Entradas etiquetadas como ‘Etiopía’

Las madres etíopes se organizan para luchar contra el hambre

Por M.  Nonkes

En Kochere (Etiopía), donde los roles de género todavía están muy definidos, un grupo de madres gana empoderamiento a través del cultivo de la tierra y un club de ahorro organizado por la ONG World Vision.

Workalem, una de las agricultoras del proyecto, delante de su huerto. Foto: M. Nonkes/World Vision

Workalem, una de las agricultoras que forman parte del proyecto comunitario, delante de su huerto. Foto: M. Nonkes/World Vision

Workalem, de 21 años, está decidida. No terminará como su madre. Y seguro que su hija de cuatro años no tendrá el mismo tipo de vida: “Me casé a los 16. No era madura. Debería haber terminado mi educación”.

La vida de Workalem no ha sido fácil. Pertenece a una familia de 8 hermanos y su padre murió cuando tenía 7. Su madre sacó a sus hijos de la escuela porque no podía pagar los cuadernos y lápices. Su familia vivía del cultivo del café pero nunca fue capaz de cosechar lo suficiente; el dinero que recibían de la venta del café se utilizaba para comprar alimentos pero se acababa demasiado pronto. El mismo problema se repite actualmente en muchas familias en esta crisis de hambre que sufre Etiopía.

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El sexto sentido de las mujeres para los desastres

 

Por Cristina Niell

Cuenta Svetlana Aleksiévich en su libro “Los muchachos del zinc” que las madres de combatientes rusos presentían la muerte de sus hijos. ¿Será cierto que hay un sexto sentido? ¿Qué las mujeres lo poseemos? ¿Y que es lo que siempre se han llamado intuición femenina? Hay una cantidad ingente de literatura pseudocientífica en la red a favor y en contra de ello.

Leía un trabajo de campo realizado por responsables de la promoción de la salud de Oxfam en Etiopía. Preguntaban a personas que viven la aridez y la dureza de un territorio que cíclicamente se ve inmerso en graves sequías, cuándo son conscientes de que la escasez de lluvias va a desembocar en una situación de crisis. Pues bien, las respuestas de hombres y mujeres, fueron sensiblemente distintas. ¿A ver si va a ser verdad lo de la intuición? Ellas eran conscientes del problema antes que ellos. Para ellos, la respuesta fue ‘cuando los animales mueren‘; sin embargo, para ellas la alerta era más temprana, “cuando los animales dejan de dar leche”.

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Muchas personas como Habodo viven en pequeños asentamientos tras haberse visto obligadas a abandonar sus hogares. Imagen: Oxfam.

Creo que simplemente las mujeres etíopes constataron una realidad vinculada a su rol en la familia y en la sociedad. Responsables de la alimentación de la familia, fueron conscientes del peligro cuando no había leche para la familia. Así que más que un sexto sentido adivinatorio, vieron señales distintas de un mismo problema. Busco más información sobre la realidad de Etiopía. Nuevamente, este país ha atravesado una grave sequía provocada el fenómeno de El Niño. 10 millones de personas precisan ayuda, mientras de cerca de 8 millones más están siendo ya atendidas por el Gobierno etíope. Oxfam, la organización para la que trabajo, colabora con la población de la región Somalí y de los distritos de Afar y Oromía. Ayuda a 282.000 personas a las que ha facilitado agua apta para el consumo, sistemas de saneamiento o dinero a cambio de trabajos para la comunidad como la rehabilitación de pozos y canalizaciones de agua.

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Cajita a cajita

Por Beatriz PozoBea Pozo

Cuando tenía 10 u 11 años me pusieron un sobresaliente en una redacción. Me habían dado el primer párrafo de un cuento, una historia que trataba sobre la llegada de tres cajas misteriosas, y yo había escrito el resto del relato. Mi profesora me dijo que lo que más le había gustado era cómo había resuelto el misterio de las cajas. Había hecho que el personaje principal las fuera abriendo de manera progresiva. Primero la más pequeña, luego la mediana y finalmente la más grande. La clave estaba en que para obtener lo que había en la última, primero era necesario abrir las otras dos.

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Amina Ahmed en su tienda de ropa. (c) Pablo Tosco/ Oxfam Intermón

La historia de Amina Ahmed, de 44 años, me recuerda un poco a ese cuento que escribí de pequeña. Amina es vicepresidenta de la cooperativa Fatah de Pastoralist Concern, una organización que desde 1995 trabaja con Oxfam Intermón en apoyo a las mujeres de Etiopía. Sin embargo, para llegar hasta allí, Amina ha tenido que andar un largo camino. El cargo de Amina no nos dice demasiado. Lo que realmente nos da una idea de su fuerza, su iniciativa y su capacidad para mejorar la vida de aquellos que la rodean; son esos pasos intermedios que ha ido dando, esas cajas cada vez más grandes que, poco a poco, ha ido abriendo.

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‘¿Y tú de dónde eres?’ Hijos etíopes de padres españoles

Por Maribel MasedaMaribel Maseda 2

Las adopciones de niños y niñas representan una vía de solución y a veces de salvación cuando las  circunstancias se presentan insuficientes para cubrir las necesidades básicas del niño y de la niña e incluso para el mantenimiento de su propia vida.

Las excepcionales condiciones en las que ha de tomarse la dura decisión de dar a un niño o niña en acogida son tan múltiples, delicadas y de seguro difíciles, que no podrían describir justa y objetivamente la generalidad de ellas. Sin duda, en la base de los  motivos que llevan a los padres adoptantes a iniciar un proceso largo, difícil, arriesgado y no exento de desgaste está el amor y el bienestar del niño.

Desde abril conocemos los casos de las familias españolas que viajaron a  Etiopía a recoger a sus hijos y cuya felicidad se vio truncada, junto a la de los pequeños, cuando inesperadamente, se revocó la sentencia en principio favorable a su adopción. Allí se mantuvieron en pie, apostando por la vida y los derechos humanos que deberían estar garantizados en todos los ámbitos y todos los procesos sin excepciones. Sin embargo, a finales de agosto la justicia etíope volvió a anular la adopción. Han recurrido la resolución y seguirá apostando por los derechos de sus hijos, que es lo que hacen los padres. Porque estos niños ya eran hijos suyos antes de que la sentencia les fuera favorable, lo continúan siendo después de que les fuera revocada y lo seguirán siendo decidan lo que decidan las autoridades. El corazón no entiende de firmas.

Fueron tan numerosas las peticiones de adopción en aquel país, que hubo de recurrirse a protocolos, necesarios, pero que a menudo, especialmente en casos en los que surgen problemáticas, invisibilizan a los niños y sus derechos afectivos, de protección, de vivir y de desarrollarse al amparo de  un ámbito seguro, en el que se les permita ejercer de lo que son, de niños y niñas.  Las expresiones políticamente correctas no pueden paliar los desgarros sentimentales que supone separarse de un hijo. La actitud de estos padres dan muestra ante cualquier país de su idoneidad como adoptantes. A pesar de su más que patente dolor y su sin duda dura y estresante lucha por recuperar a sus hijos, mantienen en todo momento el respeto por el país de ellos, por sus orígenes, por sus raíces. 

Una de las dos parejas que permanecen en Etiopía a la espera de poder volver con sus hijos. (c) EFE

Una de las dos parejas que permanecen en Etiopía a la espera de poder volver con sus hijos. (c) EFE

“Adopción” es un término necesario para describir un proceso por el que se ha traído un hijo o una hija a las vidas de unos padres. Pero no  debe establecer distinciones sobre la calidad del afecto que se deposita en ellos, ni mucho menos decidir cuando debe empezar a darlo y a recibirlo. Ningún padre requiere de una firma para hacerlo.

Pero es cierto que el proceso de adopción lleva implícitas unas connotaciones psicológicas y emocionales con las que ambos tendrán que convivir, para hallar la mejor manera de preservar todos los derechos que el niño o niña trae consigo por el hecho de provenir de otra culturas, otra vida y otros lazos afectivos.

Me reúno con Ricard Domingo, Presidente de la Asociación AFNE ( Asociación de Familias de Niños y Niñas de Etiopía), y su primera frase ya me hace saber que estos derechos son una premisa fundamental para la relación de respeto y amor entre ellos: “ Lo único que justifica la adopción es el beneficio del niño, no de la familia adoptante”.

AFNE se crea, entre otros motivos, con la intención de preservar los orígenes del niño/ niña etíopes, atender a la etapa post adopción, mantener los vínculos del niño con Etiopía, intercambio de aprendizaje entre las familias, establecer proyectos de colaboración con su país de origen, ayudar a sus hijos a salvaguardar su tradición, incluso su lengua.

Es importante conocer la relevancia que las familias de esta asociación conceden al niño como entidad. No como una posesión a la que revestir de unas nuevas características frontalmente alejadas de las que ancestralmente poseen. Los padres y madres de estos niños en España saben que tienen hijos etíopes que siempre lo serán. Por lo mismo, se implican en la cooperación de proyectos necesarios para su desarrollo sostenible. Escucho con admiración como algo tan sencillo para nosotros, redunda en un importante cambio positivo en la vida de las familias de algunos pueblos etíopes. AFNE también colabora en la construcción de pozos para traer el agua a la superficie y hacerla útil y rentable. Una vez dispusieron de ellos, pudieron regar los huertos familiares que surcaron de manzanos, al descubrir que sobrevivían con facilidad y nutrían a una importante parte de  sus miembros. Lo sencillo y rudimentario para países desarrollados puede ser  vital para estas poblaciones, que dan a lo importante un valor que las poblaciones más avanzadas hace tiempo olvidaron. Pero aún hay otro factor añadido en estos huertos y es el hecho de que los etíopes de estos pueblos se dieron cuenta de que no era el “mundo avanzado” el hacedor de milagros, sino que ellos, con los recursos adecuados, podían hacer lo mismo. La oportunidad de la  capacitación es una de las intenciones valiosas de estas familias. En esta línea, colaboran también organizando actividades como las carreras solidarias. Con los beneficios, compraron máquinas de coser, con las que, de nuevo, la población que aprendió a usarla supo que con el material adecuado, ellos también podían autoabastecerse de ropa y enseres tan necesarios para la vida cotidiana. Y es que esta palabra que aquí asociamos a tedio, en algunas poblaciones, abarca y significa el total de la vida.

Sin duda, los padres adoptantes de niños etíopes entienden la responsabilidad que adquieren al tener hijos. Desde el primer momento que comparten su vida aquí en España, integran el respeto a sus raíces ancestrales y les ayudan a mantenerlas con orgullo positivo. Es un derecho fundamental de sus hijos y como tal y sobre él, edifican su relación. Sinceridad, respeto, amor  y una enorme dosis de colaboración con el niño, atendiendo y comprendiendo sus necesidades de contacto con sus ancestros. Permitiéndoles conocer, potenciar y utilizar de manera constructiva la independencia que saben que deben preservar en ellos para no invadir  y anular su espacio cultural, sino colaborar conjuntamente, como un equipo perfecto y armónico fundamentado en el respeto para construir un intercambio cultural enriquecedor para todos.

Cuando se habla de derechos fundamentales de los niños, de justicias y de familias que quieren, pueden y saben serlo, las estadísticas no son necesarias. Solo la cordura, la moral y la tan necesaria empatía en un mundo tan grande y diverso como complejo. Sin ella, todo quedará lamentablemente lejos de las miras de aquellos que dicen trabajar por y para un mundo mejor.

Las dos familias adoptantes han iniciado una campaña para poder regresar a España con sus hijos en Change.org.

Maribel Maseda es Diplomada Universitaria en Enfermería, especialista en psiquiatría y experta en técnicas de autoconocimiento. Autora de obras como HáblameEl tablero iniciático, y La zona segura. 

Mujeres deportistas: la otra carrera

Por Yasmina Bona  Ybona

Los veranos en los que se celebran los Juegos Olímpicos para mí siempre son especiales. Me gusta ir siguiendo las diferentes pruebas, ver cómo los y las deportistas se superan a sí mismos ante la mirada estupefacta de millones de personas en todo el mundo. De todos los deportes, tengo una particular predilección por el atletismo en su modalidad femenina.

Cuando veo a las atletas competir, no siento más que admiración. Cuando las veo correr sobre la pista, siguiendo la ruta marcada, con su principio y su final bien definido, pienso en cuál debe haber sido su otro camino, el que han tenido que recorrer previamente para llegar aquí donde están ahora, a lo más alto. Quizás haya sido más tortuoso, o quizás no. Y también pienso en aquellas que se habrán quedado a mitad de camino, que lo habrán dado todo por estar allí y que sin embargo, no aparecen en nuestras pantallas.

Pie de foto: La atleta Lornah Kiplagat en los FBK Games de Holanda en 2007. Imagen de Wikipedia.

Pie de foto: La atleta Lornah Kiplagat en los FBK Games de Holanda en 2007. Imagen de Wikipedia.

Hace unos meses, tras un viaje a Etiopía, Elena Rodríguez, responsable de eventos deportivos solidarios en Oxfam Intermón, contaba en este blog la historia de Banchiayhu, atleta etíope que se entrena duro para competir al más alto nivel y llegar algún día a alcanzar el sueño olímpico. De este país salen grandes atletas que compiten por los primeros puestos a nivel mundial, pero no todos tienen las mismas oportunidades. En Etiopía más de un tercio de la población sufre hambre y las mujeres están sometidas a restricciones tanto económicas como culturales, sobre todo en las comunidades rurales, donde las poblaciones están expuestas a una mayor vulnerabilidad. Precisamente en el campo se crío Banchiayhu, quien ahora se siente privilegiada por tener un trabajo y poder entrenar. El éxito cada vez mayor de las mujeres etíopes en el atletismo contribuye a mejorar su reconocimiento entre los hombres y cambiar el panorama social de Etiopía. Banchiayhu sabe que con su esfuerzo y dedicación no solo se superará a sí misma, sino que con su ejemplo puede mejorar la vida de sus compatriotas en su país.

En los países empobrecidos las mujeres se encuentran con muchas barreras que dificultan su participación en el deporte. Según el investigador Jon Mikel Zabala algunas de estas dificultades son ‘la persistencia de roles de género estrictamente forzados, las restricciones legales a la libre movilidad, la falta de apoyo familiar, una cultura tradicional, y la dificultad o imposibilidad de practicar deporte al aire libre por el riesgo que ello puede conllevar para su integridad física’. La atleta keniata Lornah Kiplagat sufrió algunas de estas dificultades cuando empezó a correr en su país. No estaba bien visto que las mujeres se dedicaran al atletismo, pero aún así Lornah ha conseguido cosechar medallas por todo el mundo. Consciente de la desigualdad de género que se vive en su país, Lornah utilizó el dinero conseguido tras ganar la maratón de Los Ángeles en 1997 para construir un centro de entrenamiento para las jóvenes deportistas de Kenya. Ahora, el centro de Lornah es el punto de encuentro de miles de deportistas de todo el mundo que acuden allí para entrenarse junto con la población keniata.

El otro día, una compañera me descubría el caso de Samia Yusuf Omar, atleta que en 2008, con 17 años, representó a Somalia en los 200 metros lisos de los Juegos Olímpicos de Pekín y quedó última. En Somalia, Samia había sufrido amenazas de muerte para que dejara el deporte. Al volver a su país no la dejaron entrenar más y cuatro años más tarde fallecía en una patera camino a Italia tratando de seguir su carrera deportiva y hallar un futuro mejor, lejos de un país marcado por una guerra y sumido en la pobreza.

Samia, Lornah y Banchiayhu son símbolos de superación. Corren en otra carrera paralela: la de la lucha por la igualdad de oportunidades, por cambiar las condiciones de vida de la población de su país. Y aunque en este caso no hay medallas, con su admirable esfuerzo contribuyen a construir una sociedad más justa. Desde aquí, aunque la impotencia a menudo se manifieste cuando oímos hablar de la realidad que se vive en los países en vías de desarrollo, muchas organizaciones también nos sumamos a esta carrera y trabajamos para que historias como las de estas tres mujeres crucen fronteras y contribuyan a generar cambios positivos en la sociedad.

Samia Yusuf, y por los valores de superación y lucha que representa, es quien inspira la participación de uno de los equipos inscritos en la 4ª edición del Oxfam Intermón Trailwalker que se celebra en Girona el próximo 26 y 27 de abril y que también contará con una edición en Madrid el 5 y 6 de julio. En esta marcha solidaria, 356 equipos recorrerán 100km para cambiar la vida de millones de personas que pasan hambre y no viven en condiciones dignas.  

El año pasado asistí a la salida del Oxfam Intermón Trailwalker y pude ver la emoción con la que cerca de 2.000 personas afrontaban el reto de caminar los 100 km. Una emoción que,  mediante los donativos que logran los participantes, se traduce en más recursos para que personas que viven en países empobrecidos puedan seguir adelante con sus vidas.

Esta es también nuestra carrera, la de todas y todos.

Yasmina Bona es periodista y trabaja en Oxfam Intermón.

Correr en África

Por Elena Rodríguez ElenaRodríguez

Su nombre es Banchiayhu Dessalegn Jiffar y tiene 24 años, es la más joven de siete hermanos. Vive en Addis Adeba, la capital de Etiopía, y su familia vive de la agricultura. Acabó la escuela secundaria y tiene licencia de mecánico. En un país donde más de un tercio de la población sufre hambre y donde el índice de alfabetismo entre las mujeres apenas es del 25%, Banchiayhu es una privilegiada… y adora correr. Empezó a correr con apenas seis años, y a competir por placer en 2007. Y ahora, tras haber participado con éxito en varias carreras importantes del país, tiene como plan de futuro participar en campeonatos del mundo y en los juegos Olímpicos.

Banchiayhu Dessalegn Jiffar (en el centro) durante un entrenamiento en Addis Abeba. Imagen:  © Kaleab Getaneh, Run in Africa

Banchiayhu Dessalegn Jiffar (en el centro) durante un entrenamiento en Addis Abeba. © Kaleab Getaneh, Run in Africa

Actualmente Banchiayhu trabaja en Yaya Resort, un recinto de entrenamiento de atletas al norte de Addis Adeba. Su trabajo consiste en hacer de guía a los huéspedes, habitualmente clientes europeos que llegan a Etiopía para entrenar en altura. La capital, a 2.300 metros sobre el nivel del mar, exige a los corredores un periodo de adaptación tras el cual mejora su rendimiento deportivo en carrera al regresar a sus países de origen. Gracias a ese trabajo, Banchiayhu puede entrenar y obtiene algunos ingresos y un lugar donde vivir y comer.

En Etiopía el atletismo es deporte nacional, los y las atletas etíopes, junto a las keniatas, ostentan los primeros puestos, especialmente en las grandes distancias. Los grandes nombres del atletismo en Etiopía proceden de zonas rurales, donde muchos niños y niñas cruzan grandes distancias para ir a la escuela, o para ir a buscar agua. Mujeres y niñas emplean hasta seis horas para ir a recolectar el agua en manantiales y ríos porque faltan infraestructuras y recursos materiales. La pobreza económica del país demora el acceso al agua potable lo que, a su vez, retrasa el desarrollo económico.

Conocimos a Banchiayhu en un entrenamiento. Run in Africa, una agencia de turismo deportivo en Etiopía, nos llevó hasta ella unos días antes del Great Ethiopian Run, la 13ª edición de una carrera de 10 kilómetros que se celebró en Adis Adeba en noviembre.

Pero aunque Banchiayhu nos preparó bien para enfrentarnos al reto deportivo de correr por las calles de la capital etíope, no pudo prepararnos ante la maravilla de correr junto a 37.000 corredores y corredoras etíopes por las calles de una ciudad en la que viven (o sobreviven…) más de 6 millones de personas. El 45% de los participantes éramos mujeres, un dato más que relevante, pues hasta en las carreras más populares en España la participación femenina apenas llega al 40%.

¿La experiencia? Contradictoria… ¿Cómo es posible participar en una carrera con tanta alegría y tanta rabia a la vez?

37.000 compañeros y compañeras de carrera son impresionantes. Las horas previas, cuando en Europa se aprovecha para calentar, estirar en silencio, concentrados… en Addis Abeba son una fiesta de cánticos, bailes y música étnica. Un gorgoteo de emoción creciente que culmina en la salida y prosigue sostenida durante los 10 km de ascensos y descensos. Cómo explicar lo que se siente cuando te animan a seguir “go, go, go”, “don’t stop”, “keep running”… a ti, que has venido a ver cómo viven, y que ahora eres tú el más desdichado de los corredores y necesitas su ayuda, impulso y energía para seguir corriendo a 2.500 metros sobre el nivel del mar.

Ayuda, impulso, energía… la que necesitan para sacar adelante a su país, a su población. Esa energía nos hubiera hecho mucha falta los días previos a la carrera para pasear por la ciudad, para soportar la terrible pobreza de sus calles, de kilómetros y kilómetros de chabolas, de gente en la calle, malvendiendo cuatro pertenencias con las que llegar a la noche. No, así no se sale de pobreza. Ni con toda la buena intención de esta corredora improvisada que organiza una carrera para que la población española arrime el hombro y haga posible que alguna de esas familias salga de ahí. Pero no, no llegamos. Es muy difícil llegar. La meta es lejana y nosotros, las organizaciones, la población española, somos demasiado pocos y estamos demasiado lejos.

Pero ellos y ellas sí, ellos y ellas tienen la fuerza, el impulso y la energía, y todo lo que hemos de hacer los de fuera es animarles a seguir; “go, go, go”, “don’t stop”, “keep running”, sigue luchando para que las instituciones os tomen en serio, tomen medidas para que una ciudad (¿cuántas en todo el mundo?), un país, no deba permitir que su gente viva en esas condiciones. Su vida debe cambiar.

Mujeres como Banchiayhu lo pueden cambiar. Sinceramente, esperamos verla en los próximos Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

Elena Rodríguez es responsable de eventos deportivos solidarios en Oxfam Intermón, entre ellos el Oxfam Intermón Trailwalker