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Quién fue… Max Brito: quedó parapléjico tras un placaje en un Mundial de rugby

Brito, retirado por una camilla el día de su accidente (YOUTUBE).

El segundo post del año es sobre una trágica historia ocurrida en un terreno de juego. Es la historia de Max Brito.

Max Brito había nacido el 8 de abril de 1971 en Abidjan, capital de Costa de Marfil. Con un año de vida se fue a Francia a vivir con su padre y sus hermanos, y fue en el país vecino donde empezó a jugar al rugby, en concreto en el Biscarrosse Olympique.

Electricista de profesión, fue convocado por la selección de Costa de Marfil para participar en el Mundial de rugby de 1995, que se disputó en Sudáfrica. El equipo africano era la cenicienta del torneo y llamó a Brito, que jugaba de ala, debido a su nacimiento en el país.

Costa de Marfil quedó encuadrada en el grupo D, junto a Francia, Escocia y Tonga. En el primer partido, ante el XV del Cardo, ‘los Elefantes’ sufrieron una abultada derrota por 89-0, si bien en el segundo, ante Francia, hicieron un digno papel perdiendo 54-18 y consiguiendo un ensayo.

El 3 de junio de 1995, en el Olympia Park de Rustenburg, Costa de Marfil se enfrentaba a Tonga en el último partido de la fase. A los tres minutos de encuentro, Brito fue placado por el tongano Inoka Afeaki. Se formó un ruck y se vino abajo, quedando Brito atrapado bajo varios rivales.

Brito se quedó boca arriba e inconsciente y el árbitro estadounidense Don Reordan avisó a los servicios médicos. El jugador marfileño estaba completamente inmóvil. Rodeado de varios compañeros, quedó claro desde el primer momento que el jugador había sufrido una lesión de cuello, como indicó el médico del estadio con gestos a los camilleros.

Tras ser inmovilizado, fue sacado en camilla del terreno de juego y fue trasladado a un hospital de Pretoria, donde ingresó en la Unidad de Cuidados Intensivos con graves daños en las vértebras. Fue operado para estabilizar la cuarta y la quinta vértebras, pero el resultado no fue alentador: estaba paralizado del cuello para abajo.

Todos los equipos del Mundial hicieron una colecta para pagar el tratamiento de Brito en Francia, pero apenas pudo recuperar la movilidad. Desde aquel desgraciado accidente, el jugador sólo podía mover el la cabeza y parcialmente un brazo, viéndose obligado a pasar la mayor parte del tiempo postrado en una cama. Y el mundo se olvidó de él.

Max Brito, en el centro, años después de su accidente (YOUTUBE).

Acabó separándose de su esposa y perdiendo el contacto con sus hijos. Se estableció con sus padres en Burdeos, y en 2007, 12 años después de aquel encuentro, fue entrevistado por un periódico sudafricano. Su testimonio no podía ser más triste y desgarrador: “Han pasado ya 12 años desde que estoy en este estado. He llegado al final de mis ataduras… Si un día caigo gravemente enfermo, y si tengo la fuerza y el coraje para quitarme la vida, lo haré… Esta maldita discapacidad es mi maldición. Me mata y nunca lo aceptaré. No puedo vivir con eso y me acompañará por el resto de mi vida”.

La organización del Mundial recibió críticas por cómo habían manejado el suceso. El inglés Damian Hopley, director de la Asociación de Jugadores Profesionales de Rugby, llegó a reconocerlo: “Nos involucramos en eventos de recaudación de dinero para Max, pero hubo muy poco apoyo para él por parte de la Copa Mundial de Rugby”.

Por fortuna, parece que con el paso de los años, el estado anímico del exjugador ha mejorado. En otra entrevista, en 2020, declaró: “Yo diría que fueron 13 o 14 años de niebla donde no sabía dónde estaba. El accidente fue muy violento. Pero después de eso tuve una iluminación espiritual y entendí que era necesario aceptar mi hándicap. Y desde en ese momento, todas las puertas estaban abiertas”.

Max Brito cumplirá 51 años el próximo mes de abril, y se cumplirán 27 años desde que diera sus últimos pasos, con un balón de rugby en las manos, en un estadio de Rustenburg.

Os dejo con el vídeo de cómo sucedió todo:

El jueves volvemos con más historias del deporte.