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Entradas etiquetadas como ‘problema’

Promover la conciencia ciudadana para dejar de destruir el planeta

Por Rosa Robledo

La contaminación que el ser humano está generando afecta directamente a la Tierra y destroza todo ecosistema llevándonos irrevocablemente a la destrucción absoluta del planeta.

Esta situación degenerativa mueve pocos hilos a la hora buscar una solución al problema por parte de las instituciones políticas. Creo que este asunto es tan importante como las circunstancias económicas que está viviendo el país en estos momentos. Si a esto no se le busca un remedio de inmediato, puede que entremos en un estado de no retorno, en el que lo único que nos quepa esperar sea ver cómo la Tierra va directa a un exterminio creado y garantizado por la raza humana. Tenemos el orgullo de ser la única especie que se autodestruye a sí misma, a sabiendas del desenlace tan fatídico al que va a desembocar.

Osos polares en un iceberg en deshielo, debido al cambio climático (Gtres).

Osos polares en un iceberg en deshielo, debido al cambio climático (Gtres).

El gobierno debería llevar a cabo unas medidas, tales como regular el consumo de productos con plásticos, restringir el uso de los mismos en productos naturales y prohibir la venta de envases de plástico, pudiendo volver a usar garrafas de vidrio, así como también botellas de este mismo material y botellitas pequeñas de materiales como el acero que, aunque también es contaminante, no se tendría que renovar con tanta frecuencia como las de plástico. También podríamos delimitar el uso del transporte personal y poner en práctica las alternativas a las fuentes de energía más contaminantes.

Hay que promover la conciencia ciudadana y que todo el pueblo se sienta identificado con la causa y busque su pequeño lugar en la tarea diaria de hacer de este planeta un lugar más limpio y habitable.

 

 

Confiemos en los jóvenes para acabar con la violencia machista

Por Luis Fernando Crespo

Imagen de la primera marcha estatal contra la violencia machista (J. J. Guillén/EFE).

Marcha contra la violencia machista (EFE).

En enero de 2016 cinco mujeres han perdido la vida como víctimas de violencia de género. La urgencia de la noticia no puede hacer que nos olvidemos de las que cayeron antes.

El Ministerio de Justicia a través del Registro Central para la protección de víctimas de violencia doméstica y violencia de género, en el que se inscriben las víctimas con orden de protección o medidas cautelares, señala que en lo referente a este tema, en el año 2014, las víctimas (mujeres) fueron 27.087, los denunciados (hombres) 26.987, las 13 infracciones penales previstas sancionaron 29.374 delitos (87 homicidios) y 2.113 faltas, las 14 medidas cautelares penales y las 11 cautelares civiles se aplicaron en 62.555 y 20.601 ocasiones respectivamente.

Estas cifras nos aproximan a la complejidad del problema, pero no deben desanimarnos, pues también nos señalan que existe un esfuerzo continuado de la sociedad española para combatir esta lacra; entre 2011 y 2014 las mujeres víctimas han disminuido un 15,99%, los denunciados son un 16,04% menos, las infracciones penales han caído un 17,6% y las medidas cautelares penales lo han hecho en un 15,95%.

No voy a negar la trascendencia y el significado de cada víctima mortal, sin embargo, deberíamos darnos una oportunidad como sociedad, de analizar qué estamos haciendo bien y potenciarlo, sabiendo que las consecuencias de la alienación y el conflicto, entre personas individuales, no siempre pueden preverse por el grupo, sigo confiando en la educación de los jóvenes como la mejor política preventiva posible.

 

Calentamiento global: nuestro planeta está en llamas

Por Pedro Serrano Martínez

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Contaminación de una central de energía. (GTRES)

Somos más eficientes creando problemas que solucionándolos. Para crear el problema de las emisiones contaminantes, por ejemplo, todos nos hemos puesto de acuerdo sin negociaciones previas. Sin embargo, para ponerle solución, hemos transitado por diferentes cumbres del mundo y, a día de hoy, aún no se atisban en el horizonte soluciones rotundas y concretas.

El reciente acuerdo alcanzado en la Cumbre del Clima en París, ese que algunos califican de histórico, es un cúmulo de inconcreciones, en tiempo y forma, que, en la práctica, confía las soluciones a la buena voluntad de los países, las empresas y los ciudadanos. Voluntad que no arreglará el problema del aumento de la temperatura de nuestro planeta, al menos, con la premura que los terrícolas necesitamos para evitar el desastre.

Pero, ¿por qué no podemos confiar la solución a la voluntad? Pues porque solucionarlo significa renunciar a un modo de vida confortable y seductor; porque el mundo no se mueve por amor y cordura, sino por interés. Es la maldita guerra de intereses la que no nos deja conseguir los objetivos deseados. Imaginemos a una familia contemplando su casa en llamas y, a la vez, discutiendo acaloradamente sobre quién de sus miembros debe implicarse más en la extinción del fuego. Pues bien, eso es lo estamos haciendo con nuestro planeta en llamas.

Siendo realistas, se podría decir que el mayor éxito de la Cumbre de París ha sido la confirmación de que, por fin, el mundo entero ha tomado conciencia del problema del calentamiento global y sus consecuencias. Y es que, todos sabemos que la resolución de cualquier problema comienza con su reconocimiento; cosa distinta es que, una vez reconocido, estemos a tiempo de resolverlo.

 

El drama de los refugiados o la hipocresía en primera persona

Por María E. Bolaños

Cada día, desde hace mucho, vemos las avalanchas de personas que buscan una vida decente. Huyen de una guerra tolerada por una comunidad internacional con parálisis. Únicamente reacciona cuando se les pone cara y nombre, como el suceso del niño Aylan. Y es que somos una sociedad hipócrita.

Foto de los refugiados en la frontera entre Serbia y Croacia . (Antonio Bat /  EFE)

Foto de los refugiados en la frontera entre Serbia y Croacia . (Antonio Bat / EFE)

Los problemas sólo los vemos cuando nos tocan en primera persona. Exigimos solidaridad, igualdad, justicia, libertad y vida digna cuando queremos que otros sean solidarios, y así sucesivamente. El mundo, porque ya hay que hablar en términos planetarios, sigue guiado por manos invisibles, por fuerzas que dominan y que no admiten ser dominadas.

Puede ocurrir que un día seamos uno de nosotros el que esté varado en una playa, boca abajo. Y no pasará nada, porque seguirá habiendo muchos otros que cierren los ojos. Las personas somos la solución, nunca el problema. Y esto tampoco lo entiende mucha gente.

En este establecimiento, prohibido móviles

Por Antonio Porras Castro

Hay determinados establecimientos que están concebidos para el esparcimiento, para fomentar la comunicación interpersonal; para que, sentados en la mesa, podamos distendernos y gozar de una suave música y entablar una conversación, que en la mayoría de ocasiones tenemos atrasada, pospuesta por la multitud de ruidos que nos rodean y nos acompañan en nuestro frenesí vital.

Hace poco tiempo entramos, un numeroso grupo de familiares, en un local de este tipo; el camarero nos dijo, ante la cantidad de móviles que vio sobre la mesa: “Dejad el móvil, disfrutad de la compañía que lleváis”. La verdad sea dicha, nos impactó a la vez que nos encantó el mensaje que nos lanzó. Esa persona nos pudo ver, nos radiografió con sus dotes de camarero y puso sobre la llaga el problema de incomunicación personal al que este aparato nos está conduciendo.

1606-944-550móvil

(KENT CHEN)

Con el celular, como lo llaman los hermanos de Hispanoamérica, nos dejamos seducir por esa ventana que al exterior se nos abre, pero caemos en la triste y penosa situación de menospreciar a la persona que en la cercanía nos brinda su presencia, su amistad, su cariño. Con el tiempo podremos encontrar en las puertas de algunos bares, restaurantes, cafeterías, y espacios similares de ocio y esparcimiento, un gran cartel que diga: Prohibido móviles, disipa la esencia de esta casa”.

No quiero con esto olvidar la potente herramienta que supone, a la vez de los posibles que ofrece. El desmesurado y desproporcionado mal uso sitúa en un alto riesgo la vista al pasar tantas horas fijados en su pantalla; lo hemos elevado a una posición de: útil, peligroso y adictivo acompañante.