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"La historia es una forma más de ficción"
Jorge Luis Borges

Javier Pellicer: “Los días de novelas históricas detallistas que se preocupan más por el mundo que por el argumento o los personajes han pasado”

Recreación de Aníbal Barca en el documental del Canal Historia, Barbarians Rising.

A Javier Pellicer (Benigánim, Valencia, 1978) lo conocimos los seguidores de la novela histórica gracias a su primera novela El espíritu del Lince (Ediciones Pàmies, 2012). Ha tardado seis años en volver al género y a aquel universo que creara en aquella obra y lo hace para narrar una de las, probablemente, mayores aventuras de la historia: el viaje de Aníbal desde la península ibérica a la península itálica con su ejército. Lo hace con Leones de Aníbal (Edhasa, 2018)

Leones de Aníbal amplía el universo que ya creó con su primera novela El espíritu del Lince. Sin embargo, ha tardado en llegar bastante tiempo, ¿por qué?

El camino de Leones de Aníbal ha sido complejo. La primera piedra fue un pequeño relato que creé sobre un celtíbero que abandona su hogar para luchar en la Segunda Guerra Púnica (que correspondería con el primer capítulo), pero la idea de contar el viaje de Aníbal me rondaba desde que terminé El espíritu del lince. ¿Cómo no iba a sentirme atraído por narrar una de las aventuras más épicas de la Historia? Sin embargo, surgió la publicación de mi segunda novela, lo cual me hizo aparcar el proyecto durante un tiempo. La escritura de ese relato fue lo que hizo saltar la chispa y me llevó a la creación de la novela. Por desgracia, antes de la conclusión del proceso de escritura mi anterior agente literario abandonó el oficio y tuve que buscar un nuevo representante. Aquello me llevó un tiempo hasta que conseguí que otra profesional me representara (Deborah Albardonedo, a quien nunca le estaré lo bastante agradecido por su trabajo). La búsqueda de editorial se prolongó bastante, porque coincidió con lo peor de la crisis editorial, hasta que al fin encontramos el mejor hogar que una novela histórica puede tener: Edhasa.

Alguien pensará… ¡otra novela sobre Aníbal! ¿Queda algo por contar o novelar de ese hecho histórico? Y usted respondería…

Siempre habrá algo nuevo que contar acerca de un hecho histórico, porque hay infinidad de puntos de vista que aprovechar, ya sean reales o ficticios. En Leones de Aníbal, por ejemplo, en lugar de crear otra novela protagonizada por Aníbal, opté por convertir en protagonistas a tres anónimos al servicio del líder cartaginés, Leukón, Tabnit y Alcón. El auténtico argumento es la relación entre ellos, cómo vive cada uno las experiencias del viaje, y cómo les afecta la figura de Aníbal. Como autor soy de los que creen que lo más importante es el “cómo” de una historia, por encima del “qué”. Un acercamiento original puede convertir la historia más manida en algo fresco y nuevo.

En su novela se da relevancia a la composición multiétnica de ese ejército que Aníbal conduce hacia Roma, no luchando por una patria, sino siguiendo a un hombre…

Es una característica que siempre me ha apasionado, hasta el punto de que lo convertí en uno de los puntales básicos de la novela desde el mismo título. Cuando hablamos del ejército cartaginés, sobre todo al principio de introducirse en esta época histórica, solemos imaginar un grupo de soldados cartagineses. Pero las tropas de Aníbal apenas contaban con presencia púnica, salvo algunos oficiales (como Tabnit). Cartago, al igual que otras culturas antiguas, tenía una larga tradición contratando mercenarios extranjeros para luchar sus guerras y así salvaguardar a sus ciudadanos, que rara vez estaban presentes en sus ejércitos. Así lo hizo por ejemplo en la Primera Guerra Púnica. Su trato a los mercenarios fue tan deficiente que derivó en la Guerra de los Mercenarios del 241 a.C. Guerra que ganó Cartago gracias a un hombre vital en el futuro: Amílcar Barca, el padre de Aníbal. Cuando Amílcar inició su conquista de la península ibérica, tuvo que contar de nuevo con mercenarios, tanto libios como íberos y celtíberos. Imagino que tras lo ocurrido, debió tenerlos en mejor consideración. Aníbal creció entre todos esos hombres de culturas tan distintas a la suya. Es de suponer que esa influencia lo marcó hasta el punto de que esos mercenarios se convirtieron para él en algo más, en auténticos soldados, y él en un líder admirado y respetado, alguien por quién luchar. No encuentro otro motivo que explique por qué lo siguieron en una empresa tan arriesgada y tan alejada de su hogar.

Es también la historia de amistad entre hombres, como decía, de distintos orígenes… ¿cómo se construye una relación creíble históricamente, pero a la vez empática y emocionante para el lector del siglo XXI?

Admito que esto fue lo que más dudas me planteó. Es fácil caer en el presentismo histórico cuando hablamos de los comportamientos de individuos de épocas muy antiguas. Pero, por otra parte, apelando al componente ficticio de toda novela, el autor creo que tiene libertad para crear las relaciones entre los personajes como mejor convenga a la trama. Pienso que en lo más básico, las emociones, el ser humano no ha cambiado tanto (el amor, el odio, el miedo…), así que en ese sentido me dejé llevar tratando de ser fiel a las idiosincrasias de cada personaje (por ejemplo, el rencor que había entre los pueblos celtíberos enfrentados). No sabemos exactamente cómo pensaba cada individuo, pero podemos intuir cómo llegaron a relacionarse entre sí por pura deducción: si pueblos tan distintos como libios, íberos y celtíberos, a veces enemistados entre ellos, llegaron a convivir en un viaje tan largo, por fuerza cabe pensar que no solo llegaron a soportarse, sino que también se respetaron y, con toda probabilidad, crearon lazos de amistad.

Aunque sea un hecho sobredamente conocido, quedan bastantes lagunas sobre el viaje de Aníbal a través de Hispania, la Galia y la Península Itálica. ¿De cuáles se aprovechó para escribir esta ficción?

Lo primero que me asombró durante el proceso de documentación fue ver que el viaje de Aníbal está repleto de detalles desde el momento que llega a la Galia, pero en cambio toda la etapa anterior es casi desconocida. Ni Polibio ni Tito Livio se esmeran en contarnos cómo fue su recorrido por la península ibérica. Apenas unas menciones a los pueblos íberos que encontraron (ilergetes, ilercavones, etc..) y poco más. Ni siquiera sabemos con certeza por dónde cruzó los Pirineos (aunque los historiadores deducen que fue por el interior, y no siguiendo la costa como tradicionalmente se ha defendido). Esta falta de información, que en principio fue un fastidio, resultó ser un activo a la hora de fabular, pues me permitió introducir escenas de gran carga épica que ayudan al desarrollo de los protagonistas.

¿Qué debe tener la ficción histórica del siglo XXI?

No sé si llevo en esto lo suficiente como escritor para responder a semejante pregunta. Así que lo haré como lector. Lo que yo busco en una novela histórica es la inmersión en una época que ya no existe pero que al mismo tiempo me cuente algo más que un simple hecho histórico: bien a través de un personaje apasionante, bien a través de un ritmo vivo o de un argumento original. Incluso, por qué no, utilizando elementos como la fusión de géneros. El mejor ejemplo que se me ocurre de esto último es la novela Muerte y cenizas, de Teo Palacios, que utiliza la intriga detectivesca dentro del mundo romano. Los días de novelas detallistas que se preocupan más por el mundo que por el argumento o los personajes han pasado. Para eso está el ensayo.

Me consta que es un gran conocedor del sector editorial y en su web tiene muchos artículos sobre el tema, entrevistas… Así que, ¿cómo valora a día de hoy la novela histórica española?

Aunque parece que la cosa empieza a mejorar, la crisis del mercado literario de estos últimos años también ha pasado factura a la novela histórica. Por fortuna, al ser un género bien asentado, creo que ha soportado con dignidad el momento. Al lector sigue atrayéndole, se siente más ligado al pasado que a mundos completamente imaginarios como los de la fantasía y la ciencia ficción. Y algo que me fascinó durante la pasada Feria del Libro de Madrid: hay mucha gente joven, en ocasiones muy joven, que le gusta la novela histórica. Eso hace que tenga esperanzas para el futuro.

Concluye su nota final pidiendo perdón por los posibles fallos históricos que haya cometido y advirtiendo de que “en el fondo esto es una novela”. La mezcla entre historia y ficción siempre es compleja en este género, pero ¿no cree que los novelistas están un poco obsesionados por asumir el papel de historiadores y menos por crear buenas ficciones?

Absolutamente. Quizás en ese sentido tengo un punto de vista diferente al de la mayoría, ya que como autor provengo de la fantasía. Me formé bajo la influencia de Tolkien, Tad Williams y Robert E. Howard. El primero, en especial, ponía especial énfasis en el elemento histórico de sus obras (histórico imaginario, pero histórico dentro de su universo particular), pero sin dejar nunca de lado el argumento principal; del segundo aprendí que los personajes son incluso más importantes que los entornos; y del tercero, que la aventura es un elemento muy valioso en una obra histórica. En conjunto, mis orígenes como autor del fantástico me enseñaron que la ficción siempre debe estar por encima de cualquier otro aspecto, incluso en una novela histórica. Obviamente, sin pervertir los hechos históricos.

Y para terminar… ¿Nos recomienda una novela, que no sea la suya, y un buen ensayo sobre Aníbal?

Como novela es de obligada lectura el clásico de Gisbert Haefs, Aníbal. Y en cuanto a ensayo, aunque hay muchas obras interesantes, quizás destacaría Aníbal de Cartago, del profesor de Historia Antigua Pedro Barceló, cuyos artículos académicos resultaron imprescindibles desde mi primera novela.

¡Buenas lecturas!

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