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Entradas etiquetadas como ‘naturaleza’

Deberíamos disfrutar más del otoño

Por Óscar Gómez

Hojas en un estanque (Mariana Martín).

Hojas en un estanque (Mariana Martín).

Pasada la euforia del verano y antes de caer en el hastío del invierno, nos encontramos inmersos en la estación de los colores ocres, las lluvias y las setas. El paisaje invita a la reflexión, las hojas van cayendo a medida que cada rama las va soltando, sin atropellos. El caudal del río va creciendo a razón de las aportaciones de sus barranquillos. La naturaleza lleva un proceso lento y ordenado.

Deberíamos participar en ese proceso, salir al monte a pasear con una pequeña cesta donde recolectar lo justo para esa noche, recorrer diferentes caminos evitando aquellos masificados, no querer adentrar el coche siempre un metro más que el último día, participar en ese orden que ha permitido que todo funcione. Si habéis salido al monte en época de setas, sabréis a que me refiero.

Un verano de silencio por la muerte del agente forestal en la Palma

Por Pedro Díaz Fernández

El pasado cinco de agosto, los agentes medioambientales mantuvimos un minuto de silencio por el compañero devorado por las llamas en La Palma. Raro es el año que no hay algún fallecido. Muertos a los que no nos quitamos de la cabeza en unos días.

Visión desde el espacio del incendio de la isla de la Palma.

Visión desde el espacio del incendio de la isla de la Palma (NASA).

La mayor parte de la gente, por lo menos en el momento de conocer la tragedia, también busca respuestas. En esta ocasión, una imprudencia ha acabado con la vida de un hombre y ha destrozado a una familia, porque a la pérdida se suma una despedida desgarradora. No es necesario entrar en detalles, tan solo imagínense lo que supone morir abrasado intentando huir de las llamas.

Pero aunque el problema de los incendios es demasiado complejo, confío en que la sociedad vaya dando una respuesta. Ya lo está haciendo. Pocos se dejan engañar con los embustes y la demagogia de la política contra incendios, y empujón tras empujón, denuncia tras denuncia, organizaciones civiles y personas anónimas van consiguiendo pequeñas mejoras en la realidad que vivimos: falta de medios y precariedad laboral. Porque aunque se empeñen en convencernos, la miseria política no es ningún reflejo de la sociedad.

Otra pregunta es el por qué y quiénes inician esta destrucción. Aquí tampoco podemos dar una sola respuesta, pero deberíamos ser conscientes de que todos formamos parte de la solución. Hay quien aún desconoce que es el responsable de alguno de los grandes incendios causados por una colilla, otros no imaginan que una pequeña chispa provocada por una desbrozadora, una radial… puede transformarse en un volcán en cuestión de segundos.

Si hay muertes especialmente crueles, estas son las que no tienen respuesta. Son las de esos fuegos intencionados sin una razón aparente. Algunos apuntan a alguna patología. En estos individuos suele darse la delirante creencia de tener el poder de acabar con cientos de hectáreas de bosques, movilizar aviones, helicópteros y hasta el mismísimo ejército, confundiendo un fenómeno de la naturaleza con la estupidez de provocarlo. Dudo de que alguno lea estas líneas ni de que las entienda, por eso es necesario de nuevo la implicación social: nunca justifiquen los incendios, no los banalicen ni bromeen con ellos en conversaciones de bar, avergüencen a quienes lo hagan, no se lo permitan.

Ayúdennos a ampliar este minuto de silencio durante todo el verano, que no suene una sola alarma de incendio, ni un solo helicóptero de extinción, háganlo por la memoria de Francisco José Santana y por respeto a su viuda y a sus cinco hijos; háganlo por los setenta muertos en incendios forestales desde el año 2000, algunos de ellos en León; háganlo por nuestra propia vida, la de todos los que trabajamos en el operativo contra incendios forestales, y por nuestras familias.

Adiós a los gorriones

Por Pedro Serrano

Gorrión.

Un gorrión posado sobre la rama de un árbol. (ARCHIVO)

Mi infancia estuvo llena de gorriones. Si echo la vista atrás, aún puedo verlos saltar por el corral robándoles el grano a las gallinas. Aún puedo ver sus revoloteos y escuchar su repertorio de cantos en aquella casa de tierra llena de escondrijos. Pero, en aquella época ruda y de supervivencia elemental, humanos y gorriones éramos enemigos irreconciliables. Todo porque que las pobres criaturas nos hurtaban un puñado de granos de aquellas míseras cosechas y sembrados. Pobres ignorantes, solo considerábamos los daños que nos infligían; nunca los beneficios, que eran muchos y variados.

Afortunadamente, ahora ya sabemos que la singular asociación entre humanos y gorriones, en pueblos y ciudades, siempre ha sido fructífera para ambas partes. Según los estudiosos, no solo ayudan a controlar plagas y dispersar semillas, sino que son un excelente indicador de nuestra calidad ambiental. Y esa calidad ambiental no debe de ser muy buena cuando se les ve más tristes que antaño y se constata que están disminuyendo drásticamente, sobre todo en las ciudades.

Al parecer, las ondas electromagnéticas en las ciudades, la contaminación, la escasez de alimento y la falta de lugares para nidificar son algunos de los principales enemigos de los gorriones urbanos. Y, en el campo, la especie se enfrenta a la intensificación agraria, el empleo abusivo de plaguicidas y el abandono rural.

Si, como parece, nuestras vidas están íntimamente ligadas a las suyas, ¿compartiremos el mismo destino?

La contaminación nos ahoga y la culpa es del sistema consumista

Por María Faes Risco

La contaminación en Madrid (Europa Press).

La contaminación en Madrid (Europa Press).

De Madrid a Pekín, las capitales de Eurasia se encuentran por primera vez con medidas extremas contra una contaminación que nos ahoga y produce miles de muertes al año, mientras estos mismos días en París se reúne una cumbre mundial impotente para resolverla. Su incapacidad es estructural, porque sus dirigentes han sido elegidos con el apoyo de muchas de las mayores empresas contaminantes del planeta.

La contaminación que nos enferma y mata no es sino el síntoma de un sistema consumista, cuyas fatales consecuencias se niegan a ver sus beneficiarios. De ahí que casi la única esperanza creíble que nos ofrecen de una mejora temporal se base en un cierto parón del ‘progreso económico’, hecho sobradamente elocuente de lo perverso de su sistema.

Además, de forma muy acelerada, el aire contaminado, el aire desde el cielo y el mayor nivel del mar por el deshielo nos están ahogando, mientras que muchos parece que esperan la solución de si se encuentra por fin vida inteligente extraterrestre o, lo que sería aún más increíble –a juzgar por lo que vemos– en la Tierra.