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La manada: mucho más que un debate jurídico

Por Susana Martínez Novo

Como jurista pienso que no se puede hablar de justicia en términos absolutos. Detrás de las leyes, mejores o peores, hay en la mayoría de los casos una labor de depuración e interpretación y esa labor corresponde a los jueces y magistrados, que diariamente nos ilustran con sus sentencias.

Pero en este caso la sentencia de la manada ha supuesto un mazazo moral para gran parte de la sociedad. Una vez más, vemos con estupor como en los procesos de género se investiga e interroga sobre la reacción de la víctima y su comportamiento frente a las agresiones y sin embargo se minimiza el valor de su testimonio, obviando que el miedo es libre, así como múltiples las reacciones que cada individuo pueda experimentar ante una situación límite.

Movilización del 8 de marzo en Madrid. Imagen de Pablo Tosco / Oxfam Intermón.

Igualmente se olvida que, en los delitos de género, el entorno, los estereotipos y el dominio de un grupo sobre otro generan una violencia ambiental que sumada a una posición de inferioridad física y numérica y a unas circunstancias de aislamiento, me resulta muy difícil pensar que no constituyan una intimidación.

En efecto, podemos hablar de la sentencia y de la interpretación, a mi juicio absolutamente benevolente y desmarcada de la realidad social, que se ha dado a los hechos probados en la misma.

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No es no. Y una violación es una violación

Por Lula Gómez

Señoros jueces: voy a consultar simplemente con la RAE por si puede ayudarles a entender qué es una violación. Porque hay algo que todas hemos entendido, y a ustedes parece que les cuesta.

Para ello me acojo a las palabras que recoge la sentencia dictada por la Audiencia Provincial de Navarra, los hechos probados que sufrió una mujer de 18 años por parte de cinco hombres durante la fiesta de San Fermín 2016. La víctima se sintió ‘impresionada y sin capacidad de reacción‘, con ‘un intenso agobio y desasosiego, que le produjo estupor y le hizo adoptar una actitud de sometimiento y pasividad, determinándole a hacer lo que los procesados le decían que hiciera, manteniendo la mayor parte del tiempo los ojos cerrados’. En los vídeos, la joven violada aparece ‘agazapada, acorralada contra la pared por dos de los procesados‘, y expresando ‘gritos que reflejan dolor’.

Imagen de Alex Rodríguez Santibáñez (detalle)

 

“Acorralada”. Definición 1: encerrar o meter el ganado en el corral. Definición 2. Encerrar a alguien dentro de estrechos límites, impidiéndole que pueda escapar. Definición 3. Dejar a alguien confundido y sin tener qué responder. Definición 4. Intimidar, acobardar.

“Someter”. Definición 1: sujetar, humillar a una persona, una tropa o una facción.

“Agobio”: sofocación. Angustia.

“Agazapada”. Agacharse como lo hace el gazapo cuando quiere ocultarse de quienes lo persiguen.

Si a esto le sumamos que ella estaba –tal y como recogen los hechos- “sin capacidad de reacción”, “contra la pared”, “con gritos que expresan dolor” y en “situación de sometimiento y sumisión” eso es una violación en toda regla.

Y aquí vuelvo a la RAE:

“Violación”: Tener acceso carnal con alguien en contra de su voluntad o cuando se halla privado de sentido o discernimiento.

Lo terrible de este caso, por el que nos han violado a todas, es que aquí no se ha juzgado a estos hombres que a la fuerza y abusando de su superioridad física y numérica, introducen a una joven en un portal sin su consentimiento. Lo bárbaro es que se la ha juzgado a ella y lo peor, estamos dando carta blanca a los violadores para que sigan utilizando los cuerpos de las mujeres como si fueran propios.

Yo, y todas nosotras, que sí somos manada #NosotrasSomosLaManada no vamos a parar hasta que esto se revierta. Nuestro mensaje para la víctima es: te creemos. No nos importa, como parece que sí a la justicia patriarcal, que no enfatizases el uso de la violencia: estabas sometida, agobiada, aterrada… No hay más que explicar. Qué exquisitas, sus señorías, de repente cogiéndose a la semántica para aducir que solo utilizaste el verbo ‘obligar’ una vez: Nos basta con tu ‘me hicieron algo que yo no quería hacer’.

No vale juzgar a la víctima, no vale perseguirla, no vale espiar sus redes sociales para ver si ella hacía ‘vida normal’ tras tan salvaje atropello, no vale cuestionar si ella estaba borracha. No podemos aceptar volver a tener que escuchar exabruptos como los del magistrado González al escribir que vio en ella vestigios de jolgorio y regocijo. ¿De qué habla? Y más: ¿A quién juzga, a ella o a ellos? ¿Qué ojos hay que poner ante unas bestias que abusan de su fuerza, te roban el móvil, te vejan y graban y difunden el horror?.

  • Señoros: dícese de cierto tipo de hombres de comportamientos sexistas y con una visión del mundo tradicional y patriarcal. Son peligrosos, mandan, actúan bajo estereotipos y se sienten amenazados por el simple hecho de que una mujer sea consciente de sus derechos, y los reclame. (Esta definición todavía no está en el diccionario, pero llegará: se la regalamos a la RAE)

Lula Gómezescritora y periodista todoterreno. Dirige su propia agencia de comunicación desde la que propone contenidos, edita, crea y ejecuta ideas de comunicación. Ha escrito el libro y dirigido el documental Mujeres al frente, la ley de las más nobles, sobre siete protagonistas de la historia reciente de Colombia. Actualmente colabora con el equipo de comunicación de Oxfam Intermón. 

Los otros sanfermines

 Por Nuria Coronado NuriaCoronado

Para algunos los sanfermines son el ruedo perfecto en el que dar rienda suelta a su machismo. Se divierten, torean y clavan banderillas a quienes considera forman parte de la diversión: las mujeres. Ellos provocan agresiones sexuales como las que señala el Instituto Navarro de Igualdad: cinco en 2014, diez en 2013, seis en 2012 y tres en 2011.

Manifestantes en Pamplona contra la violencia sexual en San Fermín. (GTRES)

Manifestantes en Pamplona contra la violencia sexual en San Fermín. (GTRES)

Un problema grave que este año el Ayuntamiento pamplonica ha intentado combatir con un dispositivo de cámaras de alta definición para identificar y prevenir agresiones o tocamientos, un mapa de puntos negros, iluminación extra de ciertas calles o baños públicos, apertura de un punto de información (12 a 14 horas y 18 a 24 horas) en la plaza del Castillo tanto para informarse de la campaña contra las agresiones como a acudir en caso de sufrir una. También ha habilitado un teléfono de atención las 24 horas en el que recibir ayuda social. Las cifras de denuncias por agresiones sexuales, intentos, abusos y detenciones han ido creciendo durante las fiestas, y también las de detenciones. No sabremos el balance final hasta que terminen.

Pero las cifras oficiales no lo dicen todo. La primera de estas violaciones hizo saltar las alarmas de un problema en el que sólo se ve la punta del iceberg. Varios colectivos feministas de la zona declaran es solo el 10% de los casos porque el resto no se denuncian. Un grupo de cinco hombres está ya detenido -uno de ellos Guardia Civil – porque presuntamente violaron en grupo a una joven en un portal y además grabaron con el móvil la aberración colectiva. Como si fuera un pasatiempo.

Ella, a pesar de todo, sacó fuerzas y plantó cara al miedo con la defensa de la víctima: la denuncia. Y lo hizo de inmediato. Por eso recordaba sus caras, su vestimenta, su acoso. Pudo describir sus caras a la policía foral, aunque seguramente le faltaron las palabras que describieran su indefensión ante tal vileza. Su gran coraje ha servido para detener a quienes se creyeron con más poder que ella. El alcalde de Pamplona, Joseba Asirón, le ha dado las gracias por ello. ‘Su valentía al poner la denuncia ha posibilitado las detenciones‘, dijo.

Ellos, cual cabestros, han cambiado su vida para siempre. Han puesto un antes y un después en sus planes tras esa madrugada. La han marcado con una agresión que duele, y mucho, y que no se debe a excusas como el alcohol, las drogas, las fiestas, la ropa, las calles solitarias o los portales oscuros. Se debe a que hay violadores, acosadores, delincuentes, machistas. Y punto. El Ayuntamiento de Pamplona lo ha dicho bien claro: ‘el consumo de alcohol u otras drogas no justifica los comportamientos sexistas, ni que se generen situaciones o espacios que resulten inseguros para las mujeres en los que ellas pierden su libertad’.

Hay que acabar para siempre con el modelo social que protege al agresor y culpa a las mujeres. ‘Se trata de dejar de exigirles a ellas condescendencia para aceptar piropos, molestias o acosos, justificándolo bajo la premisa de la fiesta o de las costumbres’, añade Asirón. Así dejará de pasar que cada minuto 3 mujeres sean violadas en el mundo, y en España tres al día (una cada ocho horas).

Nuria Coronado es periodista, editora en www.lideditorial.com  y responsable de Comunicación de Juan Merodio