Lo único que les pido a mis hijos es un corazón bondadoso

01 agosto 2014

Recordando un post de julio de 2008, un breve post llamado Unas expectativas razonables que escribí hace casi exactamente cuatro años. Por aquel entonces estaba embarazada de Julia, muy poco embarazada. Aún no sabía que Jaime tenía autismo.

Esto es lo que os conté entonces:

Tengo un amigo, sin hijos y con pocos visos de serlo, que me dijo que es imposible no depositar un buen puñado de expectativas en tus hijos. Y que, como casi con toda probabilidad no consigan cumplirlas, lo más probable es que acabes sintiéndote defraudado.

“Probablemente sea así en muchos casos, pero no en todos. Me da igual si estudia o lo que estudie, no me importa la profesión que elija, cómo se vista, su orientación sexual, dónde quiera vivir, si decide formar una familia o no… Lo único que le pido es que sea feliz y buena gente”,  le contesté yo.

“¿Y te parece poco?”, me dijo él.

Pues recapacitando y siendo sincera, la verdad es que no.

terry_pratchett__s_guards__guards__by_thedarkcloak-d553oaf.pngTras recibir el diagnóstico de Jaime, con julia recién nacida en mi pecho, y saber que tenía autismo, una de las primeras cosas que hice fue acudir de nuevo a este post. Me di cuenta de que las que me había prometido que serían mis únicas expectativas seguían siendo perfectamente posibles. Puede que Jaime lo tuviera incluso más fácil para tener una vida en la que no hiciera el mal a otros y fuera feliz. Lo mejor, lo más importante que deseaba para mi niño dorado seguía estando al alcance de la mano.

Puede pareceros una tontería, pero os aseguro que en aquel momento me ayudó mucho.

Y ahora viene otra conversación con otro amigo: hablaba ayer mismo con mi compañero Gus de que la bondad está infravalorada en este mundo. La bondad, como la empatía o la amabilidad apenas se aprecian en este mundo lleno de conflictos con motivaciones espurias.

Cuando vas por la vida procurando ser bondadoso, te encuentras que muchos confunden eso con estulticia. Te toman por bobo, no parece una virtud que te haga brillar o avanzar. Incluso los que dicen apreciar la bondad en primer lugar luego en el día a día quedan deslumbrados y admiran otras características como la ambición, el estilo, la competitividad, el conocimiento intelectual, el encanto, la delgadez… Ninguna tan importante, alguna completamente innecesaria para una vida plena.

Si vas además intentando ser feliz, reconociendo que estás avanzando por ese camino con éxito, más motivos tendrán muchos para considerarte bobo de nuevo. Con la que está cayendo en el mundo, con los políticos robando, con tus desgracias personales, con mis desgracias personales. Si vas tranquilamente contento por la vida es que debe faltarte un tornillo o que eres un simple.

Va a ser que no. Tener éxito en ser feliz en esta vida es algo que cuesta más o menos trabajo en función de cada cual (hay quien lo tiene más fácil de serie, es cierto), pero que lleva su aprendizaje y su esfuerzo, que va ligado a la aceptación de lo que uno tiene, a querernos como somos, a no compararse con lo demás, a no frustrarse deseando lo inalcanzable, a no querer sentirnos bien a costa de los demás, a mantener toda la vida algunas características ligadas a la infancia como la curiosidad, la capacidad de sorpresa y el gusto por el juego, a aprender identificar y apartar a las personas tóxicas y rodearse de otras que también busquen la bondad en los demás, a cultivar unos valores y no venderlos ni siquiera a buen precio…

Va a ser además que la búsqueda de la verdadera felicidad está ligada a la bondad. Y va siendo hora de reivindicar a ambas.

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La imagen que ilustra el post hace referencia a una serie de libros escritos por Terry Pratchett y protagonizados por los guardias de la ciudad de Ankh-Morpock. ¿Por qué la utilizo? ¿Qué tiene que ver con todo lo que cuento? Pues por un lado Pratchett es un escritor del que lo he leído todo y que estoy convencida de estaría de acuerdo con lo que expongo. Por otro, uno de los protagonistas de esa serie de libros, el capitán Zanahoria, es la ejemplificación de la persona bondadosa y feliz pese a no pasar por circunstancias fáciles que es considerada por muchos como alguien con pocas luces, cuando en realidad es todo lo contrario. Por último, Pratchett está empeorando y su alzhéimer pronto le robará gran parte de lo que es. Al final, cuando la muerte llega, lo que cuenta de verdad no son los títulos académicos que hayas conseguido, el puesto que ponía en tu tarjeta o lo guapísimo que eras con treinta años. En el fondo todos lo sabemos.

Hoy hace 70 años que murió el autor de ‘El Principito’

31 julio 2014

10532943_1521695071375262_3189535788422403456_nHoy hace 70 años exactos que un avión desapareció en una misión en 1944. Muchos hombres y mujeres murieron en esas fechas en la que probablemente es la guerra más terrible ha conocido el hombre, al menos en número de muertes. No parece que hayamos aprendido mucho. Ese avión lo pilotaba Antoine Marie Jean-Baptiste Roger de Saint-Exupéry, tenía 44 años, era uno de esos adultos que nunca pierde la magia de la infancia. Un mago inmortal.

Me encanta esta camiseta que le compré a Jaime, es una de nuestras favoritas. Algo inevitable teniendo en cuenta que tiene un cita de Blade Runner y un zorro que hemos decidido que es el de El Principito. Igual que hace tiempo que decidí que Jaime me recordaba inevitablemente al inolvidable protagonista de ese cuento maravilloso, uno de mis libros favoritos.

Yo… he visto cosas que vosotros no creeríais: Naves de ataque en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán… en el tiempo… como lágrimas en la lluvia.

Eso decía el replicante Roy Batty al final de la película. Y eso podrían decir muchas personas con autismo si pudieran expresarlo. Ellos ven nuestro mundo, pero no de la misma manera que nosotros.

Pero sobre todo me fascina El principito y sus múltiples lecturas. Aquí os dejo uno de sus fragmentos más conocidos y hermosos, el del zorro, que tiene una nueva profundidad si tienes o conoces a un niño con autismo y que yo ya he leído a Julia como si fuera un cuento independiente varias veces.

ENTONCES apareció el zorro:
-¡Buenos días! -dijo el zorro.
-¡Buenos días! -respondió cortésmente el principito que se volvió pero no vio nada.
-Estoy aquí, bajo el manzano -dijo la voz.
-¿Quién eres tú? -preguntó el principito-. ¡Qué bonito eres!
-Soy un zorro -dijo el zorro.
-Ven a jugar conmigo -le propuso el principito-, ¡estoy tan triste!
-No puedo jugar contigo -dijo el zorro-, no estoy domesticado.
-¡Ah, perdón! -dijo el principito.
Pero después de una breve reflexión, añadió:
-¿Qué significa “domesticar”?
-Tú no eres de aquí -dijo el zorro- ¿qué buscas?
-Busco a los hombres -le respondió el principito-. ¿Qué significa “domesticar”?
-Los hombres -dijo el zorro- tienen escopetas y cazan. ¡Es muy molesto! Pero también crían gallinas. Es lo único que les interesa. ¿Tú buscas gallinas?
-No -dijo el principito-. Busco amigos. ¿Qué significa “domesticar”? -volvió a preguntar el principito.
-Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa “crear lazos… ”
-¿Crear lazos?
-Efectivamente, verás -dijo el zorro-. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos. Y no te necesito. Tampoco tú tienes necesidad de mí. No soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo…
-Comienzo a comprender -dijo el principito-. Hay una flor… creo que ella me ha domesticado…
-Es posible -concedió el zorro-, en la Tierra se ven todo tipo de cosas.
-¡Oh, no es en la Tierra! -exclamó el principito.
El zorro pareció intrigado:
-¿En otro planeta?
-Sí.
-¿Hay cazadores en ese planeta?
-No.
-¡Qué interesante! ¿Y gallinas?
-No.
-Nada es perfecto -suspiró el zorro.
Y después volviendo a su idea:
-Mi vida es muy monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres son iguales; por consiguiente me aburro un poco. Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sól. Conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarán fuera de la madriguera como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para mí algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Pero tú tienes los cabellos dorados y será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo, que es dorado también, será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo.
El zorro se calló y miró un buen rato al principito:
-Por favor… domestícame -le dijo.
-Bien quisiera -le respondió el principito pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas.
-Sólo se conocen bien las cosas que se domestican -dijo el zorro-. Los hombres ya no fienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, Ios hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!
-¿Qué debo hacer? -preguntó el príncipito.
-Debes tener mucha paciencia -respondió el zorro-. Te sentarás al principio ún poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca…

El principito volvió al día siguiente.
-Hubiera sido mejor -dijo el zorro- que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejempló, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la feliçidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunça sabré cuándo preparar mi corazón… Los ritos son necesarios.
-¿Qué es un rito? -inquirió el principito.
-Es también algo demasiado olvidado -dijo el zorro-. Es lo que hace que un día no se parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los jueves bailan con las muchachas del pueblo. Los jueves entonces son días maravillosos en los que puedo ir de paseo hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.
De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando eI día de la partida:
-¡Ah! -dijo el zorro-, lloraré.
-Tuya es la culpa -le dijo el principito-, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique…
-Ciertamente -dijo el zorro.
- Y vas a llorar!, -dijo él principito.
-¡Seguro!
-No ganas nada.
-Gano -dijo el zorro- he ganado a causa del color del trigo.
Y luego añadió:
-Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto.
El principito se fue a ver las rosas a las que dijo:
-No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.
Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles:
-Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mi rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas ) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin.
Y volvió con el zorro.
-Adiós -le dijo.
-Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple : Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos.
-Lo esencial es invisible para los ojos -repitió el principito para acordarse.
-Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.
-Es el tiempo que yo he perdido con ella… -repitió el principito para recordarlo.
-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa…
-Yo soy responsable de mi rosa… -repitió el principito a fin de recordarlo

Antoine de Saint-Exupéry

 

Un plan con niños en Asturias: la senda del oso

30 julio 2014

Por la senda verde. Hicimos un amigo de siete años en el camino.

Por la senda verde. Hicimos un amigo de siete años en el camino.

Cuando comencé ese blog Jaime era un bebé que acababa de cumplir el año. Pronto cumplirá ocho años. Su hermana ya tiene cinco. El embarazo, la lactancia, el puerperio… cada vez tienen menos posts y otros temas van ocupando sus huecos. Uno de ellos son los planes y actividades con niños. Otro son los viajes con ellos. Más en las fechas que se nos vienen encima.

En mi anterior post ya os contaba que tuvimos excursión a Asturias. Pues el sábado recorrimos por primera vez la senda del oso, una experiencia totalmente recomendable que nosotros repetiremos.

Se trata de una vía que se puede recorrer en distintos tramos, desde más de veinte kilómetros hasta apenas dos, tanto andando como en bicicleta. De hecho juraría que hay muchos más sobre dos ruedas que caminando. A cada poco hay lugares en los que alquilar bicicletas, algunas en plan tándem infantil (bicicleta grande delante, otra para niños justo atrás) y otras con carros para llevar detrás desde a un bebé (al que auguro una buena siesta) hasta un par de niños pequeños.

Jaime y Julia observando a Furaco en su cercado.

Jaime y Julia observando a Furaco en su cercado.

La dificultad es nula. Hay sombra, es entre llano y cuesta abajo. Y en el lugar en el que están los cercados de los osos (Paca, Tola y Furacu) hay dos piscinas (para adultos y niños) tranquila y muy barata (probablemente fresquita, eso sí) en la que recuperar fuerzas o perderlas jugando en el agua.

Que por cierto, hay polémica respecto a los osos. Y efectivamente decir que están en semilibertad es un poco excesivo. Pero justo las oseras me parece lo menos espectacular de todo el recorrido. Me quedo con los paisajes de barrancos, montañas, túneles y manatiales.

Nosotros lo hicimos en plan exploración. Recorrimos un par de tramos andando a los que llegamos en coche, pero repetiremos en bici y parando en la piscina. Y la ruta de las Xanas, también ahí cercana, es otra asignatura pendiente para hacer caminando. Julia quiere ver el manantial en el que en la noche de San Juan esas ninfas salen a hilar con oro y cumplir sueños.

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Por la zona hay muchos sitios en los que comer a buen precio y también muchos merenderos en los que disfrutar de un bocadillo, aunque nada impide pararse en medio del camino, allá dónde apetezca, para comer lo que llevemos.

Nosotros comimos magníficamente en el restaurante de unos amigos: La Casa del Cura, que tiene una zona exterior cerrada y verde perfecta para los niños y un menú infantil que vale para tres. Su cocinera es Ángeles Díaz Simón, experta en historia antigua y autora del libro Recetas con historia y os recomiendo muy mucho su pote de castañas (mi santo haría lo mismo con el cachopo).

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Mi parque favorito para ir con los niños está en Gijón. ¿Y el vuestro?

29 julio 2014

1093250645_2619da5841_bEste pasado fin de semana tuvimos una escapada de tres días con los niños en Asturias, verde, fresca y boscosa. La verdad es que nos cundió, nos dio tiempo a pasar por la playa, a estar con la familia en el prao, a bañarnos en la playa y a disfrutar del parque de Isabel la Católica en Gijón.

No os perdáis ese parque si vais por allí, para mí es el parque perfecto para niños: con muchos y variados columpios y archiperres infantiles para distintas edades, amplias zonas de hierba, jardines, ardillas rojas, esculturas, aviario, un lago en el que además de patos y cisnes hay nutrias, al lado del mar, con un circuito vial pegado y en el que los perros no están vedados (solo están proscritos en la pequeña zona de arena justo bajo los distintos archiperres).

3Me encantan los buenos parques urbanos y este es un buen ejemplo. Julia lo llama “el parque divino”, así, tal cual. “El parque de los patos” lo llamaba yo de pequeña.

Está justo al lado del parador y no le falta de nada, os lo aseguro. En una ciudad llena de buenas zonas verdes, algo que me corroe de envidia cuando vuelvo a mi tristemente dotada ciudad de la periferia madrileña, el parque de Isabel la Católica es el mejor de todos ellos. Y no es precisamente de reciente creación. Creo que no hay niño gijonés que no tenga una foto junto al lago.

Que sí, que el Retiro es un lugar bellísimo, una maravilla en pleno centro de Madrid que nada tiene que envidiar al Central Park neoyorquino (en todo caso lo contrario), pero las zonas para niños del madrileño son muy convencionales y es demasiado grande para las exploraciones infantiles. En cambio el parque gijonés tiene el tamaño perfecto: quince hectáreas ganadas al pantano que era la desembocadura del cercano Río Piles lleno de rincones a descubrir.

¿Cuáles son vuestros parques urbanos favoritos para ir con niños?

En ese parque, por cierto, hace pocos años tuvo lugar un suceso terrible. El 23 de julio de hace exactamente diez años un hombre con esquizofrenia paranoide degolló a un niño de seis años. Tal vez os suene ese suceso que conmocionó a toda España. El niño era de Deva, el lugar en el que nació mi padre. Y comparte con él un apellido. Hoy ese niño estaría cerca de convertirse en un adulto. Por él y por su familia, cuyo dolor no quiero ni imaginar, va este post.

Tener tres hijos no es ninguna locura

24 julio 2014

No es ninguna locura tener tres hijos. No lo es. Tampoco lo es tenerlos bien avanzada la treintena, en absoluto. Pero resulta curioso que cuando muchas parejas se animan a tener un tercer bebé no dejan de dejar con los ojos como platos a propios y extraños.

Parece que la sociedad, al menos gran parte de ella, te obligara a tener dos hijos. Si tienes solo uno te insisten con frecuencia sobre si le darás un hermanito. ¡Pero, ay de ti si tienes dos y te animas al tercero! Lo mejor que te pueden decir es que eres una valiente, con la duda de si ha sido buscado o “un accidente” o el retintín de “estás loca perdida” o “¿sabes lo que estás haciendo?” soterrado.

Imagino que si vas por el cuarto o el quinto ya te considerarán directamente un caso perdido. O alguien con el valor de Ellen Ripley o Sara Connor.

Una buena amiga me ha anunciado su tercer embarazo. Cuando alguien te da una noticia así la única manera de recibirla es con alegría. Todo lo demás sobra si quieres a esa persona. Y si no, también.

¡Enhorabuena!

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* Offtopic: ya no hay heroínas cinematográficas como las de antes.

Divorcios y vacaciones con niños, algunos consejos

23 julio 2014

(GTRES)

(GTRES)

Cuando yo era niña era muy poco frecuente, de hecho recuerdo perfectamente el primer niño que conocí y que era hijo de divorciados. Por suerte ahora el número de cárceles sentimentales se ha reducido, está más y mejor asumido que no hay que permanecer unidos por el bien de los niños (los niños solo estarán bien si lo están sus padres), por la vergüenza de la separación o el miedo a complicarse la vida.

Hay muchos niños cuyas vacaciones dependen de dos adultos que se quisieron pero cuya relación ha terminado. No es nada que no sepáis. Lo ideal es que esa separación implique una entente cordial, un reparto racional del periodo de vacaciones, sin volcar rencores en ellos, sin guerras de guerrillas. No es fácil para los adultos, tampoco muchas veces para los niños, que tienen que gestionar emocionalmente mucho siendo muy pequeños.

Me ha gustado un texto de Superpadres.com que habla de qué conductas evitar y qué reacciones pueden generarse y cómo actuar. Aquí os lo dejo:

Cristina García Desplat, psicóloga miembro de Psicocat Orientació y colaboradora de Superpadres.com, afirma que “cada uno lleva su “mochila” de presión, en gran medida inconsciente, y no la podremos eliminar fácilmente, aunque reflexionar sobre algunos puntos clave nos puede ayudar a llevarla mejor”.

  • García Desplat propone tres conductas a evitar por parte de los padres:
  1. Por una parte, huir de las “grandes expectativas”. Para la psicóloga y asesora familiar es importante “no obligarse a disfrutar, ni reprochar a los hijos que no disfrutan lo suficiente”. La actitud correcta consistiría en “aceptar las cosas como vengan y olvidarse de las grandes expectativas porque siempre sale algo mal. Puede llover, los transportes se retrasan, los niños se pelean, dicen que se aburren o se pasan el día llorando. Son situaciones normales y también pasarían si los padres no estuvieran separados”. Por eso advierte que “no tiene sentido reprocharles que no disfrutan lo suficiente y menos echarles en cara lo mucho que ha costado o lo duro que se ha trabajado para conseguirlo”, afirma.
  2. El segundo punto a evitar es “un exceso de mimos”. Cristina García Desplat explica que “es habitual compensar nuestras inseguridades colmando al niño con todos sus caprichos o consintiendo comportamientos tiránicos para que pase unas “felices” vacaciones”. Para la psicóloga, “lo sano es ayudarle a comprender y aceptar que hay un orden en las cosas y ese orden no lo deciden los hijos, aunque se pueden tener en cuenta sus opiniones si las expresan con corrección”. Una buena receta podría ser: “amabilidad, respeto y mucho cariño, pero siempre con firmeza”. También recuerda la importancia de “no ceder ante las pataletas y tener mucha paciencia para no responder con gritos a sus gritos”, premisa que “se debería aplicar siempre”.
  3. El tercer punto, no menos importante: “Evitar meter al niño en nuestras guerras”. Según la colaboradora de Superpadres.com, “cuando el otro progenitor no quiere o no puede cumplir los planes pactados para las vacaciones debemos tener presente que para los hijos es importante no sentirse rechazados ni abandonados”. En este sentido, recomienda “ayudar a aceptar, comprender y perdonar, para que el niño pueda superar la frustración, ya que echar leña al fuego daña a todos”.
  • La psicóloga informa también de algunas reacciones que “no esperábamos en nuestros hijos” y que pueden surgir durante las vacaciones.
  1. Por una parte, nos podemos encontrar con “retrocesos”. Con los cambios de rutinas “pueden reaparecer problemas que parecían ya superados, como enuresis, lloros o miedos”. Ante estos pequeños retrocesos, García Desplat recomienda “comprensión y paciencia”. “No hay porqué alarmarse, es normal”. Se trata de “acompañar al niño y tratar de neutralizar los sentimientos de culpa o vergüenza que pudieran aparecer”, aclara la psicóloga.
  2. Por otra parte, puede surgir la “rebeldía”. Ahora que llega el reencuentro de las vacaciones, tan anhelado por los padres, resulta que a los hijos no les gusta nada de lo que se propone; solo buscan defectos a las decisiones de los adultos y, a la que pueden, desobedecen o sabotean los planes. Ante esta actitud, la psicóloga explica que “posiblemente estén dolidos”. “Es habitual, y hasta cierto punto normal, que sientan que los adultos han decidido romper la familia y “destrozarles su mundo” por lo que se rebelan con toda su energía contra uno de los progenitores, los dos, o el mundo entero”, afirma. Según la colaboradora de Superpadres.com, en estas situaciones los hijos “necesitan expresar su impotencia y su enfado, hasta que, poco a poco, vayan asumiendo que en la vida a todos nos ocurren muchas cosas que nos cuesta entender y no podemos cambiarlas”. “Lo único que podemos hacer es adaptarnos nosotros para sentirnos mejor”, concluye.

Cristina García Desplat aporta un último consejo: “debemos intentar comprender cómo se sienten y evitar la represión severa, ya que esto solo aumentaría la distancia y el resentimiento”. “Se puede ser cariñoso, firme y flexible al mismo tiempo. Aunque la flexibilidad no debe ser arbitraria, ni una rendición, sino un camino para comprenderse y mejorar”.

Y sí, ya lo sé, la teoría es siempre más sencilla que la práctica. Es fácil dar consejos de forma aséptica y no tan sencillo cumplirlos en caliente. Pero es a lo que hay que aspirar.

Siempre tengo presente su ausencia

22 julio 2014

10491980_1523589451185824_8747860838902253230_nPor primera vez Julia, a sus cinco años cumplidos en marzo, está pasando una semana lejos de nosotros. Lo más que he estado sin ellos han sido tres noches, una única vez. Y ellos seguían en nuestra casa, con mi santo. Era yo la que me había ido.

Afortunadamente está tan contenta con sus abuelos, disfrutando de la playa, la piscina, el monte y de sus primos. Probablemente sin acordarse de nosotros. Y así debe ser. En cambio mi santo y yo tenemos presente su ausencia.

No se trata exactamente de que me acuerde de ella, que por supuesto que sí, es una sensación diferente, como tener además de mi cuerpo y mi propia consciencia a otros dos satélites con sus propias mentes y cuerpecitos pero a los que estoy ligada por un hilo de oro intangible.

Una propiocepción poliédrica vinculada a la maternidad. La constatación que si alguno de ellos me faltara quedaría quedaría incompleta para siempre.

Convertida tras ser madre en una suerte de mutante con alguno de los poderes del profesor Xavier, si me permitís la licencia.

El fantasma del cordón umbilical permanece. Y juraría que van a dar igual los años y las circunstancias. Cambia, eso sí, pero se queda.

Ligados para siempre. Al menos en una dirección.

Unir princesas Disney y denuncias sociales: ¿La fórmula del éxito?

21 julio 2014

No pensaba escribir hoy de princesas Disney, la verdad. Iba a hacerlo sobre nuestra visita el fin de semana pasado al Safari Madrid o sobre haber dejado por vez primera a Julia una semana con sus abuelos en Asturias, pero me la reservo para más adelante viene aprovechando que mi compañero Daniel González (bloguero además de videojuegos) ha publicado un extenso reportaje que os recomiendo leer: Los artistas corrompen la pureza de las princesas Disney para reflejar la crudeza de la realidad.

Nos guste o no, Blancanieves, Aurora, Cenicienta y demás protagonistas Disney con falda hasta los pies son iconos, referencias culturales para varias generaciones. Más allá del disfrute infantil son objetó de filosofías más o menos enjundiosas, chistes, parodias, sujeto de denuncias varias e incluso revisitas artísticas.

Lógico y normal.

Lo que pasa es que últimamente me da la impresión de que hay mucho artista, en la mayoría de los casos de calidad discutible, haciendo sus propias versiones de las princesas disney para darse a conocer, para atraer para sí mismo la fama que ellas tienen. Hacer el agosto en versión reconocimiento internáutico y mediático.

Normalmente la cosa es así: buscan una buena causa, discapacidad, cáncer, violencia machista… y dibujan a las princesas en relación con esa causa a modo de denuncia.

Llevo un tiempo encontrándome esa fórmula
, y el problema como ya os comentaba es que en la mayoría de los casos me parece que artísticamente la cosa tiene el mérito justo (si es que tiene alguno) y huele a distancia a artimaña promocional.

Os dejo los que he ido encontrando recientemente, y no me he puesto a rascar en profundidad, seguro que hay más.

Son muchos ya los que han tomado este atajo. ¿No os parece que la fórmula ya está agotada?

Como una niña

18 julio 2014

“No corres como una niña”, me decían cuando era pequeña. También “no montas en bici como una niña”. Y yo me sentía tan orgullosa de oírlo, allá en los albores de los años ochenta. Yo era una niña, resultaba absurdo que me tomara esos comentarios como cumplidos, pero es que así los proferían también los que me lo decían.

No correr como una niña, no trepar a los árboles o montar en bici como una niña, era un gran halago por parte de mis primos, amigos e incluso algunos adultos. Significaba que lo hacías bien, que eras rápida, fuerte y estabas al nivel de los chicos. De hecho lo peor que le podían decir a un varón era que corría, trepaba o montaba en bici como una niña. Uno de los problemas es que, según ibas sumando años, el halago comenzaba a desvirtuarse. Con nueve años estaba genial ser tan guay como un chico. Con catorce la mayoría de los que te apreciaban por ello comenzaban a pensar que eras poco femenina, algo rara. Si además eres incapaz de peinarte en condiciones, pues un marimacho. Ya sabéis…

Todo mal, todo equivocado como podéis ver.

Si ahora, con mi cabeza cada vez más cercana a los cuarenta años me intentaran halagar diciendo que no corro, peleo, trepo o pedaleo como una chica, diría que están equivocados. Que lo hago como una chica, como yo. Que trepar, correr, pedalear o trepar mejor o peor no tiene que ver con el género. Que la expresión “hacer algo como una chica” tiene que dejar de ser sinónimo de hacerlo más torpemente o de forma ridícula. Que en realidad es un insulto. Igual que tener la expectativa de que por ser una chica no vamos a saber hacerlo igual de bien o mejor.

Intentaré transmitírselo a mis hijos.

De micromachismos a combatir está el mundo lleno. ¿Me ayudáis con este?

* Gracias a mi cuñada por darme a conocer este vídeo y la campaña #LikeaGirl.

No necesito ver fotos de niños con los cráneos vacíos

17 julio 2014

Un hombre llora próximo al cuerpo sin vida de su hermano pequeño que ha muerto en un bombardeó naval isralí en el puerto de Gaza. (EFE)

Un hombre llora próximo al cuerpo sin vida de su hermano pequeño que ha muerto en un bombardeó naval isralí en el puerto de Gaza. (EFE)

No, no lo necesito para saber lo que pasa ni para saber qué pensar. En las últimas horas ya he ocultado para siempre a dos personas en redes sociales que han mostrado las imágenes de los niños palestinos con los cráneos vacíos y reventados en un conflicto enquistado y absurdo. No quiero ver esas fotos. Y no las quiero ver no solo por mí, os aseguro que no es por preservar mi delicado estómago.

No me gusta que se utilice el gore infantil a modo de cartel propagandístico. Igual que no me gusta que se utilicen instantáneas de felices y sonrientes niños con síndrome de Down para atacar el aborto. Utilizar. Ese es el verbo clave. Así no, incluso cuando lo que se defiende case con lo que a priori parece lo correcto o con lo que creo.

No me gusta que se utilicen esas fotos a modo de martillo emocional además, porque tenemos que ser capaces de digerir intelectualmente las cosas y no movernos a impulsos viscerales. Esos impulsos llegan, explotan y desaparecen. Solo lo que interesa racionalmente queda y puede implicar algún cambio.

Hace tres días fue noticia que un niño de cinco años murió tras ser violado por un grupo de bestias de almas grises con aspecto humano en Afganistán. ¿Qué aportaría una foto sangrienta?

Y luego está el tema de si las mostraríamos si fueran niños españoles. Seguro que no. Por qué. Pues por respeto a las familias, al dolor de la gente que quiere, perdón, que quiso a esos niños. Yo creo que aunque la noticia esté a miles de kilómetros ese respeto también debe darse.

Periodísticamente hay un viejo e intenso debate al respecto. No todos opinamos lo mismo y siempre hay fotos con las que dudamos. Y como dice mi amigo y compi bloguero Edu Casado: “podría entender el debate en un periódico. ¿Pero en las redes sociales? No. ¿Qué objeto tiene publicar en tu muro o tuitear una foto cruda de un cadáver, para luego subir un selfie o la foto de tus pies en la playa? Al final banalizas los hechos y solo se busca el impacto”.

Pero yo no creo que se revuelvan conciencias con esas fotos de cráneos vacíos, creo que se revuelven estómagos que no es lo mismo. Hay otras imágenes, igual de duras, igual de conmovedoras, que no tienen que salpicar sangre y vísceras.