Entradas etiquetadas como ‘medio ambiente’

Un bisonte encerrado en un motel

Más perdido que un bisonte en un motel. Confuso cual castor en una bañera. Nervioso como un puma arañando la almohada. Un caballo anestesiado frente al televisor. Productos equinos de belleza. El cervatillo hurga en la nevera, y solo encuentra frasquitos de alcohol que buscan anestesiar a los clientes del motel Naturaleza.

Así está el mundo: dolorosamente perdido. Así lo define Doug Aitken en una exposición.

Los animales están encerrados; el humano parece loco, bronco, alienado. Todos migraron. Todos desorientados. Todos perdieron su casa. También dispararon. Mataron al espíritu, que era una paloma en ciertas culturas, en otras un mono, un elefante, quizás un leopardo. No quedaron indios que nos dijeran: eh, tíos, esto se os está yendo de las manos. Huele a pólvora y a pis de vagabundo. De Sur a Este, de Este a Norte, como en el Salvaje Oeste, matando a los búfalos, o encerrándolos en el motel y a ver si acaban igual de tarumbas que los humanos.

La exposición Migrations, de Doug Aitken, podría haber empezado así. O de distinto modo, porque solo los locos dicen estas cosas.

Locos que mirarán el mundo como si fuera a través de esas pantallas que llenan la sala de los museos que acogen a este artista. La última es la muestra Future Shock, en el museo Site de Santa Fe, en Nuevo México (hasta el 29 de abril).

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¿Qué hace este joven desnudo sobre el reactor de un avión militar?

Roger Hiorns, Untitled, 2011, Military aircraft engine, fire, youth, Dimensions variable, Courtesy the artist. © Roger Hiorns. All Rights Reserved, DACS 2016

Roger Hiorns, Untitled, 2011. Military aircraft engine, fire, youth. Courtesy the artist. © Roger Hiorns. All Rights Reserved, DACS 2016

La piel casi transparente de un joven desnudo, la brutalidad del reactor sin fuselaje del avión militar sobre el que está sentado con naturalidad, la llama que arde al otro extremo del esqueleto de la maquinaria… Fragilidad, destrucción y muerte son las tres ideas primarias de la obra de arte, una instalación que juega con las dimensiones entre los humanos y las herramientas que construyen.

El autor, el inglés Roger Hiorns (Birmingham, 1970), reflexiona sobre la juventud, la indolencia obligada por el statu quo y la tenacidad del peligro en una nueva exposición de sus polémicas obras de choque [en la Galería Ikon de la ciudad natal del artista, hasta el 5 de marzo de 2017].

La muestra es una antología de las creaciones del artista, todas basadas en la siembra de la idea del mememto mori (en latín, “recuerda que puedes morir”), que considera la más apropiada para los tiempos que vivimos.

La instalación incluye una danza previa: el joven se desnuda, enciende la llama y se sienta a observarla hasta que el fuego se apaga. Para Hiorns es un ritual que ahonda en la desintegración que causan, desde una aparente frialdad técnico-mecánica, los instrumentos mecánicos fabricados para la destrucción.

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Hazte una máquina para reciclar plástico

Supone el 80% de los residuos en mares y océanos, contamina las aguas liberando químicos tóxicos, ahoga y envenena a las especies marinas. El catastórifo círculo del plástico se completa cuando consumimos pescado o marisco: la basura se integra en nuestro cuerpo. Mientras tanto, en tierra, se amontona en los vertederos, listo para permanecer sobre la tierra una media de 1.000 años.

La siniestra radiografía se perpetúa, el problema empeora por toneladas. Como pequeña muestra sólo hace falta observar la rapidez con que se llena el cubo amarillo de los envases: muchas veces reciclar es un verbo vacío que nos ayuda a sentirnos mejor hasta que perdemos la basura de vista.

El holandés Dave Hakkens ha demostrado con otros proyectos sus ganas de afrontar problemas. Con Phonebloks ideó el concepto de un teléfono móvil con una plataforma base y los componentes en bloques para que pudieran reemplazarse y reducir así de manera drástica la chatarra tecnológica que generan por quedar obsoletos en un par de años. Ahora el diseñador busca una solución a uno de los problemas medioambientales más graves de nuestro tiempo: los residuos plásticos.

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Los radicales y vibrantes pósters contra la explotación irracional de Laponia

Suohpanterror

Suohpanterror

Para su desgracia, no viven, como buena parte de los pueblos del mundo, bajo el absolutismo de un solo aparato estatal, lo cual ya es bastante en términos de sufrimiento.

Los dos millones de personas de etnia aborigen que viven en Laponia pueblan un gran territorio —tiene casi la extensión de España— sometido a las dispares legislaciones de nada menos que cuatro estados: Suecia, Finlandia, Noruega y Rusia. Son objetivo, por tanto, de cuatro líneas de interés, de cuatro políticas de ambición, de cuatro estrategias de entreguismo al capital, de cuatro posibilidades de ser explotados…

Los nativos, que prefieren ser llamados sami y no lapones, son minoría en la región —sólo el cinco por ciento de la población total—, codiciada por intereses crematísticos por sus riquísimos yacimientos de recursos naturales: hierro, cobre, níquel, apatita —la principal fuente mineral de fósforo y fosfato y, por lo tanto, un componente imprescindible en la fabricación de los abonos minerales—, petróleo (10.000 millones de barriles en reservas no explotadas) y gas natural, con prospecciones ya adjudicadas a empresas como BP, la entidad que sigue por ahí de rositas tras ser causante del mayor vertido de crudo de la historia.

Aunque los sami de Suecia, Finlandia y Noruega tienen parlamentos propios, las instituciones no tienen capacidad de decisión en asuntos estratégicos y son puro maquillaje gubernativo para que los países nórdicos muestren su aparente tolerancia con los nativos. El gobierno de Rusia, cuyo talante ni siquiera guarda las formas, ordena y manda y las minorías, a callar.

Desde hace casi diez años varias grandes corporaciones mineras están abriendo nuevas e invasivas explotaciones a cielo abierto en territorios que los sami consideran no solamente propios sino sagrados, sobre todo por su importancia para los rebaños de renos, el extraordinario mamífero con visión ultravioleta cuya ganadería está reservada a los lapones.

La empresa británica Beowulf ha iniciado un proyecto minero de extracción de cobre en Kallak (Suecia) sin informe de impacto ambiental previo y, desde luego, sin más consulta a los habitantes que el rugido de las taladradoras.

Las protestas contra la mina fueron violentamente reprimidas por la policía sueca y el proyecto sigue adelante, junto con al menos otros cuatro en un radio de sólo doscientos kilómetros y en terrenos de zonas protegidas de la red Natura de la UE o del parque ártico declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco.

Suohpanterror

Suohpanterror

Suohpanterror

Suohpanterror

Suohpanterror

Suohpanterror

El colectivo de artistas anónimos Suohpanterror —la traducción literal del sami, sería ‘el lazo del terror’, utilizando la palabra souhpan, el lazo usado en la ganadería del reno— ha llevado la voz de los sami a las paredes del mundo en una vibrante, radical y bien diseñada colección de pósters.

El material gráfico —que también puede verse en la página de los artistas en Instagram— sorprende no solo por la justicia de las demandas y las respuestas sugeridas —una patada de kung fu en la mejilla es la mejor defensa contra los hombres de los maletines que intentan chantajear a los sami a cambio de un puñado de dólares—, sino porque los nativos lapones, quizá el único pueblo aborigen de Europa que mantiene rasgos sociales y culturales únicos, nunca había destacado por la expresión plástica.

Un portavoz del colectivo de cartelistas-guerrilleros explica en el blog We Make Money Not Art:

Los carteles están llenando un vacío y nos permiten una buena comunicación con otras personas (…) Somos indígenas y también una minoría, así que nos enfrentamos a una gran cantidad de racismo. Es muy difícil vivir como sami hoy cuando tu cultura no es apreciada, cuando tú y tu pueblo son odiados y la mayoría no comparte los mismos valores (…) Vivimos en comunidades pequeñas y queremos protegernos a nostros mismos y a nuestras familias de la violencia física y psíquica y las amenazas que estamos sufriendo.

Hace pocos días, dos artistas sami, Niillas Holmberg y Jenni Laiti, hicieron público un manifiesto titulado Reconectando a través de la resistencia. Presentaron el documento ante el hotel donde se hospedaba el ministro sueco de Cultura y lo leyeron al tiempo que se rapaban el pelo con cuchillos [vídeo de la protesta].

El manifiesto explica las razones que impulsan a los jóvenes creadores sami a pedir la autodeterminación para su pueblo:

Vivimos y trabajamos por esto:

1. Porque tenemos que hacerlo. Porque esta es la única forma de vida que conocemos.

2. Porque todo empieza y termina con Eanan, nuestra tierra. Eanan es la base de todo. Eanan es la pregunta y la respuesta. Nada nos define mejor que ella. Nuestra supervivencia depende de ella. Es nuestra responsabilidad proteger, respetar y cuidar de nuestra madre, para que nosotros y todas las generaciones venideras puedan vivir en unidad con ella.

3. Porque tenemos el derecho a la libre determinación y la libertad en nuestra tierra. Estamos sufriendo la falta de estos derechos. Ha llegado el momento en que nuestra gente empiece a vivir en lugar de sobrevivir. Queremos vivir, no morir.

4. Porque nuestras lenguas maternas son el espejo de nuestras visiones del mundo y una parte esencial de nuestra identidad. Al preservar y desarrollar nuestras lenguas maternas preservamos y desarrollamos nuestras identidades, así como a nosotros mismos. La debilidad del lenguaje socava la capacidad de comunicarse. Los idiomas sami están en peligro. Por ello exigimos que todos los sami tengan los recursos necesarios y el respeto que les permita preservar y desarrollar los idiomas sami. Cuando un idioma desaparece es un signo: la naturaleza y los animales desaparecen con él. Exigimos protección para nuestra Eanan, la tierra, la cultura y nuestras lenguas indígenas con el fin de ser capaces de desarrollarnos de la misma manera que a todos los demás pueblos se les debe permitir desarrollarse.

5. Porque estamos desconectados de la madre tierra y por lo tanto nos sentimos impotentes. Volviendo a conectarnos evitamos la autodestrucción a través del amor por la vida y la libertad para actuar. El poder es ser capaz de preservar y desarrollar la vida. Tenemos que volver a conectar con Eanan, la Tierra. Las personas de todo el mundo deben reflexionar sobre su relación con la naturaleza (…)

6. Porque a las personas que no existen no se les concede ningún derecho. No queremos ser ignorados, queremos que se nos respete como un pueblo indígena por los gobiernos de Suecia y Finlandia, que deben ratificar el Convenio 169 y la aplicación de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas. Pedimos respeto por los derechos de los pueblos indígenas a la libre determinación y la existencia. Los explotadores y sus cómplices debe sabar que la vergüenza de sus obras no se mantendrá en silencio.

7. Porque creemos que no habrá cambio sin protesta. Todos tenemos el poder para actuar y cambiar las cosas ahora. Esto es una llamada a la unión, la movilización y la acción, la revolución y la descolonización. Es hora de la liberación.

8. Porque nuestra conexión con la tierra debe ser transmitida a nuestra descendencia. Esto es esencial para seguir el viejo camino de la luz. Hacemos esto por la libertad, la justicia y un futuro mejor. Son los derechos humanos.

9. Porque nuestra voz será seguida por olas de ecos. Porque la valentía alentará la valentía.

Hay muchos recursos en línea para informarse y apoyar la justa lucha de los sami.

Quedan aquí tres vínculos para empezar:

Conviene echarles un vistazo, sobre todo antes de dejarse engatusar por las mentirosas campañas de turismo de Suecia, Noruega y Finlandia sobre unas “vacaciones de ensueño” en Laponia.

Jose Ángel González

Pinturas de un planeta que pide socorro

'Compulsive Actions' - Michael Kerbow

‘Compulsive Actions’ – Michael Kerbow

Convoy es una pintura terrorífica y gris, una procesión de vehículos tan densa que no parece existir el suelo bajo ellos. El cielo está atiborrado de helicópteros, aviones de combate y de pasajeros. Todos van en la misma dirección, pero en realidad desconocen el destino. Michael Kerbow reflexiona así sobre “nuestra continua confianza en el combustible fósil”. Sentencia que “hemos escogido un camino”, y sin embargo “no está claro a dónde nos lleva este viaje”.

En diferentes series de trabajos se refiere al consumo, a la aberración, a la transgresión… Los planteamientos que escoge para representar estas ideas no son agradables, pero las obras contienen cierta belleza aterradora en la composición. El modo en que se entrelazan las carretera es una evocación de M.C. Escher; en la distópica visión industrial de una inmensa construcción ennegrecida hay un homenaje a La torre de Babel de Pieter Bruegel el Viejo.

'Convoy' - Michael Kerbow

‘Convoy’ – Michael Kerbow

Las pinturas son excesivas como las montañas de un vertedero saturado. En la brutal masa de coches destrozados, cangrejos vivos trepando unos sobre otros o carreteras enmarañadas subyace un mensaje de sobreexplotación y socorro, una alerta sobre el inminente agotamiento de la Tierra.

El autor estadounidense se adentra en “las posibles consecuencias de nuestras acciones” y cuestiona “la racionalidad” del ser humano cuando se trata de evitar el desastre. Las figuras humanas, sin embargo, no existen. No conviene olvidar que las visiones de Kerbow descubren un mundo que cada vez tiene menos de fantasía y más de naturaleza muerta.

Helena Celdrán

'Barrow' - Michael Kerbow

‘Barrow’ – Michael Kerbow

'False Hope' - Michael Kerbow

‘False Hope’ – Michael Kerbow

'Their Refinement of the Decline' - Michael Kerbow

‘Their Refinement of the Decline’ – Michael Kerbow

'Snarl' - Michael Kerbow

‘Snarl’ – Michael Kerbow

'Black Swarm' - Michael Kerbow

‘Black Swarm’ – Michael Kerbow

'The Sad Times' - Michael Kerbow

‘The Sad Times’ – Michael Kerbow

Algas para convencernos de que podemos cambiar el mundo

Las algas han crecido en forma de mapamundi y permanecen sobre una superficie transparente y protegida que las preserva de la fragilidad exterior.

El canadiense residente en Nueva York Byron Rich es diseñador industrial y autor de Protista imperialis, una bioinstalación interactiva creada para concienciar al ser humano de la manera más gráfica posible sobre el deterioro del planeta Tierra, el cuerpo celeste que contiene la vida, tan frágil como el organismo verde.

'Protista Imperialis' - Byron Rich

‘Protista Imperialis’ – Byron Rich

El alga es capaz de mantenerse o destruirse, regulada por un mecanismo que depende de la actitud de la persona que lo contempla. “Si se aproxima a la obra y mantiene un compromiso activo, el espectador es capaz de preservar la vida de la bioescultura. Una vez se desentiende de la pieza, el aparato cambia a un estado en que la escultura decae”, explica en su página web.

Rich logra la extraña circunstancia con sensores de movimiento que emiten una señal que se traduce en un tono de alta frencuencia. Los estímulos de esa señal se apagan con la quietud del espectador en los alrededores de la obra. La reacción molecular en el alga es la falta de crecimiento.

Con la metáfora, el diseñador ilustra la capacidad de cada persona para contribuir a la sostenibilidad del planeta y alerta sobre la apatía que causa el pensamiento de que todo esfuerzo individual es innecesario o de poca utilidad.

Helena Celdrán