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Entradas etiquetadas como ‘estudios’

Primeros auxilios debería ser una asignatura obligatoria en el colegio

Por Paula García

Un chico vendando la mano de una chica (Mejorconsalud.com).

Un chico vendando la mano de una chica (Mejorconsalud.com).

Hace un par de días, iba andando por la calle, cuando una mujer cayó al suelo desmayada. Quise ayudarla y me di cuenta de que no sabía qué hacer, salvo llamar al número de emergencias. Esto me ha hecho recapacitar y preguntarme cómo es posible que con tantos estudios y tanta información que recibimos en la escuela, ignoremos cosas tan importantes y básicas como saber cómo ayudar a otras personas en distintas situaciones.

Los primeros auxilios deberían enseñarse y ser una asignatura obligatoria en el colegio como también otras cosas sencillas y básicas que forman parte de nuestro día a día. La salud debe ser responsabilidad de todos y por lo tanto toda la sociedad debe implicarse en su prevención y mantenimiento. Además, la profundización en este tema merece la pena, puesto que puede llegar a ser determinante incluso para salvar vidas.

SOS: Quiero seguir luchando

Por A. M.

Si mañana me quitara la vida por desesperación, todos mis vecinos y allegados se echarían las manos a la cabeza, llorarían por mí, por mis hijas, dirían que no sabían lo mal que estaba, que no sabían que mi situación “era para tanto”. Que aunque soy una mujer divorciada, tenía la ayuda de mi familia.

—Pobrecilla—, dirían. —Cuánto ha debido sufrir—.

Varios desempleados esperando la apertura de la oficina de empleo (Jorge París).

Varios desempleados esperando la apertura de la oficina de empleo (Jorge París).

Pues el caso es que sí lo saben, porque yo no me callo. Cuando me preguntan cómo estoy, digo que mal, que no tengo trabajo y no hay vistas de tenerlo. Y todos dicen lo mismo: es que la cosa está muy mal, pero va a empezar a mejorar, mi hermano también está así, o mi primo, o mi amiga. Por eso ya nadie me habla apenas, y a eso se une la poca o nula vida social que tengo porque no puedo pagar ni una cerveza.

—Vente el domingo a echar un rato a la plaza del Salvador, unas cervecitas—.
—Claro, digo, igual me paso—. Mentira, ni siquiera puedo coger el autobús que me lleva al centro.
Otros me dicen que me reinvente, que haga otras cosas. Si no puedo a veces ni comprar huevos para hacer tortillas para cenar, ¿cómo voy a pagar una matrícula o curso o taller?

No, la gente no sabe, no quiere saber. Algunos familiares hasta creen que la culpa es mía, —algo tendrás que hacer, tienes que empezar a moverte—.
—Mi hijo ha encontrado trabajo en tal comercio—. Su hijo ha encontrado trabajo porque a alguien le dio pena. Pero ni siquiera he tenido esa suerte. Y no sé qué hacer. Quiero seguir luchando, me inscribo en miles de ofertas diarias, me descartan diariamente, he intentado cambiar de ciudad, he intentado vender lo que sea. Pero no. No salgo. ¿Qué le debo a la sociedad para que me hagan caso? Tengo 36 años, estoy desperdiciando mis mejores años laborales. ¿De verdad que no hay un trabajo para mí? ¿No lo hay?

He trabajado durante más de diez años, tengo estudios, he hecho todo lo que el país espera de un ciudadano, ¿qué es lo que les pasa a las empresas y empresarios? ¿Por qué mis vecinos y contactos no me ayudan? Luego dirán: si lo hubiese sabido podría haber hablado con este u otro amigo. Mentira. Lo digo en vida: por favor, ayúdenme, quiero trabajar, volver a sonreír, tener la nevera llena y pagar al banco a tiempo sin que me llamen diez veces al día. Quiero poder pagar las excursiones de mis hijas y llevarlas al cine de vez en cuando. Comprar ropa cuando se les queda pequeña. Quiero vivir.
S.O.S.

Esto es esclavitud

Por Núria Sardà

Una niña escribiendo en la pizarra del colegio. (GTRES ONLINE)

Una niña escribiendo en la pizarra del colegio. (GTRES ONLINE)

Me gusta leer los diferentes artículos de los periódicos. A veces estoy más o menos de acuerdo. Pero sobre el asunto laboral me siento cada día más indignada.

Soy profesora de Formación Profesional y he visto con inmensa alegría como mis alumnos, años atrás, encontraban empleo incluso antes de acabar los estudios. Empleo relacionado con los estudios que cursaban, donde les pagaban un salario justo y con un horario que les permitía acabar de estudiar a aquellos que todavía no disponían del título.

Hoy estoy triste. Me dicen que dejan de estudiar porque necesitan encontrar empleo. Sus padres y hermanos están parados. No pueden permitirse el lujo de formarse aunque sea en un instituto público. Han de aportar algo a su casa.

A principios de diciembre, me dijo una alumna que había encontrado empleo. ¡Estaba exultante! Llegaría un poco tarde a las clases, pero no abandonaría los estudios. El trabajo no tenía nada que ver con su formación, ¡pero era un trabajo!

Ayer, después de un mes sin pasar por el instituto, me vino a explicar: el contrato que le hicieron era de ocho horas, pero le obligan a hacer doce. Trabaja de lunes a domingo. Le dan dos días festivos cuando a la empresa le va bien. En fin, estaba hundida. No podía dejar el trabajo. En su casa no trabaja nadie y son cinco personas. No puede denunciar, no puede estudiar… Esto es esclavitud, señores. Esto es indignante.

Un vergonzoso examen-oposición de Enfermería en Gijón sin poder salir a orinar

Por Ianire Fernández

Quisiera que se hiciese público el trato inhumano y vejatorio que sufrimos todas las enfermeras que acudimos a realizar el examen-oposición el sábado 26 de octubre a Gijón. El comienzo estaba previsto a las 11 h, con 2 horas de duración, por lo que debería terminar a las 13 h. Las puertas de la feria de muestras de Gijón no se abrieron hasta las 10.15 y las de los pabellones lo hicieron a las 11.15. A mí me correspondía el pabellón 2, sector 3. Una vez dentro no nos hicieron entrega del examen hasta las 12.35. Visto el retraso, a las 12 pedí permiso para ir al baño, ya que aún no nos había entregado los exámenes y era previsible la cantidad de tiempo que íbamos a estar dentro (ya llevábamos 2 horas). Las puertas del pabellón estaban cerradas y una de las ayudantes encargada de repartir y recoger exámenes me trasmitió la negativa del tribunal.

El examen comenzó a las 12.35 como he dicho y a las 13.10, tras casi 3 horas dentro de la feria esperando la apertura de puertas, mi necesidad de ir al baño era inminente. Me trasmitieron que si iba automáticamente se anularía mi examen. El dolor de mi vejiga era increíble, no era capaz de concentrarme en el examen y mi dignidad y salud están por encima de todo, por lo que opté por entregar el examen. Tales eran mis ganas de hacer pis que ni siquiera llegué al baño, tuve que orinar en la campa camino al baño porque si no me lo hacía encima. El examen concluyó a las 14.30 y entre la recogida de exámenes y salida de los casi 10.000 aspirantes, hasta las 15.15 no se salió a la calle. Cinco horas metidos ahí, negándose una necesidad básica y un derecho al ser humano. Solo había dos opciones: o renunciabas al examen y perdías la oportunidad de aprobarlo para poder ir al baño o había que “hacérselo encima”, palabras textuales que le trasmitió el tribunal a uno de los opositores.

Entre las que tuvimos que renunciar al examen para ir al baño había embarazadas. Nos trataron como a perros. Leyendo el periódico La Nueva España hubo quien se hizo sus necesidades encima, a quien le dio ataque de ansiedad y tuvo que ser atendida por los sanitarios. Soy testigo de una chica con el pantalón manchado de sangre por la menstruación y no poder ir a cambiarse. examenEn pocas palabras, una vergüenza. Cada persona aguanta diferente sus necesidades, yo personalmente no habría aguantado 5 horas sin ir al baño.

Error de ellos las casi 2 horas de retraso de examen que hemos tenido que pagar los opositores. Ni siquiera terminando el examen antes de tiempo nos dejaban irnos, sería “renunciar al examen”. Si queríamos que nos corrigieran el examen y no fuese anulado tenías que permanecer ahí encerrado hasta la hora de finalización. Que menos que tras sus 2 horas de retraso, antes de comenzar el examen consientan ir a hacer tus necesidades.

Este trato inhumano quita importancia al hacinamiento que tuvimos, examen codo con codo. Frío en el pabellón y puertas cerradas. Por no mencionar el no respeto a la ley de protección de datos, ya que en el examen, a parte del DNI, teníamos que escribir nombre y apellidos. Estuvimos “secuestrados”, violando totalmente los derechos humanos.

Yo pagué las tasas, un importe de casi 40 euros, y realicé dos horas y media de viaje para que, negándome una necesidad básica, me arrebataran la posibilidad de concluir y aprobar dicho examen. Que contradictorio que en el año 2013, siglo XXI y en un examen de sanidad en la que todos conocemos las 14 necesidades básicas del ser humano, se violen nuestros derechos humanos completamente.

Espero que se haga justicia y se tomen las medidas necesarias con los tribunales responsables de este trato inhumano; por una pésima organización de ellos pagamos un precio muy alto. Haré todo lo que esté a mi alcance para que se haga justicia. Ya cuando salí del examen lo trasmití al sindicato SATSE y fui entrevistada por Enfermería TV y La Nueva España, como muchas otras “víctimas de este maltrato”.

He de recalcar que en la OPE del País Vasco consienten ir al baño cuando necesites a todos los opositores, no solo en ocasiones especiales como a embarazadas. Incluso cuando estamos todos los opositores sentados, antes de hacer entrega del examen, comunican que vaya al baño quien lo necesite. Y si acabas el examen antes de lo previsto, haces entrega de éste y puedes abandonar el pabellón sin ningún problema. Excepto en la última media hora, que si entregas el examen debes permanecer en el pabellón, pero con tu permiso de acudir al baño.

 

 

Por la accesibilidad de todos en el colegio (II)

Por Santiago García Lozano (*)

El escrito de D. Óscar Angel Muñoz del día 9 de octubre de 2013 no se ajusta a la realidad. La niña tuvo un accidente escolar el curso pasado por el cual permaneció en casa un tiempo en el que fue atendida por el SAED, por lo que no le faltó la atención educativa. Del accidente no se ha recuperado y de hecho está utilizando muletas. La niña tiene que subir escaleras para ir a clase, motivo por el cual el padre solicita se habilite un aula en la planta baja, pero este centro solo dispone en la planta baja de un espacio que está habilitado para biblioteca, por lo que no atender esta solicitud es dejar al resto de niños sin este servicio educativo.Joven con muletas

Al padre se le ha propuesto que la niña sólo suba y baje una vez las escaleras, y todas las actividades las haga en su aula, por ejemplo cuando toque E. Física se pase al aula de los compañeros de nivel, etc pero el padre no lo acepta. También se le propone que la niña pueda ir a otro centro que tiene ascensor o aulas en la planta baja, pero tampoco quiere.

Por lo tanto, a la niña no se le priva de recibir atención educativa y lo que hay que preguntarse es si hay que dejar a todo un colegio sin un servicio educativo por un caso cuando se puede atender de otras formas.

(*) Director del CEIP Joan Miró de Leganés (Madrid).

Becas de excelencia en la Comunidad de Madrid: Sobresaliente en injusticia

Por Irene Ortiz de Saracho

Una de las expresiones más utilizadas últimamente al hablar de educación es la “búsqueda de la excelencia”. Esfuerzo y trabajo duro para intentar lograr el máximo rendimiento académico. Concretamente, “aprovechamiento académico excelente”, como reza la convocatoria de las Becas de Excelencia de la Comunidad de Madrid para este curso 2013/2014.

Así que aquí estoy, decidida a enviar mi solicitud para estas becas, tras obtener una media de 8.94 en el segundo curso de mis estudios de ingeniería en la Universidad  Politécnica de Madrid –la mínima nota exigida en estudios relacionados con ingeniería es un 8-. Imaginen mi cara de sorpresa al ver que, tras rellenar todo el formulario, no puedo continuar con el proceso por no haber sido beneficiaria de la beca en mi año de ingreso a la universidad. Error informático, seguro. Intentémoslo otra vez. Pero no, la triste realidad es que la Comunidad de Madrid ha decidido incluir este año un punto más en el artículo 8 de la convocatoria, restringiendo la concesión de becas. Además, no crean ustedes que lo han anunciado a bombo y platillo, por supuesto que no. En el resumen que aparece en la página web de las Becas de Excelencia ni se menciona, sino que hay que sumergirse en la convocatoria del BOCM para encontrarlo.oficina

Esto me lleva a plantearme el uso demagógico que se está dando a la palabra ‘excelencia’, reflejado en la convocatoria de unas becas cuyo único criterio de concesión deberían ser los resultados académicos del curso previo. Por lo visto, la excelencia debe ser algún tipo de aura que alumnos en mi situación no poseemos. ¿Acaso no se puede haber hecho una prueba de selectividad simplemente buena y ahora tener un excelente rendimiento universitario? ¿Dónde está la valoración de mi esfuerzo y trabajo duro a lo largo de este año?  Con la inclusión de nuevos criterios como este, arbitrarios e injustos, e incorporados casi como “letra pequeña” sólo puedo sentirme engañada. Atrapada en un sistema que abusa de las grandes palabras porque quedan muy bien en los discursos pero que a la hora de la verdad no sabe lo que significan.

Hace algunas semanas reflexionaba en voz alta con mi familia sobre qué debía pensar el Gobierno de este país sobre el triste hecho de que estuviera invirtiendo en formar a excelentes profesionales que casi con total seguridad acabarían ejerciendo en el extranjero. La clásica “fuga de cerebros”. Pero no se preocupen, ahora sé la respuesta: no les importa en absoluto.

Vivir en tiempos revueltos

Por Ángel Villegas Bravo

En los primeros y oscuros años del franquismo (a los que parece que algunos nos quieren retrotraer) la inmensa mayoría viviamos sin coche, sin teléfono (ni fijo ni móvil) sin tabletas, sin  ordenadores personales, sin televisor, y muchos hasta sin radio, y sin tantas otras cosas que ahora nos parecen imprescindibles. Supongo que nadie queremos volver a esas épocas de atraso y de privaciones, a tener que recurrir al estraperlo para conseguir una barra de pan (si es que tenías dinero para ella) o a pagar la penicilina a precio de oro en determinados lugares  de alterne de Madrid, empeñándote hasta los ojos si tenías la desgracia de que alguno de los tuyos lo necesitara para curar una enfermedad que, de lo contrario, podía llevarte al otro barrio. Sí, de eso, del estraperlista y de que pudieras conseguir el dinero, podía depender tu vida.pobre

No obstante, en estos tiempos revueltos en los que vivimos, la necesidad está agobiando a muchas familias, obligadas a repagar medicinas, a buscar dinero bajo las piedras para que sus hijos estudien o, simplemente, para comer cada día. Así que, si nos obligan, tendremos que dejar de comprar coches, televisores, tabletas, ordenadores personales, vestido, calzado y hasta la comida que no resulte imprescindible. Y dejaremos de gastar luz y gas, agua, gasolina, pólizas de seguro; por supuesto, no podremos gastar en vacaciones, en viajes, en los bares y restaurantes o en tomar un taxi.

Y tendremos que arreglar a un conocido su plancha a cambio de que él nos repare las tuberías atascadas del baño, y acudir al trueque: “cambio cochecito de niño por batidora”; o usar monedas alternativas. Algunas de estas cosas ya están ocurriendo y, sin duda, se van a extender más.

¿Qué pasará entonces?. Será la consecuencia de vivir en estos tiempos revueltos, promovidos por estafadores e incompetentes que nunca ven satisfecha su codicia.

Un consejo para Wert: “váyase antes”

Por Francisco Javier España

WertTodavía guardo aquella enciclopedia que con tanto esfuerzo compraron mis padres a principios de los sesenta, la Espasa Calpe. Recuerdo el día en el que un dicharachero vendedor, convencía aviesamente a mis padres de que aquellas páginas representaban la cultura y que la inversión, aunque desproporcionada para la época, merecía la pena.

Por el camino, películas de Marisol acompañada de estudiantes universitarios con jersey de cuello de pico, representando la verdadera realidad de entonces, cuando la cultura, la de verdad, la que se enseñaba en las universidades, solo estaba al alcance de lo que luego se denominó, “gente pija”.

Señor Wert, usted va a lograr que volvamos a los estereotipos del pasado pretendiendo que la cultura se pague a precio de mercado, por eso ahora, en vez de vendedores de enciclopedias, estamos siendo bombardeados con publicidad de universidades privadas que prometen títulos de todo tipo. Eso sí, previo pago y para los de siempre, los que no llegan a final de mes, los que están atrapados en la miseria y confiaban en la universidad pública para subir un escalón en la competitiva escalera de la vida, pues a endeudarse o arruinarse en el intento.

Señor ministro de Cultura, su irrupción en la cultura nacional huele a la naftalina sectaria del pasado, pero no se apure porque al igual que las caras enciclopedias gráficas han desaparecido ante la irrupción de las enciclopedias virtuales, su ministerio va a ser el primero en desaparecer. Acépteme un consejo, váyase usted antes.

 

Estoy aterrada ante el recorte de las becas

Por Marta García Flores

Me llamo Marta, tengo 21 años y estoy en tercero de carrera de una carrera de 5 años, Veterinaria. Mi padre es un obrero de 59 años que lleva 5 sin encontrar un trabajo fijo. Trabajó un par de meses, por unos cochinos 600 euros el otoño pasado, y ahora le niegan las ayudas y le ponen mil impedimentos. Mi madre es ama de casa, de joven trabajó de administradora en una empresa, pero con la edad y su invalidez del 44% no podrá volver a hacerlo. A pesar de su invalidez no tiene derecho a ninguna ayuda.

En mi casa ahora mismo no entra ni un euro. Mis padres tiran de sus planes de pensiones, casi exhaustos, que ahorraron con esfuerzo de años de trabajo (en el caso de mi padre 42 cotizados, ni más ni menos). Nos quedan unos 3.000 euros de préstamo por pagar, un préstamo que se pidió porque un señor contrató a mi padre para hacer unos chalets y luego no le pagó, así que mi padre tuvo que poner de su bolsillo el dinero de sueldos de obreros y contratistas en su breve periodo como autónomo cuando yo aún no había nacido.988901

Llevo queriendo estudiar veterinaria desde los 6 años. Cuando me gradué en el instituto e hice selectividad, tenía un 8 de media, y acceso a muchas universidades de veterinaria españolas, pero escogí Lugo, a 1.000 km de mi casa en Valencia, porque es una ciudad muy barata en la que vivir. Actualmente, entre alquiler, facturas y comida, gasto unos 350 euros mensuales. Dejando aparte gastos extra como los viajes a mi casa para visitar a mi familia, eso son 3.150 euros en 9 meses de curso… yo pago 12 meses de alquiler. Hasta ahora me las arreglaba muy bien con la beca del Ministerio de 6.000 euros. Siempre me sobraba algo, como este curso, que me han sobrado 2.000 euros para ir tirando hasta enero (mínimo) que es cuando empiezan a conceder las becas del año siguiente. Soy una estudiante de notables y alguna matrícula de honor. Cumplo con, en teoría, todos los requisitos que con el nuevo proyecto de ley el Ministerio de Educación, con el señor Wert a la cabeza, quieren potenciar. Y precisamente por ese nuevo proyecto de ley sé que no voy a terminar la carrera. Porque van a reducir las becas para gente como yo a 3.000 euros, y no me salen las cuentas.

Ahora mismo estoy aterrada. Me veo en la calle, sin experiencia ni dinero, sin haber terminado la carrera, y a este paso también sin casa, si mis padres llegaran a perderla. Para mí está claro que ya es tarde… nadie me salva de tener que dejar la carrera este año, pero igual hay otros estudiantes que aún podrían seguir, gente que esté como yo o incluso peor. Espero que publiquen un artículo, algo pequeño, apenas unas líneas en su periódico. La gente necesita abrir los ojos, nos están robando. Si el dinero ya no está en las ayudas del paro, ni en los jubilados, ni en la sanidad, ni en la educación… ¿dónde está? No soy economista, pero no hay que ser muy listo para darse cuenta de que se lo están quedando. Y es hora de que hagamos algo.

Ruego que alguien me escuche.

 

El mito de la igualdad de oportunidades

Por José Antonio Pozo Maqueda

La secretaria de Estado de Educación, Montserrat Gomendio, tiene toda la razón del mundo cuando afirma: “Un título universitario ya no basta para lograr un empleo medio o alto”. Aunque yo añadiría que el “ya” sobra, porque casi nunca un título universitario ha sido suficiente para acceder a los empleos medios y altos mejor remunerados. EstudiantesEs un hecho evidente que para acceder a un empleo medio o alto la extracción social juega un papel fundamental; siendo más probable que los ocupen los universitarios de extracción social alta que los de extracción social baja: la sociedad –y cuanto más desigual sea con más razón-en ausencia de mecanismos equilibradores –lo que ocurre con mayor frecuencia cuanto mayor sea el protagonismo de un mercado sin cortapisas- se limita a reproducir las desigualdades existentes o, incluso, a profundizarlas. La tan cacareada igualdad de oportunidades no deja de ser un mito o, en el mejor de los casos, una declaración de principios vacía de contenido. Vamos, pura ideología para escamotear la realidad.