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Trasdós Trasdós

No nos disgusta la definición del término trasdós: la "superficie exterior convexa de un arco o bóveda". En este blog perseguimos estar en alerta y con el objetivo siempre dispuesto para capturar los reflejos, destellos, brillos y fulgores que el arte proyecta.

Entradas etiquetadas como ‘humor’

Mordacidad, humor y elegancia en las viñetas de Andrea Ucini

'Economic paralysis' - Andrea Ucini - Imagen: Anna Goodson Illustration Agency

‘Economic paralysis’ – Andrea Ucini – Imagen: Anna Goodson Illustration Agency

Las escenas tienden a ser solitarias y están salpicadas de pocos elementos, pueden evocar el thriller y también provocar la sonrisa. El carrito de la compra con ladrillos en lugar de ruedas descansa en un parking desierto. Un chaval negro mira impotente a la bola de baloncesto que acaba de lanzar, atascada porque el aro de la cancha es demasiado pequeño. Dos policías investigan en una zona acordonada un crimen: la víctima es un like de Facebook y una de las pistas numeradas es una pluma color azul claro que hace referencia a Twitter.

Los objetos alterados transforman su función y propiedades originales, hay frecuentes guiños mordaces a nuestra sociedad, el acabado es limpio y elegante… Andrea Ucini maneja los resortes que activan en el espectador reacciones rápidas, crea ilustraciones que son viñetas del presente, instantes verdaderos disfrazados de metáforas.

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Los objetos surrealistas, humorísticos y perversos de Nancy Fouts

'Egg Birth' - Nancy Fouts - Foto: www.nancyfouts.com

‘Egg Birth’ – Nancy Fouts – Foto: www.nancyfouts.com

El de Nancy Fouts es un surrealismo que habría gustado a los fundadores y maestros del estilo: no cuesta enmarcarlo en los años veinte o treinta porque tiene calidad para sobrevivir a la comparación. Las balas rastreadoras de Fouts son las mismas que emplearon sus antepasados artísticos: el sinsentido poético de un objeto, la imagen como extraida de un sueño, surgida del subconsciente, de la angustia, de los deseos y miedos que nunca admitiremos tener.

No es una recién llegada. Nacida en los EE UU, vive en el Reino Unido desde los años sesenta. En la repetición en bucle que al final es Internet, la información curricular de cortapega dice que estudió en Londres en el Chelsea College of Art and Design y luego cofundó el estudio de diseño Shirt Sleeve Studio, que realizó encargos publicitarios para la Tate Gallery de Londres y también portadas de discos para bandas como Jethro Tull.

Mucho más revelador resulta un vídeo del colectivo artístico londinense Black Rat Projects, que se acerca a Fouts y a su arte visitando la vivienda de la artista. Aunque también pinta y crea los objetos necesarios para completar sus obras, en la casa del barrio de Camden abundan silenciosos revoltijos de piezas que ella debe unir para que se produzca la metamorfosis.

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Neptuno con manguitos y Venus con bikini: óleos que ponen a prueba el icono

'Status update' - Matthew Quick - Foto: matthewquick.com.au

‘Status update’ – Matthew Quick – Foto: matthewquick.com.au

“En una era en que la sandez y la celebridad son consideradas al mismo nivel que el logro real, es interesante reflexionar sobre cómo serán los monumentos del futuro. Esta es mi propuesta”, dice Matthew Quick (Adelaida – Australia, 1967) en un texto que acompaña a uno de sus óleos. En la pintura, un pato de goma copa una columna romana con filigranas también doradas, un exhibidor clásico para una banalidad pop.

Al artista plástico le gusta tirar de la palabra y es amigo de las enumeraciones y la sobrecarga de información cuando resume su trayectoria. Uno de los creadores clave del actual panorama artístico australiano, en el apartado biográfico de su página web y en entrevistas recientes revela que ha tenido tiempo para escribir un libro de relatos cortos, ha sido director de arte, diseñador interior, fotógrafo, publicista, profesor universitario… Ha vivido en el Reino Unido, Portugal y Malasia. Entre medias, con treinta y tantos años, batalló contra un cáncer y venció cuando los médicos le pronosticaban cinco años de vida.

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¿Te atreves a jugar al ajedrez ‘on line’ contra Marcel Duchamp?

Marcel Duchamp playing chess on a sheet of Glass, 1958 © Arnold Rosenberg

Marcel Duchamp playing chess on a sheet of Glass, 1958 © Arnold Rosenberg

El rumor causó un revuelo en el París bohemio de los años veinte. En las tabernas del cosmos artístico de Montmartre no se hablaba de otra cosa. Decían que Marcel Duchamp —el prodigio que había revuelto el panorama artístico con Nu descendant un escalier n° 2  (Desnudo bajando una escalera, nº 2), el cuadro-explosivo que dejó al mundo con la boca abierta a ambos lados del Atlántico —pimero, en 1912, en el Salon des Indépendants de París y al año siguiente en la exposición del Armory Show de Nueva York—, se retiraba del arte para dedicarse al ajedrez.

“He llegado a la conclusión”, dijo, “de que no todos los artistas son ajedrecistas, pero todos los ajedrecistas son artistas”.

Aunque aquello fue una falsa alarma y siguió haciendo de las suyas porque sabía que el absurdo es el único modo posible de eludir la muerte (“me contradigo una vez y otra para no ser víctima de mis propios gustos”, afirmaba) y también que el arte era un prédica esnobista que sólo tenía sentido si iba acompañada del sentido del humor (“el arte es plagio o revolución”), Duchamp nunca se sintió mejor que jugando al ajedrez, del que era, confesaba, “una víctima” y al que otorgaba una pureza sincera que la práctica artística nunca alcanzaría.

Piezas del conjunto original de Duchamp de 1918

Piezas del conjunto original de Duchamp de 1918

En 1918, como contó mi compañera de blog Helena Celdrán en la entrada El ajedrez perdido de Duchamp, resucitado para impresoras 3D, diseñó y talló en Buenos Aires sus propias figuras de ajedrez. En los años veinte adquirió el grado de maestro, entre 1928 y 1933 participó en varios campeonatos nacionales franceses —en el de 1925, para el que diseñó el cartel, quedó en sexta posición— y también jugó en las primeras Olimpiadas de ajedrez.

Muchos años más tarde, en 1962, entreviendo quizá la cercanía de la muerte y la sinrazón de lo vivido una vez agotado, negó permiso para que cualquiera de sus obras de arte fuese expuesta en público con intenciones retrospectivas. No se sentía merecedor de la aprobación global de una muestra cronológica, autorizada y coronada por el presuntamente infalible juicio del tiempo. “Sólo he sido un peón desnudo para el arte”, se justificó con una frase de bouquet ajedrecístico.

Sólo un año después, en octubre de 1963, reinterpretó la afirmación y se plegó a autorizar una exposición retrospectiva en una exclusiva galería de Pasadena (California-EE UU) —desde 1955 tenía la nacionalidad estadounidense, aunque regresaba a París siempre que podía y nunca se sintió yanqui del todo—. Fue un éxito histórico porque era la primera vez que se reunían desde las vinñetas humorísticas de juventud de Duchamp para los diarios franceses, hasta los experimentos más audaces de convergencia del cubismo con el futurismo y, por supuesto, muchos de los ready made con los que mostró su desprecio por el arte entendido como estado de santidad, entre ellos el inolvidable urinario al que llamó Fuente, firmó con nombre falso y fue rechazado en un salón de arte parisino en 1917 para renacer  una y mil veces como condensación de la estupidez de las categorías.

Duchamp jugando al ajedrez en la exposición de Pasadena. Foto: © Julian Wasser

Duchamp jugando al ajedrez en la exposición de Pasadena. Foto: © Julian Wasser

Uno de los salones de la exposición de Pasadena estaba por completo dedicado a las muchas obras que Duchamp dedicó al ajedrez.

El artista se dejó retratar en una de las salas simulando jugar una partida con una de sus amigas, la joven de 20 años Eve Babitz, que en la imagen aparece desnuda y, con el tiempo, escribiría un divertido articulo en la revista Esquire recordando la situación. Lo tituló a la manera de Duchamp: “Fui un peón desnudo para el arte. La verdadera historia del día en que Marcel Duchamp puso a la clandestina Costa Oeste en el mapa de la cultura jugando al ajedrez con la autora, quien en aquel momento era una joven desvestida con mucho que aprender”. [La fotografía ha sido objeto de toda suerte de homenajes y reinterpretaciones: en esta entrada del blog Artedrez se acumulan unas cuantas].

Duchamp (1867-1968) murió en su estudio de Neuilly-sur-Seine, de un fulminante ataque al corazón. Antes había cenado con su amigo Man Ray, otro de los genios locos del siglo XX. Como era ateo y satírico fue enterrado bajo una losa con un epitafio que respeta ambos méritos: “Después de todo, son los otros quienes mueren”.

Captura de pantalla de 'Playing Duchamp'

Captura de pantalla de ‘Playing Duchamp’

Creo que al maestro le hubiera convencido también como leyenda final esta declaración vivencial:

Hoy me conformo con jugar (…) Las piezas de ajedrez son los bloques del alfabeto que moldean los pensamientos. Aunque formen un diseño visual en el tablero, expresan abstractamente su belleza como un poema.

Si se animan y atreven a jugar contra el artista-ajedrecista pueden hacerlo en Playing Duchamp, una página web interactiva diseñada y mantenida por Scott Kildall, que ha utilizado en la programación todas las partidas de las que se conservan notaciones jugadas por el hombre que predicó con el ejemplo su propia máxima:

La destrucción es creación.

No es necesario desnudarse para el enfrentamiento, pero, ojo, porque, como en cada partida de ajedrez, las mentiras e hipocresías serán castigadas.

Jose Ángel González

‘Creación artística’, un corto en ‘time lapse’ de 1901

Fotograma de "Artistic Creation" (1901)

Fotograma de “Artistic Creation” (1901)

La frecuente sociedad de los adjetivos cineasta y mago adquiere una exactitud plena en los cortometrajes realizados hace más de un siglo por el inglés Walter R. Booth (1869-1938), capaz de p0ner vehículos a circular por los anillos de Saturno o predecir las jugarretas del time lapse cuando el término ni siquiera se había inventado…

No es casualidad que Booth, que permanece injustamente olvidado entre los pioneros del cine experimental de finales del siglo XIX y principios del XX, supiese cómo hacer asombrosos trucos con las posibilidades de los efectos especiales en el recién inventado medio, presentado en sociedad en 1895 en París por los hermanos Lumière —la fecha es discutida y existen muchos otros nombres y fechas ligados a la invención del cinematógrafo—.

Hijo de un ceramista de quien heredó la facultad de pintar con soltura para elaborar escenografías y construir objetos en tres dimensiones y practicante profesional de la magia y el ilusionismo, Booth dejó ambas vocaciones a partir de 1896, cuando conoció en 1895 a Robert W. Paul (1869-1943), científico, electricista, inventor y precursor del cine en el Reino Unido. Desde entonces, ambos visionarios se dedicaron a producir y realizar trick films (films con truco), cortos o mediometrajes basados en una demostración humorística de la ruptura de las leyes de lo posible.

Artistic Creation quizá sea el más poético de los trick films del mago-cineasta. Es un corto de 1901 que en apenas dos minutos resume la filosofía cinematográfica de Booth: simpatía, candidez y sentido de la maravilla.

Un artista, idealizado como un arlequín-payaso de la Commedia dell’Arte, pinta y a la vez da vida a una mujer. Lo hace por partes: primero la cabeza, luego el torso, después los brazos y finalmente las piernas. Hay un añadido final, un rizo inesperado en el guión, pero no lo mencionaré para obligarles a ver la obra, antecedente primario de la hoy tan socorrida animación por time lapse.

Booth fue muy prolífico durante una década, llevando al límite la imaginación y la inventiva en cortos de animación como The Haunted Curiosity Shop (1901), que desarrolla el tema de los juguetes que cobran vida, y otros de inocente ciencia ficción entre los que destaca The ‘?’ Motorist (1906), donde los dos viajeros de un automóvil sacan de quicio a un agente de policía y terminan volando hacia el espacio exterior.

Hay una precisa filmografía de este pionero en el British Film Institute, con enlaces a vídeos de los cortometrajes que firmó.

A partir de 1915, cuando el cine tomaba el camino de una industria en alza y los experimentos eran superados por los dramas o las comedias, Booth intentó ganarse la vida como publicista, pero su rastro se pierde y ni siquiera hay noticias de lo que hizo hasta su muerte en 1938 en Birmingham.

Jose Ángel González

Cómo convertir las chapuzas callejeras en arte moderno

'Grey on White'. 2014. Acrylic on Wall - Neglected Works

‘Grey on White’. 2014. Acrylic on Wall – Neglected Works

Un grafiti tapado con una pintura de un tono diferente al de la pared, una mancha clareada en un muro de ladrillos, la pequeña raya diagonal azul pintada con espray junto a un portal, tal vez para señalar alguna futura reforma… Las chapuzas estéticas están en cada rincón de una ciudad, se burlan de la perfección, nacen del accidente, de la reparación rápida, son un remiendo para salir del paso.

No cabría duda de que, de ninguna manera, se habla de arte, pero sí sería un ejercicio de humor y burla comparar esos errores urbanos con los ejemplos más extremos y arduos de arte moderno. Así lo han hecho Basile Cuvelier y Seth Alexander, afincados en Londres y autores de un microblog de Tumblr que lleva por título Neglected Works (Trabajos abandonados).

Artistas y diseñadores, Cuvelier y Alexander recopilan en la recién inaugurada página ejemplos de estas chapuzas urbanas en la capital inglesa. Para rematar el absurdo, las convierten en obras de arte de la manera más sencilla: pegando a su lado un pequeño cartel rectangular y blanco con el supuesto título del trabajo, el supuesto año de su creación y la técnica empleada.

Así, junto a la mancha gris sobre la pared blanca (seguramente un parche para una pintada), la ficha informativa dice: Gris sobre blanco. 2014. Acrílico sobre pared”. Sobre el muro de hormigón, tal vez parte de la estructura de un puente, el discreto cartel anuncia con solemnidad: “Cruz y punto azul. 2014. Acrílico sobre concreto”.

En muchos casos, los autores se ponen creativos y titulan una mancha de humedad sobre una pared de ladrillos Catarata, un intento descolorido de borrar un grafiti, Nube o tres unos brochazos verticales mal dados sobre la madera, Podio. Con el cartel a su lado, las vulgares reparaciones de repente se convierten en focos de interés, en posibles creaciones artísticas que —en la galería de arte adecuada— se podrían vender al mejor postor o contemplar tomando largo rato con una copa de vino en la mano.

Helena Celdrán

'Cross and Blue dot'. 2014. Acrylic on concrete - Neglected Works

‘Cross and Blue dot’. 2014. Acrylic on concrete – Neglected Works

'Waterfall'. 2014. Water-stained brick - Neglected Works

‘Waterfall’. 2014. Water-stained brick – Neglected Works

'Podium'. 2014. Acrylic on wood- Neglected Works

‘Podium’. 2014. Acrylic on wood- Neglected Works

'Cloud'. 2014. Spray paint on brick - Neglected Works

‘Cloud’. 2014. Spray paint on brick – Neglected Works

'Blue Diagonal'. 2014. Spray paint on brick - Neglected Works

‘Blue Diagonal’. 2014. Spray paint on brick – Neglected Works

'Dot Dot Dash'. 2014. Acrylic on concrete - Neglected Works

‘Dot Dot Dash’. 2014. Acrylic on concrete – Neglected Works

Un corto de animación hecho de corcho blanco, inseguridades y humor ácido

Fue necesario un año para grabar los seis minutos de la pieza de animación. Todas las figuras que aparecen en él están esculpidas en poliestireno expandido (porexpan, corcho blanco) y los efectos de la luz son producto de largas exposiciones. Un breve vídeo del cómo se hizo da una idea de la complejidad del procedimiento, pero eso es sólo parte del atractivo del cortometraje.

Mike Please y Daniel Ojari (del estudio londinense Parabella Studios), animadores y directores de Marilyn Myller, no caen en el error de ofrecer un asombroso espectáculo técnico vacío de significado, por suerte también desarrollan una trama inteligente en torno a la creación y la destrucción, una historia de crisis creativa con un inesperado toque final de humor ácido.

El universo blanco y animado representa la mente de una joven artista británica. En su imaginación interpreta que el poder que ejerce sobre sus figuras la acerca al implacable Dios bíblico, ella crea y ella destruye, por accidente, por rabia o por motivos que ni siquiera ella puede explicar. En realidad, las imágenes cósmicas son un modo de sentirse poderosa en medio de la inseguridad: enfrascada durante horas en un trabajo minucioso, en la soledad de su estudio y sentada en una vulgar banqueta que cruje, Myller es en realidad insignificante para el mundo, una creadora sin demasiado reconocimiento.

Todo cambia cuando un cazatalentos esnob da con ella en el preciso momento en que la artista sufre una crisis. El giro que da la trama es tan cómico como frustrante, una referencia a lo estúpido que puede llegar a ser el arte cuando se emborracha con el dinero.

Helena Celdrán

'Marilyn Myller' - Parabella Animation Studio

Acuarelas de presidentes “con caras de teta”

'Ronald Reagan' - Emily Deutchman

‘Ronald Reagan’ – Emily Deutchman

De la barba de Abraham Lincoln emergen montones de pequeños pechos femeninos que recuerdan a los símbolos de fertilidad de una deidad pretérita. Los de Ronald Reagan surgen de la papada, Bill Clinton exhibe el suyo en la punta de la nariz. La cara de George W. Bush queda eliminada por la enorme mama que la tapa por completo.

La extravagante colección de 44 acuarelas de Presidents with Boob Faces (Presidentes con caras de teta) parodia la tradición estadounidense de los retratos presidenciales, obras que desde la independencia del país en 1776 se solazan en mostrar con una dignidad patriótica y masculina al hombre que lo dirige y al mismo tiempo busca expresar su gesto más solemne, afable o cercano.

La autora, la artista estadounidense Emily Deutchman, asegura que la serie no tiene otro fin que el humorístico y no aporta ninguna interpretación definitiva: prefiere que el espectador fantasee y exprese lo que le sugieren las curiosas visiones entre caricaturescas y surrealistas.

Tal vez por ese motivo, en la página web dedicada al conjunto de obras, reserva un espacio para recoger los comentarios que algunos internautas han dejado en referencia a los trabajos. Junto a quienes consideran la iniciativa “menos que mediocre” y la califican de “terrorismo cultural” otros la aplauden y la interpretan como una metáfora del enriquecimiento de los poderosos o del machismo imperante en la alta política estadounidense, ahora que se espera la candidatura de Hillary Clinton a la presidencia del país en 2016.

Helena Celdrán

'Harry S. Truman' - Emily Deutchman

‘Harry S. Truman’ – Emily Deutchman

'Bill Clinton' - Emily Deutchman

‘Bill Clinton’ – Emily Deutchman

'George W. Bush' - Emily Deutchman

‘George W. Bush’ – Emily Deutchman

'Richard Nixon' - Emily Deutchman

‘Richard Nixon’ – Emily Deutchman

'Abraham Lincoln' - Emily Deutchman

‘Abraham Lincoln’ – Emily Deutchman

'Thomas Jefferson'- Emily Deutchman

‘Thomas Jefferson’- Emily Deutchman

'Gerald Ford' - Emily Deutchman

‘Gerald Ford’ – Emily Deutchman

Una parodia de libro infantil que satiriza el arte moderno

'We Go to the Gallery' - Miriam Elia

No hay nada en la habitación. Peter está confundido. Jane está confundida. Mamá está contenta. “No hay nada en la habitación porque Dios está muerto”, dice mamá. “¡Vaya, hombre!”, dice Peter.

Peter mira la pintura. “Yo podría hacer eso”, dice Peter. “Pero no lo hiciste”, dice mamá.

La madre, con la permanente perfecta y vestida con un abrigo y un sombrero amarillos estilo años cincuenta, lleva a los dos niños (Jane y Peter, ideales y repeinados, ella rubia y con una diadema azul; él con jersey rojo, corbata y pantalones cortos grises) a una galería de arte moderno. La estética idílica y los textos supuestamente educativos contrastan con humor con el “nihilismo” de las obras: una habitación vacía, un conejo disecado, una enorme vagina en primer plano, un cuadro hecho con cuatro brochazos… En el colmo del tópico, la exposición se llama La muerte del significado.

El tomo es una parodia de los libros publicados por la editorial británica de libros infantiles Ladybird (Mariquita), propiedad del grupo Penguin: una institución de la literatura infantil inglesa. Nacida en 1867, comenzó a editar libros para niños en 1915 y en 1940 publicó su primer título de bolsillo y tapa dura característico de su serie más famosa. Las historias estaban ilustradas con esmero y los ejemplares tenían un precio muy asequible. A las narraciones protagonizadas por animales se unieron más tarde los títulos educativos relacionados con la naturaleza, las aficciones de los niños, la historia y los viajes.

Miriam Elia (Londres, 1982) recupera la nostalgia de las épocas más celebradas y recordadas de la editorial y reimagina uno de esos títulos en una sátira sobre el arte moderno que une las ilustraciones clásicas y las construcciones gramaticales sencillas con el sinsentido de las explicaciones de la madre posmoderna que acompaña a los críos.

'We Go to the Gallery' - Miriam Elia

We Go to the Gallery (Vamos a la galería) presenta todos los rasgos característicos de estos cuentos: tiene un estilo educativo, en el pie de cada página hay tres palabras destacadas en el texto para que el niño adquiera vocabulario, los dibujos presentan la plácida candidez de una visita a un museo en la compañía de un adulto instruido…

“Pensé que sería cómico ver a mamá, Peter y Jane acudir a una exposición de arte moderno realmente nihilista”, dice la autora, una humorista consumada que exhibe en piezas artísticas y de diseño un humor siempre cercano al sarcasmo. Para la narración ha imaginado obras que imitan el estilo de Tracey Emin, Jeff Koons, Martin Creed y otras primeras figuras del arte contemporáneo. Con un lenguaje que emula al empleado para acercarse al público infantil, Elia alude a la muerte de Dios, al sexo y a otros temas y obsesiones machacados en el arte posmoderno.

Helena Celdrán

Peter ve la gran vagina. A mamá le gusta la gran vagina. "Las vaginas grandes son feministas", dice mamá. Peter está asustado.

Peter ve la gran vagina. A mamá le gusta la gran vagina. “Las vaginas grandes son feministas”, dice mamá. Peter está asustado.

No hay nada en la habitación. Peter está confundido. Jane está confundida. Mamá está contenta. "No hay nada en la habitación porque Dios está muerto", dice mamá. "¡Vaya, hombre!", dice Peter.

No hay nada en la habitación. Peter está confundido. Jane está confundida. Mamá está contenta. “No hay nada en la habitación porque Dios está muerto”, dice mamá. “¡Vaya, hombre!”, dice Peter.

Jane mira la pintura. Es una pintura bonita. "¿Por qué hay un pene en la pintura?", dice Jane. "Porque Dios está muerto y todo es sexo", dice mamá".

Jane mira la pintura. Es una pintura bonita. “¿Por qué hay un pene en la pintura?”, dice Jane. “Porque Dios está muerto y todo es sexo”, dice mamá”.

 

"¡Mira!", dice Peter. "El conejo está muerto". "Yo creo que está feliz", dice Jane.

“¡Mira!”, dice Peter. “El conejo está muerto”. “Yo creo que está feliz”, dice Jane.

"¿Tú eres una artista?", dice Jane. "No pude ser artista porque te tuve a ti", dice mamá. Peter y Jane se sienten culpables.

“¿Tú eres una artista?”, dice Jane. “No pude ser artista porque te tuve a ti”, dice mamá. Peter y Jane se sienten culpables.

'We Go to the Gallery'

Desafia con fotos las leyes más ridículas de los EE UU

Una de las fotos de 'I Fought the law' - Olivia Locher

Una de las fotos de ‘I Fought the law’ – Olivia Locher

En Blythe (una localidad del sur de California) una ley añeja y escondida determina que no está permitido llevar botas de vaquero salvo que uno sea dueño de “al menos dos vacas”. En el estado de Nueva York no se puede disolver un matrimonio alegando “diferencias irreconciliables” a no ser que ambar partes “estén de acuerdo”. Para los texanos es ilegal “disparar a un búfalo desde el segundo piso de un hotel”.

El conjunto de leyes y ordenanzas de los EE UU esconde prohibiciones anacrónicas que se han convertido en humorísticas. Nadie se ha molestado nunca en cuestionarlas, como si fueran una incómoda herencia que sin embargo conviene conservar. Las excentricidades legales afectan a países de todo el mundo y siempre tienen algo del carácter y de la historia del lugar: las estadounidenses tienen la peculiaridad de recordar a los tiempos más remotos de su fundación o al Lejano Oeste.

Olivia Locher (1990) se ríe de la ridiculez oculta en las leyes estatales y en las ordenanzas de diferentes ciudades y localidades de su país con I Fought the Law (Yo luché contra la ley): una colección de fotos en las que se salta normas sin sentido.

Un helado medio derretido en el bolsillo trasero de un pantalón corto desafía la ordenanza de Alabama que prohíbe llevar de esa manera los conos de helado. Cuatro consoladores exhibidos junto a una vajilla en una vitrina casera desobedece la ley de Arizona que no permite “tener más de dos” de estos juguetes sexuales en casa.

La autora, originaria del estado de Pensilvania —donde, por cierto, no está permitido dormir en lo alto de una nevera a la intemperie y nadie que haya “participado en un duelo” puede ser gobernador— vive y estudia en Nueva York y planea seguir con la serie.

Helena Celdrán

'En California no se permite montar en bicicleta en una piscina' - Olivia Locher

‘En California no se permite montar en bicicleta en una piscina’ – Olivia Locher

'En Arizona no puedes tener más de dos consoladores en casa' - Olivia Locher

‘En Arizona no puedes tener más de dos consoladores en casa’ – Olivia Locher

'En Texas es ilegal que los niños tengan peinados raros' - Olivia Locher

‘En Texas es ilegal que los niños tengan peinados raros’ – Olivia Locher

'En Hawái no se pueden llevar monedas dentro de la oreja' - Olivia Locher

‘En Hawái no se pueden llevar monedas dentro de la oreja’ – Olivia Locher