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Las madres etíopes se organizan para luchar contra el hambre

Por M.  Nonkes

En Kochere (Etiopía), donde los roles de género todavía están muy definidos, un grupo de madres gana empoderamiento a través del cultivo de la tierra y un club de ahorro organizado por la ONG World Vision.

Workalem, una de las agricultoras del proyecto, delante de su huerto. Foto: M. Nonkes/World Vision

Workalem, una de las agricultoras que forman parte del proyecto comunitario, delante de su huerto. Foto: M. Nonkes/World Vision

Workalem, de 21 años, está decidida. No terminará como su madre. Y seguro que su hija de cuatro años no tendrá el mismo tipo de vida: “Me casé a los 16. No era madura. Debería haber terminado mi educación”.

La vida de Workalem no ha sido fácil. Pertenece a una familia de 8 hermanos y su padre murió cuando tenía 7. Su madre sacó a sus hijos de la escuela porque no podía pagar los cuadernos y lápices. Su familia vivía del cultivo del café pero nunca fue capaz de cosechar lo suficiente; el dinero que recibían de la venta del café se utilizaba para comprar alimentos pero se acababa demasiado pronto. El mismo problema se repite actualmente en muchas familias en esta crisis de hambre que sufre Etiopía.

Cuando Workalem se casó a los 16 y tuvo a su hija a los 17, parecía estar atrapada en un ciclo en el que tantas mujeres etíopes quedan atrapadas: la educación interrumpida, el matrimonio precoz y la pobreza. Es una herencia cruel que se agrava cuando ocurren desastres naturales, como la actual sequía que afecta a esta comunidad y a todo el país.

Las bajas precipitaciones han recortado drásticamente la producción de cultivos y han obligado a desplazarse  a 8.5 millones de personas dentro de Etiopía. En Kochere, los cafetales que una vez trajeron ganancias ya no producen la misma cantidad de granos, dejando a las familias sin dinero para comprar comida. Más de 1.000 niños menores de 5 años están desnutridos en esta comunidad.

Ante esta situación World Vision ha puesto en marcha un programa que ha evitado que el hambre se instale en 200 familias con niños menores de 5 años. Este programa consiste en formar a las madres para organizar clubes comunitarios de agricultoras y de ahorro. Cada grupo tiene 20 miembros que han sido instruidos en agricultura, ahorro y préstamo. Los grupos reciben semillas y la tierra comunal se transforma en exultantes huertos repletos de zanahorias, remolachas, espinacas, cebollas, maíz y guisantes.

Workalem es uno de los miembros del grupo de agricultoras: “Producimos hortalizas con las que poder alimentar a nuestros hijos y también podemos vender el excedente. Aunque no hay lluvia, podemos usar el agua del pozo “.

Los resultados son sorprendentes: ni un niño de los miembros del grupo se ha desnutrido durante los últimos dos años a pesar de las elevadas tasas de malnutrición aguda en esta provincia.

Además, las mujeres de esta comunidad están transformando la relación con sus maridos. Ganar dinero les ha empoderado, ya no se rigen por las decisiones de sus maridos si no que forman parte activa de la comunidad. Como Workalem, que ha vuelto a estudiar. Cursa el grado 10 y está decidida a terminar el curso junto con su hija para no tener que volver a soportar el peso de la sequía u otros desastres que puedan venir en el futuro.

“Quiero vivir mejor que mi madre”, dice Workalem, “Y que mi hija viva mejor que yo. Quiero que estudie y que no se case joven. Quiero un futuro diferente para nosotras.”

M.  Nonkes es responsable de comunicaciones en World Vision para la Crisis del Hambre en África Oriental. Redacción y traducción de la entrada a cargo de Blanca Ariño y Cristina de Castro departamento de comunicación World Vision.

1 comentario

  1. Dice ser joseluis515151

    la mejor organizacion es que dejen de parir tanto hijo, me parece un disparate tener 8 hijos para que luego se mueran de hambre , estamos ademas hablando de un pais con poca agua y pocos recursos.

    16 octubre 2017 | 17:54

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