Archivo de febrero, 2019

Embarazos, bebés y gatos son perfectamente compatibles

Ayer, 20 de febrero, fue el Día Internacional del Gato. Un día que recuerda a Socks, inquilino de La Casa Blanca entre 1993 y 2009 que fue toda una celebridad sin necesidad de subir gracietas a YouTube.

A cuenta del día del gato me percaté de que hacía muchos años que no hablaba de estos animales, con los que llevo muchos años compartiendo mi día a día. Y sigue siendo necesario porque aún muchos se ven en la calle cuando el primer niño va a llegar a la familia.

Sucede por dos motivos principalmente. El primero es el temor a la toxoplasmosis, el segundo es el miedo a que se apoderen de él los celos y decida sacar los ojos al bebé o ahogarlo en la cuna.

También puede darse la falta de interés, que cuidando un bebé ya no se tienen ganas de seguir cuidando a un gato que ya no es novedad; también que estábamos hartos de quitar pelos de la ropa y tener el sofá arañado y cualquier excusa es buena para dar puerta al animal que deberíamos ver como un miembro de la familia del que somos responsables pero que ahora vemos solo como un estorbo.

A esos últimos poco hay que decirles. Jamás debieron tener un animal en primer lugar y, obrando así, ponen de manifiesto su mezquindad. Deberían trabajar en sacar lustre a ese alma gris que tienen y valorar lo que realmente es importante.

Ojo al sexto y al undécimo  motivo de abandono según el estudio de Fundación Affinity:

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Para los dos primeros casos, mucha tranquilidad. El miedo no suele ser buen compañero. Es mucho mejor caminar acompañado de la información, que es la mejor manera de contrarrestarlo.

La toxoplasmosis no es de temer si se tienen en cuenta unas mínimas medidas (y aún no teniéndolas es prácticamente imposible contagiarse). Y nuestro gato no va a mutar y convertirse en una suerte de Cujo felino.

Vamos con la toxoplasmosis recuperando la explicación que publiqué aquí mismo hace años:

La toxoplasmosis es una zoonosis (enfermedad que los animales pueden transmitir al hombre, o viceversa). Se trata de una enfermedad invisible, que un porcentaje muy elevado de personas padece sin darse cuenta y desarrolla sin mayor problema las defensas necesarias.

Los felinos son los únicos animales capaces de liberar las formas del parásito, llamado toxoplasma gondii, que contagian al hombre.

No obstante, en la práctica totalidad de los casos el contagio se produce al ingerir los quistes del parásito en la carne poco hecha, verduras mal lavadas, embutidos o huevos crudos.

El problema aparece cuando una mujer que no ha pasado antes esa enfermedad y por tanto no tiene anticuerpos queda embarazada, ya que en caso de enfermar el feto tiene un 40% de posibilidades de sufrir malformaciones.

Por eso muchas mujeres, cuando quedan embarazadas, se deshacen de sus mascotas. Algunas veces mal aconsejadas por sus médicos. Algo completamente innecesario.

A todas las embarazadas se les hacen las pruebas de la toxoplasmosis si se demuestra que ya ha estado en contacto con el parásito, ya no hay de qué preocuparse. De no ser así, el riesgo de contagio sigue siendo mínimo y basta con seguir unas pocas indicaciones para evitarlo.

De lo que realmente debe preocuparse es de comer carne bien hecha y frutas y verduras bien lavadas, que es la principal fuente de contagio.

La mayor parte de los gatos caseros nunca en toda su vida adquieren la toxoplasmosis. Lo que suelen contagiarse son aquellos que hacen vida al aire libre y comen carne cruda (cazan ratones y pajarillos).

Los gatos que adquieren el parásito solo están en disposición de contagiar durante unas dos semanas a lo largo de toda su vida. Ya sería puntería que coincidiera con el embarazo de su dueña.

Los parásitos están en las heces del animal, pero para que sean contagiosos tienen que pasar al menos 24 horas.

Bastaría por tanto con recoger a menudo los excrementos de la caja de arena del animal, empleando guantes y lavándose después bien las manos. O más sencillo: dejando que lo haga otra persona.

Resumiendo, la única forma de contraer la toxoplasmosis de un gato
es que nunca antes la hayas pasado, que tu gato la esté pasando por primera vez en su vida, que dejes sus cacas por casa más de un día y menos de una semana y que toques esas cacas con las manos desnudas y luego te las lleves a la boca.

En cuanto a mis gatos, cuando llegaron mis hijos, reaccionaron sin el menor problema, cada uno acorde con su carácter.

La gata, bastante tímida, se limitaba a no ponerse al alcance de sus atenciones mientras eran muy pequeños. Con mi hija ya más mayor, se muestra y busca sus caricias sin problema. Con Jaime, que por su autismo es impredecible para ella, sigue manteniendo las distancias.

El gato no tenía ningún miedo y se convirtió pronto en el compañero inseparable de mi hija. Ha permitido que todos los bebés que han pasado por casa le acariciaran a su tiene y a veces brusca manera sin hacer un mal gesto.

Por supuesto, desde el primer momento que pudo entenderlo le expliqué cómo debía tratarles: básicamente con suavidad, no montarse encima y respetarle cuando se quiere ir. Y todo fue como la seda. Tuvieron una relación estupenda. Y hablo en pasado porque el gato, Flash, murió hace dos años. Aun le echamos de menos.

Hay gatos que pueden necesitar algo de paciencia para adaptarse a los cambios de espacios y rutinas, pero en ningún caso se van a convertir en bestias asesinas.

Embarazos, niños y gatos son perfectamente compatibles.

Un premio para los colegios que persiguen la inclusión, la convivencia y la sostenibilidad

Es el primer año que tiene lugar este premio ‘Mi colegio se mueve’, organizado por Fundación SM para reconocer a colegios “que desarrollen iniciativas para mejorar su entorno” y también que difundan valores responsables en tres categorías: inclusión, convivencia y sostenibilidad.

Premiará a los colegios que se mueven por la inclusión y por la igualdad de oportunidades para todos los alumnos, con independencia de sus capacidades, situación sociocultural, género u orientación sexual; a los centros que fomentan la convivencia escolar con acciones de promoción de la cultura de paz, de resolución pacífica y dialogada de los conflictos, y a los que apuestan por la sostenibilidad con acciones de fomento del cuidado de las personas, del medioambiente y de los recursos del planeta.

Se valorará el alcance del proyecto, los logros obtenidos, la implicación de los alumnos, la ilusión y la creatividad, así como el aprendizaje logrado.

Hay una dotación económica, 1.500 euros para el ganador de cada categoría y 500 para los finalistas, también habrá un premio de institución comprometida, dotado con 2.000 euros; pero más que el dinero me parece importe visibilizar que hay muchos centros trabajando activamente por lograr una sociedad mejor para todos.

Me parece una iniciativa suficientemente interesante como para ayudar en su difusión desde este blog. Me consta que hay muchos colegios trabajando en este sentido que merecen este (y otros) reconocimientos.

(GTRES)


¿Cómo se participa? Entrando antes del 30 de abril en micolegiosemueve.com informando sobre la actividad que encaja con las bases que también se pueden consultar en esa misma web. Ya hay más de 60 proyectos inscritos. El ganador se conocerá el 15 de junio.

El jurado está formado por expertos en cada una de las categorías. En la categoría de inclusión participan Pilar Pérez Esteve, docente y coach educativo; Cristóbal Ruiz Román, educador y pedagogo social, y Paula Benito Baltasar, coordinadora de programas de la Fundación SM. En la categoría de convivencia, Juanjo Vergara, especialista en innovación educativa y metodologías activas; Javier Martín Babarro, profesor de Psicología Educativa en la Universidad Complutense de Madrid, y Raquel de Diego, trabajadora social.

Roberto Ruiz Robles, coordinador del área de energía y cambio climático en el Instituto Superior de Medioambiente, y Luis Aranguren, doctor en Filosofía, especialista en Ética, escogerán a los ganadores en la categoría de sostenibilidad. Y el premio especial de comunicación lo concederán Pedro Piqueras, periodista y presentador de informativos, y Belinda Washington, periodista y actriz.

Decir o no a los demás que tu hijo tiene síndrome de Asperger (o que lo tienes tú)

En el pasado ya he escrito del asperger, tanto otros 18 de febrero como en días sin significación especial. Os he contado que las personas con asperger no están enfermas, no son todos genios ni son agresivos (y no son Sheldon Cooper), cedí la palabra a un joven con asperger que quiso agradecer a sus maestros su apoyo, he intentado aclarar algunos mitos del síndrome de Asperger en la celebración de su día internacional de 2013, os he contado cómo obraría ante una persona con Asperger y recomendado ‘Luis el maquinista’, un cuento para entender este síndrome y también os hablé de ‘El rastro brillante del caracol’, una novela juvenil cuyo héroe protagonista tiene asperger (y que sirve para estar en guardia ante pederastas), y del libro ‘Mírame a los ojos. Mi vida con síndrome de Asperger’ de John Elder Robison, que afirmó algo que dirían muchas personas con este trastorno: “No quiero ser un genio, un rarito ni algo que exhibir”.

Hoy, 18 de febrero, voy a hacerlo de nuevo.

El síndrome de Asperger es muy frecuente, más de lo que parece. Afecta a entre tres y cinco personas de cada mil. No solo niños, también adultos. Y no solo varones, también mujeres. Personas distintas, individuos únicos con diferentes personalidades y gustos. Voy a insistir de nuevo en que desterremos la imagen de Sheldon Cooper (o, más recientemente, de The Good Doctor o Atípico).

Con frecuencia es invisible. En no pocas ocasiones incluso para la persona que lo tiene, al que cuando se le da al fin una explicación de lo que le sucede, se le suele liberar y hacer más feliz. En muchas es invisible para los demás. No decimos lo que nos pasa o lo que les pasa a nuestros hijos. ¿Cómo hacerlo? ¿Sabré hacer entender algo tan complejo, algo que tal vez no entienda del todo ni yo? ¿Y si decirlo se traduce en tener un estigma de por vida, en que te miren y te traten distinto? No queremos etiquetas que luego serán imposibles de quitar, que tal vez te afecten negativamente. Tal vez sea mejor pasar por ser un tanto especiales y ya está. Es imposible no temer al acoso escolar, a que acabe aislado, peligros reales y demasiado frecuentes para las personas con asperger ante los que es complicado saber de antemano cuál es el mejor paso a dar.

Completamente comprensible. Igualmente respetable.

Mi hijo tiene autismo, pero en mi caso decirlo es casi obligado. Está muy afectado y es obvio que le pasa algo. No sé qué haría si lo que tuviera fuera un asperger que no le impide hablar, cursar los estudios que le corresponden y participar en todas nuestras actividades familiares. Puede que solo lo dijera en nuestro círculo más íntimo hasta que alcanzara la edad en la que él decidiera qué hacer. Imposible saberlo.

No obstante, quiero creer que contaría con naturalidad lo que le pasa a mi hijo. No me refiero a ir dando explicaciones por delante al primero que pasa, pero sí a una mayoría de los que se relacionan con él. Quiero creer que no lo escondería, que hablaría de manera positiva de su condición intentando así divulgar sobre este trastorno sobre el que hay tantas ideas preconcebidas y equivocadas. Prejuicios que como más eficazmente se combaten es así, siendo visible, normalizando, explicando, peleando para que se mire a la persona antes que al diagnóstico y que se conozcan las necesidades y reivindicaciones del colectivo y de sus individuos.

Tal vez me equivocase, tal vez obrando así le procurase infelicidad. Pero ya lo he dicho en el pasado respecto al autismo y creo que es extrapolable al asperger: difícilmente se va a poder reivindicar nada si no se nos ve, si seguimos siendo invisibles. Creo que la visibilización es necesaria, por los demás, pero también por uno mismo. ¿Cómo va a ser uno feliz fingiendo ser quién no es, esforzándose por dar una imagen que no se corresponde con la realidad?

También me repito si os digo que entiendo que es algo muy delicado y no seré yo la que diga lo que otros deben hacer. No es un camino fácil, no está bien iluminado y es un proceso muy personal, que cada cual debe decidir cómo y cuándo recorrer.

¿Qué habéis hecho vosotros? ¿Qué haríais vosotros?

(GTRES)

Desde una pequeña semilla

Me gustan las plantas. No tengo demasiadas en casa, un decena apenas y todas en la terraza. Faltan tiempo y espacio para poder tener más. Algunas de ellas son veteranas, tienen más años que nuestros hijos.

Hay un ficus que tal vez no sea el más bonito del mundo, pero que vino de casa de mi abuela Adriana, una extremeña con la mano verde. Verlo me recuerda a ella, que murió hace ya doce años. Apenas le dio tiempo a conocer a Jaime, su primer bisnieto. Lo conoció dominada ya por el alzhéimer, pero verle le hacía sonreír y preguntaba por él acunando un bebé imaginario entre sus brazos.

También hay un par de plantas que vinieron de nuestro anterior hogar, otro par de plantas de mi madre y de mi suegra y un pequeño arbolito de aguacate que hicimos germinar de una semilla.

Ahí quería llegar yo, a hacer nacer, ver crecer y valorar así los alimentos que tomamos. Con niños pequeños, es una actividad muy recomendable conocer todo del ciclo por el que una planta aparece a partir de una semilla. Especialmente aconsejable para los niños que se mueven eminentemente en entornos urbanos.

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No supone apenas coste, aunque venden kits preparados y pensados para niños que pueden ser un buen regalo, no resultan en absoluto imprescindibles.

Podemos emplear una legumbre (lentejas, judías o garbanzos), el hueso de aguacate que os comentaba, semillas de tomates o pimientos o de aromáticas que compremos preparadas, bulbos de flores como el fragante jacinto e incluso podemos convertir una piña (de las tropicales) en una planta.

De hecho, es una actividad que se lleva a cabo con frecuencia en los colegios, una clase práctica de Conocimiento del medio (nuestras viejas Naturales). ¿Qué necesitan para vivir? ¿Cuáles son sus partes y para que sirve cada una de ellas? ¿Qué sucede con el agua? ¿Podrían crecer a oscuras? ¿Para qué necesitan la luz ?, ¿qué pasaría si las metemos en un recipiente de cristal o una bolsa transparente?.

Hay multitud de actividades y experimentos que se pueden hacer, Internet está llena de buenas ideas. Pero simplemente hacerse preguntas y buscar la manera de responderlas ya es ejercicio suficiente.

También una manera de aprender a asumir responsabilidades si les implicamos en su cuidado y de aprender a respetar al medio ambiente.

A partir de unos dos años, ya se puede empezar a aprender y a jugar haciendo nacer plantas. Y no hay una edad tope para dejar de disfrutarlo.

¿Lo habéis hecho? ¿Os animaréis a hacerlo?

¿A partir de qué edad permitisteis (o permitiréis) que se maquillen vuestras hijas (o hijos)?

La duda surgió tras este tema, que recomienda cuáles son los labiales que conviene comprar porque no entrañan riesgos para la salud (ya os adelanto que son los que tienen base de aceites y grasas vegetales como el cacao, el karité o la jojoba ceras naturales de plantas, de abejas o lanolina, que es una cera natural producida por las glándulas sebáceas de algunos mamíferos, normalmente del ganado ovino, ejem…).

Al final de ese contenido se recordaba el consejo de la OCU de que los pintalabios con colores contienen mucho producto químico y a los niños solo hay que ponerles, como mucho, uno de esos cacaos con algo de color. También que, dado que los carnavales están a la vuelta de la esquina, hay que recordar usar maquillajes aptos y nunca ponérselos a niños menores de tres años.

Nunca maquillar a niños menores de tres años. Bien… Pero si hablamos de cuándo comenzar a maquillarse con regularidad, ¿cuál es la edad recomendada? No maquillajes de carnaval, maquillajes adultos convencionales: la mascara de pestañas, la base de maquillaje, los lápices y sombras de ojos y los pintalabios.

Sabiendo que no es lo mismo un poquito de khol y un labial ligero, que ir con chapa y pintura a todo trapo, lancé en redes sociales la pregunta que hoy titula este post. Un pregunta que también os dejo a vosotros.

Yo no empecé a maquillarme (los ojos, me dio por el delineador negro) hasta los quince años. Pero solo lo hacía de vez en cuando. Y nunca he sido de mucho maquillaje, no suelo ponerme apenas nada. Ojo, me parece fantástico que otras personas lo hagan, que disfruten del arte de jugar con sus rostros. Nada en contra de ese universo, para mí desconocido, de brochas y pinceles.

Si me planteo cuándo permitir que mi hija empiece a salir con regularidad maquillada a la calle, pues creo que va a depender en gran medida del interés que ella tenga. Pero no creo que se lo permitiera antes de los catorce años. Parece que es la opinión mayoritaria de la encuesta (nada científica) que lancé. Me llama la atención, eso sí, que un 11% de las 140 personas que han votado lo ven apropiado a partir de los doce años y un 3% a partir de los 10.

He oído a madres que a sus niñas a partir de los quince o dieciséis años, si aún no les ha dado por maquillarse, y las han animado a hacerlo. Lo único que yo tengo claro es que eso no voy a a hacerlo. Oye, que las hay que pasan del tema, como las hijas de @madrelibromana que asegura que “marqué el 16, pero en realidad no es así por que no se maquillan, tienen 24 años ya y andan por ahí con la cara limpia”.

De hecho, he encontrado unos cuantos maquilladores profesionales que recomiendan empezar cuánto más tarde, mejor. La lozanía de la juventud, incluso con granitos, hay que mimarla.

También que la animaré a emplear productos con el logo CE, que algo más de garantía encierran. En línea con lo que me comentaba @madresestresadas: “Mi hija nació diciendo me quiero maquillar. Lo que siempre he hecho es decirle que no vale usar productos sin marcas ‘decentes'”.

E intentando explicarle un poco el asunto, la necesidad de desmaquillarse bien, de usar productos ligeritos y poco agresivos. Algo como lo que hicieron con @mamaal2blog: “No tengo niñas, pero a mi me empezaron a dejar con 16 no sin antes darme una explicación sobre:-hija mía esto es ser un loro y cuidado que la base de maquillaje puede ser como el cemento armado y la carga el diablo. 😂😂😂”

Pero ¿cómo evitar que lo hagan antes de la edad que tú consideras adecuada?. Amalia Arce, @lamamapediatra, también tiene una hija ‘nacida para maquillarse’ que con quince años “no sale a la calle para nada sin chapa ni pintura” y que apunta sabiamente “difícil ir contracorriente, si quieren hacerlo, lo hacen a escondidas”.

Porque muchas empiezan a quererlo muy pronto. “La mía con 12 para 13 quiere rímel pero de momento lo estoy evitando. Me comenta que alguna niña de su curso (1ºESO) que va con base y muy maquillada”, me cuenta @mkderivas. No sé es si más pronto que antes y si, de ser así, es algo influido por la exposición a y de las redes sociales.

¿Qué opináis vosotros?

¿Qué necesitan los niños con cáncer? ¿Qué necesitan sus familias?

Tras el día del amor llega el de la pesadilla. No se me ocurre nada más aterrador que encontrarte con que uno de tus hijos tiene cáncer. En torno a 1.100 familias cada año en España se encuentran con un diagnóstico así, que les cambia la vida para siempre. Más de mil niños menores de catorce años se ven inmersos cada año en esa pelea que, como bien insisten muchos, ni se gana ni se pierde, simplemente te toca en (mala) suerte.

Hoy es 15 de febrero y se conmemora el Día Internacional del Cáncer Infantil. Un día simbolizado por el color dorado y cuyo objetivo es concienciar sobre esta enfermedad.

Este año quiero centrarme en lo que esos niños y sus familias necesitan, en lo que necesitamos todos. Necesidades que deberían ser cubiertas en todos los aspectos. Nuestros niños son nuestro mayor tesoro.

Necesitan sostén psicológico tras el diagnóstico y durante todo el proceso. Hay momentos muy difíciles y aunque unos lo sepan gestionar mejor que otros, todos precisas esa ayuda de manera accesible e inmediata. De forma proactiva y sin esperar necesariamente a que ellos levanten la mano.

De la misma forma hay que proporcionarles información y orientación sobre los recursos sociales y las ayudas económicas disponibles. Todo claro y fácil desde el principio, sin que se pierdan recursos. Adaptarse a una situación así también requiere que las empresas se impliquen, que faciliten todo lo que esté en su mano a esos padres.

Necesitan y tienen derecho a los mejores tratamientos individualizados, da igual dónde estén. Este año la Federación Española de Padres de Niños Con Cáncer reivindica un protocolo específico de seguimiento para los supervivientes de esta enfermedad que permita la prevención y el tratamiento de las posibles secuelas que pueden experimentar.

Esos niños, aunque estén enfermos, necesitan y tienen derecho a tener lo que cualquier otro niño: jugar, ir al colegio, desarrollarse en definitiva. Pueden ser precisas adaptaciones curriculares, atención sanitaria en el centro escolar, horarios adaptados. Lo que haga falta, debe estar a su alcance. No solo durante la enfermedad, también después.

Necesitan que donemos médula, que donemos sangre, que colaboremos hasta dónde podamos en los proyectos e iniciativas que impulsen para recabar fondos para la investigación y también que les aplaudamos, como pide Juegaterapia.

Más allá de esfuerzos privados, necesitan que la investigación sea una verdadera prioridad institucional. Los investigadores son aquí los verdaderos superhéroes y los que manejan los fondos tienen que tomarse en serio estar a la altura.

El director científico del Campus Clínic-UB del Insituto de Investigación contra la Leucemia Josep Carreras, el doctor Pablo Menéndez (3i), junto a su equipo médico, y la niña Inés, que superó una leucemia. Científicos de la Fundación Josep Carreras y de la Universidad de Cantabria han descubierto, en un estudio pionero, que el genoma de un tipo de leucemia infantil de diagnóstico letal es el más estable de cualquier cáncer pediátrico secuenciado hasta ahora y han hallado un biomarcador para predecir su pronóstico. (EFE/Marta Pérez)

La mayoría de los niños logran curarse, pero son precisos también más y mejores cuidados paliativos, porque a veces la muerte llega y los niños y sus familias tienen que estar perfectamente acompañados si eso sucede.

Todo lo que necesiten, deben tenerlo.

* Este texto lo he escrito pensando en Lucía, que nos dejó este pasado verano. En ella y en sus padres y su hermana. Tu cerezo, el que este otoño plantaron en el cole, está a punto de florecer para que todos tus compañeros y muchos otros niños te recuerden siempre.

Los personajes de Disney, Pixar, Star Wars y Marvel quieren que todos los niños y adolescentes se impliquen contra el acoso escolar


Los superhéroes de Marvel, las cada vez más aguerridas princesas Disney (ojo al trailer de Frozen 2 Qué os dejo al final del texto, la película llegará en noviembre), los que siguen el camino de la Fuerza o personajes como Judy o Nick de Zootropolis, los científicos de Big Hero 6 o Woody y Buzz Lightyear (otros que tendrán pronto nueva entrega), jamás consentirían que se produjera un caso de acoso escolar ante ellos sin hacer nada para solucionar las cosas.

Serían como mínimo chivatos, un término al que hay que despojar de las connotaciones negativas que arrastra. Chivarse puede ser muy bueno, chivarse a un adulto para detener una situación de abuso es lo mejor que podemos hacer. Eso y dar nuestro apoyo, nuestra amistad y simpatía, a la persona que ha sufrido en esa situación.

El acoso escolar es una realidad demasiado frecuente que hay que abordar desde distintos frentes. Uno de ellos es involucrar a los chicos y de eso va la campaña que Disney y Grupo Mutua han lanzado este mismo miércoles.

Han firmado un acuerdo de colaboración para luchar contra el acoso escolar en España cuyo objetivo es “movilizar a los testigos del acoso escolar y a los compañeros de las víctimas para que sean capaces de reaccionar ante el acoso y frenarlo. Bajo el hashtag #ActivaTuPoder, el proyecto involucrará a personajes de Disney, Pixar, Star Wars y Marvel”.

Con este vídeo arranca la campaña:

Es un buen enfoque. Como ellos mismos recuerdan, “los últimos estudios sobre el acoso escolar, el 80% de los alumnos de 6º de Primaria, 1º y 2º de ESO consideran la movilización de los compañeros la medida más eficaz para frenar al acosador, mientras que poco más del 20% de las víctimas manifiestan que sintieron el apoyo de sus compañeros”.

Bienvenida sea toda iniciativa que contribuya a solventarlo.

No obstante, aún siendo un buen enfoque, no podemos dejar la responsabilidad de detener esta problemática, causante de tanto sufrimiento, solo en las manos de los niños y adolescentes que están en la situación de ser testigos.

Los adultos somos los que tenemos la verdaderos responsabilidad aquí. Los padres, tanto de acosados como de acosadles. También de los chavales que no son ni lo uno ni lo otro pero que deben estar alerta ante Star situaciones. Y por supuesto de todos los profesionales que trabajan en la docencia.

También nosotros deberíamos tener presente cómo actuarían Ironman, Elsa o Luke Skywalker, y nunca sería mirando hacia otro lado o quitando importancia a situaciones así.

¿Cómo no cuidar a los que quieres?

¿Cómo no cuidar a los que quieres? Hay que hacerlo. Por obligación y, sobre todo, por amor. Hay que hacerlo y a veces también hay que pagar y supervisar para que lo hagan otros.

En España se hace más que se paga y lo hacen sobre todo las mujeres, las que tienen ya cierta edad. A sus espaldas cargan con la responsabilidad de nuestros niños, ancianos, enfermos y familiares con discapacidad. Las educaron para ello. Muchas no salieron a un mundo laboral remunerado o lo hicieron por poco tiempo. Sus familias las necesitaban y ellas se dieron, se siguen dando.

Cuidan asumiendo muchos costes personales. Cuidar no es gratis, aunque con frecuencia lo sea. Pero que sea ellas las que cuiden no es algo sostenible por imposición demográfica.

Cuidar también debe ser y (menos mal) va siendo cada vez más asunto de hombres y jóvenes. Universitarios que dan de cenar a sus abuelos. Abuelos que llevan a sus nietos de una extra escolar a otra. Hombres y mujeres en la edad de entregarse a su trabajo que a lo que se entregan es al bienestar de los que tienen por arriba y por abajo.

Cuidar es responsabilidad de todos y debe serlo cada vez más.

Y necesitamos que el Estado también lo asuma como una prioridad, aunque no lo haga por amor.

(GTRES)

Vuelven los disfraces de carnaval, vuelve la necesidad de estar alerta

Carnaval, carnaval. En muchos escaparates vemos disfraces y accesorios para jugar a convertirnos en otros. Lo tenemos a la vuelta de la esquina.

Carnaval es una oportunidad estupenda para divertirse disfrazándose, niños y mayores. Y el disfraz puede abrir muchas puertas muy positivas para nuestros hijos: permite expresarnos de una manera diferente, dejar volar nuestra imaginación, es un instrumento que facilita el juego simbólico e incluso podemos usarlo para reforzar contenidos curriculares o despertar el interés de los niños por determinados personajes históricos o literarios e incluso problemáticas actuales. Si lo elaboramos junto a ellos, más ventajas aún, empezando por el tiempo compartido.

De hecho, si tenemos a un niño al que le gusten los disfraces, no tienen que estar circunscritos a carnaval o Halloween. Tener un cajón o un baúl en casa con opciones para que se disfracen es buena idea. Dentro no solo tiene que haber disfraces al uso, algunas prendas nuestras que podamos descartar también pueden servirles a la sociedad mil maravillas.

Y si al niño no le gusta disfrazarse, sobra decir que no hay que obligarle por muchas ventajas potenciales que pueda tener esta actividad o aunque el resto se disfracen. No a todos nos gustan las mismas cosas y hay que respetarlo.

Pero, más allá de ese respeto a la voluntad del niño, es una oportunidad perdida si no estamos alerta a lo poco apropiado de muchos disfraces, de lo hipersexualizados que son incluso aunque estén pensados para niños muy pequeños.

No es ya solo que los disfraces de las niñas tengan con frecuencia impropios aromas eróticos, desde las poses de la publicidad hasta el largo de las faldas. También está el hecho de qué tipo de disfraces están pensados para niños y para niñas, qué oficios están destinados a unos y a otros. Es más, incluso hay casos en los que es ridiculo tener versión femenina y masculina de un disfraz.

Absurdo todo, si precisamente lo más divertido a la hora de disfrazarse es saltarse esos absurdos estereotipos y disfrazarse de lo que más nos plazca.

De hecho, hablando de nuevo de oportunidades, hablar y reflexionar con nuestros hijos al respecto cuando veamos estos disfraces es una estupenda.

Es algo que seguro que os suena, algo de lo que ya hemos hablado en el pasado, pero nunca está de más recordarlo.

Pensemos dos veces si ese disfraz infantil que tenemos en la mano (o en el carrito digital) es apropiado antes de pasar por caja.

Termino con un ejemplo de cómo para los adultos la situación es muy semejante (hipersexualización e diferenciaciones innecesarias) y también deberíamos reflexionar al respecto. Ojo a cómo son los disfraces de profesora y los de profesor…

Si se busca “disfraz de profesor”, por aquello del genérico, vuelven a aparecer profesoras hipersexualizadas, entre varones que son zombis, profesores chiflados o aguerridos ‘indianas jones’.

Bajar la ratio en colegios e institutos sería una medida eficaz para mejorar la educación, ¿por qué no se hace?

Ayer mismo estuve viendo un vídeo de Jaime Altozano sobre educación. Por si no sabéis quién es Altozano, pese a lo famoso que es, os diré que se trata de un YouTuber que es un divulgador maravilloso. Os lo recomiendo encarecidamente, a vosotros y a vuestros hijos, a poco que os interese la música. Ya os conté en el pasado, a cuenta de Luzu, que en YouTube hay mucho bueno si sabe encontrarte, que demonizar en pleno a los youtubers sin conocerlos es una actitud equivocada.

En fin, volvamos al vídeo del que os hablaba. No es ninguna novedad y es muy popular, así que tal vez lo conozcáis. En él, Altozano dejó de lado su tema habitual, la música, para hablar de su experiencia educativa, muy frustrante con demasiada frecuencia, y de cómo se le ocurriría mejorar el panorama educativo actual enseñando a entender de verdad y no a creer que se entiende o grabando las clases en vídeo para que los chicos puedan verlas las veces que sea, parando si es preciso. Propuestas interesantes, todas ellas.

Reconocía en el vídeo no saber cuál es la solución para mejorar la calidad de la educación existente en este país, que probablemente las mejoras tengan que venir poco a poco. Escuchándole recordaba que en cuestión de muy pocos días conoceremos los detalles de la nueva ley educativa que prepara Isabel Celaá, la que será la octava desde 1970 (si es que llega a ser y no se queda en el papel) y también las líneas generales de esa ley que conocimos antes de las navidades y que básicamente descarta la LOMCE de Wert y retoma una LOE a la que remoza y moderniza.

He leído todas las páginas de esas líneas generales y escuchado en numerosas ocasiones a Celaá (la última vez en la comisión de educación del Congreso esta misma semana) y, salvo sorpresa mayúscula, entre todas las modificaciones que trae no se encuentra la petición más frecuente de los profesores: bajar las ratios, reducir el número de alumnos en clase.

Podemos bailar por el salón educativo dando giros y vueltas en todas las direcciones posibles. Que si menos religión o más itinerarios, que si menos repeticiones o poder pasar con una asignatura, que si evaluación del profesorado así y de los alumnos asá. Pueden ser más o menos acertadas, más o menos realistas. Pero bajar la ratio en las clases sería una solución efectiva para mejorar la calidad de la educación y no se contempla.‪

“Un mayor tamaño de las clases parece estar asociado a un porcentaje más elevado de estudiantes con problemas de comportamientos y con la necesidad de dedicar más tiempo a mantener el orden, en vez de a la enseñanza y al aprendizaje”, dice la OCDE.

Se sabe a ciencia cierta que reducir las ratios redunda positivamente en la calidad de la enseñanza. Tener menos alumnos permite una atención más personalizada, reduce el fracaso escolar (gran problemática en España) y se traduce en ciudadanos mejor formados.

Cómo os decía, los maestros no dejan de reclamar esa reducción de ratios. No solo en Infantil o Primaria, en cuyas clases no es infrecuente que haya cerca de treinta alumnos. También en Secundaria y Bachillerato, que poco se ha mejorado desde los tiempos del boom demográfico al que yo pertenezco en el que la saturación en las aulas era de vergüenza.

Recuerdo ser toda mi vida el número 42/43 de clase por apellidarme con la T. Así no puede ser. La mejor clase que recuerdo en mi etapa de instituto fue la de latín en COU, que éramos solo seis. Pudimos traducir La eneida enterita ese curso. Latín y en verso y disfrutándolo oigan. Ser tan pocos era una maravilla y nuestra maestra no se cansaba de repetirlo.

No hablo de reducir tanto las ratios. Es inviable. Pero entre 26 alumnos en primaria o 36 en Bachillerato y seis, hay mucho margen de mejora.

Y me diréis que la media que se maneja es otra, que España está en una media de 22 alumnos por clase en Primaria y 25 en Secundaria. Pero las medias incluyen escuelas rurales por ejemplo. Ya sabéis aquello de que, según la media, si yo me como un pollo entero y tú no comes nada, ambos nos hemos comido medio pollo.  ‬

Que sí, que solo bajar las ratios y pasar de todo lo demás tampoco es solución. Pero al menos hay que procurar bajarlas, leñe.

¿Por qué no se hace? ¿Por qué no se atiende a la histórica petición de los profesionales de la enseñanza? Pues está meridianamente claro. Nadie es tan ingenuo como para no saberlo. Por pasta. Reducir ratios es una solución eficaz que además es fácil de implantar, pero cuesta dinero. No apostar por una reducción de ratios, sabiendo que funcionaría, sabiendo que para hacerlo simplemente hay que abrir el grifo del presupuesto destinado a la educación, evidencia una falta de voluntad política. Mejor dicho, la voluntad de preferir dedicar ese dinero a otros menesteres.

España está siempre entre los países que menos dinero destina a Educación. En torno a un 4% del PIB. En 2017 era el 4,1%. Para los presupuestos de 2019 está previsto dedicar un 4,3%. Parco ascenso. En nuestro entorno nos codeamos con países como Rumanía, Bulgaria, Irlanda o Italia. Incluso Grecia o Eslovaquia están por delante.  Son datos de Eurostat.

En cambio Dinamarca dedica un 7%, Suecia, Bélgica o Finlandia más del 6% y Letonia y Portugal un 6%. Sí, nuestro vecino supuestamente pobre, al que se está aplaudiendo por cómo está tratando recientemente a los alumnos con necesidades especiales, está casi dos puntos por encima de nosotros en inversión.

Porque es inversión, no es gasto.

No es casual que los países con mejor puntuación según la OCDE sean los que tienen ratios más livianas y también presupuestos educativos  más altos.

¿Y ahora qué hacemos? ¿Invertimos en lo que importa?

(GTRES)