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Los objetos surrealistas, humorísticos y perversos de Nancy Fouts

'Egg Birth' - Nancy Fouts - Foto: www.nancyfouts.com

‘Egg Birth’ – Nancy Fouts – Foto: www.nancyfouts.com

El de Nancy Fouts es un surrealismo que habría gustado a los fundadores y maestros del estilo: no cuesta enmarcarlo en los años veinte o treinta porque tiene calidad para sobrevivir a la comparación. Las balas rastreadoras de Fouts son las mismas que emplearon sus antepasados artísticos: el sinsentido poético de un objeto, la imagen como extraida de un sueño, surgida del subconsciente, de la angustia, de los deseos y miedos que nunca admitiremos tener.

No es una recién llegada. Nacida en los EE UU, vive en el Reino Unido desde los años sesenta. En la repetición en bucle que al final es Internet, la información curricular de cortapega dice que estudió en Londres en el Chelsea College of Art and Design y luego cofundó el estudio de diseño Shirt Sleeve Studio, que realizó encargos publicitarios para la Tate Gallery de Londres y también portadas de discos para bandas como Jethro Tull.

Mucho más revelador resulta un vídeo del colectivo artístico londinense Black Rat Projects, que se acerca a Fouts y a su arte visitando la vivienda de la artista. Aunque también pinta y crea los objetos necesarios para completar sus obras, en la casa del barrio de Camden abundan silenciosos revoltijos de piezas que ella debe unir para que se produzca la metamorfosis.

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Los ‘preadolescentes de la cripta’ de la artista Lori Nelson

'There There' © Lori Nelson

‘There There’ © Lori Nelson

“Demasiado mayor para los juguetes, demasiado joven para el sexo”. La definición urbana del término inglés tween abarca a los preadolescentes de entre 9 y 14 años, niños en el inicio de la pubertad y en tránsito hacia la adolescencia. En  el idioma inglés de los EE UU, donde el neologismo se emplea frecuentemente para designar en mercadotecnia a un cada vez más importante nicho de mercado, nació como un cruce entre los términos between y teen —la preposición entre y el adjetivo adolescente—.

El término tween es nuevo, pero no lo que alude. Freud llamó a este lapso vital, especialmente sensible y con ansiedades propias, periodo de latencia, y el psicólogo Erik Erikson, uno de los grandes observadores de los preadolescentes, definió con precisión la etapa como “un momento de calma antes de la tormenta de la pubertad”, con la presencia latente y a punto de asomar de la sexualidad.

La artista Lori Nelson (Fort Collins-Colorado, EE UU, 1968), ahora establecida en Brooklyn-Nueva York, fue criada en la rigidez de un hogar mormón en Utah, la zona de los EE UU donde buscaron refugio los seguidores de Joseph Smith, fundador de la iglesia cristiana disidente. El potente simbolismo, exagerado dogma, insólita imaginería devocional y tendencia al éxtasis del movimiento religioso están presentes en las obras de su última serie: Cryptotweens Are Like (Los preadolescentes son como).

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¿Son blasfemas estas obras de arte moderno?

KRIS KUKSI, "Churchtank Type 7C", 2009, Courtesy: KRIS KUKSI & Thames

KRIS KUKSI, “Churchtank Type 7C”, 2009, Courtesy: KRIS KUKSI & Thames & Hudson

Aaron Rosen, autor de un libro recién editado, Art & Religion in the 21st Century (Arte y religión en el siglo XXI), subraya el cretinismo del debate sobre el arte blasfemo: 

El buen arte nos debe desafiar: perforar nuestras devociones, religiosas o de otro tipo. Pero simplemente conseguir titulares ofensivos (y buenas ventas) es un truco barato, indigno de un buen artista. La mayor parte de quienes hablan de arte blasfemo no son artistas (…) y nunca han pisado una galería.

El ensayo, publicado por Thames & Hudson [256 páginas, 32 libras esterlinas] presenta obras como el tanque-iglesia rococó, postindustrial y pertinente del estadouniodense Kris Kuksi.

El libro se sustenta en la idea de cuando te vinculas al arte o te expones a sus efectos entras, de manera inevitable, en un terreno religioso. Es fácil advertirlo en obras de la Antiguedad —el Partenón, los Budas de Bamiyán o la Mezquita Azul…—.

¿Pero que pasa en el siglo XXI y por qué algunas obras son calificadas como blasfemas por los intolerantes, los cortos de miras o los salafistas de conciencia?, se pregunta Rosen.

Siguen unos cuantos ejemplos de obras impías y ofensivas incluídas en el libro.

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La iglesia que venera a San John Coltrane

San John Coltrane

San John Coltrane

La congregación se cita cada semana en un pequeño local a ras de suelo, en el número 1246 de la calle Fillmore de San Francisco. Es la sede de la Iglesia Ortodoxa Africana de San John Coltrane, fundada hace casi 25 años.

No es tan desatinado como pueda parecer. Un año antes de su muerte y dado el cariz impredecible de su música, un periodista preguntó a Coltrane qué esperaba ser en cinco años. La respuesta fue escueta e inequívoca: “Un santo”.

Sobre al altar del templo hay un icono del mejor saxofonista de la historia del jazz con un nimbo en torno a su rostro hierático. En la mano derecha sostiene una escritura: “Dejadnos cantar todas las canciones para Dios. Dejadnos seguirle por la senda correcta. Es verdad: busca y encontrarás”. En la izquierda, los larguísimos dedos del músico rodean las llaves de un saxo tenor que alberga un fuego eterno.

En la vida de Coltrane se dan cita peculiaridades suficientes como para que el fundamento de su credo no sea una simple extravagancia.

Hijo de un predicador, nieto de un reverendo, aprendió música entre rezos y gospel, se casó con una musulmana, flirteó con el zen y el budismo, leía a Aristóteles…

Los clubs de jazz le convirtieron en un pecador reiterado: alcohólico, mujeriego y, en los años cincuenta, heroinómano.

Se limpió sin ayuda, viajando de su propia mano en pos de la sanación. En 1957 tuvo una experiencia mística y decidió que su música debería ser un camino de ascenso hacia la bondad.

A Love Supreme (1965), quizá el mejor disco de jazz de todos los tiempos, es una plegaria.

Tras encontrar a dios, Coltrane no dejó de ser fiero, al contrario, sus últimos discos eran abiertos y disonantes, pero perseguía una beatitud astral y entendía la improvisación como un mantra.

Antes de la muerte prematura, en 1967, a los 40 años, de un cáncer de hígado, sugirió que todas las músicas que pueblan el mundo tienen una misma estructura, cohesionada por el afán de trascendencia. Ya enfermo, dió su último concierto en una iglesia.

San John Coltrane

San John Coltrane

La congregación que le venera como santo no se fundamenta en una fe alocada, caprichosa o exótica en la tierra californiana del millón de gurús.

Los ritos se celebran los domingos y cada asistente debe llevar un instrumento (una pandereta basta; las palmas de las manos, también).

Las ceremonias se basan en la música en directo, la improvisación y el trance. Pretenden ser un bautismo que sustituye la inmersión en el agua por la inmersión en el sonido.

El arzobispo de la  Iglesia Ortodoxa Africana de San John Coltrane, Franzo Wayne King (que vió tocar una vez al músico en 1966 y sintió la necesidad de transformar su modo de vivir), sostiene que es posible “conectar con las enseñanzas de Jesucristo a través de la música de San Jonh Coltrane”.

Admiro los templos sin la benevolencia altiva del turista. Me importan menos las asombrosas estructuras arquitectónicas que el espíritu que percibes cuando cierras los ojos y te atreves a estar con el peor de los enemigos, tú mismo, en el recinto de boxeo espiritual que debe ser una iglesia.

Cuando escucho a John Coltrane tocando Afro Blue -el vídeo de arriba- participo de su santidad. No puedo descreer.

Ánxel Grove

El martirio de un oso polar caminando sobre neveras

'Saints preserve us' - Martin Wittfooth

'Saints preserve us' - Martin Wittfooth

Bidones de aceite, humaredas grises, agua estancada, fábricas… y animales muertos, heridos o desesperados que habitan paisajes que el ser humano ha transformado en desoladores.

Hoy traigo a la sección de Obsesiones la obra de Martin Wittfooth (Toronto-Canadá, 1981) porque me cautiva su intención de mostrar a los animales como mártires y su modo de representar a la raza humana sólo a través del testimonio de sus poco agradables creaciones.

El artista , que busca abrir el debate sobre la utilidad espiritual y religiosa del sufrimiento, presenta en unos días The Passions (Las pasiones) en la galería Lyons Wier de Nueva York.

'New Suns' - Martin Wittfooth

'New Suns' - Martin Wittfooth

Ha creado una colección de óleos que transforma a elefantes, monos, zorros y pelícanos en símbolos religiosos, con escenas de violencia, auto-sacrificio y padecimiento por vivir en un mundo degradado que ya no les pertenece.

Reflexiona sobre el sentido religioso de la palabra pasión, un término que engloba diferentes estados emocionales (siempre intensos), pero con origen en la palabra latina passio, que significa sufrimiento.

Con un oso polar incendiado, caminando sobre neveras sucias hundidas en el agua y sin rastro de superficies heladas, Wittfooth lanza una pregunta al aire: al igual que sucede con santos y mártires, ¿tiene que sufrir una criatura para que la veneremos?

Helena Celdrán