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La maternidad es tan cambiante que siempre eres una recién llegada a ella

Cómo explicar a un niño la muerte de un animal

Antes de nada, os voy a pedir que leáis un viejo post. Se llama Una niña, un viejo gato, una historia de amor y lo publiqué aquí hace poco más de un año para explicar la maravillosa relación que tenían Julia y el buen y viejo Flash.

Porque este post trata de cómo he explicado a mi hija, que acaba de cumplir ocho años, la marcha inesperada y repentina de nuestro gato de oro, que llegó a nuestro hogar siete años antes que ella.

La tarde del miércoles, al volver del trabajo, nos encontramos con que a Flash le pasaba algo. Lo llevé al veterinario, pero su estado empeoraba rápidamente. Nos trasladamos a toda velocidad al hospital veterinario y las pruebas que le hicieron unidas al estado en el que ya estaba me hicieron tomar la decisión de regalarle el mejor final posible.

Y volví a casa pasadas las diez de la noche, con el transportín vacío, salvo por el peso de la pérdida, y conocedora de que tendría que hacer de tripas corazón para aguantar el tipo al día siguiente en el trabajo y después contarle a Julia, que se fue a dormir sabiendo que Flash estaba en el hospital, lo sucedido.

Una vieja y buena amiga, que es psicóloga, me escribió lo siguiente nada mas enterarse:

Los niños aprenden de lo que ven. Deben saber que es normal que les duela, deben sentirse comprendidos y arropados en su dolor, deben poder abrazarse a alguien y llorar a moco tendido todo lo que haga falta y más, deben saber que todo va a ir bien, que siempre tendrán a alguien que curará sus heridas y deben ver que papá y mamá, aunque también se ponen tristes, no se quedan en esa pena y avanzan y ríen y se acuerdan de Flash y de lo bonito que fue tenerle. Julia tendrá todo esto porque tiene la gran suerte de teneros.

Este jueves por la tarde, nada más volver a casa, me senté con ella en su cama y se lo dije. No le hablé de cielos ni de arcoíris, simplemente le conté que Flash estaba tan malito que le habíamos dejado dormir para siempre.

Lloró mucho, durante cerca de media hora. Ese llanto de la pérdida que todos conocemos y que te supera. Y la abracé y la dejé llorar, contándole que era normal estar triste, que yo también había llorado, pero que Flash había tenido una vida larga y feliz con nosotros y se había ido tranquilo.

A todo padre le duele ver a su hijo pasarlo mal, pero es un aprendizaje por el que tenía que pasar. Todo lo que vive tiene que morir. Vivir sintiendo, reconociendo el amor y la felicidad, implica sentir a veces también el dolor y la tristeza. Son las dos caras de la misma moneda.

Cuando se calmó un poco me hizo algunas preguntas: cómo lo habían dormido, dónde estaba su cuerpo, qué iban a hacer con él… Le contesté a todo con sinceridad y sin entrar en detalles: poniéndole una inyección que no le había dolido, se lo habían quedado en el hospital y lo incinerarían. La animé a que me preguntara todo lo que quisiera y le expliqué el trato que hacemos con los animales.

Cuando compartes tu vida con un animal, como los animales viven menos años que tú, haces un trato con ellos. Ellos te entregan toda su vida, un montón de alegría, juegos y cariño, y nosotros tenemos la responsabilidad de cuidarlos todo ese tiempo y de despedirles cuando llegue el momento. Son unos pocos días tristes a cambio de muchísimos muy felices.

Acordamos después que buscaríamos el fin de semana una foto bonita de Flash y la pondríamos en un marco en su habitación para que pueda verle todos los días.

Y la tarde transcurrió tranquila.

Justo antes de apagar la luz para dormir me estuvo haciendo preguntas de nuevo. ¿Cuántos años tiene nuestra perra? ¿Por qué ha muerto Flash antes que ella sí era más joven? ¿Por qué se puso tan malito tan de repente? ¿Lo saben ya sus primas y sus amigos? Contesté de nuevo a todo lo mejor que supe.

Os recomiendo encarecidamente la lectura de Los niños y la muerte de sus mascotas, elaborado por Patricia Díaz para la Fundación Mario Losantos del Campo.

Tal vez os preguntéis por Jaime. Mi hijo mayor, que tiene autismo. Imagino que notará su ausencia, que se percatará de que Flash ya no anda por casa. Pero su relación con él era prácticamente inexistente y se ha comportado con toda la naturalidad del mundo. No puedo explicárselo como a Julia, porque no me entendería. No tiene lenguaje oral. Es un dolor por el que se va a ahorrar a pasar.

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser María

    Solamente quería darte las gracias por esta entrada. Nosotros vamos a pasar pronto por una pérdida, aunque de tipo distinto, y en estos días he pensado mucho en cómo se lo diría a mi hija cuando ocurra. Me ha ayudado mucho leer lo que has escrito.

    17 marzo 2017 | 10:02

  2. Dice ser marian

    Es doloroso pero hay que contárselo con la mayor naturalidad posible, tanto pérdidas de mascotas como de familiares, como parte de la vida que es.
    Nosotros tenemos una cobaya y cuando se la regalamos por su décimo cumpleaños, hablamos del tiempo medio de vida que tienen, que la querríamos mucho pero que algún día se moriría.
    Cuando tenía cinco años, tuvimos de mascotas cinco caracoles de tierra a los que cogimos en el campo un día para soltarlos al día siguiente, pero empezó a hacer mucho frío y les hicimos un terrario, todos los días les dejábamos salir y paseaban alrededor de lo que era su casa (un taper de spaguettis), hasta se dejaban tocar el cuerpo sin retraerse, criaron y tuvimos un montón de mini-caracolitos.
    Para los peque hicimos otro mini-terrario, estuvieron con nosotros tooodo el invierno y al llegar la primavera volvimos al lugar donde los cogimos y los soltamos. Fue lo que se llama toda una experiencia y no tuvimos que lamentar ninguna baja.

    17 marzo 2017 | 10:51

  3. Dice ser vegano

    Es algo muy duro de asumir y siempre se queda una herida en el alma. Es importante que se sienta arropado (la mascota) y no sufra (calmantes ). Los niños lo entienden sin tanto trauma como nosotros ,los adultos. Nosotros los mayores conocemos la muerte y sabemos que es implacable. Tiene un rostro despiadado y pega muy fuerte sin merecerlo. Los niños la conocen mas por los adultos por lo que tienen mas difusa y menos traumática su naturaleza segadora. Ellos, siempre que estén en familia, lo llevarán mejor que los mayores.
    Siento lo de tu gato. Yo también me siento huérfano para siempre de hijos míos no humanos que yá no los tengo.

    17 marzo 2017 | 14:34

  4. Dice ser Mari P

    Ante todo, lamento vuestra pérdida…. demasiado conocida para mi y para muchísimos más….

    En mi casa, mi hijo ya tuvo que enfrentarse a su primera pérdida con 3 añitos, mi abuela. A los pocos meses, ya con 4 años, a la de nuestro perro y luego a la de mi padre. En nuestro caso, no era posible explicarle la realidad, era demasiado pequeño, así que todos, unos detrás de otros, se fueron a una estrella muy brillante que vemos todos los días.(bendita inocencia). Ya de más grandecito, ha sufrido más pérdidas…. uno de nuestros gatos, su otro abuelo, dos bisabuelas., una de las gatas de mi madre el año pasado… y lo asume como un adulto (ya son 13 años). Sabe que la vida tiene ciclos, que todos nos vamos antes o después, y que, por desgracia, hay pérdidas más tempranas.
    No suele preguntar qué pasó, es muy observador y ve cuando hay una enfermedad grave, tanto en personas como en animales, y, aunque le duela, pasa por ello y recuerda con cariño a todos y cada uno de ellos. Yo lo paso peor, sinceramente.

    17 marzo 2017 | 18:55

  5. Dice ser Guillermo

    Por si sirve de ayuda, hace tiempo escribí un artículo sobre esto http://congdegato.com/2016/06/como-superar-la-muerte-de-un-gato/

    18 marzo 2017 | 22:42

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