Tudo Está Bom de Kosmik Band (2022)

Un debut multicultural, editado por Roundtrip Records, desde España a la Argentina, pero, sobre todo, el Brasil que todos amamos. Hoy, ayer, mañana, nada será igual desde que se marchó al cielo Gal Costa. Aunque canten Tudo esta bom para abrir el LP. Voz en portugués, voz en español, percusiones nutritivas mientras miras el mar. Algo de amago de tropicalismo calmado, madrugada para todos los que buscamos guitarras afiladas como las manos traviesas que alivian la soledad: «Te veo llegar, mamá».

La época en la que Moreno Veloso programaba bases imposibles mientras fuera silbaban blues como el de Despetalar. ¿Qué mezcla es esta, te dirás? Es un camino lleno de intersecciones en el que todos nos podemos encontrar cómodos. El ritmo jamaicano de Casa da floresta es un destilado de todo lo que puede ser bello en la música, contemplativa, mántrica hasta ser impúdicamente divina. Ya he hablado del cielo, de las estrellas de la noche, de Seu Jorge cantando por David Bowie, de las semillas que dejó Seru Giran en Buzos a finales de los setenta.

Las canciones de Kosmik Band son como un abrazo, por eso no es extraño que un tema como Lua mama resulte tan emocionante. Aquella estación pasó como el fuego de una hoguera, dando calor cuando ya no hacía falta y esperanza cuando se había terminado el amor. Un poco de pop anglosajón, con especias propias, por supuesto, se puede escuchar Aqui y agora, con sus arpegios y juegos vocales que se elevan, otra vez, angelicales, para acabar casi llevándonos a la pista de baile, con un poco de Two man sound antes del aullido final, una sirena que se postra en Mangalam, siempre es breve el agua cuando la sed aprieta.

Enzo es el porteño, La Charo canta con Nana y el El Twanguero aporta su guitarra groove, con tanto repertorio como le pidas. Spinetta o Veloso, africanos y latinos, entre medio un minimalismo que, lejos de ser reduccionista, impresiona con su alcance. Y el cierre, algo de candombe, un poco de Cazuza, algo de Zitarrosa, mucho de Jorge Ben.

Lo mejor del año 2022 para Motel Margot

Lista subjetiva, amable e incompleta de lo escuchado, leído y visto en estos últimos doce meses. Listas incompletas y, posiblemente, con graves olvidos, pero, como se suele decir en estos casos, no están todos todos los que son pero son todos los que están.

Libros españoles favoritos del año


1. Malaventura de Fernando Navarro
2. Todos los museos son novelas de ciencia ficción de Jorge Carrión

3. Circular 22 de Vicente Luis Mora

4. Ustedes brillan en lo oscuro de Liliana Colanzi
5.-El libro de todos los amores de Agustín Fernández-Mallo

Libros extranjeros del año

1. Aniquilación de Michel Houellebecq

2.-El pasajero/Stella Maris de Cormac McCarthty
3. El chicle de Nina Simone de Warren Ellis
4.-You are beautiful&you are alone (Biografía de Nico) de Jennifer Otter Bickerdike
5.-El crepúsculo del mundo de Werner Herzog

Cultura pop

1. Toma de tierra de Bruno Galindo (parte 1 y parte 2 y parte tres)
2. Canción de amor definitiva de Jorge Martí
3.-Algunas palabras sobre Retrato Underground de Lucy Sante
4.-Bessie Smith de Jackie Kay
5. Barcelona fantasma de Ramón de España (parte 1, parte 2)

Tebeos

1. Olot de Dr.Alderete

2. El regalo de Zoe Maeve

3. El departamento de la verdad de James Tynion IV / Martin Simmonds
4. Roschard y Mr. Milagro de Tom King y otros (atentos a las reediciones que se vienen en 2023)

5. Hulk de Al Ewing

Series

1. Andor

2. Severance


3. Hulka

4. FROM
5. Chapelwaite


Discos


1. Miqui Puig canta Vol.7
2. 2. Suelta ø muerde de Santi Araújo
3. Flute de Tensura
4.-Bellaurora de Egon Soda

5.Arde de Arde

otras recomendaciones: Lee el resto de la entrada »

Algunas palabras sobre Viento herido de Carlos Casares

Con traducción de Cristina Sánchez-Andrade e ilustraciones de Xulio Maside la editorial Impedimenta recupera uno de los libros de cuentos más explosivos de los años sesenta en nuestro país. En 1967 Carlos Casares dejó caer las llaves de la modernidad en el abismo que todavía era España. Literatura del S.XX que se ha perdido para el público español por la intimidad de la distribución de la narrativa gallega. Ahora, por fin, llega hasta nosotros. Y nos golpea. Como tiene que hacer un libro. Da igual los años que pasen. Dictadores, libertadores, monstruos, verdugos y salvapatrias. Galicia es tierra de muerte y de ánimas, pero también de esperanza y verde de lluvia. Escribía Gonzalo Ballester sobre este libro y, en sus palabras, había semilla, porque del ingenio lúdico crecía la flor de la literatura. Son como cortes rápidos, de lectura breve, son personajes universales que no necesitan más trasfondo que un día, unas horas. Historias que son universales en manera de arder intensamente, consumirse y dejar una ceniza que es, a la vez, recuerdo y sustento para que, permitan que insista, volver a ver crecer otras historias. ¿Repetir lo malvado o escapar hacia el lujo de la inconsciencia?

«Crueldad infantil, venganza perenne, alcohol mal digerido, miseria y lujuria, represión y soledad, calles pútridas donde la esperanza es un personaje que nunca es bien recibido. Venganza, sangre, canciones populares, ¿he hablado ya de miseria? ¿y de la muchacha del circo? ¿y de los lindes de la tierra como una muralla de Jericó son trompetas?»

Hermanado con otros cuentistas del realismo social de la época como la gente de Madrid de Juan García-Hortelano, los conspiradores de Daniel Sueiro o más alejados, como José Suárez Carreño y la magnífica obra Las afueras de Luis Goytisolo, de 1958, pero que empasta perfectamente con la manera en la que contempla a la sociedad española, una sociedad detenida en décadas que transcurren monótonas. Incluso en 1973, El viento se acuesta al atardecer de José Luis Martín Abril puede servir como cierre de una línea invisible pero robusta de cuentistas, de narradores, de escritores que hacen de lo anécdota mínima, atrapada en ámbar, una suerte de explosiva semblanza que queda marcada, como si fuera el resultado de una explosión nuclear, en las paredes de la sociedad que se desmorona. Un recordatorio de la misera, desde Galicia hasta Andalucía, pasando por la lírica urbana de Umbral, la cinegética de Delibes o la experimental de Cela. Trío seductor y que contaba con una mayor inmunidad para desarrollar sus experimentos críticos.

Publicado en 1967, Viento herido, no importa nada, la intensidad de la luz, de la oscuridad viajando a otra velocidad, el pasado ya está aquí y viene con hambre atrasada. Un escalofrío que te devuelve a la realidad.

Algunas palabras sobre El crepúsculo del mundo de Werner Herzog

Una novela, «El crepúsculo del mundo», que funciona como un diario del tiempo detenido, como un guion que atrapa la selva, un hombre que se dirige hacia la lentitud como si su alma, abrasada en ámbar, recorriera la historia de una parte del S.XX. ¿Qué lleva a un hombre como Herzog, un alemán, admirado por Truffaut, perseguido por el fantasma de Murnau, un artista que respira, que siente la vieja Europa, a penetrar en la jungla, a dejar que los insectos y los hongos narren la historia que parece el fantasma de una historia? Quizá exista una fijación por la humedad, por la locura que trae el ensordecedor ruido blanco que las lianas, la exuberante vegetación, la orquesta entomológica, genera en él. Si Aguirre fue la cólera de Dios, Onora es el arma abandonada por Dios. Un arma reluciente por la voluntad del hombre ante el óxido del tiempo.

Edita Blackie Books y se puede adquirir aquí.
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Algunas palabras sobre You are beautiful&you are alone (Biografía de Nico) de Jennifer Otter Bickerdike

Una vida de belleza y soledad, Nico. Eso es lo que encontramos en You are beautiful you are alone , la biografía de Nico escrita por Jennifer Otter Bickerdikey y editada por Contra. Aquí puedes adquirir el libro. Las páginas recorren su vida, desde la caída de Berlín, la niña rubia que se descubre para Europa, el cine y las páginas centrales y las portadas y Dylan y Brian Jones y Andy Warhol. Pero antes Alain Delon y Ari. Y viajes y anfetaminas y Lou Reed y John Cale. Siempre John Cale.

«Siempre el Super 8, siempre la necesidad de capturarlo todo. Esta biografía de Nico es magnífica, sin obviar los años de The Factory se adentra en las décadas malditas, las décadas perdidas, los años del armonium y el opio, la degradación deseada… ¿puede una flor marchita ser todavía más bella que el sol? Quizá sea la luna, una luna rubia que acaba en el marrón de la muerte impregnando las esquinas».

Es la historia de Nico, la diva que descubrió Manchester antes que Morrissey, la mujer que no conocía tabúes, que hacía conciertos de punk al otro lado del Telón de Acero. Que mezcló cigarrillos y sustancias porque la vida era el camino hacia una muerte seductora. La viola de John Cale como sostén para la última entre los poetas románticos. Ella. Tú. Nosotros. La iguana y el lagarto. Todos domesticados. Todos arrebatados por la primera divinidad del siglo XX y el último referente del XXI. Acompáñenme, escuchen. Beberemos lágrimas y nos fumaremos los recuerdos que dejó entre nuestros papeles. Algunas canciones para escuchar durante el viaje.


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Uva-Uva de Flash Amazonas

En las aguas que se funden bajo las luces de la discoteca, ahí es dónde nadan los Flash Amazonas, sonido Filadelfia, algún metal perdido, que reluzca, samples y voces distorsionadas por ordenadores antropomorfos. Abre con Panda, pura melaza sacada de los sueños de Plastilina Mosh para meter algo de Jamaica, algo de dulzura de Los Amigos Invisibles en visita a Tokyo Attakai-Toki. Hay un monstruo enamorado que quiere volver a los ochenta y está dispuesto a alimentar todas las percusiones electrónicas con su aliento nuclear. Un poco de los teclados chiclosos de aquel Scary Monsters (and Super Creeps) de David Bowie en Koiki-na-ippiki-ookami para envolvernos en sueños repletos de sodas con colores vistosos, casi de neón estropeado. Seguimos envueltos en una batidora de estilos, un poco de punk sencillito, punk pánico al modo chileno, especiado y con ecos de Objetos Volantes no Identificados, un tormento de casete, una adicción que crece dentro de mí para llevarme a divertidas estructuras de krautrock, como beberse medio litro de pisco y medio litro de sake y pensar que el Aviador DRO fundó una religión antes de inventarse los tranquimacines. Qué bello es descubrir Nuevas estructuras atómicas. Edita (60nice, 2022)
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Detente bala de Las novias (autoeditado, 2022)

¿Qué son Las Novias? Parte del canon de nuestra música. La tuya y la mía. ¿Has visto el fuego caminando alguna vez a tu lado? Si no lo has hecho es que tú mismo eres el incendio. Pero escucha el primer tema, escucha Detente bala y verás que Toño tiene el fraseo de Nick Cave en sus últimos discos mayúsculos, aquel Push the Sky Away, donde la carretera termina en carteles de prohibido totalmente oxidados. ¿Recuerdas a Robert Smith en una noche sin fin, en una autovía que buscaba la redención? Tienes todos los años por detrás. Avanzaré, lo prometo, pero es que el primer tema es lo mejor que he escuchado en décadas. Quizá en Misericorde los arreglos sean como las botellas llenas de niebla que burbujean en la ciudad esqueleto, química sobre las mesillas y las guitarras que crujen hacia una voz épica, como unos jinetes sobre la tormenta que nunca acaba de explotar. Las Novias eran punk de televisiones desintonizadas, eran queroseno en barriles al que acercar nuestras manos y sentir un poco de calor. El calor no tiene que ser vida, solo es eso, calor. Así que escuchemos la historia de Dos hemisferios y esperemos que el dios al que rezamos sea el correcto.

Este Detente bala no tiene nada de repetición, es como un sello que ha refrescado su tinta, un disco que encadena las canciones entre ellas y llega hasta tu alma. Con una producción sin capas que desmerezcan la validez de los temas, sección rítmica y guitarras y la voz de Toño. La manzana sobre la cabeza de la mujer de William S. Burroughs, Joan Vollmer. Antes hablaba de punk, aceleramos tanto que LF podría estar en el catálogo donde Glenn Danzig elegiría su próximo traje contra el viento. Las guitarras con las que comienza La mala hostia es como si un cadáver estrenara un abrigo y le preguntara al aire acabado cómo le queda. Dame sustancias con receta y te devolveré algo parecido a una sonrisa. Entramos en Sirio como una redada de ancestrales mitos, que sueñan bajo el mar o en lo más oscuro del espacio profundo: todos sabemos que las estrellas besan sin labios y que el mejor premio es mantener virgen el tuétano de nuestros huesos. Un poco de luz, como una versión steampunk de Franco Battiato.

«Discapacitados por la propia existencia, Hilo rojo es una espera, como si fuera más importante los minutos antes de la obra que la obra en sí. Pienso en Las Moiras viendo a Johnny Cash cantando Bird on the wire en un laberinto, tratando de calmar al Minotauro».

Una mitología particular, ese panteón de Las Novias, que no se cortan en El espíritu de la escalera a meter un bajo Peter Hook, llevándonos al tiempo de los juegos de las sombras. Dicen que todos los suicidas se quitan los zapatos antes de lanzarse por la ventana. Uno no muere hasta que lo olvidan. Así que brindemos y recordemos. La calle es un cuchillo de viento que del norte arrastra enfermedades hasta nuestros pulmones. Un poco de Sincronización para devolver a las tablas la potencia de los martillazos. Puedes destruir la geometría, pero siempre te quedará la metafísica. No existen las casualidades, existe el destino. O al revés, que cada uno elija. Enganchamos con Ruido blanco, que coloca por todo lo alto el final del LP, parece que la victoria definitiva es verse derrotado en la noche. Letra y música, trepidación, las voces en la cabeza del poeta maldito son como ese ruido blanco al que cantan Las Novias. El cierre llega con Las trincheras de Hadal, un veneno que se esparce, un ambiente de guitarras que entrelazan telarañas de arpegios mientras avisan de que la tormenta de la que hablé al principio está a punto de estallar. Una fábula narrativa, un lugar donde esconderse, la ciudad esqueleto empieza por Z.

Carnales que buscan figuras de la Santa Muerte en un tianguis. Qué belleza cuando lo hermoso vuelve a casa. De afilada cuchilla es el beso que me dais, admiradas Novias.

Algunas palabras sobre Olot de Dr.Alderete

 

El Dr. Alderete ha vuelto al Motel Margot. Ya estuvo con Mariana Enríquez y El año de la rata. Siempre tiene una habitación aquí. Él y su theremin. Él y los recuerdos de los años en el Zona de Obras. La editorial de tebeos AUTSAIDER COMICS ha editado su nueva novela gráfica, una historia sobre Olot y sus misterios. Pero vengan, por favor, no se asusten. Como siempre escuchen y vean… el doctor siempre tiene el jugo adecuado para su terror.

Aquí una mixtape para hacer más intensa la experiencia y promover el uso de todos los sentidos posibles.

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Algunas palabras sobre Un hijo cualquiera de Eduardo Halfon

Un hijo que se descubre siendo padre, un padre que no quiere dejar de ser hijo, Eduardo Halfón penetra en el espacio que es el limbo de la paternidad, demiurgos todos sin formación. Un dedo, una alergia, la sensación de ser un superviviente y la responsabilidad que ello conlleva. Un amigo que se ha quitado la vida, el dolor que se compensa con el sueño narcótico de un hijo de seis meses. Aquel amigo que coleccionaba gusanos de seda: <<Soy, somos, un suicido en ciernes. Estamos todos a una, dos o quizás tres desgracias de sentirnos tentados por esa puerta abierta>>. Pero aunque uno necesite, según Albert Camus, más coraje para vivir que para quitarse la vida, un café recién hecho y levantar a tu hijo porque es hora de llevarlo al colegio es la verdadera resistencia. Edita Libros del Asteroide y se puede adquirir aquí.

Leo el Montevideo de Enrique Vila-Matas mientras hago lo propio con el libro de Halfón. No seré el único. Yo, en una dimensión tan abajo que no se ve ni con lupa, encuentro repetidas las ideas en los grandes: París como lugar de peregrinaje para el escritor.

«¿Qué hacer en un pueblo de menos de dos mil habitantes? ¿Qué hacer si tienes que preparar clases antes de acabar la novela? ¿tenemos derecho a preguntar a un editor que nos llenará de excusas como nuestro hijo de besos? Dice mi mujer que mi hijo disfruta cuando me ve reír. Que soy un padre serio, nunca lo había pensado».

¿Por qué no hablas del libro de Eduardo, Octavio? Lo estoy haciendo. Estoy casi seguro que Eduardo tampoco será un papá de risa fácil, quizá me lleve la contraria. El hijo que lee el mismo libro. Los escritores suelen hacerlo, así que no hay un porqué para sus vástagos. Los que juegan a ser escritores y, en realidad, son lectores, fagocitan sin entender cientos y cientos de libros.

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Planeta de cristal de Elem (Autoeditado, 2022)

La tercera grabación de Elem es la cristalización de un proyecto donde el cambio y la mutación son una constante. La voz de Elem, la solista del futuro, es lo único que permanece inamovible. Desde sus comienzos como cantautora, pasando por su anterior entrega como una Deborah Harry al frente de una banda de rock, en Planeta de Cristal atrapa lo mejor de todas las dimensiones del pop y les da un barniz de electrónica que prepara el material para el baile. ¿Siguen existiendo neones suficientes para artista como ella? En los directos lo veremos, por ahora nos quedamos con las canciones, con el plástico, con la noche y el día que es también noche, porque el recuerdo es más fuerte que la realidad: sorprende la valentía de abrir con Llévame lejos, con una balada de potencia narrativa, sostenida por guitarra y pianos mínimos, que abre el camino hacia la explosión de Catarsis, que recuerda a La Bien Querida de Ceremonia, onda fría llevada con elegancia, algo de ochentas bien entendidos, con sintetizadores que burbujean en el camino hacia distintas promesas, incluyendo mordiscos de electricidad para dejar paso a Planeta de Cristal, con la fase más lírica de Fangoria, sin miedo a la subida de la marea. Hay miles de opciones donde el bajo programado engarza con batería real en una producción sobresaliente a cargo de Manuel Cabezalí.

«Repasamos la lista de afines, entre los Dorian recién llegados de una disco de Buenos Aires pasando por Lana del Rey cantando «El chico que gritaba acid» con un korg recién sacado del fondo de un trastero. Un single imbatible, para la pista y para tu habitación, un rato antes de salir de juerga (los que todavía lo hagan, claro)».

Con Última superviviente Elem saca lo más psicodélico que le ofrecen las máquinas, desde percusión básica hecha con los dedos, hasta un corazón sacado de una caja de ritmos, hasta que los sintetizadores piden un minuto de tregua, para ella o para el oyente, habría que preguntar si todavía queda un habitante que la espere en la ciudad de la furia. Dame un piano y una voz como la de Elem y construiré un nuevo mito para esta civilización que cada día está más sumergida. El cierre llega con El fin del mundo. Es silencio cuando es arreglo, en el terreno de Elizabeth Fraser cuando acudía a la llamada de This Mortal Coin. Una letra que devuelve al romanticismo su valor en la canción pop. Sin cursilería, ante el hongo nuclear solo queda grabar una casete con la voz de Julee Cruise despidiéndose de Angelo Badalamenti. Un trabajo donde se mezcla la calidez de una compositora superlativa y unos arreglos y una producción que, como diría Morrissey, «Hand in globe». Ojalá te viera Sandie Shaw, querida Elem, sobre el alambre.