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Trasdós Trasdós

No nos disgusta la definición del término trasdós: la "superficie exterior convexa de un arco o bóveda". En este blog perseguimos estar en alerta y con el objetivo siempre dispuesto para capturar los reflejos, destellos, brillos y fulgores que el arte proyecta.

Entradas etiquetadas como ‘Shakespeare’

La justicia llega tarde para Sam Wagstaff, novio y educador de Mapplethorpe

Polaroids de Robetr Mapplethorpe, 1972-1973. Izquierda: Wagstaff. Derecha: autorretrato de Mapplethorpe. Gift of The Robert Mapplethorpe Foundation to the J. Paul Getty Trust and the Los Angeles County Museum of Art

Polaroids de Robetr Mapplethorpe, 1972-1973. Izquierda: Sam Wagstaff. Derecha: Autorretrato de Mapplethorpe © The Robert Mapplethorpe Foundation to the J. Paul Getty Trust and the Los Angeles County Museum of Art

Entre las dos Polaroid transcurrieron solo unos meses. El hombre en ropa interior de la izquierda, Sam Wagstaff, tenía más o menos 50 años y era tan millonario como lo había sido en la cuna —el dinero llegaba por ambas líneas consanguíneas: el padre, superabogado y la madre, judía polaca, ilustradora de confianza de Harper’s Baazar—.

El chico encuerado de la derecha, Robert Mapplethorpe, de 25, pretendía convertirse en fotógrafo, en artista, comerse el mundo, ser un nuevo Elvis

Se conocieron en una fiesta licenciosa en uno de esos lofts de Nueva York donde entrabas por una cualquiera de estas dos condiciones: ser bello o ser un poco menos bello pero tener mucho cash.

Se acostaron juntos la misma noche y fueron amantes durante quince años. Ambos murieron de sida con una diferencia que fue caritativa para el sentimiento de pérdida de Robert: Wagstaff en 1987 y Mapplethorpe en 1989.

Los dos decesos ocurrieron en invierno, pero la nieve solo parece haber caído sobre la memoria de Wagstaff.
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La Hermandad Prerrafaelita, una rebelión contra la tiranía victoriana

Elizabeth Siddal, Rossetti,Millais y Jane Burden

Siddal, Rossetti,Millais y Burden

En el constreñido ambiente artístico victoriano, a mediados del siglo XIX el realismo era la única opción válida. Alfred Tennyson era el poeta laureado del momento, con su lírica de versos políticos sobre batallas y sucesos históricos que convertían la poesía en un género documental más que en un arte.

Con el desarrollo industrial, una clase media emergente, con escasos conocimientos artísticos, necesitaba unos cánones que juzgaran con facilidad cualquier creación literaria, escultórica o pictórica, clasificar toda obra como si se tratara de un insecto, un mineral o la pieza de una máquina. El realismo era sinónimo del orden burgués y crear algo de utilidad social y moral era un deber.

La Hermandad Prerrafaelita se fundó en Londres en 1848, con Dante Gabriel Rossetti, William Holman Hunt y John Everett Millais como primeras figuras. Eran estudiantes de arte en la Royal Academy of Arts y habían decidido poner fin a la mal entendida influencia de Rafael y Miguel Angel en el arte, a la eterna sucesión de obras manieristas que saturaban el panorama de la época.

Su apuesta era volver al color, al detalle y a las composiciones anteriores al Renacimiento, al espíritu medieval y mítico del pasado, con una técnica realista que sin embargo retaba las convenciones con una atmósfera poética que daba a los personajes un aura mágica. La belleza, sin reparar en el fin, era lo más importante.

El Cotilleando a… de esta semana es para la Hermandad Prerrafaelita, con una selección de cinco cuadros, renovadores y rebeldes, del movimiento que constituyó la primera vanguardia artística de la historia.

'Ophelia' - John Everett Millais

‘Ophelia’ – John Everett Millais

1. Ophelia – John Everett Millais (1829-1896). El color y la textura de las algas parecen tapizados en lugar de vegetación. Las diminutas flores brillan como joyas sobre el cadáver de Ofelia, la amada suicida del príncipe Hamlet, el protagonista de la tragedia de Shakespeare.

Los prerrafaelistas eran fieles a pintar del natural y Millais no era una excepción: comenzó en el verano de 1851 a retratar el río Ewell, cerca de Kingston-upon-Thames (ahora un suburbio del sudoeste de Londres) en sesiones que duraban todo el día.

La fragilidad de Ofelia la personificó Elizabeth Siddal (1829-1862), que escribió poesía y pintó además de ser modelo de Millais, Walter Deverell, Dante Gabriel Rossetti y William Holman Hunt. Siddal posó durante el invierno, tumbada en una bañera calentada con lámparas de aceite. En una ocasión se apagaron y el agua se enfrió, la chica no dijo nada y el artista, abstraído y finalizando el cuadro, no prestó atención al detalle. La sufrida musa cogió un resfriado cercano a la neumonía y su padre reclamó al artista 50 libras esterlinas como compensación por los gastos médicos.

'Beata Beatrix' - Dante Gabriel Rossetti

‘Beata Beatrix’ – Dante Gabriel Rossetti

2. Beata Beatrix – Dante Gabriel Rossetti (1828-1882). Elizabeth Siddal mantuvo un romance de una década con Rossetti y fue esposa del pintor sólo durante dos años, hasta 1862, cuando ella murió de una sobredosis de láudano, el preparado a base de opio utilizado como panacea en el siglo XIX. El pintor se inspiró en su esposa para representar a Beatriz, el amor platónico de Dante Alighieri. La pintura —realizada un año después de la muerte de Siddal—, ilustra la Vita Nuova (1292-93), la primera obra del italiano, en la que explica su amor platónico por Beatriz, que traspasa su estátus de ser humano y es ante los ojos del poeta una criatura celestial y redentora de pecados.

'Queen Guenevere' - William Morris

‘Queen Guenevere’ – William Morris

3. Queen Guenevere – William Morris (1834-1896). Fue pintor, escritor, diseñador textil, artesano, activista político… William Morris se rebeló siempre contra el desarrollo industrial. Creó el movimiento Arts and Crafts (Artes y oficios) como reacción a los productos creados en masa, para recuperar procesos artesanos de orígenes que se remontaban a la Edad Media y estaban en peligro de desaparecer. Los patrones decorativos del tocador de la reina, las tallas y los trabajos de marquetería, el diseño del vestido o el manuscrito en el que se adivina una letra dorada son detalles que delatan el amor del artista por el detalle exquisito.

La reina Ginebra es Jane Burden, el ideal de belleza  del arte prerrafaelista (1839-1914). Posó también para Rossetti y parece ser que estaba enamorada de él, pero el pintor ya había encontrado a Siddal. Burden se casó con Morris en 1859, un año después de posar para este cuadro, el único óleo que el artista finalizó. La nueva señora Morris tenía una educación básica y tras el matrimonio recibió clases privadas. Demostró ser una ávida lectora y una talentosa pianista, aprendió casi a la perfección francés e italiano. El escritor irlandés George Bernard Shaw la utilizó como inspiración para la obra de teatro Pygmalion (1912), que cuenta como la florista Eliza Doolittle es educada por el profesor de fonética Henry Higgins, que logra tras grandes sacrificios una transformación que borra su pasado obrero.

Ford Madox Brown - 'The Last of England'

Ford Madox Brown – ‘The Last of England’

4. The Last of EnglandFord Madox Brown (1821-1893). No llegó a pertenecer a la Hermandad Prerrafaelita, pero se mostraba en contra del academicismo en el arte, colaboró en la empresa de diseño de Morris y fue gran amigo de Rossetti. Seducido por la idea de la emigración a causa de la falta de éxito y de ingresos, Brown fue a Australia a visitar al escultor prerrafaelista Thomas Woolner, que se había marchado de Inglaterra en 1852 y había encontrado el éxito en las antípodas. El cuadro, realizado entre 1852 y 1855, muestra a una pareja de emigrantes de clase media —el pintor y su esposa Emma— que se despiden de Inglaterra. Brown resalta que, a diferencia de las clases sin cultura, que se alegran de marcharse, los emigrantes formados son conscientes de lo que pierden y por eso miran hacia atrás con melancolía. El artista finalmente no abandonó su país.

John Everett Millais - 'Blind Girl'

John Everett Millais – ‘Blind Girl’

5. The Blind Girl – John Everett Millais. Una muchacha ciega descansa en un prado. En su cuello lleva escrito el mensaje “Compadézcase de la ciega”, en el regazo tiene una concertina, el instrumento que utiliza para pedir dinero. Millais complementa la hermosura desvalida de la joven y su guía, una niña que podría ser su hermana, con la belleza del paisaje de pastos y nubes negras en el que la tormenta intensifica el olor de la hierba y el brillo del sol provoca un doble arcoiris.

Fiel a la tradición prerrafaelista de incluir a esposas, amantes y amigos entre los personajes de los cuadros para dotar a las escenas de autenticidad, la modelo es Effie Millais (1828-1897), la mujer del artista, que abandonó al crítico John Ruskin (con el que nunca consumó el matrimonio porque él no la consideraba deseable) para casarse con Millais.

El cuadro es una alegoría de los sentidos, intensificados en una persona que no puede ver, pero sí sentir la belleza sublime del escenario con una quietud que incluso provoca que una mariposa se pose tranquila en su hombro. La niña que acompaña a la protagonista muestra la inquietud infantil de quien no necesita descansar. Cuando se expuso por primera vez, en 1856, muchos señalaron que el doble arcoiris invierte el orden de los colores. Millais había pintado ambos con la misma progresión y a raíz de la crítica cambió el detalle para darle veracidad científica.

Helena Celdrán

El infinito Borges en 20 bocetos

Autorretrato de Borges, en tinta y papel

Autorretrato de Borges, en tinta y papel

Cuando dibujó su autorretrato mediante un solo trazo que, como el vértigo de los espejos, parece infinito, Jorge Luis Borges ya padecía una ceguera solo iluminada por manchas amarillas. Le gustaba, decía, porque el amarillo predice el infinito, la piel de los tigres y la sed del desierto.

La infinitud de Borges; su búsqueda en los libros de la verdad definitiva, sabiendo de antemano que la exploración será infuctuosa porque “el texto definitivo corresponde a la religión  o el cansancio”; su condición de centro magnético de la literatura contemporánea, del que emanan y hacia el que se dirigen, circulando en doble dirección, los brazos de un delta confuso pero indiscutible (Sebald, Magris, Amis, García Márquez, Lem, Perec, Saramago, Rushdie, Gombrovicz, Gibson, Fuentes, Eco, Barth…)…

En suma, la obra decisiva, que traza la frontera, tan precisamente definida hace unos días en Madrid por Alberto Manguel: “Existe la Literatura Antes de Borges y la Literatura Después de Borges. Borges creó su obra a medida que la iba leyendo e iba leyendo a medida que creaba su obra. Dio el poder al lector, el poder de decir qué es lo que estamos leyendo”.

Se cumplen 25 años de la muerte del escritor, una palabra que le sienta peor que un traje barato, porque escritor es quien escribe, un oficio como el de los carniceros o las floristas.

Borges falleció el 14 de junio de 1986 (cáncer hepático y enfisema) a los 86 años. Su viuda acaba de revelar que dedicó los últimos días sobre el mundo a aprender árabe, a trazar la caligrafía de un idioma que también parece proceder de los signos arcanos de la piel de los tigres y la arena torturada por el viento del desierto.

Sin otra pretensión que recordarle -como haré cada día hasta el último de mis días-, enumero algunas peculiaridades del Borges extra literario, algunas de las manchas amarillas de su paso por el mundo..

Este Top secret está dedicado al escribiente que prologó así su vida: “La patria, los azares de los mayores, las literaturas que honran las lenguas de los hombres, las filosofías que he tratado de penetrar, los atardeceres, los ocios, las desgarradas orillas de mi ciudad, mi extraña vida cuya posible justificación está en estas páginas, los sueños olvidados y recuperados, el tiempo…”.

En 1902, a los tres años

En 1902, a los tres años

1. “Nunca me alejé de esa biblioteca”. El padre, Jorge Guillermo Borges, era argentino de ancestros británicos, abogado, lector del anarco-humanista Spencer, traductor al castellano (vía inglés) de Omar Jayyam y amigo íntimo de Macedonio Fernández, autor de una obra que vindicaba la veneración del argentinismo. Jorge Guillermo era dueño de una gran biblioteca de “ilimitados libros ingleses”, recordaría el hijo. “Si se me pidiera designar el hecho principal de mi vida, diría que fue la biblioteca de mi padre. De hecho, a veces pienso que nunca me alejé de esa biblioteca”.

2. Georgie, ojos azules. Nació en el invierno austral, el 24 de agosto de 1899. Fue octomesino. El padre se apresuró a examinar los ojos del primogénito. “Son azules, como los tuyos. Está salvado”, dijo a su esposa, la uruguaya Leonor Acevedo Suárez. Los Borges padecían una ceguera endémica. La profecía falló y Georgie -como le llamaban todos es casa- perdió progresivamente la vista.

3. Dos códigos. Lingüísticamente creció en la bipolaridad: hablaba inglés con su abuela paterna, Fanny Haslam, y español con su madre. Hasta los nueve años tuvo una institutriz inglesa, miss Tink. Algunos discípulos del sicoanálisis (Borges detestaba a Freud, al que consideraba “una suerte de loco”, un hombre “trabajado por una obsesión sexual”), creyeron ver en la ausencia de fronteras entre ambos códigos idiomáticos la causa del tartamudeo de Borges, que sólo corrigió (por sí mismo) a los 45 años. Aunque adoraba la literatura en inglés, nunca tragó con la altivez del Reino Unido: “No hace falta señalar que algunos hábitos ingleses me resultan del todo ajenos: el té, la familia real, los deportes ‘varoniles’ o la devoción fanática por cada línea de Shakespeare”.

Con Norah, en el zoológico de Buenos Aires, 1908

Con Norah, en el zoológico de Buenos Aires, 1908

4. La cómplice. La mujer de su vida fue su hermana Norah, dos años menor. Atrevida, de ojos enormes y siempre abiertos (no heredó la ceguera de los Borges), fue su compañera y confidente durante quince años. Desplegaban “juegos extraordinarios” con personajes imaginarios, veían asesinos acechantes en la negrura de los espejos, se extasiaban ante la jaula del “ferocious tiger” en el zoo de Buenos Aires -el lugar favorito de Georgie-, huían de los enmascarados durante los carnavales… Norah Borges (1901-1998) fue pintora e ilustradora de estilo deliberadamente ingenuo. Estuvo casada con Guillermo de Torre, crítico y poeta ultraista español. Tuvieron dos hijos. Su hermano jamás se planteó ser padre: “Nunca quise tener hijos. Son tan incómodos, de chicos. Me habría gustado tener hijos de veinte años por lo menos, que fueran amigos”.

5. Entre compadritos. Aunque Borges nació en una casa de la calle Tucumán, cerca del centro de Buenos Aires, cuando el niño tenía dos años la familia se trasladó a un caserón del barrio de Palermo, donde, por entonces, la ciudad terminaba y daba paso a baldíos y terrenos con pequeñas villas. Allí cultivó la curiosidad por el malandreo de los compadritos, escuchó las primeras milongas,vio bailar el tango (siempre entre hombres, era demasiado osbceno para las muchachas) y desarrolló algunas de sus neuras menos loables: el descrédito hacia los españoles y los italianos, que relacionaba con la canalla perdularia. Políglota como fue, sólo Dante le hizo aprender italiano para poder disfrutar de la Divina Comedia. De España dijo, no sin razón, que es un “fragmento arrrancado de la caliente África, y tan burdamente soldado a la inventiva Europa”.

6. El bicho raro de la escuela. A los seis años confesó que quería ser escritor. A los siete escribió, en inglés, un resumen de mitología griega. A los ocho, un cuento, La visera fatal. A los nueve, tradujo El príncipe feliz, de Óscar Wilde. Cuando finalmente fue enviado al colegio, a los nueve, sus padres le vistieron con traje y cuello alto de Eton. La indumentaria, los anteojos, el tartamudeo y la escasa destreza física le convirtieron en el patito feo. Siempre recordó la experiencia como siniestra.

7. El juerguista y el poeta de los perros. Dos personajes clave. Uno, Álvaro Melián Lafinur, primo del padre de Borges, era sólo diez años mayor que Georgie pero tenía la valentía y el descaro que a éste le faltaban. Conocedor de los bajos mundos, tocador de tangos (al estilo porteño, no al afectado de París popularizado por Gardel), bohemio, bebedor y mujeriego, fue para el niño como el hermano mayor que nunca tuvo. Dos, Evaristo Carriego, un poeta del pueblo, vecino del Palermo pobre que los Borges rehuían y conocedor de las manadas de perros salvajes que mandaban en las noches del barrio (“beben agua de luna en los charcos”, dice uno de sus veros). Murió a los 29 años de tuberculosis y sin ningún libro publicado. Todos aparecieron póstumamente. Borges, que le admiraba, le dedicó una biografía en 1929, pero el libro es un pretexto para recordar el espíritu de Palermo.

El joven Georgie

El joven Georgie

8. Los libros perdidos de Valldemosa. Durante la estancia de la familia en Europa (1914-1921), aprende latín, francés y alemán, lee a los simbolistas, a Nietzsche y Schopenhauer, a Meynrik. Descubre a tres de los autores que le acompañarán toda la vida, Thomas CarlyleGilbert K. Chesterton y Thomas de Quincey. Conoce Suiza, Italia y España. En Valldemosa (Mallorca), intima con el vicario (repasan a Virgilio en latín) y trabaja en un par de libros que nunca publicó e intentó borrar de su pasado: Los ritmos rojos, un poemario exaltado sobre la revolución bolchevique, y Los naipes del tahúr, una colección de relatos “a la manera de Pío Baroja”. Vive el ajetreo vanguardista de Madrid que, muy de acuerdo con el espíritu pancista de la ciudad, se desarrolla en cafés y restaurantes. Conoce a Ramón Gómez de la Serna, de cuya suficiencia no guardará buen recuerdo, y a Rafael Cansinos Asséns, al que considerará un maestro.

9. La deriva. Antes de que la deriva y la sicogeografía situacionistas estuviesen de moda, Borges practicó la caminata con pasión. Paseaba al azar por Buenos Aires, siempre de noche y en ocasiones hasta la llegada del amanecer. Probaba a sus ocasionales compañeros apurando el paso. Casi todos abandonaban.

10.Con una pistola en la mano. El día en que cumplía 35 años, el 24 de agosto de 1934, compró una pistola, se alojó en un hotel que conocía de su infancia, bebió aguardiente, leyó una novela policiaca y estuvo a punto de suicidarse. Estaba convencido de que como escritor nunca dejaría de ser un autor de minorías. Aunque nunca habló con claridad de aquella noche en que paladeó la antesala de la muerte, cuando le preguntaron, pasados los años, por qué no se había matado, respondió: “Por cobardía”.

11. El “aborrecible centinela”. A partir de 1935 y durante casi toda su vida sufrió de la “atroz lucidez” del insomnio. “En vano espero las desintegraciones y los símbolos que preceden al sueño”, escribió en un poema.

Con Norah, años cuarenta

Con Norah, años cuarenta

12. Cerca de la muerte. En la Navidad de 1938, poco después del fallecimiento, de su padre, sufrió un accidente que le llevó a las puertas de la muerte. Subía muy aprisa una escalera a oscuras y se golpeó la cabeza con el batiente abierto de una ventana recién pintada. El corte, infectado por la pintura, le provocó una septicemia.

13. Inspector de aves y conejos. Cuando el militar Juan Domingo Perón llegó a la presidencia de Argentina en 1946 ordenó que Borges fuese destituido como funcionario de la Biblioteca Nacional y nombrado inspector de aves y conejos en los mercados municipales. Era una venganza soez por las críticas del escritor al peronismo. Borges renuncia y se gana la vida dando conferencias, que le ayudan a vencer su enfermiza timidez y a que desaparezca el tartamudeo. Su madre y Norah son detenidas por cantar el himno nacional en la calle sin permiso. A la primera la condenan a un mes en arresto domiciliario. A Norah la ingresan en la cárcel con las prostitutas. Les da clases de francés y dibujo. En 1955, cuando cayó Perón, Borges es nombrado director de la Biblioteca Nacional.

14. Mujeriego. Borges era un conquistador nato: simpático, humilde, alto, cultísimo… Sus amores, sin embargo, nunca tuvieron permanencia. Mantuvo una larguísima amistad, no desprovista de cierto grado de flirteo, con Silvina Ocampo, que se casaría con el mejor discípulo de Borges, Adolfo Bioy Casares. Le fascinó Norah Lange, vanguardista, libre, pelirroja. Se enamoró, sin ser correspondido, de la periodista y traductora Estela Canto, que dijo de él: “Sexualmente me era indiferente, ni siquiera me desagradaba. Sus besos torpes, bruscos, siempre a destiempo, eran aceptados condescendientemente. Nunca pretendí sentir lo que no sentía”. En 1967 se casó con Elsa Astete Millán, una novia de juventud a la que no había tratado en treinta años. El matrimonió duró hasta 1970. Borges nunca ahondó en las causas de la ruptura, pero destacó, con extrañeza, que “Elsa nunca soñaba”.

Con María Kodama

Con María Kodama

15. La guardiana. María Kodama es la viuda, heredera testamentaria y celosa albacea del patrimonio de Borges. En la prensa argentina la llaman La guardiana por su gusto por el pleito judicial, que practica con menos asiduidad que la palabra. Hija de un inmigrante japonés y graduada por la Universidad de Buenos Aires, fue discípula y amiga del escritor desde los años sesenta.  Se casaron por poderes en 1986 en Paraguay. En 1979, antes de ser operado de una prostatitis, Borges había testado que le dejaba la mitad de su dinero en efectivo a Epifanía Fanny Uveda de Robledo, quien trabajó durante varias décadas al servicio de Borges y su madre. La otra mitad, más sus derechos de autor, iban para Kodama. En 1985 redactó un nuevo testamento que excluía a Fanny y designaba a Kodama heredera universal. Tras el matrimonio, Norah Borges calificó la unión de “diabólica”.  Kodama -cuya fecha de nacimiento es incierta (según los documentos podría ser 1937, 1941 ó 1945)- preside con mano de hierro la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, se querella contra biógrafos que discuten sus maneras y vigila con celo las reediciones de Borges, que ha expurgado en alguna ocasión eliminando textos dedicados a otras mujeres.

16. El Nobel de nunca jamás. La Academia Sueca nunca quedó mejor retratada en su medianía como hurtando el Nobel de Literatura a Borges, nominado casi todos los años desde la década de los sesenta.  Se especula que en 1977 habían decidido dárselo (a medias con el español Vicente Aleixandre), pero reconsideraron la propuesta porque Borges fue a Chile a recibir una medalla que entregaba el dictador Augusto Pinochet. Cuando le preguntaron si sabía que se jugaba el Nobel, Borges dijo: “Pero fíjese que yo sabía que me jugaba el Premio Nobel cuando fui a Chile y el presidente ¿cómo se llama?… Sí, Pinochet me entregó la condecoración. Yo quiero mucho a Chile y entendí que me condecoraba la nación chilena, mis lectores chilenos”. Tampoco salió muy bien parado el Ministerio de Cultura de España en 1980 cuando le dieron el Premio Cervantes pero compartido por Gerardo Diego. Hubo avalancha de llamadas de periodistas extranjeros a los servicios de consulta preguntando quién demonios era Gerardo Diego.

Borges retratado en Nueva York por Diane Arbus

Borges retratado en Nueva York por Diane Arbus

17. Político. Borges era un extraño liberal y también un extraño anarquista (“la libertad plena acaba por equivaler al pleno desorden”). Sin embargo, discutió toda “apariencia de orden” en un mundo por definición venteado por el caos y gustó de las utopías humanistas. En los años cincuenta se le criticó por defender la idea de que la literatura no tiene fronteras nacionales. Respondió con una conferencia que terminaba así: “Creo que si nos abandonamos a ese sueño voluntario que se llama la creación artística, seremos argentinos y seremos, también, buenos o tolerables escritores”. En 1980 -circunstancia que no suelen mencionar sus censores- la firma de Borges apareció junto con la de su amigo Ernesto Sábato en una petición pública al gobierno exigiendo que se aclarasen responsabilidades políticas y penales sobre los desaparecidos.

18. Rey del entrecomillado. Nadie mejor que Borges para entender a Borges. Un mix de entrecomillados: “Lamento decir que se han escrito cincuenta o sesenta libros acerca de mí. Pero yo no he leído ninguno de esos libros, ya que sé demasiado sobre el tema” | “Tengo la sensación de haber gastado mi fortuna en tacitas de café” | “La ceguera es una clausura, pero también es una liberación, una soledad propicia a las invenciones, una llave y un álgebra” | “Si en todos los idiomas existe la palabra felicidad, es verosímil que también la cosa exista. Algunas veces, al doblar una esquina o cruzar una calle, me ha llegado, no sé de donde, una racha de felicidad” | “Siempre llegué a las cosas después de encontrarlas en los libros” | “Soy simplemente un hombre de letras. No estoy seguro de haber pensado nada en toda mi vida. Soy un creador de sueños” | “¿Por qué voy a morirme, si nunca lo he hecho antes? ¿Por qué voy a cometer un acto tan ajeno a mis hábitos? Es como si me dijeran que voy a ser buzo, o domador, o algo así, ¿no?” | “La humildad es, en mi caso, una forma de lucidez. Prefiero, como los japoneses o los chinos, que los otros tengan razón. Detesto las polémicas” | “Yo creo que no tiene sentido hablar de lecturas obligatorias. Es como hablar de amor obligatorio o felicidad obligatoria. Uno debe leer solamente por el placer del libro” | “Cada vez que leo algo que han escrito en contra de mí, no sólo estoy de acuerdo sino que siento que yo mismo podría hacer mucho mejor ese trabajo” | “Si nos explicaran el sentido de la vida, seguramente no lo entenderíamos”.

Borges retratado por Humberto Rivas, 1972

Borges retratado por Humberto Rivas, 1972

19. Provocador y disidente. Gracias a la independiente verdad de sus afirmaciones, Borges era un maestro de la provocación y la disidencia. En este momento de gustos masivos y top ten aborregantes, leer sus juicios (los “juegos de un tímido”, como gustaba de llamarlos) es una pura necesidad y una infalible medicina contra los pensamientos dirigidos. Otro mix: “Un argentino es un individuo, no un ciudadano. Es lícito decir que la mejor tradición argentina es superar lo argentino” | “No es imposible que Adolf Hitler tenga alguna justificación; sé que los germanófilos no la tienen” | “Qué raro es pensar que todos los hoteleros de Suiza debe su fortuna a Byron y a los otros románticos” | “Soy demasiado tímido para ser un buen lector de novelas. Me siento perdido entre tanta gente. Cuando era joven me gustaba olvidarme entre las multitudes de Dickens, de Hugo o de los rusos; ahora me siento tan incómodo en esas turbas como en una sesión académica, en un banquete o en una fiesta de fin de año” | (Federico García Lorca era) “un andaluz profesional (que practicaba) un fraudulento arte popular con metáforas”.

20. Borges golea a la Web. Los sueños literarios de Borges anteceden a la World Wide Web. Eso dicen algunos, emparentando a Internet con el relato La Biblioteca de Babel, que dibuja un lugar de infinitas habitaciones hexagonales que contienen todos los libros escritos o por escribir y sus mareantes permutaciones, y al network con El Aleph, el punto que contiene todo lo conocido. Los vaticinios de Borges ganan por goleada: Google indexea un trillón de páginas (la unidad seguida de 12 ceros): ése puede ser el tamaño aproximado de Internet. La biblioteca de Borges no entiende de ceros, es eterna: “Todos los libros, por diversos que sean, constan de elementos iguales: el espacio, el punto, la coma, las veintidós letras del alfabeto (…) No hay en la vasta Biblioteca, dos libros idénticos (…) Sus anaqueles registran todas las posibles combinaciones de los veintitantos símbolos ortográficos (número, aunque vastísimo, no infinito) o sea todo lo que es dable expresar: en todos los idiomas. Todo: la historia minuciosa del porvenir, las autobiografías de los arcángeles, el catálogo fiel de la Biblioteca, miles y miles de catálogos falsos, la demostración de la falacia de esos catálogos, la demostración de la falacia del catálogo verdadero, el evangelio gnóstico de Basilides, el comentario de ese evangelio, el comentario del comentario de ese evangelio, la relación verídica de tu muerte, la versión de cada libro a todas las lenguas, las interpolaciones de cada libro en todos los libros, el tratado que Beda pudo escribir (y no escribió) sobre la mitología de los sajones, los libros perdidos de Tácito”.

Ánxel Grove