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Colecho, porteo, parto natural, lactancia… menos guerras y más sentido común

lactanciaLactancia, colecho, porteo y parto natural creo que siempre han sido los temas más polémicos en mi blog. Los tres primeros los he practicado, el cuarto no. Y contando mis experiencias y mi postura han generado numerosos comentarios, posturas enfrentadas, susceptibilidades heridas… por mucho que para mí defender la lactancia, por ejemplo, no suponga en ningún caso atacar a las madres que no han dado el pecho ni sentirme mejor que ellas.

No debería ser así. No debería haber guerras o prejuicios basados en las distintas formas de afrontar la crianza de nuestros hijos. Flexibilidad y sentido común deberían ser nuestras banderas. Esas y no juzgar alegremente a los demás.

Sabiendo que no hay dos personas iguales en este mundo, es fácil deducir que tampoco hay dos madres o dos niños iguales y por tanto hay millones de maneras de criar, todas correctas cuando se hacen desde el amor y el respeto y ninguna libre de errores.

Pero parece que tendemos con demasiada frecuencia a convertirnos en tribus enfrentadas, a cansar al de enfrente con nuestra insistencia, a etiquetar sin conocer y sin necesidad, a tener un pellejo demasiado sensible y sentirnos heridos o atacados antes de tiempo.

Por eso me ha gustado este vídeo, que ha llevado al humor extremo esos sectarismos absurdos y que deja claro que al final, en lo importante, estamos todos de acuerdo.

Nuestros niños son lo más importante.

‘Charlie y la fábrica de chocolate’ de Roald Dahl cumple medio siglo y sigue siendo un cuento imprescindible

imageContinúa el proceso de redescubrir mi infancia con Julia. Un proceso que imagino que todos los padres recientes experimentamos. Acompañando a un niño que crece, que va descubriendo el mundo, sus pequeñas y grandes miserias y sus pequeñas y grandes maravillas es inevitable retroceder en el tiempo y volver a sentirse un poco como a los cinco años, a los ocho, a los diez…

Sucede con todo aquello que es tan nuevo para ellos como para nosotros. Sucede también con aquello que nosotros ya descubrimos en su día pero habíamos olvidado. O casi.

Una de esas pequeñas maravillas es volver a leer con Julia los libros que me hicieron soñar de niña. No imagináis lo mucho que me alegra haber conservado mis cuentos infantiles y mis novelas juveniles.

Redescubrir nuestra infancia de la mano de nuestros hijos es un gran regalo que nos hacen, si nos dejamos llevar. Me pregunto si también me tocará redescubrir la adolescencia y de qué manera, aunque eso es otro cantar. Claro que teniendo en cuenta que el blog tiene ya ocho años de vida, no descarto que acabe contándolo por aquí

imageJusto estos días hemos terminado de leer con ella esa absoluta delicia que es Charlie y la fábrica de chocolate, de Roald Dahl. Juntas nos hemos sumergido en ese mundo de cascadas de chocolate, pequeños oompa loompas (que en nuestra versión eran pigmeos negros de África, pero lo políticamente correcto obligó en otra más reciente a convertirlos en blancos de Oompalandia) al servicio del genio extravagante de Willy Wonka, de niños que ven demasiada televisión, consiguen todos los caprichos, mascan chicles sin parar, comen sin control o simplemente son tan pobres que sólo pueden permitirse una chocolatina al año.

Y, por pura coincidencia, resulta que hemos leído el cuento de Charlie justo cuando se cumplen cincuenta años desde que fue escrito. Os aseguro que no ha envejecido lo más mínimo. Es un cuento perfecto que no debería faltar en ninguna colección infantil. Mi santo y yo, que nos alternamos leyendo por la noche con Julia, casi nos pegábamos por hacerlo.

No es igual de brillante en cambio la segunda parte: Charlie y el ascensor de cristal. No llega a la excelencia del primero ni de lejos. Además, se ha quedado anticuado y es demasiado estadounidense. No obstante a cualquier niño al que le haya gustado el primero probablemente también le apetecerá saber cómo continúa la aventura de Charlie, que en mi opinión no tendría que haberse alejado tanto de aquella fábrica tan o más maravillosa que el reino de Oz o el que soñó Alicia.

Por cierto, que no merece la pena ver ninguna de las películas que se inspiraron en este libro. Ni siquiera la primera que era mejor que la de (ya lo he dado por perdido) Tim Burton, probablemente porque contó con la colaboración del escritor.

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Otras obras de Dahl y el mismo Dahl sí que merecen del todo la pena.

Vamos con su obra: el escritor, que el año que viene hubiera cumplido cien años de no haber muerto cuando yo tenía catorce (sí, era un cincuentón cuando creó a Charlie) es también el autor de James y el melocotón gigante y de Matilda, entre otros muchos cuentos infantiles que tal vez suenen menos. Y recuerdo que siempre me gustó por su sentido del humor, su intensa mala baba ocasional y por no tratar a los niños ni como imbéciles ni como frágiles figuras de porcelana. Pero no sólo escribió para niños, también es autor de obras de teatro, guiones de cine y televisión y novelas para adultos.

Respecto a su vida, lo menos que se puede decir es que fue intensa: hijo de padres noruegos, piloto de la RAF en la Segunda Guerra Mundial y afrontando peligrosas misiones, viviendo historias de amor con una enfermera en primera línea y con una actriz con la que acabaría teniendo cinco hijos, inventor de una válvula que alivia la hidrocefalia en los niños tras tener a uno de sus hijos con esta dolencia y con una fundación que aún a día de hoy lucha por mejorar la salud de los niños, que se definió anti-Israel en los años 80…. Podría seguir. Dejémoslo en que fue uno de esos tipos que no dilapidó su vida, que dejó una huella positiva y duradera, uno de esos tipos con los que habría sido genial tomarse un café para intentar aprender algo y agradecerle los buenos ratos que ha hecho pasar a millones de niños en todo el mundo, incentivando de paso en ellos el amor por la lectura.

Valga mi humilde post para agradecérselo por la parte que me toca.

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¿Cómo es tener en casa enfermo a un niño de ocho años con autismo?

B8hZ5rSIUAAO2QzJaime está enfermo. Nada grave, la gripe que tiene apestada a media España y que la semana pasada me alcanzó a mí, a su abuelo y a su hermana, que estuvo cuatro días sin ir al colegio. Mi niño rubio nos tiene muy mal acostumbrados, apenas se pone malo. De hecho soy incapaz de recordar la última vez que estuvo con fiebre, deben haber pasado un par de años.

Hoy ha caído, tiene fiebre, no tiene hambre (síntoma inequívoco de enfermedad en mi pequeño Carpanta, que nos obliga a tener permanentemente un cierre en la nevera) y hemos tenido por primera vez que ir a buscarle al colegio a media mañana.

¿Cómo es tener en casa enfermo a un niño de ocho años con autismo? Pues me temo que solo os puedo contar lo que es tener a mi niño de ocho años con autismo.

Cada persona con autismo es distinta incluso en sus genes. De hecho recientemente ha sido noticia que estamos aún más perdidos de lo que creíamos en la identificación genética del trastorno (o los trastornos mejor dicho, que yo estoy convencida de que acabarán siendo varios) del espectro autista. Los investigadores avanzan como exploradores dando machetazos en la jungla. Por suerte son cada vez más.

Las bases genéticas del autismo son aún más complejas de lo que se pensaba. Así lo muestra el mayor estudio sobre el genoma del autismo, que se ha llevado a cabo en Canadá. Según la investigación, la mayoría de hermanos con autismo tienen diferentes genes asociados al trastorno. En paralelo, los autores han descargado los datos de 1.000 genomas de autismo en un portal de acceso abierto en Google Cloud, donde tienen previsto incluir hasta 10.000 genomas.

Volviendo a mi pregunta. Tener a Jaime enfermo es tenerle tumbado a mi lado en el sofá viendo alguna película muy musical o vídeos de Glee, algo que en otras circunstancias es prácticamente imposible. Es verle muy tranquilo, notarle caliente, tentarle con comida que le gusta especialmente, no poder preguntarle qué le duele y tener que fiarte de tu instinto de madre. Es hacer como cuando tienes un bebé de un año enfermo, besarle en la frente para notar si sube la fiebre, darle algún baño, intentar que tome un yogur con dalsy para no tener que ponerle un supositorio.

Es sencillamente tener a tu hijo enfermo y cuidarle.

Y ahora os dejo, que me está pidiendo agua, una de las poca palabras que domina.

Que las técnicas de reproducción asistida mejoren es una buena noticia

Momento de la fecundación in vitro de un óvulo. (GTRES)

Momento de la fecundación in vitro de un óvulo. (GTRES)

Nacer mediante técnicas de reproducción asistida tiene sus riesgos. Nacer los tiene en realidad, así sin más. Pero es cierto que los niños que venían con una ayuda inicial extra sí que tenían mayores posibilidades de tener distintos tipos de problemas.

Pero cada vez menos, por suerte. Tengo algunos amigos que trabajan ayudando a cumplir los sueños de aquellos padres que han necesitado recurrir a las técnicas de reproducción asistida y todos coinciden en que los riesgos van cayendo. Veo en un teletipo de EFE un reciente estudio que abarca dos décadas y cientos de miles de nacimientos, publicado en la edición digital de Human Reproduction, y que confirma lo que ellos me cuentan.

En este estudio conducido por Anna-Karina Aaris Henningsen, de la Clínica de Fertilidad en el ‘Rigshospitalet’ de la Universidad de Copenhague, analizaron los resultados de 62.379 embarazos únicos (bebés que nacen solos) y 29.758 gemelos nacidos entre 1988 y 2007 en Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia, y los compararon con los grupos de control de 362,215 únicos concebidos espontáneamente y 122.763 gemelos concebidos espontáneamente nacidos en los mismos países en el mismo periodo.

Según la doctora Henningsen:

“Durante el periodo de 20 años de nuestro estudio, se observó una notable disminución en el riesgo de nacer de forma prematura o muy prematura. La proporción de bebés ART individuales que nacen con un peso bajo o muy bajo al nacer, menos de 2.500 g o 1.500 g respectivamente, también disminuyó. Las cifras de mortinatos y muerte durante el primer año se redujeron en hijos únicos y gemelos, y un menor número de gemelos ART estaban muertos o murieron durante el primer año en comparación con los gemelos concebidos espontáneamente.

Si bien ha habido un aumento considerable en los ciclos de reproducción asistida en los últimos 20 años, esto ha ido acompañado de una mejora significativa en los resultados de salud para estos bebés, sobre todo para los bebés únicos. La razón más importante es el descenso dramático en partos múltiples debido a las políticas de la elección para transferir un solo embrión a la vez”.

Y las conclusiones de esta experta coinciden también con lo a mí me contaban, que todo mejora mucho con una política de transferencia de un solo embrión, mejora no solo porque evita los riesgos de los partos múltiples, sino que los bebés únicos que nacen son más saludables: “La transferencia de varios embriones en un ciclo, incluso si resulta en un solo bebé, todavía puede tener un impacto negativo en los resultados neonatales globales de hijos únicos”.

Pero la implantación de un único embrión es solo una de las razones:

Hemos mejorado tanto las habilidades técnicas en el laboratorio como las habilidades clínicas de los médicos y también la realización de una estimulación ovárica leve. Además, los medios de cultivo en el que los embriones se desarrollaron por primera vez en el laboratorio han mejorado en calidad, al igual que los medicamentos hormonales que se usan para ayudar a las mujeres producen un número suficiente de óvulos de alta calidad en el momento adecuado.

Ya va tocando concretar en números esa mejoría:

De 1989 a 2002, la proporción de mellizos ART en los cuatro países se mantuvo estable en torno al 23%, pero comenzó a decaer después y en 2007 fue sólo el 11,6% del total. Este descenso se vio reflejado en los resultados de salud de los bebés ART, con una reducción de los bebés prematuros (nacidos antes de las 37 semanas de gestación) hijos únicos y los gemelos del 27,9 por ciento en 1988-1992 al 12,8 por ciento entre 2003 y 2007 en Suecia, y de forma similar en Dinamarca, Finlandia y Noruega, hasta el 21,1, 17,8 y 21 por ciento, respectivamente, en el periodo 2003-2007.

En 1988-1992, la tasa de bebés únicos nacidos prematuros fue del 13€ para ART y del 5,5% para los bebés concebidos espontáneamente. Para los muy prematuros (nacidos antes de las 32 semanas), las tasas fueron del 3 y menos del 1%, respectivamente. Sin embargo, para 2003-2007, estas cifras habían mejorado: un 8% en el caso de los hijos únicos ART prematuros frente al 5% en los bebés concebidos espontáneamente, y un 1,5 frente a menos del 1% para los muy prematuros únicos.

Para los gemelos ART prematuros y muy prematuros, las tasas mejoraron del 50% (ART) frente al 42% (gemelos concebidos espontáneamente) para los gemelos prematuros y del 8,5 al 7% para los gemelos muy prematuros en 1988-1992, al 47% frente al 44% para nacimientos prematuros y el 8,6 frente al 8% de los partos muy prematuros en 2003-2007.

Las tasas de embarazos únicos ART nacidos pequeños para la edad gestacional (PEG) se redujeron a más de la mitad entre 1988-1992 y 2003-2007, pasando de 7,6 a 3,2%, mientras que las tasas de nacimientos PEG entre gemelos ART cayeron del 17 al 14%.

Entre los bebés únicos ART, la tasa de nacidos muertos bajó de 0,6 a 0,3% en el mismo periodo y las muertes en el primer año se redujeron del 1 al 0,3%. Para los bebés únicos concebidos espontáneamente, la tasa de nacidos muertos se mantuvo igual durante todo el periodo en torno al 0,3%, mientras que las muertes se redujo de 0,5 a 0,2%.

Y entre los gemelos ART, los nacidos muertos cayeron del 1 al 0,5% y las muertes del 2,6 al 1,2%. Entre los gemelos concebidos espontáneamente, los nacidos muertos se mantuvieron en menos del 1% en todo el periodo, mientras que las muertes cayeron del 2,4 al 1,5%.


Que las técnicas de reproducción asistida mejoren es una buena noticia,
que la salud de esos niños también lo haga es excelente. Sé que hay gente que no está demasiado de acuerdo con esta manera de venir al mundo, que tienen muchos recelos, que creen que habría que dejar que la naturaleza siguiera su curso y no intervenir nunca o solo en determinados casos. No estoy de acuerdo. Igual que no creo que haya que restringir estas ayudas a las parejas heterosexuales, aunque ese ya sea un tema de mis compañeros de 1 de cada 10.

Hace ya un par de años pude hacer dos reportajes e indagar un poco el tema, aquí os los dejo por si os interesan.

Y El embarazo que no llega es un post que escribí hace siete años, creo hoy que procede recordarlo:

Te haces pruebas. Se las hace tu pareja. Todo está bien. No tienes ningún impedimento para quedarte embarazada, pero no lo consigues.

Lees en los libros los sutiles síntomas del embarazo: pechos hinchados, sueño, más ganas de orinar… Crees tenerlos todos.

Pero cada mes llega una nueva menstruación y toda la ilusión se va al garete.

Y cada vez te obsesionas más.

El sexo se convierte en la búsqueda de la concepción, hasta el punto de llegar a ser algo insano para la pareja.

El estrés aumenta. El embarazo no llega.

Y profesionales de la salud, amigos y familiares comienzan a decirte que es esa obsesión la que impide el embarazo.

Todo el mundo conoce a alguien que, hasta que no logró relajarse, no se concibió. Que no te obsesiones, insisten. ¡Cómo si fuera tan fácil!

La pescadilla que se muerde la cola.

Es un recurso natural. Una defensa imperfecta pero lógica de nuestro cuerpo. Si hay estrés interpreta que no es buen momento para quedar embarazada, que es un periodo de mayor fragilidad para la mujer.

Durante años vino estupendamente. En periodos de guerras, pestes y hambrunas. El problema es cuando todo ese estrés y angustia viene precisamente por el deseo frustrado con cada regla de tener un hijo.

Y a veces acaba resultando que no era el estrés.

Pero cada mes que pasa supone otra decepción.

Y el embarazo que no llega, protagoniza tu vida.

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Lo entiendo. Puedo meterme en tu pellejo sin demasiados problemas. Ojalá también supiera cómo ayudarte a salir de esa situación.

Consejos para afrontar una mudanza con niños

Una familia (inexplicablemente feliz), preparando su mudanza. (GTRES)

Una familia (inexplicablemente feliz), preparando su mudanza. (GTRES)

El post de ayer, sobre un cuento que ayuda a preparar a los niños cuando se enfrentan a una mudanza o un cambio de colegio, me hizo pensar sobre las pautas que recomiendan los profesionales en estas situaciones. Cambiar de ciudad o de barrio no es poca cosa para un niño, aunque es verdad que los hay más sensibles que otros a los cambios. Y, claro, no es lo mismo cambiar de país que de barrio.

Nosotros nos mudamos de casa cuando Jaime tenía en torno a año y medio. No supuso para él cambio de colegio, nos mudamos solo a un piso más grande y con ascensor a dos calles, pero justo coincidió con que empezara a perder habilidades, a dejar de hablar y de jugar. Al principio lo achacamos a la mudanza, parecía encajar. Obviamente no era el caso, lo que tenía era autismo.

Que sí, que los cambios de entorno se han producido siempre, que tampoco hay que exagerar y crear un mundo de todo, pero pararse a reflexionar un poquito y tomar unas pocas medidas justas y lógicas tampoco hacen daño a nadie. Por el contrario, pueden hacer mucho bien a los que más queremos.

He estado mirando un poco en Internet para ver qué aconsejaban. Obviamente, prima como siempre el sentido común, ser sinceros, escuchar al niño y hacerle partícipe de lo que se avecina.

Uno de los contenidos en español más interesantes que he visto es el del psiquiatra Eduardo de la Sota en NetDoctor, porque antes de dar directrices se para a ponerse en el pellejo de los niños para saber cómo se sienten, algo que deberíamos hacer con más frecuencia cuando tomamos decisiones que les afectan directamente. Os dejo ese fragmento de su extenso artículo.

¿Cómo perciben los niños las mudanzas?

  • Se sienten desplazados. No se suele contar con ellos para tomar la decisión ni se les informa de todos los detalles. En el proceso mismo de la mudanza, rara vez participan; si están presentes, verán cómo todas sus pertenencias se meten en cajas para ir a no se sabe dónde.
  • Tienen incertidumbre, a veces debido a que no se les ha dado la información necesaria que ellos pueden entender. Desconocen lo que les espera, pues no saben nada del entorno, la vivienda, el colegio, los vecinos y tantos otros detalles que les pueden inquietar.
  • Pierden sus amistades. Dicen adiós a los compañeros de clase, los vecinos, los amigos, el grupo y, a veces, el novio o la novia. Para el adolescente y el pre-adolescente, los amigos son lo más importante de su vida y ahora se les arranca de ellos bruscamente.
  • Se sienten desprotegidos. El conocimiento del terreno, de los lugares, de las personas, las costumbres, la cultura, la casa y el vecindario, generan seguridad y protección. Ahora, todo ese mundo protector conocido se viene abajo.

El psicólogo Luciano Montero también da unos cuantos consejos en la revista Ser Padres, me quedo especialmente con estos:

  • Es bueno visitar con el niño el barrio y la nueva casa para que le resulte conocida antes de la mudanza. Al enseñársela, hablaremos de cuál va a ser su habitación, la de papá y mamá, para qué sirve cada cosa…
  • Es mejor mantener al principio la decoración de su habitación y trasladar a la nueva casa sus posesiones y objetos preferidos. ¡Cuidado con aprovechar el cambio para deshacerse de trastos viejos que puedan ser importantes para el niño!
  • No es el mejor momento para introducir otros cambios importantes en la vida del niño, como quitar los pañales o empezar a ir a la escuela infantil.
  • Procuremos leerle algún cuento sobre mudanzas, de los que existen para ayudar a los niños en diversos temas, que podremos encontrar en muchas librerías.

En HouseHunting.es también tienen otros doce puntos, todos ellos llenos de sentido común. Destaco dos:

  • Da a tus hijos tiempo y la oportunidad para despedirse de las personas importantes en sus vidas: profesores, compañeros de clases, vecinos.
  • Deja que tus hijos se involucren en la mudanza poniendo sus cosas en cajas, etiquetándolas y organizándolas. Las cosas que tus hijos aprecien mucho, de ser posible, mantenlas a mano, y que los niños sepan dónde están.

En KidsHealth.org hacen una reflexión dentro de un artículo de tres páginas que me parece importantísima:

Aunque a usted no le haga ninguna ilusión el traslado, intente mantener una actitud lo más positiva posible delante de su hijo. A los niños les afectan enormemente las actitudes y estados de ánimo de sus padres en los momentos de cambio y transición, y necesitan que éstos les transmitan un mensaje de tranquilidad y seguridad.

Entre los nueve consejos que recogen en GuíaInfantil.com me quedo con el siguiente:

El mejor momento para una mudanza de casa es en el periodo de las vacaciones escolares, y de algún largo festivo. Si ves que tu hijo tiene condiciones de colaborar, inclúyale en los trabajos de la mudanza. Pero si ves que a tu hijo todavía no se interesa por ello o que le da igual, permítale que se quede durante los días de la mudanza, en la casa de algún familiar, o de algún amigo de confianza. Así lo mantendrás alejado de todo el estrés que supone una mudanza.

¿Alguna recomendación más?

‘Otto se muda a Villacuadrado’, un cuento para los niños que se van a vivir a otra ciudad o cambian de colegio

la foto 1No sé cuanto tiempo nos queda leyendo cuentos como el de Otto en casa con Julia, en los que los dibujos priman sobre el texto. Un par de años tal vez. Julia pronto cumplirá los seis años, ya disfruta descubriendo con nosotros las historias de Harry Potter, Charlie y la fábrica de chocolate o El maravilloso mago de Oz, y antes que después se le quedarán pequeños. Tal vez me equivoque, no lo sé. Yo sigo disfrutando con muchos de sus cuentos más sencillos a mis treinta y muchos. Sencillo no quiere decir simple, en absoluto.

Uno de los últimos que nos ha gustado es Otto se muda a Villacuadrado, un cuento pensado para los niños que se trasladan a vivir a otra ciudad, o a otro barrio, o incluso simplemente a los que tienen que empezar de nuevo en otro colegio y hacer nuevos amigos.

No siempre es fácil afrontar esos cambios. De hecho me consta de padres que han tomado sus decisiones de cambiar de trabajo, ubicación o barrio teniendo muy en cuenta la facilidad de sus hijos para adaptarse a entornos nuevos. Pero a veces no queda más remedio. Este cuento para niños de entre 2 y 6 años puede ser una buena herramienta.

Otto es redondo y de familia redonda, tiene que irse de su pequeña ciudad redonda a la gran ciudad cuadrada, en la que todo es cuadrado y él parece no encajar. Pero los buenos consejos de su abuelo y sobre todo la magia del juego le ayudan a encontrar su sitio. Los juguetes redondos molan tanto o más que los cuadrados. Y sobre todo es divertido compartirlos y hacer amigos gracias a ellos.

No es un cuento pequeño, son 46 páginas creadas con mimo por Antonio Cartier y Helena Écija. Existe una versión impresa, que cuesta 15 euros, y otra digital en ibookstore que apenas asciende a 3,49 euros.

Con ayuda de nuestro pequeño Otto podemos trabajar:
• El cambio del entorno de un niño por motivos laborales de sus padres.
• Cómo las diferencias entre los elementos de su entorno anterior y los del nuevo pueden resultar algo incómodas al principio pero tremendamente positivas al final. Descubrir cosas nuevas puede ser divertido y enriquecedor.
• La importancia de la familia en la resolución de los problemas habituales de nuestros pequeños y cómo la expresión de nuestros sentimientos hace que los demás nos puedan ayudar a resolverlos.

¿Conocéis más cuentos y libros que ayuden en este sentido?

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¿Te gustaría que un fotógrafo profesional registrara tu parto y los primeros momentos con tu hijo?

Soy muy de hacer fotos con el móvil, lo confieso, me gusta registrar en imágenes los momentos importantes. Hice una foto de la sala de dilatación en la que entré para la cesárea programada de Jaime y para el parto, también programado, de Julia. Con Jaime no había opciones de foto. Y durante las muchas horas que duró la aventura con Julia ni se me ocurrió. Pero sí que tengo una fotografía aún en el paritorio, con cables alrededor y una Julia que acababa de venir al mundo con los ojos abiertos y buscando mi pecho. Una foto casera, con el móvil, que recuerdo con cariño.

Pero aún siendo una foto especial que no se me olvidará nunca, no se me ocurriría contratar a un fotógrafo profesional para que registrara ese momento. Simplemente yo no soy así. Y no porque me importe salir guapa o fea en esos momentos.

Eso sí, precisamente porque ahora sé que es una foto especial que no se me olvidará nunca, entiendo perfectamente que haya personas que quieran imágenes en ese momento, siempre y cuando estén hechas con sensibilidad, habiendo hablado y pensado bien lo que se quiere previamente y con consentimiento del equipo médico.

No sé qué opinaréis vosotros.
No sé si sería algo que os plantearíais hacer encantados o si ni aunque os pagaran dinero os prestaríais a ello. Lo que está claro es que las fotos resultantes son emocionantes, distintas y transmiten mucho.

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Esas tres imágenes que ilustran el post son de la fotógrafa Eva Gascón (en su página web podéis ver muchas más), una madre reciente que también es una de las pioneras en captar las emociones que se crean antes, durante y después del parto: “Creo en el amor incondicional entre padres e hijos. Con mi cámara intento captar las conexiones únicas que se crean entre ellos con un estilo fotoperiodístico ya que, al fin y al cabo, se trata de contar una historia; en este caso, en blanco y negro. Son reportajes que buscan la intimidad, con un estilo realista, sencillo y profundo a la vez. En el paritario intento ser invisible para no molestar al personal sanitario ni tampoco invadir la intimidad de los padres y nunca trabajo con flash para preservar la naturalidad del momento”, explica Eva.

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Captar el primer momento de vida de un ser humano y las emociones que genera a su alrededor: su primera respiración, su primer llanto, las lágrimas de la madre, la primera mirada a su padre… Este es el objetivo de la fotografía de parto, que recoge todos estos instantes mágicos en el paritario de un hospital o en casa de los padres. Es una fotografía de emociones, por lo que no se centra en los profesionales que ayudan a la mujer en el parto ni en las técnicas que utilizan, sino en los sentimientos compartidos entre los padres al ver nacer a su hijo/a y en todos los acontecimientos que se desarrollan en esas primeras horas de vida.

Según datos de la Asociación Internacional de Fotógrafos de Nacimiento (IAPBP), hay registrados 760 fotógrafos en Estados Unidos, donde nació esta disciplina hace una década. En Canadá están inscritos 56 fotógrafos de parto; en el Reino Unido, 12 y en Holanda, 10. Otros países como Italia, Alemania o Portugal también cuentan con profesionales especializados en fotografía de nacimiento, aunque en menor volumen.

En España, en la mayor parte de los hospitales rige una política de un solo acompañante por habitación. Sin embargo, desde hace unos años estos centros son cada vez más flexibles a la fotografía de parto si la sugerencia parte de la madre y se entiende que la fotógrafa no interferirá en los procesos médicos, como la Fundación Jiménez Díaz o el Hospital Quirón San José.

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¡Qué difícil sigue siendo la educación sexual en 2015!

Eso que veis ahí es la canción (cuidado, que es de las que se incrusta) de unos dibujos animados destinados al público infantil que se han emitido con toda la polémica que os podáis imaginar en Suecia, un país que evoca un importante grado de libertad y educación sexual. Sí, sus protagonistas con una vulva y un pene. O varios de cada para ser más exactos. Y a muchísima gente no le ha gustado ni un pelo.

Así lo explican en Playground Noticias:

La fama repentina de Willie y Twinkle ha asustado a muchos padres: no creen que sus hijos deban ver cómo un pene y una vulva felices son amigos. De hecho, las denuncias en Youtube consiguieron que por unos días el contenido se restringiera a mayores de 18 años. Según Holmström, que está muy feliz con la viralidad del vídeo, el problema está en la representación gráfica de los genitales.

Caroline Ginner, jefa de proyectos del canal infantil UR, se mostró crítica con el escándalo suscitado: “Vamos a mantener el secreto que los niños tienen vaginas y penes hasta que tengan 18. Probablemente no notarán nada en sus pantalones antes de esa fecha, y una vez que lo hagan, estas cosas asquerosas se cubirián, con suerte, de culpa y vergüenza”.

(…)

Lo cierto es que no deja de ser una canción que dice que las niñas tienen vulva y los niños pene. Otra cosa es si, realmente, ofrece un punto de vista educativo de la sexualidad: el pene lleva sombrero de copa y bigote, la vulva lleva un lacito y guiña el ojo con coquetería. Al final del vídeo, queda claro que se quieren gracias a un corazón. Willie y Twinkle han sido sexualizados en base a roles de género y ofrece una visión infantilizada y poco natural de los genitales.

No tengo ni idea de si son una buena idea o no. Por una parte me parece muy positivo que haya una serie de dibujos que eduquen en ese sentido desde muy pequeños, pero me inclino a preferir la vía didáctica de Érase una vez la vida, aunque en ese tema pasaba demasiado de puntillas, o de muchos cuentos que hay pululando por las librerías. Así de entrada no creo que sea preciso usar ese tipo de dibujos. ¿Por qué el pene está erecto por cierto? Pero también es verdad que los genitales están ahí, los niños los ven y no debería haber mayor problema en su representación.

Para tener clara una opinión concreta sobre esos dibujos necesitaría saber sueco.

Lo que sí sé es que no lo estamos haciendo bien a la hora de educar en este aspecto a la gran mayoría de nuestros niños. Sobre todo cuando se hacen algo más mayores que los míos sigue habiendo mucha desinformación, mitos que deberían ser desterrados, vergüenzas absurdas y fuentes poco fidedignas. Y probablemente lo más inteligente sea comenzar a educar cuanto antes con contenido adaptado a cada edad.

Lo dijeron hace ya algunos meses mis compañeros del blog 1 de cada 10, y estoy completamente de acuerdo. La educación sexual es necesaria, imprescindible. Nuestros hijos no pueden crecer a ciegas en una materia tan importante. E imagino que ahí coincidiremos muchos. El problema es poner a la práctica esa asunción.

Si la enseñanza es en casa, los padres debemos estar preparados para ello. Y si aún estamos discutiendo la conveniencia de llamar a los genitales de los niños vulva y pene o colita y pepita, mal vamos. Si la enseñanza es en la escuela, es imprescindible que la impartan buenos profesionales en la materia que no estén influenciados interna o externamente. Si es una enseñanza que se da en ambos ambientes, que es lo que yo creo mejor, la dificultad se duplica.

Y lo fácil a la hora de impartir educación sexual es dar a conocer los distintos métodos anticonceptivos, los ciclos y respuestas del cuerpo. Pan comido comparado con profundizar en la materia, ahondando en la diversidad sexual y afectiva y en la igualdad. Y profundizar escuchándoles y debatiendo, no desde un púlpito. Algo importantísimo.

Así lo contaban en uno de los párrafos de 1 de cada 10.

desde un enfoque de derechos -y dado el grado de homofobia (y transfobia) que se da en las aulas así como el grado de violencia de género entre los adolescentes y jóvenes (y no tan jóvenes)- es necesario incluir en los programas escolares y en los materiales educativos información objetiva sobre sexualidad, especialmente sobre los falsos mitos que se asocian al sexo y a la diversidad afectivo-sexual. Hacerlo es obligación de los Estados, no porque lo diga Beatriz Preciado (que no lo dice que yo sepa) sino porque lo dice el Consejo de Europa y diferentes declaraciones de derechos humanos. Aprender sobre la sexualidad a partir de información objetiva, educativa y respetuosa con la libertad de cada cual y desde la aceptación mutua previene conductas violentas, de abuso y de dependencia en las relaciones afectivas y sexuales.

Por la parte que me toca, haré lo que esté en mi mano para que hacerlo en casa lo mejor posible. Pero que nuestra sociedad esté aún a expensas de eso entrando en el año 2015 y en un asunto así de clave, deja claro que aún nos queda muchísimo camino por andar.

‘Un gran engaño’ que es un gran ejemplo para otros niños

Cuando tenía unos 14 o 15 años me puse a escribir mi primera novela. “Si la terminas yo te la publico”, me dijo mi padre. Aún lo recuerdo. Mejor dicho, nunca lo olvidaré. Fue un buen acicate pero no suficiente para que la terminase. Ojalá conservase los cincuenta o sesenta folios mecanografiados que logré reunir. Nunca nadie los leyó y yo ahora apenas me acuerdo de aquella historia ubicada en una Asturias antigua y mágica, con una pareja de protagonistas que se llamaban Alba y Martín y más caballos de los recomendables. Estoy convencida de que no valía nada, pero hubiera sido un bonito recuerdo de aquel intento adolescente que ahora sí que podría apreciar, igual que miro con cariño fotografías mías de aquellos años que entonces estuve a punto de romper.

Fue mi primer y último intento de escribir una novela hasta que hace tres años, unos veinte años después de aquello, me puse de nuevo manos a la obra. En esas dos décadas previas no tenía historias dentro que necesitaran salir. Ahora sí, ahora bullen en mi interior. Galatea ha sido la primera en ver la luz, En la sala de espera sobre tres padres de niños con discapacidad está terminada. De la tercera llevo la mitad y tengo otras dos esperando su turno.

Probablemente Scott Fitzgerald tenía razón cuando decía que la vida tiene que vapulearte un poco para poder escribir. Al menos así ha sido en mi caso.

No lo es siempre. Hay escritores precoces que logran terminar novelas a una edad en las que otros niños están jugando con muñecos o explorando ese territorio de guerra que muchas veces es la adolescencia. Y esa constancia, ese amor por las letras merece un reconocimiento.

Gracias a la librería asturiana La Buena Letra he descubierto a Claudia Morales de Prado, una niña que apenas está en 2º de la ESO y ha publicado su primera novela.

Claudia tenía un sueño y lo convirtió en realidad. Tiene 13 años y le gusta escribir. Le gusta tanto que ha escrito un libro y con mucho esfuerzo lo ha publicado. Nosotros, con todo el cariño y el respeto del mundo, queremos que conozcáis Un gran engaño, de Claudia Morales de Prado.

Así lo explicaban en la página El mundo de jugar y aprender.

Empezaba el sábado conversando con mamás preocupadas por la calidad del juego de sus hijos, cuando entra una niña con su madre, vienen a contarnos que la pequeña ha escrito un libro, lo trae en la mano.

Su madre nos dice que la niña es una apasionada de la escritura, le han preparado una autoedición como premio al esfuerzo.

Casi emocionada por la casualidad que les ha hecho acercarse a nuestro espacio, me lleva a pensar ¿Cuántas veces escuchamos a los deportistas de élite agradecer a sus padres el apoyo a su afición? Sin ir más lejos, Fernando Alonso, el asturiano más internacional del momento, siempre alude a sus progenitores como clave de su éxito.

Aún sin más que haber ojeado un par de páginas, queremos haceros partícipes de este hallazgo. Qué estupenda la labor de esta familia, dando soporte a su hija en la aventura de escribir.

No sé vosotros, pero yo también lo aplaudo. En eso consiste apoyar a un hijo. Y voy a encargar a La buena letra mi ejemplar de Un gran engaño. A ser posible dedicado. Lo leeré, lo reseñaré y lo guardaré a buen recaudo para que Julia pueda leerlo cuando sea algo mayor, para que sepa lo que es posible conseguir con constancia y un objetivo claro.

Un gran engaño es también un gran ejemplo.

“Mamá, estoy malita”

10940566_1599917366886365_650112745435208992_nDormir a deshora, irradiando calor seco, con el hablar atropellado, comer poco y escogido, buscar mimos, recordar al bebé que fue más que a la niña que es al verla dormir, resucitar al tomar su yogur con medicina… y acabar tú también enferma. Pero siempre es distinto en nosotros. La fiebre no es tan alta, la medicina es menos milagrosa.

Es inevitable verlos enfermos alguna vez. Es inevitable que nosotros enfermemos con ellos.

Así estamos ambas desde ayer.

En casa hemos tenido suerte, tanto Julia como Jaime son niños que enferman poco. Pero aún siendo duros tenemos nuestras dosis de catarros, alguna gastroenteritis, hemos pasado por una escarlatina, una parafimosis y una operación de fimosis posterior.

Hace ya tiempo que quería traer aquí un libro que viene bien para saber lidiar con las enfermedades infantiles, pero entre unas cosas y otras lo he ido dejando. He tenido un año bastante atareado, que no es excusa, pero estas cosas a veces pasan. Pero hoy tener a Julia enferma y estar yo de enferma y enfermera a la vez (seguro que os suena) es tan buena excusa como cualquier otra para recuperar esa recomendación atrasada.

Tal vez conozcáis ‘Diario de una mamá pediatra’, es el veterano blog de la doctora Amalia Arce. Hace ya casi seis años que os lo recomendé por primera vez. Desde hace unos meses es también un libro de consulta tan lleno de sentido común como es Amalia (lo sé bien, que he tenido la fortuna de conocerla en persona) y su blog.

En el libro, sensato y nada extremista, se recogen las preocupaciones más comunes relativas a la crianza. No por nada Amalia tiene experiencia escuchando a los padres en el Hospital de Nens de Barcelona. Y también un compendio de las enfermedades más comunes y cómo reaccionar ante ellas.

Si sois de los gustan de tener este tipo de manuales al alcance, desde luego es el mejor que yo he tenido entre manos.