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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

“¿Mamá, qué es un sorpasso? ¿Quién va a ser el alcalde de España?”

EFE/Sergio Barrenechea

EFE/Sergio Barrenechea

Desde que somos padres, siempre hemos ido a votar con los niños. Para Jaime, con su autismo, es simplemente un paseo más, para Julia lo único interesante era poder meter los sobres dentro de las urnas, algo que unas veces el presidente de la mesa le han permitido y otras no.

Hasta esta vez. Este domingo Julia, con sus siete años cumplidos en marzo, ha comenzado a interesarse en el proceso, a hacer preguntas con esa habilidad que tienen los niños para plantear las cuestiones más sencillas y hacerte reflexionar.

“¿Y es obligatorio ir a votar?”, me preguntó de camino al colegio electoral. “No, si no lo haces no te pasa nada. Pero es importante porque así elegimos a las personas que nos gobiernan”.

“¿Por qué hay dos sobres de dos colores?”. “El blanco es para elegir a los diputados del Congreso, que es el más importante; el otro es para elegir a los senadores, que sirve para poco, la verdad”, expliqué ante los integrantes de la mesa, que rieron un poco asintiendo.

“No entiendo eso de los dos sobres”, me insistió de camino a casa. “A ver hay un congreso y un Senado, en el Congreso…”, “para, para. No entiendo nada”. Ahí intervino su padre: “Hay una cámara alta y una cámara baja”, “¡Ah! Vale, eso lo entiendo. Hay una cámara alta y una baja”, repitió moviendo las manos marcando alturas.

Las preguntas regresaron por la noche. Abandonó la cama alegando no tener sueño y se unió a nosotros en el salón, viendo a doble pantalla, en la televisión y en los móviles, cómo avanzaba el escrutinio.

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‘Buscando a Dory’ para reencontrar la fórmula de ‘Buscando a Nemo’

 Ayer pudimos ver una película que llevábamos mucho tiempo esperando. Todo Pixar nos encanta en casa, todos sus personajes nos gustan, pero Dory es especial entre ellos. El pez azul que nació para comparsa y que robó el protagonismo a Nemo y a Marlin tuvo a Julia todo el verano de hace dos años hablando en balleno y cantando Sigue nadando. Está claro que tenía madera de estrella.

Y a partir de aquí algún spoiler. Poca cosa, pero aviso porque soy consciente de que hay gente muy susceptible. A mí, salvo que me chafen el final de El sexto sentido, no me importan demasiado.

Buscando a Dory es muy similar a Nemo en muchos aspectos. Tiene un ritmo similar, tal vez no el más apto para los niños más pequeños, no hay malvados sino circunstancias adversas, hay superación personal y un sentido de la familia latente a lo largo de todo el metraje. Hay también una humanización absoluta de los habitantes del océano, capaces de vivir en cualquier tipo de agua y de realizar proezas increíbles que hay que asumir como posibles dentro del universo creado por los guionistas.

Conserva además a casi todos los personajes de la primera entrega, aunque sea casi en plan cameo y añade a un pulpo que es un acierto, un gruñón de corazón corazones de oro que es un maestro del camuflaje, una pareja de ballenas, una gaviota estrafalaria y un trío de excéntricos leones marinos.
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¿Saltamos a la goma?

gomaMe contaba mi compañero de redacción y bloguerío Edu Casado, que es también padre (ya no tan) reciente, que había vuelto  la moda de saltar a la goma entre los niños. Bueno, sobre todo entre las niñas, no nos vamos a engañar.

No estoy segura de que sea así. Pregunté por Facebook y Twitter y no encontré consenso. La verdad es que no es algo que haya percibido en mi entorno. Tampoco me extrañaría que en determinados sitios sí que causara furor y que la imagen que ilustra este post, del exitoso grupo infantil Pica Pica, fuese un reflejo de ello. Tal vez no. Yo qué sé. Lo que sí sé es que, según indagaba, me crecían las ganas de ir a la mercería y comprar varios metros de goma, como hacía mi madre conmigo, para jugar con los niños de mi familia.

Quedan menos mercerías, pero aún quedan. No se me ocurriría comprar la goma en otro sitio. Aunque vengan en colores más bonitos y con envoltorios infantiles.

En casa iba a ser difícil jugar. En la calle no veo a niños que lo hagan. Los patios de los unifamiliares y las terrazas no invitan a estos juegos que requieren de varios niños, salvo que se sea familia numerosa y con edades similares.
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El Disney que nos vendrá en pantalla grande en lo que queda de año

Julia tuvo la suerte de ver este domingo Buscando a Dory, la secuela de Buscando a Nemo que se estrena el 22 de junio en España y que ya ha batido récords de recaudación en su estreno: 186,2 millones ha recaudado en todo el mundo, convirtiéndose en el mayor estreno de animación de todos los tiempos. Este sábado la veré yo con ella para contar aquí qué nos ha parecido. Julia ya me ha adelantado que en esta segunda parte Dory vuelve a hablar ‘balleno’ pero no canta Sigue nadando.

Aprovechando el retorno del desmemoriado pececillo azul genialmente doblado en España por Anabel Alonso, y que llega acompañado de una campaña para no expoliar los mares de cirujanos azules para saciar caprichos acuarófilos, he pensado repasar las próximas películas de la factoría Disney con el público infantil/familiar como objetivo.

Vienen unos meses por delante cargaditos de estrenos, ya veréis.

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Con niños en el Festival de Fantasía de Fuenlabrada #FFFIV

FB_IMG_1466257051236Me vais a permitir que hoy hable a toro pasado del Festival de Fantasía de Fuenlabrada, porque he estado por allí los tres días del fin de semana, dos de ellos con niños.

Somos legión los que necesitamos de la épica y la magia, de soñar con otros mundos y dejarnos llevar por los sueños ajenos. Una legión que tiene hijos y con los que redescubre todo aquello que nos fascinó (y nos sigue fascinando).

En ese festival que lleva varios años celebrándose en el centro de la ciudad del sur de Madrid, es fácil comprobar lo que os digo: que somos muchos los que, a nuestras distintas maneras y a veces con nuestros hijos, nos negamos a dejar de imaginar, de sentirnos también niños en cierto modo.

Con ella estuve la mañana del sábado en un juego de rol en vivo para niños por Madrid by night basado en los Pequeños detectives de monstruos en el que Julia participó y acabó encantada. Una pena que fueran pocos, que llegaran la mayoría al final y en un rincón alejado de la feria, eso sí.

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También el domingo de mañana en un taller de varitas impartido por miembros del Club Harry Potter Spain, del que ya nos hemos hecho socias. Si os gusta Harry Potter echad un ojo a sus ventajas, que es gratuito. En casa ya sabéis que lo somos (yo más de Terry Pratchett, pero esa es otra historia). Ese domingo de mañana, el momento más tranquilo de la feria, estuvimos por allí paseando con Jaime.
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¿Viajaríais con un bebé a Kenia, Nueva York o Costa Rica?

83858323_47e0c0abfd_bSeguimos hablando de viajes. Estamos en fechas al fin y al cabo. Julio y agosto son los meses en los que la mayoría de los españoles hacemos las escapadas más largas, no nos vamos a engañar.

En la tarde de charlas sobre viajar con niños en la que estuve esta semana, justo en el apartado en el que participé yo hablando de viajar con un miembro de la familia con discapacidad (tema del que ya traté ayer aquí), también estuvo Jorge Traver de Pangea defendiendo que debemos perder el miedo a viajar a destinos lejanos con niños, que hay que ser valiente y atreverse igual que lo ha hecho él con sus cuatro hijos.

Es cierto que hay que informarse bien de las vacunas que hay que poner, que el viaje tiene que estar adaptado a ellos y a su ritmo, que no vale cualquier destino, pero teniendo todo eso en cuenta nada impide (si tienes el dinero para pagarlo, claro está) viajar a Kenia o a Nueva York y regalarles esa experiencia a nuestros hijos, porque viajar desde muy pequeños a sitios así puede contribuir a que crezcan mejores, más conscientes y flexibles.

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Contaba también, desde su experiencia en la empresa de viajes, que cada vez es más frecuente ver a padres recientes (y valientes) que se lían la manta a la cabeza y buscan destinos exóticos, o al menos lejanos, con sus hijos. Hablaba por ejemplo de una pareja con un bebé de dos meses que se había ido a la ciudad de los rascacielos hace poco.

Probablemente tenga razón, seguro que sí. Lo normal es que no pase nada, y, eligiendo un destino con un sistema de salud razonable, los padres que gustan de viajar no tienen motivo para prescindir de su afición por conocer mundo.

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Las familias que viajamos con personas con discapacidad necesitamos más y mejor información

ballena2Este miércoles participé en una tarde de ponencias y charlas en torno a los viajes en familia, viajes con niños, que podéis ver cómo se vivió en Twitter tras el hashtag #pangeaKIDS. De lo que allí se contó me dará para algún otro contenido, por ejemplo, si vosotros os atreveríais a viajar con un bebé a Kenia o Costa Rica, pero voy a comenzar por contaros de lo que yo hablé.

En mi intervención expuse una realidad que llevo años constatando: las familias que viajamos con personas con discapacidad necesitamos más y mejor información a la hora de planificar nuestras vacaciones y escapadas. Hablé de viajar cuando uno de tus hijos tiene una discapacidad, de la poca información que con frecuencia hay cuando una familia en la que hay un niño con autismo o parálisis cerebral, por ejemplo, quiere planificar un viaje.

Por mi experiencia y la de gente que conozco, si preguntas a los operadores si esa guardería del crucero se haría cargo de un niño con discapacidad, si hay mucho tiempo de espera en las excursiones de ese viaje por Roma, si te aseguran que habrá rampas en todas partes, si te pueden explicar qué facilidades hay… normalmente recibes la callada por respuesta seguida de mucha amabilidad pero poca información. “Yo creo que sí”, “déjame que te lo pregunte”, “imagino que sí, nunca ha habido ningún problema”.

Los hay que solo identifican discapacidad con sillas de ruedas, cuando no es así, hay muchos tipos de discapacidad: sensorial, física, psíquica. Los hay que creen que si es apto para bebés, lo es para una persona con discapacidad, aunque puede que las necesidades de unos y otros no tengan nada que ver. El riesgo de mi hijo, que corre y sube escaleras sin problemas, es perderse, lo que no lleva bien son las aglomeraciones, los barullos y los largos tiempos de espera. Eso a un bebé probablemente le de igual, feliz y ajeno a todo en su carrito o en su mochila.
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Libros para mucho más que colorear: trabajar la atención, la psicomotricidad fina, la creatividad…

01-10-blusas-para-todo-gucciSi tenéis en mente que los libros para colorear son esos cuadernillos baratos con dibujos sencillos para que los niños llenen de color sin salirse de los bordes a Caperucita Roja, la Patrulla Canina o cualquier otro personaje infantil, librillos como el de la primera imagen de los Little Einsteins que entretienen un rato a los niños más pequeños pero absurdos para los más mayores, no es que solo que estéis equivocados, es que os estáis perdiendo muchas maravillas impresas.

Me consta también que hay padres que consideran que es un entretenimiento baldío, nada creativo, con pocas virtudes. Tampoco es cierto, un buen libro de colorear permite relajarse, aprender a dibujar, ser creativos y trabajar la concentración y nuestra psicomotricidad fina.

De hecho es una actividad que, si el libro tiene un formato suficientemente grande, podemos hacer los padres con nuestros hijos. Ahí nos tenéis por ejemplo coloreando a seis manos la primera página de una hermosa selección de dibujos inspirados en los cuentos infantiles populares: Colorea los cuentos clásicos de Rachel Cloyne (Anaya) que cuesta menos de cinco euros.

 

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Es bastante conocido que lo de los colorear libros se había extendido a los adultos, con muchos productos pensados para ellos, sobre todo mandalas, pero es que la originalidad y calidad de estos libros también está ampliándose para los niños. Y no sólo para niños pequeños, también más mayores. La última compra que he hecho en esta línea es un libro inspirado en el universo de Harry Potter (Timun Más, 15 euros), que a Julia le apasiona.

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Si has pegado o faltado al respeto a tu hijo, reconoce que perdiste los nervios y erraste, no lo justifiques

a00452725 1933A los niños no se les insulta. A los niños se les habla con cariño y respeto, incluso cuando tenemos que corregir un comportamiento. No se les insulta porque no se lo merecen, porque debemos lograr que crezcan queriéndose a sí mismos que es el andamio para acabar siendo adultos equilibrados y felices y porque si les estamos insultando les estamos transmitiendo que eso es un comportamiento aceptable cuando crezcan. Tal vez les encontremos en el futuro insultándonos a nosotros y no tendremos autoridad para decir que no lo hagan.

Y educar creyendo que no se debe pegar ni insultar a un niño no es incompatible con educar con autoridad. Aquí no estoy hablando de que los padres sean colegas de sus hijos, sino de que los traten como seres humanos merecedores de respeto.

Es sorprendente encontrar adultos sensibles, razonables, inteligentes, que justifican el tortazo a tiempo e ignoran insultos y desprecios cuando van dirigidos a menores. Las excusas son muchas: que no se les hace apenas daño físico, que no se puede razonar con ellos, que a ellos sus padres también les pegaron y no pasó nada, que hay que enseñarles…

Son las mismas excusas que hace una o dos generaciones se oían respecto a la violencia a la mujer. Dar una bofetada o un grito puntualmente a la parienta no era para tanto, algo habría hecho,  si no se te va a subir a la chepa, a su madre también la gritaba su padre en alguna ocasión y fueron un matrimonio estupendo…

Todo se resume en algo muy sencillo, muy de base: un ser humano jamás debería ejercer la violencia contra otro. Menos aún si es de su entorno familiar. Menos aún si se le quiere. Menos aún si está en una situación de inferioridad. Todo lo demás es maquillar la ética, justificar que nos faltan estrategias, paciencia y sensibilidad.

Ahora bien, no existe ser humano que no haya perdido los nervios en alguna ocasión, no conozco a ningún padre que no haya metido la pata. Que sí, que puede que tus gritos hayan estado fuera de lugar, puede que se te escapara la mano y le dieras un cachete en el culo en un momento de saturación, puede que castigases desproporcionadamente por no ser capaz de respirar profundamente y contar hasta diez antes…

No existen los padres perfectos que nunca gritan, nunca pegan, nunca castigan. No pasa nada. No hay que fustigarse por ello, hay tomar nota y aprender para no tropezar de nuevo en la misma piedra.

No pasa nada siempre y cuando no lo justifiquemos, siempre que seamos conscientes de que no responden a una estrategia educativa, siempre que no le quitemos importancia, siempre que seamos conscientes de que ese cachete y esos gritos han sido un error, que hemos perdido los estribos, que somos adultos y que debemos aprender a contenernos para la próxima.

Y somos capaces de contenernos. Claro que sí. Ahí están nuestras relaciones con nuestros jefes como prueba evidente de que sabemos tragar sapos y culebras sin gritar, pegar ni faltar al respeto.  Pero nuestros jefes están en nuestra cabeza en una posición de superioridad jerárquica, nos interesa contenernos. Nuestros hijos no están ahí arriba, no tienen autoridad para abroncarnos o complicarnos la vida en el trabajo o hacer que lo perdamos. Pero son nuestros hijos, lo que más queremos del mundo. ¿No deberíamos tener aún más paciencia y mimo con ellos?

Los padres nunca serán perfectos, pero ojalá llegue un día en el que no haya gritos, cachetes y faltas de respeto hacia los niños. Yo sí creo posible hogares así, igual que es posible que haya relaciones de pareja igualitarias y no hace mucho también era algo de ciencia ficción.

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* Fotos: GTRES

Ile de Ré, lugar de concentración para futbolistas y de disfrute para familias con niños

– ¿Sabes dónde está concentrada la selección para la Eurocopa? En la Ile de Ré. A ver si la van a poner de moda… –

Eso me dijo mi santo, evocando inevitablemente el día que pasamos hace dos veranos en aquel pequeño paraíso de mar, viñedos, ostras y ecos de buques balleneros. Ese fue el año en el que nos enamoramos del norte de Francia, desde Poitiers hasta Caen, de Burdeos a Nantes, de LeMans a LaRochelle, y entre medias sus pequeños pueblos, sus ciudades tranquilas y llenas de maravillas.

Un viaje que no dejo de recomendar a mi alrededor si lo que se busca es desconexión, cultura, naturaleza, sin agobios de gente, por poco dinero si se viaja en coche, se buscan buenos alquileres y se compra en sus mercados para cocinar luego los productos de la tierra. Este año volveremos. Será la primera vez que repitamos por tercera vez un destino. Nos queda mucho por conocer, explorar y disfrutar.

Así que no he podido resistirme a escribir hoy de esa pequeña isla, será que ya me pide el cuerpo vacaciones, por si a alguno os sirve de inspiración para viajar con niños. Va a ser un post con muchas fotos, lo advierto, aunque tres de ellas no son mías. Arena y niños, uno de ellos al que hay que llevar siempre de la mano para evitar fugas por su autismo, impide que me dedique a la fotografía tanto como me gustaría.

La Ile de Ré es uno de los lugares más turísticos  que hemos visitado junto con La Rochelle, aunque para nada estaba saturado de gente pese a que fuimos en época de máxima afluencia (en temporada alta puede llegar a tener 160.000 personas, cuando en baja son 16.000). A las fotos de las playas me remito.

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Está apenas a media hora (y 16 euros de peaje por cruzar en coche su espectacular puente) de La Rochelle.

Vista del puente une La Rochelle con la isla de Ré (EFE/Juanjo Martín).

Vista del puente une La Rochelle con la isla de Ré (EFE/Juanjo Martín).

La Ile de Ré es un sitio en el que disfrutar con los niños de sus playas enormes y tranquilas en las que no se pasa calor pero los valientes pueden bañarse, Julia lo hizo. Claro que tanto ella como su hermano osaron bañarse el año posterior en las playas del desembarco de Normandía.  ¿Quién dijo frío?

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