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"La historia es una forma más de ficción"
Jorge Luis Borges

Homosexualidad y guerra: espartanos, Platón, el Batallón Sagrado y los marines

Brad Pitt en la película Troya (2004). Y sí, tiene sentido que ilustre este artículo, pero para saberlo debéis leer entero el texto de Sebastián Roa.

Sebastián Roa (Teruel, 1968) nos ha regalado una de las novelas históricas importantes de este 2018: Enemigos de Esparta (Ediciones B). En ella nos adentra en el conflicto que enfrentó a Tebas y a Esparta en el siglo IV a.C. En el siguiente artículo, Roa nos adentra en el mundo de la homosexualidad y la guerra, que sale retratado en la novela, y cómo ha ido variando su visión, desde aquella Antigüedad hasta hoy.

[ENTREVISTA: “A lo mejor los demócratas de hace dos mil quinientos años podrían darnos alguna lección”]


Homosexualidad y guerra

Por Serbastián Roa | @Sebastian__Roa

La Commandant’s Reading List es una lista de lecturas recomendadas (algunas preceptivas) para los marines estadounidenses. Se supone que ayuda a formar el carácter, inspira a soldados y oficiales, enseña coraje y liderazgo. Entre estas lecturas figura la novela de Steven Pressfield Puertas de fuego, en la que se narra la gesta de Leónidas y sus trescientos en las Termópilas. Y en la película 300, todos pudimos ver cómo Gerard Butler y sus espartanos lanzaban su grito de guerra a imitación del Hooah! del US Army. Bueno, ya sabemos cómo son los yanquis. Lo mucho que se cachondean de Europa y, al mismo tiempo, cuánto les gusta llevarse nuestra historia a su casa.

Sin embargo, no parece que en la Commandant’s Reading List conste alguno de los ensayos que tratan la homosexualidad en la antigua Grecia. Ni es probable que contenga las obras de Platón sobre el amor. Ante todo, descartemos que la lista haya profundizado en el siguiente fragmento del Banquete: «Si un estado o un ejército pudieran componerse de amantes y amados, no habría pueblo que llevase más allá el horror al vicio y la emulación de la virtud. Hombres unidos de este modo, aun en corto número, podrían en vencer al mundo entero». Platón preveía que el guerrero amante jamás eludiría el combate ni desampararía al guerrero amado. Y en caso de que uno de los dos cayera, la furia vengadora convertiría al supérstite en una erinia imparable. Algo así como el concepto shakespeariano de Band of Brothers, aunque llevado mucho más allá de San Crispín.

Lo curioso es que Platón compuso su Banquete casi al mismo tiempo que la Confederación Beocia, encabezada por Tebas, armaba su Batallón Sagrado, cuerpo de élite compuesto por 150 parejas de amantes homosexuales. Aristóteles nos explica que a estos jóvenes selectos, con dedicación marcial exclusiva a expensas de las arcas públicas, se les exigía, aparte de excelencia guerrera, recíproco y sincero amor jurado ante la tumba de Yolao, el leal compañero (¿o algo más?) de Heracles. Digo yo que algo sabrán en las academias militares estadounidenses sobre el Batallón Sagrado, la unidad que, ante el pasmo del mundo antiguo, aplastó a esos invencibles espartanos que tanto admiran.

En Enemigos de Esparta reflexiono sobre varios temas, entre los que destaca el amor. Subcreo, como diría Tolkien, un universo del siglo IV a. C. en el que Platón desarrolla su teoría, en el que los protagonistas viven historias de amor —heterosexual y homosexual—, y en el que asistimos a la entrada en escena (y en combate) del Batallón Sagrado. No tengo interés en bucear en la historia del homoerotismo con el que convivían, en mayor o menor medida, tebanos, atenienses, espartanos y el resto de griegos. Doctores tiene la Iglesia, y no soy partidario —ni siquiera en novela histórica— de repasar realidades culturales o sociales que, con toda probabilidad, perdieron su vigencia hace siglos. Sé lo que se dice sobre la presunta necesidad del género de captar el espíritu de épocas pasadas, pero no es mi intención ni creo que la ficción sirva a ese propósito. Mi verdad es del siglo XXI, sobre eso quiero reflexionar. Tampoco podemos juzgar a un griego del 471 a. C. con los criterios modernos. No tenemos el mismo concepto de pederastia, por ejemplo. Ni enfatizamos tanto la diferencia entre miembro activo y pasivo en una relación homosexual.

Así que regresemos al presente y a la mayor potencia militar del planeta, que idolatra a Esparta solo en los aspectos que previamente selecciona. Los admiradores de la agogé espartana obvian, por ejemplo, todo rastro de relación entre erastés y erómenos, corren un tupido velo y, claro: ojos que no ven… «La homosexualidad es incompatible con el servicio militar», eso decía una directiva del Departamento de Defensa estadounidense en 1981. El remedio chapucero fue la norma de 1993 Don’t ask, don’t tell (DADT), arquetipo de la hipocresía en fondo y forma, pues venía a reconocer la realidad pero exigía que no se hablara de ella: «La presencia en las Fuerzas Armadas de personas que demuestren propensión o intención de participar en actos homosexuales crearía un riesgo inaceptable para los altos estándares de moral, orden, disciplina y cohesión, esencia de la capacidad militar». O sea, el pensamiento platónico, pero al revés. Obama, menos mal, se cargó el DADT y nos explicó que el sacrificio, el valor y la integridad no están determinados por la identidad sexual; pero el ínclito Trump ya ha insinuado sus pocos sorprendentes prejuicios hacia el asunto. Por  lo visto, varios comandantes en jefe de los ejércitos estadounidenses han olvidado algo sistemáticamente: hace dos mil seiscientos años, los dueños del campo de batalla eran guerreros a los que ellos habrían expulsado con deshonor del USMC (Cuerpo de Marines).

El DADT, no obstante, sigue existiendo aunque no lo refrende una norma federal. Existe, de hecho, en Estados Unidos y también en el resto del mundo «civilizado», incluida España. Afortunadamente, la sociedad avanza, se remueven las discriminaciones y se normalizan (pese a defectos inevitables y a excesos interesados) las opciones sexuales. Con todo, doy fe, sigue extrañando que el paradigma de la virilidad guerrera fuera en cierto momento de la historia una unidad de marcado carácter homosexual. Y no es que faltara oropel en la Grecia clásica. Años después del tiempo que enmarca Enemigos de Esparta, Filipo de Macedona, padre de Alejandro Magno, se sintió obligado a maldecir a quienes se atrevieran a pensar mal de los componentes del Batallón Sagrado. El tiempo ignoró a Filipo, la homosexualidad se convirtió oficialmente en una aberración y los guerreros amantes tebanos cayeron en el olvido, o más bien nos obligaron a olvidarlos. No es extraño tampoco que se hayan ocultado, o al menos disimulado, los componentes homoeróticos en las relaciones de célebres personajes míticos como los propios Heracles y Yolao. O como Aquiles y Patroclo.

Lo curioso es que la novela parece haber tenido más facilidad para soslayar tabúes, probablemente porque homofobia y cultura son equipos que, por lo común, juegan en distintas ligas. Por poner algún ejemplo con contexto griego, merece la pena la óptica cruda, al estilo Aristófanes, de Nicholas Nicastro en Hijos de Esparta; o el tratamiento natural y desmitificador de Josep Asensi en Layos. Cosa diferente es cuando nos trasladamos a la ficción audiovisual. No al abordar directamente el tema, como en Brokeback Mountain, sino en el cine histórico, concretamente el contextualizado en la antigüedad griega y barrios periféricos. He visto a puristas tirándose de los pelos cuando Brad Pitt aparece en Troya con esa armadura fetish, pero no dicen nada de que su interés por Patroclo sea el de un primo sobreprotector. Brad Pitt es Brad Pitt, atravesando troyanos con la lanza o grabando esvásticas en las frentes de los nazis. Por cierto que Brad Pitt, según se rumorea, rechazó un papel protagonista en Brokeback Mountain. ¿Aceptaríamos verlo en el papel de un guerrero del Batallón Sagrado? ¿Lo aceptaría él?

*Las negritas son del bloguero, no del autor del texto.

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4 comentarios

  1. Dice ser Leeeeroy

    Los cromañones en ocasiones se comían a sus enemigos, y como en la historia se ha hecho, vamos a hacerlo nosotros también!!!! bieeeeeeeen!!!! lo dice la historia, por lo tanto no tiene que estar equivocada!!! bieeeeeen!!! a comer enemigos se ha dicho!! antropofagia a tope!!!!!!

    13 noviembre 2018 | 10:18

  2. Dice ser Pasmado

    Leeeeroy, los cromañones aún campan entre nosotros. Tan sólo preste atención a sus berridos, que suelen darlos a menudo y en voz bastante alta.
    De nadaaaaaaaaaaa.

    13 noviembre 2018 | 14:13

  3. Dice ser Pasmado

    Y una última cosa… no alcanzo a enlazar el tema del artículo con el canibalismo.
    Pero como son tan dados a mezclar churras con lo que les venga en gana tampoco me sorprende.
    Más de nadaaaaaaaaaaaa.

    13 noviembre 2018 | 14:17

  4. Dice ser Caradoc

    Interesante artículo sobre todo me llama la atención el final, ese conteste entre la novela que rescata el lado homosexual de las fuerzas armadas de la Antigüedad, mientras que la cultura mainstream del cine de masas lo minimiza e ignora.
    No me sorprende que Brad Pitt rechazara participar en Brockback Mountain, ni que su Aquiles fuese 100% hetero, sobre todo si tenemos en cuenta los rumores que han corrido en ocasiones sobre una supuesta bisexualidad o las tendencias ideológicas de su entorno (al contrario que Angelina, es más bien republicano, concretamente su madre era una férrea activista contraria al matrimonio gay). Creo que aunque hay actores y actrices LGTB en Hollywood el Olimpo de los grandes seguirá siendo de quienes transmitan la imagen de perfección física y completa heterosexualidad (con notables excepciones), así que interpretar ciertos personajes entraña cierto riesgo para su reputación y sus caché, sobre todo cuando los intérpretes aún están labrandose un nombre en la industria.

    Recientemente vi “Troy: Fall of a city” de Netflix y BBC, una nueva versión de la Guerra de Troya en la que el casting era muy multi-racial, y a pesar del escepticismo que tener tantos actores negros y ninguno originario de Grecia o Turquía me provocó, he de decir que agradecí que se reflejase la sexualidad de Aquiles de un modo más complejo y cercano a los mitos que en el taquillazo de Brad Pitt “Troya”. En Internet la gente se quejaba “Han jodido a Aquiles porque lo han hecho negro” y yo en secreto pensaba “por lo menos me alivia que no lo hayan escrito como un personaje hetero”.

    13 noviembre 2018 | 15:32

Los comentarios están cerrados.