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Entradas etiquetadas como ‘profesiones’

Profesiones devaluadas

Por Raquel Arrey

Soy maestra de Educación Infantil, de niños de 0 a 3 años. Cambio su pañal, les doy de comer y les pongo a dormir. Pero también los educo.

Hay diferentes tipos de carreras profesionales que se ven devaluadas continuamente. Un fisioterapeuta da masajes. No, no es sólo eso. También nos educa posturalmente, nos enseña ejercicios preventivos, y nos ayuda a fortalecer nuestro cuerpo. Pero la mayoría de las personas piensan en este profesional cuando les duele la espaldaGuardería

Un nutricionista nos hace dietas. No, no es sólo eso; nos enseña hábitos, nos da ideas y nos ayuda a tener una vida más saludable, no simplemente a estar delgados.

Lo mismo pasa con los maestros: por el hecho que la gran mayoría de mujeres han sido madres, parece que los y las educadoras hacen de niñeras. Hemos estudiado teorías, preparamos actividades y compramos juguetes con un propósito, no solo para tener a los niños entretenidos.

Con eso no quiero devaluar a las madres o los padres, que gran mérito tienen, pero sí hacerles ver que todas las profesiones (con carrera o sin) se merecen un valor y un respeto.

¿Productos de la crisis o productos de sus capacidades?

Por M. B.

Estamos ya a mediados de abril, a poco tiempo de empezar los exámenes finales. En un Colegio Mayor en Madrid, Sara, estudiante de primero de Matemáticas, llama a una amiga llorando para contarle que no le gusta su carrera, que ella siempre tuvo buenas notas y estudiaba porque quería, pero que este año no está motivada, que entró ahí porque se le daban bien. Un poco más lejos, Bea, estudiante de primero de Doble Grado en Matemáticas e Informática busca consuelo en una compañera, le dice que está desmotivada, que eligió su carrera por descarte pero no le gustan las salidas, no quiere pasar la vida haciendo problemas. En otra ciudad58934-249-302, Manuel, en primero de Ingeniería Civil, se echa las manos a la cabeza, no quiere seguir con el grado aunque no lo lleve mal, no quiere ese futuro, no se ve trabajando de ingeniero.

Sara quiere hacer Bellas Artes; Bea, Magisterio; Manuel, acabar el conservatorio y dedicarse a la música. Son tres ejemplos de  alumnos de matrícula haciendo grados acordes a sus capacidades pero nada acordes a sus gustos. Si se cambian de carrera, se enfrentan al rechazo de algunos colectivos que les reprocharán no aprovechar sus capacidades y se enfrentan aún más a la crisis por elegir grados con salidas ambiguas. Si no se cambian llevarán toda la vida la espina clavada de no hacer lo que quieren. Son alumnos que podrían sacarse la carrera que quisiesen pero no estudian lo que les gusta. Son otro producto de la crisis. ¿Les dejamos que cambien? Es triste tener que elegir entre la bolsa del paro o la de frustrados.

¿Y tú de quién eres? Una historia de crisis

Por Paula Mateos

¿Y tú de quién eres?, cualquiera que haya tenido pueblo ha tenido que escuchar este pregunta a lo largo de su vida por lo menos una vez. –“Señora, yo soy del Tane”, debía ser mi respuesta cuando iba a Solana de Ávila, el pueblo de mi padre.

El caso es que ahora, la pregunta obligada se ha convertido en dos:

-¿De España, de dónde?

-¿Licenciado en qué?

Eso pasa si, como a mí, te han echado a patadas de tu propio país. Corrupción, desahucios, robos por parte de las cúpulas de distintos partidos políticos, defensa de ladrones, y lo más triste un continuo dar la espalda al futuro de España; sí, el futuro, los jóvenes. Porque aunque el ego de nuestros gobernantes sea mayor que su cara dura, no son los que sostienen el país. No se dan cuenta de que si ellos tienen lo que tienen es gracias a la gente que día a día saca a sus familia adelante con jornales miserables, es gracias a gente que trabaja como becarios por sueldo de mierda o incluso gratis y es gracias a cada uno de los españoles a los que cada día exprimen y oprimen más y más y más; y yo pensando que Franco había estirado la pata… ¡Ilusa!

Estáis acabando con los sueños de una generación entera y de sus familias, estáis acabando con nuestro país, pero sobre todo estáis acabando con nuestra paciencia, no estaremos sometidos para siempre, tendréis más dinero, pensaréis que tenéis más  poder, pero nosotros somos más y somos más fuertes, cada vez que nos dais la espalda nos hacemos más grandes y algún día eso significará vuestro fin.

Esto de vivir en el extranjero, señores, no es tan bonito como lo pintan, hemos huido, sí, pero hasta cierto punto. La mayoría de gente que conozco en Toronto no trabaja de lo suyo, y son licenciados, diplomados o formados en algún campo. Y es tremendamente demoledor escuchar cómo lloramos hasta por trabajar de lavaplatos, sí, de lavaplatos: -“Seré ingeniero de teleco pero por lo menos trabajo”, me decía un chico de 26 años hoy mismo, y no era el único caso; niñeras-abogado, camareras-geólogo, jardineros-ingeniero y un sinfín de profesiones hechas para extranjeros con titulación. Esto pesa como una losa sobre la espalda, y se me cae el alma a los pies al ver que como yo, licenciada veterinaria a 6000 km de Madrid, hay muchos. Y cada día me levanto pensando si alguna vez podré tener mi propia casa, en mi propio país, con mi propio trabajo de veterinaria y mi propio dinero o si, por contra, tendré que depender siempre de mis padres. Me pregunto si algún día se me olvidará todo lo que sé, lo que he aprendido en la carrera, por no poder ponerlo en práctica. Me pregunto si algún día un sueño será volar o conocer a Brad Pitt y no conseguir un trabajo. Me pregunto cuándo tendrá fin la angustia de tantos jóvenes, me pregunto si aún lo soy.

Protesta en toronto

Sé que hoy, “all over the world”, se juntaron personas para chillar muy muy fuerte, de corazón, que deseamos volver, que no es justo, que basta ya, que no es su país solamente, ni el de sus hijos enchufados en puestos bien remunerados, ¡que es el nuestro! Estamos cansados, y muy bien formados, la futura cura del cáncer la puede tener un médico Salmantino que trabaja de camarero en Nueva York y al que no le financian un proyecto de investigación. Y a vosotros, politicuchos, solo os importa ¿quién le regalo los trajes a Camps? ¡A mí como si quiere tener un sastre! Son ustedes los que deberían estar aquí, yo no sobro en mi país, yo no lo hundo, yo intento sacarlo adelante, ¿por qué no se van ustedes? Váyanse dejando su puesto a un buen licenciado en ciencias políticas. ¡Váyanse, yo también los echo!

Y cuando volvía a casa, tras nuestra manifestación en Toronto, se me caían las lágrimas en el metro, lloraba de pensar cuánta gente interesante y válida hay desaprovechada alrededor del mundo que solo desea trabajar de lo suyo en su hogar, en su país, ¡qué gran pecado!  Qué suerte la mía que los he conocido, qué valientes son, qué grandes, los que estuvieron, los que están, los que no han podido venir y están atrapados en España, esos son muy importantes, son los luchadores internos.

Y lloraba, lloraba, lloraba mucho; humildemente una anciana se ha sentado a mi lado, me ha sonreído y me ha dado un pañuelo, y yo mirándola a los ojos le he dicho: -“Señora,  yo soy del Tane”.

¿Por qué estamos quemados los enfermeros?

Por Juan Carlos Mejías Román (enfermero)

Siendo los profesionales mejor valorados por los ciudadanos en la última encuesta de salud, los enfermeros, y así lo demuestran estudios recientes, estamos aumentando la estadística en cuanto a casos de incapacidad laboral por estrés profesional. Me parece muy paradójico que unos profesionales vocacionales, como lo somos, a los pocos años de formar parte del sistema nos sintamos quemados y lleguemos a plantearnos si continuar o no ejerciendo. Me pregunto si las administraciones sanitarias se plantean el hecho de que la satisfacción de los ciudadanos por la labor enfermera no sea percibida por los propios profesionales. No deja de ser una paradoja. Ya es hora de que posibiliten nuestro crecimiento personal para que sintamos el sistema, del que formamos parte, como nuestro, y la contrariedad se convierta en razón.