La inteligencia del ser humanoes la capacidad que tiene para adaptarse a la realidad.Xavier Zubiri, filósofo. (San Sebastián, 1889 - Madrid, 1983)

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Tres medidas para acabar con los asesinatos de mujeres

Si el problema es que los hombres no reconocemos a las mujeres como iguales, lo suyo es reeducarnos. Y, si esto no es posible ya con los adultos, habrá que empezar desde cero; es decir, en la familia y en la escuela, cuando el macho es pequeñito. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que… ni aunque nos lo repitamos en voz alta diez mil veces, los hombres, hoy, todavía, somos capaces de relacionarnos en claves de igualdad con las mujeres. Los que nos consideramos más concienciados tratamos de aprender todos los días para no meter la pata; pero la seguimos metiendo (y si no, preguntémosle a ellas). La metemos con el uso que hacemos del lenguaje, con nuestros gestos, con las acciones más simples o cuando las ignoramos, ninguneamos o las hacemos de menos. Y los que no se plantean nada de esto, simplemente las matan cuando se les rebelan.

Miles de años utilizando a las mujeres a nuestra conveniencia, abusando de ellas, sometiéndolas a todo tipo de vilezas… han impregnado (muy probablemente) “los genes masculinos” de un discurso (¿de… “ser superior”?), que ahora no hay manera de quitárselo de encima. Y aunque los políticos legislan sobre el tema, y aunque legiones ingentes de mujeres (con algunos hombres) se ocupan del combatir la discriminación femenina y protestan continuamente por lo que está ocurriendo, lo cierto es que el tejido social, el magma dentro del que convivimos, está construido con el arquetipo del discurso machista, con el manual masculino. ¿O no?

No hay más que encender la televisión, por ejemplo. Antes de que pasen dos minutos ya se han visto una docena de imágenes que ofenden a las mujeres. Y otro tanto se podría decir del lenguaje. Y en la vida diaria, hasta en lo más insignificante… la mujer es casi siempre un anexo del hombre… La costilla de Adán que se atrevieron a escribir los que inventaron la Biblia. Y si nos referimos a la actividad profesional, a una mujer se le paga menos que a un hombre aunque haga similar trabajo. ¿Por qué? Por que no se la reconoce. Y si hablamos del mundo de lo privado… ¡Aquí se rompen los parámetros! Ellas son las que gestionan y administran emociones y el espacio doméstico… Un espacio que debería ser neutral, pero que, sin embargo, a los hombres no le interesa lo más mínimo. Pero si no fuera por las mujeres, que atienden este universo vital con dedicación casi exclusiva, la sociedad tal y como la conocemos no existiría.

Finalmente, si hablamos de comunicación en general —de publicidad e información, en concreto—, paradigma de la sociedad actual, las mujeres aún salen aún peor paradas… Demasiadas veces son consideradas como objetos… Objetos sexuales, objetos para la tentación de los hombres, objetos para admirar o comprar… Objetos.

En fin, tal y como están las cosas, quedan muy pocas opciones y resquicios para atajar este ciclón de violencia y asesinatos que ahora se ha desatado en España, pero ¡ojo! que ha existido desde siempre en todo el mundo; allá donde viven juntos hombres y mujeres.

La maté porque era mía” o “Mi marido me pega lo normal”, son dos frases rotundas, brutales, terribles, que explican, mejor que ningún otro argumento lo que acabo de decir.

Pero hablemos del futuro. De momento, lo que ocurre, ya se ve, no sé si tiene remedio. Aun así, hablemos del futuro. Voy a proponer tres soluciones:

UNA. Incorporar a los programas docentes, explicitar en cada tema, en cada asignatura que se imparta en escuelas e institutos códigos específicos, claros, rotundos, que expliquen y aclaren todas las veces que haga falta que hombres y mujeres son personas iguales. Personas libres con los mismos derechos y deberes.

DOS. Hay que hacer manuales para las familias. El mundo privado no es un territorio exclusivamente femenino como he dicho antes. El mundo privado es un espacio neutral en el que ambos géneros colaboran para su mejor gestión. Los oficios, desde limpiar el baño, hacer la cama, cocinar, fregar u ocuparse de qué falta en el frigorífico para reponerlo, no es, en absoluto, una ocupación de exclusividad femenina. Es, lo repito, un cometido que compete a todos los que comparten ese espacio privado; a todos les corresponde por igual colaborar para que la convivencia en ese espacio resulte más fácil y mejor.

TRES. El mundo de la comunicación en el sentido más amplio debería hacer una reflexión profunda. Ahora mismo, la comunicación es una de las puntas de lanza del poder masculino. El lenguaje es un arma poderosa que puede ayudar a cambiar actitudes. La imagen lo es tanto o más que el lenguaje. Las claves de la comunicación hoy siguen siendo machistas. Las mujeres, en este terreno, deberían exigirle mucho más a los poderes públicos. Los hombres adultos estamos ya tan contaminados que cuando vemos algunos códigos ¡obviamente machistas! los percibimos como normales. Pero a los niños y niñas se les puede salvar todavía de esta contaminación que conduce a la hecatombe como vemos…

Es a partir de aquí desde donde podrá empezar a corregirse la violencia de género… Mientras tanto, sólo cabe combatirla con la ley, reprimir, castigar, hablar, hablar… Y esperar.

Morir en la cárcel

La muerte de Ahmed Nasser, 95 años, fallecido en la penitenciaría de Settat (70 kilómetros al este de Casablanca) el jueves pasado, no sorprende porque se haya producido en la cárcel, no, sino por la crueldad de la que se ha visto rodeada. Sorprende por esa maldad, sin límites a veces, que ejercen las personas, los gobiernos, los propios Estados.

De torturas y guerras, de abuso a menores o del maltrato a las mujeres… tenemos noticia a diario y no hacemos gran cosa por evitarlo. Es como si los seres humanos tuviésemos asumido que el mal y el bien son consustanciales a nosotros, y, por tanto, son inevitables. Y en consecuencia vivimos “alegremente” con ello. “Al que le toca, le toca”, que diría el castizo.

Por eso Occidente, cuando se refiere a Marruecos, se felicita de “lo bien que va todo en este país” De “lo democráticas y serias que han sido las elecciones recientes”, sin ir más lejos. Francia, España, Alemania, la Unión Europea… dan palmas con las orejas y se jalean mutuamente para ganarse el plácet del país magrebí que les endulza la vida haciéndose querer y ofreciéndoles ilimitadas ventajas y beneficios para la deslocalización industrial, por ejemplo. Mientras haya estabilidad política y laboral (no importa el precio), los salarios no suban y el Poder mantenga con mano firme las riendas, ¿que importa que se violen los Derechos Humanos? El mismo Occidente los viola también, cuando le conviene, y no pasa nada.

Entonces, ¿podemos tener esperanzas de que este mundo mejore? ¿Alguien puede explicar por qué se mata en nombre de dios? ¿Acaso hay alguna persona normal, es decir, que esté en su sano juicio, dispuesta a encarcelar a un anciano, enfermo y senil, hasta dejarlo morir en la cárcel? Se admiten respuestas.