemente seguiremos mucho tiempo con ese tipo de banda sonora en casa a diario.

Pensad en mí cuando llevéis un par de añitos con Cantajuegos y os sintáis hartos…

Jaime cada vez tiene más claro qué canciones sí quiere escuchar y cuales no. Vamos, además, por rachas. Durante un tiempo le encanta Dubbi Kids y un par de semanas después se satura y prefiere otra cosa. Por eso conocemos bastantes grupos infantiles, no solo los que os he mencionado más arriba, hay mucho más, desde las simpáticas Zascanduri a los voluntariosos (y necesitados de entonación) VideoKids TV, pasando por los ‘indies’ Billy Boom Band o Jim Jam & Sunny, aunque en rigor esos últimos no sean un grupo infantil.


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“Un libro ideal para las niñas”

Hace ya meses que quería reorganizar bien todos los libros y cuentos que había en la habitación de Julia, entre los que se encuentran todos los libros y cuantos que eran míos cuando era niña, para poner más a su alcance aquellos que ya puede leer o podrá leer pronto. También quería revisar bien los cuentos más infantiles, para quedarnos solo con unos pocos elegidos, los más representativos, los que más nos gustaron y leímos, y donar el resto.

El horror hecho cuento apareció este lunes mientras andaba de zafarrancho. Lo primero que me llamó la atención fue ese “Un libro ideal para las niñas”. No recordaba haberlo tenido jamás en mis manos. Es como si se hubiera materializado de la nada entre maravillas como Las ciudades de colores, Sí, somos raros, Galgui o El cazo de Lorenzo. Sé que yo jamás lo hubiera comprado, así que imagino que sería algún regalo procedente de supermercado o del típico mercadillo con libritos de saldo o adquirido por alguien que no se fijó mucho o no tenía el radar bien calibrado.

Se llama Eres mi mejor amiga y fue editado por Saldaña en España en 2014, aunque proviene de China.

Lo abrí para ver a qué bolsa de donaciones iba, y fue aún peor. Todo rosa, todo niñas y no aparece ni un solo niño jugando con ellas. A lo largo de sus pocas páginas las amiguitas juegan a las cocinitas, a dar el té a los ositos, a ponerse los tacones y la ropa de mamá, se columpian y hacen fiestas de pijamas.
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Sobre la ‘mentira’ de los Reyes Magos

Hoy le cedo la palabra a María José Rodríguez, madre reciente, científica y autora de los cuentos Chiquitina, Galgui y Un amigo diferente.

Se trata de una reflexión que comparto. Igual que creo que la magia no está reñida con la cordura, también creo que no está peleada con ser sinceros y construir confianza.

Yo soy de las que explican a los niños sin paños calientes el ciclo de vida de una mosca o cómo funcionan los infrarrojos del mando a distancia, pero lo de hoy, lo de mañana es pura magia. Y cuando sepan la ‘verdad’, seguirá siendo una magia de la que formen parte, porque siempre habrá niños que seguirán creyendo en ella.

Os dejo con María José:

Hace unos días leía con sorpresa que había padres y madres que no querían participar en “la mentira” y “el montaje” de los Reyes Magos. Entre otras cosas porque no querían mentir a sus hijos, no querían perder su confianza, no querían ver rotas sus ilusiones cuando descubrieran la verdad. Esa manera de expresarse implica que los demás, los que sí hablamos de los Reyes Magos, estamos mintiéndoles a nuestros hijos, y participamos de un montaje cruel que eventualmente les romperá el corazón.

Voy a basarme en unas palabras de Chesterton para dar mi opinión: hoy nuestra tarea consiste en rescatar la festividad de la frivolidad. Es la única manera de que vuelva a ser festiva. Los niños todavía entienden la fiesta de Navidad: […] tampoco hay la más mínima frivolidad en su actitud con respecto al árbol de Navidad o a los Reyes Magos. Poseen el sentido serio y hasta solemne de la gran verdad: que la Navidad es un momento del año en el que pasan cosas de verdad, cosas que no pasan siempre.
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¿Qué os parece llevar un dispositivo durante el segundo trimestre del embarazo que registre las contracciones?

Este es un fragmento de un viejo post de 2008, de cuando estaba embarazada de Julia, Jaime apenas tenía dos años y la lactancia y el embarazo campaban a sus anchas por este espacio:

Una de las cosas que nos estuvieron enseñando en la clase de preparación al parto de este lunes fue cómo identificar que estabas de parto y cuándo ir al hospital. Si es que vas a tener a tu hijo en el hospital claro.

Creo que todas las primerizas nos hemos planteado cómo será eso de notar que comienza un parto, si nos daremos cuenta (cualquier madre responderá que no te preocupes), en qué momento será y de qué manera.

Lo primero es que días o semanas antes el cuerpo da señales de estar preparándose: se puede expulsar el tapón mucoso (una mezcla de sangre y moco) y se tienen con frecuencia contracciones de Braxton Hicks o falsas contracciones de partos (vienen y van, son irregulares y suelen desaparecer si descansamos). En ninguno de los dos casos hay que ir corriendo al hospital. El parto se acerca pero puede tardar mucho en llegar.

¿Cuándo sí hay que ir? Si se rompe aguas (si son claras podemos ir con más calma, si están teñidas de meconio hay que salir pitando) y cuando las contracciones en caso de las primerizas se producen aproximadamente cada cinco minutos (dos cada diez minutos) y con regularidad.

Es mejor pasar la primera etapa de las contracciones en casa, tranquila y relajada, que acudir al hospital y que te devuelvan a casa o tengas que pasar más horas de la cuenta en la sala de dilatación, siempre más incómoda que en tu sofá.

 Y claro, te sueltan eso en tu primer embarazo y te quedas hecha un mar de dudas. ¿Sabré que estoy teniendo una contracción¿ ¿La confundiré con otra cosa? ¿Sabré cómo distinguir las contracciones que inician el parto de las de Braxton Hicks que no son más que un entrenamiento? ¿Podré medir los tiempos con seguridad para no ir al hospital ni antes ni después?

Dado que con frecuencia nos plantamos en el hospital sin necesidad y en algún caso incluso se llega por los pelos, está claro que no lo tenemos tan bien controlado. Y la monitorización que te hacen los últimos días tumbada un rato en el hospital de turno es mejor que nada, pero tampoco tranquiliza demasiado.
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¿Os parece excesiva la cantidad de regalos que reciben los niños en Reyes?

No es un problema en todos los hogares con niños pequeños, pero sí en muchos. Con frecuencia la cantidad de regalos que reciben los niños parece excesiva a los padres e incluso abruma a los pequeños, incapaces de valorar e incluso de recordar todo aquello con lo que son agasajados.

Muchos padres ponemos nuestras normas. Nosotros elaboramos una carta en la que solo hay una petición para cada casa. Dado que yo no tengo hermanos y mi santo solo uno, la cosa es más o menos controlable. Pero siempre hay alguna cosa más que cae en nuestra casa por sorpresa y son, sin duda, muchas cosas en una misma mañana.

Difícil resistirse a vivir esa ilusión por poderes, aunque tal vez deberíamos empezar a hacerlo. Aunque en nuestro caso no sentimos abrumados a los niños ni a nosotros desesperados por achicar espacio. Tal vez porque Jaime con su autismo hace que lo que se recibe esté muy medido y Julia nunca ha sido niña de pedir muchos juguetes. Este año ha pasado todas las páginas del catálogo de El corte inglés sin que nada llamas su atención hasta llegar a los videojuegos del final.

Me siento tentada, no obstante, a aplicar los consejos que distintos expertos dan hoy en un reportaje titulado en web “Si Jesús recibió tres regalos de los Reyes Magos, probablemente es que con tres sea suficiente”  y en la edición impresa como Cuando los juguetes son un alud abrumador que os invito a leer.

Que siempre haya algún libro y algo útil entre sus regalos, también una experiencia en familia y algo que transmita valores. Esperar y dedicar tiempo a cada regalo que se abre y no abrir sin parar y sin saborear, donar alguno de esos juguetes nuevos que ha recibido, guardar alguno para más adelante, pedir cosas que pueda disfrutar en verano y tener reservadas hasta entonces…

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Juguetes diferentes para niños (no solo) con discapacidad

Jaime tiene diez años y sigue sin entender la magia de los Reyes Magos, esa que disfrutamos con frecuencia más los padres que los niños. Pero eso es lo de menos, se trata de un par de días al año en el que contrasta su asunción de que es un día como cualquier otro comparado con la ilusión de su hermana o sus primas. A él ni siquiera le gusta abrir los paquetes a su nombre.

Lo de más es que se trata de un niño con muy pocos intereses, algo habitual cuando se tiene autismo. Los juguetes no llaman su atención, le gustan los juegos motores con nosotros, la música, columpiarse, la piscina… Poco más. Y tener pocos intereses dificulta el aprendizaje. Como le gusta tener cosas en las manos con forma alargada, las serpientes de goma son habituales en su carta a los Reyes. También tambores y bongos. Lo demás son pijamas, zapatos… Cosas útiles. Sobre todo los primeros años intentamos distintos juguetes que creíamos que le encajarían sin éxito, recorríamos las jugueterías de los pasillos rosas, de las zonas de puzzles y muñecos de acción, con poco rédito.

Lo de que los juguetes no llamen la atención y en Reyes le regalen un abrigo o un albornoz para ir con el cole a la piscina y se quede tan contento (es decir, igual que estaba) puede parecer un chollo para muchos padres agobiados por él aluvión de juguetes y peticiones más o menos imposibles de estas fechas.

Ojalá yo tuviera a Jaime pidiéndoselo todo del catálogo de turno y a mí planeando el siguiente reciclaje de juguetes.

En fin… Bien sé después de tantos años que los ‘ojalás’ no llevan a ningún sitio. O sí que llevan mejor dicho, pero a ninguno bueno.
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Feliz Año que trae cuatro semanas de permiso de paternidad (ojalá pronto el año que equipare a padres y madres)

El día de hoy traerá una noticia que se repite todos los años, la del primer niño nacido en 2017. Una de tantas noticias que parecen extraídas de El día de la marmota.

La cuestión es que esta vez ese niño, y todos los que lleguen tras él, tendrán la suerte de que sus padres puedan estar a su lado cuatro semanas ininterrumpidas.

La ampliación del permiso de paternidad de dos semanas a un mes es efectivo desde ya mismo, ha entrado en vigor seis años después del día que fijó la ley de 2009 que lo reguló. Pero al menos ya está aquí, un paso adelante que esperemos que acabe traduciéndose lo antes posible en la equiparación de los permisos de paternidad y maternidad.

Deben ser iguales para que haya igualdad. Cualquier otra solución no deja de ser un parche que no combate las desigualdades.

De momento, Feliz Año que trae cuatro semanas de permiso de paternidad. Y ojalá llegue pronto el año en el que haya al menos dieciséis semanas para ambos y que además sean intransferibles.

GTRES

Brindemos esta Nochevieja por los que ya no están

Mucha gente aborrece de la Navidad, y mucha de esa gente lo hace porque recuerda a los que ya no están y eso es algo que se les hace especialmente duro en estas fechas. Así que pasan de puntillas, renegando más o menos, tristes a ratos.

Tal vez no sea la manera, tal vez haya otras formas de afrontarlo mejores, formas que aprender desde que somos pequeños.

Estos días me tomé con las declaraciones del psicólogo clínico Eladio Rosique Meseguer, que explicaba que:

Paradójicamente, la Navidad puede ser el mejor momento para recordar a los seres queridos que han fallecido o que están ausentes por cualquier circunstancia. Para sobrellevar su pérdida, ha aconsejado rescatar el amor y las experiencias compartidas.

“Probablemente todos consideren que para sobrellevar el dolor hay que actuar como si no hubiese pasado nada, pero eso no funciona”, advierte Rosique, quien subraya que recordar algo bonito “nos puede hacer llorar pero es una forma de hacer presente a quien no está y aprender a vivir con su recuerdo”.

Incluso, aconseja hacer un brindis en honor de esa persona que falta, porque “puede ser una forma de darnos permiso para recordarle”, ya que “es injusto que el legado que nos deje esa persona sea solamente dolor”. Por ello, subraya que la Navidad “es un momento muy difícil para muchas personas pero también es una gran oportunidad de vivir con los demás un homenaje lleno de amor y de sentimiento de privilegio; un momento para que nuestra vida siga”.

No sé cómo lo veis vosotros, tal vez resulte difícil interrumpir una cena o una comida familiar para un brindis así, que puede causar tristeza. Especialmente difícil en las familias que soterran estas cosas, que no gustan de airearlas o ver lágrimas.

Por eso yo, desde aquí, quiero esta noche recordar a los que ya no están conmigo en estas fiestas.

Brindo por mi abuela Maruja, en cuya casa celebrábamos siempre la cena de Nochebuena y la comida de Año Nuevo, con el mismo menú siempre de sopa de pescado y marisco y pollo guisado, y con partida de cartas tras los postres.

Brindo por Jose, el abuelo de mis hijos, mi suegro, generoso y discutidor, que habría disfrutado tanto viendo a sus cuatro nietos acudir a su casa la mañana de Reyes a desayunar roscón y churros y abrir los regalos. Tan pronto se fue, que ni siquiera tuvo la ocasión de conocerlos.

Brindo por mi abuela Adriana
, con su seguridad y sus uñas lacadas de rojo; por mi abuelo Pedro, que nos hizo un helado de leche de cabra en el pueblo cuyo sabor estará siempre en mi memoria; por mi tía Luisa, siempre despistada y buscando el calor del sol; por Angelines que era toda bondad y sonrisas…

Tanto en 2016, como en 2017, como en todos los años que me queden por conocer, formaréis parte de mis recuerdos.

GTRES