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No me judas Satanás Vol 2 de César Martín (Popular 1 Books, 2021)

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La segunda entrega de las biografías de los mitos más tóxicos del panteón pop no defrauda en absoluto. César Martín salta de década en década, de expresión artística (cine, música, asesinatos rituales…) y de opciones personales con una solución de continuidad basada en el excentricismo. Documentado y subjetivo, cada texto es sugerente y nutritivo. Películas de serie Z animadas por cartón piedra, afición por la piel humana, la manera en la que Axl Rose y sus cuatreros devolvieron la actitud conquistando el barco de los piratas neorrománticos en los noventa, Dean Martin el egoísta que plantó cara a Sinatra, vodka y zumo de naranja mediante, el viejo Dino, hastiado de odiseas hepáticas busca entre las páginas la manera de superar a Steve McQueen sin tener que ponerse una chupa.

Evasión o derrota para los que intentan enfrentarse a Godzilla y sus mutaciones, al metraje reciclado, al canalillo de Elvira, al demerol y la bencedrina, a Duane soñando con su propia muerte mientras dedica un ejemplar de Performance Rockin’ the Fillmore a un fan de Humple Pie. Pienso en las figuras de acción del Planeta de los Simios, la primera vez que les puse a mis alumnos el final con la estatua enterrada en la playa y cómo se estremecieron con el beso de Charlon Heston y Ari, pienso en todos los restos de uranio enriquecido con el que desinfectaba el instrumental Egas Moriz para convertir a Frances Farmer en Becky.

La papela de Tallulah Bankhead, la de Martin Scorsese y la cualquier que pasara por las filas de Thin Lizzy. Garras escondidas bajo la ropa, Jessica Lange cantando Gods&Monster de Lana del Rey en un búnker privado donde sobreviven los últimos restos de la República de Weimar.

En ebay se venden la orina de Howard Hughes como si fuera del Señor Burns. Si te das prisa podrás pillar algún resto de uña o pelo. Una peluca de Verónica Lake para John Waters y Slash preguntando al camarero del hotel en qué lugar del mundo es mediodía para empezar con el Jack Danields.

Sigue vendiendo entradas para el concierto de la banda tributo a Jim Morrison y yo mismo sacaré a Burt Lancaster de la piscina donde flota el cuerpo de Hannah Montana.

Abecedario privado de la Movida Madrileña (tercera parte)

Aquí se puede leer la primera y la segunda parte

Tercera y última mixtape de la Movida y sus esquinas más recónditas

Tango: resultaría complicado encontrar una referencia más folklórica y barrial en la Movida que el tango. Una versión castiza, más cerca de la Verbena de la Paloma que del lunfardo porteño, el tango en los ochenta tiene nombre y apellidos: Antonio Bartrina. Su proyecto Malevaje resumía lo más macarra de la época en unas canciones, primero revisiones a su manera – Malevaje, Mano a mano, Margot o Confesión-, en aquellos dos discos, que yo compré en un cedé recopilatorio, Malevaje de 1985 y Margot en 1986, que además aparecen bajo el auspicio de un sello mítico como es Tres cipreses, y luego la evolución posterior, con temas propios e incluyendo en los textos giros propios del hablar de la capital.

En las primeras alineaciones estaban, además de Bartrina, representados otros grupos como Gabinete CaligariEdi Clavo en la batería- o Los Coyotes –Ramón Godes en la guitarra y Fernando Gilabert en el contrabajo-. Una estética que mezclaba el tupé rocker con la brillantina al modo Gardel y compinches como Víctor Coyote o Alberto García-Alix que, con su cámara, atrapó la eternidad del tango en un instante.

Umbral, Franciso: En Motel Margot siempre hay una habitación para el maestro Umbral y sus admiradoras. Se pide la llave en la entrada y el escocés, la bencedrina y el tóner de la Olivetti corren de cuenta de la casa. Umbral pudo haberse enterado o no de qué iba eso de la Movida Madrileña. Pero, creo que, realmente, le pilló algo mayor.

“La Transición le permitió avanzar en el camino que unía al maldito de provincias, seducido por la prosa disciplinada de Miguel Delibes y la experimentación de Camilo José Cela hacia el Enfant Terrible que comediaba en la televisión, dandy postmoderno y catódico, electroduende sin programar, rijoso entrenado con capacidad limitada, solo hasta las primeras horas de la madrugada. Pero la Transición se dejaba pintar por la pluma dotada del maestro, la Movida era efervescente, sin sustrato intelectual o, cuando lo tenía, mal digerido: futurismo, situacionismo y postmodernidad…. cuando tú le tienes que explicar a los modernos la base filosófica de su acción poca contracultura estarán enhebrando”.

Umbral encontraba la magia del parnaso en el Madrid de finales de los cincuenta, treinta años más tarde su única rebeldía era llevar las patillas tan largas como los rockabillys que venían de Barcelona. Eligió a Ramoncín y Alaska porque eran de lomo abrigado y se dejaban acariciar. Los punks querían comprar en la Cuesta de Moyano y los poetas poner música de Lou Reed a sus sonetos. Cuentan en que la presentación de un libro de Francisco Umbral se pegaron Ramoncín y Eduardo Benavente. Esos dos sabían pegarse lo mismo que yo. Ahí estaba Umbral, en 1980, viendo a los Ramones, con una mirinda caliente, dándole o quitándole el titánlux a las muchachas que pasaban a su alrededor, perdido, aburrido, con ganas de irse a la cama. No se daba cuenta de que la historia no había hecho más que empezar. Lee el resto de la entrada »

Abecedario privado de la Movida Madrileña (segunda parte)

Seguimos con el repaso personal al abecedario de la Movida Madrileña con la inspiración del magnífico volumen de Javier Menéndez Flores Madrid sí fue una fiesta (Editorial Planeta, 2021)

Primera parte

Segunda mixtape para acompañar la lectura de este abecedario

Lovecraft H.P: el escritor de Providence fue una de las influencias literarias más importantes para los letristas de la onda fría, del siniestrismo español. La edición de sus primeras traducciones en 1970 de Alianza Editorial, bajo el mando de Rafael Llopis y Francisco Torres Oliver, alimenta las pesadillas de Bernardo Bonezzi, que hace aparecer el canto a sus primigenios en La Venganza De Tchulu de su primer LP, Extraños juegos, aunque fueron las letras de José Luis Fernández Abel con su banda Alphaville donde el autor de Nueva Inglaterra se hace hongo y musgo en la Movida: uno de sus temas más conocidos, De máscaras y enigmas mantiene la ambigüedad de la obra del autor americano y El Modelo De Pickman remite directamente a uno de sus relatos cortos, también los sonidos de temas como Stregocia o Nijinsky (El Loco) resultan ciertamente parecidas a las invocaciones de los seguidores de Dagón. No fueron los únicos, se lo aseguro.

Makoki: ¿Y los tebeos? Sin tebeos no hay movida, pero el único que se detiene y compone un tema a un icono del underground chungo español es Fernando Márquez ”El Zurdo” en una de las pocas grabaciones de Paraíso. Más allá del himno bucólico Para ti, “El Zurdo” escribe una oda punk, llena de descargas eléctricas, violencia policial y olor a tinta barata. Más cerca de Kaka de Luxe que de Paraíso, sin Makoki no hay futuro.

“Otros músicos de la época que hacían sus pinitos en las viñetas de los fanzines fueron Víctor Coyote, Sabino Méndez, Toni Marmota o el mismo Diego Vasallo de Duncan Dhu -les animo a buscar el número especial de DRO de Zona de Obras y encontrarán una de las historias más evocadoras de aquella época que he tenido el gusto de leer-. Capturamos algunos recortes para su posterior investigación”.

Sabino Méndez el intocable

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Abecedario privado de la Movida Madrileña (primera parte)

La pregunta sería ¿hacía falta otro libro más sobre la Movida Madrileña? Sí. Respuesta contundente. Respuesta real y emocional. Porque en este volumen, Madrid sí fue una fiesta (Editorial Planeta, 2021) no se respeta nada, ni se evita la realidad. La Movida también eran Sabina y Bosé, Aute y Mecano. La Movida no solo era plástico y purpurina, también era jeringa y neón. Por eso este libro de Javier Menéndez Flores aporta una visión realista, amplia, total, de la efervescencia creativa que comienza a finales de los setenta y dura hasta el final de la Expo de Sevilla en 1992. En su honor, reduzco mi visión a un abecedario, provocador y subjetivo, hedonista y personal. Espero que os guste.

No podía faltar una mixtape con los recovecos más oscuros de la narrativa privada de la Movida Madrileña (primera parte)
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Favoritos de Motel Margot en este 2021

Otros años he colaborado en distintos medios como Octavio Gómez sobre todo eligiendo lo mejor de la música aragonesa y, a veces de la literatura… este año me atrevo a abrir el Motel Margot a una lista mucho más amplia. Mis favoritos:

Discos

Celebración del trance profano de Les Conches Velasques
Las discotecas de la tarde de Tachenko
El apego de Julio de la Rosa
Cocodrilia de INDY TUMBITA & THE VOODOO BANDITS
Intuición de Fajardo
Polvo de Battiato de Ángel Stanich
Ateretlov de Tzesne
The Doublethink de Goldstein Now
The Biomechanical Toy de The Biomechanical Toy
2021 de Dani Garuz
Espejismos de Calavera
Arista rota de Metralla

Libros

Días de Nueva York y otras noches de Fernando Sanmartín
ÉRASE UNA VEZ EN HOLLYWOOD de QUENTIN TARANTINO
Todos mis anhelos de Eva Puyó
Trayéndolo todo de regreso a casa de Patricio Pron
Estampas del valle de Rolando Hinojosa-Smith.
Siempre quiero ser quien no soy de Aloma Rodríguez
Las coordenadas de la existencia de Fernando Sanz
Las setas y otros relatos de la era pulp de Vicente Muñoz

Biografía, ensayo y otros

Conversaciones con Ana Curra de Sara Morales
No me judas, Satanás de Cesar Martín
La amistad de dos gigantes (correspondencia entre Francisco Umbral y Miguel Delibes)
Acceso Directo Memorias de una Fotografa del Rock Argentino en los Años 80 de Andy Cherniavsky
Viaje al centro de mi cerebro de Erik Jiménez

Polvo de Battiato de Ángel Stanich (Sony Music, 2021)

Stanich siempre en la encrucijada entre el ácido y la base, la sal y el agua. El disco se abre con un ritmo entre tropical y disco, La historia es fácil, con brillantez británica, piano luminoso y acústica de palo. ¿Recuerdas la belleza de la derrota, la tormenta eléctrica bajando el Col de Menté o Contador reventado atacando a 92 kilómetros de Alpe d’Huez? Ángel Stanich tiene visiones nocturnas con Jalabert convertido en un monstruo animado de Ray Harryhausen. Como decía Vercingétorix, ¿Les Arcs, qué Les Arcs, no conozco ningún Les Arcs? El polvo que caía sobre la Vía Láctea se confundió con las cenizas del último cigarrillo de Franco Battiato. A veces uno duda si es el Etna, cerca de las posadas prohibidas a españoles en las puertas de Catania.

“Stanich podría vivir en Ciudad de México y recolectar melodías entre los viejos libretos a la venta en los tianguis, pero prefiere leer las historias de Anacorma con un ritmo indie, más cerca de la Habitación Roja de 4 que de los textos que escribía Francisco Nixon en sus visitas a Zaragoza. El cumpleaños eterno, el de Ronaldo, el de Algora, el champán infinito”.

La rítmica cansina de Rey idiota, con su fraseo arrastrado, cercano al impostado Albert Plá -dijeron que era rompedor en su tiempo, ahora es un espantapájaros que hace llorar-, Stanich es Califa en lugar de Califa, electrifica los pelos de la Maese Cámara, prueba el manganeso y entre sus redes neuronales hay más de Makoki que de la Botilde. ¿Es Stanich un genio o un gracioso, un amante de los que solo brilla en Nochevieja? Pregunta seria. La narcótica Valla nos deja el sabor de la espera, el sintetizador que zumba como un chotacabras pasado de láudano.

“Mira las estrellas como si un apagón fuera la única manera de salvar la noche. Buscando el estribillo perfecto, ¿odias al alcalde? ¿eres de izquierda? ¿tu forma de vida está basado en el silicio o en el germanio? Como en un episodio perdido de Expediente-X las guitarras se convencen de que su lugar es tejiendo”.

Dos boys scouts de mierda, una canción de carretera a lo T-Bone Burnett y esa percusión que ameniza el recuerdo de Iker Jiménez. Espera en la intersección, no vendrá Robert Johnson, pero tú puedes ser Conchita, Mari Cruz, Jacinta o Mari Loli. Bombo de carromato de vendedor de crecepelo y hammond de Al Kooper. En la paleta de estilos, un bajo de Azul y Negro, como si hubiera que realizar maniobras orquestales en la oscuridad, La mecha está cantado con una voz que se agarra con fuerza a una cornisa, dime la verdad: ¿esa guitarra, la de El cariño, tiene todavía algo de arena de playa?

“Como una versión crepuscular de Antonio Luque cantando a San José de Arimatea mientras toca con el mástil un teclado robado de un Ovni caído”.

Uno de los mejores temas es “Motel consuelo”, palmas, trepidación y un poco de saber estar. Stanich está en los márgenes de los periódicos y las enciclopedias. No sé si eso le hace feliz, pero yo estaría contento de compartir novopreno con un ganador de San Remo. El Arriero, como un Zitarrosa de Santander, hay algo de candombe y de falta de grasa en los ejes de la carreta, como si le debiera una noche de piano y mate amargo a la Santa Muerte. Un final, Contigo siempre que es un comienzo, porque el disco es un bucle emocional, sabe a despedida y retirada, cuarteles de invierno, pulsaciones de corazón en el nylon, accidentes históricos, saturnismo musical. Más violines, más cuerdas y mellotrones, más de todo lo que sirva para ser el hereje que necesitamos en estos tiempos.

Enrique Cebrián: de Familia numerosa y otros versos canónicos

Aprovechando la aparición de un nuevo libro del autor aragonés Enrique Cebrián, Familia numerosa editado este año por Prensas Universitarias de Zaragoza dentro de su colección La gruta de las palabras, repasaremos la obra, las influencias, la sustancia básica sobre la que construye su poesía. Abriremos, en definitiva, una habitación al poeta Enrique Cebrián en este Motel Margot. Lee el resto de la entrada »

Sobre Niñas y caciques. Single La pobre niña de El Niño Gusano (Madmua Records, 2021)


Yo tenía un libro de Rubén Darío. Era una edición barata, una antología poética de la editorial Santillana con tapa blanca y apariencia de recopilación de los accésits del premio de poesía municipal de una capital de provincia. INTRODUCCION, SELECCION, ANALISIS Y GLOSARIO DE BETTY ROJAS. Lo encuentro en todocolección por 7 euros. Lo más auténtico del proyecto de bohemio cuarentón en el que me he convertido son los volúmenes perdidos en las distintas mudanzas. De piso compartido a un apartamento con vistas a la zona heavy de mi ciudad y, más tarde, una casa cerca del Príncipe Felipe y el pabellón de San José… luego las maletas y las cajas, la oposición y un niño pequeño, el amor y la abstinencia. Los vicios curados. Hace unas semanas volví a Zaragoza. Leí poemas en un teatro. Después, con unos amigos, fuimos a beber agua con gas a un barecito de la zona. Estaba con David Giménez, el más nicaragüense de los poetas de la Ribera. En el bar había un cuadro. El lugar se llamaba “El cacique”. En una de sus paredes había un cuadro. Bromeamos. Pensamos que era Sandino. El camarero, muy amable, nos sirvió con cariño y nos explicó con paciencia que el retratado era Rubén Darío. Así que decidí escribir sobre ello. Sobre Sergio y sobre Darío, sobre “El imperdible” y los poetas elegantes, el fin de siglo, las aguas turbulentas, los solistas españoles. El single de La pobre niña editado por Madmua Records es un nuevo ejercicio de cariño hacia la obra de Sergio Algora. La última grabación de El Niño Gusano antes de separarse. Antes del comienzo de la leyenda. Lee el resto de la entrada »

El apego de Julio de la Rosa (Ernie Records, 2021)

Una batería mínima, guitarras superpuestas como si fueran pieles de la fruta dulce que alimenta la nana. Sangre y heridas, tierra y semilla. Julio de la Rosa pinta la suite blanca del futuro, como si guardara en caja de plata los arrebatos del mañana. Como una letanía de guitarras acústicas, como una composición de percusiones y pianos tocados con las mismas yemas que acarician una piel nueva, así, sin dejar una marca en surco, el vinilo se extiende en espiral, prepara el calzado para que camine su descendencia sobre las aguas, como un personaje de canción de Leonard Cohen, como un hijo de un Dios privado y monoteísta. Lee el resto de la entrada »

Las clases de Orencio Boix (Fundación Cotec, 2021)

Después de su premier en el Festival Internacional de Cine de Huesca, el documental de Orencio Boix realizó un pase de prensa el pasado 19 de noviembre y a partir del día 1 se podrá ver en se podrá ver en la Cineteca de Matadero Madrid. En Motel Margot, donde tanto el su director como el compositor de la banda sonora, Javier Aquilué, tienen habitaciones reservadas, hemos tenido el honor de poder disfrutar del visionado de Las clases, una nueva muesca en la exquisita producción como ecléctico documentalista de su autor, que recoge en sus imágenes y en la declaración de los protagonistas, la vuelta a las aulas en el curso 20-21, el año del punto y aparte.

“El colegio público Ramiro Solans, multicultural, abierto no sólo a las nuevas tecnologías, un lugar donde la sociedad busca encontrar respuesta a alguna de las promesas que se hace a sí misma es el marco de esta reflexión silenciosa, de esta cámara dispuesta a atrapar en la pantalla las visiones que fundamentan la reconstrucción de uno de los pilares de la sociedad moderna, inherente a la misma, como es el espacio público de aprendizaje”.

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