¡Cómo mola el ‘frikismo’ con causa!

19 septiembre 2014

Los soldados imperiales también tienen su corazoncito, y por eso van a desfilar en el parque de El Retiro de Madrid este sábado 20 de septiembre por la tarde a beneficio de la Federación de Organizaciones en favor de Personas con Discapacidad Intelectual (FEAPS). Es decir, a favor de las personas con autismo como mi hijo de las que con tanta frecuencia hablo en este blog, y de muchos otros.

Mola todo, si me permitís la expresión. Mola por encima de todo el frikismo con causa. Es un concepto con el que no puedo dejar de identificarme.

Y mola Star Wars. Mola mucho pese a George Lucas y todos sus torpezas. Precisamente este verano Julia ha comenzado a ver películas que no son de dibujos animados (ya os hablaré de ello en otro post) y este mes de septiembre ha descubierto el universo de la Fuerza (ni se os ocurra mencionarme esa aberración de los midiclorianos) con las primeras tres películas de la saga. Tal vez para cuando se estrene el lío que Disney se trae entre manos ya podamos llevarla al cine a verla.

Volviendo a lo que iba, que este sábado por la tarde hay plan con niños solidario/friki en Madrid. Y por mucho que caiga algún árbol de vez en cuando, el parque de El Retiro sigue siendo merecedor de visitas. A ver si nos vemos por ahí.

Por cierto, que hay otro plan con niños el sábado solidario y recomendable: la II Feria de adopción de Valdemoro, con exhibiciones, pintacaras y perros y gatos necesitados de mimos.

¡Buen fin de semana!

Los viajes en transporte público cuando estás embarazada tienen un nuevo handicap: los ‘smartphones’

18 septiembre 2014

(GTRES)

(GTRES)

Imagino que va por rachas. Tras bastante tiempo sin apenas embarazos a mi alrededor, justo ahora parece que estoy cercada por ellos. Y me encanta ver la ilusión ajena al recordar así la mía.

No, definitivamente ya no soy una madre tan reciente.

Hablaba a comienzos de esta semana con una de esas futuras madres de un tema clásico: los viajes en transporte público cuando estás en el tercer trimestre, claramente embarazada. Vino justo después de ver a varias personas distintas ofrecerse a ayudarla en un trayecto de muy pocos metros al verla cargada con una liviana aunque voluminosa bolsa de ropa infantil, mientras yo era lógicamente ignorada caminando a su lado con una bolsa considerablemente más grande y pesada.

Hay un instinto primigenio fuertemente enraizado en mucha gente de ayudar a las mujeres embarazadas, que nos hace saltar como un resorte para evitar que carguen peso, que se agachen, que tengan que permanecer de pie. Como es lógico y deseable.

Y claro, acabamos hablando del metro. Esa pequeña jungla urbana. El lugar por excelencia en el que la gente se hace la sueca. Y desde la invasión de los smartphones no es que se hagan los suecos, es que la gente está tan tranquila, sentada en los asientos reservados e inmersa en sus pantallas sin ver la barriga de más de treinta semanas de preñez que tienen frente a sus narices.

Los móviles con internet son una maravilla, yo soy la primera que me he hecho dependiente del mío, pero nos han convertido en auténticos phonbies en demasiadas circunstancias.
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Me resulta inevitable acordarme de mi técnica para conseguir asiento cuando estaba muy embarazada de Jaime, durante la primavera y el verano de 2006, y tenía que ocupar a diario la agobiante línea 1 del metro de Madrid. Ni un sitio libre, claro. Calor y codazos. No había smartphones, solo algún libro o periódico, lo que sí que había era mucho sueco. Yo me abría paso como podía hasta la línea de asientos reservados, me agarraba a la barra y me quedaba allí de pie, para que vieran bien la barriga a la altura de sus ojos.

Me consta que es una técnica que usamos muchas embarazadas que no nos atrevemos directamente a pedir el asiento reservado para nosotras. Antes o después solía funcionar. Aunque no era infrecuente que el asiento que me acababan cediendo estuviera lejos de los reservados.

No sé si de haberlo hecho ahora con los teléfonos móviles inteligentes la cosa habría salido bien.

Lo que deberíamos hacer los padres cuando nuestros niños practican algún deporte

17 septiembre 2014

Niños jugando al fútbol (GTRES).

Niños jugando al fútbol (GTRES).

Hay bastantes posts en este blog que dejan claro que soy una gran defensora de unir deporte y niños. No voy a hablar aquí de los beneficios del deporte en la infancia otra vez, lo último que pretendo es aburrir a nadie.

Ayer tuve la suerte de escuchar en un evento organizado por Decathlon a Josele González, que se dedica profesionalmente a preparar a niños y chavales para jugar al fútbol en Carabanchel, pero sobre todo para intentar que se diviertan haciéndolo y saquen provecho personal de ello. Ojo, provecho en forma de valores, forma física y salud, la cosa no va de convertirles en el futuro Cristiano Ronaldo.

En la charla que tuvimos salieron algunos consejos en forma de pinceladas que es lo que quiero recoger hoy aquí sobre cómo debemos obrar los padres en las actividades deportivas extraescolares de los niños. Hay mucho que podemos hacer:

  • Los niños pequeños, si les gusta, pueden probar todos los deportes por los que tengan curiosidad y permanecer en aquellos que les diviertan, sin presiones tempranas sobre si se les dan mejor unos u otros. Si no lo pasan bien, no hay razón para insistir. Hay muchas otras posibilidades.
  • Hay que procurar que la práctica deportiva extraescolar sea en algún sitio cercano a casa, que no suponga mucho trastorno logístico. Tampoco hay que agobiar las agendas de los niños. Los padres somos los gestores del tiempo que nuestros hijos dedican a diferentes actividades y debemos hacerlo con cabeza.
  • A la hora de elegir el club, escuela o academia en la que practicar deporte hay que fijarse en primer lugar en si el niño se divierte y en segundo lugar en si en ese sitio enseñan valores asociados al deporte.
  • Es normal que en la selección o el Real Madrid entrenen a puerta cerrada, pero en los entrenamientos de nuestros niños no debería haber inconveniente en que los padres podamos presenciarlos. De hecho es recomendable hacerlo y no quedarnos con la asistencia a partidos y competiciones, no solo por ver cómo les enseñan, sino por darles a entender con nuestra presencia que el trabajo previo es tan o más importante.
  • ¿Cómo lo has pasado? ¿Qué has aprendido? ¿Qué es lo que tienes que mejorar? Ese es el tipo de preguntas que deberíamos hacer a nuestros niños cuando vuelven de un entrenamiento o de un partido o competición. Esas y no el típico ¿Habéis ganado? ¿Cómo habéis quedado? Eso probablemente caiga sólo sin preguntarlo. Tampoco otras del tipo ¿Cuánto tiempo has jugado? ¿Has metido algún gol?
  • En Estados Unidos sólo uno de cada catorce mil niños acaba siendo un deportista profesional. En España no es más fácil. Por eso los padres debemos estar mentalizados de que lo que va a conseguir nuestro hijo con el deporte es estar sano, mejorar habilidades sociales, forma física y aprender en valores, pero no debemos ir con la esperanza o la obsesión de tener a los próximos Pau Gasol, Serena Williams o Iniesta.
  • Sobra decir (o debería sobrar, pero no es así por desgracia) que los padres deberían ser los primeros en dar ejemplo desde las gradas cuando los niños ya son algo mayores y empiezan a competir. Si un entrenador en una de las categorías inferiores sacrifica la victoria a cambio de que todos los niños jueguen, bien hecho está. Si el árbitro, que probablemente también sea un crío, se equivoca, no pasa nada que todos lo hacemos. No se insulta ni siquiera suavemente (¡qué malo eres!) a los niños que juegan, a los entrenadores ni al árbitro.
  • Y deberíamos valorar más un gesto bonito, deportivo de un niño a otro, sea compañero o contrincante, que un gol o un triple. De hecho ayer hablaron de que en algunas competiciones de fútbol infantil se usa la tarjeta blanca en esos casos, además de la roja y la amarilla. Me parece una buena idea.

También se mencionó someramente las diferencias entre deportes individuales y de equipo. Yo soy más de los primeros y sé que soy minoría. Probablemente es cierto, como se mencionó ayer, que hay menos oportunidad para trabajar competencias sociales y valores colectivos, pero también es probable que haya menos presiones, motivos de conflicto y problemas de comportamiento adulto asociados. Probablemente dé para otro post.

Por cierto, he empezado a correr de nuevo tras mi operación de rodilla del este invierno, con cabeza, constancia y sin más objetivo que mi equilibrio mental, mejorar un poco mi forma física y empezar a correr con Jaime, como ya os conté.

¡Hay que moverse!

Fotos: GTRES

Las personas con autismo no son indiferentes al dolor de los demás

16 septiembre 2014

Muchos padres de niños con autismo y algunas asociaciones se están quejando, con diferentes argumentos y en distintos tonos, sobre todo mediante redes sociales, a El jueves (la revista que sale los miércoles) por una pequeña viñeta llamada El autista de Hamelin.

(EL JUEVES).

(EL JUEVES).

Somos muchos intentando que se deje de utilizar el adjetivo autista como sinónimo de persona que hace oídos sordos a lo que le rodea, que ignora a los demás, que ni los necesita ni los busca, que ni siente ni padece. Lo de El Jueves es aún peor, ya que lo eleva a sinónimo de crueldad en forma de indiferencia al dolor ajeno.

¿Os imagináis utilizar en una viñeta humorística falsos y viejos mitos sobre personas en silla de ruedas, con síndrome de Down, con Alzheimer? Impensable. E igual debería serlo con las personas con autismo.

El autismo es un trastorno amplísimo, con muchas manifestaciones, complejo de asimilar y digerir para los familiares de la persona que recibe el diagnóstico por muchos motivos: no se conoce su causa, no se conoce cómo evolucionará, no hay tratamientos médicos, hay diferentes vías de actuación pero en ninguna ofrecerán unas expectativas definidas, hay muchísimas diferencias entre las personas que tienen autismo y, por último pero no menos importante, hay muchas ideas preconcebidas, falsos mitos sobre el autismo que pesan sobre los que recibimos ese diagnóstico de un ser querido y que otras personas con las que nos cruzaremos a lo largo de nuestra vida evocarán equivocadamente al ver a nuestros hijos, a nuestros hermanos, nietos y sobrinos con esta discapacidad.

No  nos facilita el camino. En absoluto. Por eso el gobierno envió a los medios de comunicación recomendaciones sobre eliminar ese uso de la palabra autista como algo peyorativo, como un adjetivo asociado a comportamientos erróneos. Por eso han nacido muchas acciones contra los mitos del autismo. Por eso nos quejamos cuando vemos viñetas como esa.

No es cuestión de no tener sentido del humor, es cuestión de tener cierta sensibilidad.

Por favor, os lo pido a todos,no uséis autista como insulto, como un modo de echar en cara a alguien que no se preocupa por los demás, que no le importa lo que les pase a otros. Hay muchas formas de afear esos comportamientos, pero que no sea con el nombre del trastorno que padecen millones de personas que se esfuerzan a diario y duramente por hacerse entender y por comprender un mundo tan extraño para ellos. image Aquí la reacción de Federación Autismo Madrid:

Nos hacemos eco de esta queja pública que realiza Aspau, familiares y más personas vinculadas al ámbito del autismo, en relación a la viñeta publicada esta pasada semana por la revista ‘EL JUEVES’. Desde la Federación Autismo Madrid lamentamos profundamente el uso peyorativo del término ‘autista’ y sobre todo, la imagen empleada en la viñeta nos parece que nada tiene que ver con la realidad de las personas con TEA. Es insultante y por ello esperamos y exigimos una rectificación urgente por parte de la revista. Por respeto a las personas con autismo y sus familias.

Y aquí la de Aspau:

Gracias al conocido dibujante de comics Miguel Gallardo (que tiene una hija con autismo) nos enteramos de esta viñeta publicada esta semana en la revista ‘El Jueves’ por los dibujantes Jardí & Ariño. Además de que no tiene ninguna gracia, es insultante y denigrante para las personas con autismo, y no refleja la realidad. La revista y sus creadores Jardí & Ariño @Jardi_Arino (o el creativo que tuvo la idea, no olvidemos que a veces les dictan lo que deben dibujar)deberían rectificar y pedir disculpas públicas. Nosotros ya hemos dejado este comentario en su muro si queréis podéis usarlo como base para vuestro comentario. GRACIAS: La viñeta de Jardí & Ariño sobre “El Autista de Hamelín” no solamente es que no tiene ninguna gracia, sino que es denigrante para las personas con autismo y sus familiares. Tergiversa además la realidad, me gustaría que conocieran los esfuerzos que hacen los niños, jóvenes y adultos con autismo para comunicarse, aprender, y relacionarse con la sociedad. una sociedad que lo menos que le pueden proporcionar es un poco de respeto y comprensión. Respeto que ustedes han perdido totalmente. Los familiares exigimos una rectificación y disculpa pública, YA.

Deberes para casa: ¿sí o no?

15 septiembre 2014

Pedro, amigo y profe, me manda una reflexión que quiero compartir con vosotros ahora que ya ha arrancado el curso y los deberes están a la vuelta de la esquina:

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¿Qué objetivo cumplen las tareas para casa? ¿son buenas o malas? Pues dependiendo de a quién preguntes esta respuesta variará y en la mayoría de los casos estará soportada por juicios de valor o tradiciones.

Si perteneces a determinadas Asociaciones de Padres la finalidad de los trabajos para casa van desde el refuerzo de conocimientos adquiridos (¿o no?) en el centro educativo, hasta controlar el trabajo diario de sus hijos. Es curioso también que indiquen que les permiten a los propios padres actualizar sus conocimientos o adquirir otros nuevos.

En el caso de pertenencia a otras Asociaciones de Padres estarás totalmente en contra de cualquier tarea para casa. Incluso apoyarás la huelga contra las tareas de las asociaciones de padres francesas en el año 2012, y probablemente defenderás que promueven la creación de futuros trabajadores dóciles que se saltarán sus horas de trabajo para realizar extraordinarias por la patilla.

Si eres finlandés las tareas para casa serán pocas y tendrán como resultado el aprendizaje…si además luego eres de los primeros en resultado PISA pues genial.

Y si eres coreano…bueno pues allí tendrás un montón de tareas que realizar, tendrás que superar a tus compañeros de clase y si al final eres el primero del mundo en PISA…de nuevo genial. En este caso no importa que el número de suicidios entre personal menor de 24 años sea alarmantemente alto, siempre y cuando te hayas convertido en un coreano de pro (signifique lo que signifique)…pero no me voy a meter por ahí.

Si eres de la universidad de Duke y te llamas Harris Cooper serás citado por los detractores aunque defiendas que lo interesante es la regla de los 10 minutos: empezar con 10 minutos de tarea el primer año para terminar, al final de la secundaria, con 150-160 minutos. Aunque tampoco confíes mucho en ello.

¿Y si me preguntas a mí? Pues te diré que un poco de tarea al día (no más de 15-20 minutos) para repasar lo visto en clase el día anterior, poder preguntar dudas al profesor y reforzar algún aspecto no lo veo mal. Pero si estas son excesivas, repetitivas, impiden que el alumno se socialice con otras personas ajenas a sus estudios; si les hace imposible leer los libros, ver películas, escuchar la música o practicar la actividad física que más les guste estaré totalmente en contra.

No sé vosotros, pero yo estoy de acuerdo con Pedro. Al final el sentido común debería dictar la norma también aquí. Es bueno reforzar algo en casa, sobre todo según se van haciendo mayores, pero no es lógico tener a niños hasta arriba de deberes, incapaces casi de jugar o tener otras actividades como he visto que tienden a hacer en algunos centros.

Y respecto a la etapa que me toca, tener deberes en infantil no es algo que vea mal, pero no me parece necesario. Jugar es los un toca, y se puede aprender mucho jugando. Una partida de parchís en familia me parece mucho más razonable a esa edad que tener que contar y dibujar puntos de dados en una ficha.

Hay muchas formas de aprender a cualquier edad.

Julia, cinco años: “¿Mamá, ‘maricón’ es un taco?”

12 septiembre 2014

GTRES

GTRES

Volvíamos por la tarde camino de casa. Justo a una manzana de nuestro portal hay un pequeño parque en el que suele haber un grupo más o menos nutrido de adolescentes ocupando un par de bancos y ejerciendo su adolescencia: bromas, posturitas, charlas intensas, algunas discusiones, actitudes gallitas y seductoras en periodo de prácticas…

¡Qué poca prisa tengo por verme de madre de adolescentes! Que sí, que es es una etapa inevitable, normal e incluso sana. Que realmente hay pocas adolescencias de pesadilla. Aún así comparto ese sentimiento generalizado entre los padres recientes de no tener ninguna prisa por ver a mi hija en ese plan.

Aunque pensándolo bien, probablemente mataría por poder ver a Jaime, con su autismo, teniendo una adolescencia retadora en la que se preocupase sólo por el sexo opuesto o el propio y coger distancia con sus padres, así que efectivamente va a ser verdad que no es tan mala.

Bueno, la cosa es que pasaba por allí con Julia de la mano cuando uno de ellos salió corriendo pocos metros y otro le saltó encima, le agarró y arrastró de nuevo al banco gritando: “¡Maricón, que eres un maricón. No te escapes. No seas maricón y hazlo!”.

Uno protestaba y se revolvía riendo, otro se mofaba y gritaba riendo también. Julia se quedó mirándoles extrañada, no le parecía exactamente que estuvieran peleando o insultándose, tampoco que estuvieran del todo jugando. Todavía es pronto para que comprenda ese comportamiento tan típico masculino. Puede que incluso para mí también sea pronto, pero como para cualquier niño de cinco años su madre es el oráculo que todo lo sabe, algo así como Google con bolso, me miró y me preguntó: “¿Mamá, ‘maricón’ es un taco?”

“Sí cariño, es un insulto y no debe usarse. Ese chico le está queriendo decir al otro que no sea cobarde y lo hace usando una palabra que hace que esté también insultando a millones de personas que no están presentes…” Y ahí me detuve. Mi santo a veces me dice, y no es el único, que doy explicaciones demasiado complejas a una niña tan pequeña, probablemente este era uno de esos casos en los que me estaba excediendo. Julia se quedó conforme y no preguntó más, así que yo tampoco seguí contándole lo que pretendía.

Me lo guardaré para el futuro, ya le explicaré cuando sea un poco mayor que esos chicos, probablemente sin haberlo reflexionado e imitando lo visto y oído en casa, la tele o el campo de fútbol estaban perpetuando la rancia visión de que es mejor no ser maricón, que los maricones no tienen arrestos, cuando la realidad es que por las personas que cada cual ame, independientemente de su género, uno no es mejor ni peor. De hecho la única certeza es que amar a otros siempre es bueno. Le contaré que algunas de las personas más valientes que yo he conocido amaban a otras de su mismo sexo, pero que en líneas generales no hay ninguna cualidad o defecto vinculado a las preferencias sexuales de cada cual.

Tal vez alguno de esos dos chicos, tal vez otro de los otros chavales de entre 13 y 16 años que ocupaban los dos bancos lo sea, y con esas bromas y expresiones no le están haciendo precisamente más fácil quererse como es y pisar seguro por dónde vaya.                     

Ojalá llegue el día que no sea necesario explicárselo a nuestros hijos.

Lo que realmente es importante que aprendan nuestros niños

11 septiembre 2014

juliaespadaHe descubierto este texto gracias a la página de facebook de mi amiga y autora del blog Trastadas de mamá (que os recomiendo), ella a su vez agradecía el descubrimiento a su amiga Lucía.

Sabéis que no soy yo muy de andar poniendo aquí textos ajenos, pero este me ha gustado tanto que no puedo evitar compartirlo con vosotros. Se llama ¿Qué debe saber un niño de cuatro años? y está firmado por Lic. Miriam I. Martínez, que imagino que es la responsable de la traducción y a la que se podría atribuir erróneamente el arranque del texto, que en realidad  pertenece por completo a la bloguera estadounidense Alicia Bayer (cuyo blog se llama A Magical Childhood) y que se publicó hace casi exactamente un año en el Huffington Post.

La traducción que lleva circulando casi tanto tiempo como el original por la Red no incluye la parte final de Alicia Bayer, en el que hace referencia al sistema de educación en casa que ella lleva a cabo con sus hijos (homeschooling) y con el que yo estoy de acuerdo, siempre que se haga de manera supervisada y con ciertas bases.  Me he permitido traducirla. El texto merece leerse íntegro, también con sus enlaces, no creo que hablar al final de esa forma de enseñar a los niños distorsione lo que transmite.

Alicia, amiga, has dado en el clavo.

Hace poco, en un foro sobre la educación de los hijos, leí una entrada de una madre preocupada porque sus hijos, de cuatro años y año y medio, no sabían lo suficiente. “¿Qué debe saber un niño de cuatro años?”, preguntaba.

Las respuestas que leí me llamaron mucho la atención. Una madre indicaba una lista de todas las cosas que sabía su hijo. Contar hasta 100, los planetas, escribir su nombre y apellido, y así sucesivamente. Otras presumían de que sus hijos sabían muchas más cosas, incluso los de tres años. Algunas incluían enlaces a páginas con listas de lo que debe saber un niño a cada edad. Solo unas pocas decían que cada niño se desarrolla a su propio ritmo y que no hay que preocuparse.

Pensé que probablemente la respuesta de esas mujeres a una madre angustiada fuera añadirle más preocupación. Somos una cultura tan competitiva que hasta nuestros niños en edad preescolar se han convertido en trofeos de los que presumir. Pero la infancia no debe ser una carrera que arroja por resultado niños ganadores y niños perdedores.

Así que aquí ofrezco mi lista de lo que un niño de cuatro años debería saber.

1.Debe saber que lo quieren por completo, incondicionalmente y en todo momento.

2. Debe saber que está a salvo y además cómo mantenerse a salvo en lugares públicos, con otra gente y en distintas situaciones. Debe saber que tiene que fiarse de su instinto cuando conozca a alguien y que nunca tiene que hacer algo que no le parezca apropiado, se lo pida quien se lo pida. Debe conocer sus derechos y que su familia siempre lo va a apoyar.

3. Debe saber reír y utilizar su imaginación. Debe saber que nunca pasa nada por pintar el cielo de color naranja o dibujar gatos con seis patas.

4. Debe saber lo que le gusta y tener la seguridad de que se le va a dejar dedicarse a ello. Si no le apetece nada aprender los números, sus padres tienen que darse cuenta de que ya los aprenderá, casi sin querer, y dejar que en cambio se dedique a las naves espaciales, los dinosaurios, a dibujar o a jugar en el barro.

5. Debe saber que el mundo es mágico y él también. Debe saber que es fantástico, listo, creativo, compasivo y maravilloso. Debe saber que pasar el día al aire libre haciendo collares de flores, pasteles de barro y casitas de cuentos de hadas es tan importante como aprender los números. Mejor dicho, mucho más.

PERO MÁS IMPORTANTE ES LO QUE DEBEN SABER LOS PADRES:

1.Que cada niño aprende a andar, hablar, leer y hacer cálculos a su propio ritmo, y que eso no influye en absoluto en cómo de bien ande, hable, lea o haga cálculos después.

2. Que el factor que más influye en el buen rendimiento académico y las buenas notas en el futuro no son los manuales, ni las guarderías elegantes, ni los juguetes caros, sino que mamá o papá dediquen un rato cada día o cada noche (o ambos) a compartir momentos de juego, lectura, dibujos y risas con sus hijos.

3. Que ser el niño más listo o más estudioso de la clase nunca ha significado ser el más feliz. Estamos tan obsesionados por tratar de dar a nuestros hijos todas las “ventajas” que lo que les estamos dando son unas vidas tan pluriempleadas y llenas de tensión como las nuestras. Una de las mejores cosas que podemos ofrecer a nuestros hijos es una niñez sencilla y despreocupada.

4. Que nuestros niños merecen vivir rodeados de libros, naturaleza, utensilios artísticos y, lo más importante, libertad para explorarlos. La mayoría de nosotros podríamos deshacernos del 90% de los juguetes de nuestros hijos y no los echarían de menos, pero algunos son importantes: juguetes creativos como los LEGO y los de encastre, una buena cantidad de témperas y plastilinas, los instrumentos musicales, los disfraces, y libros y más libros. Necesitan libertad para explorar con estas y otras cosas, amasar pan y ponerlo todo perdido, usar pintura, plastilina y purpurina en la mesa de la cocina mientras hacemos la cena aunque lo salpiquen todo, tener un rincón en el jardín en que puedan arrancar la hierba y hacer un cajón de barro.

5. Que nuestros hijos necesitan tenernos más. Hemos aprendido tan bien eso de que necesitamos cuidar de nosotros mismos que algunos lo usamos como excusa para que otros cuiden de nuestros hijos. Claro que todos necesitamos tiempo para un baño tranquilo, ver a los amigos, un rato para despejar la cabeza y, de vez en cuando, algo de vida aparte de los hijos. Pero vivimos en una época en la que las revistas para padres recomiendan que tratemos de dedicar 10 minutos diarios a cada hijo y prever un sábado al mes dedicado a la familia. ¡Qué horror! Nuestros hijos necesitan la Nintendo, los ordenadores, las actividades extraescolares, las clases de ballet, fútbol e inglés mucho menos de lo que nos necesitan a NOSOTROS. Necesitan a unos padres que se sienten a escuchar su relato de lo que han hecho durante el día, unas madres que se sienten a hacer manualidades con ellos, padres y madres que les lean cuentos y hagan tonterías con ellos. Necesitan que demos paseos con ellos en las noches de primavera sin importarnos que el pequeñajo vaya a 150 metros por hora. Tienen derecho a ayudarnos a hacer la cena aunque tardemos el doble y trabajemos el doble. Tienen derecho a saber que para nosotros son una prioridad y que nos encanta verdaderamente estar con ellos.

Y ahora volvamos a aquella lista de habilidades para niños de cuatro años…

Yo sé que forma parte de la naturaleza humana querer saber cómo son nuestros niños comparados con otros y asegurarnos de que lo estamos haciendo bien con ellos. Aquí está una lista de lo que los niños suelen aprender o podrían saber al final de cada año en el colegio, empezando con preescolar.

Desde que nosotros les enseñamos en casa, yo ocasionalmente imprimo las listas y compruebo si hay alguna cosa  notoriamente ausente en lo que mis niños saben. Hasta ahora no la ha habido, pero consigo a veces ideas de materias sobre las que pensar juegos o libros que chequear en la biblioteca. Ya se esté enseñando en casa o no, las listas pueden ser útiles para ver lo que los niños aprenden típicamente cada año y y estar tranquilos sabiendo que realmente lo estás haciendo bien.  

Si hay áreas en las que parece que tu niño está fallando, date cuenta de que no es una indicación de fracaso ni para ti ni para tu hijo. Simplemente no has cubierto eso. Los niños aprenderán cualquier cosa a la que sean expuestos, y la idea de que todos ellos necesitan conocer esas quince cosas a esa precisa edad es algo bastante tonto.  Sin embargo, si quieres que tengan esos temas cubiertos, simplemente trabájalos en la vida, juega con ellos y lo cogerán de manera natural. Cuenta hasta sesenta cuando estás preparando un pastel y él pillará esos números. Consigue libros divertidos de la biblioteca sobre espacio o sobre el alfabeto. Experimenta con cualquier cosa, desde la nieve del patio trasero hasta colorear tallos de apio.  Todo sucederá de forma natural,  mucho más divertida y con mucha menos presión.

Mi sitio favorito sobre preescolares es este.

¿Qué necesita realmente un niño de cuatro años?

Mucho menos de lo que creemos, y mucho más.

Un nuevo primer día de cole

09 septiembre 2014

imageAyer fue el día de preparar toda la intendencia de la vuelta al cole en muchas casas. Que sí, que podríamos haberlo hecho algunos días antes, nada obliga a esperar a última hora, pero que sería de nuestras vidas sin la emoción que da un poco de inofensiva procrastinación, ¿verdad?.

Es curioso además lo poco que tiene que ver lo que es preciso preparar entre unos colegios y otros.

Julia, que comienza su último curso de infantil, tiene que llevar una taza con una cinta un permita colgarla. Cada niño lleva la suya para beber. El baby, ropa de cambio en una bolsa aparte, una toallita pequeña también con cinta para colgar y el desayuno, claro.

Jaime, en el colegio al que va para niños con autismo, no tiene que llevar toalla ni taza, pero sí un cuaderno viajero con fotos de las vacaciones que será el nuevo vehículo de comunicación con el cole y un neceser con peine, cepillo y pasta de dientes.

En ambos casos todo debe ir debidamente etiquetado con el nombre del niño. Yo ya es el segundo año que tiró de un rotulador verde indeleble. No será lo más bonito, pero me parece lo más rápido y eficaz.

Ninguno de los dos llevan libros ni ningún otro material escolar. Me consta que en muchas casas tienen bastante más lío. Una amiga, madre de dos niños algo más pequeños que J&J me contaba que tienen que llevar etiquetados con su nombre no sólo cada libro, sino cada rotulador o goma de borrar.

Y tanto Jaime como Julia van contentos al colegio, con ganas de ver a sus amigos, de aprender a leer, de reencontrarse con sus profes. Es una suerte, la verdad.

Hoy es un día de nervios, risas, lloros, descubrimientos, del regreso a la rutina o del conocimiento de una nueva rutina. Mucho ánimo a todos los que arrancáis curso, especialmente a todos los que van a vivir su primerísimo día de colegio. Aún recuerdo el resumen que me hizo Julia de su primer, primerísimo día:  “Hemos hecho muchas cosas, pero hemos hecho pocas cosas.Había una niña que lloraba todo el rato, quería volver con su mamá”

Y también a todos los maestros realmente implicados en ayudar a los padres a hacer de nuestros niños personas mejor formadas (en todos los sentidos) y más interesantes.

Por cierto, aquí hay un tema que os recomiendo de mi compañero Ángel Calleja sobre el arranque del curso escolar en Madrid.

El reciclaje de la ropa premamá

05 septiembre 2014

U262633Hace ya más de ocho años que nació Jaime y más de cinco desde que nació Julia, un lustro entero desde que mi último bebé estaba en mi interior, primero burbujeando y luego moviéndose claramente, una sensación que siempre permanecerá fresca en mi memoria. Ha pasado ya mucho tiempo desde que mi cuerpo exigiera ropa que no comprimiera mi cuerpo, que diera cabida a la expansión de mi útero, a unos pechos más llenos.

Recuerdo bien las prendas que me ponía. Unas compradas, otras prestadas. Son pocos meses los que podemos aprovechar la mayoría de la ropa de premamá, sobre todo si el embarazo abarca dos estaciones bien diferenciadas en condiciones climáticas. La ropa queda nueva con frecuencia. Por eso casi todas las mujeres que conozco prestan a otras lo que llevaron. Yo lo he hecho con casi todo. Algunas prendas en concreto han pasado ya por cuatro mujeres.

No guardo nada como recuerdo. En el caso de la ropa que J&J usaron de bebés, sí que he conservado alguna cosita concreta como recuerdo. Todo lo demás también lo he entregado. Pero con la ropa de premamá no he sentido esa necesidad. No hay mejor recuerdo que mi propia memoria. Pero sí que conservé algo de ropa que podría servirme pese a no estar embarazada.

U262551Justo antes del verano fui al trabajo con una camiseta que era de premamá con Julia y creo que un poco se notaba en el pecho, pero era perfectamente reutilizable. Hay vestidos que he usado para andar por casa, como camisón, y los sujetadores de lactancia han tenido una segunda vida útil como sujetadores deportivos. Imagino que eso no siempre será posible, dependerá del sujetador y de cómo sea cada mujer. Pero en mi caso han cumplido perfectamente. Aunque ya me queda poco por aprovechar. Los años no pasan en balde para los tejidos tampoco.

Tengo una amiga que acudió con un buen puñado de esa ropa a una Tijera Veloz y logró adaptar casi todas para su uso sin barriga. Y también conozco a otra que iba buscando precisamente las prendas que pudieran tener luego una vida útil más allá del embarazo. Ella recomendaba comprar prendas holgadas que no fueran diseñadas específicamente para embarazadas. Siguiendo su consejo yo compré algunas cosas en tiendas normales, a un precio más barato, que me sirvieron perfectamente antes y después.  A veces la moda imperante ayuda.

¿Habéis podido reciclar para vuestro propio uso parte de vuestra ropa de premamá?

 

* En las fotos las actrices Zoe Saldana y Hayden Panettiere, que probablemente no tengan la misma necesidad de reciclaje que la embarazada de a pie  (GTRES).

Las cosas más raras que puede llevar una madre reciente en el bolso

04 septiembre 2014

Tengo un post escrito de hace varios años sobre este tema a cuenta de una encuesta hecha a seiscientas mujeres que decía que los diez objetos imprescindibles que toda española lleva en el bolso era llaves, monedero, móvil, lápiz o bolígrafo, pañuelos, bálsamo labial, gafas de sol, cartera con fotos, cuaderno de notas y pintalabios.

Entonces os contaba que en esa lista echaba en falta adminículos propios de la maternidad que acarrean al hombro muchas madres y abuelas recientes: toallitas húmedas, algún juguetillo, pañales, aspitos, una chaquetita extra…

Y no es lo mismo tener bebés que andar de la mano de un peque de cinco a diez años. As pitos, pañales, baberos, chupetes, toallitas… ceden el paso a pinturas, muñecos y juguetes de distinta índole, meriendas variadas, dibujos, cromos, piedras o conchas bonitas…

La lista es variopinta y en ocasiones extraña para aquellos a los que criar niños les pilla lejos.

Aún recuerdo la cara de una compañera en la última cena de Navidad de la empresa al verme sacar del bolso unos calcetines para el parque de bolas, dos mandarinas y unos guantes de lana de Hello Kitty. No había tenido tiempo de cambiar de bolso y llevarme lo imprescindible en otro más pequeño, algo típico también de las madres con niños pequeños.

Y no sé qué será lo más raro que vosotras habéis llevado a cuestas a cuenta de vuestros hijos, pero yo lo tengo claro. Os cuento la anécdota tal cual pasó:

Controles del aeropuerto de Madrid. Mi santo y yo cargados con mochilas, abrigos, cinturón, zapatos y niños. Dejo mi bolso en la cinta de los rayos X y espero con Jaime cogido de la mano junto al guardia civil que escruta lo que va pasando mientras me intento poner las botas con una mano sin soltar a Jaime, que con su autismo siempre tengo miedo que se me escape en situaciones de barullo (desde entonces tengo claro que con niños y aeropuertos mejor llevar playeros). Por el rabillo del ojo veo que mi bolso/mochila retrocede para ser examinado de nuevo.gtres_a00468108_1602

– ¿Señora, es posible que tenga una llave inglesa en el bolso?- me pregunta el guardia civil con levísima sonrisilla ladina.

– ¿Cómo?- Pese al desconcierto, mi cerebro empieza a procesar a toda velocidad. Recuerdo que dos tardes atrás salimos con las bicicletas y…

– ¿ Señora, puede abrirme su bolso? –

– Mmmm, sí, es posible que haya una llave inglesa. Es que fuimos con los niños en bicicleta, y los ruedines se aflojan todo el rato. Tal vez se me olvidara sacarla – explico mientras le veo introducir la mano en el bolso y extraer una llave inglesa de tamaño considerable, como el que ha pescado una trucha de récord en el río.

– ¿Y no se dio cuenta de que llevaba esto encima, con lo que pesa? –

– Pues no, la verdad – si yo le contara la capacidad porteadora que desarrollamos las madres…

– No puede pasar con esto al avión, puede salir y facturarlo o dejarlo aquí –

Sé que el señor Guardia Civil en el fondo se está divirtiendo mucho. Y yo tengo clarísimo que no vuelvo a facturación, más se perdió en Cuba.

– Aquí se queda –

– Pero si se rompe el avión, que no nos pidan que lo arreglemos – apuntilla mi santo, que se lo estaba pasando aún mejor desde un discreto segundo plano.

¿Cómo no van a ser grandes nuestros bolsos? ¿Cómo no nos va a doler a veces la espalda?