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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

Los padres no tenemos patente de corso sobre nuestros hijos

(GTRES)

(GTRES)

Francia quiere formar parte de los 49 países donde ya está prohibido pegar a los niños. El primer país en vetar esta práctica que aún se permite en Francia fue Suecia, hace casi 40 años. Con esta ley, aún pendiente de aprobación definitiva, sería la primera vez que un gobierno francés admite que ni siquiera los progenitores tienen la potestad de castigar físicamente a sus hijos.

Mal llamado “castigo físico” por cierto. Menudo eufemismo.

De adoptarse definitivamente el texto, a falta del voto a su favor en el Senado francés el próximo 4 de octubre, el artículo 371-1 precisará que los padres deben abstenerse “de todo trato cruel, degradante o humillante, incluido todo recurso a la violencia física”.

El debate del tortazo suena a viejo, por mucho que haya muchos que aún lo defiendan. Gente que jamás le levantaría la mano a su perro y que justifica el azote tal vez por justificar inconscientemente a sus padres, ya que a él se los dieron de pequeño.

Sobre el tema se ha escrito mucho en muchas partes, incluyendo este blog: Si has pegado o faltado al respeto a tu hijo, reconoce que perdiste los nervios y erraste, no lo justifiques.Y luego está el tema de que las leyes hay que hacerlas cumplir. España desde 2007 elimina todo resquicio legal para la utilización del castigo físico (de nuevo el eufemismo) estableciendo que “la patria potestad se ejercerá siempre en beneficio de los hijos”. Aquí tenéis lo que establece el Código Civil sobre la relación entre padres e hijos.  Y ahí se queda en el papel, sin proteger a los niños en infinidad de casos.

Somos nosotros, como sociedad, los que debemos abrir los ojos y avanzar.

Lo que encuentro más interesante de lo anunciado en Francia es que también establece que no debemos tratar con crueldad, humillar o degradar a nuestros niños. Un paso más. No es solo cuestión de eliminar tortazos y similares, sino de que nos entre en la cabeza de una puñetera vez que son seres humanos de pleno derecho, que si no trataríamos de determinada manera a nuestra pareja o a nuestros padres, no debemos hacerlo tampoco con ellos. Ser niños hace que sean dependientes de nosotros, que seamos sus responsables, sus guardianes, pero no nos dan patente de corso para hacer lo que queramos con ellos ni mucho menos. Estoy convencida de que esos comportamientos dañan el vínculo entre padres e hijos, aunque no lleguen a romperlo.

Vuelvo a nuestro Código Civil (Título VII, relaciones paterno filiales, os recomiendo una lectura rápida).

Los hijos no emancipados están bajo la patria potestad de los progenitores.
La patria potestad, como responsabilidad parental, se ejercerá siempre en interés de los hijos, de acuerdo con su personalidad, y con respeto a sus derechos, su integridad física y mental.
Esta función comprende los siguientes deberes y facultades:
1.º Velar por ellos, tenerlos en su compañía, alimentarlos, educarlos y procurarles una formación integral.
2.º Representarlos y administrar sus bienes.
Si los hijos tuvieren suficiente madurez deberán ser oídos siempre antes de adoptar decisiones que les afecten.
Los progenitores podrán, en el ejercicio de su función, recabar el auxilio de la autoridad.

Velamos por ellos, esa es nuestra función.  Guardarles teniendo su bienestar siempre como prioridad, como el tesoro que son.

En pocos temas soy tajante, pero en esto lo tengo claro. Los niños son precisamente los que menos deberían enfrentarse a que sus personas de referencia, sus cuidadores, sus pilares, les peguen, no les escuchen, hagan comparaciones hirientes, se rían de ellos más que con ellos o les menoscaben.

Qué sí, que la mayoría tirarán para delante sin traumas pese a todo, pero es que la cuestión no es tirar sino mejorar. Y no ya individualmente, sino como sociedad.

 

 

 

La inclusión de los niños con discapacidad no debería depender de su nota en los exámenes

Existe la inclusión real de niños con discapacidad en el sistema educativo, que no es imposible de encontrar en plan ver un unicornio, pero sí está al nivel de encontrarte un lince ibérico de frente. La carta que muestro abajo a un niño con autismo es un ejemplo. Una carta de un profesor que realmente entiende la inclusión y que se hizo viral porque le toca la patata a la gente.

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Y luego existe aquello que nos hacen creer que es inclusión y no lo es en absoluto. Es la inclusión que prolifera en el sistema educativo español y va ligada al rendimiento académico del chaval.

“Somos un colegio inclusivo”, dicen en muchos centros, públicos, privados y concertados, que tienen un aula TGD, o simplemente niños con discapacidad y un puñado de profesionales dedicados a ellos. Y no, en una abrumadora mayoría no lo son. Es mentira esa inclusión de la que presumen. Y no lo son porque si esos niños curricularmente se quedan atrás o si necesitan más apoyos, más manos de las que el centro dispone, antes o después les invitarán a largarse de manera más o menos amable. Lo harán sintiéndolo un poco, mucho o nada, pero esos niños dejarán de ser su problema y pasarán a otro centro, probablemente a uno de la vía especial, tal vez a otro centro de la ordinaria que presume de ser inclusivo hasta que el niño no tenga el nivel que ellos son capaces de manejar. Si no tienen suficientes recursos para atenderlos, se agradecería que en lugar de pasar la pelota pelearan por ellos igual que pelean otras cosas que afectan directamente a los profesionales que allí trabajan, como los directores puestos a dedo.

Los niños con discapacidad que han entrado en la vía ordinaria suelen acabar descolgados antes o después. En Infantil hay bastantes, en Primaria menos, en Secundaria aún menos, a la jungla del instituto llegan muy pocos. Sólo 1 de cada 20 cursa Bachillerato o FP. Siempre en función de su capacidad para pasar exámenes. 

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Hoy es el día internacional de los buenos abuelos

Hoy es el día internacional de los abuelos. Un día para acordarnos de los que son buenos, que de todo hay. Conozco abuelos que pasan olímpicamente de sus nietos, que apenas los conocen ni tienen interés en hacerlo. Mejor esos abuelos desaparecidos que esos abuelos malignos que malmeten, critican, malcrían, siembran discordia y discusiones. Los abuelos son simplemente gente cuyos hijos tuvieron hijos, y hay gente de todo tipo como bien sabemos todos. Gente buena, mala y regular.

Pero os decía que hoy es el día de acordarnos de los buenos. Ojo, buenos pero humanos. Que incluso siendo buenos, incluso siendo los mejores, incluso siendo de los que nos sacan a diario las castañas del fuego de la conciliación (ya sabéis, la conciliación no existe, son los padres) a veces nos sacan de nuestras casillas y nos colocan al borde del ‘abuelicidio’, tal vez por prodigar chucherías sin freno, puede que por pasarse nuestros criterios educativos por el forro del chaleco de lana, por su poco cuidado con alergias alimentarias…

Insisto, los abuelos son gente; gente buena, mala y regular, nunca perfecta. Igualito que nosotros, que es una perspectiva que nunca deberíamos olvidar.

Esos buenos abuelos, nuestra familia, nuestra gente, nuestros recuerdos de infancia, la razón de que pisemos el mundo (aunque sea para capturar pokemons), con frecuencia sostén imprescindible, excesivo respecto a lo que les correspondería a su edad y circunstancias. Poca cosa es recordarles un día concreto del año y hacerles trending topic.

abuelosHe tenido suerte. Yo recuerdo los cuatro que tuve, a los cuatro los conocí. También conocí a dos bisabuelos. Aún conservo a un abuelo, a uno de los buenos, de los mejores. Tiene más de noventa años y es una sombra de lo que fue, ya no arranca a cantar viejas canciones asturianas en las sobremesas, camina con dificultad y olvida casi todo lo que se le dice al poco de haberlo escuchado, pero sigue siendo en esencia el mismo: alguien siempre dispuesto a echar una mano, que necesita sentirse útil, algo gruñón pero bondadoso, amante de los niños. Una vida en tiempo de descuento que no acaba de comprender el mundo en el que se encuentra de GPS, televisión bajo demanda y coches que van sin conductor. Mi viejo ferroviario, mi viejo segador en caída libre.

La primavera pasada murió mi abuela, su mujer, la de la risa abierta y mi libertad infantil en Asturias. Unos años antes el padre de mi madre, un extremeño pequeño que sobrevivió a la guerra y hacía a mano el helado más deliciosos que jamás he probado con leche de cabra. Cuando Jaime era un recién nacido, hace casi once años, murió mi otra abuela, la del carácter fuerte y las uñas rojas, tras pelear y perder contra el alzheimer. Todos ellos forman parte de lo que soy en más sentidos de los que soy capaz de abarcar.

Y ahora hay nuevos abuelos, los de mis hijos. También han tenido suerte. No hay abuelos desaparecidos ni malignos. Ojalá hubieran tenido algo más para contar a su lado con mi suegro, que hubiera sido un abuelo estupendo, de los manitas que te fabrican ranchos y casas de muñecas. Pero está su mujer, están mis padres. Abuelos de los buenos, de los que se meten con muleta en el mar en días grises del norte a cambio de un puñado de risas infantiles, de los que generan trending topics, de los que hay que cuidar y querer (y perdonar cuando nos sentimos ‘abuelicidas’) todos los días del año.

‘El silencioso amigo del viento’, el libro que se rebeló y se convirtió en un cuento para niños

Hay libros que no están pensados para niños, pero que los niños descubren y aprecian. Eso ha pasado con El silencioso amigo del viento, un libro ilustrado con galgos que todas sus páginas y que se gestó en 2014 mediante una campaña de crowdfunding y que vio la luz con la intención de ayudar a estos hermosos animales.

Julia lo descubrió en casa al poco de su publicación. Llamó su atención su formato de cuento y quedó fascinada por las preciosas ilustraciones de Rafael Jaramillo. Aquella noche lo leímos, recorrimos sus páginas mientras yo se lo adaptaba y ella se emocionaba con la historia.

“Tengo que hablar de tu libro en el blog, es estupendo para los niños”, le dije a Lisi Gutierrez, su autora, que manifestó sus dudas. Ella no lo había concebido para el público infantil. Y la cosa quedó ahí.

Las pasadas navidades Lisi me escribió: “Me convenciste primero tú y luego la Asociación Amigos contra el Maltrato y el Abandono Animal (AMAA) de que El silencioso amigo del viento sí es cuento para niños”. Y me mandó este enlace a su blog: El silencioso amigo del viento ¿un libro infantil?, en el que contaba que un 2 de abril, día internacional del libro infantil, se había llevado a cabo un cuentacuentos que había sido un éxito.

Claro que sí, claro que es un cuento fantástico, aunque no naciera como un cuento. Hay libros que se rebelan y bien está que así sea. Cuando uno tiene hijos, tiene que estar preparado para que sigan su propio camino.

El silencioso amigo del viento es un cuento con un héroe que las pasa canutas hasta encontrar su final feliz en forma de caricias en el sofá y carreras en la playa; con monstruos y hadas madrinas que existen entre nosotros y conviene aprender a reconocer. No sé vosotros, pero yo enseñaré a mis niños a desconfiar de aquellos que son crueles con los animales.

La obra de Lisi y Rafa es un cuento que crea conciencia, que estéticamente es muy hermoso y que dona parte de lo que obtiene con su venta a protectoras de animales que luchan por un futuro para los galgos que se abandonan y maltratan en este país.

Una pequeña joya en la estantería, una de esas que se prestan con vuelta.

Si hay alguien interesado en el cuento lo puede adquirir por 18 euros en España y 25 al resto de Europa (gastos de envío incluidos) escribiendo a lisienator@gmail.com.

‘La historia interminable’ y el regalo que nos hacen nuestros niños

Atreyu_NeverEndingStoryLa historia interminable se reestrena en las salas de cine. A partir del 22 de julio y coincidiendo con el treinta aniversario de su estreno en España, los padres que quedamos fascinados en la niñez con esta película podemos revisitar nuestra infancia acompañados de nuestros hijos, que probablemente tengan aproximadamente la misma edad que teníamos nosotros cuando la descubrimos por primera vez. Al menos ese es mi caso. Cuando llegó a los cines españoles yo tenía diez años; nueve y siete años tienen ahora mis hijos.

Claro que en casa nosotros ya hemos conocido a Bastian, Atreyu y a la emperatriz infantil. Hace ya un par de años que volvimos a ver la película en casa y comprobé que su magia sigue intacta. Y estoy esperando para poder volver a maravillarme con el libro completo de Michael Ende junto a mi hija. Y hablo del libro completo porque sí que leímos el año pasado a ratitos, cada noche, la primera mitad de la novela, la mitad que recupera la película.

Hay todo un mundo de aventuras sin rodar más allá de la tortuga Vetusta Morla, Fujur, las esfinges y el malvado licántropo. Entiendo que el director Wolfgang Petersen no se quisiera complicar la vida siguiendo a un Bastian muy distinto, que pierde el rumbo y el pasado mientras hace su voluntad en una Fantasía con león de colores. Porque hay muchos personajes inolvidables más allá de la película: los ayayai, Hynreck el héroe, la bruja Xayide…

El libro me fascinó tanto que me fastidiaba no tener la misma inicial en el nombre y los apellidos, porque era un requisito imprescindible para que un niño viajase a Fantasía. “Bastian Baltasar Bux, eres un suertudo”, pensaba hace treinta años, soñando con volar a lomos de un dragón blanco de la suerte o cabalgar un desierto de colores sobre un león mientras pedaleaba sobre mi Orbea azul y amarilla.

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Recuerdos como ese vuelven cuando transitamos con nuestros hijos los rincones familiares de nuestra infancia. Y son un regalo que nuestros niños nos hacen si somos capaces de verlo así. No tenemos torres de marfil, pero sin duda ellos son nuestro Bastian.

La maternidad tiene para mí muchas maravillas, sin la menor duda una es volver a disfrutar con nuestros hijos de historias, en libros o en películas, como La historia interminable, Charlie y la fábrica de chocolate, Dentro del laberinto, Cristal oscuro, Camioneros, Willow, La princesa prometida o Gran Lobo Salvaje.

La maravilla de comprobar que, en verdad, nunca dejamos de ser del todo aquellos niños.

Las fotos dando el pecho ahora tienen un nombre: #brelfie

311310901_62156540cb_bMe gusta que se visibilice el dar el pecho, ese momento que es al mismo tiempo un acto de amor y lo más natural y cotidiano del mundo (o debería).

No me gusta que se imponga y se criminalice a aquellas madres que no amamantan.
Tampoco me gusta que se reste el valor que tiene dar el pecho y se ataque a las que defienden que es la opción más natural y saludable, porque lo es. Me parece tan obvio se puede ser tan buena madre dándolo como cogiendo el biberón que me resulta absurdo tener que ponerlo en negro sobre blanco.

Me guardo para mí las sensaciones de tener a mis hijos junto a mi corazón, vencidos a dulces sueños y regalándome aromas aún más dulces. Y luego las risas, los dientes, las miradas de complicidad… recuerdos que me acompañarán hasta el final, solo míos pese a ser semejantes a los de millones de mujeres.

Confieso que cuando veo a otras madres amamantando, sentadas en un banco esquinado de un centro comercial, en una sala de espera, en la playa, en la calle… me enternece y sonrío para mí, recordándome ahí.
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Volveré a Niza, volveré con mis hijos

azulLa costa azul es muy hermosa. Solo he estado por allí un fin de semana hace ya tres años, pero comprendí la fascinación que siempre ha despertado. Niza es una joya dentro de la costa azul, brillante y preciosa. Me prometí volver algún día, tal vez con mis hijos.

Hoy despierto recordando ese breve paseo por Niza, esa promesa. Recuerdo la piedra y el mar brillando bajo el sol de finales de invierno, veo el horror oscuro que nos ha dejado esta noche y me cuesta asumir que esa matanza ha sucedido en el lugar de mis memorias.

El sol oculto ante el terror.

Veo la imagen de esa niña cubierta junto a su muñeca, la foto que comienza a convertirse en icónica de la matanza que se ha producido esta noche. Los niños, casi siempre los niños.

Dicen que hay más de 50 niños heridos en el hospital. Hollande ya confirmó que había muchos niños entre los muertos. Nuestros inocentes, nuestro futuro.

Veo esa foto y puedo ponerme en el lugar de la persona que la cubrió, que colocó a su lado la muñeca en un gesto de amparo, y me rompo.

De nuevo me duele Francia, mucho. Lleva un año y medio doliéndome demasiado.

No solo me duele Francia. Me duele Túnez, Siria, Grecia, Turquía… Pero Francia me golpea más fuerte, confieso ser humana y pecar de que me afecte más. Francia es un poquito mía, lo es desde que hace tres años comencé a descubrirla y a amarla.

Niza volveré a ti. Volveré con mis hijos para que vean cómo uno se levanta, tantas veces como caiga, más fuerte incluso que antes. Nada ni nadie es irrompible, pero precisamente por eso alzarse de nuevo es aún más hermoso.

‘Fauna’, un juego de mesa para aprender geografía, pesos, medidas y mucho sobre animales

imageHace mucho que no os recomiendo un juego de mesa, y hace mucho que quería hablar de Fauna, así que aquí lo tenéis. Vamos a ello.

Fauna es un juego creado por Friedemann Friese, un autor conocido por su pelo verde y que casi todos sus juegos comienzan por la letra F. Suyo es el fantástico Alta tensión (en alemán debe ser más sencillo lo de la F dice mi santo). Ahora lo edita Devir y se puede encontrar por poco más de 30 euros.

Es un juego fantástico para aprender sobre animales, geografía y pesos y medidas. Ahí es nada. Educativo a más no poder. Y como a muchos niños les encantan los animales y aprender de ellos, pues hay una motivación extra.

El juego trae dos juegos de tarjetas de animales, 360 en total. En todas ellas hay información sobre las zonas en las que habita, su peso, su altura y la longitud de cola (de tenerla, claro).

Uno de los juegos de tarjetas, el negro, trae animales más difíciles por menos conocidos. La colección verde de tarjetas es más sencilla y más recomendada cuando empecemos a jugar con niños.

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YouTube Kids, solo para los niños más pequeños

Screenshot_20160712-123727Nuestros niños usan YouTube. Lo usan desde muy pequeños. He visto a niños con menos de dos años disfrutando de los vídeos musicales de Pica Pica, en la tablet familiar, en su propia tablet (con frecuencia un viejo dispositivo con una buena funda resistente a impactos) o el televisor. De hecho casi toda la televisión que ven Julia y Jaime es vía Netflix o Youtube, apenas ven canales de dibujos convencionales, y he podido comprobar que es una tendencia en aumento.

Cada vez más familias tiramos de aplicaciones como YouTube con una consola, un Chromecast (un cacharrito que te permite poner en la tele lo que tienes en tu móvil o tablet) o una televisión inteligente. Pero a veces pasa que Youtube muestra un vídeo poco apropiado o que encontramos a nuestros niños viendo en la tablet, que manejan con soltura a partir de los tres años o incluso antes, algún contenido que nos hace torcer el gesto. En un despiste mío Julia se me enganchó a esos vídeos absurdos en los que unas manos anónimas abren huevos Kinder uno tras otro para ver qué sorpresa encierran, por suerte pude regatearlo, explicándole de paso lo poco que esos vídeos aportaban. En otro la encontré viendo una parodia bastante poco apropiada de Harry Potter, que ya sabéis que es muy fan.


Por experiencias como la mía, muchos padres estábamos deseando que llegara de una vez YouTube Kids a España, una versión de YouTube largamente esperada con control parental y únicamente con contenidos infantiles que ya ha desembarcado en una decena de países. Ya hablé de ella hace año y medio, cuando se anunció su lanzamiento. Y desde entonces ha vuelto a salir en algunas conversaciones con otros padres que estaban deseando poder echarle un ojo. Justo está disponible para descarga en España desde este mismo miércoles a las 12.30. Y yo llevo un par de días probándola en casa con Jaime.

ipad¿Cómo es YouTube Kids y qué nos ha parecido?

Lo primero: es fantástica para niños pequeños, incluso muy pequeños. A partir de ocho o nueve años es muy probable que un elevado porcentaje de los contenidos les parezcan demasiado infantiles y que echen en falta vídeos a los que están acostumbrados. Aquí no hay youtubers, casi no hay unboxings, apenas tráilers de películas y tampoco vídeos musicales.

Un ejemplo, en lugar de permitir los vídeos musicales que no tienen imágenes o textos poco apropiados, proscribe a todos los que no sean claramente infantiles. A Julia y Jaime les gusta mucho bailar con Katy Perry, con YouTube Kids no van a poder.

Con toda seguridad, un niño de diez años nos mandará a paseo si pretendemos que prescinda de YouTube y se centre en Youtube Kids. Ojalá hubiera una aplicación para niños mayores o preadolescentes, como queráis llamarlos, que permita ver los tráilers de Los Vengadores, los youtubers más inofensivos, vídeos musicales aptos…  O al menos la opción de incluir cierto control parental en el YouTube clásico para ellos.

No sé vosotros, pero a mí casi me preocupa más un niño de nueve años que uno de cuatro con una tablet con YouTube en sus manos.  De momento esos niños que ya están encaminándose a la adolescencia o empezando a nadar en ella tendrán que seguir en la jungla del YouTube adulto con al supervisión (ayudada o no de herramientas tecnológicas) que los padres y tutores podamos dar.

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‘Broks’, el viejo Mecano evolucionado para disfrutar construyendo en familia

imageNunca hemos sido muy dados a los juguetes de construcción. Tampoco hemos sido en casa de puzzles. Con Jaime, durante las sesiones de trabajo en casa o en atención temprana, se intentó mucho interesarle por encajables, pequeños puzzles y construcciones sin éxito. A Julia nunca le llamaron la atención hasta hace un año que Playmobil y Lego se empezaron a abrir camino en casa, tanto por los muñequitos y el puro juego como por la construcción.

La caja de Broks llegó en buen momento. Según la vio Julia sobre la mesa quiso, toda entusiasmo, que montásemos alguno de los vehículos de este moderno y evolucionado Mecano. Montásemos, así en plural, porque acabamos su padre y yo levantando lo que eligió.

Broks es un juguete recomendado para niños de entre cuatro y nueve años. Julia tiene siete y es incapaz de hacerlo sola. En parte por la dificultad de las instrucciones, que están bien ideadas para no dejarlo todo meridianamente claro y así hacer pensar un poco más a los que lo están montando, no por nada a los diez  modelos los llaman retos, pero que impide que la mayoría de los niños jueguen solos.

Ahí está el que eligió Julia.

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Probablemente si lo volviera a montar le resultaría más fácil saber cómo hacerlo. Y siempre está la opción de inventarse ella sus propios vehículos o construcciones. Jugar en modo libre, vamos.

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