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Qué fue de… todos los demás Qué fue de… todos los demás

"Cualquier tiempo pasado fue anterior"
Les Luthiers

Archivo de la categoría ‘años 80’

¿Qué fue de Lucy Gutteridge, la prota de ‘Top Secret’?

¿Habéis oído hablar del grupo ZAZ? David Zucker, Jim Abrahams, Jerry Zucker. Responsables de al menos la mitad de lo que hoy recordamos como comedias ochenteras, tales como Aterriza como puedas o, llegado el ’84, la hilarante Top Secret, protagonizada por un jovencísimo Val Kilmer, en el papel del cantante Nick Rivers, y por una fantástica Lucy Gutteridge, en el rol de Hillary Flammond.

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Mucha tecnología, mucha innovación, pero llevamos usando las mismas pajitas desde 1954.

Ya os conté en otra entrada qué fue de Val Kilmer, pero hoy nuestra prota es ella: Lucy. ¿Qué fue de ella, después de escapar del ejército… ¿alemán? Lee el resto de la entrada »

¿Qué fue de Dave Coulier, el tío Joey en ‘Padres Forzosos’?

¿A que aún recordáis la musiquilla de la intro?

Normal: Padres forzosos nos acompañó durante ocho años, entre el ’87 y el ’95. Para que os ubiquéis en el tiempo: se estrenó solo 4 años después que Barrio Sésamo. ¿No os sentís súper mayores de repente? Ya.

La serie nos contaba la historia de la familia Tanner, compuesta en su parte troncal por el padre, Danny, y sus tres hijas, D.J., Stephanie y Michelle, pero ampliada por el cuñado (Jessie) y un amigo (Joey) del padre, que iban a ayudarlo a criar a las chiquillas porque, como todo el mundo sabe para bregar con tres niñas hacen falta al menos tres hombres adultos.

Pues el prota de hoy es el tío “payaso” de la serie, el punto cómico y mago de las voces, Joey Gladstone, interpretado por un Dave Coulier que por entonces tenía 28 tiernos años. ¿Qué fue de Joey?

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¿Qué fue del primo Larry, de ‘Primos lejanos’?

Allá por el ’86, que nos queda a unos impresionantes más de 30 años de distancia (tomaos un segundín si lo necesitáis, yo os espero aquí), se estrenaba para el mundo Primos lejanos, una de las sitcoms más recordadas de entonces, que nos contaba la curiosa historia de Larry, un tipo serio, neurótico, egoísta y cínico, a cuyo apartamento se mudaba su primo Balki: pastor de ovejas, ingenuo, bondadoso y recién llegado a los EE.UU desde su -ficticio- Mypos natal.

Pensándolo ahora, me recuerda un poco a la actual Dos chicas sin blanca, ¿no?

Total, que Primos lejanos se mantuvo en pantalla durante siete años y ocho temporadas, hasta que nos dijeran adiós en 1993 y Vanilla Ice le copiara el peinado al primo Balki. Después, se hizo muy difícil seguirles la pista a este par de primos.

Por hablar de alguno, ¿qué fue del primo Larry?

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¿Qué fue de Robert Oliveri, el niño de ‘Cariño, he encogido a los niños’?

¿Recordáis al niño de Cariño, he encogido a los niños? Seguro que sí, porque por entonces éramos muy de comedias familiares de estas super razonables, como esta, Beethoven o Poli de guardería.

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Cariño, he encogido a los niños era aquella peli del ’89 en la que un Rick Moranis aparentemente muy joven, pero por lo visto ya con suficiente edad como para ser padre de un niño y una adolescente, sacaba todo su lado freak para inventar un aparato que encogía la materia con intención de abaratar los proyectos espaciales, pero que por accidente acababa encogiendo a sus hijos y a los de los vecinos.

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El primo Balki, de ‘Primos lejanos’, villano en lo último de Netflix

Se escribe “primo Larry”, pero se pronuncia “pirimo Lary, no seas eridículo”.

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Es curioso que nos acordamos del nombre del primo Larry por cómo lo pronunciaba el otro primo, pero del nombre del otro primo ya nos acordamos menos, y nos liamos un poco. Larry era, claro, el de la izquierda en la foto, el cínico chicagüense. Y el de la derecha, el que lo llamaba pirimo Lary, era el primo Balki, Bronson Pinchot, venido desde su querida isla de Mylpo a vivir con su pariente en los USA.

Entre el ’86 y el ’93 disfrutamos de la intensa relación entre estos dos. Larry daba un poco de repelús, es cierto: algo absolutamente necesario para que al bueno de Balki le cogiéramos el cariño que le cogimos. ¿Qué fue de él? Lee el resto de la entrada »

Hablamos con Chelo Vivares, la actriz que habitaba en el traje de Espinete

Para muchos niños de este país hubo un antes y después, marcado por la llegada de Barrio Sésamo. Para otros muchos, como yo, ni siquiera existe un antes: no hay una memoria en la que Barrio Sésamo no exista. Así de importante fue.

Amigos, preparaos, que viene el tren :’)

Maravillosas tardes de pan con nocilla delante del televisor, cuando abandonábamos nuestras salas de estar y nos metíamos de lleno en aquella plaza, frente al quiosco de Julián o la panadería del inolvidable Chema, de la mano de un equipo de “niños como nosotros” que nos enseñaron los grandes secretos de la vida. Como por qué tenemos cosquillas, por ejemplo 🙂

Entre todo el maravilloso elenco de personajes que nos acompañaron tarde a tarde destaca, indudablemente, él: Espinete. Un enorme erizo de color rosa que caminaba desnudo y se ponía pijama para ir a dormir sin que a nadie le pareciera cosa extraña. Seguro que aún recordáis su voz, ¿verdad?

Pues esa voz es la de la mujer que habitaba bajo ese enorme y peludo traje: Chelo Vivares. Una de las actrices más icónicas de nuestra historia, que ha tocado palos como para llenar casi medio siglo de profesión, que es la voz de personajes tan conocidos como Ralph, Kernie o Rod y Tod, de Los Simpson, o Mandark de El laboratorio de Dexter, y a quien actualmente podemos encontrar en la sala Tribueñe de Madrid.

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Y que, además (seguro que muchos ya sabéis esto), era la mujer de Juan Ramón Sánchez, más conocido como Chema, el panadero de Barrio Sésamo, a quien en este blog ya dedicamos un artículo.

Pues Chelo, a quien le agradezco infinito su tiempo, ha aceptado hablar conmigo un ratito ratazo para contarme qué fue de ella, después de ser el erizo más querido de España:

Barrio Sésamo empezó a emitirse en el ’83. ¿Dime, Chelo, cómo llegaste tú al interior del traje de Espinete?

Yo estaba haciendo una cosa en televisión, y un día me llamaron a un despacho, me comentaron un poco del tema, me tomaron medidas y me dijeron “no te decimos más, pero si sale te va a gustar mucho”. Con el tiempo me llamaron para hacer una prueba física en un estudio pequeñito, una especie de casting con un montón de gente, e improvisé. Después de un tiempo me llamaron de nuevo para decirme que me habían elegido, y entonces ya supe de qué iba el tema.

¿Ya habías trabajado para el público infantil?

Había hecho alguna cosa de teatro, y colaborado en Un globo, dos globos, tres globos, pero nada parecido a esto.

¿Y cómo era estar en ese traje? Tenía que pesar una barbaridad.

Pesaba, pesaba un montón, no sé cuánto, pero el problema no era tanto el peso como que era completamente hermético. La complicación era la falta de oxígeno, se podía estar poco tiempo dentro. Se iba cortando cada poco para que yo me resfrescase y el muñeco se ventilara. Cada vez que me lo quitaba salía hasta con el pelo mojado.

¿Tú eres consciente de que tu voz, en su forma de Espinete, está grabada a fuego en la memoria de muchas generaciones?

Sí, claro. Da muchísima alegría y muchísima satisfacción. Además fue evolucionando, empecé tímida hasta que lo pillé, hasta que fue saliendo. Nos fuimos acoplando yo a los guionistas y los guionistas a mí. Había palabras en el guion que yo tenía claro que un niño no diría. Me fijaba mucho en los niños y en su manera de hablar, sus estructuras, así que yo iba diciendo el texto con un fraseo diferente de manera inconsciente. Pues eso: empezamos con más formalismos y fue fluyendo, evolucionó.

Lo bordabas, estaba claro que eras un niño, eras un espejo perfecto.

Sí, y es verdad que todo el mundo pensaba que lo que había dentro del traje era un muchacho, nadie pensaba que fuera una chica.

Eso pasa también en el doblaje, ¿verdad? Tú le pones voz a muchos chicos. Es tremendo lo que haces en Los Simpson. Te confieso que la frase de “yo me llamo Ralph” es un chascarrillo que me llevo a todas partes.

El personaje de Ralph es muy divertido, te confieso que de los que hago es el que más me gusta. Es muy tierno, me gusta mucho.

Además a ti es muy difícil reconocerte detrás de todas tu voces y registros.

A veces sí. Yo me he currado mucho que ninguna voz se parezca a la de Espinete, te lo digo. Pero también es verdad que muchas veces no es por la voz, es por la forma de hablar, por los giros, la manera de frasear. Cuando estás doblando te tienes que ceñir a lo que estás viendo.

Es impresionante lo que has hecho en doblaje.

Porque son muchos años. Pero lo suyo es que todavía trabajáramos más.

Ojalá. Seguro que no te digo nada nuevo, pero en España tenemos unos dobladores que sois magníficos.

Sí, desde luego. Hay personas que no lo valoran, pero yo defiendo el doblaje a capa y espada. Las versiones originales tienen su público, pero está bien que exista la opción, porque una gran mayoría no llega a ver versiones originales ni a leer subtítulos sin perderse escenas.

¿Y qué dirías que te exige más, el doblaje o la actuación?

Son cosas distintas, pero para mí ser doblador es ser actor de doblaje, y el actor de doblaje tiene que ser actor. Cuando estás doblando puedes repetir, y con imagen también puedes repetir. En teatro no, lo que sale, sale. Son partes distintas de un todo que es ser actor. Cuanto más tiempo estás y más palos tocas, mejor.

Y tú has tocado todos los palos.

Yo soy actriz desde el ’73, me ha dado tiempo a muchas cosas.

Chelo, tú estabas casada con Juan. ¿Te apetece hablar de él?

¡Claro! Me halaga que me pregunten por él, me encanta hablar de Juan.

¿Juan y tú os conocíais antes de Barrio Sésamo? ¿Ya estábais casados?

Nos conocíamos antes de Barrio Sésamo, sí. A Juan lo conocí cuando él estaba en Red de San Luis, y una de las componentes, amiga mía, enfermó y me pidieron que la sustituyera en unas galas. Ahí fue cuando yo conocí a Juan, y fue lo que se llama un flechazo. Quiero por cierto nombrar a mi amiga: se llamaba Macu Sanz y ha fallecido hace poquito. Y donde esté le mando un beso enorme.

Después de un tiempo yo hice el casting para Barrio Sésamo, él hizo el casting para el personaje de Chema y fue casualidad que nos llamaran a ambos. Estábamos a punto de casarnos. Cuando empezamos a rodar llevábamos casi tres años juntos. Fue como un regalo de bodas.

¿Y cómo fue trabajar juntos haciendo algo tan especial?

La gente siempre dice que “uuuyyy, trabajar con la pareja, ¡qué complicado!”. Nosotros nunca tuvimos problemas, era hasta más fácil, nos veíamos más. Sé que él lo pasaba mal porque yo siempre he sido muy bruta trabajando, cuando no podía más seguía aguantando con el traje, y él se enfadaba: “Que te he dicho que pares, que luego mira cómo sales”, pero no había más problemas.

Desde fuera se respiraba una química especial, no necesariamente entre Chema y Espinete, era como una buena sintonía entre todo el equipo, en todo el Barrio.

Era muy buen equipo. Todos los que estábamos allí trabajando. En tres años y pico claro que hubo alguna discusión, pero era muy buen equipo. Y con respecto a Juan pues… Es lo que más echo en falta.

Quienes entonces éramos niños fuimos muy afortunados, porque durante finales de los ’70 y todos los ’80 se hicieron cosas de muchísima calidad dirigidas al público infantil. ¿Crees que se ha perdido?

No, ahora no se hace, creo que no. En televisión hay mucha animación y punto, nada más. Hay algunos que están muy bien. Por ejemplo Peppa Pig está fenomenal, y la compañera que la dobla, Cristina Yuste, es magnífica.

Juan y tú trabajasteis juntos muchísimo tiempo, dentro y fuera de Barrio Sésamo. ¿Hay algo que recuerdes como un momento muy especial en vuestra carrera en común?

El momento Tribueñe. Llevo allí desde 2003. Fue un momento mágico, de mucho trabajo. Quiero aclarar que la sala no es nuestra, es de unos amigos que se la están currando, pero fue un momento nuestro en el sentido de que ahí curramos, sobre todo Juan, con todo su esfuerzo, sus manos, de obrero. Nosotros y nuestros amigos. Fue especial porque era una manera diferente de trabajar, porque Irina Kouberskaya trabaja de una manera muy especial y los dos sentimos que queríamos volver a hacer teatro.

Dices que Juan hasta puso ladrillos, yo tengo una amiga que a las personas como Juan las define como que “lo mismo te pintan un cuadro que una cuadra”.

Claro, es que Juan tocaba todo. Era pintor, escultor, hacía planos, hizo los planos de nuestra casa… El diseño inicial lo hizo un amigo en una servilleta de un bar, y Juan hizo la maqueta, que aún tengo en casa, y los planos para el arquitecto. Era algo que me fascinaba de él. Hacía de todo. Tocaba todos los palos.

He buscado por todas partes un cuadro suyo, sé que incluso tú hiciste una exposición hace unos años, y no he encontrado ni una foto de un cuadro de Juan. ¿Cómo podría verlo?

Pues yo tengo fotos, si quieres te las mando.

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar? Sé que te sentiste particularmente dolida con los rumores que durante años pesaron sobre Juan.

Sí, me gustaría dejar clara una cosa… Poco se puede añadir ante una estupidez como todas esas bromas de la harina y de las drogas… Solamente que las personas que en su día sacaron este absurdo, estos imbéciles que dijeron aquello por hacer una gracia, que llegaron a publicar que había muerto de sobredosis… No solo no hace gracia, sino que puede hacer mucho daño. A él no, pero yo monté en cólera. Lo leí en un periódico en papel y quería demandarlos, y él dijo que cómo íbamos a molestarnos en contestar a aquella tontería, que había que pasar de ello. Luego Juan se fue, siguieron diciendo estupideces y para mí fue peor. Me sigue haciendo daño.

¿Cambiarías algo de tu vida, Chelo?

Cambiaría algo. Pero todo lo que yo he ido haciendo ha sido producto de un momento determinado. Que ahora algunas cosas las ves tonterías pero como no se pueden ya cambiar, pues ahí quedan. Y todo lo bueno o malo que vas haciendo en tu vida va quedando también. De los errores se aprende y se rectifica. Y pobre del que diga que ya no tiene nada que aprender.

¿Te podremos seguir viendo mucho tiempo en el Tribueñe?

¡Eso espero! En verano no, que se cierra, lamentablemente. Pero merece la pena ir al Tribueñe, porque son unos montajes… Tanto de Irina como de Hugo Pérez, que es un genio. Merece mucho la pena ir a verlo.

 

 

Y Chelo, en su infinita amabilidad, nos ha enviado fotos de tres obras pictóricas de Juan.

Yo me quedé sin palabras al verlas. Qué gran verdad es que la marcha de Juan fue una pérdida para el renacimiento. Pero qué gran suerte que aún tengamos a Chelo, que es otro de esos regalos geniales que aún nos quedan de aquella época maravillosa en la que todo un país se enamoró de un enorme erizo de color rosa.

Gracias por todo, Chelo. Por todo :’)

 

Michelle Pfeiffer vuelve este año al universo cómic con Marvel

¿Sabéis cuántos años de carrera artística lleva Michelle a sus espaldas? Cuarenta. Se dice pronto, ¿eh? Pero hace cuarenta años la mitad de los lectores de este blog no había nacido, y de los que quedan pocos tienen memoria histórica de por entonces. Y conste que me incluyo.

Pero todos sabemos quién es Michelle Pfeiffer: aquella secretaria inocente a quien una banda de gatos macarras casi se comen viva. Repelús no, lo siguiente.

Pero hagamos un repaso rápido: ¿quién es Michelle Pfeiffer?

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Michelle en los Golden Globes de este año (GTRES)

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¿Qué fue de Bob Saget, el padre de ‘Padres Forzosos’? (Aviso: no te lo vas a creer)

Si alguien necesita hacerse una idea rápida de las pintas que nos llevábamos allá en los tempranos ’90, nada como mirar una foto de familia Tunner.

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Así estaba la cosa, y eso que a ninguno se le ve dónde lleva la cinturilla del pantalón.

La cuestión es que esta familia difería un poco del concepto de familia habitual en las sitcoms americanas de la época: era un hombre viudo, Danny Tanner, con sus tres hijas, D.J., Stephanie y Michelle, y al que iban a ayudar a criar a las retoñas su cuñado Jessie y su amigo Joey, porque para bregar con tres niñas hacen falta al menos tres hombres adultos, como todo el mundo sabe. O una madre española, también vale.

Pues hace no mucho os contaba yo qué fue de las niñas de Padres Forzosos, y que ahora andan por Netflix con Madres Forzosas (Fuller House), que repite elenco prácticamente al completo, incluido el propio Danny. Pero, aparte de eso, ¿qué más ha estado haciendo Bob Saget por la pantalla? Lee el resto de la entrada »

¿Qué fue de Javier Gurruchaga? Si no lo has visto de Trump, no has visto nada

¿Recordáis a Javier Gurruchaga, verdad? Pues claro, cómo olvidarlo…

Javier Gurruchaga enero 2018

Gurruchaga en le premier de ‘C´est la vie’, el pasado 23 de enero (GTRES)

Pues resulta que el otro día estábamos en mi casa viendo Tiana y el sapo, que la ponían por la tele, y de repente en un rollo muy Nueva Orleans y muy Disney va el malo malísimo, el Doctor Facilier, y se arranca a cantar como un loco. Y de esto que mi marido y yo alzamos la barbilla (como si eso ayudara a oír mejor), nos miramos y… “¿Ese es Javier Gurruchaga?” Ahí que nos fuimos a ver el reparto de doblaje de la cinta y ¡sí! Era Javier Gurruchaga. Inconfundible.

Y las cosas como son: el papel le pega como anillo al dedo, con su excentricidad y sus plumas. Casi hasta diría que se parecen.

Total, que me quedé pensando “¿y qué sería de Javier Gurruchaga?”. Y, además de releer este artículo que le dedicó mi predecesora en este blog ya en 2016, lo encontré imitando a Trump a principios del año pasado, y mi vida ya nunca volverá a ser la misma: Lee el resto de la entrada »

Cuando Gary Oldman era un adolescente perdonavidas

Sabéis cuando veis vuestras fotos del instituto y pensáis… ¿Pero cómo podía ir yo por ahí con esta cara de perdonavidas? Pues eso es un poco lo que le pasa a Gary con sus papeles.

Gary Leonard Oldman, galardonado recientemente con una estatuilla en los premios del Sindicato de Actores, es un señor actorazo que, a puntito de cumplir 60 primaveras (concretamente, el primer día de primavera), lleva treinta y seis años en la industria del cine, no solo como actor, sino también como director, productor, guionista y hasta músico.

Entre sus últimos trabajos donde lo encontramos reconocible está, por ejemplo, El otro guardaespaldas (que os recomiendo, si no habéis visto, porque es de lo más entretenido que se ha hecho últimamente), en la que hace de malo malísimo y comparte protagonismo con Ryan ReynoldsSalma Hayek y, claro, Samuel L. Jackson, que está en todas partes (aunque no siempre fue así).

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Y digo que está aquí reconocible porque Oldman es camaleónico como pocos. Que ya sé que me diréis que es cuestión de aguantar horas de maquillaje, y no os quitaré la razón, pero el maquillaje sin talento no sirve de nada, you know, además de que Gary es famoso por su capacidad para modificar y modular su propia voz. Y para muestra un botón: no hay más que verlo en su papel de Winston Churchill en El instante más oscuro, también de 2017.

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Si buscamos entre sus títulos más rimbombantes, seguro que no tardamos en llegar a encontrarlo interpretando al comisario Gordon en El caballero oscuro, a Dreyfus en El amanecer del Planeta de los Simios, a Sirius Black en qué-sé-yo-cuántas de Harry Potter y, evidentemente, al temible Dracula en Dracula, de Bram Stoker.

Aunque también puede presumir de currículum con otras tantas como El topo (que le valió una nominación al Oscar), El quinto elemento, León, JFK: Caso abierto, El poder del dinero, Amor a quemarropa o La letra escarlata,(que sí que ya sé que faltan, que si las pongo todas esto parece el rosario de la Aurora), que fueron bombas de taquilla y público. Y si en todas ellas tiene algo en común, aparte de que en su estado natural se da un siniestro aire a Bryan Cranston en Malcolm, es que sus ojillos azules se reconocen detrás de cualquier caracterización posible (siempre que no le pongan lentillas).

Pero esto no siempre fue así, amigos. Porque cuando este londinense empezó a actuar tenía veinticuatro añitos y, ni de lejos, ni con todos los ojillos azules del mundo, se le reconocía como lo podemos hacer ahora. Lee el resto de la entrada »