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El valor del inmigrante

Siempre he pensado que el inmigrante es el mejor negocio para todos, menos para ellos mismos. Y lo comprobé el día que tuve que hacer esa famosa fila de 5 horas, la que haces en la Brigada de Extranjería de Aluche, en Madrid, para que te documenten. Solo mientras caminas desde el metro hasta las oficinas ya te han entregado varias hojas volantes. A mí me ofrecieron vuelos baratos, el famoso anuncio de “compra en España y los tuyos lo reciben en Ecuador y Perú”, contactos de abogados mágicos que lo resuelven todo y que hasta te dan un teléfono de emergencia (un número de móvil), y préstamos de hasta 30 mil euros en 24 horas.

Nos quieren vender algo a toda hora y el acoso es brutal. En la misma fila hay personas que te van tentando con préstamos y viajes. Te piden tus datos, te regalan bolígrafos, tarjetas telefónicas, calendarios… A algunas personas las convencen fácilmente, y yo creo que se aprovechan de que todos estamos con la cabeza en otra cosa, pensando en el trámite que vamos a hacer cuando por fin entremos a las oficinas de extranjería.

Todo esto ocurre fuera de la Brigada de Extranjería, mientras hacemos la larga fila. Nos ofrecen café, con y sin leche, empanadas, colas, Acuarius y agua. También hay una mujer que tiene el monopolio de los tabacos, chicles y caramelos. Y nos vemos en la necesidad de consumir para atenuar la espera.

La oferta es amplia e incluye también la venta de lugares en la fila. Se venden temprano, antes de que lleguen los trabajadores de la oficinas. Cuestan entre 30 y 40 euros y son los mismos inmigrantes los que negocian con esto. Ellos han pasado la noche a la intemperie para cuidar el puesto y por la mañana lo venden, recogen su colchoneta y se marchan. Otra vez les digo: ¿no les parece que somos el mejor negocio para muchos?

La niña ‘sin papeles’

Cuesta creer que una personita de un año y medio haya pasado por las filas de extranjería para obtener un permiso para residir en España y digo que cuesta porque esta personita nació en España, para más señas en el Hospital La Paz de Madrid, pero estuvo ‘sin papeles’ hasta el pasado mes de julio, cuando finalmente le entregaron un permiso de residencia a su nombre, Regina Dávila.

Fue un trámite largo y tortuoso para ella y sus padres, una pareja de mexicanos. Por esos despistes de la administración los mandaron de una oficina a otra para solicitar el permiso de residencia para su hija, como ya lo contamos antes en este blog.

La complicación surgió porque éste no es un trámite usual, ya que la mayor parte de los niños que nacen en este país –hablamos de los hijos de padres foráneos- adquiere la nacionalidad española sin problemas, a menos que sus padres provengan de aquellos países donde se impone el derecho de sangre (el principio ius sanguinis, por el cual se otorga la nacionalidad a los descendientes de sus ciudadanos, independientemente del lugar donde nazcan).

Mala suerte o no, pero México es uno de esos países y la pareja de esta historia lo sabían de antemano, por eso inscribieron a su hija como mexicana y se resignaron a esperar un año para solicitar la nacionalidad española para la pequeña, tal y como les explicaron en el Registro Civil español.

Sin embargo, nada les dijeron sobre la necesidad de obtener un permiso de residencia para la niña. Los padres recibieron ese balde de agua fría cuando retornaron al Registro Civil para iniciar el trámite de la nacionalidad. Volvieron justo al año de haber inscrito a Regina y se encontraron con el requisito inesperado: la tarjeta de residencia de la niña, para probar su estancia legal por un año continuado.

Parece insólito, pero sus padres tuvieron que batallar para legalizar a la pequeña ‘sin papeles’. No sólo porque desfilaron por varias oficinas de extranjería, sino también porque cada vez que llamaban a pedir información los funcionarios no atinaban qué responderles. La administración finalmente resolvió otorgar a Regina un permiso de residencia dependiente de la autorización de residencia de su madre. Y lo último fue llevar a Regina a las largas filas en la Brigada de Extranjería de Aluche, para obtener el documento.

Ahora la niña tiene una tarjeta de residencia, como si fuese un adulto inmigrante y cuando tenga un año de residencia legal podrá tramitar la nacionalidad. El documento de Regina caducará el 30 de abril del próximo año y menos mal que no le autoriza a trabajar, porque en uno de esos despistes de la administración, los permisos de residencia de menores podrían emitirse con una autorización para trabajar. ¿Le parece absurdo? Vuelva a leer esta historia.

¿Quién puede asesorarnos sobre los trámites de inmigración?

Recientemente el Gobierno lanzó una campaña anunciando con bombos y platillos que ya estaba todo agilizado. Que todos los trámites de residencia podían hacerse por Internet y que ya no había que hacer colas. Son muchas las preguntas. Una es ¿Por cuál de las Webs?

El Ministerio de Administraciones Públicas lanzó recientemente el nuevo mapa de trámites. Lamentablemente esta Web no siempre concuerda con lo que dice la del Ministerio del Interior , ni con la misma página del Ministerio de Trabajo e Inmigración

¿Verdad que una ya no sabe qué de todas estas instrucciones seguir?… Además de que a veces los lenguajes son muy técnicos, lo peor es que por lo general lo que se solicita no siempre concuerda con lo que pide luego el funcionario de turno, una vez que llegamos a la ventanilla a presentar los papeles. En mi caso, cuando estaba tramitando la nacionalidad, y llegué al registro con todos los papeles que pedían en la Web la funcionaria me dijo “Eso no vale. Lo que vale es esto”, y me dio una fotocopia (así, a la antigua usanza) con lo que pedía su Registro Civil en Madrid. “¿Pero si saqué los requerimientos de la Web?”, le respondí. “Esa Web es general, pero este Registro Civil pide esto que le estoy dando ahora, y usted no lo tiene”, respondió. Tuve que comerme la cola que ya había hecho, rehacer trámites, pedir otros y volver a hacer la cola otro día.

Además, muchas veces no sabemos cuál es el trámite que más nos conviene por nuestra situación. Por ejemplo, a veces cumplimos con más de un requisito, como estar casados con un español, tener un contrato de trabajo y estar en España hace siete años. ¿Conviene hacer el trámite por reagrupación familiar? ¿Por arraigo? ¿Por cuenta ajena? A veces no sabemos si tenemos o no derecho a pedir los papeles. Las respuestas no son fáciles y dependen mucho de la situación personal. Para ello se hace casi imprescindible un diálogo con alguien que sepa: una ayuda “persona a persona”.

Servicios “cara a cara”

Hay que tener mucho cuidado con los servicios de “abogados” que ofrecen ayuda si uno paga dinero. No siempre saben y hay quienes se aprovechan de la situación cobrando dinerales.

Existen servicios gratuitos y confiables. ¿Quién da estos servicios? Muchas de las asociaciones de inmigrantes de nuestros países de origen brindan ayuda para saber cómo hacer el trámite. Por lo general es gente que comprende, que ya pasó por muchas experiencias y conoce los tejes y manejes. Además hablan con una jerga más cercana que puede ayudarnos a comprender y a saber que hay otros, como nosotros, que están pasando o han pasado por lo mismo.

Por otro lado, ONGs como la Cruz Roja, SOS Racismo, Andalucía Acoge, los sindicatos UGT y Comisiones Obreras ofrecen servicios gratuitos de asesoramiento.

En algunas Comunidades como Castilla y León o Madrid lo ofrecen los mismos colegios de abogados. Específicamente en Madrid están también los CEPI´s (Centro de Integración y Participación para Inmigrantes). También tienen servicios gratuitos algunos ayuntamientos como el de Granada o de pueblos pequeños como Fuengirola o Parla.

Para preguntas concretas la Web de migrar.org (el vínculo que siempre puede encontrarse en esta página, en la columna de la derecha) es un buen recurso. Las respuestas suelen estar en una semana en nuestra casilla de correos. Sigue siendo tan frío como las pantallas de las páginas Web de los distintos órganos de Gobierno, pero sirve para preguntas concretas, respondidas por expertos.