BLOGS

De la nueva sociedad 3.0 organizada horizontalmente en red que ha enterrado la edad contemporánea. ¡Bienvenidos a la edad digital!

Entradas etiquetadas como ‘inteligencia colectiva’

México ya tiene su Wikipartido

México ya tiene su Wikipartido, un partido  “totalmente abierto, democrático y colectivo” que acaba de solicitar su registro en el Instituto Federal Electoral. Inspirado en las redes, en el software libre, en conceptos como la inteligencia colectiva y en experiencias concretas como el Wikipartido español, este nuevo partido mexicano promete poner de patas arriba el sistema democrático del país. El Wikipartido de México resume su programa en cinco puntos fundamentales: Democracia Real y Directa, Apertura Total, Construcción Colectiva, Asignación del Dinero Público por Votación y Derechos Humanos. Y en una actitud participativa que permite que cualquier usuario proponga cosas concretas. En sus preguntas y respuestas, el Wikipartido de México aclara sus líneas generales. Vale la pena leer el documento con calma:

“Creemos en la democracia, la apertura y la inteligencia colectiva. (…) El Wikipartido es una plataforma, no una posición ideológica (…) La idea del Wikipartido es pasar de consumidores a creadores e innovadores de oferta política”.

¿De quién parte la iniciativa de Wikipartido de México? A diferencia del Partido X español, que nació el pasado enero ocultando la identidad de sus miembros como estrategia para denunciar al sistema personalista, el Wikipartido de México ha nacido con caras. El ingeniero Alfonso Tamés, que participa también en la plataforma de crowdfunding  Fondeadora, es el fundador del Wikipartido de México. Sin embargo, el Wikipartido critica de frente, como hace el Partido X, el personalismo y la política construída alrededor de candidatos: “Creemos que cualquier intento para generar una nueva opción política fracasará si se le asocia a una persona o si es utilizado para el beneficio personal de unos cuantos”. No es casualidad, que el propio Alfonso Tamés, decepcionado con la política clásica, haya dejado de estar afiliado al Partido de Acción Nacional (PAN).

¿Y de dónde saca la inspiración política el Wikipartido de México? Alfonso Tamés, en declaraciones a Animal Político, afirmó que “el Wikipartido pretende funcionar igual que la Wikipedia”. Otro fundador del Wikipartido, Armando Sobrino, afirmó al mismo medio, que “la idea es que esto funcione como funciona el software libre”. De hecho, el funcionamiento de las comunidades de programadores de software libre – meritocracia, no jerarquía, abertura, transparencia, participación – están muy presentes en sus cinco principios fundamentales. Cualquier usuario podrá crear una entrada en la Wiki relacionada con cualquiera de los cinco principios. El Wikipartido de México ha escogido el método Schulze como sistema de votaciones.

El WikiPartido  de México aspira a presentar candidaturas “para disputar en las elecciones los puestos del poder ejecutivo y legislativo para los tres niveles de gobierno”. De momento apenas tienen 255 miembros activos, de los 220.000 necesarios para que su candidatura sea reconocida legalmente. En caso de conseguir representantes, el Wikipartido de México destinará los recursos “a proyectos de política pública y cierre de brecha digital que someterán a concurso instituciones de educación superior e investigación sin fines de lucro”.

#Peoplewitness, el gran hermano de la ciudadanía

 

Imagen obtenida en Voces con Futura, licencia Creative Commons. 

Somos más. We are more. Y te estamos vigilando. Hace poco mas de un publiqué una entrada titulada Por un gran hermano ciudadano contra el poder. Mencionaba, entre otras cosas, la iniciativa española #PeopleWitness, un contrapoder ciudadano que documenta la violencia policial y los abusos del poder basándose en un hashgtag de Twitter y en una web. El pueblo distribuido, haciendo streaming desde sus teléfonos móviles, documentando la creciente y preocupante violencia policial. Pero la última vuelta de tuerca del proyecto se merece una atención especial.

La novedad se llama @pplwitnessbot. Y es un bot, diminutivo de robot, de Twitter que envía notificaciones sobre los streamers #peoplewitness emiten en vivo. Cualquier persona puede estar totalmente actualizada y saber qué streaming ciudadano está teniendo lugar. Una arma poderosísima, sin duda, para la sociedad en red. Y otra prueba más de que aquello de la inteligencia colectiva no es una lejana teoría ciberespacial: se ha hecho carne. Inserto algunos tweets correspondientes a ayer, a modo de ejemplo.

 

 

Conclusión-de-cajón: el poder tendrá cada vez menos capacidad para ocultar la violencia policial y para controlar la información. Todo gracias a “esos molestos teléfonos“, como bien dice Stéphane Grueso, y a las redes. #PeopleWitness, sin duda, puede cumplir una función importante en el ya cercano #25S que el Gobierno español está intentando criminalizar a cualquier precio.

 

 

Por un gran hermano ciudadano contra el poder

El vigilante vigilado. El poder controlado por un nuevo big brother distribuido. La distopía de 1984 pero al revés. La acción Surveillance chess del colectivo Mediengruppe Bitnik es totalmente inspiradora: sustituyeron las imágenes en tiempo real de las cámaras de vigilancia del metro de Londres por una invitación para jugar al ajedrez.Vale la pena ver el vídeo. Reverlo. Do you wanna play chess, vigilante?.  El sistema de vigilancia queda en un absoluto ridículo cuando aparece el pantallazo con el tablero de ajedrez y una frase intrigante: “You are white. I am black. Call me or text me to make your move. This is my number: 07582460851.”

El colectivo artístico transformó el Londres preolímpico en una partida táctica contra el poder con una acción poética que desnuda una vez más los sistemas de vigilancia. ¿Para qué nos observan? ¿Por qué nos vigilan? ¿Con qué derecho nos graban? Hace dos años, el colectivo madrileño Un barrio feliz lanzó una campaña contra las cámaras de videovigilancia que el ayuntamiento instaló en el barrio de Lavapiés. Divulgaron un falso hackeo de las imágenes (dijeron que las habían interceptado para divulgarlas),  creando una gran polémica. Y denunciaron el sistema de vigilancia que costó 600.000 euros de dinero público con ludismo, mucha creatividad, un cómic de Camaroncito (personaje creado contra las cámaras) y hasta pruebas de Artivismo en el Medialab Prado.

Existen otras iniciativas para denunciar el big brother en el que se apoya el poder, como el proyecto mexicano Contra Vigilancia. El colectivo anonimoColectivo construyó una herramienta que permitía a cualquier persona conocer “la ubicación de las cámaras de vigilancia dentro de la ciudad de México y Cuernavaca“. Y existen otras iniciativas que utilizando la inteligencia colectiva dejan fuera de juego a las fuerzas de seguridad. Los brasileños se escapan de los controles de alcoholímetro  de la Ley Seca gracias a Twitter y el uso de hashgtags. Este  movimieto está siendo muy criticado, pero que muestra el potencial de la sociedad en red. 

Del movimiento 15M de España nació la fascinante iniciativa #peoplewitness, un hashgtag que sirve para documentar la violencia policial y los abusos del poder. El pueblo distribuido graba, hace streaming, cuelga fotografías, en esta etiqueta de Twitter. Además, existe una web para completar el giro de “la comunicación a manos del pueblo”.

Y acá llegamos a donde quería llegar. ¿Y si naciese un proyecto llamado #BigBrotherCiudadano que diese la vuelta a la tortilla de la videiovigilancia y el control? ¿Y si todos los ciudadanos colocasen una webcam en su balcón y vigilasen a las fuerzas de seguridad? ¿Y si nace una web que recopile todas las webcams, barrio a barrio, calle a calle, para que la policía esté totalmente vigilada? ¿Y si la policía, digamos la española, suelta de porra y reincidente en abusos de fuerza y maltratos arbitrarios, comenzase a sentirse de verdad vigilada? ¿ Y si esta red distribuida de imágenes convirtiese nuestras ciudades en un territorio blindado contra los abusos? ¿Y si el vigilante empezase a sentirse vigilado? Do you wanna play chess, señor Mariano Rajoy?

Mi web: bernardogutierrez.es Fundador de la red futuramedia.net En Twitter soy @bernardosampa

 

 

 

Smartcitizens.me

SmartCitizen.Me de Fab Lab Barcelona en Vimeo.

“¿Cuáles son los índices reales de contaminación del aire en torno a tu casa o comercio? ¿Y de contaminación acústica? ¿Y de humedad del aire? Ahora imagina que los pudieras conocer, compartir y comparar al instante con otros lugares de la ciudad, en tiempo real… ¿Cómo podría esa información ayudar a mejorar la vida en nuestro entorno?”. Así empieza la explicación del proyecto Smart citizens que el Fab Lab de Barcelona ha inscrito en la plataforma de crowd funding Goteo.

El proyecto SmartCitizen.me se “basa en la geolocalización, en Internet y el hardware y software libres para la captura de datos y la producción de objetos; conecta personas con su entorno y su ciudad para crear relaciones más eficaces y optimizadas entre recursos, tecnología, comunidades, servicios y acontecimientos en el entorno urbano”. O sea: coloca a los ciudadanos en el centro. Convierte a cada persona en una interfaz entre la ciudad y sus datos. Humaniza la tecnología. Democratiza la producción y uso de los datos. Incentiva la inteligencia colectiva.

Hace unos meses, escribía en este blog una entrada titulada Se buscan ciudadanos inteligentes para el espacio público, para hablaba precisamente de la necesidad de incorporar a los ciudadanos a la era de Internet of things. También escribí Hardware libre para una ciudad libre, repasando algunos casos de arduino (que usa este proyecto barcelonés) en el espacio público. Por eso considero que este proyecto de Smartcitizen.me que necesita 8.938 euros mínimos para arrancar merece nuestro apoyo.

Mi web: bernardogutierrez.es Fundador de la red futuramedia.net En Twitter soy @bernardosampa

Adhócratas al poder

 

Este texto mío aparece en el número de junio de la revista Yorokobu. Las ilustraciones son de Velckro (muy recomendable sus trabajos).

Cory Doctorow, un aclamado escritor de ciencia ficción y activista digital, imaginó un mundo sin burócratas en su primera novela, Tocando Fondo: en el reino mágico, en 2003. En el futuro utópico del libro, los fans gobiernan Disney World y la reputación social es la divisa más valiosa. El mayor interés de los políticos es desarrollar proyectos participativos de cultura popular. Los burócratas, simple y llanamente, no existen. El mundo, gobernando por un equipo flexible, rotativo y multidisciplinar, se aleja de los pasados distópicos y de las democracias imperfectas del siglo XX. Doctorow bautizó su sistema ideal de gobierno como adhocracia.

En realidad, Cory Doctorow no estaba inventando nada. El concepto de adhocracia fue creado en 1964 por los pensadores Warren G. Bennis y Philip E. Slater para intentar describir un nuevo modelo de organización flexible, intuitiva e innovadora. Incluso ya había existido durante la Segunda Guerra Mundial un prototipo de organización del futuro concepto de adhocracia: los equipos ad hoc (aquí y ahora) que los ejércitos montaban y disolvían después de terminar una misión específica y transitoria. Pero fue durante el poshippismo de los años setenta cuando el concepto de adhocracia maduró gracias a pensadores como Henry Mintzberg o Alvin Toffler. Ambos desconfiaban del mundo vertical. De las soluciones cuadradas. De los expertos endogámicos. Del farragoso aparato de las organizaciones grandes. De los gobiernos. De las burocracias. Y por eso se esforzaron en crear un imaginario de adhocracia, un cuerpo teórico de organización flexible, multidisciplinar y dinámica.

El futuro imaginado por Cory Doctorow ya ha llegado. Es presente. La crisis económica mundial y la popularización de internet están dinamitando un modelo enroscado en los viejos paradigmas. Estamos aterrizando de lleno en la era de las organizaciones de poder (cracia) ad hoc (aquí y ahora). Organizaciones post it. Grupos pop up de acción. Organizaciones netamente adhocráticas. Pero con un matiz de inteligencia colectiva, colaboración, crowd sourcing  y descentralización no previstas por los teóricos setenteros.

Ejemplos no faltan. Una legión de traductores generan subtítulos de series, películas y documentales con total eficiencia. Cualquier foro ciudadano –forocoches.com,burbuja.info…– sustituye al más selecto de los clubs de expertos. El proyecto de carriles bici de una ciudad lo diseñan colaborativamente sus ciudadanos (como el caso de Madrid y MediaLab Prado). La educación se abre en proyectos transversales, como Edumeet o el Open Source Creation, que Edgar Barroso sugiere desde la Universidad de Harvard. Las soluciones urbanísticas se cocinan en conjunto entre geeks, vecinos, urbanistas, diseñadores y/o artistas (como hace el aclamado estudio Ecosistema Urbano o el belga Lateral Thinking Factory).

Paradójicamente, España, el país del ‘vuelva usted mañana’, el país en el que los niños soñaban con ser funcionarios, es una potencia adhócrata. El ámbito del urbanismo es, quizá, el más evidente. En España surgieron prestigiosos colectivos multidisciplinares que trabajan siempre en equipo y que, incluso, se niegan a hablar a título individual, como ZuloarkPaisaje Transversal o Todo por la Praxis. Este enjambre de sociólogos, economistas, arquitectos, artistas, informáticos y adhócratas inclasificable sustituyó el grito del Do it Your Self (DIY) por el DIWO (Do it with others). La competición por la colaboración. Y la espiral parece no haber más que empezado.

En el País Vasco opera una de las empresas que mejor encarna los ideales difusos de la adhocracia: Conexiones improbables. Esta empresa bilbaína incorpora siempre a un artista en sus procesos de consultoría. Conexiones Improbables trabaja, en sus propias palabras, en “proyectos de investigación colaborativa y cocreación”. Vale la pena detenerse en su declaración de intenciones: “[Conexiones Improbables] se basa en los paradigmas de la innovación abierta y en los principios de la intersección entre ámbitos, disciplinas y personas diversas. Así, pone en relación artes, pensamiento, ciencia, empresa y gobernanza en la búsqueda de nuevas preguntas y respuestas”.

¿Qué conexión improbable necesita una organización para dejar de ser burocrática? ¿Encajan los nuevos modelos de organización surgidos en un mundo altamente digitalizado con las definiciones clásicas de adhocracia? ¿Qué organigrama tendría una adhocracia perfecta? Henry Jenkins, en su ya clásico libro Convergencia cultural (2006), calificaba la adhocracia de la siguiente manera: “Se caracteriza por la falta de jerarquía. Cada persona se enfrenta a un problema basado en sus propios conocimientos y habilidades, y el liderato cambia según va evolucionando el proyecto. Es una cultura que convierte el conocimiento en acción”. Lo estático, en palabras de Jenkins, pasa a ser una constante “tensión dinámica”.

¿Será que la adhocracia, en el nuevo milenio, no es exactamente una organización y sí una hoja de ruta? ¿Un estado de ánimo poroso que impregna todo? ¿Una nueva receta de conocimientos remezclados? ¿Un nuevo marco de convivencia de disciplinas? Marco Lampugnani, del estudio de arquitectura italiano Snarkive, describiendo su forma de trabajo en un proyecto de la localidad italiana de Aulleta, brinda algunas pistas: “Reconocemos la imposibilidad de tener proyectos complejos; abrazamos las competencias no ortodoxas y la participación de la sociedad mas allá de la simple comunicación”.

Los proyectos dejan de ser algo cerrado, definitivo, en alfa. Todo pasa a un eterno “estado en beta” (inestable, inacabado), como suele afirmar Ethel Baraona, fundadora del estudio DPR-Barcelona. Curiosamente, Ethel es una de las comisarias asociadas de la Istanbul Design Bienal, que se celebrará en octubre, y tiene como eje la adhocracia. “Bienvenidos a la era de la adhocracia –escribe el comisario Joseph Grima–. La adhocracia atraviesa las convenciones y dinamiza estructuras para capturar oportunidades, autoorganizaciones, y desarrolla inesperadas metodologías de producción”. La adhocracia, continúa Joseph, “habita lo horizontal, el reino rizomático de las redes en el que la innovación –inventiva, subversiva, antidogmática, espontánea– puede venir de cualquier lugar”.

La adhocracia, en el nuevo milenio, prima las conexiones por encima de los objetos, personas o productos. El vínculo, los hilos, es más importante que la existencia física de los elementos aislados. La adhocracia podría ser un remake de la teoría subatómica, que considera las partículas algo inestable, mero movimiento, apenas una probabilidades de ser. Nadie sabrá nunca dónde se encuentra una partícula subatómica: apenas tendrá una aproximada probabilidad de estar en alguna parte. Por eso, las partículas apenas pueden ser entendidas incorporadas en un sistema interconectado. La relación entre las partículas es la única razón de ser de un átomo (y de un equipo adhócrata).

El belga Michel Bauwens, máximo responsable de la Foundation for P2P Alternatives, suele afirmar que movimientos como Occupy Wall Street o el 15M son los prototipos de organizaciones del futuro, modelos de una adhocracia perfecta. Bauwens elogia con entusiasmo, por ejemplo, el Street Vendor Project que Occupy Wall Street puso en marcha en las calles de Nueva York. El movimiento resolvió un problema de una forma colectiva. Los restaurantes colindantes a Zuccotti Park se estaban arruinando porque el movimiento Occupy recibía muchas donaciones de comida. A través de un Wiki, Occupy resolvió el gasto de una parte de las donaciones en dichos establecimientos.

¿Ha cambiado mucho la definición de adhocracia desde aquella primera intuición de Bennis y Slater? ¿Será que la ciencia ficción de Cory Doctorow se ha quedado anticuada en apenas una década? La adhocracia en la era digital se disfraza de la inteligencia colectiva preconizada por Pierre Levy. Camina de la mano del espíritu colectivo de la Wikipedia. Coquetea con esa nueva ilustración abierta cocinada por amateurs de la que habla el sociólogo Antonio Lafuente. Se difumina en la sociedad P2P de intercambio y colaboración vislumbrados por Yochai Benckler. Y su definición-acción muta hacia nuevos territorios oblicuos en los que el paradigma del experto Peter Walsh se funde con la horizontalidad de las redes. El colectivo Paisaje Transversal, por ejemplo, relaciona la adhocracia con un sueño de “una plataforma abierta y transdisciplinar, es decir, una infraestructura que sirva para propulsar proyectos”.

Volvamos a un detalle del utópico mundo adhócrata de Cory Doctorow. Profundicemos en su divisa oficial, el whuffie: una moneda efímera, social y, prácticamente, intangible. El whuffie es algo así como la reputación social de cada persona. Algo parecido a la puntuación en sitios eBay (subastas) o del couch surfing (comunidades de viajeros).

Traduciendo: como si el karma de agregadores de noticias, como Menéame o Barrapunto, tuviesen un valor monetario. La reputación funciona como una divisa. El vínculo entre partículas genera reputación. Y la red conectada de la adhocracia, aparte de solucionar problemas colectivos, genera un sistema sostenible donde ya no hay lugar para la soledad subatómica de las partículas.

Mi web: bernardogutierrez.es Fundador de la red futuramedia.net En Twitter soy @bernardosampa

El manifiesto crowd

 

Hace unos años que aterrizamos en la era del crowd (multitud auto organizada). De las smart mobs (multitudes inteligentes) que intuyó Howard Reingold o el crowd sourcing preconizado en el libro-gurú Wikinomics estamos haciendo la transición hacia el crowdfunding (financiación), el crowdthinking (pensamiento colectivo), el crowdcuration (comisariados colectivos) o el crowdcreating (creación conjunta). Por ello, Juan Freire y Antoni Gutiérrez Rubí se han lanzado de lleno en el proyecto Manifiesto crowd, que pretende investigar sobre la inteligencia colectiva, la innovación abierta y la era de la multitud conectada.

Más que un libro, que será lanzado a finales de 2012 por Alienta Editorial, el Manifiesto Multitud es un proceso. La redacción del libro tendrá un “formato colaborativo y se forjará a lo largo de seis sesiones de trabajo en escuelas de negocios relevantes”. Os dejo que un extracto del site del Manifiesto crowd y con un vídeo de Juan Freire, toda una declaración de intenciones.

“Manifiestocrowd pretende resolver las siguientes preguntas: ¿el mundo ha cambiado la forma de comunicarse y organizarse a través de las tecnologías?, y, a pesar de que hay un gran número de empresas que se están transformando, ¿por qué hay empresas aún resistentes a cambiar la forma de pensar y de relacionarse con su entorno? La hipótesis del libro es que no todas las empresas aún visualizan de una forma global el porqué es importante en la sociedad red pensar en el crowd como un elemento transversal en su organización. Pretende analizar a través de seis miradas de donde procede la inteligencia, cómo se puede poner en marcha y aprovechar y cómo esto afecta a las organizaciones en general, y a las empresas en particular. El análisis y la cartografía de los procesos de transformación, con numerosos ejemplos, servirá para explicar porqué se están transformado las empresas, cómo lo están haciendo y las razones porqué algunas aún son resistentes al cambio. Al final del libro queremos ofrecer las premisas básicas donde pensamos que se sustenta la empresa que incorpora el crowd en su ADN, el manifiesto crowd”.

Mi web: bernardogutierrez.es Dirijo la consultora futuramedia.net En Twitter soy @bernardosampa

GarrafOn, inteligencia colectiva contra cubatas adulterados

 

Inteligencia colectiva contra los bares que adulteran bebidas destiladas. Tecnología compartida contra el impopular “garrafón”. Diego Lafuente acaba de lanzar GarrafON, una aplicación para teléfonos móviles que funcionan con sistema operativo Android. La aplicación permite que los usuarios compartan información, los bares más honestos (la ginebra es ginebra, el ron es ron) y denuncien los garrafOn places  más sonados.

¿Y cómo funciona? Un sistema de votación vinculado a la base de datos de Google Places, ofrece a los usuarios  información sobre qué bares sirven garrafón. Diego Lafuente  usó herramientas de código abierto, como un servidor basado en Linux (Debian) y  MOngoDB, y una base de datos NoSQL.

Código Abierto ha enviado un cuestionario a Diego Lafuente. Dado el interés y agudeza del entrevistado, lo reproduzco casi íntegro.

Código Abierto. ¿Como surgió la idea de CarrafON?

Diego Lafuente. Creo que todos hemos tenido la experiencia de ir a un bar, pedir una bebida de una marca que conocemos y que hemos bebido antes, y llevarnos la sorpresa de que nuestro paladar no la reconoce. De eso trata GarrafON. La idea en el fondo no es nueva, aunque el ámbito de aplicación sí que lo es. Ya existían herramientas para calificar la limpieza de un hotel o el sabor de una hamburguesa. Ahora también puedes opinar sobre las bebidas que te sirven. Y ayudar a otros con tu opinión. Creo que es importante que la aplicación sea móvil para que puedas votar en el momento que pides la copa. También puedes hacerlo con la resaca del día siguiente, pero hay que recordar que la causa de las resacas es el alcohol, no el alcohol adulterado (aunque éste último potencie el efecto). Prefiero que la gente vote cuando prueba la copa que al día siguiente. El voto es más fiable. Aunque los bares y las marcas niegan que adulteren o compren bebida adulterada, lo cierto es que muchas veces, la misma marca de bebida sabe distinto en distintos sitios. ¿Son las marcas? ¿es el distribuidor? ¿son los propios bares? ¿es el hielo industrial? Ni lo sabemos ni nos importa. Nos importa el consumidor, y queremos ayudarle a elegir basándonos en las opiniones de los demás.

 

Código Abierto. ¿Cuál es el objetivo final?

Diego Lafuente. El objetivo de GarrafON es ése: construir un mapa de esas diferencias de sabor de la misma marca de bebida en distintos sitios. Recogemos la opinión de la gente, y se la ofrecemos a otros usuarios por si les es de utilidad. Y cada uno lo usa (o no) libremente. SEsto ya se hace en muchos otros ámbitos (restaurantes, actividades turísticas, películas), y no se hacía en este sector en particular. Es utilizar la inteligencia colectiva para tener más criterio de elección. Algo nuevo en este sector, pero utilizado ya en muchos otros. Muy importante: nosotros distinguimos tipos de bebida y marcas, porque en algunos sitios el beffeater está bueno, y el Ballantines sabe a Cristasol. Además del mapa del garrafón, queremos construir también el mapa de los precios de las copas en España. Así el consumidor tendrá una evaluación de la calidad/precio de una bebida antes de entrar al bar. Podrá buscar de manera instantánea bares a su alrededor basándose en el precio, en la calidad de lo que él bebe (de nuevo la importancia de distinguir por tipo de bebida y marca), o en una combinación de ambos.

Código Abierto. ¿Es una iniciativa que pretende sacar rentabilidad o simplemente prestar un servicio público?

Diego Lafuente. Un servicio público. Y el primer beneficiado soy yo. Me gusta salir de copas y conocer sitios nuevos, y soy el primero en consultar GarrafON antes de entrar en un bar. La app la hemos hecho entre mi primo Juan Lafuente y yo. Ambos tenemos otro trabajo que nos ocupa la mayor parte del tiempo. Éste es nuestro “proyecto del 20%”, que hemos hecho por las noches y durante los fines de semana. La app es gratis y siempre lo será. La de iPhone, que saldrá en breve, también será gratis. Hemos utilizado SW libre para la parte servidor (Debian Linux y MongoDB), y el único gasto que tenemos (el tiempo que hemos echado en hacerla no es un gasto, es una inversión;-)) es el de alquiler del servidor, pero estamos felices de asumirlo. No nos importa invertir en que esto funcione. Quizá en un futuro pensaremos en la forma de cubrir los gastos de servidor con alguna fuente de ingresos. Por ahora estamos concentrados en mejorar la app.

Código Abierto. En una era de personas interconectadas con smart phones. ¿Los ciudadanos se pueden convertir en las famosas multitudes inteligentes de Howard Rheingold, en un lobby de presión?

Diego Lafuente. Definitivamente. Y el mejor ejemplo de que esto es así son iniciativas como Actuable.es o Change.org que permite a cualquiera crear un lobby de presión para cambiar las cosas. O si no que se lo pregunten a Mubarak.

Código Abierto. ¿La horizontalidad acabará con, por ejemplo, los críticos de bares y restaurantes?

Diego Lafuente. Yo creo que no. La horizontalidad suma, no sustituye. Antiguamente la autoridad sobre un tema residía en las manos de unos pocos. Los críticos de cine tenían la autoridad en exclusiva para opinar sobre las películas, y el resto los leíamos y les hacíamos caso, o no. No es que el resto no pudiese opinar sobre cine, pero era muy difícil hacer llegar tu opinión a los demás. La horizontalidad introduce una nueva autoridad, que es la comunidad de usuarios, que compite con la autoridad antigua, pero no la sustiuye necesariamente. Otro ejemplo: Lonely Planet es una autoridad en el mundo de los viajes y mucha gente se fía a ciegas de lo que pone en sus guías. Esta reputación se la han ganado a base de hacer un excelente trabajo, claro está. TripAdvisor es el concepto contrario: la autoridad es el viajero, y construye sus guías a traves de las opiniones de la gente. A día de hoy, ambas iniciativas conviven, y a las dos les va muy bien. Hay otro ejemplo en el que la horizontalidad ha sido tan fuerte que ha sustituido a la autoridad tradicional. Es Wikipedia vs Espasa-Calpe. Sinceramente no sé cómo está el mercado de enciclopedias tradicionales ahora mismo, pero en casa de los amigos de nuestros padres siempre hay una y en las de nuestros amigos nunca.

Código Abierto. Creo que Pierre Levy, uno de los papás del concepto de inteligencia colectiva, estará feliz con GarrafON. ¿Dónde le invitarías a un cubata?

Diego Lafuente. En la terraza del Hotel ADA, al principio de la Gran Vía. Ponen muy buenos gintonics y tienen la mejor vista de Madrid.