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Latinoamericanos: ojo con los seguros privados de pensiones

Hace no mucho publicamos en este blog un post sobre el tema de las pensiones en Argentina, luego de la estatización de las famosas AFJP, compañías privadas que gestionaban los fondos de pensiones de los ciudadanos. Comentábamos en aquel post que los argentinos que habían cotizado en el sistema privado cobraban menos que los que habían cotizado en el sistema público, y que esa gente prefería la re estatización de las pensiones porque recibirían más dinero.

Estos días, leyendo el Le Monde Diplomatique, encontré un interesante pero bastante alarmante artículo de Manuel Riesco, del Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo de Chile, que daba algunos datos que yo desconocía, y que creo sería conveniente que conozcan muchos latinoamericanos si quieren salvar sus ahorros para la vejez. Riesco explicaba que las AFJP argentinas funcionan también actualmente en muchos otros países latinoamericanos, y que los ahorristas están poniendo en riesgo todavía más dinero. “Los chilenos descubren hoy que las AFP no pueden cumplir sus promesas. Millones de afiliados percibirán al momento de jubilarse sumas ínfimas (10 a 20 dólares por mes) cuando el salario mínimo es de 135.000 pesos chilenos (150 dólares)”, decía el artículo. Chile hizo públicas las pérdidas de los fondos de pensiones a finales del pasado octubre. En Argentina la estatización de las AFJP garantizó a los ahorristas “en la mayor parte de los casos un ingreso superior al 60% del salario”.

Algo parecido a lo que pasó en Argentina y pasa en Chile, ocurre también, por lo menos, en Uruguay, Bolivia y Perú. Si yo estuviera en cualquiera de estos países, y he cotizado para mi pensión en una AFP correría a cambiarme, si fuera posible, al sector público, o al menos avisaría a mis compatriotas para que tengan cuidado sobre dónde ponen sus ahorros para la vejez. Según Riesco, de este tipo de sistema privado de pensiones que engaña a los pensionistas sólo le dio la espalda Brasil, cuya población se opuso rotundamente.

Para entender lo que pasa en Argentina con las AFJP (2º capítulo)

En el primer capítulo sobre las AFJP de Argentina hablé un poco de la historia de los pensionistas, y en este segundo capítulo prometido me gustaría contarles algo que también se omite en muchos medios en España. ¿En qué paisaje político las empresas, españolas y de otros países del mundo, se instalaron en un país como Argentina?

Cuando los bancos que gestionan las AFJP entraron en ese país corría el año 1994 y gobernaba Carlos Menem, junto con su ministro de Economía, Domingo Cavallo, que llevó a cabo las privatizaciones asesorado justamente por banqueros privados. En esa época imperaba la imagen de una política que invitaba a “pizza con champagne”, derroche absoluto y corrupción sin ningún disimulo.

La catedrática de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, Ana Silvia Vilker, explica las privatizaciones: “Durante el gobierno de Menem se privatizaron la mayor parte de las empresas públicas (…) buena parte se compraron con títulos públicos devaluados (se adquirían al 50% de su valor en los mercados bursátiles internacionales y se aplicaban al 100% de su valor nominal en la compra de las empresas)”.

Actualmente Menem está siendo juzgado por tráfico de armas, pero tiene además pendientes varios procesos por corrupción (enriquecimiento ilícito, sobresueldos, Thales Spectrum, Amia y Siemens-DNI). El y no sólo él sino también sus amigos y compañeros de Gobierno (algunos de los miembros de ese Gobierno están hoy en puestos políticos, con los Kirchner), están relacionados con corruptelas durante la privatización de esos servicios públicos. Su ministro de Economía, Domingo Cavallo, también tiene causas abiertas. Se lo acusa de emitir una resolución en la que ordenaba a los bancos en 2001 “incumplir” o “retardar el cumplimiento” de órdenes judiciales. También se lo acusa por supuestos “favores” impositivos a empresas privadas.

Estos días debatiendo con una corresponsal de un medio español en Argentina, ella decía. “Es que el dinero no va a ser utilizado para pagarle a los pensionistas argentinos sino para pagar la deuda que Argentina debe al Club de Paris”. Si ese fuera el caso, que no lo niego, vuelvo a leer el texto de Vilker, que recuerda otro dato de la época de Menem. “A través de las privatizaciones ingresaron 44.000 millones de dólares que desaparecieron entre corrupción y mala gestión y no se aplicaron a la cancelación de deuda como se había prometido”.

Yo me pregunto ¿Es loable que las empresas que entraron en ese contexto en Argentina como las AFJP y otras, reclamen ahora a mano alzada “seguridad jurídica” si no la había cuando entraron (y lo sabían)?

Para entender lo que pasa en Argentina con las AFJP (capítulo I)

Sobre el gran asunto de la re-estatización de las pensiones en Argentina, que hoy comienzan a discutir los diputados, como inmigrante, quisiera agregar algunos apuntes que los medios aquí en España han olvidado contar, y que creo dejan ante los lectores una historia huérfana de contexto (lo contaré, si puedo, en dos capítulos porque esto me ha salido larguísimo).

Estos días, leyendo los periódicos que comparaban la posible estatización con el corralito de 2001-2002 me sorprendía extraordinariamente la comparación. Cuando escuché en las noticias que se avecinaba un conflicto de “la magnitud del corralito” llamé a mi casa desesperada porque ya me imaginaba a la gente reventando los bancos, corriendo a la Plaza de Mayo, y a Cristina Kirchner escapando en helicóptero de la Casa Rosada. Busqué en medios argentinos pero nada de esto ocurrió. Casi había más revuelo en España que en Argentina. Allí no hubo protestas por esto y la gente sigue su vida.

¿Por qué? Hablaré en primer lugar de los principales perjudicados de todo este conflicto: los jubilados argentinos. Y contaré una historia que conozco de dos personas, una a punto de jubilarse y otra recién jubilada.

En los años 90, cuando se hicieron las privatizaciones, durante el gobierno de Carlos S. Menem -marcado y recordado por la corrupción, entre otras cosas, en las privatizaciones-, daban la posibilidad de irse a lo privado y poner el dinero en alguna de las ahora internacionalmente famosas AFJP, o seguir en el sistema público.

En las empresas los jefes te metían por todos lados que había que salirse del sistema público, que no funcionaba, y casi te obligaban a elegir el privado. Pero había trampa en el discurso. Los vendedores del sistema privado ocultaban que si te pasabas a su sistema ya no podrías de ninguna manera volver al público. Tampoco explicaban que una parte de ese dinero se destinaría a jugar en bolsa y que las jubilaciones dependerían del riesgo que tomaran sus jugadores. Sólo te decían que no confíes en el Estado.

En lo público y en lo privado

La primera persona que conozco proviene de una “familia bien”, es una alto cargo de una multinacional estadounidense y está a punto de jubilarse. Siempre quiso asegurarse una jubilación acorde con la buena vida de su salario como gerente. La otra persona es un pobre comerciante de baja alcurnia, sin estudios, que siempre pagó el mínimo de jubilación y nunca se preocupó por su vejez. Porque ni siquiera se interesó en hacer ningún trámite, jamás se pasó a la jubilación privada. La gerente sí, y pagó dinerales mes a mes a la AFJP.

El comerciante, naturalmente, cobra el mínimo y no le alcanza para vivir. Lo curioso es que ella cobrará prácticamente lo mismo que él, porque las AFJP se jugaron una parte importante de su dinero en bolsa, y lo perdieron.

“Al principio, cuando entré a trabajar en la multinacional me dijeron que tenía que pasarme a una AFJP. Yo confié en la empresa y me pasé. Luego, cuando me di cuenta de lo que hacía la AFJP ya era tarde, y no podía volver al sistema público”, me explicaba la gerente por teléfono.

El año pasado Cristina Kirchner dio por primera vez la opción a los argentinos que quisieran de que se pasaran al sistema público. El abogado de la gerente le recomendó que se pasara, y lo hizo. Dejó de perder, pero ya había perdido mucho. “En mi caso, si re estatizaran, no ganaría lo que invertí pero subiría bastante más que si lo dejan en manos privadas”, explicaba.

Me decían el otro día que el 80% de los argentinos sigue estando en el sistema privado, a pesar de que pueden pasarse al sistema público. ¿Por qué? No lo sé. Quizá porque ya les da lo mismo, están cansados y piensan que perderán de una u otra manera. ¿Perderán las empresas españolas? Tampoco lo sé, pero sé que los pobres jubilados argentinos ya han perdido.

En el próximo capítulo hablaré del contexto en que las empresas entraron a Argentina, un contexto de una peligrosidad jurídica por lo menos tan peligrosa como la actual.