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Me crecen los enanos Me crecen los enanos

Si matar a otro hombre es el peor crimen, lo mejor debe ser traer a la vida a un bebé.

Niños y maletas: paciencia, entretenimientos, intendencia y, sobre todo, seguridad

Viajes largos en coche con niños, para muchos la pesadilla. Mareos, enfados, aburrimiento mal llevado… Hoy día tenemos muchas ventajas respecto al pasado para sobrellevar las horas de coche: películas durante el viaje, tabletas y smartphones y música interminable gracias a Spotify y similares.

Y tenemos los entretenimientos que también había antes: cantar, ver cuentos y leer libros si somos de los afortunados que no los mareamos (es mi caso, ahora voy escribiendo en el iPad, en asiento del copiloto) y juegos, muchos juegos: encontrar matrículas  con determinadas letras o números, coches de algún color, el veo veo, las palabras encadenadas…

Antes ayudaba  a que estuviéramos entretenidos el hecho de que no fuésemos atados. Me recuerdo de niña tumbada en el asiento trasero, jugando con mi perro, durmiendo o leyendo. También incrustada entre los dos asientos delanteros para hablar con mis padres.

Sí, antes íbamos así. Ahora sabemos que era un error y sobra recordar que los niños tienen que ir en sus sillitas reglamentarias, bien atados y a contramarcha todo el tiempo que sea posible. No es discutible.

Tenemos suerte con Jaime y Julia. Son buenos viajeros, tal vez porque están acostumbrados desde pequeños al coche. No se marean, les gusta la aventura de ir a descubrir nuevos sitios y llevan bien las horas obligatoriamente sentados. Algunos niños con autismo como Jaime no aguantan tanto en un coche, el otro día lo hablaba con una amiga que tiene un sobrino con autismo, pero nuestro rubio disfruta mirando por la ventanilla cómo cambia el paisaje y viendo películas en las que abunden las canciones.

Pero hablamos de niños pequeños, no de bebés que es otra historia muy diferente. Con los bebés un viaje largo en coche puede ser una pesadilla. Es cierto que algunos duermen en cuanto se encuentran en la silla, pero otros luchan contra el sueño o simplemente duermen muy poco porcentaje del viaje.
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Y ahí no hay películas, ni iPads, ni palabras encadenadas… Ahí solo hay un bebé que no entiende porqué tiene que estar ahí atado tanto rato cuando normalmente a sus lloros papá o mamá responden cogiéndole en brazos. Es decir, ahí solo hay paciencia y parar con frecuencia.

Jamás olvidaremos el viaje que hicimos a Cádiz con Jaime cuando tenía unos diez meses. Nos llevó el mismo tiempo que haber ido solos a París, solo que yendo solos a París en coche no se nos hubiera ocurrido ir escuchando las canciones de Cantajuego.

Viajar con niños y bebés también implica una cuidada intendencia: comida para el viaje, ropa de cambio, pañales, carritos, juguetes… Y siempre se olvida algo, por lo menos a mí.

Juegos, paciencia, intendencia y sobre todo seguridad.

Somos muchos los que hemos cambiado nuestros usos al volante tras ser padres. Y si no hemos cambiado, al menos somos más conscientes de la preciosa carga que llevamos en los asientos traseros.

Y así debe ser.

¡Buen viaje!

‘La chica del león negro’, de Alba Quintas Garciandía, porque la inspiración llega trabajando #Unoalmes

RESEG4131albagrafimeAlba Quintas Garciandía (como Alba Nightray la conocí yo) nació en 1994. Al tiempo que ella abría los ojos al mundo, yo tenía 18 años y empezaba a salir con el que no sospechaba que sería el padre de mis hijos. En aquella época ni siquiera tenía claro que quisiera ser madre algún día, tampoco que fuera a escribir libros. Me limitaba a leerlos y a descubrir lo que era aquello de empezar periodismo procurando pasarlo bien en el proceso.

En 2011, con treinta y cinco años, comenzaba a escribir mi primera novela: Galatea. Alba, con diecisiete, estaba publicando su primer libro: Al otro lado de la pantalla, una novela coral sobre el ciberacoso ganadora del Premio Jordi Sierra i Fabra en 2012.

En la primavera de 2014 yo supe que esa primera novela que había escrito sería publicada, ella vio su segunda obra, escrita con dieciocho años, impresa: Globe. Ahí fue cuando la descubrí, porque en ese libro compartimos editorial (Lapsus Calami). Compré esta novela juvenil de fantasía y descubrí a una escritora magníficamente dotada para crear un mundo propio, rico y original, inspirado en el teatro.

Apenas un año después, en 2015, ambas hemos coincidido firmando en la Feria del libro. Alba con veintiún años y su tercera creación: La chica del león negro, premio extraordinario de la 3ª edición del premio literario La Caixa/Plataforma. De nuevo una novela de fantasía juvenil en la que ambienta con maestría un mundo completamente original. Y este es el libro del que quiero hablar para la iniciativa de #Unoalmes.

leonComprenderéis que considere a Alba una ‘niña prodigio’ de la escritura en nuestro país. No tengo ni idea de si a ella le gustará o no esta denominación, que seguro que ya se ha encontrado más veces, pero es que con tres libros que hacen disfrutar al lector publicados a los 21 años merece el calificativo. Es cierto que no son libros perfectos, pero es que nadie hace nada perfecto independientemente de la edad que tenga. Y Alba no solo promete, creedme.

Imaginad un mundo en el que los artistas pudieran acudir a una suerte de dimensión paralela en la que habitan, personificados, la Melancolía, la Locura, los Celos, el Odio, la Euforia, la Cólera y el Pánico. Un mundo terrible de ángeles caídos, narradores que se implican en la historia, peligros desconocidos y pérdida de cordura. ¿Por qué ir allí, a Némesis? Para lograr el genio que hace alumbrar obras de arte tomando el atajo que sortea el trabajo duro y constante y que desemboca irremediablemente en la pérdida de uno mismo, o en uno mismo. Los artistas acuden a ese lugar terrible para buscar a los delirantes capaces de invocar en otros la inspiración y, a la postre, el delirio.

Imaginad un hombre con tal fortaleza mental que es capaz de entrar y salir de ese mundo para curar a sus pacientes. Imaginad que tiene una hija que aspira a ser escritora y que se convierte en una visitante asidua a ese mundo, aunque nunca para buscar a las musas. Imaginad que la persona a la que ama esa chica camina por la cuerda floja del trastorno maníaco depresivo y puede ser salvado en ese otro mundo paralelo. Eso es lo que nos ofrece La chica del león negro a lo largo de sus 256 páginas, que resultan ser pocas: la imaginación desbordante de Alba Quintas, que utiliza las enfermedades mentales y su vinculación a las artes al modo que usaba el teatro en su anterior libro. Una reflexión sobre la necesidad de buscar la inspiración y el talento en el trabajo diario. Y un canto a la fortaleza mental y la serenidad.

Como estoy segura que ella hace.

Tal vez la protagonista tenga demasiados protectores, tal vez se agradeciera mayor desarrollo de los personajes secundarios, más tiempo en ese mundo inquietante, menos recrearse en la historia de amor y más en lo que realmente de original tiene el libro.

Ya os dije que nadie es perfecto, que nadie hace nada perfecto. Y ganas me dan de añadir que ni falta que hace.

Si os gustan o tenéis al lado a gente que disfrute con sagas como Cazadores de sombras, Fallen, Firelight, Cazadores oscuros, Medianoche… (que confieso no haber leído pero sé que tienen muchos seguidores), os recomiendo leer o que les animéis a leer La chica del león negro. Y si no os interesan esas sagas es una buena excusa para sacudirse de encima los prejuicios y darle también una oportunidad.

La próxima vez que vayáis a despotricar sobre los adolescentes o los jóvenes, por lo mal educados, poco preparados, carentes de planes o principios, haced el favor de pensar en Alba y mordeos la lengua. En Alba y en miles que son como ella, escriban o no.

Vamos a mejor, por mucho que nos guste quejarnos de aquello que los jóvenes de ahora no hacen (o no creemos que hacen) como los de ayer.

*Mantengo la nueva costumbre que inicié de sumarme a otros blogs para recomendar uno de los libros que he leído este mes. Estáis todos invitados a participar con vuestros blogs y redes sociales. El hashtag es #Unoalmes.

 

 

 

 

 

 

 

 

Nos quejamos de que la adolescencia se adelanta sin darnos cuenta de que lo fomentamos

A Iker Morán le podéis leer con frecuencia en La Gulateca, el blog coral de gastronomía de 20minutos. Es él quien sale en los vídeos enseñándonos recetas y qué y dónde comer en distintos lugares dentro y fuera de nuestras fronteras. Pero además de ser un cocinillas Iker escribe, y muy bien por cierto, de lo que le place (fotografía en un alto porcentaje de posts, que por algo es un profesional del tema) en su blog Hasta los megapíxeles.

“Mira el último post que he escrito, que te va a gustar”, me dijo el otro día. Entré al instante para descubrir que sí, que su reflexión me interesaba y coincidía con su punto de vista. Tanto es así que, automáticamente, le pedí permiso para traerla aquí. Así de paso os recomiendo seguirle la pista, que merece la pena.

Igual que merece la pena reflexionar sobre la manera en la que adelantamos mientras son niños pequeños un aspecto, incluso una actitud, adolescente, para luego quejarnos pocos años después por lo mucho que se está adelantando ahora la adolescencia.

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Estoy convencida de que estamos cayendo precisamente en eso. Queremos verles mayores o nos hace gracia verles mayores en demasiados aspectos, no sé muy bien. Lo que sí sé, es que no hay prisa. Y lo más evidente es con la ropa. En muchas tiendas infantiles hay prendas y complementos para niños y niñas muy pequeños que podríamos ponernos los adultos perfectamente de haberlos en nuestra talla. De hecho las madres a veces lo hacemos, que la talla 14 es una 36 o 38 normal. De hecho creo que Rihanna y Miley Cyrus a veces se visten en la sección infantil del H&M.

También ayuda a reflexionar en cómo seguimos transmitiendo con nuestros actos y nuestros ‘likes’ que la belleza está en el exterior y en la manera en la que todo parece valer con tal de sumar seguidores e incluso llegar a rentabilizarlos.

Vuelvo al post de Iker, que se titula Cómo convertir a tu hija de dos años en una estrella de Instagram:

La culpa es de sus madres, que las visten como blogueras de moda. El típico chiste desafortunado y de bastante mal gusto pero que en este caso y adaptado para la ocasión resultaba casi tan inevitable como lamentablemente cierto. Y es que con menos de tres años Everleigh Soutas y Ava Foley se han convertido en las nuevas estrellas de Instagram. Y todo por culpa -o gracias- a sus señoras madres, que no han dudado en usarlas como maniquíes de sus outfits en miniatura.

Lo descubrimos hace unos días en Playground, pero por lo visto al otro lado del Atlántico son una celebridad que han salido en todas las revistas de moda e incluso han compartido espacio en BuzzFeed con gatitos, animales divertidos y ese tipo de cosas que nutren el nuevo periodismo. Los comentarios de las dos madres de estas niñas -una de ellas fotógrafa, por cierto- son poco menos que increíbles. “No pueden salir de casa sin alguna joya encima”, dice una de estas orgullosas progenitoras. Con la mano abierta. Zas.

Y es que si lo de exponer a los niños a las redes sociales ya es un tema que genera bastante debate y todo tipo de opiniones enfrentadas, convertir a niñas de dos años y medio en improvisadas modelos para que luzcan trapitos de lujo en Instagram es una prueba más de que esto se nos está yendo de las manos.

¿Un juego? Para las niñas tal vez, pero para sus madres un negocio que por lo visto es bastante rentable gracias a los más de 150.000 seguidores que ya acumulan y el aparente interés de algunas marcas por ver a niñas de dos años con bolsos de Louis Vuitton o con ropa más propia de adolescentes poseídas por el espíritu de Lady Gaga.

Es verdad que niños modelos siempre ha habido en la publicidad y lo de madres que comparten Instagram con sus hijos tampoco es ninguna novedad. Pero posiblemente lo que más chirría aquí es trasladar a estas dos pequeñas las poses de adultos y todas esas tonterías asociadas a las blogueras y su mundo cuqui altamente hostiable.

Así que si aquello de usar el Valle de los Caídos como una improvisada pasarela de moda ya nos daba ganas de empezar a expropiar cuentas de Instagram y crear campos de reeducación en Siberia para estas muchachas, lo de estas dos crías supera con creces el nivel de tontería.

Que sí, que son monísimas, tienen mucha gracia, es todo encantador y para ellas sólo será un juego. Como las gemelas Olsen, vaya. Pero en realidad estamos hablando de un negocio en el que no sólo están involucrados sus padres y las marcas de moda que se prestan al juego -nunca mejor dicho- sino también Instagram-Facebook, esos que luego tienen tantos reparos con la moral, el desnudo y los pezones. ¿Un desnudo está mal pero utilizar a niñas de dos años como modelos y vestirlas como adultas -por ser finos- está bien? Algo falla.

Aunque, pensándolo bien, lo peor de todo es que estas dos mocosas tengan con menos de 3 años más seguidores en Instagram de los que tú y yo vamos a tener en toda nuestra vida.

Un día para recordar a los abuelos y agradecerles todo lo que hacen por nosotros

Hoy, domingo 26 de julio, se celebra el Día del abuelo, un día para acordarnos de los abuelos que ya no nos acompañan, pero lo hicieron, para agradecer que aún estén con nosotros si tenemos esa suerte, para hacer a nuestros hijos conscientes de la suerte que tienen si cuentan Cone los a su lado y ser conscientes de lo mucho que hicieron y hacen por nosotros.

Vale, no todos don así. Algunos abuelos quitan la mesa del comedor con tal de no recibir molestas visitas de sus nietos, que yo lo he visto. Los hay que viven su vida ajenos a su descendencia salvo en días señalados, aunque incluso a esos merecen nuestro agradecimiento por habernos puesto en este mundo.

Los hay incluso malvados, imposibles de querer o entender. La maldad habita de diferentes maneras en muchos seres humanos, no os cuento nada que no sepáis. Por suerte son los menos. Y este día no va por ellos.

Este día es para esos abuelos que, sin ser perfectos, sintiendo a veces ganas de estrangularlos como nos sucede con más o menos frecuencia con muchos miembros de nuestra familia, nos quieren y les queremos. Siempre estarán ahí para nosotros y nosotros para ellos. Incluso en la distancia, incluso aunque ya no pisen este mundo.

Tal vez sea un buen día para una llamada, un beso o para abrir un álbum de viejas fotos y recordarles unos minutos.

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De mayores ellos quieren ser futbolistas y ellas maestras

Niños jugando al fútbol (GTRES).

Niños jugando al fútbol (GTRES).

Julia quiere ser ahora paleontóloga. Parece que ha superado el interés primero de ser astronauta y la larga fase de querer ser cocinera y ahora su fascinación por los dinosaurios, impulsada por un buen número de cuentos, el viaje el año pasado a Dinopolis y la recomendable serie de dibujos animados de El Dino Tren, han hecho que encuentre una nueva vocación.

¿Qué tendrán los dinosaurios que tanto fascinan a tantos niños?

Jaime no tiene esas preocupaciones. Imagino que, si pudiera expresarse de manera razonada, lo que querría es ser feliz y estar bien atendido por gente que le quiera. Y así será.

Parece que mi niña escapa de los oficios que más interesantes resultan a la mayoría de los niños.

Una encuesta que publicó recientemente Adecco indica que el 26% de los niños quieren ser deportistas de mayores (la mayoría, el 20,7%, se refieren a ser futbolistas), mientras que el 24% de las niñas desean ser profesoras.

La primera conclusión que se me ocurre es que ellas se fijan en las personas que tienen cerca y aprecian y ellos en las figuras masculinas de las que más se habla y más famosas son. La conclusión de los que han elaborado el estudio apunta a que ellos optan por un mayor reconocimiento y ellas por trabajos más altruistas.

Han preguntado a niños entre cuatro y dieciséis años, que ya deberían tener las cosas más claras respecto a su vocación porque tendrán que lanzarse a la piscina de los jóvenes adultos en breve.

¿Y qué quieren los niños que no se ven ganándose la vida con el deporte? Pues al 10.5% les gustaría ser policía, al 5,3% ingeniero sin especificar de qué, y luego ya vendría ser profesor (4,6%), médico (4,4%), bombero (3,5%) e informático (3,1%).

Con las niñas la cosa cambia bastante, después de la enseñanza, el 16% hablan de profesiones relacionadas con la sanidad y el 11,3% querrían oficios relacionados con los animales (ahí estaría mi sobrina, que quiere ser cuidadora de animales).

Resulta curioso que sean tan distintos. Hace pensar si esas tendencias son algo adquirido o algo innato.

Lejos

Lejos. Por segundo año, por segunda vez, Julia está lejos. Su risa de cristal está en Asturias, con sus abuelos y sus primos, disfrutando del verano de monte y playa y lejos del asfalto incandescente. Como debe ser. Feliz, pero lejos. Y se palpa su ausencia.

Por suerte Jaime sigue con nosotros, acudiendo al campamento urbano de su colegio, en el que disfruta a diario en la piscina. Mi niño, que en verano brilla como el oro, duerme a nuestra vera.

La casa sería una carcasa si nos faltaran ambos.

Las vacaciones escolares son largas, las laborales cortas. Es difícil compaginar ambas para padres que trabajan: abuelos, otros familiares, vacaciones escindidas, campamentos urbanos de todo tipo… son las soluciones. Algunos de esos arreglos pesan en el bolsillo, otros en el corazón.

Ser padre es como vivir teniendo otros cuerpos ajenos, pero que sientes en todo momento un poco tuyos.

Es poco tiempo. Exagero. Puedo aprovechar para hacer más cosas. No es para tanto.

Todo cierto.

No pasa nada. No pasará nada. Pero algo se siente.

Y ese algo que se siente sirve para entender y, al mismo tiempo no entender, cómo puede haber padres que soporten una separación continuada de sus hijos. Emigrados, desplazados, refugiados, apartados por diversos motivos de la crianza de sus niños.

Duro, durísimo. Padres y madres de pedernal. Aunque tal vez no, tal vez padres y madres de arenisca que avientan el dolor y ponen la mejor cara posible al mundo.

Héroes.

Todo niño necesita alguien que le ame incondicionalmente. Esos ‘alguienes’ que les amamos incondicionalmente necesitamos que nos permitan hacerlo de cerca.

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¿Qué os han parecido ‘Los minions’?

La película de los minions está reventando la taquilla española. Ayer era noticia que el aterrizaje en cine del nuevo Terminator no había logrado apearles del podio. Ya el fin de semana de su estreno batió récords recaudando 5,5 millones de euros y convirtiéndose en el mejor estreno infantil de los últimos seis años.

Es buena época para los estrenos infantiles, con los niños de vacaciones y tanto calor en la calle que el aire acondicionado de las salas de cine resulta muy tentador. Por eso mismo y por la expectativa que estoy percibiendo, creo que el reinado de los diminutos seres amarillos terminará con el estreno este fin de semana de la estupenda Inside Out (Del revés).

Los minions, entrañables payasos, son estupendos. No tengo nada claro que la película que protagonizan lo sea. Pero os soy sincera, no la he visto. El pasado fin de semana mi santo entró con Julia en el cine y yo me fui con Jaime a comer unas patatas fritas y dar un paseo. Jaime, aunque más pequeño sí que fue en algunas ocasiones al cine, ahora no quiere ver películas y no estoy por la labor de obligarle, así que nos tenemos que separar para llevar a su hermana. Pero padre e hija no fueron solos, iban acompañados de otros dos padres con más niños de la edad de Julia.

A los niños les entusiasmó, Julia no paraba de contar gags
, pero los adultos que no se durmieron la siesta en el ‪cine‬, que alguno hubo, salieron torciendo el morro. “Flojita”, “una tontería”, “surrealista”… fueron sus respuestas cuando salieron del cine y llegó la pregunta obligada: ¿Qué tal la peli?.

Cuando lo comenté en mis redes sociales hubo algunos adultos que sí la encontraron divertida, pero la gran mayoría iban en la misma línea que los tres padres recientes que os comento.

Hay películas infantiles que también gustan a los adultos, hay otras que gustan a los niños y en la que los adultos son convidados de piedra. Y las hay que no gustan ni a unos ni a otros. Mi impresión es que Los Minions es del segundo tipo: niños felices, padres entre aburridos y más o menos entretenidos.

No obstante, aunque caigan de cartelera por el inminente empuje de Pixar, aunque la película no sea de las que se convierten en clásicos revisitables años después, aunque los adultos se duerman en el cine, los minions son tal acierto como personajes que van a perdurar, no tengo dudas. Completamente amarillos, torpes, como niños traviesos y a la vez adorables, herederos del humor mudo y físico de antaño…

Da igual que la película sea solo regular, ellos son fantásticos.

¿Vosotros la habéis visto? ¿Qué os ha parecido?

¿Era necesario que Nancy se subiera a unos tacones?

imageLa semana pasada me llegó una carta que anunciaba las últimas novedades de la muñeca Nancy. “Hoy Nancy se sube a los tacones” clamaba, para luego explicar que así hacen “un guiño fashion a la diversión” y que han tenido que modificar el pie de la muñeca para poder adaptarlo a los dos tipos de zapatos de tacón disponibles: sneakers y stilettos.

Look my look.

Cuando lo vi, automáticamente puse los ojos en blanco. ¿De verdad era necesario subir a Nancy a unos tacones?

Probablemente sí, si de lo que hablamos es de aumentar las ventas. O al menos de intentarlo. Algo lícito en cualquier empresas. Habrá estudios de mercado y una estrategia estudiada detrás de la ‘modernización’ de la clásica muñeca española.
Un cambio de imagen que lleva ya algún tiempo en marcha y que implica llevarla a la adolescencia, con ropa como las que se ven en las series juveniles de Disney Channel tipo Violetta, más maquillaje, otro rostro, otro cuerpo.
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En busca de una imagen de una mujer feliz con un cuerpo normal

Hace un par de días publiqué un post para el que necesitaba un tipo de imagen que no me parecía a priori difícil de encontrar. Me podían haber servido fotos de madres con sus niños, pero madres reales, de las que te encuentras en la puerta de cualquier colegio y no en una reunión de las parejas de los futbolistas del Real Madrid. También me habrían válido fotos de mujeres sin niños con tallas normales, tal vez con celulitis, el pecho no excesivamente firme o barriguita. Pero sobre todo debían ser mujeres felices consigo mismas.

Una mujer real, que no pareciera una modelo de Cibeles ni de tallas grandes, y feliz. No parecía difícil.

Entré en un servicio de imágenes que pagamos en el periódico, un servicio que (de esa misma empresa o de otras) también tienen en muchas otras publicaciones de distinto tipo para poder disponer de esas fotos de recurso y en el que también entran fotos de actualidad. Entré asumiendo que no me costaría nada encontrar una que me encajase.

Hago un inciso para explicar qué es eso de las imágenes de recurso, por si acaso. Si periódicos y revistas estamos hablando de jubilados, embarazadas, acoso escolar, zumos, traslados, profesionales autónomos, revisiones médicas, niños en la escuela… podemos hacerlas nosotros mismos, que es lo ideal pero con frecuencia es inviable, o recurrir a estos servicios de pago que escogen modelos y los ponen en situación para que nos sirvan.

Mi sorpresa fue descubrir que mi búsqueda no iba a ser en absoluto sencilla, se trataba casi de una misión imposible.

Si buscas mujer y barriga (o sus sinónimos) tenía dos opciones: embarazadas estupendas (como que en muchos casos, o al menos eso parece, son modelos con una pelota bajo la ropa) y mujeres con un vientre completamente liso, que a veces incluso parece preocuparles.

Si la buscaba con celulitis (o similares) tenía a las famosas cazadas en bikini mostrando que son mujeres normales, con frecuencia obviando el rostro y centrándose únicamente en la parte del cuerpo ‘imperfecta’, como si hubiera algo de lo que avergonzarse por no parecer de plástico, y de nuevo mujeres que no mostraban en absoluto lo que yo buscaba con una gran mayoría preocupadísimas por esos ‘defectos’ inexistentes.

Las madres eran guapísimas, sílfides que, en muchos casos, tendrían que haber tenido sus hijos a los catorce años o haber hecho un pacto con el diablo para tener ese aspecto juvenil, fresco y descansado siendo madres recientes.

Por cuerpos reales no hay más que testas coronadas.

Si ya tiraba directamente por búsquedas de mujeres con sobrepeso, usando distintos términos, de nuevo tenía modelos flaquísimas con frecuencia preocupadas por un minimichelín al que han torturado para que asome o mujeres normales infelices por su aspecto. Es decir, que aquí sí hay algunas que superan la talla 36, pero no precisamente orgullosas de ello. Aceptación ninguna.

Una sola imagen encontré rastreando mucho, muchísimo, que podría haber servido.

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Con los hombres pasa tres cuartos de lo mismo , aunque con menos cantidad de imágenes.

Eso sí, tal vez para compensar, ellos salen algo más cuando se buscan profesiones y también demasiado arquetípicos. Para comenzar el fin de semana con buen humor os dejo algunas fotos de supuestos trabajadores (jardineros, arquitectos, obreros de la construcción, empresarios…). No sé a vosotros, pero los que me rodean a mí no son precisamente así.

Así a ver cómo ilustramos en los medios nuestros contenidos sin fomentar modelos imposibles. Yo acabé poniendo la foto que hice en Galicia de una escultura tras comprobar que las búsquedas rápidas que hice en recursos libres de derechos también fueron desalentadoras.

Soy consciente de que hay bancos de imágenes que empiezan a cambiar esta tendencia, que hay cada vez más fotógrafos preocupados por mostrar la aceptación y la realidad, más campañas y contenidos que reivindican los cuerpos reales con mayor o menos fortuna, con más o menos intereses soterrados. A ver si no cómo se apañarían en páginas en auge como Weloversize para ilustrar sus contenidos. Claro que ellas muestran en la mayoría de sus imágenes modelos de tallas grandes esplendorosas, y yo tampoco buscaba eso, sino simplemente una mujer feliz, común y corriente.

No quiero demonizar a ninguna agencia, a ningún servicio de fotos. En absoluto. Sólo pretendo plantear una reflexión, tal vez abrir un debate. La realidad es que la mayoría de las imágenes que los medios tenemos a nuestro alcance para ilustrar nuestros contenidos son del estilo que os he mostrado. ¿Son las que los medios piden? No sé en otros casos, no es así en éste y en otros que conozco. Preferiríamos otras más verdaderas, las usaríamos más. ¿Son las que el público pide? Estoy convencida de que no. ¿Sería preferible contar con imágenes menos idealizadas, más en sintonía con la realidad? Ojalá. Sería un paso importante para querernos mejor, para enseñar a nuestros hijos a quererse bien.

* ‘Normal’ es una palabra delicada, soy consciente. Espero que al leerse el post completo se entienda la intención. Tal vez debería haber usado ‘común’, o ‘real’ en el titular, pero tampoco son exactas.

* Fotos: GTRES

‘Inside Out’ (Del Revés), las emociones crecen y se hacen complejas con nosotros

Ayer tuve la oportunidad de ver la última película de Pixar en compañía de Julia, una película a la que tenía muchas ganas desde que vi el primer trailer y supe que tras ella estaba el artífice de UP, cuyo arranque es de una belleza emocionante.
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Cuando acudes al cine con muchas expectativas asumes el riesgo de estar poniéndoselo aún más difícil a la película que vas a ver. En este caso la apuesta ha salido bien. Inside Out es absolutamente preciosa en muchos sentidos.

Es un perfecto ejemplo de ese tipo de películas de animación que pueden gustar tanto a los adultos como a niños de diferentes edades. Como una cebolla cinematográfica, es igualmente disfrutable si le quitas cinco capas como si te quedas en la superficie. Bien es cierto que probablemente la aprecien más los niños a partir de unos nueve años, pero Julia a sus seis también la disfrutó mucho.

Es preciosa también por su originalidad. Se trata de una película que hace que nos miremos al interior, que comprendamos como las emociones crecen y se hacen complejas con nosotros, que necesitaremos cada vez más herramientas para valernos de ellas, que todos somos diferentes también por dentro, que hay ciertos andamiajes indispensables para tener un equilibrio emocional en el que los padres tenemos mucho que aportar, y, no menos importante, que todas las emociones tienen sentido. No todo puede ni debe ser pura alegría. No si queremos alcanzar cierta madurez.

Es cierto que podría haber más emociones, más personajes. Se barajaron hasta 27 y se quedaron fuera algunas como sorpresa, orgullo y confianza. Pero la Tristeza, Alegría, Miedo, Ira y Asco (traducción de Disgust que se me queda corta) de Riley, la protagonista de 11 años que se enfrenta a una mudanza, cumplen tan bien con su papel que no se las echa en falta.

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La película de Pete Docter, inspirada en el crecimiento de su propia hija, es buen cine porque es emocionante, logra que los adultos recordemos cuando nosotros dejamos de ser niños, cuando dejamos de tener unas pocas emociones sencillas, puras y brillantes, de jugar con amigos imaginarios para tener novios imaginarios, de soñar con ser princesas o hacer payasadas. Logra también que anticipemos lo que les está sucediendo o les sucederá a nuestros niños. Y consigue que nuestros niños también lo vean.

Es verdad que depende del grado de sensibilidad y las circunstancias personales de cada espectador, pero no es raro que se escapen algunas lágrimas al verla. ¿Ya os había dicho que su autor es el responsable del arranque de UP?

Entiendo perfectamente que la estén usando para trabajar la comprensión de las emociones, la inteligencia emocional con personas con autismo.

Lo único que se me ocurre criticable es su empeño por traducir el título: Intensa-mente, Del revés… Son ganas de complicar la vida a los espectadores de esta aldea global de millones de habitantes (y a los que elaboran y venden el merchandising).

Acabará siendo Inside Out para todos. Y será de las que duren.

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