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“Grandes y pequeños inventos españoles” (y II)

Segunda entrega de la lista de algunos de los “Grandes y pequeños inventos españoles

La Guitarra La guitarra nació en España hacia el siglo XIII, como una variante de la vihuela. A diferencia de ésta, que contaba con seis cuerdas dobles, la guitarra antigua tenía tres cuerdas dobles y una sencilla, que servía para obtener las notas más agudas. Su difusión principal fue entre las clases bajas, mientras que la vihuela gozó de popularidad entre las altas. Incluso se dice que Felipe II tocaba la vihuela y era gran aficionado a la música, lo que ocultaba porque sentía vergüenza en aquellos tiempos de sobria seriedad. La difusión mundial de la guitarra comenzó en el siglo XVI. También fue llevada a América por los conquistadores españoles. Su diseño actual data del siglo XVIII. La guitarra eléctrica, heredera de la española en su sentido básico y fundamental, fue inventada por el norteamericano Les Paul . Aunque no es instrumento habitual de la orquesta, la guitarra también se ha utilizado en la música clásica. La llamada “guitarra clásica” se popularizó a través de la obra de los compositores Fernando Sor (que fue llamado en Francia el Beethoven de la guitarra) y Francisco Tárrega , aunque su difusión más universal se debe al célebre guitarrista Andrés Segovia .

El tren TALGO El archiconocido Tren Articulado Ligero Goicoechea Oriol fue el más ligero –como su nombre indica– de su época y uno de los más seguros. Su bajo centro de gravedad y la articulación entre vagones –también como su nombre indica– lo hicieron muy apreciado y popular, no sólo en España, sino en otros diversos países, como los Estados Unidos, donde circula actualmente un buen número de vagones del Talgo. Alejandro Goicoechea nació en la provincia vasca de Vizcaya y fue ingiero militar. Al servicio de la compañía de ferrocarril entre León y Bilbao fue concibiendo su tren, que empezó a desarrollar en 1936. Financiado por José Luis Oriol , el primer modelo de Talgo apareció en 1942, aunque el modelo llamado Talgo III, de 1964, fue el que obtuvo difusión internacional. Los modernos trenes de este tipo alcanzan los doscientos kilómetros por hora en vía convencional, gracias a un sistema que compensa la escasez de peralte en las curvas.

El Agua de Lavanda Las sustancias utilizadas como perfumes, y los perfumes como tales, tienen un origen que se pierde en la distancia de los siglos. De hecho, un perfume es básicamente algo que huele bien, en contraposición a algo que huele mal. En este sentido, los aromas agradables de flores y plantas quizá se convirtieron en las primeras sustancias empleadas como perfumes; luego vinieron las sustancias de origen animal, como el almizcle o el ámbar gris. La colonia, o más propiamente, el agua de colonia, es un tipo de perfume inventado por un italiano, Juan María Farina , que vivía en la ciudad alemana de Köln (Colonia, en italiano y español), por lo que le dio ese nombre a su creación. Se trataba de un perfume compuesto de romero, neroli, bergamota y limón. Hoy en día es mucho más popular que los perfumes tradicionales, más densos y olorosos. En esta lista de perfumería, llegamos a un invento español: el agua de lavanda, lanzada al mercado en 1925 por la empresa catalana Puig. Esta casa, nacida en 1914, se dedicó al principio a la importación de perfumes franceses, pero la ambición de Antoni Puig i Castelló , su fundador, miraba más lejos que ser un simple intermediario. A través de distintos formatos de envasado, el agua de lavanda se exporta hoy a más de ochenta países, siendo un perfume muy apreciado en el mundo entero. Hay que reconocer su contribución al diseñador André Ricard , responsable de los envases de la firma y ganador del Premio Nacional de Diseño.

El Mus El mus es el más popular entre los juegos de cartas que se juegan en España. Su origen es vasco, y se juega en dos parejas de dos jugadores cada una. El origen de su nombre hace referencia a la boca, pues la importancia de los gestos es capital en el mus. Lo más curioso es que los jugadores de mus toman como parte del juego la jactancia de su calidad, aunque todo sea en broma, y rara vez se apueste dinero, sino alguna prenda, como unas copas o una comida. El arte de engañar, del disimulo, convierten al mus en un juego distinto a todos los demás.

El Futbolín El juego del futbolín lo inventó Alejandro Campos , llamado Finisterre, con el objeto de dar ilusión a los niños mutilados durante la Guerra Civil. Como estos niños no podían jugar al deporte nacional, Campos construyó para ellos un juego de tablero con varillas metálicas y figuras de madera pintadas, en el que se simula un partido de fútbol con un balón también de madera.

El Galeón El comercio y la guerra impulsaron el desarrollo náutico en el siglo XVI. A mediados de ese siglo surge en España el galeón, un buque mayor que una galera pero igualmente maniobrable que ésta. Los primeros galeones tenían una eslora de unos cincuenta metros y un desplazamiento bruto de más de trescientas toneladas. La arboladura constaba de tres palos, con velas cuadradas y latinas. Con el paso del tiempo, el galeón adquirió mayor envergadura, llegó a desplazar hasta casi mil toneladas y se le incorporó un cuarto palo. Sus bodegas eran aprovechables al máximo, pues se rellenaba todo el espacio disponible de modo que la carga estuviera bien compensada. La vigencia del galeón se extendió a lo largo de todo el siglo XVII, aunque fue evolucionando hacia navíos mayores, menos ornamentados, de superior eficacia y con más cañones.

El Laringoscopio Manuel Vicente García inventó en 1854 el laringoscopio. Curiosamente no era un médico, sino un barítono y profesor de canto obsesionado con que sus discípulos aprendieran a respirar correctamente. Sus ansias de comprender el modo de funcionamiento de la faringe, le hizo desarrollar un aparato para poder visualizarla sin necesidad de una bisección (lo que, por otro lado, hubiera estado mal visto en personas vivas). Como García trabajaba en Londres desde 1848, ya que desempeñaba el puesto de profesor en la Real Academia de Música, presentó la memoria del laringoscopio y de los resultados obtenidos en su investigación ante la Royal Society en 1855, un año después de haberlo inventado. Lo cierto es que no consiguió despertar el interés de los estirados sabios ingleses, pero tuvo la enorme suerte de que sí llamó la atención de un aplicado médico alemán, llamado Ludwig Türck, que empezó a usarlo para exploraciones en el Hospital General de Viena.

El Telekino El ingeniero cántabro Leonardo Torres-Quevedo fue un prolifero. Además de un dirigible que lleva su nombre, la máquina taquigráfica, diversas máquinas de escribir, el llamado “proyector didáctico” y un sistema de teleférico que se utilizó para unir Canadá y los Estados Unidos por encima de las cataratas del Niágara (todavía en uso hoy día), su mayor fama la obtuvo por su invento, de 1903, más importante: un aparato al que llamó “telekine” o “telekino”, que permitía controlar mediante ondas hertzianas a otro aparato lejano. Un radiocontrol, precursor también del mando a distancia. El título de la patente presentada por Torres-Quevedo, con el número 31.918, fue: “Un sistema denominado Telekine para gobernar a distancia un movimiento mecánico”. Este invento partió de una necesidad o un deseo: no arriesgar vidas humanas en las pruebas de su dirigible. El telekino funcionaba por medio de ondas hertzianas, de modo que cada señal hacía avanzar un paso a una rueda dentada. En función del número de señales, por medio de un conmutador, el aparato realizaba la maniobra que le era ordenada. Contaba además este invento con un sistema de seguridad que impedía la pérdida de la aeronave en caso de avería.

La Calculadora Digital Leonardo Torres-Quevedo dedicó grandes esfuerzos a estudiar las nuevas posibilidades que ofrecía la electromecánica. Comprendió que las máquinas podían desarrollarse mucho más de lo que se suponía, con la integración de diversas técnicas, para alcanzar fines totalmente novedosos. En 1914 escribió una obra fundamental en el campo de la Automática, palabra que él mismo introdujo en España. Esta obra, publicada tanto en nuestro país como en Francia, se tituló “Ensayos sobre Automática”, y en ella Torres-Quevedo entroncaba con los importantes trabajos de Charles Babbage (el verdadero precursor de la computadora). Desde el punto de vista práctico, diseñó una máquina de calcular capaz de almacenar dígitos decimales, realizar operaciones binarias y comparar cantidades. Esto lo hacía gracias a elementos electromagnéticos, y estaba controlada por medio de un programa de sentencias fijas. Este programa estaba almacenado sobre un conjunto de regiones conductoras en la superficie exterior de un cilindro rotante. Esta “memoria”, tal y como la podríamos denominar hoy, incluía la primera formulación mundial de la aritmética de coma flotante. Con esta invención, Torres-Quevedo se adelantaba veinte años a la computadora digital electromecánica. Otro derivado de sus estudios fue un aparato que se conoce como “El Ajedrecista” , que pasó por varias versiones y se considera la primera contribución al campo de la inteligencia artificial.

El Dirigible Semirrígido Los más famosos dirigibles han sido y siguen siendo los ideados por el conde alemán Ferdinand von Zeppelin , cuyo primer modelo se construyó en 1900. Eran de tipo rígido, con una estructura interna que se mantenía estable con independencia del gas que con tuviera. Su mayor ventaja sobre un globo flexible estribaba en la superior gobernabilidad y estabilidad en vuelo, pero había también inconvenientes: su rigidez lo hacía imposible de transportar en tierra, disminuyendo su versatilidad de utilización, y resultaba más frágil que los globos sin armazón. Para evitar estos problemas, y teniendo en cuenta el gran interés militar en ese tipo de aeronaves, Leonardo Torres-Quevedo puso en marcha su cacumen. En 1902 presentó su idea en las academias de ciencias de Madrid y París. En su dirigible, Torres-Quevedo había evitado una estructura rígida, pero conseguía esa característica tan idónea en vuelo mediante un sistema interior de cables flexibles que dotaban al aparato de rigidez por medio de la presión del gas de hinchado. El Ejército le prestó inicialmente su apoyo y pudo construir un primer modelo (el España) en 1905, en el Servicio de Aerostación Militar de Guadalajara. Pero el proyecto no cuaja del todo y Torres-Quevedo se ve obligado a irse a Francia, donde la compañía Astra le compra la patente y empieza a producir sus dirigibles. A partir de 1913, varios aparatos nutren los ejércitos inglés y francés, donde realizaron labores de protección naval y reconocimiento. Durante la Primera Guerra Mundial incluso competirán con los fabricados por Zeppelín.

La Navaja Tal y como la conocemos hoy, la poco aristocrática navaja tuvo su nacimiento a finales del siglo XVI: con hoja afilada únicamente en uno de los lados, acabada en punta y normalmente algo curva, pero sobre todo con un mecanismo que permite girar a la hoja para quedar oculta en el interior del mango. Sus orígenes están diluidos en la leyenda. Se dice que apareció a causa de unas leyes emitidas por el emperador Carlos V , que impedían en España llevar espada a quienes no pertenecieran a la nobleza. Además, una espada era un arma cara e incómoda de llevar encima a todas horas. Así, a partir del siglo XVII la difusión de la navaja fue en aumento, hasta hacerse sumamente popular. Desde España fue difundiéndose por el Mediterráneo, primero hasta Italia y Francia, y después por el resto de Europa hasta llegar a Alemania e Inglaterra, sin olvidar que también lo hizo a Portugal y Marruecos.

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