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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

Darwin, Marie Curie o Leonardo Da Vinci hechos plastilina en el Museo Nacional de Ciencias Naturales

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En mi anterior post os hablaba de las Mujeres que han pasado a la Historia hechas bellas ilustraciones por Isabel Ruiz, hoy quiero traer científicos elaborados con plastilina, el material infantil moldeable por excelencia. Una manera de acercar la Historia de la ciencia a los niños del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC).

El pasado jueves 15 de septiembre arrancó la exposición temporal Plastihistoria de la Ciencia, perdonadme si os lo cuento un poco tarde, con el objetivo de “enseñar al público de forma divertida algunos de los descubrimientos e inventos que han cambiado la historia del ser humano a través de personajes y detalladas escenas realizadas con plastilina”.

Estará hasta el 15 de noviembre, así que aún hay tiempo para acercarse por este recomendable museo madrileño, en el que ver animales, dinosaurios y participar de las actividades infantiles que tienen programadas a lo largo de todo el año.

A lo largo de los años son muchos los científicos que gracias a sus descubrimientos han ido moldeando la historia de la humanidad. Pues bien, esta vez son ellos los que son moldeados.

Superman, Batman o Spiderman están muy bien, pero esta vez los superhéroes son reales. Con esta muestra pretendemos rendir un pequeños homenaje a los personajes célebres y anónimos que, no sólo en el pasado, sino también en el presente, lo arriesgan todo por favorecer el avance de la Ciencia. Y, por qué no, intentar despertar al mismo tiempo nuevas vocaciones científicas.

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María Moliner, Hedy Lamarr, Violeta Parra, Emma Goldman…. mujeres que descubrir con nuestros hijos

Hedy Lamarr verkamiEl año pasado os hablaba en este mismo blog de un libro que había descubierto que era una joya, tanto por la belleza de las ilustraciones como por su idea y ejecución: dar a conocer a mujeres a la que la Historia no ha hecho justicia, cuyos nombres nos suenan pero que no sabemos ubicar en el tiempo y explicar porque fueron sobresalientes a menos que alguna película de éxito haya recogido sus logros.

“Porque hay muchos nombres que no deben ser olvidados, porque la Historia no está completa sin nosotras“, explica su autora, Isabel Ruiz Ruiz.

He prestado ya en varias ocasiones y siempre con éxito esa maravilla que es Mujeres, uno de esos libros que ocupan un lugar de honor en la librería. Un lugar de honor con espacio suficiente como para dar la bienvenida al segundo volumen, que justo ahora está en preparación, con un crowdfunding abierto en Verkami.

En el primer libro encontrábamos a Concepción Arenal, a María Montessori, a Gertrude Ederle, a Virginia Woolf, a Marie Curie, a Clara Campoamor, a Hipatia de Alejandría, a Margaret Bourke-White, a Hellen Keller, a Dian Fossey o a Frida Kahlo.

En esta nueva colección de Mujeres encontraremos a Christine de Pizan, Simone de Beauvoir, María Moliner, Herda Taro, Hedy Lamarr, Malala Yousafzai, Nelli Bly, Wangari Maathai, Maya Deren, Hilma al Klint, Violeta Parra, Emma Goldman, Valentina Tereshkova, Ada Lovelace y Elisabeth Eidenbenz. De momento… Serán de nuevo dieciocho.

Como en el primer volumen, las preciosas ilustraciones van acompañadas de una pequeña biografía y una cita de cada mujer. “Supone un punto de partida para seguir investigando, para seguir descubriendo”. Y como en el primero, la calidad en la impresión del libro es sobresaliente, con una edición de lujo, tapa dura, interior papel estucado semi mate 170 gramos a todo color, encuadernación cartoné cosido y tamaño A4.

Un instrumento perfecto para abrir los ojos y la curiosidad a nuestros hijos, también a nosotros mismos. Ojalá estuviera en todos los colegios.

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¿Cuál es el objeto que con más cariño asociáis a vuestra maternidad?

1No soy yo de encariñarme  con las cosas. Las cosas son cosas, puede que útiles, bonitas, pero inertes, incapaces de sentir . “No llores por eso cariño, es solo una cosa, no llores por algo que nunca lloraría por ti”, es algo que he dicho a veces a mi hija. Ni ella ni su hermano tienen un apego excesivo a los objetos, regalan y prestan con toda la facilidad del mundo y eso me complace. Pero es inevitable que algunos objetos sean especiales, en mi caso aquellos que quedan asociados a buenos recuerdos.

Ayer tocó zafarrancho en el cuarto de mi hija, estuve vaciando cajones y baldas, decidiendo que cosas regalar, que cosas colocar de otra manera (cuentos que antes le quedaban grandes ahora ocupan el lugar de otros que le han quedado pequeños) y que cosas directamente mandar al contenedor de reciclaje. Entre tanto trajín de cosas apareció, hecho un ovillo en una bolsa de plástico al fondo del armario, algo que creía perdido. Una de esas cosas que son especiales.

“Póntela, a ver si quepo”, me pidió Julia cuando vio desplegarse nuestra vieja mochila de porteo. “Imposible mi amor, tienes ya siete años, la última vez que estuviste dentro tenías dos y medio”.

Ella dice que se acuerda de ir sujeta a mi cuerpo, yo no tengo claro si de verdad conserva vagos recuerdos o si son solo reflejos de las fotos que ha visto. Yo sí que conservo la sensación de llevar su cuerpecito cálido contra mi pecho, de sentirla dormirse, de pasear con su hermano de la mano y la correa de mi perro en la otra… Usamos esa mochila mucho más que el carrito, con ella no había que plegar nada, teníamos las manos libres, cualquier terreno era apto y a ambas nos gustaba más. Ni carro, que casi todos los días parecía tener pinchos, ni bolsa de carro, que con lactancia materna y con la experiencia que da el segundo hijo descubres que tiende a llenarse de archiperres rara vez necesarios que arrastras como una tortuga desestructurada de un lado a otro.

Si hay un objeto que asocio a mi maternidad que aunase disfrute y utilidad, sin duda sería esa mochila, esa cosa que también ha pasado por otros tres bebés y a la que no voy a conservar, porque no hay mejor lugar para guardar las cosas que tu memoria y alguna que otra foto y dónde mejor estará es resultando útil a otros padres recientes.

¿Cuál es el vuestro?

¿Y si a mi hijo no se le caen los dientes de leche como al niño de ‘Stranger Things’?

Un efecto colateral de ver Stranger Things, la última serie de moda de Netflix (que a título personal os recomiendo, pero que no es apta para los niños más pequeños), es que puede aumentar la paranoia de muchos padres cuyos niños tardan en soltar los dientes de leche.

Uno de los niños protagonistas, probablemente mi personaje favorito (todo inteligencia, sobre todo emocional), comenta en uno de los primeros episodios la seria con toda naturalidad que tiene displasia cleidocraneal a los matones que pretenden hacerle bullying por tener aún dientes de leche.

¿Qué es eso de lo que habla Dustin? Porque la verdad es que no lo menciona más veces y en la serie se le ve tan estupendo que solo te quedas con su problema con la dentición.

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La displasia o disostosis cleidocraneal implica mucho más que tardar en cambiar la dentadura. Este trastorno, que afecta efectivamente al actor Gaten Matarazzo, es una anomalía genética rara que en un tercio de los casos se produce de novo (aparece espontáneamente, sin que hubiera antecedentes), es una de las más antiguas que se conocen y lo de menos es de los dientes, afecta a las clavículas, la pelvis, el cierre de las fontanelas, la apariencia del rostro… Hay distintos grados y no hay tratamiento, sino un abordaje terapéutico que implica el trabajo conjunto de distintos especialistas.

Es estupendo que veamos cada vez más diversidad en las series y tratadas con esa normalidad. De hecho muchos afectados por el mismo síndrome están agradeciendo la visibilidad del trastorno y asegurando que es algo que les ayuda a muchos niveles, empezando por el personal.

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La vuelta al cole de los niños con enfermedades crónicas

La reciente vuelta al cole no es igual para ningún niño, pero desde luego puede ser muy distinta para los más de 35.0000 niños y sus familias que cursan Educación Especial, ya sea en centros especiales o en centros ordinarios que practican la inclusión. Si os interesa leer al respecto, aquí os dejo este reportaje enlazado.

(UEX)

(UEX)

Pero también puede suponer retos mayores para los alumnos que tienen enfermedades crónicas como asma o diabetes. Lo sé bien, ya os he comentado alguna vez que un niño de mi familia tiene diabetes desde que era un bebé de menos de un año. La primera dificultad ya radica en la elección de colegio, ya que disponer de médico o enfermera puede primar sobre otros aspectos que también son importantes.

Justo estos días la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap)  ha recordado que tiene en su web a disposición de los profesores una Guía Informativa para Centros Docentes.

Efectivamente, me parece que puede resultar muy útil para los profesores, pero aprovecho para compartir aquí algunos enlaces de la guía, porque creo que pueden ser útiles para todos, no solo para los maestros:

Niños con enfermedades crónicas

Situaciones de urgencia

Accidentes

El principal consejo que dan desde la AEPap a los padres de niños con enfermedades crónicas en el arranque de curso es de sentido común: “si tu hijo tiene alguna enfermedad crónica, como alergia crónica, asma, diabetes, celiaquía, intolerancia a determinados alimentos o algún problema en su desarrollo es importante que lo sepan en su centro escolar”.

No informar puede entrañar riesgos que nadie debería correr cuando es la salud de su hijo de lo que estamos hablando.

En el caso de los niños con asma, el inicio del curso puede ser una época especialmente difícil, porque el pequeño tiene contacto con un mayor número de desencadenantes en el aula, que ha permanecido cerrada durante los meses de verano. Por eso, antes de empezar el cole quizás es conveniente consultar con su pediatra si debe tomar algún tratamiento preventivo de base y dar algunas pautas de actuación y tratamiento a su profesor, preferiblemente por escrito, que incluyan consejos en caso de que el pequeño tenga síntomas en clase.

Para los niños con diabetes, es conveniente que todo el personal docente del centro sepa qué hacer en caso de emergencia y dónde está la medicación. En ocasiones, estos pequeños pueden necesitar ingerir algo de alimento fuera de las horas de comida para evitar las hipoglucemias y también es posible que necesite inyectarse insulina en clase, por lo que sus profesores deben estar al tanto de su diagnóstico y facilitarle sus cuidados.

Pero lo mismo funciona en sentido contrario claro: “los maestros y educadores son una figura clave en la detección temprana de algunos problemas de salud que pueden interferir en el proceso de aprendizaje de tu hijo, como los problemas de visión, trastornos del lenguaje, dislexia… “La comunicación entre padres y profesores es un pilar clave en la buena salud física y emocional de nuestros hijos”, señala la Dra. Concepción Sánchez Pina, pediatra y presidenta de la AEPap”.

Os dejo con el resto del comunicado:

Las enfermedades crónicas suponen, más allá de lo físico, un reto emocional y psicológico para muchos pequeños, que no quieren sentirse diferentes de sus compañeros y que pueden llegar en algunos casos, a negar o disimular su propia patología por falta de aceptación. En el caso de los más pequeños, las dificultades pueden derivarse de su incapacidad para controlar aún sus síntomas o medicación; mientras que en el caso de los adolescentes, pueden llegar a prescindir del tratamiento por su cuenta para seguir haciendo una vida lo más parecida a su grupo de amigos.Por todo ello, para muchos menores españoles con enfermedades crónicas, la vuelta al cole puede ser un momento incluso más especial que para el resto de sus compañeros, por lo que la comunicación entre la familia y el centro escolar es clave.

 

Habla una monitora de un comedor escolar (que está dispuesta a responder vuestras preguntas)

EUROPA PRESS/JCCM

EUROPA PRESS/JCCM

Ayer la portada de 20minutos estaba llena de comedores escolares, por un lado teníamos el reportaje de mi compañera Lolita Belenguer, por otro una encuesta y, por último, el post que publiqué ayer. Todo eso animó a una persona que fue monitora de un comedor escolar a escribir en Menéame ofreciéndose a responder las preguntas “las dudas que podáis tener acerca del funcionamiento de este tipo de comedor, de la manera de servir o recoger los platos, de si se les obliga a comer o se respetan sus gustos, de las instalaciones o de cualquier cosa que creáis oportuna”.

Os animo a plantear vuestras preguntas y os recomiendo su lectura, a mí me ha resultado muy interesante. Es de agradecer que se haya prestado a algo así.

Por ejemplo, no sabía que muchos niños que se quedan a comedor no se lavan los dientes porque en el comedor de Jaime sí que lo hacen.

Donde yo estuve pregunté por el tema y la directora me dijo que se había intentado implementar, pero que habría hecho falta más personal porque realmente al menos al principio es más difícil controlar a 20 niños cada uno con su cepillo y dentífrico que en el comedor. Pienso que debe ser por la falta de costumbre de los niños, pero donde yo estaba me dijeron que se tuvo que dejar porque no les daba tiempo, derramaban dentífrico sobre ellos y sobre todo lo que les rodeaba y era un caos, así que supongo que la empresa no debe estar dispuesta a contratar personal extra para controlar que los niños se laven los dientes y después limpiar todo.

Una pregunta que yo también le hubiera hecho. ¿Llevaría a sus propios hijos a comedor o los llevaría a comer a casa?.

Si no me quedara más remedio si, les llevaría sin problema. Personalmente pienso que como en casa no van a comer jamás en un comedor, y respecto a la calidad te puedo decir que era mejorable, en el caso de embutidos, fruta… Se notaba que eran de los más baratos y personalmente en casa por muy poco dinero más podría comprar cosas mejores. Otras cosas, como la tortilla francesa que estaba hecha en microondas con huevo pasteurizado no estaban todo lo buenas que podrían estar siendo caseras, pero no tendría problema en que mis hijos comieran esa comida ya que en términos de seguridad alimentaria era perfectamente segura y al menos donde yo estuve la proporción entre nutrientes era muy equilibrada, casi no les ponían fritos ni cosas con grasa, traían ensalada o verduras a diario, alternaban bastante la carne y el pescado y casi siempre había un plato de cuchara. El hecho de tener primer y segundo plato con guarnición hacía muy difícil que los niños comieran poca cantidad, y respecto a los postres, uno o dos días por semana había lácteos, el resto fruta y ocasionalmente algún pastel. Como cosas mejorables respecto a la comida como te digo la calidad, que sin llegar a ser incomestible podría ser mejor y quizás que en verano alteraran los menús para no comer tanto cocido o estofado de patatas, que apetecen menos con el calor aquí en el sur.

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En los comedores escolares también deberían respetar los gustos y diferentes apetitos de los niños

EUROPA PRESS

(EUROPA PRESS)

Os recomiendo la lectura del reportaje que ha publicado hoy mi compañera y madre reciente (más que yo) Lolita Belenguer sobre comedores escolares, en el que habla de cómo la línea fría de catering se va extendiendo (el 61% de los centros lo usan), de cómo cada vez más voces defienden la tradicional cocina en el colegio y piden el uso de productos locales y ecológicos. Ha hablado con colegios a los que cocinando les salen las cuentas, con las empresas que los elaboran y con una nutricionista.

En serio que merece la pena dedicarle unos minutos, Aquí podéis leerlo entero.

Ya os comenté hace tiempo que para mí el comedor escolar era un mal necesario, que prefiero que mis hijos coman en casa. Como tengo a mi hija en un colegio y a mi hijo en otro, especializado en niños con autismo, solo ha podido ser en uno de los casos.

Jaime come en el colegio con una de esas líneas de catering de las que habla Lolita. Comida que se calienta en el colegio y que mi hijo devora encantado. Menús que han pasado por un nutricionista y que mi hijo que es de buen saque devora encantado.

Puede que no sea la comida más apetecible del mundo para un adulto, tampoco para algunos niños, pero merienda y cena en casa. Ahí ya soy yo la que cocina, procurando dar cancha a su amor por las judías verdes, la coliflor y el pescado.

Os confieso que el principal motivo por el que a mí no me gusta el comedor y lo veo como un mal necesario es porque comiendo también se educa. Me tomo muy en serio no insistir en que tomen una cucharada más, en respetar el apetito y los gustos de cada niño, igual que los adultos hacemos respetar los nuestros. Si mi madre tiene derecho a negarse a comer cualquier cosa que tenga cebolla o judías verdes y mi santo y mi amigo Miguel consideran la coliflor algo poco menos que demoníaco, ¿por qué empeñarnos en que los niños coman de todo y en la cantidad que nosotros decidimos?

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¿Cómo es Pokemon Go para niños pequeños?

juliaProbablemente la mayoría estéis muy hartos de oír hablar de Pokemon Go, llevamos gran parte del verano bombardeados a contenidos sobre el tema, cuando no rodeados de jugadores con mayor o menor grado de implicación. Por eso mi intención inicial de escribir al respecto, impulsada en parte porque algunos me han preguntado sobre si lo veía apto, incluso recomendable para niños pequeños, se entibió.

Al final he decidido publicar este post por si a alguien le resulta interesante mi impresión de este juego respecto a su uso por parte de niños como mi hija. La perspectiva de una madre que hace ya muchos años, cuando era una periodista veinteañera, escribía de ocio electrónico, que jugó bastante (también a las primeras entregas de Pokemon en GameBoy Advance) y que no tiene prejuicios respecto a los videojuegos como forma de ocio.

Lo instalé en julio en mi móvil. No lo hice porque Julia lo hubiera pedido, fue una cuestión de interés informativo mío, también de simple curiosidad. A Julia le gustó desde el principio, despertando su interés por ver los dibujos inspirados en estos bichos de Nintendo. Aunque sin enganches, durante tres semanas en agosto ni lo olió. Y el resto del tiempo es un entretenimiento más entre muchos otros.

* Vamos con las ventajas que he encontrado…

La primera y más importante es que anima a caminar, a pasear. Jamás ha sido tan fácil salir con Julia a recorrer todo tipo de parajes. El paseo por el paseo no suele interesar a los niños de su edad, pero este verano he visto a muchos de cacería de la mano de sus padres. Los pokemons aparecen cuando recorres distintos lugares. Lo que en los videojuegos clásicos de Pokemon consistía en patear digitalmente los mundos que se te mostraban en pocos pixeles, ahora es el mundo real. Cuanto más se varíen zonas y lugares, más variedad de pokemons podremos cazar. Y no sólo se camina para encontrar pokemons que cazar, también sirve para eclosionar huevos de los que saldrán pokemons-sorpresa en plan huevo Kinder y para encontrar pokeparadas en las que conseguir objetos y gimnasios en los que batirse en duelos sin sangre ni muertos. Invita incluso a hacer turismo y nos descubre rincones de nuestras ciudades a los que no habíamos prestado atención, con el juego hemos descubierto el nombre de esculturas que estábamos hartos de ver, placas con información histórica o, sobre todo, ejemplos de arte urbano.

Vinculado a lo que os comentaba de los gimnasios, es un juego completamente blanco. No hay muertos, ni sangre. Las peleas son lo más suaves que se pueda imaginar. Tampoco hay violencia verbal, desigualdad hacia la mujer o sexo. En ese sentido no hay el menor miedo. Los protagonistas son unos animalitos muy cucos que encuentras o salen de huevos aparentemente por generación espontánea completamente asexuados salvo en un par de casos, que para lo que les sirve…

No entraña dificultad, sino perseverancia. Adultos, adolescentes y niños están igualados. Al menos por la edad, por qué hay muchos motivos de desigualdad que explico abajo.

Anima a leer a esos niños que se están empezando a hacerlo. No solo los contenidos del juego, que te describe pokemons y sus características, también buscando contenidos relacionados. Julia estuvo este verano leyendo de principio a fin una guía impresa sobre Pokemon Go que compramos junto a la playa y en tiempo récord. También las hay muy completas en Internet. Hace muy poco hemos instalado en un simulador una de las versiones vetustas, Pokemon Rojo Fuego, con la que os aseguro que hay que leer bastante.

En cierto sentido es como la colección de cromos de todo la vida, con la que se ejercita la memoria, pero más barata. De hecho completamente gratis si no pagamos por los objetos del juego. Está el inconveniente, eso sí, de no poder intercambiar pokemons, que es parte fundamental en cualquier colección de cromos. No obstante parece que los desarrolladores están trabajando para solventarlo.

No hay chat ni los peligros que conlleva. El juego invita a hablar con otros niños que también lo estén jugando y comparar los pokemons que se tienen, pero en la vida real. Primos, amigos… No hay opción de contactar con desconocidos y hablar con ellos como en juegos tipo Clash of Clans. Los desconocidos con los que puedas acabar hablando serán otros jugadores que encuentres a tu lado en pokeparadas o gimnasios. Con mi hija eso no entraña riesgos porque nunca está sola en la calle.

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El 88% de los profesores creen que no hay que dedicar más de una hora a los deberes, pero la mitad de los niños hacen más de dos

Ikea ha presentado hoy un estudio sobre los deberes basado en encuestas hechas online con el objetivo de defender las cenas en familia. Un buen propósito, yo también estoy a favor de cenar juntos y sin mirar el móvil, pero creo que los horarios que tenemos los padres tienen mucho más que ver con la imposibilidad de las familias de terminar los días juntos que el hecho de que los niños tengan deberes.

Y parece que la mayoría de los encuestados opinan lo mismo que yo, ojo al dato: el 39,2% de los padres encuestados, ante la pregunta, “De los siguientes aspectos ¿Cuál crees que sería la clave para disfrutar de las cenas en familia?”, responde “Que nosotros los padres tengamos unos mejores horarios que nos permitan hacerlo”. Apenas un 10,1% contesta “En parte que los niños tengan
menos deberes para hacer en casa”. Y ojo a ese “en parte”.

Por otra parte, el estudio no es como para cogerlo como si fueran las tablas de la ley, no discrimina entre padres, niños y profesores de niños de edades demasiado variadas. Entre los siete años y los diecisiete hay diferencias que son un mundo. Ojalá estuviera mejor segmentado. Y la muestra no es muy amplia: han contestado 1.600 padres, 500 niños de entre 7 y 17 años y 300 profesores. Pero sirve para reflexionar un poco y para comprobar que nuestras percepciones son muy distintas, si se enfrenta a los tres colectivos.

Padres y niños coinciden al decir las horas que dedican a los deberes. Fijaos en los dos primeros gráficos. La estructura es casi clavada y deja claro que la mayoría de los niños dedican entre treinta minutos y dos horas, y que en torno a un 12% dedican más de dos horas diarias.

Es normal que coincidan, ellos son los que los hacen y los que ven a los que los hacen.

 

Ojo ahora a los profesores. Un 43% de ellos creen que el tiempo óptimo es menos de 30 minutos y un 45% entre media y una hora. Es decir, casi un 90% creen que debe ser menos de una hora diaria, pero casi la mitad de los chicos dedican al menos el doble. Está claro que algo no funciona. Imagino que creen que lo que mandan lleva menos tiempo que lo que lleva en realidad.

Profesores.

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¿Querrías que tus hijos hubieran crecido en los (añorados) años ochenta?

10184313105_2d34f4ca48_o¿Muchos por ahí sufriendo el periodo de adaptación al colegio? Allá por 2012, cuando me enfrentaba al caos de horarios que era el periodo de adaptación al primer año de Infantil de Julia escribí lo siguiente en mi muro de Facebook.

Me he dado cuenta de que soy una superviviente: nací sin ecografías, de niña iba en coche sin cinturón y en las vespinos de mis primas sin casco, montaba a caballo con la coleta al viento, se fumaba a mi alrededor como en una peli de Bogart, en vacaciones desaparecía con la bici y ningún adulto sabía donde estaba hasta que volvía para ser alimentada, bebía leche directamente de la vaca y carne que no había pasado por controles veterinarios, me lanzaba encima de todo perro o gato que encontrase y me lanzaron al colegio sin periodo de adaptación.

Como dice una amiga, salvo lo de la bici y según a qué edades, nada de lo que enumero es realmente recomendable, ni siquiera legal en este 2016. Sobra decir que no se debe fumar junto a los niños, ni llevarlos en coches y motos a la buena de dios, ni alimentarse con productos que no tengan garantías sanitarias… Con mi comentario me limitaba a desahogarme un poco por el lío que tenía que montar para dedicar una semana a llevar a hija a intervalos crecientes de tiempo al colegio cuando la veía perfectamente preparada para estar cuatro o cinco horas seguidas allí desde el principio.

Llevamos unos pocos años de nostalgia setentera y ochentera que parece olvidar todo lo que de cutre, peligroso y rancio había en aquella época. Por mucho que exploten comercialmente hasta la náusea la nostalgia que los treintañeros y cuarentones podamos tener de nuestra infancia con musicales, conciertos o libros, no es una infancia que, si nos paramos a pensarlo, querríamos para nuestros hijos. Ni siquiera con tal de ver V en la tele y comprar seis chuches por cinco pesetas.

Me recuerdo como una niña feliz, sobre todo por los meses de verano en Asturias, en libertad y en la naturaleza. Eso sí es algo que me gustaría poder dar a mis hijos y que no depende de la década en la que estés creciendo. Pero el resto no lo echo de menos ni lo querría para ellos. En absoluto.

¿Esa EGB que tanto parece añorarse? Era un sistema educativo imposible para mi hijo y muchos niños con discapacidad que, si ahora lo tienen difícil, entonces era dramático. Igual que lo era para los niños con necesidades educativas especiales, un concepto que no existía. Déficit de atención, adaptación curricular, TEA, inclusión, charlas contra el acoso en el aula, apoyos en el aula… ¿Mande? ¿Lo ‘cualo’?

A veces he oído a gente defender que salíamos mejor preparados tras pasar por nuestra EGB y BUP. Me da la risa. Que el sistema actual sea francamente mejorable, que lo es, no quiere decir que nosotros saliéramos mejor preparados. Harta estoy de oír a gente reírse de los yanquis que no saben poner a España en el mapa cuando ellos no serían capaces de ubicar cualquier estado de los EE UU, no digamos ya de África o incluso Europa, que en literatura se limitaron a poco más que memorizar unas cuantas obras de autores de la generación del 98 y del 27.

Hablamos además de una sociedad que estaba muy lejos de ser igualitaria en cualquier sentido, menos respetuosa con las diferencias, en la que crecer saliéndote de la norma era como pasear por la selva en Vietnam. ¿Mejor que las anteriores? Sí. ¿Mejor que ahora? No. Cualquier tiempo pasado no fue mejor.

Sobre todo si lo que con más cariño recordamos de entonces son las series que ponían en la tele, unos cuantos juguetes, un puñado de canciones molonas, álbumes de cromos y chicles llenos de azúcar.