Antonio Espino: “En la Conquista de México por Cortés hubo numerosos ejemplos de terror calculado y violencia extrema”

Fotograma de la serie Hernán (Amazon Prime Video, 2019)

Hace cinco siglos, el 13 de agosto de 1521, caía la ciudad de Tenochtitlan, la capital del imperio mexica, en manos de las huestes españolas de Hernán Cortés. Caía un mundo y se elevaba otro. Una fecha capital en la Historia cuyo quinto centenario quedará en el olvido, en parte por visiones politizadas y maniqueas, en parte por la pandemia de covid que sacude el planeta. Eso no detiene a los especialistas y a las editoriales que aprovechan la efeméride para ofrecer estudios y trabajos sobre un asunto siempre tan interesante como polémico.

Es el caso del profesor de la Autónoma de Barcelona, catedrático de Historia Moderna y especialista en historia de la guerra en esa época, Antonio Espino, que acaba de publicar una monumental historia de la Conquista de México con Vencer o morir (Desperta Ferro, 2021). Un relato minucioso, equilibrado y que intenta huir de filias y fobias, de rechazos y admiraciones, para relatar de manera clara y precisa un hecho brutal y decisivo. Espino logra componer una mirada llena de datos y eventos, de información e interpretación, pero también de aristas y complejidades. Y también de rescates, como el de las mujeres que acompañaban a los conquistadores. En pocas semanas, ya ha alcanzado una segunda edición.

Charlo con su autor sobre la Conquista de México y su memoria, en donde Espino carga contra las visiones interesadas del hecho a ambos orillas del Atlántico y del espectro político. Critica a los que, desde la derecha, asumen una historia “épica y tópica, heredada del franquismo”, pero también contra “buena parte de la izquierda, que se ha desentendido de la Historia”. Empecemos, con la propia Historia.

¿Es tan difícil valorar a Cortés y sus huestes tanto como agentes de un cambio verdaderamente capital en la Historia como también agentes destructores y de terror?

No, no creo que sea difícil. Es una cuestión que tiene que ver con los intereses finales, ideológico-políticos, del autor de turno. Es obvio que la acción emprendida por Hernán Cortés y el conjunto de hombres (y mujeres) que le acompañó estuvo en el origen de la creación de lo que se daría en llamar la Nueva España, de la que, tres siglos más tarde, sería heredero el estado mexicano. Pero, para crear algo, antes hubo que destruir otra cosa. Se ha dedicado demasiado tiempo y esfuerzo en intentar desentrañar las complejidades del Cortés creador, cuando es más interesante incluso plantear el análisis del personaje y sus hechos desde la óptica del destructor de un gran imperio aborigen, el mexica, al que, en ningún caso, cabría verlo como una formación estatal pacifista o paradisíaca.

Usted llega calificar sus actuaciones de “violencia extrema”…

Porque lo fueron. Hubo numerosos ejemplos de uso de la crueldad, del terror calculado, de violencia extrema… por imperativo militar, de acuerdo, pero los hubo. Son situaciones que en otras muchas obras se ocultan en las notas a pie de página, se desvanecen entre la prosa más o menos rica de un autor u otro, no se les da la relevancia que en realidad tienen, apenas se las menciona o, lo que es peor, se las llega a disculpar por ser un mal menor habida cuenta de los muchos beneficios que trajo la presencia hispana en las Indias. En la guerra de México se produjeron masacres de poblaciones enteras, hubo matanzas entre los ejércitos contrarios, ejecuciones y represalias, diversos tipos de tortura, quema de ciudades, destrucción de templos, se dio la esclavitud entre los prisioneros de guerra de ambos sexos, a los cuales se les marcaba como botín de guerra, se reclamaban mujeres con fines sexuales, etc.

Guerras internas entre los mexicas, mejor estrategia, mejor equipamiento, ¿la conquista de México fue tan realmente sencilla como hoy puede parecernos? ¿estaba destinada a tener éxito en cualquier caso?

La guerra de México no fue una campaña fácil, de baja intensidad, protagonizada por superhombres, bien armados con una tecnología tan superior que, solo por ese detalle, ya tenían el conflicto ganado de antemano. Cabe resaltar que Cortés apenas si dispuso de unas pocas decenas de armas de fuego portátiles, que ni siquiera eran arcabuces, sino escopetas (una versión tecnológicamente muy pobre o primitiva de arcabuz); unas pocas decenas de ballestas; sobre un centenar de caballos, que fueron llegando poco a poco a la campaña entre 1519 y 1521 (en el arranque inicial de la Conquista, Cortés apenas llevaba consigo dieciséis caballos), muy poca artillería, y esta de calibre medio-bajo, con menos pólvora y aún menos artilleros diestros. La conquista no fue sencilla y la mejor prueba es que estuvo apunto de fracasar, en especial en la famosa Noche Triste, la huida de México-Tenochtitlan, el 30 de junio al 1 de julio de 1520. Por otro lado, Cortés consiguió convencer a su gente de que no abandonasen la empresa en mas de una ocasión in extremis.

¿Cuál fue el factor de mayor peso en la victoria de Cortés y los suyos?

Sin duda, Cortés tuvo la enorme fortuna de ser un hombre muy inteligente que supo captar de inmediato las debilidades políticas y militares del estado aborigen al que se enfrentó. Todos aquellos grupos humanos que habían estado luchando contra los mexicas en los últimos decenios y no habían sido derrotados, así como buena parte de aquellos que sí lo habían sido, entendieron a su vez que podían confiar en un grupo de extranjeros que prometieron alterar el orden político y militar de la región en beneficio de todos. Confiaron en Cortés hasta el final, y Cortés confió en ellos. Los menos confiados, o desconfiados, supieron que era mejor ponerse del lado de esa especie de élite militar recién llegada a sus tierras, pues en un breve plazo había conseguido el apoyo de decenas de miles de aborígenes. Y quienes no lo tuvieron claro, tardaron en decidirse o, lo que es peor, traicionaron a Cortés y los suyos, recibieron el oportuno mensaje en forma de un despiadado uso del terror para con ellos. En suma, fue el apoyo recibido por Cortés y los suyos de buena parte de la población del Anáhuac la principal causa de la victoria hispana.

Cortés fue ¿más un comandante militar o un político?

Cortés fue un emprendedor, un dinamizador de voluntades, un gran logístico o un gran administrador, un hombre de sorprendente carisma que, además, y como se decía en la época, tenía la Fortuna de su lado y, por ende, resultó ser un comandante militar valiente, inteligente, astuto, despiadado cuando hacía falta, además de ser un diplomático y un político con unas dotes innatas para entender las situaciones y saber sacarles partido, para comprender a las personas, sus deseos, pero también para vislumbrar muy pronto, y aprovecharse de ello, tanto sus virtudes como sus defectos.

En su libro también hace labor por ‘rescatar’ a las mujeres que estuvieron allí. No solo la conocida Malinche, sino también otras menos conocidas como María de Estrada… ¿las mujeres también han sido borradas de la historia española de América?

Hasta cierto punto y no ha sido muy difícil. Me explico. Teniendo en cuenta su número, muy reducido, sobre todo en los primeros decenios de la presencia hispana en América, y, en especial, si no perdemos de vista la ideología imperante en la época, por la cual la mujer jugaba un papel secundario en casi todos los órdenes de la vida, y muy en concreto en los asuntos relacionados con la guerra, es normal que su presencia en la documentación de todo tipo, en las crónicas, etc, etc., sea muy reducida. No soy el primero en hacer notar cómo el gran cronista Bernal Díaz del Castillo nos describe con más lujos de detalles las características físicas de los caballos de Cortés y los suyos en los primeros compases de la campaña y, en cambio, es tan parco en ofrecer información sobre las féminas presentes en tan extraordinaria campaña. Pero he procurado recabar todas las informaciones disponibles sobre las europeas que participaron en la Conquista, así como no dejar en un segundo plano la labor de las mujeres aborígenes en el transcurso de la misma.

¿Hacer “historia militar” de la Conquista de México es una de las formas más claras para no dejarse llevar por postulados más políticos al hablar de aquellos hechos históricos?

En realidad, el “buen historiador” no debería dejarse llevar nunca por la ideología con la que comulga o con los intereses o idearios políticos de su presente a la hora de escribir Historia. Me temo que muchos autores que hoy día están escribiendo Historia, como precisamente no son historiadores de profesión, en realidad están utilizando determinadas temáticas movidos exclusivamente por su ideología y con deseos de afirmar determinadas líneas políticas que hacen de la defensa de la Nación española su principal leit-motiv. En mi caso, simplemente he considerado que un acercamiento propio de la Historia Militar o, mejor aún, de la Historia de la Guerra a la Conquista de México era necesario toda vez que se estaban prodigando las visiones tópicas, épicas, heroicas y maniqueas de la campaña cortesiana.

Tras el éxito de Imperiofobia, de Roca Barea, ¿se ha producido un nuevo boom de una mirada demasiado luminosa hacia la memoria del imperio español?

Sin duda. Parecería que existía un público anhelante de que se pergeñase una obra como la mencionada, pues el éxito de libro es incuestionable. Lo único cuestionable es el propio contenido, como puso de manifiesto de forma brillante el profesor José Luis Villacañas en su réplica. En realidad, creo que a buena parte del público lector de Roca Barea no le interesa demasiado lo que en dicha obra se dice, o si llega a entender con toda la profundidad necesaria lo que la autora escribe, sino que, más bien, se limita a constatar, o lo pretenden, que hay alguien que defiende desde una ideología que comparten determinada memoria de la Historia de España, heredera del franquismo. Para mí, el trabajo de Roca Barea no deja de ser una revisitación de la vieja Historia Franquista aplicada al caso de la Conquista de América y, desde luego, no deja de tener su público. Por otro lado, en una época caracterizada por múltiples desafíos de todo tipo, tanto endógenos como exógenos, y no solo políticos, ideológicos o económicos, sino incluso biológicos en las últimas fechas, es bastante normal que haya quien busque reafirmar sus referentes, sin pararse a pensar en la necesidad de ser siempre crítico con el pasado para mejorar nuestra percepción del mismo y dotarnos de una memoria histórica mucho más apta para afrontar nuestro presente y el futuro que nos espera.

Tampoco la izquierda española parece estar dotada de un interés en la Historia y, en este caso, parece bastante proclive a caer en otras simplificaciones, provenientes de los indigenismos, sin ir más lejos…

Para mí es un drama que buena parte de la llamada izquierda, con las lógicas excepciones, se haya desentendido de la Historia. Me gusta, en este caso, utilizar una analogía con el clásico profesor de Historia Contemporánea al que no le interesa prácticamente nada de lo sucedido con anterioridad al final de la Primera Guerra Mundial. No solo no le interesa, sino que, además, ha olvidado todo lo que le enseñaron. Así es muy difícil avanzar en determinados campos de estudio, o utilizar enfoques novedosos para intentar explicar las cuestiones primordiales que nos seguimos preguntando, generación tras generación. En el caso de la Historia de la Guerra (que no sean las libradas en el siglo XX e inicios del XXI), o de la Historia de América, daría la sensación que a la “izquierda” le interesan muy poco, por ello cuando surgen debates o o discusiones como las habidas en los últimos años acerca de la legitimidad o no del mantenimiento de estatuas de ciertos personajes, muchas veces se ha impuesto lo “políticamente correcto” sin demasiada reflexión. Y sí, cierto indigenismo, si no tiene en cuenta los conocimientos de los últimos decenios aportados por la Antropología, la Arqueología, además de la Historia, acerca del funcionamiento de los estados aborígenes mesoamericanos o incaicos, pues incurren en los mismos apriorismos, maniqueísmos y simplificaciones que aquellos que niegan que existiese, por ejemplo, una terrible hecatombe humana en las Indias a partir de la llegada de los españoles.

En el quinto centenario de la conquista de México, que seguramente quedará olvidado por la pandemia, sí se han escuchado algunas voces desde ambos lados del Atlántico que evidencian memorias desequilibradas, parciales y abiertamente politizadas… ¿Cree que se podría construir una memoria aceptable y aceptada en las dos orillas? ¿Por dónde debería empezar a construirse?

No solo es posible, sino que es necesario construir esa memoria compartida. Los países hermanos americanos (y Filipinas) y España deben aplicarse a la tarea de generar una memoria común de su pasado libre de enfrentamientos, desencuentros, malestares y rencores, que son el principal alimento de las disputas que, tan hábilmente, políticos de diverso signo ideológico pueden aprovechar. La única fórmula para conseguirlo es la mejora en el conocimiento crítico de lo acontecido hace quinientos años. Solo de esa forma, cuando se nos apele desde América en busca de una disculpa o un perdón por hechos ocurridos hace medio milenio, no contestaremos con un desdén deplorando lo aberrante de la petición. En realidad, entenderemos mucho mejor los motivos de tales cuitas y les podríamos dar una cierta satisfacción sin que caigamos en pensar en que es un “deshonor”. Y, por otro lado, si desde América también atienden al hecho de que todo pasado casi nunca fue mejor, ni nunca existió el “buen salvaje”, siendo todas las formaciones humanas dignas tanto de conmiseración como de crítica, quizá un cierto “indigenismo banalizado” perdería parte de su fuerza o predicamento y permitiría a las sociedades latinoamericanas entender mejor que, por supuesto, sus problemas actuales de todo tipo y orden no pueden asociarse exclusivamente a hechos o maldades acontecidas hace quinientos años.

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5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Goik

    Lo normal en aquella época ¿Hace falta recordar las prácticas de los pueblos conquistados en la guerra? La historia es la que es y solo un necio puede pretender manipularla o juzgarla desde un punto de vista actual.

    31 marzo 2021 | 09:07

  2. Dice ser Pablo Montes

    A ver si le compra el libro la izquierda.

    31 marzo 2021 | 09:35

  3. Dice ser KZD

    Ojala se hiciera incapié en que la mayoría de los indígenas murieron por culpa de los virus que los conquistadores no sabían que llebavan. O que fueron los propios indígenas los que hacían las matanzas sin que los conquistadores fueran capaces de frenarles.
    Tampoco se subraya lo suficiente que los méxicas tenían instaurados un régimen de terror donde sacrificaban entre 25.000 y 30.000 personas cada año ante sus dioses. Un régimen al que se le ha comparado con el de los nazis.
    Tenemos la cabeza llena de complejos y no nos damos cuenta de que lo que hicimos en américa es algo que muy pocas civilizaciones han hecho a lo largo de la historia, que cogimos una región absolutamente atrasada y la convertimos en una de las más prósperas de todo el planeta, con el doble de producto interior bruto que estados unidos y con 20 universidades, por poner dos ejemplos.
    Lo que más le molesta a algunos es que en américa latina nunca jamás han estado mejor para su época que cuando gobernaban los españoles.

    31 marzo 2021 | 09:47

  4. Los indios desayunaban, comían y cenaban estofado de conquistador.

    31 marzo 2021 | 10:25

  5. Dice ser Julio

    Me gusta mucho lo dicho y la entrevista a Antonio Espino y su libro que he leído. En particular, dos cosas resalto:
    a) estoy de acuerdo en lo del imperio oborigen “el mexica, al que, en ningún caso, cabría verlo como una formación estatal pacifista o paradisíaca”; y,
    b) destaco que no estoy de acuerdo con lo que dice de lo secundario, de la vieja revisitación de la Historia que le parece el contenido de “Imperofobia”.
    Ya en su libro trata a la escritora con desdén. Por tanto transcribo, como reparación a  María Elvira Roca y sus lectores, lo que dice textualmente esta escritora, además de los sinceros intentos de Cortés de evitar la guerra con embajadores mexicas y sus últimos caudillos “tlatoanis” Moctezuma II, Cuitlahuac y Cuauhtemoc:
    “La cultura azteca era un totalitarismo sangriento fundado en los sacrificios humanos. Las tributarias sometidas estaban aterrorizadas con esta monstruosidad. Que acabó con la llegada de los españoles, pero no sin la colaboración de muchas tribus. Cortés jamás hubiera podido rendirlos sin el apoyo imprescindible de otros pueblos indios como los tlaxcaltecas y los totonacas…”

    13 abril 2021 | 18:52

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