Barcelona, 1973: Merckx, Ocaña, Maertens… Gimondi

Hoy, 2 de septiembre, se cumplen cuarenta y ocho años de una de las carreras más disputadas, polémicas y míticas de la historia del ciclismo. Una en la que participaron hasta el final los más grandes de la década de los setenta y algunos de los que hoy se consideran ciclistas de leyenda. Ganadores de Giro, Tour y Vuelta, de monumentos y de campeonatos del mundo, todos peleando por el título mundial, por el arcoiris, el maillot arcobaleno, en un escenario de excepción, España y un sitio que siempre es sinónimo de buen ciclismo, el circuito de Montjuic en la ciudad de Barcelona. Hoy es viernes, un día extraño para el Motel Margot, pero somos sentimentales, queremos recordar a los que están, Eddy Merckx y Freddy Maerten y, sobre todo a los que se han marchado, Felice Gimondi y el trágico campeón español, el hombre que con más orgullo lució el maillot rojigualda, el conquense Luis Ocaña. Acompáñennos hasta la trastienda de este mundial, de esta bellísima carrera.

Luis Ocaña no había ganado más carreras de un día que el G.P de Llodio de 1968, en los primeros estertores de su carrera y los campeonatos de España de fondo en carretera de 1968 y sobre todo el de 1972 —con casi tres minutos de ventaja sobre el pelotón—, que le había permitido lucir la bandera española durante el Tour de ese año y en la encarnizada Vuelta a España de la temporada 1973. No era un hombre de clásicas, en realidad, tampoco había participado con frecuencia en los grandes monumentos del ciclismo, un séptimo puesto en el Giro de Lombardía de 1970 y su única participación en la Lieja-Bastoña-Lieja de 1973 donde hizo decimotercero.

“Pero aquel año 73 fue su año mágico, un estado de gracia que le permitió abordar incluso la Paris-Roubaix por primera y única vez —aunque llego en el puesto 29 a casi media hora del ganador, por supuesto, Eddy Merckx— y el Campeonato del Mundo de Fondo en Carretera se iba a disputar en España, en Barcelona. “

El circuito, alrededor del Parque-Castillo de Montjuic, presentaba un perfil exigente, casi de clásica de las Ardenas, con la subida al castillo. Esa misma temporada se había realizado el campeonato de España de fondo en Carretera, con victoria de Txomin Perurena, del KAS en el mismo circuito y la subida al castillo había sido parte de una de las etapas de la Semana Catalana. El recorrido incluía diecisiete vueltas a un circuito para completar casi 249 kilómetros. Y Luis Ocaña, en la temporada de su vida, iba a participar en la carrera como uno de los máximos favoritos.

Y es que Luis Ocaña en 1973 se había impuesto en la Semana Catalana, la Vuelta al País Vasco y la Dauphine Liberé, además de conseguir, por fin, el maillot amarillo en el Tour de Francia con un botín de seis victorias parciales. Tras su caída en la edición de 1971, cuando iba líder con una sustanciosa ventaja respecto a Eddy Merckx, en el fatídico descenso del Col de Menté, Ocaña había vivido obsesionado con dos cosas: el Tour de Francia y Eddy Merckx.

“Merckx no había corrido ese año el Tour de Francia y eso había deslucido ligeramente la aplastante victoria de Ocaña, es más, en su enfrentamiento directo más importante, la Vuelta a España de 1973, el belga se había impuesto con cierta facilidad en un recorrido muy llano, con poca montaña y con la continúa posibilidad de obtener segundos de ventaja en forma de bonificaciones para los que, como Merckx, tenían una mayor punta de velocidad. El duelo, pues, estaba servido.”

Pero antes de la carrera, antes de todas las escaramuzas en cada una de las vueltas, hubo otras batallas y estrategias previas en las distintas selecciones nacionales participantes: primero en la belga, la máxima favorita, demasiados gallos para un solo arcoiris. Merckx llevaba esa temporada un número exagerado de victorias —cincuenta si tenemos en cuenta criteriums y carreras locales o competiciones de pista, conocidas como los Seis Días y que se disputaban en las principales ciudades de Europa durante el invierno—, había ganado aquella temporada la Amstel Gold Race por primera vez, la Het-Volk, la Gent-Wevelgem y la Paris-Roubaix por tercera vez y la Lieja-Bastoña-Lieja por cuarta. Había hecho el doblete Vuelta-Giro llevándose las dos rondas, en una venciendo a Luis Ocaña y Bernard Thevenet y en la otra a Gimondi y Battaglin. Y seis etapas en cada uno, que no se nos olvide.

Pero en Bélgica estaba también Roger De Vlaeminck, uno de los mejores clasicómanos del mundo, apodado “El gitano”, aquella temporada había vencido en la Milan-San Remo, la Tirreno-Adriático y tres etapas del Giro de Italia. Y también el joven Freddy Maertens, en su segunda temporada como profesional, que había realizado buenos puestos en las clásicas de abril y conseguido una victoria de prestigio llevándose los Cuatro Días de Dunkerque y preparando la cita mundialista con un triunfo en la Scheldeprijs, superando, entre otros, al propio Eddy Merckx.

Eddy tenía a tres compañeros de su equipo, el Molteni, entre los seleccionados, los tres Josephs: Huysmans, De Schoenmaecker y Bruyère. Estos iban a correr como fieles gregarios de su jefe de filas en la selección. ¿Pero y el resto? La noche del sábado antes de la carrera Eddy Merckx se colocó de pie frente al resto de sus compañeros de selección y les hizo una oferta de 100 000 francos belgas si aceptaban correr como gregarios para él olvidando sus posibilidades individuales. Se aseguraba una escuadra potente de lanzadores, perseguidores y, sobre todo, eliminaba a potenciales rivales para la victoria final. Maertens y Roger De Vlaeminck no aceptaron la oferta. En lo único que todos estuvieron de acuerdo fue que tras un ataque de un miembro del equipo nacional ningún otro belga saldría detrás si con esa acción arrastraba a un rival de otro país. Eso, como veremos, acabó siendo sometido a distintas interpretaciones.

Pero si eso sucedía en Bélgica, Luis Ocaña también tenía entre sus compañeros de la selección a potenciales rivales que, incluso, se encontraban en mejor forma que él, agotado tras la victoria en el Tour de Francia y todas las recepciones y celebraciones realizadas durante el mes de agosto: la colina de Montjuic, repetida vuelta tras vuelta, podía ser perfecta para las características de dos corredores del Kas, el primero, Txomin Perurena —que esa temporada llevaba victorias parciales en la Vuelta a Levante, País Vasco, Mallorca y Cantabria, además de un etapa en el prestigioso Tour de Suiza—, que pasaba con mucha facilidad la media montaña y tenía una punta de velocidad mucho mayor que la de Ocaña, como demostraba sus victorias aquel año en el Gran Premio de Navarra o en el Campeonato de España. Perurena solamente había corrido la Vuelta a España ese año, ganando la etapa que terminaba en el complejo turístico de Irache, con un puñado de segundos por delante, precisamente, de Ocaña y Merckx. Había corrido Vuelta y Giro, estaba más descansado, en julio había ganado dos parciales en la Vuelta a Mallorca y estiraría la forma imponiéndose en la Volta a Cataluña de aquel año, quince días más tarde de la disputa del Campeonato del Mundo.

“Perurena, como veremos más adelante, iba a ser un fiel gregario de Ocaña —y no era la primera vez, las imágenes de Perurena arrastrando a un ensangrentado Ocaña, ambos con el maillot del Fagor en el Tour de 1969 son uno de los ejemplos de compañerismo más bellos de la historia—, siendo fundamental en el desarrollo de la carrera”.

El segundo, José Manuel Fuente, era un corredor mucho más irregular, pero que también tenía su año más mágico: había sido el mayor rival de Ocaña en Tour de Francia, siendo tercero en la clasificación final, además de ser la habitual avispa de Merckx en el Giro de Italia —donde se impondría en una etapa— y ganar con una exhibición nunca vista hasta entonces el Tour de Suiza —con dos etapas—. Pero con Fuente no iba a haber problema, el seleccionador Ramón Mendiburu quiso poner las cosas claras antes de la carrera y acudió a París, al final del Tour de Francia, donde encontró a “El Tarangu” en su hotel en una actitud, según sus palabras, “bastante relajada” y cuando le preguntó por su intención de participar en el Mundial de Barcelona, el asturiano no se mostró interesado lo más mínimo.


Ocaña había evitado los criteriums post-Tour —muy ventajosos económicamente— y había descansado, recuperándose incluso de una pequeña infección que había sufrido dos o tres días antes del final del Tour. Pero, como cuenta Mendiburu, la presión por parte de la prensa española y, sobre todo la deportiva desde Barcelona, era muy intensa: querían saber si el campeón iba a estar corriendo la prueba. Mendiburu acudió dos o tres veces a Mont-de-Marsan, la localidad francesa donde vivía Ocaña. Ocaña, a las preguntas del seleccionador, solo contestaba: “No sé, no sé”. Parecía un diálogo de besugos, más después de que Fuente contactara con Mendiburu después de enterarse de una de las visitas del seleccionador a Ocaña para decirle que sí, que estaría en la carrera, pero solo 150 kilómetros y que luego se bajaría de la bicicleta.

En el momento de dar el nombre de los seleccionados Mendiburu colocó a Fuente en la lista de los reservas y aseguró que el equipo se había construido para otorgar el apoyo más sólido posible a Ocaña. Los días anteriores a la prueba, en la concentración del equipo español, las cosas no iban demasiado bien. En un ataque de divinidad, Ocaña comunica al seleccionador que no pernoctará con el resto del seleccionado, que lo hará en uno hotel de Castelldefels llamado “El Rancho”. Si Fuente había acudido a Barcelona con un cierto cabreo, ese movimiento de Ocaña le hizo estallar y aseguró que tampoco él estaría en el mismo hotel que el resto de sus compañeros. Dos corredores, dos de los mejores ciclistas españoles de todos los tiempos negándose a estar bajo el mismo techo, la prensa, el resto de los corredores, era una auténtica pesadilla.

En la selección italiana, la tercera en discordia, destacaban dos corredores: el primero, Felice Gimondi había sido segundo en el Giro de Italia de aquel año. Aquel joven que había ganado el Tour de Francia en su primera participación en 1965 y que tenía las tres grandes en su palmarés tras su victoria en el Giro de 1967 y 1969 —y aún, en el ocaso de su carrera, se llevaría el de 1976— y la Vuelta a España de 1968, se había tocado en su camino hacia el Olimpo del ciclismo con Eddy Merckx. El dominio del belga durante el final de los sesenta y mediados de los setenta fue tan grande que un fuera de serie, elegante y campeón como Gimondi, solo le quedaron las migajas durante aquella temporada.

“La etapa 16 de la carrera italiana, una crono de 37 kilómetros en un circuito alrededor de la población Forte dei Marmi iba a suponer la primera victoria de Gimondi sobre Merckx en el último lustro. Merckx había participado de manera consecutiva en la Vuelta y el Giro y las últimas jornadas se había dedicado a conservar la maglia rosa frente a sus rivales, agotado y a la defensiva”.

El segundo espada, en ausencia del prometedor Francesco Moser y con la baja forma de gente como Franco Bitossi o Mariano Basso, destacaba un neoprofesional, Giovanni Bataglin Su debut con el equipo Jollj Ceramica no podía haber sido más prometedor: había sido tercero en el Giro de Italia, solamente por detrás del ganador Merckx y del más curtido Gimondi. Eso sí, la distancia a la maglia rosa era de más de diez minutos. Aquel año también se había conseguido imponer en el Giro del Lazio y tendría una carrera muy regular a lo largo de las siguientes temporadas sobre todo en 1981 donde conseguiría, por segunda vez en la historia, justo después del de Merckx de aquel año, el doblete de ganador de Vuelta y Giro de Italia. Desde entonces solo el español Alberto Contador en 2008 ha conseguido esa gesta.

Por cierto, el día antes de correrse la prueba, el mítico José María García conseguía acceder al filo de la medianoche a la habitación de Ocaña (o al menos lo intentó). Ocaña no era la apuesta más segura del mundo. No había conseguido acabar nunca los campeonatos mundiales que había disputado anteriormente —y no conseguiría terminar el único que correría después de aquel año hasta el final de su carrera—, pero después de su actuación aplastante en el Tour de Francia era un riesgo que había que correr. La concentración estaba a punto de estallar. La charla con la táctica final se tuvo que trasladar de la noche de antes a la misma mañana de la carrera. Perurena recuerda que Ocaña había pedido un zumo de uva helado la noche de antes y que cuando el vasco lo probó le provocó una indigestión tal que se pasó en vela las horas previas a la carrera, yendo de la cama al cuarto de baño. Perurena, la tercera espada, se quedaba sin filo, es más, al día siguiente el único alimento que se pudo llevar a la boca fueron cuatro tristes y secas galletas.

“Jesús Manzaneque, otro corredor de gran clase, un gregario eficiente, cuenta: “el día de antes el seleccionador nos dice que fuéramos a hacer 80 o 90 kilómetros a ritmo tranquilo, para soltar las piernas. No hicieron más de seis o siete. Pasando frente a un puesto de sandías, Ocaña dio el alto y dijo que hasta ahí había llegado el entrenamiento del día. Y todos a comer sandía. Ocaña compró una para cada uno de los compañeros de la grupeta. Manzaneque dice que se comió una parte pero que el de Priego, el salvaje Ocaña, se empujó la sandía entera. Nadie dijo nada del los kilómetros no recorridos y, por supuesto, nada del banquete de sandía. Concluye Manzaneque: “Todavía no entiendo cómo hizo Luis para entrar en el corte bueno al día siguiente con todo ese líquido en el cuerpo”. Está claro que eran otros tiempos.”

Mañana no se pierdan la segunda parte de la narración de este Mundial de Ciclismo de 1973 en Motel Margot

Escribe aquí tu comentario





    Normas para comentar en 20minutos.es

    • Antes de enviar su comentario lee atentamente las normas para comentar en 20minutos.es.
    • Esta es la opinión de los internautas, no la de 20minutos.es.
    • No está permitido verter comentarios contrarios a las leyes españolas o injuriantes.
    • Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
    • Por favor, céntrate en el tema.
    • Algunos blogs tienen moderación previa, ten paciencia si no ves tu comentario.

    Información sobre el tratamiento de sus datos personales

    En cumplimiento de lo dispuesto en el Reglamento (UE) 2016/679 del Parlamento Europeo y del Consejo de 27 de abril de 2016 relativo a la protección de las personas físicas en lo que respecta al tratamiento de datos personales y a la libre circulación de estos datos, y Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales le informamos que los datos de carácter personal que nos facilite en este formulario de contacto serán tratados de forma confidencial y quedarán incorporados a la correspondiente actividad de tratamiento titularidad de 20 MINUTOS EDITORA, S.L, con la única finalidad de gestionar los comentarios aportados al blog por Ud. Asimismo, de prestar su consentimiento le enviaremos comunicaciones comerciales electrónicas de productos y servicios propios o de terceros.

    No está permitido escribir comentarios por menores de 14 años. Si detectamos el envío de comentario de un usuario menor de esta edad será suprimido, así como sus datos personales.

    Algunos datos personales pueden ser objeto de tratamiento a través de la instalación de cookies y de tecnologías de tracking, así como a través de su acceso a esta web desde sus canales en redes sociales. Le rogamos consulte para una más detallada información nuestra Política de Privacidad y nuestra Política de Cookies.

    Los datos personales se conservarán indefinidamente hasta que solicite su supresión.

    Puede ejercer sus derechos de acceso, rectificación, supresión y portabilidad de sus datos, de limitación y oposición a su tratamiento, así como a no ser objeto de decisiones basadas únicamente en el tratamiento automatizado de sus datos, cuando procedan, ante el responsable citado en la dirección dpo@henneo.com

    Le informamos igualmente que puede presentar una reclamación ante la Agencia Española de Protección de Datos, si no está satisfecho con en el ejercicio de sus derechos.