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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

Dejad que los niños se acerquen a Harry Potter

El primer libro de la saga de Harry Potter llegó a las librerías un día como hoy de hace 20 años. El 26 de junio de 1997 el joven mago y sus amigos dieron sus primeros pasos para convertirse en iconos de la cultura popular, al nivel en el imaginario colectivo moderno de Luke SkyWalker, Han Solo y Leia. También tres, también una chica entre ellos y también un romance por medio y elementos que se podrían considerar mágicos.

No imaginaba J.K. Rowling, a la que sigo en Twitter porque derrocha inteligencia, sensibilidad y sentido común, la que iba a liar a nivel mundial con esos niños nacidos de su imaginación de madre reciente británica. Igual que George Lucas no soñó con el éxito que tendría Star Wars, ni mi querido Tolkien o el inigualable Stan Lee con sus creaciones. Los padres no conocemos de antemano hasta dónde llegaran nuestros vástagos, ningún tipo de vástago.

Para leer en español el primer libro, uno de los más vendidos de la historia (y seguramente más leído que otros que se han vendido más), hubo que esperar casi dos años. Fue en 1998 cuando se editó traducido Harry Potter y la piedra filosofal. A mis manos llegó en agosto por recomendación de un amigo, gran lector. Por aquel entonces yo tenía 22 años. No fui de esa generación que creció al mismo tiempo que el mago, aunque hubiera sido bonito.

– Léelo, que está muy bien.
– Pero si es un libro para niños…

Le hice caso y lo leí. Lo devoré de una sentada, porque, efectivamente, por temática y estilo es un libro infantil; el más infantil de una saga cuyos personajes y forma de narrar fueron oscureciéndose, volviéndose complejos según crecían, según crecíamos sus lectores enganchados a una historia aparentemente simple, a unos protagonistas carismáticos pese a ser poco revolucionarios, a un mundo que parecía inspirado en cierto modo en las novelitas de internados ingleses tipo Torres de Malory que heredé de niña de manos de mis primas mayores (y que, por cierto, han vuelto a reeditarse) e incluso un poco a Los cinco, pero en tres y con búho en lugar de perro.

Voldemort, Hagrid, Private Drive, Draco Malfoy, Dumbledore, Hogwarts, el autobús noctámbulo, Fawkes, Luna Lovegood, el callejón Diagon, Hedwig, Olivander, Neville Longbotton… Probablemente el gran mérito de J.K. Rowling fuera idear un mundo y unos seres que lo poblaban con recovecos, detallados, con personalidad. No teníamos tres héroes sobre un fondo gris interactuando con figuras fantasmales. Todo era rico, casi masticable.

Y se quedaba grabado.

Resulta curioso que las críticas fueran mayoritariamente muy positivas para los primeros libros, sobre todo para el primero. Según su éxito se disparó, proliferaron las reseñas negativas, las que tachaban la escritura de Rowling de poco pulida, de comercial, de producto de consumo, de tener agujeros e incongruencias.

Para mí, que no considero que sean libros perfectos ni mucho menos, pesa más que la posible falta de excelencia literaria lo mucho que la escritora ha hecho por afianzar el amor por la lectura entre niños y jóvenes. Según una encuesta elaborada en 2006 por Kids and Family Reading Report y Scholastic, el 51% de los lectores de Harry Potter de entre 5 y 17 años que no había leído nunca nada antes por placer, siguió leyendo y disfrutando al hacerlo.

Acabo de cambiar de idea. Probablemente el mayor mérito de J.K. Rowling sea haber creado un pequeño ejército de lectores.

Las películas llegaron antes de que fuera madre. La primera en 2001. Las vi con el que ahora es el padre de mis hijos religiosamente según iban llegando a los cines. Y las volvería a ver hace casi tres años con mi hija, que quedó hechizada por la misma magia, tanto que su séptimo cumpleaños estuvo centrado en el mundo de Potter.

Las películas también han creado lectores. Hace dos años, cuando Julia tenía seis, leímos el primero de los libros por la noche, en su cama. Capítulo a capítulo en voz alta. Yo, redescubriéndolo como un libro infantil que sigue siendo recomendable. Mi hija descubriendo que su imaginación unida a la de un escritor supera cualquier experiencia cinematográfica, por buena que sea.

Leed Harry Potter y la piedra filosofal. Leedlo con vuestros hijos. Regalad este libro a los niños. Dejad la puerta abierta a su magia, para que cuaje el amor por los libros, por soñar acunado por palabras ajenas.

Carta a mi hija de ocho años

Nunca te diré que, por haber nacido mujer, debes amar a los hombres. No lo haré ahora ni lo haré jamás según vayas creciendo.

Nunca te diré que elijas a un hombre para compartir tu vida, porque es lo natural, lo más fácil, lo que hará que encuentres menos piedras en tu camino. Son mentiras.

Cuando seas mayor te recordaré que hace muchos años, cuando tenías apenas seis años, cruzamos un Madrid lleno de banderas multicolores y me preguntaste qué eran esas banderas. “Es una bandera que dice que podemos amar a quién queramos, da igual quién sea”, te contesté. Y lo entendiste. Claro que sí. Lo que no es natural entender, lo que hay que aprender a ver en contra de lo que el corazón nos dicta, es lo contrario, que no puedes amar a aquel al que el corazón te diga.

Ama a un hombre o a una mujer, ama a quien quieras mientras te haga feliz, mientras ilumine tu rostro cuando le veas y te haga crecer por dentro y por fuera.

Sí que te diré cómo debes amar. Sin celos, porque los celos no son amor, son posesión e inseguridad. Con generosidad, sabiendo que nadie es perfecto. Sin hacer de menos al otro para imaginarte tú mayor. Apoyando y no restando. Respetando su espacio. Buscando la bondad, tan infravalorada. Haciendo fácil lo difícil y no complicando lo que es sencillo.

Ama a un hombre o una mujer, ama a quién quieras siempre que no te cele, porque no eres la posesión de nadie y es mejor estar con alguien que confía en ti. Que sea, hombre o mujer, pero alguien generoso, que no te haga de menos, que no ponga en duda que puedas alcanzar tus sueños, que respete tu espacio, que también valore la bondad y el hacer fácil lo difícil sin enredarse en complicaciones innecesarias.

Ama como quieras que te amen a ti.

 

(JORGE PARÍS)

‘La decisión de Sophie’, la huella de la maternidad #unoalmes

La decisión de Sophie es un libro de William Styron que suelo recomendar. Yo lo descubrí adolescente, en una edición que rodaba por casa del Círculo de Lectores que fue propiedad de mi madre, un par de décadas después de que fuera un bestseller y cuando ya había pasado una década del estreno de la película de Alan J. Pakula protagonizada por Meryl Streep, Kevin Kline (fue su debut cinematográfico) y Peter MacNicole.

Imagino que tanto la película como el libro suenan como algo ‘viejuno’ y poco atractivo teniendo tanta oferta de lectura y entretenimiento audiovisual reciente, pero ambos productos merecen la pena.

El libro, publicado en los setenta, es absorbente y da unos volantazos que te llevan desde la historia de un aspirante a escritor convertido, por su trabajo en una editorial, en el primer muro con el que se encuentran otros escritores que quieren publicar, a la compleja historia de amor y dependencia de dos seres rotos y recompuestos y al horror de un campo de exterminio en la Segunda Guerra Mundial. Volantazos que conducen de la risa al llanto sin que la historia se salga del carril, una historia cuyo núcleo es la maternidad, por mucho que apenas aparezca ningún niño.

Un libro que se lee ágil, con un inicio maravilloso y una complejidad que se digiere con facilidad, que cuenta con un narrador, en los límites del protagonismo, dibujado con destreza, igual que el resto de los personajes. Un tipo inolvidable que en la película se diluye.

William Styron (1925-2006) fue uno de los mejores escritores americanos de su generación. Combatió en Japón en la Segunda Guerra Mundial y escribió su primera obra Tendidos en la oscuridad, con solo 26 años. Además de por el éxito de ventas internacional que fue La decisión de Sophie, se le conoce por Confesiones de Nat Turner, ganadora de un Premio Pulitzer.


El libro lo leí un par de veces antes de ser madre, pero la película no la vi hasta hace pocos años, teniendo ya a Julia y Jaime. Y tiene la escena más dolorosa de ver que yo recuerde en una película.

La película, de 1982, le valió un Óscar a Meryl Streep. Francamente lo merece. Su retrato de una mujer polaca, fascinante y quebrada, incluso cuando ya se encuentra a salvo en Estados Unidos y es amada, es perfecto en todo momento. Pero solo por la desgarradora escena del tren ya lo merecería.

Y, ojo, que a partir de aquí hay spoilers. Si alguien no ha leído el libro o visto la película y desea hacerlo sin saber nada del argumento, mejor si deja de leer.

La decisión de Sophie es la historia de una madre, porque una no deja de ser madre aunque haya perdido a sus hijos. La decisión de la protagonista, a la que hace referencia el título, fue tener que elegir a cuál de sus niños salvar la vida.

Solo uno de sus hijos podía quedarse a su lado, por decisión de un oficial sádico. El otro se separaría de ella e iría directamente a encontrarse solo con la muerte. Si ella no era capaz de elegir, deprisa, en ese mismo instante, morirían ambos.

Sophie sacrifica a su hija, más pequeña y más débil, para conservar a su lado a su hijo varón, mayor y más fuerte. También él moriría finalmente, pero esa decisión que tuvo que tomar y la pérdida de sus niños la marcaría para siempre. Como habría marcado a cualquier madre.

Lo lees, lo ves siendo madre de más de un hijo, y el corazón se te parte en dos imaginándote en esa misma situación imposible.

La única decisión posible es la de la protagonista. Optar por mantener a tu lado al niño con más posibilidades de sobrevivir.

Y yo tengo claro, teniendo ese criterio en cuenta, a cuál hubiera elegido. Y solo pensarlo me resquebraja. Aunque la realidad es que no me habría visto jamás enfrentada a esa decisión, habrían elegido por mí. Las personas con discapacidad fueron masacradas por los nazis en igual medida, o aún peor, que otros colectivos.

Los niños se ahogan en silencio #ojopequealagua

El ahogamiento en niños es SILENCIOSO: tu hijo se puede ahogar sin que chille o llame la atención. Es un mito que los niños pataleen o pidan ayuda, eso no suele pasar. Los niños se ahogan y nadie se entera. Esto debería decirlo algún famoso a ver si de una vez las personas se conciencian. Suelen mover las rodillas o ponerse rectos para intentar sacar la cabeza. No suelen llamar la atención por el cansancio o por el miedo. NO AVISAN.

Eso leí al pediatra José Mª Lloreda, que escribe el recomendable blog Mi reino por un caballo en su post más reciente: La piscina. Un texto que debería ser de lectura obligada de un profesional que ha vivido estas desgracias en primera persona.

Cuando estaba en UCI pediátrica vi muchos ahogados (era una ciudad marítima), algunos fallecieron, y otros quedaron con secuelas muy graves. Todos repetían lo mismo “no sabían cómo había pasado”, “solo salí un segundo”, etc etc.

Eso leí y aunque no soy ninguna famosa, tengo un blog y puedo hacer reverberar el eco de su escrito, para alcanzar una mayor concienciación.

Los niños se ahogan. Lo hacen con frecuencia en silencio. El doctor Lloreda compartió un vídeo de un informativo que mostraba a un niño de cinco años ahogándose en una piscina llena de gente en Helsinki. Nadie se dio cuenta de lo que le pasaba al pequeño. Un vídeo muy duro, durísimo, pero bienvenido sea si nos ayuda a mentalizarnos de la importancia de no perderles de vista si están en el agua, de no confiarnos en que pedirán auxilio, en que nos alertarán de alguna manera.

Los niños mueren ahogados y lo hacen con más frecuencia de lo que creemos. Muchas veces se trata de desgracias que se podrían haber evitado de haber seguido unas recomendaciones básicas de seguridad.  Desgracias que volverán a salpicar los medios de comunicación este verano. Desgracias que justifican que insistamos en que no hay que bajar la guardia.

Ojo al gráfico de Ahogamiento.com, un 30% no tenían ninguna supervisión.

Estas son las recomendaciones a tener presentes cuando se juntan agua y niños que el doctor Lloreda recoge en su post (un post que conviene leer entero) y que me ha permitido compartir:

  • Un adulto responsable debe vigilar a los niños y vigilar no es estar por allí guasapeando y subiendo fotos a instagram. Solamente se necesitan unos segundos para que un niño se ahogue. Esta persona no debe atender llamadas o ir un segundo al baño sin dejar a otro adulto al cargo. En esos “si solo me fui un segundo” suceden las cosas.
  • No relajes la vigilancia, en casi todos los ahogamientos en niños hay un adulto que se ha distraído. Aunque sea por no tener que pasar por ese momento, no lo hagas.
  • No dejes a los niños cerca del agua mientras haces otras cosas. Los ahogamientos suceden muy rápido. A veces alguien te dice que el niño es muy bueno y que nunca se metería solo. Claro, pero sigue siendo un niño.
  • Evita supervisar a los niños si estás bajo los efectos del alcohol u otras drogas. No reaccionarás igual.
  • Pon cercas en las piscinas, con puertas que tengan cierre automático. Valora poner alarmas en esas puertas para los periodos sin baño.
  • Aprende nociones básicas de reanimación.
  • Enseña a nadar a tu hijo o a mantenerse a flote y usa chalecos salvavidas homologados. Dejar al niño con un flotador en la piscina no es vigilarlo. Ningún sistema sustituye la vigilancia de un adulto.
  • Si te bañas en playas con socorrista, sigue las instrucciones: rojo es prohibido. Y no, no eres Michael Phelps.
  • Cuando no uses la piscina, saca todos los juguetes y cosas que puedan llamar la atención al niño y hacerle caer al agua. El niño de antes que nunca se metería puede querer coger un juguete o una pelota. Y sin querer meterse hasta el fondo.
  • La responsabilidad de los niños ES TUYA, no del socorrista. Es tan frecuente hoy día dar la responsabilidad a otros, que los padres a veces no tienen culpa de nada. Pues no. Los padres son muy responsables sobre la vida de sus hijos. A veces cuando un padre quiere irse con su hijo de alta voluntaria, le decimos que tiene que firmar un papel donde dice eso, que el padre se va en contra del criterio médico, y muchos no lo firman o no se van. Como si la responsabilidad le abrumara por firmar el papel.
  • No dejes solo al bebé en la bañera, ni confíes en que otro niño mayor lo vigile.
  • No dejes un cubo o una bañera llena sin supervisión.
  • No utilices asientos para la bañera sin supervisión. El bebé puede resbalarse y ahogarse.
  • Los flotadores, los churros y otros dispositivos dan una falsa sensación de seguridad. No son sustitutos de la supervisión de un adulto.


Los mapas y los gráficos proceden de Ahogamiento.com. no se incluyen los ahogamientos en los que las víctimas son migrantes o refugiados que intentan llegar a España por mar.

“Lo de que la ansiedad por dejar el tabaco es peor que fumar un poco en el embarazo es una leyenda urbana”

En un contenido publicado el pasado viernes que hice sobre la muerte súbita del lactante y cómo evitarla, salió el tema del tabaco. Surgió hablando con la doctora Isabel Izquierdo Macián, neonatóloga y  coordinadora del Comité de Muerte súbita Infantil de la Asociación Española de Pediatría, cuya labor es estudiar la muerte súbita y, sobre todo, prevenirla.

Al recorrer con ella las recomendaciones a seguir para intentar sortear al fantasma terrible de la muerte súbita, me dijo: “La madre no debe de fumar ni un cigarrillo en el embarazo, altera los ganglios que hay en la base del cerebro, una zona que regula los despertares. Y prohibido también en el ambiente en el que el niño cohabita”.

Cuando le comenté que abundaban las embarazadas que sostenían que era mejor encender algunos cigarrillos antes que dejarlo del todo porque la ansiedad de quitarse el vicio es más perjudicial para el niño que fumar un poco, no daba crédito a que hubiera ningún obstetra que refrendase esa leyenda urbana, bastante extendida y de la que hablé en este blog hace casi diez años.

Al compartir ese extenso reportaje en redes sociales me encontré con que @Nutri_Daniel destacaba precisamente esas pocas líneas:

Y pensé que tenía razón, que el tema merecía más que unas pocas líneas, así que me fui a las recomendaciones para embarazadas de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia:

Durante el embarazo debe evitar las bebidas alcohólicas y el consumo de otras drogas por ser perjudiciales para usted y, especialmente, para su hijo. Igualmente resulta nocivo el consumo de tabaco, por lo que si es fumadora deberá dejar de fumar.

Lo dejan clarísimo: si es fumadora deberá dejar de fumar. Pero lo mismo es una recomendación tan parca que los hay que achacan que hay letra pequeña que no estoy contando, así que contacté con Sofía Fournier, ginecóloga en Salut de la Dona Dexeus, en el Hospital Universitario Quirón Dexeus, un centro pionero en la obstetricia moderna, y autora del libro ¡Voy a ser mamá! ¿Y ahora qué?.

Obviamente lo mejor en el embarazo es cero tabaco. El tabaco obstruye la circulación arterial, puede favorecer la aparición de microinfartos placentarios, la preeclampsia, hay una asociación directa con el nacimiento de bebés más pequeños de lo normal. Esa leyenda urbana no es verdad. A una gran fumadora de 20 cigarrillos lo más que yo le puedo decir es “no te agobies si fumas 1 o 2 cigarrillos”. Pero no por la ansiedad por dejar de fumar, que no va a afectar en absoluto al feto.

Y la doctora Fournier añade el alcohol a la ecuación:

La leyenda urbana es similar con el alcohol: “Me ha dicho mi ginecólogo que por una copita de vino no pasa nada”. Alcohol cero. Tiene un papel muy importante en la migración de las neuronas. Agrede a la formación del sistema nervioso central.

Cuando pregunto si cree que puede haber algún ginecólogo que sí que haga esas recomendaciones, asiente, pero refiriéndose al alcohol:

 Mi madre es ginecóloga y entonces sí se decía que por una copa no pasaba nada. Y ella a mí me ha dicho: “yo bebí alguna de vez en cuando y mira lo lista que me has salido, que eres médico”. Seguro que hay algún profesional desactualizado que sigue recomendando estas cosas, aunque sea nuestra obligación actualizarnos. A ver, que por tomarse una cerveza puede que no vaya a pasar nada. Pero mejor si se puede evitar.

Y para cerrar el asunto contacté con la doctora María Alcázar, especialista en diagnóstico prenatal y diagnóstico de bajo peso ecográfico, que también tuvo la amabilidad de contestarme.

Me he encontrado con esa leyenda urbana muchas veces. Lo dicen las madres fumadoras y siempre hay algún médico que les ha dicho que es mejor fumar un poco a la ansiedad dejarlo. Es totalmente falso. Ni siquiera un médico fumador lo diría. Es una leyenda urbana. El tabaco no produce una dependencia tan física como otro tipo de droga, es psíquica. No hay un síndrome de abstinencia y una calada ya afecta al feto, está totalmente comprobado. Veo que el niño es pequeño en la ecografía y te dicen “solo fumo tres cigarros”. Pero es que el feto se fuma el triple.

El tabaco es para mí maltrato infantil, es una violencia al feto. Fumar en el embarazo es robarle el oxígeno. Es muy parecido a no darle suficiente de comer cuando nazca. Tienen más riesgo de tener problemas de tiroides, obesidad, diabetes… Problemas endocrinos que vienen del cerebro. El tabaco también entraña más riesgo de desprendimiento de placenta y muertes fetales y de prematuridad.

¿Qué es lo que sucede con esas embarazadas que han seguido fumando y se encuentran con algún problema en la ecografía?

La mayoría de las mujeres dejan de fumar cuando están buscando el embarazo. Es lo ideal porque el tabaco disminuye la fertilidad mucho. Hay muy pocas mujeres que siguen fumando en el embarazo. La leyenda urbana de que la ansiedad es peor es un autoengaño, pero hay gente que se autoengaña y sigue fumando, y en cuanto le dices que el niño es pequeño o ves arterias obstruidas en el útero o que le pasa algo a la placenta, la mayoría sí que se asustan y dejan de fumar. Pero eso no hace que se revierta la situación.

Y la doctora Alcázar recuerda otros mitos existentes, relacionados con el tabaco aunque no con la maternidad, que también comedirá erradicar.

Otra leyenda dice que si fumas menos de cinco cigarrillos al día no vas a tener ningún efecto de salud. Y hay otra que dice que cuando llevas un año sin dejar de fumar ya no vas a tener ningún problema relacionado con el tabaco.

(GTRES)

Nuestros niños no van al colegio y al instituto a sudar como pollos y aprender a hacer abanicos de papel #CalorenlasAulas #OladeCalor

Camino al cole en Lleida. (EFE/Adria Ropero)

El pasado jueves mi hija salió del colegio encendida y sudando como un pollito. Ya tienen jornada continua y va a comer a casa. Ese día no comió, se sentía mareada. Habían tenido ‘Educa’ no mucho antes de salir y les habían tenido corriendo por el patio bajo la solanera. Esta semana comenté a su tutora que el jueves iba a ser especialmente caluroso, más aún si cabe que los días previos, y coincidió en que habría que buscar un plan alternativo y a la sombra.

Este junio ardiente está convirtiendo el final de curso en gran parte de España en un suplicio. La mayoría de los colegios públicos no disponen de aire acondicionado y en ellas es fácil que haya cerca de treinta seres humanos de distinto tamaño aguantando como pueden unas temperaturas inusitadamente altas a estas alturas del año.

Temperaturas que hacen que entiendas que en gran parte del territorio español no haya clases los meses de verano, sobre todo tras leer que está habiendo numerosos casos de mareos, vómitos y golpes de calor en algunos colegios de Madrid por las altas temperaturas.

Y así estábamos, aguantando el tipo y pensando que,de seguir el innegable cambio climático llevándonos de la mano al infierno, instalar aire acondicionado en las aulas iba a ser una necesidad insalvable, cuando el consejero madrileño de Sanidad, Jesús Sánchez Martos, recomendó abanicos de papel contra el calor en las aulas, “Como cuando éramos pequeños, dobla, dobla y dobla y ya tienes un abanico”, porque además “tener aire acondicionado puede provocar daños en los ojos o en el cuello a los alumnos”.

Tal que así (habrá que tomárselo con humor):

Vamos, que el aire acondicionado es muy malo para la salud, y abanicándose y bebiendo agüita no debería haber problema.

Efectivamente, problema no debería haber, si a lo que se refiere es a evitar que niños y maestros acaben ingresados graves en el hospital. Lo mismo también es partidario de eliminar la calefacción, que bien abrigado, con un buen jersey de lana, también se puede estar en el cole en invierno como cuando él era pequeño.

Pero es que a  los colegios e institutos se va a estar bien, para poder jugar y aprender. Y no a aprender papiroflexia precisamente. Y los trabajadores de los centros van a trabajar, no a convertirse en aguadores deshidratados. 

Me pregunto qué opinaría el doctor Sánchez Martos si le privamos estos días del perjudicial aire acondicionado en su coche, su casa y su despacho, y le entregamos a cambio un bonito abanico de papel. A ver si es capaz de ser igual de productivo en su trabajo y de conservar el mismo buen humor con el que recomendó lo de “dobla, dobla y dobla”.

Dudo que se prestase a hacer semejante experimento, pero si se anima, esta misma tarde mi hija y yo le fabricamos un abanico precioso.

¿Veríais versiones ‘limpias’ de películas con vuestros hijos o preferís esperar a que crezcan?

Esta semana mi compañero Carles Rull contaba en su blog vecino, dedicado al cine, que Sony va a lanzar versiones libres de sexo, palabras malsonantes y violencia explícita de sus películas para un mercado familiar.

Hablamos, entre otras, de películas míticas como Los Cazafantasmas o todos los Spiderman. Y de momento esas versiones ‘lavadas’ estarán disponibles solo en Estados Unidos, en plataformas digitales.

En su texto Carles Rull se lamentaba de esa poda, que altera (a peor) un contenido cultural. Pero planteaba que tal vez permitiera verlas con niños.

Puede que haya un público que demande este tipo de versiones o que les atraiga la idea de poder disfrutar sin “sobresaltos” de una película en familia o con niños pequeños, aunque a veces no sean precisamente los más pequeños los que se ofenden con según que vocabulario, escenas o personajes (poco modélicos).

Así que he decidido traer a este post esta cuestión, me gustaría saber qué os parece la idea. Si creéis que es buena cosa eso de ampliar la oferta de ocio audiovisual familiar a base de sacar tijera.

Yo no lo veo necesario. Creo que la oferta existente ya es suficientemente amplia con lo que se produce a día de hoy. Y siempre tendremos un pasado apto a nuestro alcance. Con Julia he visto y redescubierto maravillas como La historia interminable, Dentro del laberinto, Cristal oscuro, El último unicornio o Willow. La lista es enorme.

Prefiero esperar unos pocos años, que no son tantos, y ver la versión original e íntegra de Los Cazafantasmas cuando crezca que exponerla a otra cercenada. Corriendo el riesgo de que esa película mutilada fuera la que quedara en su memoria cinéfila.

¿Y vosotros? ¿Os parece buena idea la de Sony? ¿Veríais versiones ‘limpias’ de películas con vuestros hijos o preferís esperar?

¿Creéis que los padres tratan diferente a sus hijos pequeños, en función de si son niños o niñas?

Si me preguntáis a mí, lo cierto es que cómo tratamos a nuestros hijos, si establecemos diferencias en la crianza de niños y niñas, me parece una realidad compleja, que depende en función de cómo sean esos padres, sus creencias y carácter, de cómo sean sus hijos, cuántos tengan… y no únicamente de si ese hijo es portador o no del cromosoma Y. De hecho me inclino a creer que ni siquiera tratamos igual a todos nuestros hijos, aún siendo del mismo sexo y por mucho que lo pretendamos.

Por cierto. Una puntualización: cuando hablo de padres, van incluidas también las madres.

No obstante, tampoco me choca lo que sostiene un reciente estudio de la Emory University de Atlanta del que quería hablar desde hace una semana y que recogió este fin de semana mi vecino de blog Javier Yanes.

Os recomiendo que le leáis, porque lo explica divinamente, y os resumo un poco lo que planteaba: tras controlar las interacciones de los padres (solo hombres en este caso) con sus hijos pequeños durante 48 horas, los investigadores encontraron que efectivamente los padres hablaban y jugaban muy distinto dependiendo de si eran niños o niñas.

Los padres de las niñas pasaban un 60% más tiempo atendiéndolas activamente. También hablaban mas abiertamente sobre sus emociones.

Los padres de los chicos en cambio pasaban tres veces mas tiempo jugando de forma ruda con ellos y tienden a emplear más a menudo palabras vinculadas a logros, como “win,” “best” o “proud” y están menos atentos a las necesidades emocionales de sus hijos.

Más detalles: al escanear a los padres participantes en el estudio cuando se les mostraban imágenes de sus hijos e hijas con expresiones felices, tristes y neutras, las áreas del cerebro asociadas con la regulación de emociones se iluminaban más en el caso de los padres de niñas.

Y ahora tengo dos preguntas. La primera va dirigida a los que sois padres de niños y niñas. ¿Notáis que los tratáis diferente, aunque sea algo sutil?

Yo tengo hijo e hija, pero no puedo contestar basándome en mi experiencia. El hecho de que Jaime tenga autismo creo que altera bastante la ecuación. Un amigo que tiene hijo e hija me decía cuando le hablaba de este estudio solo medio en broma que cuando sí se iban a notar las diferencias era cuando llevasen a sus primeras parejas a casa… Un clásico de las chanzas.

La segunda es para todos. ¿Creéis que esas sutiles diferencias influyen en las personas en las que se convertirán luego?

Es posible que sí, es posible que no en todos los casos pero sí en muchos. También puede ser que suceda como cuando os hablaba de que en mi casa sí que vemos películas de princesas y no temo que, porque mi hija haya visto y disfrutado con Blancanieves, su objetivo en la vida no vaya a ser cocinar, fregar y encontrar un príncipe. Ella es hija de su tiempo

(GTRES)

Millenials, no os preocupéis por las palabras necias

Soy de lo que se llamó la Generación X. Podría ser madre de algún millenial, aunque tendría que haberme dado mucha prisa.

Aún me da reparo hacerme selfis, me siento un tanto imbécil cuando me pongo ante el móvil para hacerme una foto, y me acuerdo de una sensación similar y ya superada hace mucho cuando tuve mi primer teléfono móvil con 21 años, al empezar a trabajar estando aún en la universidad. Era un Alcatel One Touch Easy verde pistacho que cambió mi modo de obrar: no tenía que presentarme a ciegas si había quedado con alguien y esperar sin saber o correr agobiada sin poder avisar si llegaba tarde, mi cerebro podía dedicar a otros asuntos el espacio que antes reservaba a recordar la ubicación de las cabinas.

Recuerdo que iba en el tren de Cercanías y daba bastante apuro si el móvil sonaba. Todo el mundo giraba la cabeza, te miraba mientras hablabas bajito y rápido. Algo avergonzada por dar la nota.

Las cosas han cambiado bastante y ahora mi móvil pistacho es un juguete infantil que favorece el juego simbólico. Una vez explicas a los niños que eso es un teléfono móvil claro, porque viéndolo no acaban de averiguar de qué se trata.

Ese móvil no tenía Internet, estaba muy lejos de tener un móvil con el que poder hacer algo más que llamar o enviar mensajes de texto, pero sí que tenía Internet en casa. Primero con Infovía en mi 486, sufriendo caídas y lentitudes. No había redes sociales, pero teníamos el IRC y recuerdo bastantes noches de sueño perdido charlando con gente con la que compartía intereses. ¿Qué habrá sido de ellos? Ya llevaba unos años trabajando cuando vi aparecer un nuevo buscador extremadamente sencillo y con buena pinta llamado Google, que sustituiría pronto a Yahoo!, Ya o Terra en nuestra página de inicio. Y no teníamos Spotify, pero apareció Napster, lo amamos y lo lloramos cuando la industria discográfica se lo cargó.

Mi generación fue la que creció viendo crecer a los videojuegos. Pasamos de maravillarnos con el Prince of Persia a asombrarnos y disfrutar con Monkey Island, El día del tentáculo, Wolfenstein o Quake. Y luego con Tomb Rider o Splinter Cell. Y así hasta ahora. Un privilegio que otros no tendrán.

Y la generación para la que la música fue portátil, fue una compañera constante cuando nos movíamos por la ciudad. Mi walkman era una de mis posesiones más preciadas, también las cintas que algunos amigos me grababan con sus canciones favoritas.

También los videojuegos fueron portátiles. Yo llevaba mi GameBoy en el bolso junto al walkman y algún libro.

Empezamos a trabajar y muchos de nuestros trabajos eran incomprensibles para nuestros padres y abuelos. Nuevos oficios vinculados a la tecnología. Igual que les resultaba incomprensible que nos gustara cierto tipo de música o que llevásemos los vaqueros rotos.

Hace veinte años de todo aquello. Y ya entonces recuerdo a algunos de nuestros mayores, muchos con púlpito mediático, pontificando, sacando conclusiones precipitadas sobre nosotros.

Éramos adictos a Internet. Éramos adictos a los videojuegos. Estábamos desconectados del mundo real. Nos íbamos a quedar sordos a los cuarenta. Solo queríamos divertirnos y huíamos de las responsabilidades. Teníamos pocos hijos y demasiado tarde. Éramos unos cómodos. Nos lo habían dado todo regalado nuestros padres. Si trabajábamos en algo relacionado con nuevas tecnologías nos miraban por encima del hombro.

No os preocupéis millenials. Que no os importe lo que os digan esos mismos u otros desde similares parapetos. Bastante preocupación supone ya avanzar por este mundo persiguiendo la felicidad sin empujar a otros.

Solo espero no acabar desarrollando con la edad la misma estrechez de miras que esos que parecen creer que unos pocos años de diferencia y el avance de la tecnología nos convierten en extrañas especies de seres humanos diferentes.

Las vacunas no causan autismo, Javier Cárdenas, las vacunas salvan vidas y tenemos la responsabilidad de transmitirlo así

No escucho a Javier Cárdenas. No por nada. Simplemente no lo hago. Pero sí que he estado oyendo la conclusión de su programa diario después del aviso de Estela Jisela por Twitter.

Así que he buscado su programa y me he puesto los últimos minutos, en los que reflexiona lo siguiente (la transcripción, literal, es mía):

“Una reflexión más que interesante, sobre todo a los que nos toca de cerca. Ya lo dijo incluso Obama, el autismo se ha convertido en una epidemia. Para que veas hasta qué punto algo se está haciendo mal. Seguro. Desde un punto de vista de vacunas, como muchos sostienen esta teoría y es una teoría apoyada en hechos importantes; que tienen metales pesados que los niños no saben absorber, que sus cuerpos no saben absorber. O por la razón que sea. Pero en Estados Unidos han aumentado un 78% en los últimos diez años.  ¡Un casi 80% de los casos de autismo! Y obviamente no han aumentado de casualidad”.

A continuación se escucha un corte con audio latino que da el dato del incremento, especialmente en las comunidades afroamericana y latina. Incremento no necesariamente en el número de casos, sino en su localización y diagnóstico. Y sigue hablando.

“¿Hay que esperar mucho más para actuar? ¿Para investigar y para comparar? Por mucho que sean lobbies enormes, ¿qué pasa con las vacunas por ejemplo? Porque a la mayor parte de niños les ocurre siendo muy pequeñitos.  Es decir, nacen, son como otros niños, totalmente normal, y cuando pasa el tiempo, sobre todo una gran parte de ellos a raíz de las primeras vacunas, comienza ese calvario para tantas familias. Te lo dice alguien que le ha tocado muy de cerca, muy, muy de cerca. Así que algo está ocurriendo  pero que no es casualidad. No entiendo  como no se investiga de forma realmente… Es decir se sabe el dato, pero se está como dejando, como dejando. Y no se puede permitir. Es una epidemia lo que está ocurriendo. Ya no en Estados Unidos. En nuestro país. Como aumenta de una forma tremenda. Hay asociaciones que se dejan la vida por ayudar a personas con autismo. Tremendo, de verdad”.

Vayan por delante todos mis ánimos Javier (permite que te tutee, es lo que he visto que tú sueles hacer y lo hago con respeto). Es complicado cabalgar a lomos del dragón azul del autismo, es cierto. Aunque también se puede ser feliz y disfrutar de la vida durante el viaje. Cuentas con mi respeto dado que amas a alguien con autismo, dado que te preocupas por él. Parece que eso lo tenemos en común.

Es cierto que hay asociaciones que se dejan la vida por ayudar a personas con TEA. Es también cierto que toda investigación es poca, que todo lo que se pueda avanzar es bienvenido. Es un camino lleno de oscuridad, en el que nadie te lleva de la mano, en el que se sientes huérfano de ayuda médica. Y en el que corres el riesgo por tanto de equivocarte de antorcha, aferrándote a una que ilumina  y te hace avanzar por terrenos peligrosos que en nada van a  ayudar a las personas con autismo y pueden perjudicarnos a todos.

Las vacunas no causan el autismo. Es un falso mito descartado hace muchos años. Te invito a que te informes, a que tus reflexiones en un medio con tanta audiencia se apoyen en evidencias científicas reales y actuales, por la responsabilidad que tienes, que tenemos. En tu caso la responsabilidad es mucha, tanta como el número de tus oyentes. Y se agradecería sobremanera escuchar en tu programa la historia de Wakefield y una defensa de la necesidad de vacunar a nuestros niños.

Las vacunas salvan vidas. Estamos aún lejos de conocer los desencadenantes del autismo, pero sabemos que las vacunas no lo son.  Y no es algo que diga yo.

 Así de bien lo explica (y enlaza) el periodista especializado en ciencia y biólogo Javier Yanes:

(iStock)

La idea de que existe un rápido crecimiento de los casos de TEA puede ser tan solo una interpretación simplista de los datos. La biblia del diagnóstico psiquiátrico, el DSM, incluyó por primera vez el autismo en 1980; hasta entonces no existía una separación de la esquizofrenia. Desde aquella definición a la actual de TEA se han ampliado enormemente los criterios, de modo que hoy entran en el diagnóstico de TEA muchos casos que no encajaban en el de “autismo infantil” de 1980. Ante los gráficos presentados por ciertas fuentes, en los que parece reflejarse un crecimiento brutal de los casos de TEA en el último par de décadas, algunos investigadores han dejado de lado el titular sensacionalista y han entrado a analizar los datos. Y entonces, la cosa cambia: aunque podría existir un pequeño aumento en el número de casos, la mayor parte de lo que algunos presentan como una explosión de casos se debe realmente al cambio de los criterios diagnósticos.

 Como no podía ser de otra manera; en general, los defensores de la “explosión” de casos suelen estar guiados por el interés de colocar a continuación su idea de que el autismo está causado por su obsesión favorita.

 Claro que esa obsesión favorita puede traducirse en el motivo más viejo de la humanidad. La idea del vínculo entre vacunas y autismo fue un “fraude elaborado” creado por un tipo llamado Andrew Wakefield, exmédico. Su licencia fue revocada después de descubrirse que su estudio era falso. Posteriormente, una investigación de la revista British Medical Journal reveló (artículos originales aquíaquí y aquí) que Wakefield había recibido para su estudio una suma de 674.000 dólares de una oficina de abogados que estaba preparando un litigio contra los fabricantes de vacunas. Al mismo tiempo se descubrió que Wakefield preparaba un test diagnóstico de su nuevo síndrome con el que planeaba facturar 43 millones de dólares.

Habrá que repetirlo las veces que sea necesario: no existe ni ha existido jamás ningún vínculo entre vacunas y autismo. La idea procede en su totalidad de un estudio falso fabricado por un médico corrupto. Más de 100 estudios y metaestudios han concluido que no existe absolutamente ninguna relación entre vacunas y autismo.

Esto es lo que no es. En cuanto a lo que es: hoy no hay pruebas para sostener otra hipótesis diferente a que los TEA tienen un origen genético complejo debido a variantes génicas no necesariamente presentes en los genomas parentales, y que el riesgo podría aumentar con la edad del padre y tal vez de la madre (lo cual no es diferente a lo que tradicionalmente se ha asociado con otros trastornos, como el síndrome de Down). No se puede negar una posible modulación del nivel de riesgo genético por causas externas ambientales, pero hasta ahora no hay pruebas sólidas de la influencia de ninguno de estos factores. Esto es lo que hay, y lo demás es propaganda.

 

Y aquí tienes un vídeo divulgativo en la misma línea de la divulgadora, farmacéutica, nutricionista y óptica Marián García, Boticaria García.

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