Sofía Suescun hace llorar a Gianmarco con una puñalada mentándole los cuernos que le pusieron

 

Este en Gianmarco en ‘GH’… es verdad que el chico es muy de disgustos.

Hay gente que no mide los ataques. Por ejemplo, Sofía Suescun cuando está en la tele, que tienes la más mínima discusión con ella y trata de destruirte con todo lo que tenga. A Sofía le gustaría que las bombas atómicas se vendieran en paquetes de seis para ahorrar, porque las gastaría mucho.

Se pone hecha un basilisco y hasta que no estás como pasado por la trituradora no le vale. Y eso hizo con Gianmarco. Cuando Mel Gibson hizo la peli de La pasión de Cristo contrataron a Sofía para que maquillara al actor al final de la crucifixión. Y no era maquillaje. Le dijeron a Sofía “uy, pues Jim ha hablado mal de ti…”, y dejaron que la ira de Sofía hiciera su magia.

Pero vamos por partes. Sofía era la última anfitriona de Ven a cenar conmigo: Gourmet edition, que entre Sofía y Gianmarco han convertido en Ven a Cenar Conmigo: A hostia limpia edition.

“Cocinar se me da fatal, no me gusta, no me gustan los pasos”, dijo Sofía, que prefiere cocinar todo a la vez. Echas el arroz, el caldo, los pimientos enteros, la cebolla sin pelar y un pollo vivo y hala, que se haga el arroz con pollo él solo. Sin pasos, joder.

“Solo disfruto de la comida que me prepara Kiko”, alegó. Ese muchacho entra por la puerta y se pone un delantal y una cofia. Kiko es lo que pasa cuando se enamoran un chef y una keli.

“Va a estar muy rico, eso sí”, dijo Sofía sobre su menú, con mucho optimismo. “Encontramos El dorado en un par de horas” y “va a estar muy rico”, dos cosas que acabaron igual.

El primer plato se llamaba De Navarra al cielo. Copia de eslogan a Madrid, denuncia de Ayuso en 3, 2, 1…

Para dar más pena que Heidi en el día que los padres van al cole a explicar a qué se dedican, Sofía contó que en su infancia comía austero. Había tan poco de comer que a las cucarachas en casa de Sofía se les veían las costillas.

“Mi dieta es muy variada, desde pequeña no tenía otro remedio, tenía que comerme lo que me ponía mi madre si no quería morir”, nos contaba Sofía. Y es que según ella cuenta su madre es poco de gastar dinero. Maite se va a hacer enterrar con la cartilla del banco.

“En el colegio, durante el recreo, mis compañeras tenían bocadillos de chorizo o jamón y yo en la mochila me encontraba un plátano, un yogur si tenía suerte… y yo tenía envidia de los bocadillos de mis compañeras”, contaba Sofía. Joder. Esto se lo pones a un mendigo cojo de las afueras del París del siglo XV y llora de la pena.

A Maite Galdeano no la conocían en la charcutería. La única proteína que Sofía comía de pequeña eran los padrastros de los dedos cuando se los mordía. Sofía no supo lo que era un paluego de carne hasta que tuvo 20 años.

“Este plato me enseñó a hacerlo mi hermano y me dijo que no me cortara con el aceite”, nos explicó Sofía y no, no se cortó. En el aceite que echó Sofía se podía freír un elefante.

El plato eran pimientos del piquillo tratando de mantenerse a flote en el aceite, fritos con ajo y puestos sobre una tosta de pan antibalas con anchoas encima. Anchoas que tenían una pinta de baratas y saladas que las pisa un cerdo y la pata se le convierte en jamón en el acto.

El plato principal era Aluvión de Likes. Aluvión de hojas de reclamaciones más bien.

Era un trozo guarro de salmón frito. Madre mía qué elaborado. Con esa receta se lía David Muñoz.

“Se podría decir que soy influencer”, dijo Sofía. Sí, claro que se podría decir. Y también se podría decir que Ibai Llanos va a desfilar con Victoria’s Secret y lo mismo no es verdad.

Sofía se puso a cortar cebolla y comenzó a llorar como si estuviera cortando un bote de gas lacrimógeno. Las cebollas de Sofía son capaces de disolver manifestaciones. Las compró Maite Galdeano a un agricultor de Chernóbil porque se las dejaba baratas.

Sofía lleva unas uñas debajo de las cuales no es que quepa mierdecilla, es que cabe una fosa séptica. Con esas garras Sofía se encuentra con una familia de Velocirraptors y la enseñan a cazar con ellos.

Llamó a Kiko por videollamada para que le ayudara a hacer el salmón. “Pones el fuego al máximo”, le dijo Kiko, que lo mismo fríe salmón que forja una herradura. “¿Al máximo, seguro?”, dijo Sofía acobardada, porque piensa que su vitrocerámica es un alto horno.

“¿Es normal que salga humo?”, preguntó Sofía cuando el aceite empezó a echar humo.

– Doctor, ¿es normal que el paciente no respire?

– Capitán, ¿es normal que el barco se esté hundiendo?

– ¿Es normal que me haya sentado desnudo encima del hámster y que ahora no lo encuentre?

Otras preguntas sobre la normalidad que la gente suele hacerse.

“Echalo en el fregadero”, le dijo Kiko sobre el aceite hirviendo. Kiko quería renovar la cocina por la vía del incendio tocho.

“Si sale mal es por tu culpa, a mí no me digas nada”, dijo Sofía, echando mierdas fuera.

Sofía le echó al salmón sal. Mucha sal. TODA LA PUTA SAL. El mar muerto era un sitio lleno de peces hasta que Sofía lo aliñó. Sofía no le pide una tacita de sal al vecino, pide un camión a la salina de Torrevieja.

El salmón iba con una cebolla mal pochada y unos chips de remolacha frita de sobre de color rojo. Qué presentación más mala. Sofía te presenta a Brad Pitt y te parece feo de lo mal que lo presenta.

A ese conjunto que ya de por sí parecía decir “que alguien me mate”, le echó crema de vinagre de Módena hasta que desapareció cualquier otro sabor. El plato era vinagre de módena con cosas debajo.

El postre se llamaba: Si crees que te lo has ganado Sofía te lo dará regalado. Sofía se pone un restaurante y mueres de inanición antes de acabar de leer la carta.

Era una tarta de queso. Hecha, una vez más, con la Thermomix.

Sofía intentó untar mantequilla en un molde, pero no podía con las uñas. Te pones las uñas de Sofía y te dan una invalidez del 33%. Llevar eso en el día a día tiene que ser peligroso. Te vas a poner un tampón y se haces otra vagina.

El gato de Sofía, uno de ellos, se puso a chupar la fuente con mantequilla y a meter las patas en el molde. No pasa nada, Sofía usó el mismo recipiente sin lavarlo. La baba de gato y el polvillo de la arena donde caga, qué puntito le da eso a cualquier receta. Gatocrem.

“20 cucharadas de azúcar”, ponía en la receta, pero ella le puso paladas de albañil haciendo mortero. Lo remató con mermelada de bote roja como si hubieran sacrificado a un prisionero encima.

El primero en llegar fue Gianmarco, que le dio al timbre ocho veces. Se había puesto una camisa que debería ser delito y, por supuesto, abierta hasta el ombligo, porque Gianmarco se abrocha los botones y se le asfixia el pecho. Las tetas de Gianmarco están más vistas que las de la vaca de Milka.

“Está genial este olor de cebolla y de ajo”, dijo Gianmarco nada más entrar, porque iba más resentido que Britney Spears el día del padre y con ganas de revancha y criticar a saco a Sofía, para devolverle a la muchacha las gentilezas de tocar las pelotas que le dijo ella en su cena. Las genitalezas.

Nada más entrar ya se pusieron a echarse mierda el uno al otro como si se estuvieran abonando mutuamente.

Sofía había puesto de cóctel queso azul y Gianmarco lo definió como “queso con gusanos”. Lo matan como vaya a Cabrales.

También había langostinos, que para un cóctel es una mierda porque te huelen los dedos y hay cáscaras. Ya que estaba podía haber puesto algo menos aparatoso, como el corazón crudo de un jabalí.

Yurena llegó con una blusa que ella consideraba color “verde militar”. Eso se lo pone un soldado y le dispara el enemigo y sus compañeros.

Sofía sentó a Gianmarco solo en un lado de la mesa. No lo sentó en un potro de tortura porque le falló el reparto de Amazon, pero lo tenía pedido.

“Sofía había tomado nota de mi casa al poner la mesa”, dijo Terelu al ver la mesa puesta, porque poner los cubiertos y las servilletas lo inventó ella.

Sofía preparaba las tostas de pimientos tirándolos desde dos metros de altura. La presentación era como si un gato hubiera vomitado en el plato.

A Gianmarco le echó en su plato muchísima sal y Gianmarco casi se lo pone a Yurena, por ser caballeroso. Este chaval necesita un catador por si lo envenenan.

Gianmarco lo mordió y se le quedó un trozo de pimiento colgando de la boca. Un trozo de medio metro. Con ese paluego la madre de Sofía tenía para dar de comer a la familia una semana.

“Me gusta la cocina con menos sal”, dijo él. Sí, básicamente la comida que no está en salmuera. Gianmarco criticó todo lo que había en el plato, incluida la composición química de la loza.

Sofía dijo que a GH se presentó su madre y que ella la acompañaba y que su madre fue la primera expulsada y que ella ganó. Y luego dejó claro que ha ganado realities. La vida laboral de Sofía le hace sombra al currículum de Einstein.

“Cuando entré en GH tuve mis rollitos, pero a Kiko le había echado el ojo con 17 años”, contaba ella y el resto de la historia es un relato de acoso en toda regla, porque Sofía dijo que le seguía, escribía, le buscaba… joder. Miedo. Prefiero gustarle a Candyman que a Sofía.

“Le mandé un mensaje a Kiko y me bloqueó, lo hizo Gloria Camila, me lo ha contado Kiko”, dijo Sofía. JAJAJA Echar las culpas a tu ex, de primero de relaciones.

O sea, que Kiko prefirió a Gloria Camila que a Sofía y ésta le escribía mensajitos a un chico con pareja. Vaia, Vaia.

Y Llegó el momento puñalada. Gianmarco lloró porque Sofía le tocó la patata a mala leche con sus problemas en el amor y sus cuernos. Sofía es que no mide. Sofía es capaz de hacer llorar a una estatua metiéndose con sus problemas personales.

El comentario fue tan feo que hasta Terelu fue a regañar a Sofía. “No se mete un zarpazo así con la infidelidad”, le dijo la señora, conmovida por la pena de Gianmarco, que hizo de modelo de la Virgen María lamentándose en la Pietá de Miguel Ángel.

“Puedes pedirle perdón por mí… eso te hace mejor persona”, le dijo Terelu a Sofía para convencerla. Sí, pedir perdón hace que Dios le dé una patada a la Madre Teresa de Calcuta para hacerte hueco a su diestra.

Sofía en la cocina ya sola se puso a burlarse del dolor de Gianmarco y a imitarle lamentándose. Sofía un día iba con su empatía por la calle y se despistó y se la atropelló un camión y desde entonces pues no tiene.

Como a Gianmarco no le gusta la cebolla, le hago otra ronda de cebolla”, dijo. A tomar por culo. Como a Gianmarco no le gusta morir, pues le pongo matarratas y otras cositas que piensa Sofía. Le puso en el plato la producción anual de cebolla de Almería.

El salmón del plato principal estaba más seco que la pata de Tutankamon.

“¿A quién buscabas en el salmón, a Adara?”, le dijo Sofía a Gianmarco porque no se lo había acabado, sacando de nuevo el tema de los cuernos, a ver si con un poco de suerte Gianmarco se quitaba los cordones de los zapatos y se ahorcaba con ellos allí mismo.

“¡¡Ya el conejo me enriscó a la perra!!” dijo Yurena y dejó a la gente tiesa. Al parecer es un dicho canario que allí nadie conocía. Yurena acaba con las discusiones por la vía de dejar a la gente pensando en qué cojones dice.

“El salmón se pega a los dientes”, dijo Gianmarco, que en lugar de salmón estaba comiendo lapas. Los dientes de Gianmarco pegan más que el Loctite Forte. “Si me como esto voy al hospital y me muero”, dijo Gianmarco, que no es nada exagerado.

Se pusieron a discutir y le jodieron la cena a Terelu y a Terelu si le estropeas lo de comer se enfada, así que se fue a la cocina a buscar refrescos. Así es ella, se le pasan los disgustos abriendo neveras de otras personas. Terelu supo abrir la lata sin que le ayudara Luz.

“Te pido disculpas por tratar de hacerte daño con un tema tan delicado, porque sé que lo has pasado mal y en el fondo no quiero que nadie sufra con eso”, le pidió perdón finalmente Sofía a Gianmarco, con poco convencimiento.

“Me sale de lo más adentro”, le aseguró a Gianmarco Sofía, que en su interior debí estar pensado “sí de lo más profundo del culo”.

Espero que esas disculpas sean sinceras, porque si no, no te disculpes”, dijo Terelu, que había obligado a Sofía a pedir disculpas. La coherencia y Terelu, una historia de desencuentro.

Quiero ver a tus gatitos y comérmelos”, dijo Yurena con tanto énfasis que creo que se los quería comer de verdad. Y claro, cogió a uno y el pobre gato luchaba por su vida y se retorcía en brazos de Yurena para no ser devorado.

Yurena, acariciando un gato:

El bicho le dejó con más pelo que el Yeti en invierno. Y claro, el pelo acabó en la tarta. Era tarta de queso y pelo. Riquísima. Yurena y Sofía llegaron con las tartas y con pelo encima como para matar a un alérgico a los gatos. Pero qué risas. “Como tenga pelos me mosqueo, eh?” Dijo Terelu que se apartó de Yurena como si fuera una leprosa.

A Gianmarco, oh, sorpresa, no acabó de gustarle el postre, aunque dijo que era pasable. Bien por él y por su sinceridad.

El gato asomó al salón y Terelu se puso tensa como si hubiera aparecido un señor con una motosierra.

“Ahora os cuento el misterio de los gatos porque la puerta está cerrada y ha salido el gato”, dijo Sofía. EL MISTERIO DE LOS GATOS QUE SALEN DE UNA HABITACIÓN. El mundo no está preparado para algo así. Que vengan los alien para que nos vayamos acostumbrando a los cambios.

“Vosotros sabéis que en esta casa yo sufrí un robo”, contó Sofía, que empezó a inventarse historias fantásticas sobre el hurto que lo van a coger de referencia para Ocean’s Taitantos. Sofía se inventó una historia en la que uno de los gatos atacó al ladrón y frustró el robo. Gatúritas Direct.

“Se fueron en mi coche, pero el gato les atacó de nuevo y les cogió por la oreja”. Cuqui, el gato policía. Lassie era una mierda al lado del gato de Sofía, que si tiene un buen día te desarticula el cártel de Medellín en una mañana.

Y en el fin de fiesta apareció Maite Galdeano, porque claro, ella y Sofía son inseparables, son peores que Alaska y Mario, que cagan juntos aunque uno no tenga ganas.

Maite se puso a imitar a Fernando Simón y Yurena pensó que era Lydia Lozano. Sí, Maite tiene futuro en el mundo de la imitación.

Y llegó el final. Giamarco le dio a Sofía de nota un cero. Como Sofía a él. “Para la nota cuenta la comida, pero también cuenta si río”, dijo Gianmarco. Si río, si lago, si bahía…

Terelu le dio un 8 y Yurena un 6. Ganó Terelu, por los pelos. En cuarto lugar quedó Gianmarco. En tercer lugar quedó Sofía.

Y se acabó lo que se daba!!

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Yo

    Hasta cuándo vamos a tener que soportar ver a Sofía, a su novio y a su madre en la tele, dan ganas de vomitar

    26 agosto 2021 | 15:38

  2. Dice ser Rotenrd

    No puedo con Sofía, esa gran flipada de la vida. ¿La meterán tb al nuevo reality de los secretos? 🤮

    31 agosto 2021 | 21:59

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