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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

“No existe recién nacido guapo, sino padres enajenados”

Jaime fue un recién nacido guapo. Siempre he estado convencida de ello. Nació muy limpio, gordito, en una cesárea que le ahorró el trabajo de pasar por el canal del parto por venir grande y de nalgas, aunque ojalá hubiera sido un parto como su hermana.

Es curioso (y hermoso) ese primer instante en el que una madre ve a su hijo. Es un momento de reconocimiento, coges sus deditos, te miras en sus ojos, absorbes todos sus rasgos… Pero no te paras a analizar si es guapo o es feo. Es tu cachorro y eso es más que suficiente.

Eso es en el primer momento. Más adelante ya es otra historia. Ahí ya te fijas de manera más o menos objetiva en si es un bebé bonito o no. Que oye, que sigue sin importar, que como sea de recién nacido no tiene que ver con cómo será de mayor, que sigue siendo tu cachorro y te importa un bledo, pero te fijas y sacas tus conclusiones. Conclusiones poco objetivas, es probable, aunque todos conocemos a padres que han confesado abiertamente que sus hijos nacieron feos.

Mi conclusión es que Jaime fue un recién nacido precioso. Por lo que yo veía y por lo que me decían los demás. Alguna amiga aún recuerda hoy, diez años después, lo bonito que era en su primer día de vida. Y no soy de esas personas que ven a todos los bebés guapos, os lo aseguro. Por mucho que todos despierten dulzura e instinto protector, me he encontrado bebés muy feítos.

Ahí le tenéis:

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Y sigue siendo guapo a rabiar. A veces bromeo con que será el primer top model con autismo, y que su discapacidad tal vez sea una ventaja si trabajas en ese mundillo.

Pero volvamos al tema. Convencida como estoy de que mi hijo era guapísimo tras nacer (Julia también salió mona, pero no tanto), tuve que saltar y enviar fotos cuando escuché decir a mi lado: “No existe recién nacido guapo. Incluso los mejores, son todos raros”.

Pues no, no convencí con las fotos a los que sostenían que no hay bebe guapo, que lo que hay son padres enajenados.

A ver, no se puede pretender que un recién nacido sea como un adulto. Lo bonito que sea no sigue las mismas reglas de los rostros de niños y mayores. Incluso los más guapos nacen un poquito achinados, un poquito aliens, con rasgos sin definir…

En fin. Voy a parar porque si sigo por ese camino al final voy a darles la razón a los que me decían que no hay recién nacido guapo.

¿Y vosotros qué opináis?

Jugando a viajar en el tiempo con los niños en Numancia

imageJulia tiene siete años, ya va teniendo una edad en la que recorrer y disfrutar puntos de España en los que aprender algo de Historia, en los que jugar y disfrutar mientras cala un poco de lo que allí sucedió siglos atrás. Con un poquito basta, de hecho más importante que lo que pueda aprender es lograr que la curiosidad anide en ella, que la semilla de querer saber arraigue.

Esos lugares, con frecuencia al aire libre, son también sitios en los que Jaime disfruta. Con nueve años y autismo, lo que pudiera pasar en esas ruinas no le atañe, pero pasear al aire libre, correr, saltar y trepar siempre le gusta.

Ya os conté hace tiempo que hay familias en las que hay un hijo con autismo y no salen apenas de casa por ello. No es nuestro caso. La flexibilidad también se trabaja, al igual que la paciencia. Y no hablo sólo de las personas con autismo, también de los que les cuidamos. Se puede hacer mucho teniendo en cuenta sus ritmos, adaptando las visitas a aquellos lugares en los que él también lo pase bien.

23355132320_be05338598_kComo el yacimiento celtíbero de Numancia, un sitio tranquilo, interesante, que permite jugar, explicar y triscar mucho. La visita, llevada con calma, puede durar tres o cuatro horas en los que se pueden visitar viviendas reconstruidas y subir a las murallas. Es preferible una visita guiada, aunque luego, si se va con niños, el tiempo de juego y de imaginar que somos bravos celtíberos o romanos empeñados en arrasar el sitio es obligado a mi parecer.

Por cierto, que pese a ser un lugar que recomiendo y por eso hoy hablo de él en el blog, a nosotros casi nos deja con mal sabor de boca la visita por las prisas que nos metieron con muy poca educación alguno de los trabajadores que quería cerrar. En fin…. una pena. Y parece que nuestra mala experiencia al final no es la única, en Trip Advisor un usuario comenta: “ya eran las dos del mediodía y al acabar la visita los encargados nos echaron de malas maneras, ni poder entrar un momento al baño y eso que había muchos niños pequeños… Una vergüenza”. Así que ya sabéis, no vayáis con el tiempo justo.

Tampoco me pareció bien adaptada para sillas de ruedas. También es una lástima.

No os voy a dar la lata en este blog con la historia de Numancia, que para eso hay muchas webs en las que informarse para poder informar a nuestros niños. Porque no nos equivoquemos, enseñarle a ellos también es recordar, descubrir y aprender nosotros a una edad en la que todo queda más fijado si ponemos interés.

Dependiendo de cuándo se visite, se pueden ver representaciones y espectáculos didácticos. La entrada cuesta 5 euros, los niños de entre 8 y 17 años pagan 3, igual que mayores de 65 años, jubilados, discapacitados, desempleados, grupos… Los menores de 7 años no pagan. En la web oficial está toda la información sobre horarios, precios, cómo llevar a cabo reservas o cuándo son las actividades, que en su mayor parte provienen de la asociación cultural Tierraquemada.

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Salir de la negación (porque tu hijo con autismo te necesita)

jaimeEste blog arrancó hace ocho años. Jaime era un bebé de un año que aún no sabíamos que tenía autismo y Julia no era más que una declaración de intenciones. Un blog en el que había mucha lactancia y embarazo, muchos contenidos que me cuesta identificar como míos, otros tantos que ni siquiera recuerdo, bastantes que hoy no hubiera escrito, incluso reflexiones que ahora me discutiría a mí misma.

El blog ha ido evolucionando y yo también. Se ha convertido en un interesante viaje al pasado de una misma. También en la mejor forma de dejar constancia de lo que hicieron mis hijos, cuándo comenzaron a andar, a dormir solos, a mostrar los primeros dientes. Crear un blog de maternidad no fue idea mía, me animó la dirección editorial de 20minutos. Y me alegra que lo hicieran, ya forma parte de mí.

En los últimos meses estoy revisando los primeros posts que escribí, aquellos que a veces no siento como míos. Hay unos meses que me entristece recordar. Los meses previos al diagnóstico de autismo de Jaime. Los meses entre el año y medio y los dos años y poco de Jaime, en los dejó de pronunciar las pocas palabras que ya manejaba, aquellos en los que viví en la negación.

No, a mi precioso niño dorado no podía pasarle nada malo. Ya habló y volverá a hablar, es que su carácter es algo despegado, mi amigo X y el hermano de mi amiga C no hablaron hasta los cuatro años, hay que respetar los ritmos de cada niño…

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Pregorexia, un trastorno alimenticio que lleva a controlar en exceso el peso durante el embarazo

embarazoHace ya ocho años, cuando el embarazo y la lactancia eran los temas estrellas de este blog y yo era de verdad una madre reciente, ya escribí sobre el tema del peso durante el embarazo y el marcaje al que nos sometían muchos ginecólogos y matronas, a veces excesivo, con frecuencia habiéndose informado poco sobre las circunstancias particulares de la persona que tenían delante, en ocasiones con malos consejos nutricionales (mi exginecóloga me dijo que eliminara las legumbres de mi dieta porque no aportaban casi nada y engordaban muchísimo).

Obviamente, engordar en exceso no es buena idea. El embarazo tiene más riesgos, el parto puede ser más dificultoso y la recuperación más costosa. Estar embarazada lo que debería es promover aún más los hábitos saludables que todos deberíamos llevar independientemente de nuestra edad o condición: una alimentación variada y saludable y el ejercicio que podamos asumir adaptado a nuestras circunstancias.

Pero tampoco lo es extremar el cuidado hasta el punto de la pregorexia.

“¿Qué es eso de la pregorexia?”, me preguntó mi santo cuando me lo oyó mencionar cuando ibamos en el coche camino de recoger a Jaime en el colegio. Pues es el miedo a engordar de la embarazada llevado a sus extremos.

Más consecuencias del excesivo culto a la imagen en el que estamos inmersos y que no veo que vaya a menos, sino todo lo contrario.

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Ruta del Cidacos, a la caza de los dinosaurios que poblaron La Rioja

image¿Qué tendrán los dinosaurios que tanto gustan a los niños? Gigantes, extraños, reales, con restos visibles… La verdad es que no me cuesta imaginarlo. A Julia le entusiasman, tanto que una de sus opciones de respuesta a “¿qué quieres ser de mayor?” es paleontóloga. Su favorito es el T-Rex, que abunda como protagonista de cuentos, películas e ilustraciones.

En España tenemos diferentes opciones para acercarnos a ellos. En el centro, en Madrid, el museo de ciencias naturales es un lugar muy recomendable, que además organiza actividades infantiles todos los fines de semana.

Hace un par de años fuimos a Dinópolis en Teruel, un parque temático que nos pareció tranquilo y asumible en un solo día, con un museo paleontológico bien organizado y atracciones que a los niños les gustaron. Bien merece una visita, igual que la ciudad de Teruel.

Y muy cerca de Dinópolis se encuentran los diferentes puntos de interés de la Ruta del Cidacos. Toda esta zona de La Rioja es otra opción fantástica de escapada en casa rural y exploración de entornos al aire libre en los que ver sus enormes huellas, las marcas de sus zarpazos y de sus nidos en la roca.

También reconstrucciones de cómo serían esos enormes animales que recorrieron el interior de España hace miles de años.

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Nosotros fuimos en otoño, con una temperatura fantástica que invita a correr y disfrutar con el cielo como techo. Tendría que haber escrito hace muchos meses recomendando esta excursión de fin de semana, pero bueno, en primavera también hace un tiempo agradable para seguir el rastro de los dinosaurios.

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Los niños transexuales no tienen un problema de salud mental #LimpiandoPrejuicios

El 17 de mayo se celebra el día contra la LGTBIfobia, un día para recordar que el estigma y la discriminación social es aún una realidad cotidiana para personas trans, lesbianas, gais, bisexuales e intersexuales.

La sociedad avanza, pero aún está lejos de poder presumir de una igualdad de derechos real, de una mirada generalizada libre de prejuicios. A lo largo de estos días se oirán muchos gritos clamando en muchas direcciones diferentes, todas en busca del fin de las fobias.

Por desgracia, con frecuencia esa discriminación, esa falta de comprensión y de ayuda se la encuentran menores, nuestros niños. Y la encuentran en aquellos que más y mejor deberían apoyarles: su propia familia.

Yo no concibo hacer infelices a mis hijos negándoles ser quiénes realmente son. Lo que ellos se sientan únicamente es merecedor de respeto. También de todo el apoyo posible para que no haya dolor, para que lo que encuentren en su camino sea aceptación.

Los niños que más obstáculos se encuentran,
incluso aunque cuenten con familias y amigos rebosantes de amor y aceptación, son los transexuales. Niños que para poder ser lo que realmente son necesitan un diagnóstico de salud mental, algo que a lo que otros colectivos LGTBI (por suerte) no tienen que enfrentarse.

Desde la Fundación Daniela, con el apoyo de Lush, están luchando para que la transexualidad deje de considerarse un problema de salud mental con una campaña llamada Limpiando Prejuicios que emplea el hashtag #LimpiandoPrejuicios.

Os dejo con su manifiesto:

Su diagnóstico es un requisito previo para poder acceder a derechos fundamentales como el reconocimiento legal de nombre y género o los tratamientos médicos especializados que algunas personas trans precisan. Esto supone dejar desprotegidas a muchxs menores y adolescentes trans que necesitan estos procesos, pero no pueden acceder a ellos por ser menores de 18 años.

Las personas trans sufren además la mayor tasa de discriminación social y médica de todas las realidades de la diversidad sexual y de género. Los prejuicios, estereotipos negativos y violencia en su vida diaria les impiden participar en igualdad de condiciones en nuestra sociedad. Pero es especialmente grave por su impacto en la salud física y mental de lxs niñxs, adolescentes y jóvenes trans.

¿Cómo vamos a lograr la erradicación del estigma y la discriminación que sufren estos niñxs y adultxs si todavía son considerados enfermos mentales?

Debemos dejar de patologizar la diversidad humana y comprender que las personas somos dispares y únicas por muchos motivos. Necesitamos tu firma para que los menores de 18 años trans puedan modificar la mención al sexo y al nombre en su DNI y tengan así el reconocimiento y la protección que se merecen. Unámonos en la defensa de los derechos humanos.

Os invitamos a todas las personas trans y sus aliadxs a seguir este manifiesto por la liberación y visibilidad de la T*, letra que representa las identidades trans:
– ConóceT*, sé fiel a ti mismx.
– LibéraT*, escapa de las ideas patologizantes sobre la realidad trans.
– AcéptaT* tal y como eres, todas tus diversidades te hacen únicx.
– QuiéreT*, será el motor que te impulse para tomar tu propio camino.
– VisibilízaT*, sé un agente activo para el cambio social.
– InfórmaT* sobre la realidad trans y limpia tu mente de prejuicios.
– ¡AlíaT* con nosotrxs, únete a nuestra campaña, ayúdanos #LimpiandoPrejuicios!

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Lo que me has enseñado, lo realmente importante

imageEl otro día escribí una carta a tu hermana con todo lo que he ido aprendiendo, tropezando y levantándome, para que sus pasos en la vida estén guiados por la bondad y la búsqueda de la felicidad.

Tengo cuarenta años, una carrera universitaria y otra profesional, algunos libros escritos y muchísimos leídos, he viajado y conocido a gente muy interesante. He tropezado y me he levantado procurando siempre aprender en el proceso.

Tú tienes nueve años y autismo. Apenas pronuncias unas pocas palabras que solo los que te conocemos bien somos capaces de reconocer. No escribes ni lees, tal vez nunca lo hagas. Tampoco tendrás una carrera universitaria y una profesional. Con total seguridad siempre serás dependiente de nosotros para cubrir tus necesidades más básicas.

Pero en cuestión de bondad y felicidad, no tengo nada que enseñarte. De hecho, tú has sido uno de mis maestros. Nada hay en ti mezquino, nunca has querido ni querrás hacer daño a nadie, no concibes la envidia, el egoísmo, la soberbia o el menosprecio.

Me has enseñado que la verdadera felicidad se esconde en disfrutar de momentos únicos, en cantar bajo la lluvia, en el vaivén de un columpio al sol de otoño, en las cosquillas bajo las sábanas y en lanzarse desnudo a la piscina. Tal vez ya lo sabía, pero gracias a ti lo tengo más presente.

Me has enseñado que los sueños no se rompen, solo los espejismos se resquebrajan. Que tú siempre has sido tú y era yo la que tenía que aprender a verte como eres y olvidar juegos de espejos.

Me has enseñado un mundo diverso, a mirar y ver a todas las personas que en él habitan sin miedos ni lástimas.

Me has enseñado a ser más flexible, más paciente, que las cosas solo son cosas y su importancia es muy relativa., a que ser realista no impide soñar y que engañarse a uno mismo no lleva a ningún sitio.

Me has enseñado a valorar lo que tenemos, que es mucho, a no vivir deseando siempre más, comparándote con otros, insatisfecho. Me has enseñado que las cosas solo son cosas y su importancia es muy relativa.

Me has enseñado que la vida toma muchas decisiones por nosotros, pero que también está en nuestra mano elegir nuestro rumbo.

Me has hecho recordar que lo único que pedía a mis hijos era que fueran felices y buenas personas, y eso es algo que ya me has dado y que durará para siempre.

Me has enseñado a conocer mis fuerzas y a reservarlas, a querer más a los que ya quería, a apoyarme en ellos, a intentarlo, a equivocarme, a perdonarme y levantarme de nuevo.

Me has enseñado a vivir siendo quién realmente eres y no un reflejo de lo que los demás desean.

La carta a tu hermana terminó con una promesa, también a ti tengo algo que prometerte: siempre estaré a tu lado, mientras las fuerzas me acompañen y también cuando me fallen, me aseguraré de que la bondad y la felicidad sigan siendo tus banderas. Nunca dejaré aprender a tu lado.

Lo que me gustaría enseñarte, lo realmente importante

IMG_0407Tengo cuarenta años, tú siete. ¡Hay tantas cosas que me gustaría enseñarte! Lo hermoso que es bañarse a medianoche en el mar, la magia que esconde un libro cerrado… Pero sobre todo me parece importante contarte lo que yo he aprendido, tropezando y levantándome, para ir cumpliendo años feliz; así que he pensado en escribirte una carta, tal vez cuando seas mayor te ayude, aunque sea un poco, a avanzar sintiéndote íntegra y disfrutando del camino.

No hay nada ni nadie perfecto, tú tampoco lo eres. Aprende a amarte con tus imperfecciones, aprende a amar con las imperfecciones ajenas.

Avanza pisando fuerte, cuanto más fuerte pises más fuerte serás. Eso sí, pisa fuerte pero no pises a nadie.

Huye de lo mezquino, en ti y en los demás. Uno no es grande a costa de hacer de menos a los otros. Querer brillar por infravalorar, criticar o despreciar a otros solo te hará ser pequeña y gris.

Por el contrario, alégrate de corazón de todo lo bueno que les suceda a los que te rodean, aunque no te salpique a ti. Acabarás descubriendo que el simple hecho de contemplar la alegría ajena también te hace feliz.

Cuida a los que te quieran bien, aparta lo antes posible de tu vida a los que no. Si alguien no quiere estar contigo, no insistas.

No le des demasiadas vueltas a las cosas. Con un par de ellas como mucho suele ser bastante.

Fíate de tu instinto. Las grandes decisiones en la vida al final se toman más con las tripas y el corazón. Así llegaste tú a mi vida.

Habrá gente que te hará daño, pero en muchos casos estará en tu mano decidir cuánto daño te hacen.

Perdona a aquellos que erraron actuando sin maldad, sin intención de herir. Perdónate a ti misma.

Aprende a apreciar las pequeñas maravillas cotidianas. La felicidad está hecha en gran medida de pequeños momentos: jugar con unos niños que ríen, ver correr a un perro libre como el viento, sentir el primer sol de la primavera calentándote la piel.

Valora lo que tienes, que es mucho, no vivas deseando siempre más, comparándote con otros, insatisfecha.

Tampoco te conformes. Nunca es tarde para afrontar nuevas aventuras, para aprender, para intentar alcanzar tus sueños, para reinventarse.

La vida tomará muchas decisiones por ti, pero no seas cómo una hoja al viento, elige el rumbo siempre que puedas.

Sé amable, ten consideración por los demás, ponte en su lugar.

No seas indiferente al dolor ajeno, no te importe complicarte la vida para ayudar a otros. Siempre dentro de lo que puedas manejar, sin que tener una o varias causas te supere.

Sonríe, intenta, ayuda, aprende, equivócate, levántate, vive siendo tú, siendo quién realmente eres y no un reflejo de lo que los demás desean.

Esta es la carta que he pensado escribirte, pero según avanzaba reuniendo palabras que transmitieran lo que siento, he pensado que hay una manera mucho mejor de enseñarte.

Te prometo que crecerás viéndome esforzarme para cumplir en mi persona todo lo que te he estado contando. También aquí, el mejor maestro es el ejemplo.

Todos los centros deberían tener un protocolo para detectar situaciones de acoso escolar

Escena de acoso escolar (GTRES).

Escena de acoso escolar (GTRES).

Recuerdo como algo más dañino que inútil y absolutamente innecesario, para nada positivo, las jornadas de convivencia que hacían en mi colegio. Las recuerdo a raíz del caso de acoso escolar de Jeremy, que intentó suicidarse con doce años y a cuyos compañeros pidieron en su colegio que escribieran una lista con todo aquellos que no les gustaba del niño. “La madre del menor no entiende qué motivación pedagógica puede haber”, decía el reportaje. Yo tampoco.

El mío era un colegio de monjas en el que solo éramos niñas, nos reunían en clase, en el patio, incluso en excursiones fuera del centro, y nos hacían escribir en papelitos e incluso decirnos a la cara que nos gustaba y que no nos gustaba de nuestros compañeros, qué es lo que tendrían que cambiar, qué necesitaban mejorar. A veces era anónimo, otras no.

Dí tres cosas malas y tres buenas de tus compañeros”.

Puede que así dicho no parezca mala idea, pero cuando se aplicaba a niñas y preadolescentes, la realidad es que se herían sentimientos, se resquebrajaban relaciones y, en algunos casos, se daba salida a inquinas y pequeñas mezquindades disfrazándolas de una actividad positiva, con la venia de los adultos.

Por suerte para muchas era algo para ignorar, algo de lo que pasar, que no calaba.

Desconozco la motivación real de las monjas para llevarlo a cabo. Lo ideal hubiera sido intentar localizar y poner freno a situaciones de acoso, pero os aseguro que eso nunca estuvo en sus planes. Jamás.

Nunca vi en mi colegio casos de acoso extremo, pero si hubo niñas apartadas, infelices, con muy pocos asideros. Nunca se les prestó ayuda. Eran cosas que las niñas solucionábamos entre nosotros. O no. Pero el centro nunca metía baza. En alguna ocasión alguna niña se fue del colegio, sus padres optaron por llevársela buscando que unos cambios de aire la beneficiaran. Normalmente esa decisión respondía a una bajada en el rendimiento escolar que a veces no era más que la consecuencia de la infelicidad. Tampoco las monjas se esforzaban por ayudar cuando había suspensos, por prestar apoyo a los que flojeaban. ¿Para qué, si tenían lista de espera para entrar? Adiós problema y tan contentas.

Tengo cuarenta años y me gustaría pensar que las cosas han mejorado, pero me cuesta verlo. Lo que sí he visto a mi alrededor es una persistencia en primar lo académico, dejar que los niños se apañen en el plano social, apartar a los niños que requieren más ayuda, a padres que cuando intuyen situaciones de acoso se acaban viendo obligados a la vieja solución de cambiarle de centro.

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‘Y de regalo… ¡Superpoderes!’ y ‘Gigantísima’, dos cuentos para preparar la llegada de un hermanito

imageEn muy breve lapso de tiempo han llegado a mis manos, y a las librerías, dos cuentos cuyo objetivo es preparar a los niños para la llegada de un hermanito que me han gustado mucho. Son Y de regalo… ¡Superpoderes! y Gigantísima.

Ambos coinciden en afrontar con sentido del humor ese momento y en situar a los niños que serán hermanos mayores en su papel, en un caso de superhéroe y en otro de gigantísima; también en ser estupendos libros para primeros lectores y para que nosotros los leamos si aún no dominan eso de leer solitos, a partir de tres años. No obstante, yo recomendaría leerlos a su lado para que los libros sirvan de caja de Pandora que exponga sus dudas, preguntas y creencias sobre lo que les supondrá ser hermanos mayores para que podamos responderlas con sinceridad y delicadeza.

Y de regalo… ¡Superpoderes! es algo más extenso, el niño protagonista es un varón y algo más reacio ya de entrada a lo que puede suponer tener a un recién llegado en casa. Su autora es Elena Moreno y las ilustraciones son de Lucía Serrano, lo edita SM para su Serie Blanca, tiene 64 páginas, y se puede adquirir en rústica por menos de ocho euros. Si tenéis curiosidad, en la web de la editorial podéis leer su arranque.

Lucas está a punto de recibir el mejor regalo del mundo: el superpoder de leer el pensamiento. ¡Y no solo eso! También tendrá el poder de hacer desaparecer los miedos, construir los mejores edificios del barrio y contar las mejores historias del mundo. Pero ¿qué tendrá que hacer para conseguir tales superpoderes? Ni te lo imaginas…
Un libro tierno y divertido que muestra a los niños la magia de convertirse en hermano mayor.

Gigantísima tiene como protagonista a una niña, una niña que se siente pequeña y le da rabia que sea así, una niña que se da cuenta perfectamente de que los mayores a veces hablan de cosas que la atañen sin darse cuenta de que ella escucha. Pero a veces escucha secretos a medias y saca deducciones erróneas, cómo que llegará una giganta a casa. Lo que pasa es que la giganta va a acabar siendo ella.

Su autora es Bel Olid y la ilustradora es Màriam Ben-Arab, ha salido en Timum Mas con un formato mayor y sorpresa desplegable final que podéis ver en el vídeo de Instagram. Cuesta 12,95 euros.

Gigantísima es la historia de una niña que tendrá una hermanita pequeña, pero antes de saber esto un malentendido la hace creer que quien llegará a casa será… una gigantita! Un dulce relato que habla de hacerse mayor y de la ilusión de la llegada de un nuevo miembro a la familia.