La inteligencia del ser humanoes la capacidad que tiene para adaptarse a la realidad.Xavier Zubiri, filósofo. (San Sebastián, 1889 - Madrid, 1983)

Archivo de febrero, 2008

Tres medidas para acabar con los asesinatos de mujeres

Si el problema es que los hombres no reconocemos a las mujeres como iguales, lo suyo es reeducarnos. Y, si esto no es posible ya con los adultos, habrá que empezar desde cero; es decir, en la familia y en la escuela, cuando el macho es pequeñito. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que… ni aunque nos lo repitamos en voz alta diez mil veces, los hombres, hoy, todavía, somos capaces de relacionarnos en claves de igualdad con las mujeres. Los que nos consideramos más concienciados tratamos de aprender todos los días para no meter la pata; pero la seguimos metiendo (y si no, preguntémosle a ellas). La metemos con el uso que hacemos del lenguaje, con nuestros gestos, con las acciones más simples o cuando las ignoramos, ninguneamos o las hacemos de menos. Y los que no se plantean nada de esto, simplemente las matan cuando se les rebelan.

Miles de años utilizando a las mujeres a nuestra conveniencia, abusando de ellas, sometiéndolas a todo tipo de vilezas… han impregnado (muy probablemente) “los genes masculinos” de un discurso (¿de… “ser superior”?), que ahora no hay manera de quitárselo de encima. Y aunque los políticos legislan sobre el tema, y aunque legiones ingentes de mujeres (con algunos hombres) se ocupan del combatir la discriminación femenina y protestan continuamente por lo que está ocurriendo, lo cierto es que el tejido social, el magma dentro del que convivimos, está construido con el arquetipo del discurso machista, con el manual masculino. ¿O no?

No hay más que encender la televisión, por ejemplo. Antes de que pasen dos minutos ya se han visto una docena de imágenes que ofenden a las mujeres. Y otro tanto se podría decir del lenguaje. Y en la vida diaria, hasta en lo más insignificante… la mujer es casi siempre un anexo del hombre… La costilla de Adán que se atrevieron a escribir los que inventaron la Biblia. Y si nos referimos a la actividad profesional, a una mujer se le paga menos que a un hombre aunque haga similar trabajo. ¿Por qué? Por que no se la reconoce. Y si hablamos del mundo de lo privado… ¡Aquí se rompen los parámetros! Ellas son las que gestionan y administran emociones y el espacio doméstico… Un espacio que debería ser neutral, pero que, sin embargo, a los hombres no le interesa lo más mínimo. Pero si no fuera por las mujeres, que atienden este universo vital con dedicación casi exclusiva, la sociedad tal y como la conocemos no existiría.

Finalmente, si hablamos de comunicación en general —de publicidad e información, en concreto—, paradigma de la sociedad actual, las mujeres aún salen aún peor paradas… Demasiadas veces son consideradas como objetos… Objetos sexuales, objetos para la tentación de los hombres, objetos para admirar o comprar… Objetos.

En fin, tal y como están las cosas, quedan muy pocas opciones y resquicios para atajar este ciclón de violencia y asesinatos que ahora se ha desatado en España, pero ¡ojo! que ha existido desde siempre en todo el mundo; allá donde viven juntos hombres y mujeres.

La maté porque era mía” o “Mi marido me pega lo normal”, son dos frases rotundas, brutales, terribles, que explican, mejor que ningún otro argumento lo que acabo de decir.

Pero hablemos del futuro. De momento, lo que ocurre, ya se ve, no sé si tiene remedio. Aun así, hablemos del futuro. Voy a proponer tres soluciones:

UNA. Incorporar a los programas docentes, explicitar en cada tema, en cada asignatura que se imparta en escuelas e institutos códigos específicos, claros, rotundos, que expliquen y aclaren todas las veces que haga falta que hombres y mujeres son personas iguales. Personas libres con los mismos derechos y deberes.

DOS. Hay que hacer manuales para las familias. El mundo privado no es un territorio exclusivamente femenino como he dicho antes. El mundo privado es un espacio neutral en el que ambos géneros colaboran para su mejor gestión. Los oficios, desde limpiar el baño, hacer la cama, cocinar, fregar u ocuparse de qué falta en el frigorífico para reponerlo, no es, en absoluto, una ocupación de exclusividad femenina. Es, lo repito, un cometido que compete a todos los que comparten ese espacio privado; a todos les corresponde por igual colaborar para que la convivencia en ese espacio resulte más fácil y mejor.

TRES. El mundo de la comunicación en el sentido más amplio debería hacer una reflexión profunda. Ahora mismo, la comunicación es una de las puntas de lanza del poder masculino. El lenguaje es un arma poderosa que puede ayudar a cambiar actitudes. La imagen lo es tanto o más que el lenguaje. Las claves de la comunicación hoy siguen siendo machistas. Las mujeres, en este terreno, deberían exigirle mucho más a los poderes públicos. Los hombres adultos estamos ya tan contaminados que cuando vemos algunos códigos ¡obviamente machistas! los percibimos como normales. Pero a los niños y niñas se les puede salvar todavía de esta contaminación que conduce a la hecatombe como vemos…

Es a partir de aquí desde donde podrá empezar a corregirse la violencia de género… Mientras tanto, sólo cabe combatirla con la ley, reprimir, castigar, hablar, hablar… Y esperar.

Los encantadores de serpientes tienen los días contados

Afortunadamente, la batalla contra el maltrato animal se extiende como una mancha de aceite por todo el mundo. Parece que ahora toca salvar a las serpientes de la Djemma el Fna, la plaza de Marrakech, en Marruecos, donde charlatanes y titiriteros actúan junto a sus reptiles amaestrados con los que distraen a turistas y viajeros, consiguiendo con ello algunas monedas que les permiten vivir. Creo que para las pobres serpientes no es el mejor lugar para vivir.

Arrancadas a la fuerza y con engaño de su hábitat natural en el desierto, vienen aquí a sufrir mil penurias. Y, aunque sus dueños y encantadores aseguran que las cuidan (al menos mientras les son útiles, supongo), pues viven de ellas, no creo que las serpientes disfruten demasiado con tanta manipulación y sobeo —no pocas mueren deshidratadas, de hecho—, con tanto ruido, y tiradas sobre un suelo de asfalto que a veces abrasa. Si hablasen las serpientes, supongo que se quejarían amargamente de su suerte. Es como si a cualquier de nosotros nos secuestrasen un día y nos enviasen a hacer el payaso a cualquier plaza pública... No, no. Ya sé que no es igual. Que nosotros somos seres humanos, inteligentes, tenemos “alma” y pensamos… ¿Pensamos? Pues si pensamos, ¿no podríamos pensar que estos animales sufren?

En fin, yo, que tengo terror a estos bichos, me veo ahora defendiéndolos. Y sólo porque creo que no es justo lo que se hace con ellos.

La humanidad debería de entender de una vez que jamás le irá bien mientras haya personas y animales que sufren. En España ocurre con los toros… ¿Cómo va irle bien a los españoles –es un decir– si apenas se ponen de acuerdo para celebrar corridas de toros en las fiestas mayores y en poco más?

Una multinacional francesa deja sin colegio a 500 alumnos en Tánger

El Centro Cultural de la Fundación Lerchundi, en Tánger, al que acuden cada tarde / noche casi 500 alumnos diarios a estudiar español y 80 discapacitados a su Centro de Día, lleva desde el viernes pasado sin poder impartir clase, ni los discapacitados ducharse, porque no tiene luz.

¿Razones? La multinacional francesa Amendis, administradora en régimen de monopolio del agua y la luz en Tánger, ha respondido a las primera indagación del director del Centro Cultural, el señor X (llamémosle así), que “la luz había sido cortada por falta de pago”. Y se quedaron tan frescos. Pero como esto ya había ocurrido alguna otra vez, el señor X se fue hasta el banco con su abogado y su rabia —a pesar de que tienen domiciliados los recibos—, dispuesto a deshacer el entuerto. Más el banco, esta vez sí, había descontado los correspondientes recibos en plazo.

Entonces el señor X, su abogado y la rabia dirigieron sus pasos a las oficinas centrales de Amendis. Pero allí le recibieron con cajas destempladas y les remitieron a sus oficinas del Drade, barrio al que pertenece la Fundación. Después de no poca charla, tensión y alguna que otra palabra gruesa, el señor X consiguió hablar con el director que comprobó ipso facto que, efectivamente, la Fundación Lerchundi estaba al corriente en sus pagos.

Entonces, ¿por qué no había luz? ¡Ah, ah…! ¿Quién lo sabe? Esto es lo que les dijo el director, según cuenta X, y lo que trataría de averiguar personalmente de forma inmediata. A partir de ese momento, —“váyanse tranquilos”, les dijo— cualquier novedad se la comunicaría personalmente… Esto sucedía el lunes a las 10 de la mañana… Y ayer, martes, al mediodía, el señor X aún no sabía nada del tal director, ni, por supuesto, tenían luz en Lerchundi. Así que encaminó de nuevos sus pasos a primera hora de la tarde hasta la sucursal de Amendis… ¡Sorpresa! Ahora quien le recibía era una directora, que, lógicamente, no sabía nada del problema del señor X que, rojo de ira trataba de explicarse y explicarle… Más, como observara el señor X que la señora directora no, no… “Como que no le daba mucha importancia al problema”, cuenta X, pues… apareció el dragón de la cólera y el abogado y la rabia, ya sin poder contenerse, anunciaron que se iban a buscar a la policía. Entonces la directora llamó a un empleado (se supone que electricista), que acompañó a los damnificados, decidido a averiguar ya, ¡esta vez sí!, cuál era el problema. Por qué no tenían luz eléctrica en la Fundación… Miraron por dentro y por fuera, escrutaron el edificio… Hasta que uno de los mendigos que tienen su hábitat en la zona les dijo que había visto salir humo de “aquel cable” el viernes por la tarde…

Parece ser que el cable que atraviesa la calle está demasiado bajo y los camiones que pasan suelen rozarse con él.

—Bien, ya está localizado el problema”, respiró aliviado el señor X. Ahora sólo falta arreglar la avería. Aunque esta es otra batalla… Y hoy ya es martes por la noche.

La multinacional Amendis —la pesadilla más grande que tienen los tangerinos, según dicen—, es tristemente conocida en la ciudad por sus abusos y arbitrariedades. Ahora, además, parece que le importa un pimiento que más de 500 estudiantes se queden sin clase.

Debate, el peligro de la demagogia

Visto desde aquí, desde el mirador de Tánger, y lejos del fragor de la batalla mediática/ electoral que se libra en estos días en España, puede que la perspectiva sea más nítida para poder opinar, aunque, como es lógico, mi opinión sólo sea eso: una opinión. Así que allá va la reflexión de este Mago. He de confesar que hacía muchos años, pero muchos, que no pasaba tanto tiempo delante de un televisor. ¡Y hoy me he tragado entero ese monólogo a dúo! Y también he decir, para que nadie se llame a engaño, que no soy votante del PP ni del PSOE.

Dicho esto, creo que Rajoy ha sido más “televisivo”; ha triunfado, si se puede decir así. Un Rajoy jolgorioso, suelto y dicharachero, soltando las burradas que le parecían oportunas, se ha ganado al respetable, que dirían los taurinos. Pero, ¡ojo!, su discurso está lleno de trucos. Demasiado demagógico creo yo; puede que se haya pasado de rosca. Me explico. A las personas normales, que son la mayoría —aquellas que no son forofas de nada ni fanáticas— el que llames mentiroso con tanta virulencia a tu oponente o el que le acuses de despreciar a las víctimas del terrorismo constantemente como ha hecho —¡precisamente a Zapatero que es como un osito de peluche, incapaz de hacer mal a nadie!— puede que les haya parecido excesivo y hayan decidido darle la espalda a Rajoy

En mi opinión, Rajoy se ha limitado a repetir ¡y lo ha hecho bien! el discurso del PP en la recién terminada legislatura, perfectamente adobado y aderezado, eso sí, con los datos más recientes propiciados por el parón económico. Pero, tal y como ha hablado, lo ha hecho para su público, creo yo, no para unos votantes que dudaban a quién votar. Estoy seguro que los suyos le han aplaudido a rabiar. Pero tengo muchas dudas de que haya convencido a los que no sabían qué hacer… No se puede ser tan… tan demagogo… ¿No?

¿Y qué decir de Zapatero? Siendo el que es y cómo es, ha estado muy serio, demasiado serio diría yo. Tenso. Se le notaba que le hacían daño las “burradas” que le soltaba Rajoy. Era como si no diese crédito a lo que estaba oyendo… Y eso le ponía de mal humor. Su conciencia escrupulosa; sus convicciones democráticas, su deseo de ser justo, de que triunfe la igualdad, de que nadie sufra, de que a todo el mundo le vaya mejor… le tenían maniatado para responder al aluvión de alegatos equívocos y manipuladores que le soltaba su oponente. Quizá sólo le ha faltado la sonrisa que a veces exhibe y algún que otro puñetazo en la mesa de vez en cuando para contrarrestar el aluvión de frases descalificadoras de Rajoy. Por que lo que está claro es que Rajoy ha conducido este duelo.

Sobre los datos que uno y otro han soltado, poco que decir, cada uno traía los suyos. Y cada uno los ha dicho y destacado donde le convenía. Es obvio que ambos han arrimado el ascua a su sardina.

Y de la realización… ¡una pena! Con tanto pacto y prohibición se ha privado a los espectadores de la salsa en la que deberían cocinarse estos debates: los gestos y las muecas, las caras de sorpresa de uno y otro, los enfados… La realidad es que parecían dos muñecos parlantes.

Y termino: Zapatero, en mi opinión, hilvanó mucho mejor que su oponente el alegato final. Y Rajoy se retrató. Sí, eso de la niña a la que convierte en estrella de un país idílico sonaba un poco ñoño y a cuento, ¿no?

Las mujeres traen el agua, los hombres se hacen cama

Anoche me contó una experiencia curiosa el director de una fábrica textil en Tánger que bien podría ser argumento para un cuento:

—En la fábrica que tenemos en Barcelona —empezó diciendo—, los bidones de detergente de 50 litros que se quedan vacíos, se acumulan y, cada cierto tiempo, una empresa que contratada para ello, los traslada a una planta de reciclaje.

Aquí no; aquí estos bidones son tesoros. La gente se pelea por conseguirlos y llevárselos a casa; a la aldea. “Nos vienen muy bien para almacenar agua” —me dicen.

Así que, ante la gran demanda existente y la picaresca que había ya para hacerse con uno de ellos, amenazando, incluso, a la actividad normal de la fábrica, hemos decidido intervenir. Hemos abierto una lista en la que todo aquel que desea un bidón de plástico se apunta. En poco tiempo, la lista ha superado ya las cien personas.

Algo similar nos ha ocurrido con las cajas de madera que desechamos —sigue contando este empresario—. Como es lógico, a veces llegan nuevas maquinas… Y lo normal es que vengan embaladas en unas cajas rígidas hechas con gruesos listones que, dependiendo del volumen de cada máquina, pueden llegar a tener tres metros de largos, más de uno de ancha y uno y medio de altos; es decir, un respetable volumen de madera para quiénes no tienen casi nada.

Pues bien, también hemos tenido que abrir una lista para evitar líos con las cajas…

—Bien, bien —le interrumpo—. Pero, dígame, ¿donde está la sal de este cuento?

—Ah!, el cuento… Bueno… El cuento podría ser… pienso… que… ¡Todavía sigo preguntándomelo…! Todos los días me pregunto por qué en la lista para recibir un bidón sólo hay mujeres y en la de las cajas de madera sólo hombres. Le doy vueltas y trato de entender mejor a este país… Uno viene de España creyendo que la revolución de las mujeres estaba impregnando todo, y ya ve…

—Sí claro, aquí los roles todavía están muy acotados. Efectivamente, podría dar pie a un cuento. Pero, ¿ha averiguado usted ya por qué esto es así? ¿Para qué quieren los hombres la madera?—Pues… por lo que me han ido contando… los hombres quieren esas tablas para hacerse una cama y las mujeres los bidones porque son ellas las que acarrear siempe el agua.

Manual para coger un taxi

Antes de nada, quien vaya a coger un taxi en el zoco de Tánger ha de saber que aquí no caben dudas ni tener vergüenza; ni ese orden occidental… sirve tampoco aquí; ni, por supuesto, los escrúpulos. Aquí cada uno va a lo suyo y se las apaña como puede. ¡Hay que ser valiente y decidido para coger un taxi en el zoco! Si el cliente tiene miedo a los empollones, a recibir o a dar algún que otro codazo, o no acepta que le birlen el taxi delante de sus narices, que se olvide…; ya puede irse andando a casa. Tampoco ha de avergonzarse del ridículo que hará corriendo como un tonto por la plaza de un lado para otro, con dos bolsas negras de plástico en la mano, mientras los nativos le levantan un taxi tras otro.

A la plaza que hay delante de la medina de Tánger (El Zoco Grande), desembocan taxis por tres calles. Pero no guardan un orden, no; ni hay señal alguna que indique la parada, ni tienen disciplina los taxistas para ponerse uno tras otro y hacer cola. Cada cual va aquí a lo suyo, por donde quiere; campo a través, como se suele decir.

Y el cliente se ubica donde le parece —da lo mismo que sea una mujer con niños o un anciano— y empieza a otear y a mirar por el rabillo del ojo a ver por dónde llega el próximo taxi. A veces aparecen tres o cuatro de golpe… Pero ya hay unos cuantos listos, más ágiles que tú, que los abordan antes… Así puedes tirarte media hora, una hora si hace falta. “Tranquilo, hombre, tranquilo, tú sigue esperando…”, te dice el consejero/gracioso de turno que siempre aparece por allí. Eso sí, nadie se enfada.

El colmo del despropósito es cuando acude algún intermediario dispuesto a resolver cualquier conflicto. Entonces se acerca a los taxistas y trata de convencerles de que te lleven a ti. Luego, claro está, te pide la propina. Mientras tanto el guardia toca el pito para avisar de que está allí, se pasea, y ¡tan feliz! ¡Así de hermoso es Tánger!

Y otra cosa buena que tiene este sistema de Marruecos es que los taxis se comparten y, por el mismo precio —además de llevarte a tu destino—, puede darte un paseo por la ciudad. En fin, también tiene sus ventajas coger un taxi así.

Islamismo en Marruecos

Cualquier persona aquí, con una mínima capacidad observadora, ha podido constatar en los últimos años que en Marruecos el islamismo “se mueve”; avanza sin parar. Porque una cosa es la política oficial, lo que se dice de cara a Occidente, y otra muy distinta la realidad del día a día; lo que cualquiera puede ver con sólo salir a la calle. No hay que ser muy ducho para darse cuenta que el islamismo está extendiéndose como una mancha de aceite entre la sociedad marroquí.

La reciente detención, anunciada ayer, miércoles, de una treintena de personas vinculadas al islamismo radical, comunicada por el ministro del Interior, Chakib Benmusa, viene a confirmar tal hecho. Y lo confirma, asimismo y mejor que nada, la calle. Las mezquitas cada día son más y están más llenas; cada vez hay más mujeres que se cubren con el atuendo militante del islamismo y cada vez, también, son más los barbudos identificados con esta ideología… Y algo como la indumentaria afgana —que antes era raro verla por aquí— ahora es bastante frecuente encontrarse a alguien con ella.

Pero las detenciones de ayer, además, representan un salto cualitativo importante. Ya no son sólo desesperados los que están dispuestos a inmolarse o a hacer atentados… Ahora hay profesores, un periodista, empresarios, policías… Y también, según el ministro Benmusa, se les ha requisado importante armamento y munición. Es decir, que este grupo iba muy en serio.

Por eso cabe preguntarse, ¿hasta cuándo va a esperar Marruecos para hacer realidad –¡de verdad!– sus postulados democráticos? ¿Hasta cuándo han de esperar los marginados para que les llegue alguna ayuda del Gobierno? ¿Cuándo repartirá un poco mejor este país la mucha riqueza que tiene? Porque, si quienes gestionan el poder se empeñan en seguir como hasta ahora, tarde o temprano, los radicales islamistas volverán a intentar dar algún golpe.

¿Debate o espectáculo?

Vaya un juego que se traen, por no calificarlo algo peor, con esto de los debates electorales. Que si hay que pactar las preguntas, que si se necesitan unos cronometradores profesionales para que ni José Luís ni Mariano se pasen de listos y arañen un segundo más de tiempo… Que quién empieza primero… Que si seleccionamos a unos moderadores (¿periodistas?) asépticos, desideologizados (¿es esto posible?), fotogénicos, guapos, obedientes… Que si la mesa ha de ser así o asá… Que a ver qué plano me toma usted… Que ¡cuidado! con enfocar al contrario mientras yo estoy hablando… En fin, ¿es esto la democracia? ¿Esto es libertad de expresión? ¿Esto es libertad, a secas?

Visto desde aquí, desde El Mirador de Tánger, lejos del fragor de los combates dialécticos y mediáticos —la respuesta del PP al video de gente de la cultura apoyando a ZP, con ese guiño a modo de ceja arqueada, no puede ser más infantil imitando unas tijeras. ¡Patética!—. Qué derroche de imaginación, ¿verdad?

Supongo que, a la postre, todo se reduce a creer o no en la democracia. Y si se cree, ¡vale todo! A los occidentales, confortablemente instalados en esta vida muelle que propicia la sociedad del bienestar, no les importa que se monten juegos de este tipo, como los debates, los videos electorales o las frases rimbombantes y tópicas, con tal de mantener nuestro estatus y seguir viviendo en paz. Mientras no nos toquen el bolsillo… Seguro que millones de personas verán los “coloquios” entre Zapatero y Rajoy. ¿De qué hablarán si está todo pactado? ¿De lo que de verdad le interesa a la gente o de lo que le interesa a ellos? ¿De lo que le gustaría a los periodistas preguntarles… (que no lo harán), o de lo que les han dicho que han de preguntar?

En una sociedad adulta, madura, responsable, no deberían permitirse estas cosas. Como no deberían apoyarse ni consentirse esas democracias descafeinadas y corruptas que rigen para los países del tercer mundo, y que tanto dolor causan en África, por ejemplo. Aquí, en Marruecos, sin ir más lejos, hace unos meses hubo elecciones. Apenas votó un 37% de la población según la versión oficial; no llegaron ni aun 20%, según la gente de la calle. ¿Por qué? Porque saben que votar o no, no cambiará nada. El Poder controla todo y de nada servirá ir a votar, dice la mayoría.

En cambio, en Occidente, en España como en otros países de Europa, se acepta todo; hasta las estupideces que a diario ventean los políticos. La gente acepta cualquier frase, cualquier propuesta imposible de cumplir, cualquier tontería de quienes les representan… Seguramente porque su convicción y la fe democrática es “de verdad”; se cree que la democracia es el cauce adecuado para vivir mejor. Y eso está bien; pero, ¡cuidado!, porque tanta confianza, tanta falta de criterio y de responsabilidad personal, están propiciando que los gurús de la política, los manipuladores de las ideas y mediáticos, nos tomen por idiotas. ¿O no? Pues eso. ¡A ver cómo se hacen los debates! ¡Debates entre todos los partidos, abiertos, libres…! Y que cada cual defienda sus ideas y en lo que cree.

Morir en la cárcel

La muerte de Ahmed Nasser, 95 años, fallecido en la penitenciaría de Settat (70 kilómetros al este de Casablanca) el jueves pasado, no sorprende porque se haya producido en la cárcel, no, sino por la crueldad de la que se ha visto rodeada. Sorprende por esa maldad, sin límites a veces, que ejercen las personas, los gobiernos, los propios Estados.

De torturas y guerras, de abuso a menores o del maltrato a las mujeres… tenemos noticia a diario y no hacemos gran cosa por evitarlo. Es como si los seres humanos tuviésemos asumido que el mal y el bien son consustanciales a nosotros, y, por tanto, son inevitables. Y en consecuencia vivimos “alegremente” con ello. “Al que le toca, le toca”, que diría el castizo.

Por eso Occidente, cuando se refiere a Marruecos, se felicita de “lo bien que va todo en este país” De “lo democráticas y serias que han sido las elecciones recientes”, sin ir más lejos. Francia, España, Alemania, la Unión Europea… dan palmas con las orejas y se jalean mutuamente para ganarse el plácet del país magrebí que les endulza la vida haciéndose querer y ofreciéndoles ilimitadas ventajas y beneficios para la deslocalización industrial, por ejemplo. Mientras haya estabilidad política y laboral (no importa el precio), los salarios no suban y el Poder mantenga con mano firme las riendas, ¿que importa que se violen los Derechos Humanos? El mismo Occidente los viola también, cuando le conviene, y no pasa nada.

Entonces, ¿podemos tener esperanzas de que este mundo mejore? ¿Alguien puede explicar por qué se mata en nombre de dios? ¿Acaso hay alguna persona normal, es decir, que esté en su sano juicio, dispuesta a encarcelar a un anciano, enfermo y senil, hasta dejarlo morir en la cárcel? Se admiten respuestas.

Otros Marruecos

Hay muchos Marruecos. Este fin de semana he visitado uno de ellos; por enésima vez me he acercado a mis queridas montañas del Rif. Soy montañero aficionado y desde hace más de dos décadas recorro muchos de los valles marroquíes y subo a algunas de sus cumbres regularmente. Hoy les ofrezco una galería de instantáneas para que admiren la variedad de este país; y también para comentar, de paso, algunas fotos.

En las dos primeras, todo el terreno que se observa más claro (color terroso, sin vegetación), dentro de tres meses será un manto verde; ahora es barbecho y está preparado para plantar el kifi, planta de la que se extrae el hachis. Pero no hace tanto tiempo que esas laderas eran bosques, casi impenetrables, de jaras, lentiscos y retamas. Yo las conocí así. Hoy, en cambio, gracias a ese desmonte salvaje que ven, están convirtiéndose en terrenos baldíos, gracias a la erosión. Al no haber vegetación, la débil capa de tierra que hay desaparece rápidamente.

Y el resto de las fotos, no necesitan comentarios. Los almendros ya florecen en Marruecos como se puede apreciar. En la penúltima foto, las nubes que vienen del mar por el este se enredan caprichosamente en las rocas y caen en cascada al otro lado, bucando la puesta de sol. En las casas pintadas de blanco que se adivinan en el paisaje la vida es muy humilde; no hay agua corriente y la mayoría de los tejados son de hojalata; pero ya tienen acceso a la luz eléctrica desde hace algún tiempo. Marruecos, en este sentido, está haciendo un gran esfuerzo para que el mundo rural acceda poco a poco al progreso.